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“Avergonzados del evangelio” del pastor John MacArthur Parte 2

avergonzado del evangelio

Notas personales tomadas del libro titulado: “Avergonzados del evangelio. Cuando la Iglesia se vuelve semejante al mundo” del pastor John MacArthur Parte 2

 

Notas extraídas del libro:

 

Nadie puede predicar con poder sobrenatural si no predica la Palabra de Dios, y ningún predicador fiel disuelve o ignora todo el consejo de Dios. Proclamar la Palabra de Dios en toda su extensión es el llamado del pastor.

 

La filosofía, la política, el humor, la psicología, los consejos hogareños y la opinión humana jamás pueden llevar a cabo lo que hace la Palabra de Dios. Esas cosas pueden ser interesantes, informativas, entretenidas y algunas veces hasta útiles, pero no tienen el poder de transformación espiritual  y no son parte del quehacer de la iglesia.

 

La labor del predicador no debe ser un canal para la transmisión de sabiduría humana porque él es la voz que Dios usa para hablar a la congregación. Ningún mensaje humano cuenta con el sello de la autoridad divina, sólo la Palabra de Dios.

 

Las conferencias morales y las charlas de motivación no pueden sustituir la Palabra de Dios. ¿Por qué deberíamos proclamar la sabiduría de los hombres cuando tenemos el privilegio de predicar la Palabra de Dios.

 

La necesidad más profunda de las personas es confesar su pecado y vencerlo, de manera que toda predicación que no confronta y corrige el pecado a través de la Palabra de Dios no satisface las necesidades de las personas. Es posible que les haga sentirse bien, y que ellos respondan con entusiasmo al predicador, pero eso no significa que esa clase de predicación satisfaga sus necesidades reales.

 

¿Por qué las personas no están dispuestas a tolerar la sana doctrina? Es porque aman el pecado. Como hemos visto, la predicación de la doctrina sana confronta  y reprende el pecado, y las personas engolosinadas con sus estilos de vida pecaminosos no están dispuestas a tolerar esa clase de enseñanza. Sólo quieren que alguien les calme su comezón de oir.

 

Una sociedad atestada e influenciada por mentirosos, perjuros, homicidas y homosexuales de ninguna manera tolera la predicación de la sana doctrina.

 

Hay miles de iglesias alrededor del mundo que se supone son evangélicas  y que no les sienta bien la sana doctrina porque no la quieren digerir. No estarían dispuestas a tolerar dos semanas de enseñanza bíblica fuerte que refute su error doctrinal, confronte su pecado, les convenza de ello  y les llame a obedecer la verdad. No quieren escuchar una enseñanza saludable. ¿Por qué? Porque las personas en la iglesia quieren poseer a Dios sin tener que renunciar a sus estilos de vida pecaminosos y no van a soportar a una persona que les diga lo que la Palabra de Dios dice al respecto.

 

Ahora la iglesia coquetea con errores doctrinales serios. Los cristianos buscan con desespero revelaciones ajenas a la Biblia en forma de profecías y sueños. Los predicadores niegan o ignoran la realidad del infierno. El evangelio moderno promete un cielo donde no se necesita la santidad. Las iglesias ignoran la enseñanza bíblica sobre las funciones de la mujer, la condenación de la homosexualidad y otros temas con cierta carga política. El intermediario humano ha tomado precedencia sobre el mensaje divino. Esto es evidencia de un debilitamiento doctrinal serio. Si la iglesia no se arrepiente y vuelve al sendero que asciende cuesta arriba (Como diría Spurgeon), estos errores y otros parecidos llegarán a ser epidémicos.

 

La verdad de Dios no fricciona de manera servil para calmar la comezón de oír, sino que conecta puñetazos a izquierda y derecha, también es como un fuego que consume lo que encuentra a su paso.

 

Los ministros excelentes no pueden ser los que anhelan recibir aplausos terrenales. Tampoco pueden ser amadores de la comodidad sobre la tierra. La vida del ministro no es una vida de comodidad.

 

Ningún ministerio de valor ha llegado a existir sin dolor. Con frecuencia encuentro a jóvenes que aspiran al ministerio y procuran tener una iglesia sin problemas, un ministerio sin retos, una congregación que les haga fácil la vida. No existe un lugar así para el predicador de la Palabra. La noción de que el Ministerio puede ser eficaz e indoloro al mismo tiempo es una mentira. Es inevitable tener aflicciones si se predica la palabra sin adulteración, y cuando golpea la adversidad solo se tienen dos opciones: soportar y mantenerse fiel, o negociar y ceder terreno. El ministro fiel siempre guarda sin fluctuación  la línea que separa la verdad de la mentira, y esto es algo que no se puede hacer al mismo tiempo que se escapa del sufrimiento: “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución”; (2Ti 3:12). De modo que la fidelidad y la penalidad van de la mano.

 

No hay una sola excusa para bajar la guardia. No hay lugar para la cobardía y el apocamiento. No hay tiempo que perder ni necesidad de temer. Llene hasta el tope la medida de su servicio para el Señor, cumpla todo lo que ha sido llamado y llamada por Dios a cumplir.

 

Los que amamos al Señor y su iglesia no debemos quedarnos allí sentados mientras la iglesia se arrastra con mayor impulso hacia el declive de la mundanalidad y la mediocridad. Hombres y mujeres antes de nosotros han pagado con su sangre para transmitirnos la fe intacta. Ahora es nuestro turno de guardar la verdad. Es una labor que requiere valentía sin concesiones, y es una responsabilidad que exige devoción constante para el cumplimiento de un propósito específico.

 

Los expertos ahora nos dicen que los pastores y líderes eclesiásticos que quieran ser exitosos, deben concentrar sus energías en esta nueva dirección. Se debe suministrar a los no cristianos un ambiente agradable y no ofensivo. Hay que darles libertad, tolerancia y anonimato. Siempre hay que ser positivo y benévolo. Si resulta necesario tener un sermón, debe ser breve y entretenido. Al predicarlo no debe sonar mandón o autoritario. Por encima de todo, que la gente se divierta y pase un buen tiempo. Se ha asegurado que las iglesias que siguen este patrón verán crecimiento numérico, y aquellas que lo ignoran están condenadas al fracaso.

 

Próximamente estaré publicando más notas que extraje de este libro, así que estén pendientes. Ya puedes leer la Primera Parte de estas notas.

*John MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church. Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo. Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

 Frase John MacArthur

 

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