Soldado de Jesucristo

Soli Deo Gloria

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Hay algo peor que la muerte

Hay algo peor que la muerte

Nunca entenderemos la Biblia, la misión de la iglesia, o la gloria del evangelio a menos que entendamos esta aparente paradoja: la muerte es el último enemigo, pero no es el peor.

Claramente, la muerte es un enemigo, el último enemigo que será destruido, nos dice Pablo (1 Co. 15:26). La muerte es el trágico resultado del pecado (Ro. 5:12). Debería ser odiada y despreciada. Debería encender nuestra ira y una triste indignación (Jn. 11:35, 38). La muerte debe ser derrotada.

Pero, por otra parte, no debemos temerle. Vez tras vez la Escritura nos dice que no tengamos temor de la muerte. Al fin y al cabo, ¿qué puede hacernos el hombre (Sal. 56:3-4)? El nombre del Señor es torre fuerte; los justos corren a él y son levantados (Pr. 18:10). Entonces, incluso si fuéramos entregados a nuestros enemigos, ni un cabello de nuestra cabeza perecería sin que Dios lo ordenara (Lc. 21:18). Como cristianos conquistamos por la palabra de nuestro testimonio, no por aferrarnos a la vida (Ap. 12:11). De hecho, no hay nada más fundamental para el cristianismo que la certeza de que la muerte será ganancia para nosotros (Fil. 1:21).

Por tanto, no tememos a la muerte. En cambio, “confiamos” porque “quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor” (2 Co. 5:8).

El consistente testimonio de la Escritura es que la muerte es grave, pero está lejos de ser el desastre definitivo que le pueda acontecer a una persona. De hecho, hay algo peor que la muerte. Mucho peor.

A esto temed

La mayor parte del tiempo, Jesús no quiso que sus discípulos tuvieran miedo. Les dijo que no tuvieran miedo de sus perseguidores (Mt. 10:26), ni de aquellos que pueden matar el cuerpo (v. 28), y que no temieran por los preciosos cabellos de sus preciosas cabezas (v. 30). Jesús no quiso que tuvieran miedo de muchas cosas, pero sí quiso que tuvieran miedo del infierno. “No temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar”, les advirtió Jesús. “Temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (v. 28).

La gente a menudo habla como si Jesús no hubiera querido asustar a las personas con escenas de juicio. Pero tal sentimiento expone un prejuicio sin fundamento más que una exégesis cuidadosa. A menudo Jesús advirtió acerca del día del juicio (Mt. 11:24; 25:31-46), habló sobre la condenación (Mt. 12:37; Jn. 3:18), y describió el infierno en términos gráficos e impactantes (Mt. 13:49-50; 18:9; Lc. 16:24). Solo tienes que leer sus parábolas sobre los arrendatarios, el banquete de bodas, las vírgenes, o los talentos para darte cuenta de que Jesús frecuentemente motivó a sus oyentes a escuchar su mensaje advirtiéndoles del juicio venidero. No era poco frecuente que Jesús asustara a la gente.

Obviamente, sería impreciso caracterizar a Jesús y a los apóstoles como nada más que fanáticos con un letrero colgado en el cuello, con miradas perdidas gritando a las personas que se arrepientan si no quieren perecer. El Nuevo Testamento es degradado más allá de lo reconocible cuando lo convertimos en un gran tratado sobre cómo salvar almas del infierno. Sería más próximo a la verdad visualizar a Jesús y sus apóstoles —por no mencionar a Juan el Bautista— suplicando apasionadamente a las personas que huyan de la ira venidera, más que imaginarlos haciendo planes de renovación cósmica y ayudando a la gente en sus viajes espirituales. Cualquiera que lea los Evangelios, las Epístolas y el Apocalipsis con una mente abierta tiene que concluir que la vida eterna después de la muerte es la gran recompensa que esperamos, y que la destrucción eterna después de la muerte es el terrible juicio que deberíamos querer evitar a toda costa. De Juan 3 a Romanos 1, de 1 Tesalonicenses 4 a Apocalipsis… Bueno… Todo ello. Raramente hay un capítulo en el que Dios no aparezca como el gran Salvador de los justos y el justo Juez de los malvados. Hay una muerte para los hijos de Dios que no debería ser temida (He. 2:14-15), y una segunda muerte para los impíos que sí debería serlo (Ap. 20:11-15).

Manteniendo la estabilidad

La doctrina del infierno, por muy impopular que pueda ser y por más que deseemos suavizar su dureza, es esencial para un testimonio cristiano fiel. La creencia de que hay algo peor que la muerte es, recordando la imagen de John Piper, un lastre para estabilizar los barcos de nuestro ministerio.

El infierno no es la Estrella Polar. Es decir, la ira divina no es nuestra luz de guía. No define la dirección para todo en la fe cristiana como, digamos, la gloria de Dios en Cristo. El infierno tampoco es el timón de la fe que dirige la nave, ni el viento que nos impulsa, ni las velas que captan la brisa del Espíritu. Aun así, el infierno no es algo casual en este barco que llamamos la iglesia. Es nuestro lastre, y lo tiramos por la borda ante el gran peligro de que nosotros y todos nos ahoguemos en alta mar.

Para quienes no estén familiarizados con la terminología de los barcos, el lastre es un peso que normalmente se pone en la parte baja y central de la embarcación, y que mantiene el barco estable en el agua. Sin un lastre, un barco no se puede estabilizar apropiadamente. Perdería su curso con facilidad o se agitaría de un lado a otro. El lastre mantiene el barco en equilibrio.

Así es la doctrina del infierno para la iglesia. La ira divina puede que no sea el adorno que pongamos en lo más alto del mástil, o la bandera que icemos en cada asta. Es posible que esta doctrina esté por debajo de otras doctrinas. Puede que no siempre sea vea. Pero su ausencia siempre se sentirá.

Puesto que el infierno es real, debemos ayudarnos unos a otros a morir bien, incluso más que esforzarnos por ayudar a nuestro prójimo a vivir cómodamente. Dado que el infierno es real, nunca debemos pensar que aliviar el sufrimiento terrenal es lo más amoroso que podamos hacer. Ya que el infierno es real, la evangelización y el discipulado no son simplemente buenas opciones o ministerios loables, sino que son literalmente una cuestión de vida o muerte.

Si perdemos la doctrina del infierno, ya sea que estemos demasiado avergonzados como para mencionarla o que seamos demasiado sensibles a la cultura como para afirmarla, podemos estar seguros de esto: el barco irá a la deriva. La cruz será despojada de la propiciación, nuestra predicación estará desprovista de urgencia y poder, y nuestra labor en el mundo ya no estará centrada en instar a las personas a la fe y el arrepentimiento, y en edificarlas para que alcancen madurez en Cristo. Si perdemos el lastre del juicio divino, nuestro mensaje, nuestro ministerio, y nuestra misión al final cambiarán.

Manteniendo el rumbo

Toda la vida debe vivirse para la gloria de Dios (1 Co. 10:31). Y deberíamos hacer el bien a todas las personas (Gá. 6:10). No hay que pedir disculpas por preocuparnos por nuestras ciudades, amar a nuestro prójimo, o trabajar duro en nuestras vocaciones. Estos también son “deberes”. Pero con la doctrina del infierno como lastre en nuestros barcos, nunca nos burlaremos de los viejos himnos que nos llaman a rescatar a los que perecen, ni despreciaremos el salvar almas, como si solo fuera un seguro contra el fuego glorificado. Siempre habrá cínicos moderados que nos recuerden ansiosamente que el objetivo de las misiones es más que un mero escape del infierno. “Bueno”, responde John Piper, “no existe tal cosa como un ‘mero’ escape del infierno. El rescate del peor y más largo sufrimiento solamente puede ser tildado de ‘mero’ por aquellos que no saben lo que es, o que no creen que es real”. [1]

Hay algo peor que la muerte y solo el evangelio de Jesucristo, proclamado por los cristianos y protegido por la iglesia, puede librarnos de aquello que verdaderamente debemos temer. La doctrina del infierno nos recuerda que la mayor necesidad de cada persona no será satisfecha por las Naciones Unidas, el Habitat for Humanity o el United Way. Es solamente a través del testimonio cristiano, por medio de proclamar a Cristo crucificado, que la peor cosa de todo el mundo no caerá sobre todos los que están en el mundo.

Así que, a todos los maravillosos cristianos que se sacrifican, que asumen riesgos, que aman la justicia, que se preocupan por los que sufren, y que anhelan renovar sus ciudades, Jesús les dice: “Bien hecho, pero no te olvides del lastre”.

[1] John Piper, Jesus: The Only Way to God: Must You Hear the Gospel to Be Saved? (Grand Rapids: Baker, 2010), 14.

Kevin DeYoung es el pastor principal de University Reformed Church en East Lansing, Michigan, cerca de Michigan State University. Puedes seguirle en Twitter @RevKevDeYoung

 

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32 Cosas Que Usted Puede no Saber Acerca de Charles Spurgeon

Charles SpurgeonPor Stephen McCaskell

El 31 de enero 2013 se cumplirán 121 años desde que el gran predicador, Charles Haddon Spurgeon murió. En memoria de él traigo 32 cosas que usted puede no saber acerca de Charles Spurgeon.

1. Una mujer se convirtió a través de la lectura de una página de uno de los sermones de Spurgeon envuelto alrededor de un poco de mantequilla que había comprado.

2. Spurgeon leyó El Progreso del Peregrino a los 6 años y llegó a leerlo más de 100 veces.

3. The New Park Street Pulpit y The Metropolitan Tabernacle Pulpit —Los Sermones de Spurgeon coleccionados durante su ministerio con esa congregación— llenan 63 volúmenes. Las 20-25 millones de palabras de sus sermones son equivalentes a los 27 volúmenes de la novena edición de la Enciclopedia Británica. La serie se mantiene como el mayor conjunto de libros de un solo autor en la historia del cristianismo.

4. La madre de Spurgeon tuvo 17 hijos, nueve de los cuales murieron en la infancia.

5. Cuando Charles Spurgeon tenía sólo 10 años, un misionero visitante, Richard Knill, dijo que el joven Spurgeon un día predicaría el evangelio a miles de personas y sería predicador en la capilla de Rowland Hill, la mayor iglesia disidente en Londres. Sus palabras se cumplieron.

6. Spurgeon perdió su admisión a la universidad porque una sirvienta sin querer le hizo pasar a una habitación diferente a la del director que estaba esperando para entrevistarlo. (Más tarde, decidió no volver a solicitar la admisión cuando creía que Dios le habló, “tú buscas grandes cosas para ti? No los busques a ellos!”)

7. La biblioteca personal de Spurgeon contenía 12.000 volúmenes—1, 000 impresos antes de 1700. (La biblioteca, 5.103 volúmenes en el momento de la subasta, se encuentra ahora en el Midwestern Baptist Theological Seminary.)

8. Antes de cumplir los 20, Spurgeon predicó más de 600 veces.

9. Spurgeon llevo a sus servicios al Primer ministro WE Gladstone, los miembros de la familia real, miembros del Parlamento, así como el autor John Ruskin, Florence Nightingale, y el general James Garfield, más tarde presidente de los Estados Unidos.

10. La iglesia New Park Street invitó a Spurgeon a venir por un periodo de prueba de 6 meses, pero Spurgeon pidió que fuera por sólo 3 meses, ya que “la congregación podría no quererme, y yo no quiero ser un estorbo.”

11. Cuando Spurgeon llegó a The New Park Street Church, en 1854, la congregación tenía 232 miembros. Al final de su pastorado, 38 años después, ese número había aumentado a 5.311. (En total, 14.460 personas fueron añadidas a la iglesia durante la dirección de Spurgeon.) La iglesia fue la mayor congregación independiente en el mundo.

12. Spurgeon típicamente leía 6 libros por semana, y podía recordar lo que había leído, y más tarde incluso años después.

13. Spurgeon una vez dirigió a una audiencia de 23.654, sin un micrófono o alguna amplificación mecánica.

14. Spurgeon comenzó la universidad de pastores que capacito a cerca de 900 estudiantes durante su vida y que continúa hasta hoy.

15. En 1865, los sermones de Spurgeon vendieron 25.000 ejemplares cada semana. Ellos fueron traducidos a más de 20 idiomas.

16. Al menos 3 de las obras de Spurgeon (incluyendo la serie multi-volumen del Púlpito del Tabernáculo Metropolitano) han vendido más de 1.000.000 copias. Uno de ellos, All of Grace [Solamente Por Gracia], fue el primer libro publicado por Moody Press (anteriormente el Bible Institute Colportage Association) y sigue siendo su best-seller de todos los tiempos.

17. Durante su vida, Spurgeon se estima que predicó a 10.000.000 personas.

18. Spurgeon dijo una vez que contó 8 conjuntos de pensamientos que pasaban por su mente al mismo tiempo mientras él estaba predicando.

19. Probando la acústica en el vasto Agricultural Hall, Spurgeon gritó: “¡He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Un trabajador en lo alto de las vigas del edificio escuchó esto y se convirtió a Cristo como resultado.

20. Susannah Thompson, esposa de Spurgeon, se volvió invalida a los 33 años y rara vez podía asistir a los servicios de su marido después de eso.

21. Spurgeon pasó 20 años estudiando el libro de los Salmos y escribió su comentario sobre ellos, El Tesoro de David.

22. Spurgeon insistió en que el nuevo edificio de su congregación, el Tabernáculo Metropolitano, empleara la arquitectura griega debido a que el Nuevo Testamento fue escrito en griego. Esta decisión ha influido mucho en la arquitectura de la iglesia posterior en todo el mundo.

23. El tema del sermón de Spurgeon de la mañana del domingo no lo elegía generalmente sino hasta la noche del sábado.

24. Para un sermón promedio, Spurgeon no tomaba más de una página de notas en el púlpito, sin embargo, él habló a una velocidad de 140 palabras por minuto durante 40 minutos.

25. La única vez que Spurgeon usaba atuendo clerical fue cuando visitó Ginebra y predicó en el púlpito de Calvino.

26. Mediante la aceptación de algunas de sus muchas invitaciones para hablar, Spurgeon predicó a menudo 10 veces en una semana.

27. Spurgeon se reunió a menudo con Hudson Taylor, el misionero bien conocido en China, y con George Muller, fundador de orfanatos.

28. Spurgeon tuvo dos hijos –hijos gemelos– y los dos se convirtieron en predicadores. Thomas reemplazó a su padre como pastor del Tabernáculo, y Charles, Jr., se hizo cargo del orfanato que su padre había fundado.

29. La esposa de Spurgeon, Susana, lo llamó Tirsatha (un título usado del gobernador de Judea bajo el Imperio persa), que significa “Su Excelencia.”

30. Spurgeon menudo trabajaba 18 horas al día. El famoso explorador y misionero David Livingstone, una vez le preguntó: “¿Cómo te las arreglas para hacer el trabajo de dos hombres en un solo día?” Spurgeon respondió: “Ustedes han olvidado que hay dos de nosotros.”

31. Spurgeon habló con tanta fuerza contra la esclavitud que los editores estadounidenses de sus sermones comenzaron a borrar sus comentarios sobre el tema.

32. Ocasionalmente Spurgeon pedía a los miembros de su congregación no asistir el servicio del próximo domingo, para que los recién llegados pudiesen encontrar un asiento. Durante un servicio de 1879 la congregación regular se iban para que los recién llegados que esperaban afuera pudiesen entrar, y el edificio inmediatamente se llenaba de nuevo.

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10 cosas que debes saber del islam

10 cosas que debes saber del islam

El islam es una religión de rápido crecimiento, especialmente en el mundo occidental. Los cristianos necesitan cada vez más estar apercibidos del islam, y más importante aún, necesitan saber cómo atraer a sus seguidores hacia el evangelio de Jesucristo. He aquí hay diez cosas que aprendí sobre el islam durante mis 20 años como misionero en un país de mayoría musulmana.

1. “Musulmán” y “árabe” no son la misma cosa.

“Musulmán” es un término religioso. Un musulmán es una persona adherida a la religión del islam. Por el contrario, “Árabe” es un término étnico-lingüístico. Un árabe es un miembro del grupo étnico de personas que hablan el idioma árabe. Es cierto que el islam se originó entre los árabes y que el Corán fue escrito en árabe. Sin embargo, algunos árabes han sido históricamente parte de las antiguas iglesias cristianas ortodoxas. Por otro lado, el islam se extendió mucho más allá del mundo árabe y en la actualidad la mayoría de los musulmanes no son árabes. Esto incluye a los turcos, kurdos, iraníes, paquistaníes, musulmanes del sur de Asia, malayos e indonesios. Casi todos ellos son musulmanes, pero ninguno de ellos árabe.

2. La palabra “islam” significa sumisión.

Un musulmán es una persona que se somete a Dios. La concepción islámica de quién es Dios, cómo debe ser adorado y cómo debe ser servido se basa en las enseñanzas de Mahoma. Así dice el credo islámico: “No hay más Dios que Dios, y Mahoma es su profeta”.

3. Hay dos grandes denominaciones musulmanas.

Las dos principales denominaciones de los musulmanes son los sunitas y los chiítas. Los sunitas son la gran mayoría, contabilizando el 85% de todos los musulmanes. La ruptura entre estos dos grupos se produjo durante la primera generación, después de la muerte de Mahoma, y se basó en una disputa sobre quién habría de tener éxito como líder de la comunidad islámica.

4. La teología islámica podría resumirse como la creencia en un solo Dios, en sus profetas, sus libros, sus ángeles, sus decretos, y el juicio final.

El islam enseña que los seres humanos nacen espiritualmente neutros, perfectamente capaces de obedecer por completo los requerimientos de Dios, manteniéndose de esa forma incluso después de que han pecado personalmente. La necesidad de la humanidad, por ende, no es la salvación, sino la instrucción. Por lo tanto el islam tiene profetas, pero no tiene un Salvador.

5. El islam enseña que Jesús fue un gran profeta.

El islam afirma que Jesús nació de una virgen, que vivió una vida sin pecado, que realizó grandes milagros, y que Él vendrá de nuevo al final de la historia. Incluso, a Jesús se le llama “palabra que proviene de Dios”. Sin embargo niega explícitamente la deidad de Cristo y repudia el título de “Hijo de Dios”, tildándolo de blasfemo. También (según la opinión de la mayoría) niega que murió en la cruz, alegando que el rostro de Jesús se impuso a otra persona que luego fue crucificada y que Jesús fue llevado al cielo sin probar la muerte. El islam niega de manera explícita la posibilidad de la expiación sustitutiva.

6. La práctica islámica puede ser resumida en los cinco pilares del Islam.

Estos se componen de la confesión de fe (“No hay más Dios que Dios, y Mahoma es su profeta”), la oración (las oraciones rituales, recitadas en árabe cinco veces al día, mirando hacia la Meca, mientras se realizan un conjunto prescrito de inclinaciones, posición de rodillas y postraciones), limosnas (aceptadas como impuestos en algunos países oficialmente islámicos), ayuno (el mes lunar del Ramadán durante el cual los creyentes musulmanes ayunan durante el día, pero pueden comer mientras es de noche), y la peregrinación (el Hajj, o peregrinación a La Meca que todo creyente musulmán debe hacer una vez en su vida).

7. La inmensa mayoría de los musulmanes no son terroristas.

De hecho, la ley religiosa islámica ordinaria prohíbe el asesinato intencional de personas no combatientes en batalla. También prohíbe el suicidio. Es una pequeña minoría de personas la que permite estas cosas, así como es una pequeña minoría la que se dedica a actividades terroristas.

8. Los musulmanes pueden ser de las personas más agradables y hospitalarias del mundo.

Ellos son buenos vecinos y grandes amigos. Ningún cristiano debería tener miedo de construir una relación con un musulmán.

9. Los musulmanes necesitan salvación a través de Jesucristo.

Están perdidos, exactamente igual que cualquier otro no-cristiano (ni más ni menos que nadie). Por otra parte, hay musulmanes vienen a la fe por medio de Jesucristo. Por lo general toma tiempo, así como la exposición prolongada a la Palabra de Dios y a la vida de los cristianos. Los musulmanes están viniendo a la fe hoy en día más que en cualquier otro momento de la historia.

10. Dios ama a los musulmanes y así debemos hacerlo nosotros (incluso aquellos pocos que son nuestros enemigos).

Debemos amarlos lo suficiente como para hacernos amigos de ellos, amarlos lo suficiente para darles la bienvenida en nuestras casas y amarlos lo suficiente para compartir el evangelio con ellos.

Este artículo fue publicado originalmente el 4 de julio 2013 para The Gospel Coalition. Traducido por Omar Jarillo.

Zane Pratt vivió y trabajó durante 20 años en Asia Central antes de regresar brevemente a los Estados Unidos para enseñar en Southern Seminary en Louisville, Kentucky. Él y su esposa Catherine se encuentran actualmente en el proceso de retorno al servicio en Asia.

 

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10 Consejos para un nuevo creyente

10 Consejos para un nuevo creyente | Coalición Por El Evangelio

Aquí una recopilación de 10 verdades de la Escritura que, puestas en conjunto, son de ayudan a un recién convertido en sus primeros pasos en la fe. Por supuesto, estas cosas también se aplican a los que tenemos más tiempo siendo cristianos.

1. Asiste a la iglesia

El creyente debe entender la importancia de asistir a su iglesia local para la adoración, el compañerismo y para ser alimentado en la Palabra de Dios. La biblia es muy enfática en este tema, diciendo “no dejando de congregarse, como algunos tienen por costumbre”(He. 10:25). Es por eso que debes asistir a tu iglesia fielmente cada semana.

2. Lee tu Biblia

La fe del creyente es edificada y fortalecida a través de la palabra de Dios. Somos limpiados (Juan 15:3), alumbrados (Salmos 119:105), liberados del engaño (Juan 8:32) y sobre todo somos renovados en nuestro entendimiento (Ro. 12:2) por la constante exposición de las Sagradas Escrituras. Por lo tanto, debes desarrollar el hábito de la lectura diaria de la Biblia. Un consejo más: consigue una Biblia física; no es suficiente tenerla en tu celular.

3. Comparte tu fe

Antes de ascender al cielo, Jesús le dijo a sus discípulos “… Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mr. 16:15). Estas palabras se constituyen en un mandato a todos los creyentes en todas las épocas. El cristiano debe compartir su fe, predicando el evangelio y haciendo discípulos (Mt. 28:20). Esto tiene un valor especial cuando eres recién convertido, porque tienes un testimonio fresco; testimonio que debes cuidar (Mt. 5:16).

4. Abandona el pecado

El arrepentimiento implica una decisión voluntaria de apartarnos del pecado y abandonar los malos caminos. En este sentido, cuando los fariseos trajeron a Jesús una mujer sorprendida en adulterio, Jesús la despidió diciendo “¿Ninguno te condenó?…Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Jn. 8:10-11). Por eso debes marcar una distancia con los lugares, personas y todo aquello que te exponga al pecado. Mientras vas creciendo en santidad, es de vital importancia el alejarte lo más posible del pecado.

5. Busca un mentor

La figura de un mentor –puede ser tu pastor, un líder o quien te predicó el evangelio– es fundamental para guiar nuestros pasos. Los que nos preceden en la fe pueden ayudarnos a entender mejor las Escrituras, guiarnos, aconsejarnos y velar por nuestro crecimiento espiritual. Aunque siempre se necesita de un mentor, esto es de vital importancia al inicio de nuestra fe. Tener un predicador favorito en Youtube no se compara a tener un hermano más maduro cerca (Pr. 27:17).

6. Encuentra amistades cristianas

El rey Salomón decía “El que anda con sabios, sabio será; Mas el que se junta con necios será quebrantado” (Pr. 13:20). Los creyentes debemos rodearnos de personas que sean de testimonio y de una sana influencia en la fe cristiana.

7. Ora en privado

La vida devocional es importante para el caminar cristiano, y en ese sentido la oración es una disciplina indispensable para tu desarrollo. Junto a la lectura diaria, la oración privada es un hábito que determina y contribuye al crecimiento espiritual. Ambas deben ser practicadas desde muy temprano en la fe (Mt. 6:1-6).

8. Busca contenido que te edifique

De seguro tenías muchas cosas que escuchabas y veías en tu tiempo libre para divertirte. Ahora como creyente debes procurar que la Palabra de Cristo more en abundancia en ti (Col. 3:16), y esto incluye lo que cantas, escuchas, lees y ves. Por tanto, busca música que te edifique, páginas de internet donde puedas conocer más de Jesús y libros que te sean de alimento espiritual.

9. Recuerda el evangelio

En tu búsqueda por santidad, puede que te sientas tentado a olvidar el evangelio que te salvó. Pero debes entender que el evangelio no es lo básico de la vida cristiana, sino el centro. Cuando peques o cuando triunfes contra el pecado, recuerda el evangelio (2 Ti. 2:8).

10. Ama a Dios

Lo más importante que nuestras vidas deben exhibir es un amor genuino, constante y creciente por Dios. Jesús dijo que el mandamiento principal es amar “al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Mr. 12:30).

–Gerson Morey

Gerson Morey es pastor en la Iglesia Día de Adoración en la ciudad de Davie en el Sur de la Florida y autor del blog cristiano El Teclado de Gerson. Está casado con Aidee y tienen tres hijos, Christopher, Denilson y Johanan. Puedes encontrarlo en Twitter: @gersonmorey.

fuente:http://thegospelcoalition.org/coalicion/article/consejos-para-un-nuevo-creyente

 

 

 

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¿Cuándo aprenderé?

Cuando yo vivo de manera débil, siempre tiene la misma causa- que no me he comunicado con Dios en su Palabra y oración. ¿Cuándo aprenderé? – Paul Washer

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Hoy es el día de salvación

El diablo es un engañador, es astuto y trabaja en todas las etapas de la vida de una persona. En la juventud estás demasiado feliz para pensar en Cristo, tienes suficiente tiempo. Cuando eres adulto estás demasiado ocupado para pensar, primero quieres más dinero. En la madurez estás demasiado ansioso para pensar, en lugar de ello te preocupas por el trabajo. En tus años de vejez estás demasiado viejo para pensar, tienes hábitos arraigados. Cuando estás moribundo estás demasiado enfermo para pensar, estás débil y sufriendo. Cuando estés muerto será demasiado tarde para pensar, tu espíritu habrá partido. En la eternidad pensarás por siempre en lo que pudo y debió haber sido. – Bob Jennings

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Charles Simeon (calvinista) y John Wesley (arminiano)

Charles Simeon (calvinista) y John Wesley (arminiano) se encuentran y nos dejan un ejemplo a seguir

Te diré algo Charles Simeon es un hombre del cual podríamos aprender, aquí está Charles Simeon (calvinista) quien se ve cara a cara con John Wesley (arminiano) ¿Puedo leértelo?

Charles Simeon: “Señor, entiendo que a usted se le llama un Arminiano, y a mí a menudo me llaman un Calvinista; por lo tanto, entiendo que debemos sacar nuestras espadas. Pero antes del comienzo de la batalla, con su permiso le haré algunas preguntas… Disculpe, buen señor, ¿se siente usted una criatura depravada, tan depravada que nunca hubiera contemplado voltear su rostro a Dios, si Dios no hubiera puesto esa disposición en su corazón de antemano?”

John Wesley: “Sí,” contesta el veterano, “definitivamente soy una criatura depravadísima y no puedo hacer nada por mi propia disposición.”

Simeon: “Y ¿se siente usted inquieto al recomendarse a sí mismo a Dios por su propio mérito, o busca usted la salvación sólo por la sangre y justicia de Jesucristo?”

Wesley: “Sí, no hay otro camino a la salvación que no sea por Cristo.”

Simeon: “Pero suponemos, mi apreciado señor, que usted fue salvado primero por Cristo, ¿no necesitará usted salvarse luego por obras?”

Wesley: “No, Cristo salva desde el principio hasta el fin.”

Simeon: “Si admite usted que Dios volteó el rostro de usted a Él por medio de la gracia, ¿seguirá usted el camino estrecho de la salvación por sus propios esfuerzos?”

Wesley: “No.”

Simeon: “Entonces ¿será usted guiado a cada hora y a cada minuto como un bebé en los brazos de su madre?”

Wesley: “Sí, así me guiará Dios.”

Simeon: “Y ¿está toda su esperanza de llegar al Lugar Santísimo envuelto en la gracia y misericordia de Dios?”

Wesley: “Sí, toda mi esperanza está en El.”

Simeon: “Entonces, señor, con su permiso guardaré de nuevo mi espada, porque éste es mi Calvinismo, ésta mi elección, mi justificación por fe, mi perseverancia final; en fin, es en sustancia todo lo que creo, y así lo creo; y, por lo tanto, en vez de buscar términos y frases que nos separen, busquemos mejor aquellas cosas en las cuales estamos de acuerdo.”

Fuente: Charles Simeon y John Wesley, conversación anotada el 20 de diciembre de 1784 en el Diario de Wesley.

Que Dios nos ayude, porque cuando una actitud como esta no es verdad en ti, tu has hecho de tu teología, tu has hecho de tu posición doctrinal, in ídolo.

Las doctrinas de la gracia nos hacen más humildes, no nos envanecen, y si te estan envaneciendo, tú las convertiste en algo en lo que Dios nunca tuvo intención que sean, la soberanía de Dios nos hará las personas más humildes en la faz de la tierra, si realmente entendemos todas estas cosas correctamente, Dios nos ayude a ser como Charles Simeon.

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¿Puede un cristiano ser poseído por un demonio?

¿Puede un cristiano ser poseído por un demonio?

Por Rafael Alcántara

Antes de responder esta pregunta, es importante aclarar a qué nos referimos con una posesión demoníaca. Estar poseído no es lo mismo que ser tentado. Es evidente en la Escritura que Satanás y los demonios tientan a los creyentes, e incluso pueden poner pensamientos pecaminosos en ellos, tal como sucedió en el caso de David con el censo (1 Cr. 21:1), y Pedro, cuando le insistió a Cristo que no fuera a Jerusalén (Mt. 16:23).

Sabemos que los demonios pueden producir enfermedades y desgracias, siempre bajo el permiso divino. Tal fue el caso de Job, y también ocurrió con Pablo con el aguijón en su carne, a quien identificó como “un mensajero de Satanás” (2 Co. 12:7b). En Lucas 13:11 se nos habla de una mujer que: “durante dieciocho años había tenido una enfermedad causada por un espíritu; estaba encorvada, y de ninguna manera se podía enderezar. Y el mismo Cristo dice en Lucas 13:16 que esta mujer era una: “hija de Abraham, a la que Satanás ha tenido atada durante dieciocho largos años”.

Podemos concluir, entonces que los demonios pueden afectar a los cristianos, ya sea produciendo enfermedades o desgracias, o produciendo tentaciones y pensamientos pecaminosos. Ahora bien, esto es diferente a una posesión demoníaca. Como bien señala el teólogo Wayne Grudem: “Si con poseído por un demonio se quiere decir que la voluntad de la persona está completamente dominada por un demonio, al punto que la persona no tiene poder para escoger el bien y obedecer a Dios, la respuesta… sería con certeza que no, porque la Biblia garantiza que el pecado no tendrá dominio sobre nosotros puesto que hemos sido resucitados con Cristo” [1] (Ver Ro. 6:4-11, 14, 18, 22).

De igual manera responde Frederick Leahy: “Las doctrinas bíblicas de la regeneración y de la presencia permanente del Espíritu Santo en la vida del creyente imposibilitan por completo la posesión demoníaca de un creyente” [2] (Ver 1 P. 1:22; 1 Co. 3:16).

Por eso es que este último autor hace dos preguntas cuando le mencionan supuestos casos de creyentes que se dicen están poseídos: “¿Estaban regeneradas las víctimas?” y “¿Estaban realmente poseídas?”[3]. Puede ser que se trate de personas que realmente no han sido regeneradas, aunque tal vez hayan asistido a la iglesia por años; o de cristianos verdaderos que estén sufriendo algún tipo de dolencia que le llevara a algún comportamiento extraño.

En conclusión, aunque la Escritura no responde esta pregunta explícitamente, podemos asegurar, por la evidencia revelada, que un verdadero cristiano no puede ser poseído por los demonios, aunque sí puede ser tentado y atacado por los mismos, siempre bajo el permiso de Dios. Es incompatible que un cristiano esté habitado por el Espíritu Santo y a la vez esté habitado por Satanás. Ahora bien, debido a que sí seremos atacados, la Escritura claramente revela la forma de lidiar con con dichos ataques: resistir con firmeza (Ef. 6:10-18).

 


[1] Doctrina Bíblica, Pág. 179

[2] Satanás Echado Fuera, Pág., 85

[3] Idem, pag.84.

Rafael Alcántara es uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde colabora con la enseñanza y la consejería, así como a la capacitación de líderes de diversas iglesias locales. Ha sido maestro de Historia de la Iglesia y Teología Sistemática, y es invitado con frecuencia a llevar la predicación en diferentes congregaciones. Está casado con Gleny Troncoso y tiene dos hijas. Puedes encontrarlo en Twiter.

 

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Cinco Razones de Porque el Padre en Silencio, dijo: “No” al Hijo en Getsemaní

Cinco Razones de Porque el Padre en Silencio, dijo: “No” al Hijo en Getsemaní

por Thabiti Anyabwile

Una de las escenas más conmovedoras de todos los evangelios es la noche que el Señor del cielo y la tierra cayó de rostro sudando sangre y en oración agonizante. Mateo 26 nos da el relato:

36Entonces Jesús llegó* con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo* a sus discípulos: Sentaos aquí mientras yo voy allá y oro.  37Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse.  38Entonces les dijo*: Mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte; quedaos aquí y velad conmigo.  39Y adelantándose un poco, cayó sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras . 40Vino* entonces a los discípulos y los halló* durmiendo, y dijo* a Pedro: ¿Conque no pudisteis velar una hora conmigo?  41Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.  42Apartándose de nuevo, oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si ésta no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad. 43Y vino otra vez y los halló durmiendo, porque sus ojos estaban cargados de sueño.  44Dejándolos de nuevo, se fue y oró por tercera vez, diciendo otra vez las mismas palabras.  45Entonces vino* a los discípulos y les dijo*: ¿Todavía estáis durmiendo y descansando? He aquí, ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. 46¡Levantaos! ¡Vamos! Mirad, está cerca el que me entrega.

Tres veces el Hijo de Dios pide al Padre pasar la copa de la ira de Dios. Tres veces el cielo se mantuvo en silencio. Pero en el silencio de la noche fría un inconfundible “No”, se escuchó. No, no era posible llevar la copa y lograr la misión. No había otra manera.

Pero ¿por qué? ¿Por qué no hay otro camino posible para un Dios omnipotente? ¿Por qué Jesús tuvo que beber de la copa?

Cinco respuestas se presentan:

1. El Padre responde “No” porque necesitamos un Sumo Sacerdote que pueda identificarse con nosotros.

“Porque ciertamente no ayuda a los ángeles, sino que ayuda a la descendencia de Abraham Por tanto, tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote en las cosas que a Dios atañen, para hacer propiciación por los pecados del pueblo. Pues por cuanto El mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los que son tentados.” (Hebreos 2:16-18)

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros , pero sin pecado.” (Hebreos 4:15)

2. El Padre responde “no”, porque Jesús es el único mediador posible entre Dios y el hombre.

“ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo.” (Romanos 8:7)

“Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre.” (1 Tim. 2:5)

“Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos.” (Hechos 4:12)

3. El Padre responde “No” porque de lo contrario no habría expiación por nuestro pecado.

“Por tanto, tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote en las cosas que a Dios atañen, para hacer propiciación por los pecados del pueblo.” (Hebreos 2:17)

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.” (1 Juan 4:10).

4. El Padre responde “No” porque no había otra manera de reivindicar Su propia justicia.

“a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que El sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús.” (Romanos 3:25-26).

5. El Padre responde “No” porque no había mejor manera de revelar la gloria recíproca del Padre y del Hijo.

“Entonces, cuando salió, Jesús dijo*: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en El. Si Dios es glorificado en El, Dios también le glorificará en sí mismo, y le glorificará enseguida.” (Juan 13:31-32).

“Estas cosas habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique a ti,… Yo te glorifiqué en la tierra, habiendo terminado la obra que me diste que hiciera. Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera.” (Juan 17:1, 4-5).

Por qué Me Alegro de que el Padre Permaneció en Silencio

No estamos para pensar que ninguna respuesta se dio en esa noche increíble en Getsemaní. Tampoco debemos pensar que el “no” silencioso del Padre, indicó un abandono sin sentido, como si Dios el Padre fuese un mal padre divino. ¡Debemos entender que el único Padre perfecto encontró ocasión para negar al Hijo único Perfecto, porque tal rechazo logró el propósito único perfecto –un Sumo Sacerdocio perfectamente calificado, una reconciliación a través del único Mediador Dios-hombre, amor y expiación por los pecados de los hombres, la reivindicación de la justicia del Padre, y la gloria cada vez redunda del Padre en el Hijo y el Hijo en el Padre! ¡La respuesta silenciosa de Getsemaní eternamente se escuchará en las alabanzas en voz alta gozosa del universo!

Debido a que el padre contestó “No”, los pecadores tenemos un sumo sacerdote perfecto íntimo con todas sus debilidades, misericordioso y fiel. Tenemos Uno a quien podemos acercarnos por gracia. Debido a que el padre contestó “No”, tenemos uno que se interpone entre nosotros en toda nuestra impiedad y Dios en toda Su santidad para reconciliarnos y reunirnos como amigos en vez de rebeldes. Debido a que el Padre contestó “No”, los que tienen fe en Cristo no necesitan temer la ira del Padre una vez más, Su ira ha sido plenamente satisfecha en la expiación del Hijo. Debido a que el Padre dijo: “No,” estamos seguros de que nuestra aceptación con Dios ha sucedido en terrenos completamente legítimos –no hay trucos de salón, lagunas, no hay ninguna ficción jurídica, no hay injusticia para amenazar o cuestionar el intercambio de nuestro pecado por la justicia de Jesús. Debido a que el Padre dijo: “No”, siempre disfrutaremos y compartiremos la gloria del Padre y del Hijo en una era sin fin, sin tiempo por venir.

Estoy tan contento de que el Padre dijo: “No.”

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No estamos solos en el sufrimiento

Podemos pensar que estamos solos en nuestro sufrimiento, cuando en realidad no es así. Dios está presente, y se trae algo sorprendente entre manos.

Charles F. Stanley

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