Soldado de Jesucristo

Soli Deo Gloria

By

“Avergonzados del evangelio.” John MacArthur (Parte 1)

Notas personales tomadas del libro titulado: “Avergonzados del evangelio. Cuando la Iglesia se vuelve semejante al mundo”” del pastor John MacArthur.

 

avergonzado del evangelio

Notas extraídas del libro Parte 1:

 

Hay apatía en todas partes. A nadie le preocupa saber si lo que se predica es verdad o mentira. Un sermón es un sermón, sin importar su tema; pero eso sí, entre más corto mejor”.  Charles Spurgeon.

 

La verdad bíblica y espiritual no se determina a partir de una prueba empírica de lo que “funciona” y lo que no. Sabemos basándose en las escrituras, por ejemplo, que el evangelio muchas veces no genera una respuesta positiva (1 Corintios 1:22, 23; 2: 14). Por otra parte, las mentiras y el engaño de Satanás pueden tener bastante eficacia (Mt 24:23; 24:2, 2 Co 4:34), y la prosperidad no es una medida de honestidad (cp Job 12.6).

 

Es evidente que algunos líderes eclesiásticos piensan que las 4 prioridades de la Iglesia Primitiva, a saber, la enseñanza de los apóstoles, la comunión fraternal, el partimiento del pan y la oración  (Hch 2.42), son una agenda bastante raquítica para los tiempos actuales. Las iglesias permiten ahora que los dramas, la música, la recreación, el entretenimiento, los programas de autosuperación y otras actividades similares eclipsen la adoración y el compañerismo tradicionales.

 

El nuevo pragmatismo ve la predicación, y en particular la predicación expositiva, como un vestigio anacrónico. Declarar con sencillez la verdad de la Palabra de Dios se considera algo burdo, ofensivo y por completo improductivo. Ahora nos dicen que podemos obtener mejores resultados amenizando primero a la gente o dándoles psicología popular y sugerencias para el éxito, porque todo eso le embelesa y así se anima a entrar al redil. Después de sentirse cómodos allí, estarán listos para recibir la verdad bíblica en dosis muy pequeñas y diluidas.

 

Portada del Libro

Portada del Libro

De manera sutil la meta imperante de la iglesia ha venido a ser la asistencia a los cultos y aceptabilidad por parte del mundo, no la transformación de vidas.

La gran comisión no es un manifiesto de mercadeo. El evangelismo no requiere vendedores sino profetas. Es la palabra de Dios, no un embeleso terrenal, lo que siembra la semilla para el nuevo nacimiento (1P 1:23). No ganamos más que el desagrado de Dios si procuramos quitar la ofensa de la cruz. (cp Gá 5:11)

 

Creo que es contrario a la Palabra de Dios colocar el entretenimiento por encima de la predicación y la adoración bíblicas en la iglesia. Me mantengo en firme oposición frente a los que creen que el profesionalismo en las ventas puede traer personas al reino con más eficacia que un Dios soberano. Esa filosofía ha abierto la puerta  para la mundanalidad en la iglesia.

 

La nueva filosofía es bastante simple  y directa: la iglesia está en competencia con el mundo. El mundo es bastante bueno para captar la atención y el afecto de las personas. Por otro lado, la iglesia tiende a ser muy deficiente en la “promoción y venta” de su producto. Por lo tanto, el evangelismo debería ser visto como un reto de mercadeo y la iglesia debería mercadear el evangelio de la misma manera que todos los negocios modernos venden sus productos. Esto hace necesario introducir algunos cambios fundamentales. La meta en todo esfuerzo de mercadeo  es “dejar satisfechos tanto al productor como al consumidor”, de modo que se debe prescindir de lo que tiende  a dejar insatisfecho al “consumidor”. La predicación, en particular la predicación  acerca del pecado, la justicia y el juicio, crea demasiada confrontación como para ser satisfactoria de verdad. La iglesia debe aprender a acolchar la verdad para que pueda cumplir con su función y divertir y entretener.

 

Los principios de mercadotecnia  se están convirtiendo en árbitros de la verdad. Aquellos elementos del mensaje que no cuadran  con el plan de promoción se omiten. La pericia mercantilista demanda que la ofensa de la cruz pase a un segundo plano. La estrategia de ventas requiere que temas negativos como la ira divina sean evitados por completo. Satisfacción del consumidor significa que la norma de justicia no puede ser demasiado elevada. Así se siembran las semillas de un evangelio aguado, en una filosofía que dicta la operación de muchos ministerios en la actualidad.

 

Lo desafortunado es que la filosofía de ministerio orientada al mercado apela a lo peor de la tendencia anímica de nuestra era. Le da gusto a personas cuyo primer amor son ellos mismos y a quienes no les importa Dios de no ser porque puedan tenerle sin que intervenga en sus estilos de vida egoístas. Si a esa clase personas se le promete una religión que les permitirá seguir con comodidad en su materialismo y amor a sí mismos, van a responder en manada a la invitación.

 

La filosofía contemporánea del ministerio se ha envanecido por su apego a normas mundanas del éxito. Las iglesias que se consideran “exitosas” son grandes tanto en número de asistentes como en instalaciones costosas, gimnasios y sauna, canchas deportivas, servicio de cuidados de niños, y otras cosas por el estilo. Lo cierto es que ni siquiera una Iglesia entre mil cae dentro de esta categoría, y eso significa  una de dos cosas: la mayoría de las iglesias son fracasos dignos de conmiseración, o la medida del éxito en el ministerio debe ser algo más que la prosperidad material.

 

Criterios externos tales como propiedades, números, dinero o acogida del mundo, nunca han sido la media bíblica del éxito en el ministerio. Fidelidad, piedad y compromiso espiritual son las virtudes estimadas por Dios, y tales cualidades deberían ser los bloques básicos para construir cualquier filosofía ministerial. Eso es cierto en iglesias pequeñas y grandes por igual. El tamaño no es un índice de la bendición de Dios y la popularidad no es un barómetro del éxito.

 

El éxito real (de la iglesia) no consiste en obtener resultados a cualquier costo. No es prosperidad, poder, preeminencia, popularidad o cualquier otra noción mundana de éxito. El éxito real es hacer la voluntad de Dios, sin importar las consecuencias.

 

Predicar la Palabra no es siempre fácil. El mensaje que se nos requiere proclamar con frecuencia es ofensivo para las personas. Cristo mismo es una piedra de tropiezo y una roca de caída (Ro 9:33; 1 P 2:8). El mensaje de la cruz es tropezadero para algunos (1 Cor 1:23, Gá 5:11) y nada más que locura para otros (1 Cor 1:23). pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura”.

 

“Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría, pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.” (1Co 2:1 -2). En otras palabras, su meta como predicador no era entretener a la gente con su estilo retórico ni amenizarlos con su pericia, humos, opiniones sazonadas o metodología complicada; tan solo predicó a Cristo crucificado.

 

Próximamente estaré publicando más notas que extraje de este libro, así que estén pendientes.

John MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church. Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo. Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

 

Puedes leer más artículos y notas de libros del pastor John MacArthur en este enlace.

Ya puedes leer la Segunda Parte de las notas personales que tomé de este libro.

Pueden encontrar más recursos sobre John MacArthur en nuestra Página en Facebook.

11390167_846558902058234_1775455500795801502_n

Click encima de la imagen para ampliar

 

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *