Soldado de Jesucristo

Soli Deo Gloria

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Levántense en armas, soldados de Cristo

Charles Spurgeon“¡Héroes de la verdad, soldados de Cristo, despierten! En este momento tenemos enemigos. No crean que la lucha ha terminado; la gran guerra de la verdad se torna más intensa y fiera que nunca. ¡Oh, soldados de Cristo! ¡Desenvainen sus espadas! Levántense otra vez por Dios y por Su verdad, para que el Evangelio de la gracia inmerecida no sea olvidado. […]

Otra vez les digo: levántense en armas, soldados de Cristo; la guerra contra el pecado no ha terminado, a duras penas ha comenzado. […]

Por tanto, hombres y hermanos, marchemos a la victoria; que la corona que está delante de ustedes, les anime para el combate, hasta obtener la victoria, hasta obtener la victoria, y ¡adelante, adelante, adelante! Pues Dios es por ustedes. Recuerden al grandioso intercesor: Cristo está en la cumbre del collado, y mientras ustedes se encuentran en el valle, Él intercede, y prevalecerá, ¡continúen y obtengan la victoria, en el nombre de Cristo!”.

~ Charles H. Spurgeon

Fuente bibliográfica: Extractos del sermón No. 112: “La lucha por la Verdad” (Éxodo 17:9). 11 de Enero, 1857.

 

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4 RAZONES POR LAS QUE LA DOCTRINA DEL INFIERNO ES IMPORTANTE

Por Tim Keller

En 2003, un grupo de investigación descubrió que el 64% de los estadounidenses esperan ir al cielo cuando mueran, pero menos del 1% piensa que irán al infierno. Hay mucha gente hoy en día que no cree en la enseñanza bíblica del castigo eterno, e incluso aquellos que sí creen en ella muchas veces lo consideran un concepto irreal y remoto. Sin embargo, es una parte muy importante de la fe cristiana, por varias razones.

1. Es importante porque Jesús enseñó acerca del infierno más que todos los otros autores bíblicos juntos. Jesús habla de “fuego eterno y castigo” como la morada final de los ángeles y los seres humanos que han rechazado a Dios (Mt. 25:41,46). Él dice que los que ceden ante el pecado estarán en peligro del “fuego del infierno” (Mt. 5:2218:8-9). La palabra que Jesús usa para ‘“infierno” es Gehena, un valle en el que montones de basura eran quemados diariamente, así como los cadáveres de los que no tenían familias que los enterraran. En Marcos 9:43 Jesús habla de una persona que va al “infierno [gehena], donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga”. Jesús se refiere a los gusanos que viven en los cadáveres en el montón de basura. Cuando se consume toda la carne, los gusanos mueren. Jesús está diciendo, sin embargo, que la descomposición espiritual del infierno nunca termina y es por eso que “el gusano de ellos no muere”.

En Mateo 10:28, Jesús dice: “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien teman a Aquél que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno”. Él está hablando a los discípulos, algunos quienes eventualmente serían torturados, aserrados por la mitad, desollados y quemados vivos. Sin embargo, dice que todo eso es un día de campo en comparación con el infierno. Es evidente que para Jesús el infierno era un lugar real, ya que dice que después del día del juicio, las personas lo experimentarían en sus cuerpos. El infierno es un lugar no solo de miseria física, sino también espiritual.

Jesús describió constantemente al infierno como fuego doloroso y “tinieblas de afuera” (Mt. 25:30; cf. Judas 6,7,13), un lugar de horrible miseria e infelicidad. Si Jesús, el Señor del amor y Autor de la gracia, habló sobre el infierno más que cualquier otra persona, y de una manera más vívida y espeluznante que cualquier otra persona, entonces debe ser una verdad crucial. Pero ¿por qué era tan importante para Jesús?

2.  Es importante porque muestra cuán infinitamente dependemos de Dios para todo.  Prácticamente todos los comentaristas y teólogos creen que las imágenes bíblicas de fuego y tinieblas de afuera son metafóricas. (Si hay almas en el infierno ahora, sin cuerpos, ¿cómo podría el fuego ser literal y físico?). Incluso, Jonathan Edwards señaló que el lenguaje bíblico para el infierno era simbólico, pero, añadió, “cuando se usan metáforas en las Escrituras acerca de las cosas espirituales. . . estas quedan cortas de la verdad literal” (de “Los tormentos del infierno son en sobremanera grandes”, en el volumen 14 de la edición de Yale de las obras de Edwards). Decir que la imagen bíblica del fuego del infierno no es del todo literal no es de ningún consuelo. La realidad será mucho peor que la imagen. Entonces, ¿qué simbolizan el “fuego” y la ‘oscuridad’? Son formas vívidas para describir lo que sucede cuando perdemos la presencia de Dios. La oscuridad se refiere al aislamiento y el fuego a la desintegración de estar separados de Dios. Al estar lejos del favor y del rostro de Dios, literalmente, nos caemos en pedazos de forma horrible y eterna.

En la enseñanza de Jesús, la condena definitiva de la boca de Dios es: “Apartaos de mí”. Es importante notar que ¡simplemente estar lejos de Dios es lo peor que nos puede pasar! ¿Por qué? Fuimos creados originalmente para caminar en la presencia inmediata de Dios (Gn. 2). En un sentido, por supuesto, Dios está en todas partes y lo sostiene todo. Solo en Él todos hablamos, movemos y tenemos nuestro ser (Hch. 17:28). En ese sentido, entonces, es imposible apartarse del Señor; aun el infierno no puede existir a menos que Dios lo sostenga. Pero la Biblia dice que el pecado nos excluye del “rostro” de Dios (Is. 59:2). Toda la vida, la alegría, el amor, la fuerza y el significado que hemos buscado y anhelado se encuentran en su rostro (Sal. 16:11), es decir, en su favor, presencia, compañerismo y placer.

El pecado nos aleja de ese aspecto de su poder que nos sostiene y apoya. Es por ello que, para Pablo, el fuego y la destrucción del infierno eterno es estar “excluidos de la presencia del Señor” (2 Tesalonicenses 1:9). La separación de Dios y sus bendiciones para siempre es la realidad a la que apuntan todos los símbolos. Por ejemplo, cuando Jesús habla de ser “destruido” en el infierno, la palabra usada es apollumi, que no significa ser aniquilados por completo, sino ser ‘destrozado’ y arruinado hasta ser inútil en cuanto al propósito por el cual fuimos creado.

Entonces, ¿qué es un alma humana “destrozada”? No deja de existir, sino que llega a ser totalmente incapaz de hacer todo aquello para lo que fue creada: razonar, sentir, elegir, dar o recibir amor o alegría. ¿Por qué? Porque el alma humana fue construida para adorar y disfrutar del verdadero Dios, y toda vida verdaderamente humana se deriva de esto. En este mundo, toda la humanidad, incluso aquellos que se han alejado de Dios, es sostenida por ‘benevolentes providencias’ o ‘gracia común’ (Hch. 14:16-17Sal 104:10-30Stg. 1:17) que nos mantiene capaces de sabiduría, amor, alegría y  bondad. Pero cuando perdemos la presencia solidaria de Dios por completo, el resultado es el infierno.

3. Es importante porque revela la gravedad y el peligro de vivir la vida por uno mismo.  En Romanos 1-2, Pablo explica que Dios, en su ira contra los que lo rechazan, “los entrega” a las pasiones pecaminosas de sus corazones. Los comentaristas (cf. Douglas Moo) señalan que esto no puede significar que Dios impulsa a la gente a pecar, ya que en Efesios 4:19 se dice que los pecadores se entregan a sí mismos a sus deseos pecaminosos. Esto significa que el peor (y más justo) castigo que Dios puede dar a una persona es permitirles tener el deseo más profundo de sus corazones pecaminosos.

¿Qué es eso? El deseo del corazón humano pecador es la independencia. Queremos elegir y seguir nuestro propio camino (Is. 53: 6). Esto no es un ‘caminar fuera del camino’ casual. Como dice Jeremías: “Nadie se arrepiente… cada uno persigue su propio curso como un caballo de carga en la batalla” (8: 6). Queremos alejarnos de Dios, pero, como hemos visto, esto es lo más destructivo para nosotros. Caín es advertido de no pecar porque el pecado es esclavitud. (Gn. 4:7Jn. 8:34). Destruye la capacidad de elegir, de amar y disfrutar. El pecado también trae ceguera: entre más se rechaza la verdad sobre Dios, más incapaz se es percibir cualquier verdad sobre sí mismo o el mundo (Is. 29: 9-10Ro. 1:21).

Entonces, ¿qué es el infierno? Es Dios activamente entregándonos a lo que hemos elegido libremente: seguir nuestro propio camino, ser nuestro propio “amo de nuestro destino, capitán de nuestra alma”, para alejarnos de Él y de Su control. Es Dios exiliándonos a las regiones en las que hemos tratado desesperadamente de entrar toda nuestra vida. J.I.Packer escribe: “La Escritura ve al infierno como una decisión propia… El infierno aparece como un gesto de respeto por la elección humana de Dios. Todos reciben lo que realmente desean, ya sea estar con Dios para siempre, adorándole, o sin Dios para siempre, adorándose a sí mismos ” (J.I.Packer, Concise Theology, pp.262-263). Si lo que más te interesa es adorar a Dios en la belleza de Su santidad, entonces eso es lo que tendrás (Sal. 96:9-13). Si lo que más te interesa es ser tu propio amo, entonces la santidad de Dios se convertirá en una agonía, y la presencia de Dios un terror del que huirás por siempre (Ap 6:16; cf. Is 6:1-6).

Corremos de la presencia de Dios y por lo tanto Dios nos entrega activamente a nuestro deseo (Ro. 1:24,26). Por lo tanto, el infierno es una prisión en la que las puertas están cerradas primero desde el interior por nosotros y, por lo tanto, cerradas desde el exterior por Dios (Lc. 16:26). Todo indica que las puertas siguen para siempre cerradas desde el interior. Aunque toda rodilla y lengua en el infierno sabe que Jesús es el Señor (Fil. 2:10-11), nadie puede buscar ni quiere que Él sea su Señor sin el Espíritu Santo (1 Corintios 12:3). Es por esto que podemos decir que nadie va al infierno que no elija tanto ir como quedarse allí. ¿Qué podría ser más justo que eso?

4. La doctrina del infierno es importante porque es la única manera de saber lo mucho que Jesús nos amó y lo mucho que hizo por nosotros. En Mateo 10:28, Jesús dice que ninguna destrucción física puede compararse con la destrucción espiritual del infierno, de perder la presencia de Dios. Pero esto es exactamente lo que le sucedió a Jesús en la cruz: Él fue abandonado por el Padre (Mt. 27:46). En Lucas 16:24, el hombre rico en el infierno se encuentra desesperadamente sediento (v.24) y en la cruz Jesús dijo: “Tengo sed” (Jn. 19:28). El agua de vida, la presencia de Dios, le fue quitada. El punto es que si no aceptemos esta doctrina “terrible”, ni siquiera vamos a comenzar a comprender la profundidad de lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz. Su cuerpo estaba siendo destruido de la peor manera posible, pero eso fue una picadura de pulga comparado con lo que estaba sucediendo a Su alma. Cuando gritó que Su Dios le había abandonado, estaba experimentando el mismo infierno. Pero tengan en cuenta que si nuestra deuda por el pecado es tan grande que jamás se podrá pagar en el infierno, sino que el infierno se extiende por toda la eternidad, entonces ¿qué podemos concluir del hecho de que Jesús dijo que el pago fue “consumado” (Jn. 19:30) después de solo tres horas? Vemos que lo que Él experimentó en la cruz fue mucho peor y más profundo que todos nuestros merecidos infiernos juntos.

Y esto cobra un sentido emocional cuando consideramos la relación que Jesús perdió. Si un conocido te denuncia y te rechaza, eso duele. Si un buen amigo hace lo mismo, eso duele mucho más. Sin embargo, si tu cónyuge te abandona, eso es mucho más devastador aún. Cuanto más larga, profunda e íntima la relación, más dolorosa es la separación. Pero la relación del Hijo con el Padre era sin principio e infinitamente superior a la relación humana más íntima y apasionada. Cuando Jesús fue separado de Dios, entró en el hoyo mas profundo y en el horno más poderoso, más allá de todo lo imaginable. Él experimentó toda la ira del Padre, y lo hizo voluntariamente, por nosotros.

Bastante a menudo me encuentro con gente que dice: “Yo tengo una relación personal con un Dios de amor, y sin embargo, yo no creo en Jesucristo en absoluto”. Les pregunto “¿Por qué?”. Ellos responden, “Mi Dios es demasiado amoroso como para derramar infinito sufrimiento sobre alguien a causa del pecado”. Sin embargo, esto demuestra un profundo desconocimiento de Dios y de la cruz. En la cruz, Dios mismo, encarnado como Jesús, tomó el castigo. No castigó a un tercer voluntario.

Entonces, la pregunta es: ¿qué le costo a tu clase de dios amarnos y abrazarnos? ¿Qué tuvo que soportar para recibirnos? ¿Dónde agonizó este dios, dónde clamó, y donde quedaron sus clavos y espinas? La única respuesta es: “No creo que eso fuera necesario”. Pero entonces, irónicamente, en nuestro esfuerzo por hacer a Dios más amoroso, lo hemos hecho mucho menos amoroso. Su amor, al final, no tenía que tomar ninguna acción. Era sentimentalismo, no amor. La adoración de un dios como este será impersonal, cognitiva y ética en el mejor de los casos. No habrá ningún alegre abandono de uno mismo, ninguna valentía humilde, ningún sentido constante de maravilla. No podremos cantar con él “amor tan grande y sin igual, demanda toda mi vida y mi ser”. Solo a través de la cruz podría ser removida de nuestra separación de Dios, y vamos a pasar toda la eternidad amando y alabando a Dios por lo que ha hecho (Apocalipsis 5:9-14).

Y si Jesús no experimentó el mismo infierno por nosotros, entonces nosotros mismos perdemos valor. En Isaías, se nos dice: “Debido a la angustia de su alma, Él lo verá y quedará satisfecho” (Is. 53:11). ¡Este es un pensamiento increíble! Jesús sufrió infinitamente más que cualquier alma humana en el infierno eterno, sin embargo, nos mira y dice: “Valió la pena”. ¿Qué podría hacer que nos sintamos más amados y valorados que eso? El Salvador presente en el evangelio se abrió paso por el mismo infierno para no perdernos, y ningún otro salvador nos ha amado a un costo tan alto.


Publicado originalmente para el blog de Tim Keller. Traducido por Daniel Lobo.

Tim Keller es el pastor senior de Redeemer Presbyterian Church (PCA) en Manhattan, Nueva York. También es el cofundador y vice presidente de The Gospel Coalition.

Tomado de Coalición por el Evangelio.

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María: quién era (y no era)

María: quién era (y no era)

Por John MacArthur

Virgen maría

De todas las mujeres extraordinarias en las Escrituras, se destaca por encima de todos las demás como la más bendita, la mas y muy favorecida por Dios, y más universalmente admirada. De hecho, ninguna mujer es más verdaderamente notable que María. Ella fue soberanamente elegida por Dios –de entre todas las mujeres alguna vez nacidas – para ser el instrumento singular a través del cual Él por fin traería al Mesías al mundo.

María misma declaró que todas las generaciones considerarían ella como profundamente bendecida por Dios (Lucas 1:48). Esto no era porque se creía a sí misma ser algún tipo de santa sobrehumana, sino porque se le dio tal gracia y privilegio notable.

 

Mitos sobre María

Si bien reconoce que María era la más extraordinaria de las mujeres, es apropiado inyectar una palabra de precaución contra la tendencia común de enaltecerla demasiado. Ella era, después de todo, una mujer, no una semidiosa o una criatura de forma cuasi-deidad que de alguna manera trasciende al resto de su raza. El punto de su “bendición” no es ciertamente que debemos pensar en ella como alguien a quien podemos apelar para bendición; sino que ella misma fue supremamente bendecida por Dios. Ella nunca se retrata en las Escrituras como fuente o dispensadora de la gracia, sino que es ella misma es destinataria de la bendición de Dios. Su Hijo, no la misma María, es la fuente de la gracia (Salmo 72:17). Él es la tan esperada simiente de Abraham de los cuales habló la promesa del pacto: “En tu simiente todas las naciones de la tierra serán bendecidas” (Génesis 22:18).

 

Varias tradiciones religiosas extrabíblicas y muchas mentes supersticiosas han beatificado a María más allá de lo razonable, haciéndola un objeto de veneración religiosa, imputándole diversos títulos y atributos que pertenecen sólo a Dios. Una larga tradición de almas demasiado entusiastas a lo largo de la historia erróneamente la han exaltado al estatus divino. Por desgracia, incluso en nuestra era, María, no Cristo, es el punto central de la adoración y afecto religioso para millones. Ellos piensan en ella como más accesible y más simpática que Cristo. Se le venera como la Virgen perfecta, supuestamente sin ser tocada por el pecado original, una virgen perpetua, e incluso corredentora con Cristo mismo.

El dogma católico enseña que fue llevada corporalmente al cielo, donde fue coronada “Reina del Cielo”. Su papel en la actualidad, según la leyenda católica, es mediadora y de intercesión. Por lo tanto, multitudes dirigen sus oraciones a ella en lugar de sólo a Dios, como si María fuera omnipresente y omnisciente.

 

De hecho, mucha gente supersticiosa imaginan que María aparece regularmente en diversas apariciones aquí y allá, y algunos incluso afirman que ella entrega profecías para el mundo a través de estos medios. Esta credulidad extrema sobre las apariciones de María a veces se eleva a proporciones casi cómicas. En noviembre de 2004, un sándwich rancio de queso asado se vendió por $ 28.000 en una subasta de eBay porque el sándwich tenía supuestamente una imagen de María sobrenaturalmente grabado en las marcas de quemaduras del pan tostado. Unos meses más tarde, miles de fieles en Chicago construyeron un santuario improvisado a María en la pasarela de un paso inferior de la autopista porque alguien decía ver una imagen de ella en las manchas de sal en el muro de hormigón de la cimentación.

 

Nada menos que el Papa Juan Pablo II declaró su total devoción a María. Dedicó todo su pontificado a ella y tenía una M de María bordado en todas sus vestiduras papales. Él oró a ella, le atribuye haberle salvado su vida, e incluso dejó el cuidado de la Iglesia Católica Romana a ella en su testamento. Roma ha fomentado mucho el culto de la devoción mariana, y la superstición acerca de María es hoy más popular que nunca. Tanto se rinde homenaje a María en las iglesias católicas de todo el mundo que la centralidad y supremacía de Cristo es a menudo totalmente oscurecida por la adoración de Su madre.

Quién Era Ella

Toda esa veneración de María es totalmente sin justificación bíblica. De hecho, es completamente contrario a lo que la Escritura enseña expresamente (Apocalipsis 19:10). Pero la tendencia a hacer a María un objeto de culto no es nada nuevo. Incluso durante el ministerio terrenal de Jesús, por ejemplo, hubo quienes mostraron reverencia indebida a María por su papel como Su madre. En una ocasión, la Escritura dice, una mujer de entre la multitud levantó la voz y dijo a Jesús: “Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que te criaron”. Su respuesta fue una reprensión: “Por el contrario, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la guardan “(Lucas 11: 27-28).

María misma era un alma humilde que mantiene un perfil bajo consistentemente en los relatos evangélicos de la vida de Jesús. La Escritura desmiente expresamente algunas de las principales leyendas sobre ella.

La idea de que ella permaneció virgen perpetua, por ejemplo, es imposible de conciliar con el hecho de que Jesús tuvo hermanastros que se nombran en las Escrituras junto a José y María con sus padres: “¿No es éste el hijo del carpintero? No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? “(Mateo 13:55). Mateo 1:25, además, dice que José se abstuvo de relaciones sexuales con María sólo “hasta que dio a luz a un hijo.” En cualquier lectura natural del sentido normal de las Escrituras, es imposible apoyar la idea de la virginidad perpetua de María.

 

La inmaculada concepción de María y de su supuesta falta de pecado son igualmente sin ningún fundamento bíblico alguno. La primera estrofa del Magníficat de María habla de Dios como su “Salvador”, dando así testimonio implícito de los propios labios de María que necesitaba redención. En tal contexto bíblico, podría referirse sólo a la salvación del pecado. María estaba en efecto confesando su propia maldad.

 

De hecho, lejos de representar a María con un halo y una mirada seráfico en su cara, su Escritura la revela como una chica promedio joven de medios comunes de la ciudad de campesinos en una región pobre de Israel, desposada con un novio de la clase obrera que se ganó su vida como carpintero. Si usted hubiera conocido a María antes de que su Hijo primogénito fuera concebido milagrosamente, no podía haberla notado en absoluto. Ella difícilmente podría haber sido más sencilla y sin pretensiones.

Y a pesar de todo, se encontró inesperadamente en un papel decisivo en el plan redentor de Dios. La próxima vez, vamos a ver el anuncio angelical que cambió la vida de María para siempre.

(Adaptado de Twelve Extraordinary Women .)


Disponible en línea en: http://www.gty.org/resources/Blog/B141201
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¿QUÉ PROPÓSITO TIENE DIOS CON LA FALSA ENSEÑANZA? | John Piper

Por John Piper

¿Por qué un Dios soberano permitiría que falsas creencias aparentemente prosperen? ¿Qué podemos aprender de su existencia?

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4 MANERAS EN LA QUE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO NOS CAMBIA AHORA

4 MANERAS EN LA QUE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO NOS CAMBIA AHORA

Por J. D. Greear

 

Yo crecí en una iglesia en la que se hablaba sobre el regreso de Jesús mucho; casi todas las semanas. Recuerdo carteles con dragones. Cada año organizábamos una conferencia de profecía, nombrando a políticos específicos como el Anticristo. Teníamos nuestras calcomanías, “En caso de rapto, este automóvil quedará sin conductor”. Era algo tan importante para nosotros que, cuando era niño, tuve pesadillas recurrentes acerca de mis padres siendo raptados mientras yo me quedaba.

 Es fácil burlarse de todo eso ahora, y creo que muchas de las iglesias evangélicas hoy restan importancia al tema del regreso de Jesús porque tienen miedo de parecer fundamentalistas. Pero hay 318 referencias a la segunda venida de Jesús en el Nuevo Testamento; más o menos 1 de cada 13 versículos lo menciona. Y casi todos los mandamientos morales en el Nuevo Testamento están ligados a la segunda venida. No es una parte vergonzosa de la teología cristiana: es esencial para nuestra fe. El hecho de que Jesús podría regresar cualquier día en cualquier momento nos debe hacer sobrios y cambiarnos.

Y nos debería cambiar ahora en al menos cuatro maneras.

1. Alerta espiritual 

En medio de las muchas maneras en las que mi iglesia estaba mal, tenían absolutamente toda la razón en una cosa: el anhelo ardiente del regreso de Jesús. Los escritores del Nuevo Testamento todos esperan con impaciencia para que Jesús regrese. Ellos se están esforzando a llegar ese día, casi anhelando casi de puntillas su regreso. Vivían en un estado de alerta espiritual, como si Jesús podría volver en cualquier momento.

¿No vivirías así si supieras que Jesús vuelve esta noche? No te preguntaras: “¿Estoy listo?”, o “¿Estoy viviendo hoy de una manera en la que yo estaría feliz de ver a Jesús esta noche?”. En mi iglesia a menudo terminábamos nuestros servicios con el pastor diciendo: “Maranatha”, que significa: “El Señor viene”. Y nosotros respondíamos, ” y podría ser hoy”. Creo que podríamos beneficiar más de esa actitud. Podría ser hoy, y esta puede ser tu última oportunidad de arrepentirte, última oportunidad para perdonar, última oportunidad para compartir el evangelio.

2.  Urgencia en las misiones 

Si sabes que el mundo tiene un fin y que podría ser pronto, esto reorganiza tus prioridades. No tiene sentido reordenar las sillas en la cubierta si el Titanic está por hundirse. Y sin embargo, eso es lo que muchos de nosotros estamos haciendo con nuestras vidas. Estamos tan consumidos por vacaciones, entretenimientos, posesiones, y nuestras listas de deseos, que nuestras acciones dicen al mundo que el final no está por venir y las misiones no son urgentes.

No soy de los que creen que Dios nunca quiere que tengamos o disfrutemos de las cosas buenas. Pero también sé que la vida es dolorosamente corta, y cuando vuelva el Maestro, quiero haber invertido mis talentos al máximo en su reino, no encontrarme sentado en ellos. Tristemente, muchos en la iglesia oirán las escalofriantes palabras de Jesús en ese día, “¿Por qué no invertiste lo que te di en mi reino? Fuera de aquí, siervo inútil, a las tinieblas de afuera” (Mt. 25: 26-30).

3.  Poder para perdonar

Tim Keller señala que creer en el regreso de Jesús nos da el poder para perdonar. Cuando alguien nos hace daño, queremos justicia. Corremos al tribunal del mundo, nos subimos en él, y  ayudamos a Dios a cumplir sus objetivos. Pero aquí está el problema: no fuimos hechos para ese puesto. Es demasiado grande para nosotros. Y al igual que el anillo en El Señor de los Anillos, nos distorsiona. Nos hace suponer lo peor de los demás, nos hace pintar grandes grupos con estereotipos negativos, y nos impide ver nuestro propio pecado.

Aparte de la doctrina de la segunda venida, no tenemos el poder para mantenernos alejados de correr a ese tribunal. Solo al saber que Jesús va a regresar, y que su regreso significa la verdadera justicia, puedo estar contento y permanecer alejado del tribunal. Puedo soportar la injusticia, por el momento, porque Jesús va a arreglar las cosas en el final.

4.  La esperanza en el sufrimiento

Las pinturas de la segunda venida de Jesús a menudo le representan entrando por las nubes o montado sobre ellas, pero Jesús dice que Él va a volver “en las nubes” (Mr. 13:26). Esta es una distinción importante, porque apunta de nuevo a la gloria de Dios en el Antiguo Testamento. Con frecuencia, cuando Dios se le apareció a su pueblo, estaba en la forma de una poderosa nube: cuando Dios sacó a su pueblo de Egipto (Éx. 13:21), cuando les dio la Ley (Éx. 24:16), cuando el templo fue dedicado (2 Crón. 5:14). Esta “nube de gloria” era una señal de que Dios iba a venir a morar con su pueblo, para deshacer todo el terror y el dolor causado por la caída. Jesús dice enMarcos 13:26 que su regreso significa el retorno permanente de la gloria de Dios. Es una promesa de que todo el dolor y el sufrimiento en nuestras vidas no puede durar para siempre. O, como dice Cornelio Plantinga, “El regreso de Cristo es una buena noticia para las personas cuyas vidas están llenas de malas noticias”.

Así que si su hijo acaba de morir de cáncer, si su matrimonio se disolvió, si está solo, si su cuerpo está atormentado por el dolor crónico, entonces Jesús está diciendo: “¡Alzad vuestros ojos! ¡Voy a volver, y podría ser hoy!”. Hay razones para la esperanza, aun en medio del valle más oscuro. Como un autor lo pone, “La promesa de la segunda venida nos muestra que los ‘buenos tiempos’ están siempre por venir”.


Publicado originalmente para TheGospelCoalitionTraducido por Carmen Herrera.

J.D. Greear, Ph.D., pastorea la iglesia Summit Church en Raleigh-Durham, NC. J. D. es el autor de Gospel: Recovering the Power that Made Christianity Revolutionary Stop Asking Jesus Into Your Heart: How to Know For Sure You Are Saved. El próximo 4 de Noviembre estará lanzando Jesus, Continued…: WhytheSpiritInsideYouIsGreaterthanJesusBesideYou.

 

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¿Quién decide qué es el pecado?

¿Quién decide qué es el pecado?

Por Jeremiah Johnson

La gente, por regla general, no les gusta ser confrontados con su pecado. La mayoría parece pensar que el titulo de pecador debe reservarse sólo a los más viles, violentos y corruptos, suavizando sus propios diagnósticos espirituales en el proceso. Si bien pueden reconocer que no siempre hacen lo correcto, sus listas de lo malo nunca son tan atroces como las de otra persona.

Incluso muchos creyentes, se disgustan con la idea de que son pecadores. En vez de dar gracias al Señor por exponer su pecado y tratar con él en la Biblia, ellos infantilmente buscan un ejemplo peor para mejorar su posición a lo largo del espectro del comportamiento.

Argucia Posmoderna

Parte del problema es la mentalidad posmoderna que nos dice que somos capaces de flexionar y redefinir el significado de la Palabra de Dios para que se adapte a nuestros propósitos. Mientras que la Biblia podría haber sido autorizada y pertinente cuando fue escrita primero, esto no refleja la época ilustrada que vivimos hoy. En pocas palabras, la Escritura habla en blanco y negro, mientras que nuestro mundo es cada vez más gris.

Esa es la mentalidad que recientemente llevó al hereje prominente Rob Bell a referirse despectivamente a la Biblia como nada más que una colección de “cartas de hace 2.000 años.” Y trágicamente, es un modo de pensar que impregna la iglesia de hoy — una que ha tomado probablemente raíz (hasta cierto punto) en su propio corazón.

Permítanme explicar: Si bien no todos los creyentes comparten la pobre perspectiva de Bell de la Escritura o su idea posmoderna de la verdad, actúan por su forma de pensar siempre que califiquen a los pecados como “pequeños”, se entregan a un placer pecaminoso culpable, o juegan con una fugaz tentación. Cada vez que los cristianos no toman tan en serio el pecado como Dios lo hace, estamos diciendo efectivamente que Su Palabra no se aplica a nosotros. Es un brazo rígido práctico para todo lo que la Escritura enseña acerca de la santidad, el pecado y la justa ira de Dios.

Y para nuestra vergüenza, lo hacemos todo el tiempo.

La cura para tal comportamiento inmaduro es quitar la lente de la posmodernidad sentimental y alinear nuestra mente al eterno –y perpetuamente relevante – estándar que Dios nos ha dado en Su Palabra. Tenemos que hacer caso omiso de la inclinación moderna por definir nuestras propias realidades, y en su lugar aferrarnos a lo que dice la Biblia acerca de la realidad del corazón no arrepentido, y la naturaleza del pecado que todos hemos heredado de Adán.

El Pecado Original

En su libro, The Vanishing Conscience, John MacArthur explica cómo el pecado de Adán ha infectado a su descendencia.

Debido al pecado de Adán, esta condición de muerte espiritual llamado depravación total ha pasado a toda la humanidad. Otro término para esto es “pecado original”. La Escritura explica de esta manera: “Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron” (Romanos 5:12). Cuando, como cabeza de la raza humana, pecó Adán, toda la raza fue corrompida. “Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores” (Romanos 5:19). Cómo tal cosa podía ocurrir ha sido el tema de mucha discusión teológica por siglos. Para nuestros propósitos, sin embargo, es suficiente afirmar que la Escritura enseña claramente que el pecado de Adán trajo culpa sobre toda la raza. Estábamos “en Adán” cuando pecó, y por lo tanto la culpa del pecado y la sentencia de la muerte pasó a todos nosotros:. “En Adán todos mueren” (1 Corintios 15:22) [1] John MacArthur, The Vanishing Conscience (Nashville: Thomas Nelson, 1994), pp 88-89.

A través de Adán todos heredamos una inclinación natural e ineludible hacia el pecado. Y si bien podría ofender a nuestros conceptos defectuosos de la equidad y la culpabilidad, nacemos en la culpa del pecado de Adán, y somos acusados ​​en el tribunal de Dios mucho antes de que alguna vez cometamos un acto voluntario de pecado.

John continúa explicando que nuestra naturaleza pecaminosa establece el curso de una vida de pecado.

El pecado fluye del alma misma de nuestro ser. Es debido a nuestra naturaleza pecaminosa que cometemos actos pecaminosos:

Porque de adentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, avaricias, maldades, engaños, sensualidad, envidia, calumnia, orgullo e insensatez. Todas estas maldades de adentro salen, y contaminan al hombre. (Marcos 7: 21-23).

Nosotros somos “por naturaleza hijos de ira” (Efesios 2: 3). El pecado original –incluyendo todas las tendencias corruptas y pasiones pecaminosas del alma – es tan merecedor de castigo como todos nuestros actos voluntarios de pecado. . . . . . . Lejos de ser una excusa, en sí el pecado original está en el corazón de por qué somos culpables. Y sí el pecado original es motivo suficiente para nuestra condenación delante de Dios. [2] The Vanishing Conscience, p. 89.

Hijos de Ira

En pocas palabras, usted y yo no tenemos que hacer nada para ganar la designación del pecador. La inclinación natural hacia la rebelión y el interés propio es fundamental en cada uno de nosotros. Entre la descendencia de Adán, sólo Cristo escapó a  la mancha del pecado original a través de Su concepción milagrosa. El resto de nosotros ya estábamos “en Adán,” participando en su pecado y en la culpa que le siguió.

Eso nos debe despojar de cualquier noción de un espectro de comportamiento, y no desaprovechar todas las esperanzas que podríamos cultivar por el mérito de nuestra bondad. Todos nos mantenemos igualmente pecaminosos e igualmente culpables ante el Señor.  Como John dice:

Somos por naturaleza enemigos de Dios, pecadores, amantes de nosotros mismos, y en la esclavitud de nuestro propio pecado. Estamos ciegos, sordos y muertos a los asuntos espirituales, incapaces incluso de creer sin la intervención de la gracia de Dios. Sin embargo, somos incansablemente orgullosos! De hecho, no hay nada más ilustrativo de la maldad humana que el deseo de auto-estima. Y el primer paso para una autoimagen adecuada es un reconocimiento de que estas cosas son verdaderas.

Es por eso que Jesús elogió el recaudador de impuestos –en lugar de reprenderle por su baja autoestima – cuando el hombre se golpeó el pecho y le rogó: “Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18:13). El hombre había venido finalmente al punto donde se vio por lo que era y estaba tan abrumado que su emoción se soltó en actos de auto-condenación. La verdad es que su imagen propia nunca había sido más sólida que en ese momento. Libre de orgullo y pretensión, ahora veía que no había nada que jamás podría hacer para ganar el favor de Dios. En cambio, él rogó a Dios por misericordia. Y, por tanto, él “descendió a su casa justificado” –exaltado por Dios porque él se había humillado (v. 14). Por primera vez en la historia él estaba en condiciones de darse cuenta del verdadero gozo, la paz con Dios, y un nuevo sentido de dignidad que se otorga por la gracia de Dios a aquellos que Él adopta como sus hijos (Romanos 8:15). [3]The Vanishing Conscience, p. 90.

La próxima vez vamos a considerar cuán profundo corre nuestra corrupción innata.


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Los más perseguidos de la historia

Los más perseguidos de la historia

Acompáñame dos mil años atrás, a los tiempos cuando se iniciaron las persecuciones contra los cristianos. Se reconocen diez grandes persecuciones del Imperio contra los creyentes, la primera en el año 64 d.C. con Nerón y la última en el año 308 d.C. con Diocleciano. Estas persecuciones fueron crueles, espontáneas y antojadizas, pero después hubo ciertas regulaciones debido a cambios políticos. Luego a los cristianos no se les buscaba activamente; pero si alguien les delataba por negarse a adorar a los dioses romanos, entonces se les enjuiciaba.

Uno de los creyentes delatados fue Policarpo, obispo de Esmirna, condenado y muerto bajo la acusación de ateísmo. Justo L. González en Historia del Cristianismo dice que en “Roma el emperador hizo ejecutar a su pariente Flavio Clemente y a su esposa Flavia Domitila”, acusándoles de “ateísmo”. Desde que los cristianos de los primeros siglos fueron por el mundo proclamando el evangelio, se les acusó de ateos e ignorantes. Eran llevados a los tribunales condenados escuchando a las turbas gritar: “¡Qué mueran los ateos!”.

Dioses indiferentes

La religiosidad romana durante las persecuciones era politeísta y sincretista. Había todo un coctel de creencias y mitos. De Egipto sacaron el mito de Isis y Osiris. También tenían su propia versión de los dioses griegos. La Diana que veneraban era la Artemisa de los griegos, el Neptuno es el mismo Poseidón griego, Mercurio es el dios griego Hermes y la diosa Venus es la Afrodita griega. Todas estas divinidades combinadas con otras creencias populares dieron como resultados dioses que no eran celosos entre sí, en marcada diferencia al Dios de los judíos y de los cristianos.

Las tendencias sincretistas, en las que se entrelazaban los viejos dioses con las religiones de misterio y con el culto al emperador, presentaron un fuerte reto al cristianismo. Puesto que los cristianos se negaban a participar de su idolatría, frecuentemente se les acusó de incrédulos. Y aunque parezca paradójico, los cristianos fueron llamados ateos. Sin embargo, no era la primera vez que a los creyentes se les hacía acusaciones como esta, ni tampoco sería la última.

Bienaventurados seréis

Cristo presagió que estas calumnias y difamaciones serían parte de la vida misma del creyente. Desde la montaña donde pronunció el más memorable sermón de todos los tiempos nos dio estas palabras:

“Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de mí”, Mateo 5:11.

La historia confirma que el privilegio y la bendición de sufrir por Cristo han estado presentes en los momentos más luminosos de la iglesia. Las acusaciones, persecuciones, cárceles, torturas y muertes son los rasgos distintivos de los creyentes que no han querido ceder:

  • Pedro y Juan. Promotores de doctrinas extrañas. Hechos 4:17
  • Esteban. Blasfemo. Hechos 6:11
  • Pablo. Profanador, plaga, loco e insensato. (Hechos 21:28; 24:5; 26:24;
    2 Corintios 11:16).

A los cristianos les llamaban herejes por atentar con las tradiciones, ateos por no creer en dioses, caníbales por practicar la comunión en la cena del Señor y hasta incestuosos por practicar el amor y la fraternidad cristiana.

Perseguidos, mas no desamparados

Aunque las persecuciones por el Imperio desaparecieron con el Edicto de Milán en el 313 d. C., volvieron a aparecer cuando la iglesia se corrompió y comenzó a perseguir a los fieles que le hicieron resistencia, reciclando las mismas acusaciones de siempre: John Wicliffe fue encontrado hereje, John Huss y Girolamo Savonarola murieron en la hoguera acusados de herejía. Bajo las mismas acusaciones fueron perseguidos Lutero, Calvino, Casiodoro de Reina, Cipriano de Valera, Antonio del Corro y otros tantos más héroes de la fe. Las acusaciones y persecuciones bajan y suben de intensidad. Se cambian de región, pero nunca cesan.

El surgimiento del humanismo en el siglo XVI trajo nuevas formas de persecución. La presión intelectual del movimiento de la Razón y La Ilustración permearon en diversos sectores de la fe, dando a luz a la Teología Liberal en el siglo XVIII. Esta nueva forma de hacer teología trajo sus consecuencias, y la Biblia fue limitada a un libro que contiene sabiduría, en vez de ser la autoritativa norma de fe y conducta, infalible e inerrante, como lo creían los Reformadores y como millones alrededor del mundo lo seguimos creyendo. Estos liberales de ayer y hoy nos acusan de cerrados, ignorantes, recalcitrantes, fundamentalistas e intolerantes.

Durante el siglo XX y en lo que va de este siglo XXI, la furia hedonista, materialista, naturalista e intelectual han venido materializándose contra los verdaderos creyentes. Bertand Russell, el famoso intelectual inglés del siglo XX, escribió un libro titulado Why I’m not a Christian (Porqué yo no soy un cristiano), donde contradice la adoración a Dios, la ética sexual cristiana, la vida y la muerte desde la perspectiva bíblica, entre otros temas. Madalyn Murray O’Hair y sus colaboradores lograron influenciar los estamentos del poder judicial en la Corte Suprema de los Estados Unidos en el famoso juicio Murray vs Curlett, que condujo al histórico fallo de prohibir la oración diaria al Dios de la Biblia en todas las escuelas públicas en 1963, prohibición que todavía permanece. El inglés Richard Dawkins dice que el mundo ha tenido muchos males como la guerra, el hambre, la mala distribución de las riquezas y los fenómenos naturales, pero que el peor mal del mundo es la religión (cristiana).

En la actualidad, las acusaciones en contra de los creyentes persisten con claros desafectos a Dios y a todo lo que se relaciona con Él. Antes, los cristianos eran ateos por no creer en los dioses de los hombres, y hoy en día es igual. No adoramos ni adoraremos a los dioses de este mundo. Nos dicen radicales, intolerantes, fundamentalistas, porque no rendimos nuestra devoción al naturalismo de Dawkins, al fashionismo de París, al fanatismo ideológico de algunos políticos, al materialismo de Occidente, al derrotero moral de los open minds, ni a los cultos a la personalidad de ciertos celebrity artísticos o religiosos.

Las palabras de aquel que presagió todo esto en aquel memorable sermón frente al mar de Galilea se cumplen milimétricamente. Las persecuciones y las acusaciones seguirán, pero nuestro buen Dios estará con sus hijos siempre para que no doblen sus rodillas ni por seducción ni por intimidación antes los dioses de este siglo, porque junto con las presiones también viene de lo alto la gracia para enfrentarlas. Seremos sin dioses, pero estamos con Dios.

​Otto Sánchez es pastor de la Iglesia Bautista Ozama (IBO) en Santo Domingo, República Dominicana. Es además director del Seminario Teológico Bautista Dominicano. Está casado con Susana Almánzar, y tienen dos hijas, Elizabeth y Alicia. Puedes encontrarlo en twitter.

 

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Muchas personas no reciben a CRISTO como algo sumamente valioso, y como su salvador.

Muchas personas no reciben a CRISTO como algo sumamente valioso, y como su salvador.

Si no que lo reciben como un perdonador de pecados, por que aborrecen no estar libres de culpa, pero no por que aman a JESÚS.

Le reciben como un rescatador del infierno,
Por que no se quieren quemar.

Le reciben como un sanador,
Por que aman estar libres de enfermedades.

Le reciben como protector,
Por que aman estar seguros.

Le reciben como “dador de la prosperidad,”
Por que aman el dinero.

Ellos no le reciben como algo de supremo valor personal, como lo mas hermoso lo mas glorioso y mas maravilloso.

John Piper

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Cristianismo Bíblico en Cuba. (Literatura Gratis)

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¿Quiénes Somos?

Somos un equipo de hermanos

que anhelamos proclamar el evangelio de Cristo,

y la gloria de Dios en Cuba.

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¿Cómo contactarnos?

Escribanos a: ariandys@nauta.cu, o llámenos al:(043) 546759,

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“EL AMOR DE DIOS HIZO QUE ME RINDIERA”, DICE EX MUSULMANA CONVERTIDA AL CRISTIANISMO

“EL AMOR DE DIOS HIZO QUE ME RINDIERA”, DICE EX MUSULMANA CONVERTIDA AL CRISTIANISMO

 Rifqa Bary fue noticia en 2009 cuando ella huyó de su familia musulmana,

afirmando que sus progenitores la habían amenazado con matarla por convertirse al cristianismo. Ahora, la mujer de Ohio está compartiendo su historia inspiradora en su nuevo libro llamado: “Hiding in the Light” -Ocultos en la Luz, en traducción libre- en el que dice que el amor de  Dios la había tocado “de tal manera que tuve que rendirme, yo no podía soportarlo más, y tuve que ceder”.

Ella habló con “Fox y Amigos” acerca de su nuevo libro, y reveló detalles dolorosos sobre su pasado. Su familia salió de Sri Lanka y se mudó a los Estados Unidos en 2000 para buscar tratamiento para el ojo derecho de ella en el cual fue perdiendo la vista. Cuando era apenas una niña, Rifqa fue abusada sexualmente por un miembro de su familia extendida.

“Crecí en un hogar musulmán -. Yo vengo de un hogar muy estricto En mi cultura hay un montón de opresión… la vergüenza se proyecta sobre la víctima”, dijo.

Cuando su familia se mudó a Ohio, Rifqa todavía era una musulmana, pero

simplemente no resonaba eso en ella. Cuando se introdujo al cristianismo, Rifqa se sintió atraída porque era capaz de adorar a Dios de una manera más personal, no por la fuerza, y en un idioma que ella era capaz de entender.

“Cuando tenía 13 años, lo busqué de otra manera e hice lo realmente „despreciable‟, estaba orando a otro dios”, dijo. “Estaba desesperada por ser libre para adorar a Jesús, así que me escapé varias veces para ir a las reuniones de oración, me acostaba hasta tarde para leer la Biblia en el baño o encontrar una manera posible para hacerlo”.

Cuando sus padres se enteraron de su conversión, Rifqa dijo que temía por su vida y por eso decidió huir. “Creo que me hubieran hecho daño, por no decir algo más. No lo puedo decir”, dijo. “No fue sólo una decisión cuando decidí dejarlos. Fue por toda una vida de opresión”.

Si tuviera la oportunidad de hablar con su padre otra vez, Rifqa dijo que ella le diría que lo ama a pesar de todo lo que ha sucedido, y que ella le ha perdonado y sigue orando por él. Añadió que ella quiere que otros sepan acerca de su historia y sepan que a través de Dios, siempre hay esperanza, sanidad y restauración.

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