Soldado de Jesucristo

Soli Deo Gloria

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Cinco Mitos Grandes Sobre el Calvinismo

Juan CalvinoPor:John Samson

Yo hablo por muchos cuando digo que no siempre han abrazado las doctrinas de la gracia o lo que comúnmente se llama el calvinismo.  Es realmente lamentable que un nombre de un hombre se asocie con las doctrinas que surgieron de la Reforma Protestante. Calvino no fue el primero en articular estas verdades, sino que simplemente fue el sistematizador principal de tales doctrinas. No había realmente nada en Calvino, que no fuese visto por primera vez en Lutero, y mucho de Lutero se encontró por primera vez en San Agustín. Lutero fue un monje agustino, por supuesto. También queremos afirmar que, naturalmente, no había nada en ninguno de estos hombres que no se haya encontrado por primera vez en Pablo, Pedro y Juan en el Nuevo Testamento.

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POR QUÉ EL CIELO NUNCA SERÁ ABURRIDO

POR QUÉ EL CIELO NUNCA SERÁ ABURRIDO

Por David Redford

cielo

 

Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, 
Ni han subido en corazón de hombre, 
Son las que Dios ha preparado para los que le aman.(1 Cor 2:9)

¿Alguna vez te ha preocupado de que podrás aburrirte en el Cielo, que las cosas puedan perder su brillo o sabor, que toda la novedad e intriga de los cielos podrán desaparecer al igual que la mayoría de las cosas en la tierra? Cuando cantas, “Cuando hayamos estado allí diez mil años… No tenemos menos días para cantar sus alabanzas que cuando habíamos empezado”, ¿te has preguntado si debes o no ser alentado por tal declaración?

Claro, la vida eterna suena maravilloso al principio. Pero a menos que tengas una firme convicción sobre lo que la Biblia tiene que decir acerca de la vida eterna, puedes comenzar a tener tus dudas. La eternidad es realmente mucho tiempo, usted podría pensar. ¿Es esto algo que realmente deseo? Después de diez millones de años, tendré realmente el mismo deseo que una vez tuve de seguir viviendo aquí? En el corazón de estas preguntas existenciales se encuentra una profunda preocupación sobre si existe realmente el gozo eterno.

Si a este punto Jonathan Edwards estuviera vivo y supiera lo que estás pensando, él probablemente pondría su mano sobre tu hombro y disiparía tus preocupaciones.

En su sermón “El Cielo, un mundo de amor,” Edwards —de una manera que es nada menos que impresionante— descomprime brillantemente las realidades asombrosas de nuestro gozo en el Cielo.

Estas son solo tres de estas realidades.

1. Tendrás una mayor capacidad para gozarte.

En el Cielo, tu cuerpo resucitado vendrá equipado con una capacidad inimaginable para gozarte (1 Cor 15:42–44).

La Biblia dice que tendrás un cuerpo resucitado mucho mejor que cualquier cosa que conocieras en la tierra. Pablo, en 1 Corintios 15, dice que su cuerpo va a ser más fuerte, más completo, más espiritual, más glorioso y eterno. Tu deleite, tu conocimiento, tu intelecto, y todas tus emociones serán renovados y restaurados para que puedas disfrutar de Cristo con un cuerpo perfeccionado. Edwards afirma: “[Nuestra alma terrenal que] tenía solo una pequeña chispa del amor divino en ella, en el Cielo será, por así decirlo, una llama brillante y ardiente, como el sol en su máximo brillo, cuando no tiene ninguna sombra en él”.

Hasta ahora, todo bien. Una enorme cantidad de gozo. Pero eso no resuelve el problema de la complacencia. ¿No es todavía posible que el gozo se apague?

2.  Tendrás una capacidad creciente para gozarte.

En el Cielo, tu capacidad para gozarte nunca dejará de crecer.

Nunca. Según Edwards, serás “cautivado con alegrías que están siempre en aumento, y sin embargo, siempre lleno”.

Sam Storms sostiene que su capacidad para el amor, el conocimiento, el entendimiento, y sí, el gozo son “crecientemente expansivos, progresivos e incrementales” (“Incremento Eterno del Gozo”). Nunca se termina. Las implicaciones son asombrosas.

En primer lugar, descarta cualquier idea del Cielo convirtiéndose en algo aburrido, estático o demasiado familiar. ¿Cómo puede ser? Si tu capacidad para disfrutar de Dios y de sus dones siempre están en expansión, tu percepción del Cielo siempre será más completa, más profunda, más enriquecedora. Nunca volverás a ver la misma realidad dos veces sin alguna forma nueva en la que disfrutes de ella. Vas a mirar cada día a través de un nuevo lente, donde puedes ver con mayor claridad, comprender más plenamente, y sentir más profundamente el verdadero gozo, y siempre creciente, siempre lleno gozo por toda la eternidad.

¿Cómo, podrías preguntar, es esto posible? ¿No se le acabarán las cosas por las cuales podemos tener gozo después de diez millones años? Una vez más, Edwards diría: “¡No!”. ¿Por qué no?

3.  Adoras a un Dios infinito.

Debido a que Dios es infinito, puede ser infinitamente disfrutado. A Jesucristo no le preocupa que se le agoten maneras de hacer que tú lo disfrutes con tu capacidad creciente para hacerlo. Su carácter es infinitamente profundo, insondable e inagotable. Imagina la dimensión de todo el universo: trillones de estrellas brillantes, más brillantes que el sol; magníficas constelaciones; billones de galaxias que giran, todos magníficos y vastos, coloridos y misteriosos. Sin embargo, son finitos. Por más brillantes que sean, quedan cortos en comparación con la anchura, la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo. Su amor, gracia, bondad, sabiduría, poder y misericordia se destacan como interminable, universos infinitos en los que todos sus afectos se deleitan.

Si Dios es más glorificado en ti cuando estás más satisfecho en Él, el siempre creciente goce de Dios por toda la eternidad se convertirá simultáneamente en la creciente glorificación de sí mismo. ¡Esto es genial!

Ahora, cuando cantas, “Cuando hemos estado allí diez mil años,” no debes temer o dudar. Tú no vas a ser la misma persona que una vez eras. Después de diez mil años mirarás hacia atrás y dirás “¡Qué poco sabía de Él en aquel entonces. Cuánto he crecido en mi amor por Él. Sin embargo, ¡cuánto más aún todavía tengo que aprender de Su carácter!”. ¡Más arriba y más hacia dentro crecerás!

C. S. Lewis una vez definió el gozo en esta vida como “un deseo insatisfecho, más deseable que cualquier satisfacción”. Creo que tuvo razón. Dios no quiere que tu esperanza esté en esta vida, sino en la vida venidera. Él quiere que anheles su bienvenida a casa, cuando te reúnas con Él cara a cara. Cuando hagas esto, tendrás acceso a un gozo “más deseable que cualquier satisfacción” aquí y ahora. Ora, entonces, por una capacidad creciente de conocer y disfrutar de Él tanto como anhelas la eternidad.


Publicado originalmente para TheGospelCoalition. Traducido por Alicia Ferreira. 

David Radford es integrante del duo de esposos cantante-compositor conocido como “The Gray Havens”.

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¿Cómo puede un Dios bondadoso permitir el sufrimiento? | Timothy Keller

 

Por: Timothy Keller

Hay gente que no cree que el Dios del cristianismo exista, pues es todopoderoso, pero no lo suficientemente bueno para terminar con el mal y el sufrimiento, o es bueno pero no lo suficientemente poderoso para terminar con el mal y el sufrimiento. Bien sea lo uno o lo otro, el Dios todo poderoso y completamente bondadoso de la Biblia no podría existir.

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¿Cómo diferir con alguien de otra postura teológica?

Para esta entrada de #CoaliciónResponde respondemos a la pregunta, “¿Cómo diferir con alguien de otra postura teológica?”.


Un día en una reunión de un grupo pequeño que estaba dirigiendo, brotó una pequeña discusión entre dos hermanos sobre cómo era posible que la Biblia nos llamara a creer en el evangelio y a la vez enseñarnos que Dios es quien abre nuestros ojos para poder hacerlo. Ambos tuvieron respuestas tan diferentes, uno enfatizando la responsabilidad del hombre y el otro la soberanía de Dios. La discusión empezó a calentarse y sus tonos empezaron a cambiar. Lo que comenzó como un señalamiento de sus posturas se estaba convirtiendo en una discusión airada. A medida que veía esto suceder delante de mí, pensaba: “¿Cómo puede ser que una discusión sobre la verdad gloriosa del evangelio resulte en un intercambio tan agitado?”.

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La Biblia y el matrimonio homosexual: 6 afirmaciones comunes, pero erróneas

La Biblia y el matrimonio homosexual: 6 afirmaciones comunes, pero erróneas

Por: Darrell L. Bock

bandera gay

He estado escuchando hablar mucho en la escena pública acerca de las trayectorias. En estas conversaciones se utiliza la Palabra de Dios para argumentar que la iglesia necesita cambiar su visión acerca del matrimonio homosexual, a pesar de que las Escrituras parecen estar uniformemente en contra del mismo. Y esto no solo viene de los columnistas de periódicos, sino también de comentaristas evangélicos que afirman que la dirección de la Biblia les lleva a esa conclusión. Entiendo muy bien su deseo de ser amorosos, tomado del gran mandamiento (Mateo 22:39); y también veo que alguien puede hacerse tales preguntas, no necesariamente porque quiera rebelarse o conformarse a la cultura, sino de manera sincera.

Las preguntas sinceras merecen respuestas sinceras. Este artículo está diseñado para aquellos que dicen que la Biblia quiere que entremos gozosamente a nuestro nuevo mundo con brazos y corazones abiertos. Discutiré varias afirmaciones que argumentan que, o bien la Biblia no se ocupa de forma específica de nuestra situación contemporánea, o bien las Escrituras son lo suficientemente abiertas e inconsistentes como para dar lugar a una categoría que previamente ha sido rechazada.

Afirmación #1:Jesús no habló acerca del matrimonio homosexual, así que, como mínimo, Él es neutral, si no es que está abierto a él. Lo que Jesús no condena, no debemos condenarlo nosotros.

Este es un argumento de silencio, pero el silencio no tiene lugar en el vacío. Jesús habla del matrimonio y lo define en Mateo 19:4-6 y en Marcos 10:6-9, utilizando tanto Génesis 1:26-27 como Génesis 2:24 para defender su punto. Allí, Jesús define y afirma el matrimonio como algo que se lleva a cabo entre un hombre y una mujer, lo cual refleja el hecho de que Dios nos hizo hombres y mujeres para que cuidemos juntos de la creación. Con esta definición, el matrimonio homosexual queda excluido. Si Jesús hubiese querido extender el derecho del matrimonio más allá de esta definición, esta era su oportunidad. Pero no la tomó.

Jesús nunca habló del matrimonio homosexual porque la manera en que definió el matrimonio ya lo excluía. No guardó silencio sobre el tema, como algunos afirman.

Afirmación #2:El Antiguo Testamento permite todo tipo de matrimonios “prohibidos”, incluyendo la poligamia, y lo que hoy calificaría como incesto. Si eso estaba permitido, es seguro que las relaciones del mismo sexo estarían permitidas.

Aquí nos ayuda echar un vistazo a la trayectoria. Si observamos lo que en realidad enseñan las Escrituras, veremos que (1) tales matrimonios pasados se nos muestran como algo que consistentemente termina en un caos social, y que son descritos, no  prescritos, y (2) y el Nuevo Testamento restringe el alcance de las opciones a la unión monógama estándar entre hombre y mujer en la que el lecho matrimonial ha de honrarse, pero la porneia (que es la infidelidad sexual en todas sus manifestaciones) ha de evitarse (Heb. 13:4). Además, los ancianos deben mostrar a la comunidad lo que es ser marido de una sola mujer (1 Tim. 6:12-13).

El abrir el matrimonio a una nueva categoría de hecho va en contra la trayectoria de las Escrituras acerca del matrimonio.

Afirmación #3: El movimiento para prohibir el reconocimiento del matrimonio homosexual es similar a la ceguera que la iglesia tuvo en el pasado con respecto a la esclavitud, los derechos de las mujeres, y el universo geocéntrico. Lo que antes era una enseñanza “clara” de las Escrituras, ahora se ve como algo erróneo.

Es justo señalar que algunos puntos de vista que solían considerarse claros en las Escrituras de hecho han resultado no estar tan claros: de hecho, estaban equivocados. La humildad hermenéutica no es algo malo. Pero tiene doble filo. Mientras que con la creación/esclavitud/mujeres se pueden señalar pasajes donde existían tensiones contrapuestas acerca de lo que estaba claro (tales como la forma en que Pablo pide a Filemón que trate a Onésimo, o la forma en que María se sentaba como discípula de Jesús, o como se dice que el Espíritu mora en todas las mujeres), ni el AT ni el NT son neutrales en los asuntos homosexuales. Todos y cada uno de los textos que mencionan el asunto lo hacen de forma negativa.

Así que la trayectoria también nos ayuda en este punto, mientras que con respecto a la homosexualidad no existe trayectoria. La lectura es consistente. Eso debería contar para algo.

Afirmación #4: Hoy no seguimos todos los tipos de leyes del AT (como las leyes sobre tener sexo mientras las mujeres menstrúan, o las de comer ciertos tipos de alimentos), así que ¿por qué deberíamos aceptar hoy día lo que dice el AT acerca de las relaciones homosexuales?

Ya establecimos la trayectoria para esta respuesta cuando notamos que todos los textos bíblicos sobre la homosexualidad son negativos tanto en el AT como en el NT. Sin embargo, necesitamos hacer otra observación. Algunas leyes del AT tratan con el asunto de la impureza asociada al templo y el culto, y no son categorías de pecado, sino de lo que es apropiado en relación con el culto. No son leyes morales, sino restricciones que distinguían a Israel de las naciones politeístas que lo rodeaban, que eran moralmente descuidadas, y sacrificaban ciertos tipos de animales (y en algunos casos, niños) como parte de su culto. Esta afirmación no muestra sensibilidad a esas distinciones bíblicas. En algunos casos, terminan comparando manzanas con naranjas, ya que los asuntos de impureza quedaron de lado en el NT cuando los gentiles se añadieron al rebaño (Hechos 10:9-29, Efesios 2:11-22; Colosenses 2:13-15).

No hemos de leer la Biblia como un texto plano. La Biblia progresa, incluso a lo largo de ciertas trayectorias, de manera que al llegar la promesa ciertas partes de la Ley son puestas de lado (Gálatas 3; Hebreos 8-10).

Afirmación #5: El matrimonio homosexual no hace daño a nadie, por tanto es moralmente aceptable y la gente debería tener derecho a elegir qué hacer.

Este es un argumento que no es tanto bíblico como lógico. A menudo, la respuesta de la iglesia ha sido que el diseño humano revela lo erróneo de la homosexualidad debido a la capacidad de dar a luz. Una pareja homosexual no puede producir un niño. Pero, ¿qué dice eso acerca de los solteros o las parejas que no tienen o no pueden tener hijos? Esa refutación es justa. El matrimonio no se trata solo de producir niños, ni de tener sexo solamente para procrear. El Cantar de los Cantares eleva el amor en el matrimonio como algo que tiene su propio valor, así como lo hacen muchos salmos y proverbios.

Pero aquí hay otro lugar en el que la distinción de géneros, tal como se muestra, importa. En Génesis 1 y 2 la creación del hombre y la mujer como parejas complementarias (un par formado por otra persona como yo, pero no del mismo género, ambos creados a imagen de Dios), es algo que se ve como parte del diseño de Dios. Esa imagen involucra hombre y mujer. El matrimonio muestra su cooperación mutua en una diversidad diseñada para administrar la creación de Dios. Esto es visto como el pináculo de la creación, ya que es el contexto en el que Dios nos llama a administrar bien el mundo. Parte del plan de la creación es la crianza de futuras personas, en las que el respeto por cada género es apreciado y está implícito.

De manera sincera, quisiera hacer una pregunta difícil: ¿Cómo se mejora, afirma y modela el respeto y la apreciación por ambos géneros en un matrimonio homosexual? Ni siquiera tiene el potencial de hacerlo. En cierto sentido, irónicamente, dado nuestro deseo de ser políticamente correctos, el matrimonio homosexual es discriminatorio, ya que en esa relación, solo un género cuenta.

Sin embargo, las personas tienen el derecho a elegir con quiénes viven, y son moralmente responsables ante Dios por sus decisiones. Al final, ya sean heterosexuales o homosexuales, Él nos juzgará por cómo hemos vivido en estas áreas, sin importar nuestras leyes nacionales. El ruego de la iglesia ha estado motivado, no por odio o miedo, sino por la creencia genuina de que el cómo elegimos vivir en nuestras relaciones más básicas afecta a nuestra sociedad para bien o para mal. Así que hemos de elegir sabiamente, tanto individualmente como en conjunto. Para los que confían en las Escrituras, esto significa caminar en línea con el diseño y los estándares que Dios dice son mejores para el amor y el crecimiento.

Afirmación #6: El mundo antiguo no entendía el amor homosexual genuino, así que esta es una categoría nueva a considerar.

Al parecer, ni Jesús, ni Pablo, ni siquiera Dios Padre (que inspiró las Escrituras) reconocieron esta categoría potencial. Pero esta afirmación ignora lo común de las relaciones homosexuales en el mundo antiguo. No todas ellas eran abusivas, o ejercicios de puro poder social. Este es un ejemplo clásico de “esnobismo cronológico”, descrito por C.S. Lewis como “la aceptación sin reservas del clima intelectual que se desarrolla en nuestra época y la suposición de que todo lo pasado de moda queda desacreditado” (Cautivado por la alegría, 206), y lo que su amigo Owen Barfield explicó como la creencia de que, intelectualmente, la humanidad “ha languidecido durante incontables generaciones en los errores más infantiles en todo tipo de materias cruciales, hasta que ha sido redimida por algún dictado simple de la ciencia en el último siglo” (History in English Words, 154).

Tal afirmación subestima drásticamente las opciones que presentaba la vida en la antigüedad, e ignora el hecho de que la cultura antigua rechazaba la idea del matrimonio homosexual de manera bastante uniforme. Este punto es importante a la hora de entender por qué Pablo incluía estas relaciones en la categoría de ‘porneia’ (Romanos 1:26-27; ver también Jesús en Mateo 15:19). La infidelidad de la que se habla no es solo hacia otra persona, sino al plan complementario divino de un hombre y una mujer a imagen de Dios.

Algo sagrado y profundo

Prestar atención adecuada a la trayectoria de las Escrituras no abre la puerta a afirmar el matrimonio homosexual, incluso si este tiene el objetivo de ser monógamo y amoroso. De hecho, hace lo contrario.

La revelación divina nos da todas las indicaciones de que existe algo sagrado en que la imagen de Dios sea masculina y femenina, y algo profundo en el matrimonio entre un hombre y una mujer (Efesios 5:32), algo que hace que el matrimonio sea algo único entre todas las relaciones humanas.


Publicado originalmente en TheGospelCoalition. Traducido por Manuel Bento.

Darrell L. Bock es profesor senior de investigación del Nuevo Testamento y director ejecutivo de compromiso cultural en el Seminario Teológico de Dallas. Esautor o editor de más de 30 libros, entre ellos: Jesus according to Scripture: Restoring the Portrait from the Gospels, Jesus in Context: Background Readings for Gospel Study, Studying the Historical Jesus: A Guide to Sources and Methods, Jesus the Messiah: Tracing the Promises, Expectations, and Coming of Israel’s King, Who Is Jesus?: Linking the Historical Jesus with the Christ of Faith, and Key Events in the Life of the Historical Jesus: A Collaborative Exploration of Context and Coherence.

 

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¿Qué Hay de Bueno en la Soberanía de Dios?

¿Qué Hay de Bueno en la Soberanía de Dios?

Por: Richard D Phillips

soberanía

   En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo.(Isaías 6:1) 

 

 

Hay momentos en la vida que nunca se olvidan: la primera vez que besó a su cónyugue, el nacimiento de su primer hijo, su equipo de béisbol favorito, finalmente ganó la Serie Mundial. Para muchos de nosotros, el despertar de nuestras mentes a la soberanía de Dios es uno de esos momentos inolvidables. “Es como nacer de nuevo, otra vez”, frase que muchos cristianos remarcan después de que su fe es renovada por una comprensión de las doctrinas de la gracia. Todo cambia. No es que empiezan a confiar en Dios, todos los creyentes deben confiar en Dios, sino que ven la verdad sobre el Dios de su confianza. Y la verdad, como Jesús lo prometió, nos hace libres: libres para regocijarse en la gloria de la gracia divina que es realmente misericordiosa.

Este libro es acerca de las doctrinas de la gracia, la enseñanza bíblica acerca de la soberanía de Dios obrando en nuestra salvación. Las doctrinas de la gracia ofrecen una perspectiva de la salvación en la que Dios es verdaderamente Dios, de manera que todo depende de Su voluntad, y funciona para Su gloria. Al igual que con todos los atributos de Dios, la soberanía no es una mera abstracción, sino una realidad que da forma y va tejiendo nuestra experiencia. El verdadero Dios es un Dios que realmente es soberano sobre toda la realidad. La realidad en este mundo siempre se rige por la afirmación en inicia la Biblia: “En el principio, Dios. . . .” Porque, en verdad, todo, todo acontecimiento, toda verdad, toda experiencia comienza con Dios. Y así debe ser si realmente Dios es el Dios de la Biblia: un Dios que todo lo ve, que todo lo sabe, y que es todopoderoso. Esta es la gran verdad que nos abre los ojos a la gloria de nuestro Dios soberano: Él es el Alfa y la Omega, principio y fin de todas las cosas. “Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas”, escribe Pablo. “A él sea la gloria por siempre. Amen” (Rom. 11:36).

Por la soberanía, queremos decir que Dios activamente gobierna todas las cosas. Por todo, nos referimos a todas las cosas que suceden, desde el mayor hasta el menor de los acontecimientos. “¿No se venden dos pajarillos por un cuarto?” Le preguntó a Jesús. “Sin embargo, ni uno solo de ellos cae a tierra sin la voluntad de su Padre” (Mateo 10:29). Así que la soberanía significa “de acuerdo a la voluntad soberana de Dios.” La Soberanía de Dios en la salvación significa que los creyentes se salvan de esta última razón única: “De acuerdo a la voluntad soberana de Dios”, o como escribió Pablo, nuestra salvación es ser “predestinados conforme al propósito de lo que hace todas las cosas según el designio de su voluntad” (Efesios 1:11). Eso lo resume de la mejor manera posible: que se salvan de acuerdo con el propósito soberano de Dios, mediante la obra soberana de Dios, de acuerdo con la voluntad soberana de Dios. La salvación es realmente “por él, a través de él y para él” (Romanos 11:36). Cuando se rompe esta verdad en nuestras mentes y corazones, nos gloriamos en Dios para siempre.

La Visión de Isaías de la Soberanía

A muchos cristianos grandes pueden dar testimonio de los efectos de terremoto del tomar consciencia de la soberanía de Dios. Este mismo tipo de testimonios se encuentran en la Biblia, tal vez ninguno más profundo que el relato del profeta Isaías de su encuentro con el Señor soberano que le cambió su vida. Si el apóstol Pablo es la figura del Nuevo Testamento que más se asocia con la enseñanza de la soberanía de Dios, su homólogo del Antiguo Testamento es, sin duda Isaías. ¿Cómo supo Isaías ganar su comprensión de la soberanía de Dios, y qué influencia tuvo esto en su vida? En otras palabras, ¿cómo Isaías respondería a la pregunta: “¿Qué hay de bueno en la soberanía de Dios?”

La profecía de Isaías contiene algunas de las más audaces afirmaciones de la soberanía de Dios en la Escritura. En el capítulo 45, él compara la relación de Dios con la humanidad a la de un alfarero y el barro, haciendo de su creación lo que quiere. En el capítulo 46, Isaías señala a la soberanía absoluta de la voluntad de Dios: “Porque yo soy Dios, y no hay otro, yo soy Dios, y no hay nadie como yo, que declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que aún no hecho, diciendo: “Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero” (Isaías 46:9-10). En el capítulo 59, Isaías habla de la soberanía de Dios en términos del largo brazo del Señor, por el cual Él es capaz de traer la salvación de Su pueblo en cualquier lugar: “Su propio brazo le trajo la salvación, y su justicia le confirmó” (Isaías 59:16).

El mensaje de Isaías acerca de la soberanía divina no hubiera sido más popular en su tiempo de lo que es hoy en día en muchos círculos.¿Pero de dónde Isaías obtuvo esta concepción radical de Dios? Isaías estaba bajo la influencia de la iluminación del pensamiento del siglo XVIII (como se suele decir de aquellos que defienden su enseñanza en la actualidad)? ¿Fue Isaías un racionalista de armario, bajo la influencia de Platón y Aristóteles, para que pudiera ser descartado como un profeta de los filósofos griegos y no del Dios de Israel? Esto no puede ser el caso, dado que Isaías escribió en el séptimo siglo antes de Cristo a finales y principios del siglo octavo. ¿De dónde Isaías obtuvo estos puntos de vista peculiares en los que Dios es realmente Dios?

La respuesta es que Isaías se enteró de la soberanía de Dios a través de su experiencia personal en el Señor. Y no fue el único. Pablo recibió su visión de un soberano Cristo en el camino a Damasco, Jonás alcanzó su “calvinismo” en el vientre de la ballena, y Habacuc obtuvo su comprensión de la soberanía de Dios en su atalaya. En otras palabras, Isaías –como los otros profetas y apóstoles, quienes adoraban al Dios soberano de la gloria, obtuvieron su doctrina del Señor mismo.

La comprensión de Isaías de la soberanía de Dios fue el gran acontecimiento que cambió su vida para siempre. “Fue como nacer de nuevo, otra vez,” podría haber mencionado sobre el evento que lo convenció de la gracia soberana. Al igual que los creyentes de hoy que encuentran las doctrinas de la gracia cambian sus vidas para siempre, el encuentro de Isaías con la soberanía de Dios dio forma a su vida y ministerio a partir de ese momento. Fue el momento decisivo de su vida.

Si podemos identificar el punto de inflexión de la vida de alguien, ganamos un portal en las entrañas de su corazón. Para uno, es la muerte de un padre. Para otro, es, por desgracia, su padre abandonando a su madre. Además para otro, es la experiencia, al fin, de ponerse en el uniforme de su padre y el padre de su padre antes que él. Isaías 6 registra el momento crucial en la vida de Isaías, cuando obtuvo el entendimiento que gobernó todos los años de su ministerio profético por venir.

El momento decisivo de Isaías fue también su llamado al ministerio como profeta. Vino “en el año en que murió el rey Uzías” (Isaías 6:1). Uzías fue uno de los grandes reyes de Judá. Reinó durante cincuenta y dos años de prosperidad y expansión. Para aquellos de nosotros menores de 52 años, eso sería como tener un presidente gobernando por toda la vida con piedad y capacidad que pocos políticos modernos jamás mostrarían. Con Uzías como rey, Isaías creció en un período poco común cuando Judá había sido restaurada a algo así como la justicia y la prosperidad conocida durante el tiempo de David y Salomón.

Pero ahora el rey había muerto, la nación estaba de luto, y un joven estaba tomando el trono. Isaías comprensiblemente se encontró caminando al templo, en busca de consuelo. Era de una familia sacerdotal, por lo que el templo era un lugar de consuelo y familiar. Pero esta vez, Isaías entró en el templo para ver algo totalmente desconocido. RCSproul, en su estudio singular de este pasaje, escribe: “El rey estaba muerto. Pero cuando entró en el templo Isaías vio a otro rey, el Gran Rey, el que se sentó por siempre en el trono de Judá.  Él vio al Señor”[1].

Isaías nos dice lo que vio con estas palabras:

1En el año de la muerte del rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y la orla de su manto llenaba el templo. 2Por encima de Él había serafines; cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. 3Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, es el SEÑOR de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria. 4Y se estremecieron los cimientos de los umbrales a la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.

La muerte de Uzías había traído una crisis de soberanía. En esa crisis, los ojos de Isaías se abrieron para contemplar el verdadero soberano de Israel, el verdadero rey que reinaba en la nación. Su visión manifestó la soberanía de Dios. Era el Señor mismo, “alto y sublime”. Uzías había descendido a la tumba, dejando vacante su trono en Jerusalén, pero Jehová reinaba en las alturas. Isaías lo vio sentado, firmemente instalado en el lugar de autoridad real.

Observe los detalles que ofrece Isaías, todos hablan de la soberanía absoluta de Dios. Dice que “sus faldas llenaban el templo.” Mientras Dios estaba sentado en su trono, sus vestiduras llenaban el templo majestuoso, Su sala del trono, sin dejar espacio para otro. Dios llena completamente la esfera de la soberanía. Isaías expresa esta verdad una y otra vez, diciendo en nombre de Dios: “Yo soy Dios, y no hay otro” (Isaías 46:9). No sólo es Dios soberano, sólo Él es soberano. “Mi gloria, no la daré a ningún otro” (Isaías 42:8), él insiste.

Qué fácil es llevar las cosas en nuestras vidas junto a la presencia de Dios. Cuan frecuente consideramos nuestra lealtad a Dios como solo uno de los muchos compromisos, al Señor como uno de los muchos que buscamos agradar. Pero Él no acepta una soberanía compartida.

Isaías vio a otros seres en este salón del trono. Él relata: “Por encima de Él había serafines; cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban.” (Isaías 6:2). Estos ángeles estaban de pie por respeto mientras que el Señor estaba sentado. A pesar de que son seres de gran gloria, ellos cubrían sus rostros con temor de Dios. Ellos cubrían los pies en humildad de criaturas, al igual que Moisés tuvo que quitar sus sandalias ante la zarza ardiente. También estaban volando, lo que indica su disposición a realizar la voluntad de Dios sin reservas. Imponente, humildad, disponibilidad para el servicio, este es el ejemplo de los ángeles de la forma en que el soberano de Dios debe ser adorado.

Los ángeles decían el uno al otro: “Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos: toda la tierra está llena de su gloria” (Isaías 6:3). Aquí tenemos una idea acerca de la adoración de los cielos. Que está centrada en Dios, se centró en la gloria de los atributos de Dios, especialmente su santidad tres veces ensalzada. La santidad es la suma de quién y qué es Dios. El suyo es un amor santo, una bondad santa, una santa ira, y una fidelidad sagrada. La santidad es la singularidad exaltada de Dios, la separación entre Dios y sus criaturas, entre el Dios santo y todo mal. Si los santos ángeles deben cubrir sus caras para la gloria de Dios, ¡cuánto más deben los hombres caer postrados como pecadores ante tan santo Dios!

Finalmente, el profeta nos dice lo que él sentía y olía: “Y se estremecieron los cimientos de los umbrales a la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.” (Isaías 6:4). A estas alturas seguramente tiene la idea: este Dios no es con el que se pueda jugar, manipular u ofender. Mucho menos Isaías encuentra a esa Asamblea celestial aburrida o irrelevante, como muchas personas hoy en día dicen de la teología. De hecho, el efecto sobre Isaías fue demoledor: “Entonces dije:

¡Ay de mí! Porque perdido estoy, pues soy hombre de labios inmundos y en medio de un pueblo de labios inmundos habito, porque han visto mis ojos al Rey, el SEÑOR de los ejércitos. (Isaías 6:5)

“¡Ay de mí!” Isaías pronuncia –el primero de muchos “ayes” proféticos que el pronuncia con los años– y él lo grita en contra de sí mismo. Isaías desesperado de sí mismo y de todas sus obras. Usted sabe que se ha encontrado con Dios cuando usted grita, “¡Ay de mí!” Esto es lo que la auto-conciencia produce cuando se acompaña de una toma de conciencia de Dios. Aquí vemos la relación entre la soberanía de la gracia de Dios y el abandono de sí mismo que se deriva de la doctrina de la depravación total. Estas verdades van de la mano, como dos partes de un medallón. Cuando estas piezas, hacen ‘clic’, la buena noticia de la gracia de Dios en Jesucristo tiene sentido como nunca lo ha hecho antes.

El Evangelio de Isaías también se centró en una expiación salvadora eficaz. Una generación como la nuestra que le resulta difícil aceptar la soberanía de Dios también encuentra cada vez más difícil de aceptar la expiación de Cristo. Pero aparte de la expiación por el pecado, un encuentro con el Dios tres veces santo, sólo puede ser desastroso para los hombres depravados. Esta es la razón de por qué el evangelio de la Biblia de la salvación se centra en la obra expiatoria de Cristo.¿Y qué pasó después que Isaías conoció todo acerca de la expiación de Cristo: “Entonces voló hacia mí uno de los serafines con un carbón encendido en su mano, que había tomado del altar con las tenazas; y con él tocó mi boca, y dijo: He aquí, esto ha tocado tus labios, y es quitada tu iniquidad y perdonado tu pecado” (Isa. 6:6–7). La gracia expiatoria se aplicó hasta el lugar donde Isaías sintió con mayor intensidad su pecado –sus labios– santificando el instrumento por el cual iba a servir a Dios como un profeta. Por lo tanto, debe ser para todos nosotros: el verdadero servicio a Dios se deriva de la aplicación de la obra redentora de Cristo en nuestras vidas.

En la vida y el ministerio de Isaías, vemos quizá más claramente que en cualquier otro lugar en la Biblia, el impacto de la conciencia de la soberanía de Dios.¿Qué hay de bueno en la soberanía de Dios? ¿Qué importancia tiene la soberanía de Dios? Para Isaías, que lo era todo. En su respuesta a la visión del señorío soberano de Dios, podemos observar cuatro características que también tomarán parte en nuestra experiencia mientras nuestra fe se centra en una visión bíblica de la gracia soberana de Dios.

Disposición a Servir

He estado diciendo que todo en la vida del creyente cambia cuando él o ella captan la verdad de la soberanía de Dios. El primer cambio de Isaías vino inmediatamente después de su visión del Señor en su trono. La primera marca de su conciencia de la soberanía absoluta de Dios era la voluntad de servir: “Y oí la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí: Heme aquí; envíame a mí.” (Isaías 6:8). No sabemos acerca de la actitud de Isaías antes de recibir esta visión, pero sí sabemos lo que fue inmediatamente después. Viendo la gloria de Dios soberano, exclamó: “¡Heme aquí! Envíame a mí.”

Puesto que Dios es el verdadero soberano, no hay privilegio mayor que el servirle. El asombro ante su gloria que hace a otras actividades empequeñecer. No todos son llamados al ministerio profético. Dios llama a la gente a ser carpinteros, abogados, médicos, ingenieros de sonido, y basureros. Pero aquellos que han visto la soberanía de Dios lo ven todo de su trabajo como una oportunidad para extender Su reino y servir a Su reino. Es cuando nos damos cuenta de cuán grande es el Dios al que servimos, cuan total es Su soberanía sobre todo, y cuán glorioso es Su reino al que queremos servirle en todo lo que hacemos. Isaías no había aprendido aún que trabajo tenía Dios en mente para él, pero cuando oyó la pregunta: “¿A quién enviaré?” Estallaron sus labios recién consagrados diciendo: “Aquí estoy yo, Envíame a mí.” Si vemos sólo una parte de lo que él vio, haríamos lo mismo, teniendo en cuenta no las dificultades, sino el gran privilegio de servir a tan gran Señor.

Muchas personas no creen en la soberanía de Dios, y aun así sirven al Señor. Pero hay una gran diferencia. Aquellos que ven al Señor en su gloria soberana tienen una compulsión interna para servir a este Dios. Servir a Dios es la gloria de su vida. Su servicio se mide no tanto en lo que consiguen, o lo que Dios realiza a través de ellos, sino más bien en la pura maravilla del Dios al que sirven. Como niños pequeños divididos en equipos en el patio, siendo elegidos para jugar en este equipo es la alegría más grande imaginable, especialmente para aquellos que son tan indignos. “¡Heme aquí!, Envíame a mí”, no es simplemente la respuesta de aquellos que ven la gloria soberana de Dios, es su deleite. Ya que Dios es seguro de que sea glorificado, ellos quieren estar entre los glorifican a Dios.

Obediencia Humilde y Confiada

Una segunda marca de una conciencia de la soberanía de Dios aparece en este pasaje: una obediencia humilde, confiada a los mandamientos de Dios. El capítulo 6 concluye con la descripción de Dios de lo que quería hacer de Isaías, el impacto que le provocó le hizo retroceder al sobrecogido profeta:

“Y El dijo: Ve, y di a este pueblo: “Escuchad bien, pero no entendáis; mirad bien, pero no comprendáis.” Haz insensible el corazón de este pueblo, endurece sus oídos, y nubla sus ojos, no sea que vea con sus ojos, y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y se arrepienta y sea curado. Entonces dije yo: ¿Hasta cuándo, Señor?”(Isaías 6:9-11)

El llamado a Isaías era lograr un endurecimiento en Jerusalén. Su ministerio podría causar callos como un preludio al juicio, porque Dios primero pretendía purificarlo y sólo entonces liberar a su pueblo. Podemos escuchar a Isaías sofocando un grito a esta instrucción, pero sin queja, sin reñir con la sabiduría de Su soberano. Él simplemente hizo la pregunta razonable, “¿Hasta cuándo, Señor?” La respuesta no podría haber dejado de sorprender al profeta:

Y El respondió: Hasta que las ciudades estén destruidas y sin habitantes, las casas sin gente, y la tierra completamente desolada; hasta que el SEÑOR haya alejado a los hombres, y sean muchos los lugares abandonados en medio de la tierra. Pero aún quedará una décima parte en ella, y ésta volverá a ser consumida como el roble o la encina, cuyo tronco permanece cuando es cortado: la simiente santa será su tronco. (Isaías 6:11-13)

Sin lugar a dudas, Isaías entró en el templo porque estaba preocupado por el bienestar de Jerusalén ya sin el rey Uzías. Habiéndose encontrado con el verdadero Soberano, se enteró de los terrores más allá de sus temores iniciales. Pero Isaías es singular entre los profetas mayores en que nunca se quejó. Él había visto al soberano y salvador Dios. Si él fue llamado a un ministerio de endurecimiento, entonces el endurecimiento sería. No se le ocurrió a Isaías que sabía mejor que el Señor de los Ejércitos. Si le agradara al Señor a través de un ministerio fiel reducir su iglesia hasta el tronco de una simiente santa, entonces Isaías haría que del remanente el objeto de su labor.

Un compromiso similar a la soberanía salvadora de Dios nos inspiraría a una obediencia humilde y confiada a la Palabra de Dios. Descansar en el propósito soberano de Dios, sabiendo que hay un decreto de gracia maravilloso detrás de todo lo que sucede, podemos enfrentar las circunstancias difíciles sin vacilación de la ley de Dios. Podemos enfrentar la hostilidad del mundo o incluso la apostasía de la iglesia sin vacilar en nuestro ministerio. Podemos confiar en la sabiduría y obedecer los mandamienos de un Dios soberano que hace todas las cosas de acuerdo con el propósito de Su santa voluntad.

Como Isaías declaró posteriormente:Aguardaré al SEÑOR que esconde su rostro de la casa de Jacob; sí, a El esperaré.”(Isaías 8:17).

Una Santidad Atrevida

Una tercera señal del ministerio de Isaías resalta en el pasaje que sigue inmediatamente a un pasaje que está, sin duda vinculado en contexto al capítulo 6, incluso si los eventos están separados por casi una década. Jotam, hijo de Uzías y sucesor, había terminado su reinado. Había sido una época de decadencia y el comienzo de la decadencia. Pero con el sucesor de Jotam, Acaz, un período de flagrante desobediencia a Dios estaba a punto de comenzar.

La causa inmediata del problema fue una invasión de Judá por la nación del norte de Israel junto con su vecino Aram. Acaz en incredulidad empezó a buscar alrededor por un aliado del mundo que lo rescatara, incluso si eso significa llevar a su pueblo a la idolatría. Su elección fue Asiria, el poder creciente en el lado norte de sus enemigos. Pero Dios envió a Isaías para hacer frente y proclamar un mensaje a este rey:

y dile: “Estate alerta, y ten calma; no temas ni desmaye tu corazón ante estos dos cabos de tizones humeantes, a causa de la ira encendida de Rezín de Aram y del hijo de Remalías. “Porque Aram ha tramado mal contra ti, junto con Efraín y el hijo de Remalías, diciendo: ‘Subamos contra Judá y aterroricémosla, hagamos una brecha en sus murallas y pongamos por rey en medio de ella al hijo de Tabeel.’”Así dice el Señor DIOS: ‘No prevalecerá ni se cumplirá” (Isaías 7:4-7).

El mensaje de Dios a Acaz era una aplicación de la visión que Isaías había visto antes: los reyes poderosos de Israel y Aram no eran soberanos verdaderos. El verdadero soberano es el Señor, que reina sobre todo. Isaías señaló esto al rey Acaz con palabras clásicas llamando a la fe: “Si no creéis, de cierto no permaneceréis” (Isaías 7:9).

Este fue el mensaje que Dios envió a Isaías para entregar al rey Acaz, un monarca equipado con toda su soberanía terrenal. Si usted no cree que esto se trataba de un aterrador encuentro, se está tomando el pelo a sí mismo. La mayoría de nosotros están aterrorizados ante la idea de mencionar a Dios a sus amigos en el trabajo, y mucho menos darle un ultimátum a un rey. Pero esa es la diferencia que hace de haber visto la soberanía de Dios. Cualquiera que sea el miedo que Isaías sentía por el rey Acaz fue dejado de lado por el temor mucho mayor del soberano Señor Dios.

La conciencia de la soberanía de Dios en nosotros da una santa osadía ante el mundo y sus poderes. Esto es lo que hizo Isaías útil: podría proclamar la Palabra de Dios, incluso palabra de juicio, a una generación decadente y peligrosa. “Ay, nación pecadora”, acusó en el primer capítulo, “pueblo cargado de iniquidad, generación de malvados, hijos corrompidos! Han abandonado al SEÑOR, han despreciado al Santo de Israel, se han apartado de Él” (Isaías 1:4). Me doy cuenta de que este tipo de conversación no puede llenar un estadio de hoy. No puede colocar a una congregación en la lista de los éxitos de crecimiento de la iglesia. Pero la voluntad de decir la verdad de Dios, predicando el juicio de Dios a una generación tan depravada como la nuestra, es una señal segura de que el orador ha contemplado la soberanía de Dios.

El gran reformador escocés, John Knox, fue otra figura profética que era famoso por su enfrentamiento valiente con María la católica, reina de Escocia. Una vez que Knox se preguntó cómo podía desafiar las ideas religiosas de la reina tan audazmente, dado que ella era la soberana de la tierra. La famosa respuesta de Knox fue: “Cuando acabamos de pasar el tiempo de rodillas ante el Rey de Reyes, no encuentro a la reina de Escocia ser tan aterradora.” La conciencia de la soberanía de Dios, especialmente al llevarnos a  ponernos de rodillas en súplica delante de Su trono de la gracia, nos da la santa audacia que tan desesperadamente necesita nuestro tiempo.

La Confianza en la Gracia Soberana y Salvadora

Por último, vemos en el profeta Isaías una marca segura de que él había visto al Señor en Su majestad: una dependencia total en la soberanía de Dios y la gracia salvadora.

Esto se ve en la señal que Isaías dio al rey Acaz. Isaías instó esta señal en Acaz para avivar su fe. Fue una señal de que era tonto a los ojos del mundo, pero glorioso a los ojos de Dios: “Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.” (Isaías 7:14). En presencia de la incredulidad apóstata de Acaz, Isaías puso la mano en la mayor señal de la gracia soberana de la que se podía pensar: la virgen que estaría con el niño.

Más tarde, Isaías hablaba del parto a través de un vientre estéril como una señal de la gracia salvadora (Isaías 54:1). Una matriz estéril representa un trabajo humano que ha fallado. Pero el vientre virgen nos habla de un campo donde el hombre no ha sembrado nada. A partir de ese vientre viene el Salvador, Jesucristo. Imagine cuan poco un hombre como Acaz hubiera apreciado el nacimiento de un bebé como una razón para confiar en Dios con sus problemas, al igual que muchos consideran hoy día la predicación del evangelio como “una tontería”. Sin embargo, tanto la divinidad encarnada en bebé y la predicación de su evangelio hoy son poder de Dios para la salvación de los que creen.

Esto nos recuerda que un ministerio del evangelio verdadero sólo puede tener éxito si una mujer virgen da a luz a un hijo.¡Qué locura para el mundo! Pero ella lo tuvo. Y el milagro de la gracia continúa en la actualidad. Si esto no nos anima a trabajar en los campos de otra manera estériles de la oración y la predicación de la Biblia sencilla, sin olvidar la humildad, la paciencia, la abnegación y la santa obediencia a Dios, entonces nada lo hará. La señal de Isaías sobre el nacimiento virginal nos dice que no confiemos en la sabiduría humana, así como nosotros no debemos desesperarnos ante la dificultad humana o el fracaso personal. Porque si nosotros, como Isaías, tenemos una visión de la gloria del Dios soberano, sobre todo en la salvación de los pecadores, lo vamos a considerar nuestro privilegio de servir a este soberano Señor, que trajo a nuestro Salvador en el mundo a través de un seno virginal, y que traerá a muchos a la salvación así como también nosotros confiamos en Su gracia soberana y salvadora.

Por Richard D. Phillips

Toado del libroWhats So Great About The Doctrines Of Grace

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Continuistas y cesacionistas juntos por el evangelio

Continuistas y cesacionistas juntos por el evangelio

dones espirituales

Para un número creciente de cristianos “teológicamente despiertos”, las etiquetas de continuismo y cesacionismo funcionan como términos de división entre cristianos protestantes, evangélicos, y aun reformados. De manera resumida, los continuistas creen que todos los dones del Espíritu Santo mencionados en el Nuevo Testamento son para todo el período entre Pentecostés y la (segunda) venida del Señor. Los cesacionistas entienden que algunos de esos dones, sobre todo los que en el primer siglo estuvieron especialmente relacionados con los apóstoles, “cesaron” –o sea, fueron retirados por el Señor– cuando ya no había apóstoles, a partir de la muerte del apóstol Juan.

Ambas posturas se han presentado en las páginas de este medio. Pero el propósito del presente artículo es, en vez de resaltar las innegables diferencias que hay entre continuistas y cesacionistas, subrayar el sorprendente grado de consenso que existe entre aquellos que están centrados en el evangelio.

1. Todos creemos en la autoridad de la Biblia

Para todos los verdaderos creyentes y para todas las verdaderas iglesias, la Biblia es la autoridad suprema; ella siempre tiene la última palabra. “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Is. 8:20). Los bereanos “eran más nobles…, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hch. 17:11). ¡Hasta las palabras del apóstol Pablo fueron sometidas a la prueba de las Escrituras!

Aunque en la práctica es posible ser o continuista o cesacionista y no someterse a la autoridad de la Biblia, ninguna de las dos posturas es incompatible con un sometimiento a esa autoridad. En mi experiencia, todos los buenos continuistas y cesacionistas afirman y demuestran su compromiso con la autoridad de la Biblia.

2. Todos creemos en la suficiencia de la Biblia

La suficiencia de la Biblia significa que la Biblia sola es suficiente para revelar la verdad acerca de Dios y acerca del ser humano, para revelar todo lo que el ser humano necesita saber para poder ser salvo, y para revelar todo lo necesario para que las personas salvas puedan vivir sus vidas para la gloria de Dios. Para todo eso no hace falta ninguna otra fuente de revelación; la Biblia sola es (más que) suficiente.

Aunque algunos (tal vez muchos) continuistas demuestren en declaraciones como y hechos no creer en la suficiencia de la Biblia, la culpa no la tiene la postura continuista en sí. Es posible creer que Dios puede hablar por medio de diferentes “palabras” hoy, sin considerar esas “palabras” necesarias en un sentido que socave la suficiencia de la Biblia.

3. Todos creemos en la soberanía de Dios

La soberanía de Dios significa que Dios, como Rey sobre todas las cosas, como el que está sobre el trono del universo, reina y gobierna sobre todos los seres, sobre todas las cosas y sobre todo lo que pasa, y que no hay nada que esté fuera de su control absoluto.

Me imagino que hay tanto continuistas como cesacionistas que no creen en la soberanía de Dios en ese sentido. Si es así, no creo que se deba a ninguna de las dos posturas como tales, sino a otro tipo de razones, como un excesivo énfasis en el libre albedrío del ser humano, por ejemplo.

A veces los cesacionistas acusan a los continuistas de no creer en la soberanía de Dios por insistir en que Dios siempre tiene que actuar de la misma manera. Y a veces los continuistas acusan a los cesacionistas de no creer en la soberanía de Dios por descartar la posibilidad de “palabras de Dios directas” hoy. Puede haber algo de verdad en ambas acusaciones, pero, insisto, no hay ninguna incompatibilidad necesaria entre ninguna de las dos posturas y la soberanía de Dios.

4. Todos creemos en un Dios que hace milagros

Existe una especie de “leyenda negra” por ahí de que los cesacionistas son los que no creen en milagros. Pero, curiosamente, ¡aún no he conocido a ningún cesacionista que crea en un Dios que no puede hacer milagros!

Claro, depende cómo se define el término “milagro”. La concepción de un bebé parece un milagro, ¿verdad? Y hablamos de haber sido salvados de un accidente “por milagro”. Y, como creyentes, sabemos que el mayor milagro de todos es el milagro de la salvación de un pecador. Pero, técnicamente, un milagro es un acontecimiento sobrenatural. En ese sentido, la concepción de un bebé (normal) no es un milagro, pero la de nuestro Señor Jesucristo sí que lo fue.

Ahora, en cuanto al tema que nos ocupa, no creo que nadie esté cuestionando el poder de Dios para hacer milagros hoy, sino más bien si los quiere hacer o no, hasta qué punto los hace y hasta qué punto son milagros todos los que se dice que lo son. Es un error diferenciar entre continuistas y cesacionistas como los que creen en milagros y los que no.

5. Todos creemos en un Dios que sana

Es probable que haya más continuistas que cesacionistas que creen en la continuación hoy de “dones de sanidades” (1 Co. 12:9), pero creo que aquí también hay un importante consenso entre los hermanos de ambas posturas: (1) Quien sana es Dios; (2) Él puede sanar con o sin medios naturales; (3) Dios puede sanar con o sin la imposición de manos, la unción con aceite, etc.; (4) Dios contesta nuestras oraciones por las personas enfermas: a veces sanándolas, otras veces de otra manera; y: (5) La sanidad más importante es la sanidad espiritual; o sea, ¡la salvación!

6. Todos creemos en el Espíritu Santo

Otra “leyenda negra” es que durante muchos siglos el Espíritu Santo fue la persona olvidada de la Santa Trinidad; que el Espíritu Santo fue “recuperado” a principios del siglo 20; y que, hablando en general, los continuistas le dan más importancia al Espíritu Santo que los cesacionistas.

Sobre este punto diré lo siguiente: (1) Es muy probable que a lo largo de los veinte siglos del cristianismo muchos creyentes y muchas iglesias no le hayan dado al Espíritu Santo la atención y la importancia que se merece; (2) Por otra parte, ha habido grandes teólogos y pensadores cesacionistas que han hablado y escrito muchísimo sobre el Espíritu Santo; para dar solo dos ejemplos: el reformador Juan Calvino era conocido como “el teólogo del Espíritu Santo”, y “el príncipe de los puritanos”, John Owen, escribió más de mil páginas sobre el Espíritu Santo; y: (3) La teología del Espíritu Santo es mucho más amplia que solamente el bautismo en el Espíritu Santo y los dones del Espíritu Santo, y muchos creyentes e iglesias parecen tener una idea bastante pobre del maravilloso Espíritu Santo.

A pesar de las diferencias de interpretación de la Biblia entre continuistas y cesacionistas –y sin pretender quitarle importancia a esas diferencias– tanto los unos como los otros creen en el Espíritu Santo.

7. Todos creemos en la necesidad del Espíritu Santo

El Espíritu Santo es Creador, junto con el Padre y el Hijo. El Espíritu Santo es el que regenera a los espiritualmente muertos. El Espíritu Santo es el que santifica, guía, capacita y llena a los creyentes. El Espíritu Santo es el que vivifica los huesos secos. ¡Nadie puede ser salvo sin el Espíritu Santo! ¡Ningún creyente puede crecer espiritualmente sin el Espíritu Santo! ¡Ninguna iglesia puede funcionar –o existir– sin el Espíritu Santo! Y una de las mayores necesidades hoy, tanto dentro como fuera de la Iglesia, es precisamente un gran derramamiento del Espíritu Santo. Esto lo firmarían por igual todo continuistas o cesacionistas que crea las palabras de la Biblia.

8. Todos creemos en los dones del Espíritu Santo

Es evidente que existen diferencias entre continuistas y cesacionistas sobre el tema de los dones del Espíritu Santo. Creo que la principal diferencia tiene que ver con el propósito de Dios para algunos de los dones: si él los dio solo para la era apostólica o para todo el tiempo hasta la venida del Señor. Y no tiene que ver tanto con el carácter sobrenatural de algunos de los dones, sino más bien con los dones de revelación, como la profecía, el don de lenguas con interpretación y otras “palabras del Señor” más o menos directas.

Pero aun los continuistas no están diciendo que todo lo que se presenta como “palabra del Señor” lo es; hay que ejercer el don del discernimiento, juzgar cada manifestación a la luz de la Biblia y separar lo bueno de lo malo.

No pretendo minimizar las diferencias entre las dos posturas, pero quizás en la práctica el abismo entre las dos no sea tan grande como a veces parece.

9. Todos creemos en el orden en la iglesia

Creo que todos los que amamos la Palabra de Dios y el evangelio lamentamos todas las manifestaciones que se están dando de una casi total falta de orden en algunas iglesias y lugares. Creemos en el dicho de Pablo de hacer todo “decentemente y con orden” (1 Co. 14:40). El caos no honra al Dios de orden. Pero no sería justo –sería una caricatura– equiparar la postura “continuista” con el desorden. No tiene por qué ser así. Había una serie de desórdenes en Corinto, pero el remedio que propuso el apóstol Pablo no era el desuso de ninguno de los dones, sino el uso correcto de todos ellos.

En esto también hay un consenso entre continuistas y cesacionistas: creemos en el orden. Creemos que no es suficiente tener la postura correcta: la práctica también tiene que ser bíblica y correcta.

Conclusión

Nos ha tocado vivir un tiempo emocionante. Sí, están pasando cosas preocupantes, poco bíblicas y que no honran al Señor. Pero, por otra parte, el Señor está obrando, la Iglesia se está reformando, el evangelio de Cristo se está predicando y se está extendiendo una preciosa comunión y colaboración entre iglesias y creyentes igualmente comprometidos con el Señor, con su Palabra y con el evangelio, como mismo muestra esta Coalición por el Evangelio.

Sin duda, Satanás intentará dividirnos. ¿Cómo? Pues, aprovechándose de nuestras diferencias secundarias para sembrar malentendidos, caricaturas, ofensas y divisiones. ¡No será la primera vez! ¿Qué debemos hacer? (1) Ser humildes; (2) Considerar a nuestros hermanos mejores que nosotros mismos; (3) Comprometernos a orar más los unos por los otros; (4) Ayudarnos los unos a los otros a crecer en nuestro conocimiento de la Palabra y exhortarnos los unos a los otros a traducir ese conocimiento en un carácter verdaderamente cristiano; (5) Saber mantener lo principal como lo principal y lo secundario como lo secundario; (6) Aprovechar las percepciones de otros hermanos para corregir nuestros propios desequilibrios (¡que todos los tenemos!); y: (7) Hacer un pacto entre nosotros, sobre la base del verdadero evangelio de Cristo, para seguir luchando juntos por el evangelio.

Tomado de Coalición por el Evangelio.

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Por qué soy continuista

Por qué soy continuista

 Por Sam Storms

dones espirituales

Nota del editor: Vease también “el otro lado de la moneda”: Por qué soy cesacionista, por Thomas Schreiner. También pudiera leer una opinión distinta en este artículo: Fuego extraño, por José Mercado.

Entonces, ¿por qué soy un continuista? Aquí mis razones. (Tenga en cuenta que he escrito varios artículos que proporcionan evidencias más extensas para las observaciones que hago, pero las limitaciones de espacio solo me permiten mencionarlos por su nombre. Todos ellos se encuentran en mi sitio web, en inglés).

Permítanme comenzar con la presencia constante, de hecho dominante, y en todo el Nuevo Testamento (NT) de los dones espirituales. Los problemas que surgieron en la iglesia de Corinto no se debieron a los dones espirituales, sino a las personas inmaduras. No fueron los dones de Dios, pero la distorsión infantil, ambiciosa y orgullosa de dones por parte de algunos lo que llevó a las correcciones de Pablo. Por otra parte, a partir de Pentecostés, y continuando a lo largo del Libro de los Hechos, siempre que el Espíritu se derrama sobre los nuevos creyentes, ellos experimentan su charismata. No hay nada que indique que estos fenómenos se limitan a ese grupo y a ese momento. Esto parece ser algo extendido y común en la iglesia del NT. Cristianos de Roma (Ro. 12), Corinto (1 Co. 12-14), Samaria (Hechos 8), Cesarea (Hechos 10), Antioquía (Hechos 13), Éfeso (Hechos 19), Tesalónica (1 Ts. 5), y Galacia (Gálatas 3) experimentan los dones milagrosos y de revelación. Es difícil imaginar cómo los autores del Nuevo Testamento podrían haber hablado más claramente acerca de cómo debe lucir el Cristianismo del nuevo pacto. En otras palabras, la evidencia apunta en contra del cesacionista. Si ciertos dones de una clase especial han cesado, la responsabilidad de demostrarlo es del cesacionismo.

Amplia evidencia

También me gustaría señalar las numerosas evidencias del NT de los llamados dones milagrosos entre los cristianos que no son apóstoles. En otras palabras, muchos hombres no apostólicos y mujeres, jóvenes y viejos, en toda la amplitud del Imperio Romano, ejercieron sistemáticamente estos dones del Espíritu (y Esteban y Felipe ministraron en el poder de señales y prodigios). Otros, que ejercían los dones milagrosos, aparte de los apóstoles, incluyen (1) los 70 que fueron enviados en Lucas 10:0919-20, (2) al menos 108 personas, entre los 120 que estaban reunidos en el aposento alto en el día de Pentecostés, (3) Esteban (Hechos 6-7), (4) Felipe (Hechos 8), (5) Ananías (Hechos 9), (6) miembros de la iglesia en Antioquía (Hechos 13), (7) conversos anónimos en Éfeso (Hechos 19:06), (8) la mujer en Cesárea (Hechos 21:8-9), (9) los hermanos sin nombre de Gálatas 3:5, (10) los creyentes en Roma (Romanos 12:6-8), (11) los creyentes en Corinto (1 Corintios 12-14); y (12) los cristianos de Tesalónica (1 Ts. 5:19-20). También hay que dar espacio a la explícita y frecuentemente repetida intención de los charismata: esto es, la edificación del cuerpo de Cristo (1 Cor. 12:0714:0326). Nada de lo que leo en el NT o veo en la condición de la iglesia en cualquier época, pasada o presente, me lleva a creer que hemos progresado más allá de la necesidad de la edificación, y por tanto más allá de la necesidad de la contribución de los charismata. Admito libremente que los dones espirituales son esenciales para el nacimiento de la iglesia, pero ¿por qué habrían de ser menos importantes o necesarios por causa de su continuo crecimiento y maduración? También existe la continuidad fundamental o la relación espiritualmente orgánica entre la iglesia en Hechos y la iglesia en siglos posteriores. Nadie niega que fue una época o período de la iglesia primitiva que podríamos llamar “apostólica”. Debemos reconocer la importancia de la presencia física y personal de los apóstoles y su papel único en sentar las bases de la iglesia primitiva. Pero en ninguna parte del Nuevo Testamento se sugiere que ciertos dones espirituales estaban ligados única y exclusivamente a ellos, o que los dones cesaron cuando los apóstoles murieron. La iglesia universal o cuerpo de Cristo que fue establecido y dotado por el ministerio de los apóstoles es la misma iglesia universal y el cuerpo de Cristo hoy. Estamos juntos con Pablo y Pedro y Silas y Lydia y Priscila y Lucas, todos miembros del mismo cuerpo de Cristo. Muy relacionado con el punto anterior es lo que Pedro dice en Hechos 2 con relación a los llamados dones milagrosos como característica de la nueva era del pacto de la iglesia. Como ha dicho Don Carson, “La venida del Espíritu no se asocia únicamente con el amanecer de la nueva era, pero con su presencia, no sólo con el Pentecostés, pero con todo el período desde Pentecostés hasta el regreso de Jesús el Mesías” (ShowingtheSpirit , 155). O, de nuevo, los dones de profecía y de lenguas (Hechos 2) no se presentan como meramente inauguradores de la nueva era de pacto, sino como lo que lo caracteriza (y no olvidemos que la actual era de la iglesia = los “últimos días”). También hay que tomar nota de 1 Corintios 13:8-12. Aquí Pablo afirma que los dones espirituales no “pasarán” (vv. 8-10) hasta la llegada de lo “perfecto”. Si lo “perfecto” es de hecho la consumación de los propósitos redentores de Dios, como se expresa en el cielo nuevo y la tierra nueva después del regreso de Cristo, podemos confiadamente esperar que continúe la bendición y el empoderamiento de la iglesia con los dones hasta ese momento. Un punto similar se hace en Efesios 4:11-13. Allí Pablo habla de los dones espirituales (junto con el oficio de apóstol), y, en particular, los dones de profecía, evangelismo, pastorado, y maestro, como la construcción de la iglesia “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y de la conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (v. 13; cursivas mías). Dado que esto último con toda seguridad aún no ha sido alcanzado por la iglesia, podemos anticipar con confianza la presencia y el poder de tales dones hasta que llegue ese día. También me gustaría señalar la ausencia de cualquier noción explícita o implícita de que debemos ver los dones espirituales de manera diferente de lo que vemos otras prácticas del NT y de ministerios retratados como algo esencial para la vida y el bienestar de la iglesia. Cuando leemos el Nuevo Testamento, parece evidente que la disciplina de la iglesia debe ser practicada en nuestras asambleas de hoy, y que debemos celebrar la Santa Cena y el agua en bautismo, y que los requisitos para el cargo de anciano como se establece en las epístolas pastorales siguen determinando cómo debe ser la vida en la iglesia, sólo por mencionar algunos. ¿Qué buenas razones teológicas o exegéticas se pueden dar de por qué debemos tratar a la presencia y operación de los dones espirituales de manera diferente?

Testimonio coherente

Contrario a la creencia popular, hay un testimonio coherente en la mayor parte de la historia de la iglesia en relación a la operación de los dones milagrosos del Espíritu. Simplemente no es el caso de que los dones cesaron o desaparecieron de la vida de la iglesia temprana después de la muerte del último apóstol. El espacio no me permite citar la masiva evidencia en este sentido, por lo que lo refiero a cuatro artículos que escribí con una extensa documentación (ver ” Los dones espirituales en Historia de la Iglesia”). Cesacionistas a menudo argumentan que las señales y prodigios, así como ciertos dones espirituales, solo sirvieron para confirmar o autenticar a los apóstoles, y que cuando los apóstoles murieron estos dones terminaron. El hecho es que ningún texto bíblico (ni siquiera Heb. 2:04 o 2 Cor. 12:12, dos textos que explico en los artículos aquí)  dice que señales y milagros o dones espirituales de un tipo en particular autentican los apóstoles. Señales y prodigios autenticaron a Jesús y el mensaje apostólico acerca de Él. Si las señales y maravillas fueron diseñados exclusivamente para autenticar apóstoles, no tenemos ninguna explicación de por qué los creyentes no apostólicos (como Felipe y Esteban) estaban facultados para realizarlas (véase especialmente 1 Cor. 12:8-10, donde el “don” de la “milagros”, entre otros, se le dio a los creyentes comunes, no apostólicos). Por lo tanto, esta es una buena razón para ser un cesacionista solo si se puede demostrar que la autenticación o certificación del mensaje apostólico fue la única y exclusiva finalidad de tales demostraciones de poder divino. Sin embargo, en ningún lugar en el Nuevo Testamento es reducido a certificación el propósito o función de lo milagroso. Los milagros, en cualquier forma, sirvieron para otros varios propósitos distintos: doxológicos (para glorificar a Dios: Juan 2:119:0311:0411:40, y Mateo 15:29-31.); Evangelístico (para preparar el camino para que el evangelio sea dado a conocer: vea Hechos 9:32-43); pastoral (como expresión de la compasión y el amor y el cuidado de las ovejas: Mateo. 14:14Marcos 1:40-41), y edificación (para edificar y fortalecer a los creyentes: 1 Corintios 12:07 y el “bien común”, 1 Cor. 14:3-526). Todos los dones del Espíritu, ya sean lenguas o enseñanza, de profecía o de misericordia, curación o ayuda, se les dio (entre otras razones) para edificación, construcción, aliento, instrucción, consolación, y santificación del cuerpo de Cristo. Por lo tanto, incluso si el ministerio de los dones milagrosos para atestiguar y autenticar ha cesado (punto que admito solo por el bien del argumento), tales dones continuarían funcionando en la iglesia por las otras razones mencionadas.

Todavía final y suficiente

Tal vez la objeción más frecuentemente escuchada de parte de los cesacionistas es que el reconocimiento de la validez de los dones de revelación, como la profecía y la palabra de sabiduría, terminarían socavando la firmeza y la suficiencia de las Sagradas Escrituras. Pero este argumento se basa en la falsa suposición de que estos dones nos proporcionan verdades infalibles iguales en autoridad al texto bíblico en sí (ver mi artículo “¿Por qué la profecía del NT no da lugar a las palabras de revelación ‘de la calidad de las Escrituras”). También se escucha la apelación cesacionista a Efesios 2:20, como si en este texto se describen todos los posibles ministerios proféticos. El argumento es que los dones de revelación, como la profecía, estaban vinculados únicamente a los apóstoles y, por tanto, diseñados para funcionar solo durante el llamado período fundacional de la iglesia primitiva. Me dirijo a este enfoque, fundamentalmente erróneo, aquí . Un examen detallado de la evidencia bíblica concerniente tanto a la naturaleza del don profético, así como su amplia distribución entre los cristianos indica que hubo mucho más de este don que simplemente los apóstoles imponiendo la fundación de la iglesia. Por lo tanto, ni el paso de los apóstoles, ni el movimiento de la iglesia más allá de sus años fundacionales, tiene influencia alguna sobre la validez de la profecía hoy. También se oye a menudo el llamado “argumento de grupo”, según el cual los fenómenos sobrenaturales y milagrosos fueron supuestamente concentrados o agrupados en períodos únicos en la historia redentora. He abordado este argumento en otro lugar y he demostrado que es totalmente falso. Por último, aunque no es técnicamente una razón o argumento para ser un continuista, no puedo pasar por alto la experiencia. El hecho es que he visto todos los dones espirituales en funcionamiento, probados, confirmados, y experimentados de primera mano en innumerables ocasiones. Como se ha indicado, esto es una razón inferior para convertirse en un continuista, siendo más una confirmación de la validez de esa decisión. La experiencia, al margen del texto bíblico, prueba poco. Pero la experiencia ha de tenerse en cuenta, sobre todo si muestra o encarna lo que vemos en la Palabra de Dios.

Publicado originalmente el 23 de Enero para TheGospelCoalition. Traducido por Patricia Namnún.

Sam Storms es el pastor principal de predicación y visión en la Iglesia Bridgeway, en Oklahoma City, Oklahoma.

 

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Por qué soy cesacionista

Por qué soy cesacionista

Por: Thomas Schreiner

dones espirituales

Nota del editor: Véase también “el otro lado de la moneda”: Por qué soy continuista, por Sam Storms. También pudiera leer una opinión distinta en este artículo: Fuego extraño, por José Mercado.

No estoy escribiendo sobre este tema porque tenga la respuesta final sobre los dones espirituales, puesto que es una cuestión difícil, y cristianos que aman a Dios y a la Biblia están en desacuerdo. Los lectores deben saber que Sam Storms y yo somos amigos. Nos amamos unos a otros, a pesar de que diferimos en un tema secundario o terciario, mientras que al mismo tiempo defendemos la importancia de la verdad. Con los años me he convencido de que algunos de los llamados dones carismáticos ya no se dan y que no son una característica regular de la vida en la iglesia. Pienso, en particular, en los dones de apostolado, profecía, lenguas, sanación y milagros (y tal vez de discernimiento de los espíritus). ¿Por qué iba alguien a pensar que algunos de los dones se han retirado? Voy a argumentar que dicha lectura se ajusta mejor a la Escritura y la experiencia. La Escritura tiene prioridad sobre la experiencia, ya que es la autoridad final; pero la Escritura también debe correlacionarse con la vida, y nuestras experiencias nos deben provocar a asegurarnos de si hemos leído la Biblia correctamente. Ninguno de nosotros lee la Biblia en el vacío, y por lo tanto tenemos que volver a las Escrituras varias veces para asegurarse de que la hemos leído con fidelidad.

El fundamento de los apóstoles y los profetas

Pablo dice que la iglesia está edificada “sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas” (Efesios 2:20). Llego a la conclusión de que todo lo que necesitamos saber para la salvación y la santificación se ha dado a nosotros a través de la enseñanza de los apóstoles y profetas, y que esta enseñanza se encuentra ahora en las Escrituras. Ahora que Dios ha hablado en los últimos días a través de su Hijo (Hebreos 1:2), no necesitamos más palabras de Él para explicar lo que Jesucristo ha hecho en su ministerio, muerte y resurrección. En lugar de ello, debemos exhortarnos “a contender ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos” a través de los apóstoles y profetas (Judas 3). Para decirlo de otra manera, ya no tenemos apóstoles como Pablo y Pedro y Juan. Nos dieron la enseñanza autoritativa por la cual la iglesia sigue viviendo hasta nuestros días, y que es la única enseñanza que necesitaremos hasta que Jesús regrese. Sabemos que nuevos apóstoles no aparecerán, ya que Pablo dice específicamente que él era el último de los apóstoles (1 Corintios 15:8). Y cuando Jacobo, hermano de Juan, murió (Hechos 12:2), no fue reemplazado. Apóstoles, en el sentido técnico, se limitan a los que han visto al Señor resucitado y han sido comisionados por Él, y nadie desde los tiempos apostólicos se ajusta a estos criterios. Los apóstoles fueron designados exclusivamente para los primeros días de la iglesia para establecer la doctrina ortodoxa.

No hay justificación, entonces, en decir que todavía hay apóstoles hoy. De hecho, si alguien dice hoy ser un apóstol, deberíamos estar preocupados, porque tal afirmación abre la puerta a la enseñanza falsa y al abuso de autoridad. Si el don del apostolado ha terminado, entonces otros dones pueden haber cesado también, ya que el fundamento ha sido puesto por los apóstoles y profetas (Efesios 2:20). Llego a la conclusión de este punto que el don de la profecía ha terminado también, porque los profetas identificados aquí son el mismo tipo mencionado en otra parte (cf. 1 Cor 12:28Ef 3:54:11). Las primeras iglesias no tenían el canon completo de las Escrituras durante algún tiempo, y por lo tanto era necesario un ministerio profético autoritario e infalible para sentar las bases para la iglesia en esos primeros días.

El argumento bíblico más importante en contra de lo que estoy diciendo es la afirmación de que el Nuevo Testamento (NT) se diferencia de la profecía del Antiguo Testamento (AT), porque algunos dicen que la profecía del AT es infalible pero la profecía del NT se mezcla con el error. Pero la idea de que los profetas del Nuevo Testamento podrían cometer errores no es convincente por varias razones.

1) El peso de la prueba recae sobre aquellos que dicen que la profecía en el Nuevo Testamento es de una naturaleza diferente a la profecía en el Antiguo Testamento. Los Profetas en el Antiguo Testamento solo se consideraron profetas de Dios si eran infalibles (Deut. 18:15-22), y lo mismo es casi seguro en el NT.

2) La amonestación para juzgar las profecías en lugar de los profetas (1 Cor. 14:29-321 Ts. 5:19-20) es a menudo adjudicado a que el don es diferente en el NT. Pero este argumento no es convincente, porque la única manera de juzgar profetas en ambos Testamentos es por sus profecías. Solo sabemos que los profetas no son de Dios si sus profecías son falsas o si sus palabras contradicen las enseñanzas bíblicas.

3) No tenemos ejemplo de un profeta del NT que se equivocó. Agabo no se equivocó al profetizar que Pablo estaría atado por los Judíos y entregado a los romanos (Hechos 21:10-11). Decir que erró exige más precisión de lo que las profecías justifican. Por otra parte, después de que Pablo fue detenido, apeló a las palabras de Agabo, diciendo que fue entregado a los romanos por los Judíos (Hechos 28:17), así que está claro que no creía que Agabo cometió un error. Agabo habló las palabras del Espíritu Santo (Hechos 11:28;21:11), así que no tenemos ejemplo en el Nuevo Testamento de profetas cuyas profecías se mezclaron con error. Algunos objetan que mi visión de la profecía es desviada ya que había cientos y miles de profecías en tiempos del NT que nunca llegaron a ser parte del canon. Esa objeción no es convincente, sin embargo, porque lo mismo era cierto en el Antiguo Testamento. La mayor parte de las profecías de Elías y Eliseo nunca fueron escritas. O podemos pensar en los 100 profetas escondidos por Abdías (1 Reyes 18:4). Al parecer ninguna de sus profecías fueron parte de la Escritura. Sin embargo, las profecías eran del todo ciertas y sin mezcla de error, o de lo contrario no habrían sido profetas (Deut. 18:15-22). El mismo principio se aplica a las profecías de los profetas del NT. Sus palabras no se registran para nosotros, pero si eran verdaderamente profetas entonces sus palabras eran infalibles.

Lo que algunas personas hoy en día llaman “profecías” son en realidad impresiones de Dios. Él puede usar impresiones para guiar y conducirnos, pero no son infalibles, y siempre deben ser probadas por las Escrituras. También debemos consultar con consejeros sabios antes de actuar en tales impresiones. Yo amo a mis hermanos y hermanas carismáticos, pero lo que ellos llaman “profecía” de hoy no es en realidad el don bíblico de profecía. Impresiones dadas por Dios no son lo mismo que las profecías.

¿Qué pasa con las lenguas?

El don de lenguas es un problema más difícil. En Hechos (2:1-4; 10:44-48; 19:1-7) este don significa que la época de cumplimiento ha llegado a donde se están cumpliendo las promesas del pacto de Dios. 1 Corintios 14:1-5 y Hechos 2:17-18 también sugieren que interpretar (o entender) lenguas son equivalentes a la profecía. Parece, entonces, que la profecía y las lenguas están estrechamente relacionadas. Si la profecía ha dejado de existir, entonces, las lenguas probablemente han terminado también. Además, está claro a partir de Hechos que el don implica el hablar en lenguas extranjeras (Hechos 2), y Pedro enfatiza en el caso de Cornelio y sus amigos que los gentiles recibieron el mismo don que los Judíos (Hechos 11:16-17). Tampoco es convincente decir que el don en 1 Corintios 12-14 es de una naturaleza diferente (es decir, expresiones de éxtasis). La palabra lenguas (glossa) indica un código lingüístico, un lenguaje estructurado, no vocalización al azar y libre. Cuando Pablo dice que nadie entiende a los que hablan en lenguas, ya que pronuncian misterios (1 Cor. 14:2), él no está sugiriendo que el don es diferente de lo que encontramos en Hechos. Aquellos que escucharon las lenguas en Hechos entendían lo que decían porque sabían los lenguajes que los apóstoles estaban hablando. Si no se conoce el idioma, entonces el orador de la lengua habla misterios. Tampoco 1 Corintios 13:1 (lenguas de ángeles) apoya la idea de que el don de lenguas consiste en expresiones extáticas. Pablo usa la hipérbole en 1 Corintios 13:1-3. Él exagera claramente cuando se refiere al don de profecía (1 Cor. 13:2), porque nadie que profetiza conoce “todos los misterios y toda ciencia”.

Creo que lo que está sucediendo en los círculos carismáticos hoy, con respecto a las lenguas, es similar a lo que vimos con la profecía. El don es redefinido para incluir la vocalización libre, y entonces la gente dice tener el don descrito en las Escrituras. Al hacerlo, redefinen el don para dar cabida a la experiencia contemporánea. Entonces ¿son demoníacas las lenguas contemporáneas? No lo creo. Estoy de acuerdo con JI Packer, que la experiencia es más una forma de relajación psicológica.

Milagros y sanidades

¿Qué pasa con los milagros y sanidades? En primer lugar, creo que Dios todavía sana y hace cosas milagrosas, y debemos orar por tales. La Escritura no es tan clara en este asunto, y por lo tanto estos dones podrían existir hoy. Sin embargo, la función principal de estos dones era acreditar el mensaje del evangelio, lo que confirma que Jesús era Señor y Cristo. Dudo que el don de milagros y sanidades existe hoy en día, ya que no es evidente que los hombres y mujeres en nuestras iglesias tienen tales dones. Ciertamente, Dios puede sanar, y a veces lo hace, pero ¿dónde están las personas con estos dones?

Las afirmaciones de milagros y sanidades deben ser verificadas, así como el pueblo verificó la sanidad del ciego en Juan 9. Hay una especie de escepticismo bíblicamente justificado. Ahora, ¿es posible que Dios en situaciones misioneras de vanguardia conceda milagros y señales y prodigios, para acreditar el evangelio como lo hizo en los tiempos apostólicos? Sí. Pero eso no es lo mismo que tener estos dones como un elemento habitual en la vida actual de la iglesia. Si las señales y milagros de los apóstoles regresaron, deberíamos ver a los ciegos recibir su vista, los cojos andar, y los muertos resucitar. Dios sana hoy (a veces de manera espectacular), pero la sanidad de los resfriados, la gripe, articulaciones, el estómago y problemas de espalda, y así sucesivamente, no están en la misma categoría que las sanidades que se encuentran en las Escrituras. Si las personas realmente tienen el don de sanidad y milagros hoy en día, tienen que demostrar tales al hacer las clases de sanidades y milagros que se encuentran en la Biblia.

¿Contradice 1 Corintios 13:8-12 a su opinión?

Vamos a considerar una objeción a la idea de que algunos de los dones han cesado. ¿Enseña 1 Corintios 13:8-12 que los dones perduran hasta que Jesús venga otra vez? Ciertamente este texto enseña que los dones podrían durar hasta que Jesús regrese. No hay enseñanza definitiva en la Biblia de que han cesado. Incluso, podríamos esperar que duren hasta la segunda venida. Pero vemos indicios de Efesios 2:20 y otros textos que los dones han desempeñado un papel fundamental. Concluyo, entonces, que 1 Corintios 13:8-12 permite, pero no requiere, que los dones continúen hasta la segunda venida. Y los dones, tal como se practican hoy en día, no encajan con la descripción bíblica de estos dones. Por razones como estas, los reformadores y la mayor parte de la tradición protestante hasta el Siglo XX creyeron que los dones habían cesado. Llego a la conclusión de que tanto la Escritura y la experiencia verifican su afirmación sobre el asunto.

Publicado originalmente el 23 de Enero 2013 para The Gospel Coalition. Traducido por Armando Valdez

*Thomas Schreiner es profesor de interpretación de Nuevo Testamento y decano adjunto de interpretación de la Escritura para The Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Kentucky.​

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12 Frases de Charles Spurgeon

Frases Spurgeon

 

12 Frases de Charles Spurgeon

 

Si no corto diariamente la hierba del orgullo, a la semana la tengo en el cuello. – Charles Spurgeon

La justicia propia es evidentemente maligna, pues No toma en serio el Pecado. – Charles Spurgeon.

Toda nuestra fuerza nos abandonaría al instante si fuéramos desamparados, Padre, por ti; Nada podría servirnos teniendo ese vacio, Y nuestra derrota segura seria. – Charles Spurgeon.

Cuan a menudo el Señor ha enseñado a sus siervos su propia verdad en la escuela de la tribulación. – Charles Spurgeon.

¡Oh, no descanses hasta que el amor y la fe en Jesús sean pasiones dominantes de tu alma!~ Charles Spurgeon

Nunca harás un misionero de la persona que no hace ningún bien en casa – Charles Spurgeon

La  gracia de Dios no puede ser desechada; su eterno propósito será cumplido, su sacrificio y su sello serán eficaces. Jesús no murió en vano. – Charles Spurgeon.

El juicio de los hombre sobre ti, en muerte o en vida No debe preocuparte, pues qué importancia tiene? Nadie puede lesionar tu carácter real sino tú mismo, y si eres capacitado para Mantener Limpias tus Ropas, el resto no es digno de la menor consideración. – Charles Spurgeon.

Dios no escoge cobardes desprovistos de agallas para que lleven la gloria de Él en sus rostros. Tenemos muchos hombres hechos de azúcar actualmente, que se funden en la corriente de la opinión pública; y esos nunca ascenderán al monte del Señor, ni morarán en su lugar Santo, ni llevarán la representación de su gloria.
~ Charles Spurgeon

“El que no sirve a Dios en donde se encuentra, no servirá a Dios en ninguna otra parte.” – Charles Spurgeon.

Si Él tratara siempre con nosotros como lo hace algunas veces, decaeríamos sin tardanza, y descenderíamos sin esperanza a las puertas de la muerte. ¡Valor, querido corazón! El Señor pronto pondrá término a Su reprimenda.- Charles Spurgeon.

 

Aguanta, pues el Señor te sostendrá, y te transportará. El que te creó sabe cuán frágil eres, y cuán poco puedes soportar. Él manejará tiernamente lo que creó tan delicadamente. Por tanto, no tengas temor por causa del doloroso presente, pues se desliza rápidamente hacia un jubiloso futuro. El que te afligió te sanará; Su pequeña ira será seguida por grandes misericordias. – Charles Spurgeon.

¿Quién fue Charles Spurgeon? (Kelvedon, 19 de junio de 1834 – Alpes Marítimos, 31 de enero de 1892) fue un pastor bautista británico. Aún es conocido por la gente como el “Príncipe de los Predicadores” Además, a lo largo de su vida, Spurgeon evangelizó alrededor de 10 millones de personas y a menudo predicaba 10 veces a la semana en distintos lugares. Sus sermones han sido traducidos a varios idiomas y actualmente, existen más libros y escritos de Spurgeon que de cualquier otro escritor Cristiano de la historia de la iglesia Tanto su padre, como su abuelo fueron pastores puritanos, quienes lo criaron en un hogar de principios Cristianos.

  Spurgeon

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