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Avergonzados del evangelio del pastor John MacArthur Parte 3

Notas personales tomadas del libro titulado: “Avergonzados del evangelio. Cuando la Iglesia se vuelve semejante al mundo” del pastor John MacArthur Parte 3.

 

Portada del Libro

Portada del Libro

 

Los púlpitos de nuestras iglesias se llenan cada vez más de hombres que buscan agradar a los hombres. Además se está imponiendo el plan de mercadeo como la guía autorizada para el ministerio ¡por encima de las Escrituras¡

 

La Biblia dice que los primeros cristianos “trastornaron el mundo entero”. En nuestra generación el mundo el mundo es que está trastornando a la Iglesia entera. La enseñanza bíblica es que el soberano es Dios y no la gente que está por fuera de la iglesia. Se supone que es la Biblia y no un plan de mercadeo, el único patrón a seguir y la autoridad final para todo ministerio en la iglesia. El ministerio debe satisfacer las necesidades reales de las personas y no transigir en el egoísmo de ellas. El Señor de la iglesia es Cristo, no un televidente veleidoso con el control remoto en su mano.

 

La primera iglesia cristiana en definitiva no era un lugar donde los pecadores se podían sentir cómodos, ¡era un lugar aterrador para ellos¡

 

La iglesia no es perfecta y jamás lo ha sido. Algunas personas usan esto como excusa para mantenerse alejados: “Yo iría a la iglesia, pero es que hay demasiados hipócritas”, y pienso: No hay problema, tenemos lugar para uno más.

 

La salvación no viene por el deseo de unirse a la diversión y terminar el dolor emocional, sino porque el corazón clama con ansias por su liberación del pecado.

 

El movimiento contemporáneo de iglesias al gusto del consumidor… en lugar de despertar el temor a Dios intenta presentarle como un ser divertido, jovial, transigente, sin complicaciones y hasta permisivo. Los  pecadores arrogantes que deberían acercarse a Dios con terror, se envalentonan y presumen de su gracia. Ahora los pecadores no oyen una sola mención a la ira divina. Esto es tan errónea como predicar herejías abiertas.

 

Negar la realidad y eternidad del infierno es lo mismo que dar el primer paso para empezar a rodar cuesta abajo.

 

Toda predicación que atenúa  o disminuye la ira de Dios no contribuye al evangelismo sino que lo menoscaba. La urgencia del evangelio se pierde por completo cuando el predicador niega la realidad o severidad del castigo eterno. La autoridad de las escrituras se desacredita cada vez que se niega o confunde la enseñanza clara de Cristo. La seriedad del pecado es reducida por esta enseñanza y con su propagación se subvierte la esencia misma del evangelio.

 

Ahora los evangélicos en todas partes se han embarcado en la búsqueda frenética de nuevas técnicas y nuevas formas de entretenimiento para atraer a las personas. Al líder eclesiástico promedio de la actualidad no parece importarle mucho si un método es bíblico o no. ¿Funciona sí, o no?. Esta es la nueva prueba de legitimidad.

 

La iglesia no debe ocuparse en mercadear su ministerio como una alternativa frente al entretenimiento secular (1 Ts 3: 2-6). Eso corrompe y desvaloriza la misión real de la iglesia. No somos vocingleros de carnaval, vendedores  de autos usados, ni presentadores  de comerciales. Somos los embajadores de Cristo (2 Co 5.20), conocemos el temor del Señor (v.11), estamos constreñidos y motivados por el amor de Cristo  (v.14), hemos sido renovados por completo en Él (v. 17), y por ende rogamos a los pecadores  que sean reconciliados por Dios. (v. 20)

 

Proclamar y explicar la Palabra para la madurez y la santidad de los creyentes debería ser el corazón del ministerio de toda iglesia. Si el mundo mira a la iglesia y ve un centro de entretenimiento, estamos enviando el mensaje erróneo. Si los cristianos ven la iglesia como un salón de entretenimiento o un parque de diversiones, la iglesia morirá.

 

No hay una sola cosa en las Escrituras en la que se indique que la iglesia deba atraer a la gente a Cristo presentando al cristianismo como una opción atractiva. Nada en el evangelio es opcional: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. (Hch 4:12), el evangelio tampoco tiene que ser atractivo en el sentido del mercado moderno. Como hemos advertido, el mensaje del evangelio es con frecuencia “piedra de tropiezo y roca de caída” (Ro 9.33). es perturbador y genera malestar, confrontación, convicción y ofensa para el orgullo humano. No hay forma de “promover y mercadear” eso. Los que tratan de borrar su ofensa presentándola como algo que entretiene, de forma inevitable corrompen y oscurecen los aspectos cruciales del mensaje. La iglesia debe darse cuenta de que su misión nunca ha sido las relaciones públicas o las ventas, estamos llamados a vivir vidas santas y a declarar toda la verdad de Dios, sin rodeos a un mundo incrédulo. Con amor pero sin concesiones.

 

¿De qué sirve la expansión numérica si no está arraigada en el compromiso firme con el señorío de Cristo? Si las personas asisten a la iglesia debido en primer lugar a que les parece una buena opción de entretenimiento, lo más seguro es que saldrán de allí tan pronto dejen de ser entretenidos o se presente alguna cosa que les interese más. La iglesia queda así reducida a un ciclo desesperanzador en el cual debe tratar todo el tiempo de eclipsar cada espectáculo y nueva función como algo más grande, llamativo y mejor.

 

La iglesia no es una logia en la que se reclutan miembros nuevos. No es una cafetería para el vecindario. No es una fraternidad que recolecta compromisos de apoyo. No es un centro comunitario donde se celebran fiestas. No es un club privado para las masas. No es una asamblea cívica donde se tratan problemas de la comunidad. No es un tribunal donde se rectifican las injusticias de la sociedad. No es un foro abierto ni una convención política, ni siquiera una campaña evangelística. La iglesia es el cuerpo de Cristo (1 Co 12.27). La única meta legítima de la iglesia es “perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Ef 4.12).

 

Próximamente estaré publicando más notas que extraje de este libro, así que estén pendientes. Ya puedes leer la Primera Parte y Segunda Parte de estas notas.
* John MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church. Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo. Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

 

 

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