Soldado de Jesucristo

Soli Deo Gloria

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Te amo y tengo terribles noticias para ti

El término evangelio que encontramos en el Nuevo Testamento proviene de una palabra compuesta que se escribe: eu (buen) aggelos (mensaje). Es decir, un buen mensaje o una buena nueva. Cuando Pablo usaba esta palabra, hacía referencia a las buenas noticias acerca de Jesucristo (Rom. 1:3). Por eso, la palabra ‘evangelio’ se refiere a las buenas noticias de la obra de Dios en Cristo para salvar a los hombres de sus pecados. Es el anuncio de la encarnación, muerte, sepultura y resurrección de Jesús (1 Corintios 15:3-4) y de los beneficios que este sacrifico otorga por la sola fe en Jesucristo (Rom 3:22-25). No obstante, la claridad que tengamos de las buenas noticias es proporcional al entendimiento que tengamos acerca del pecado y sus consecuencias. Las buenas noticias brillan más cuando estamos conscientes de las malas.

Para eso debemos hacer una consideración bíblica acerca de la condición en la que nos encontramos a causa del pecado. Vamos a mirar hasta donde nos afectó la caída de Adán para desde allí tener una comprensión más clara de Cristo, de la cruz y del Evangelio. Para el efecto vamos a dividir en cuatro las realidades que representan nuestra naturaleza caída: Las malas noticias

1. El hombre es pecador desde que nace

El apóstol Pablo nos recuerda que por la desobediencia de Adán, todos los hombres “fueron constituidos pecadores” (Rom. 5:19). Nadie puede objetar a este decreto divino. El hombre es un pecador desde que nace. Juan Calvino se refirió al pecado de Adán como a una “infección” que se transmitió a todo el género humano. Ninguna persona queda excluida: todos quedamos incluidos en esta ordenación divina. Todo hombre es un pecador desde que nace. Por eso es muy pertinente la famosa expresión “no somos pecadores porque pecamos, más bien pecamos porque somos pecadores”. Esta es nuestra condición, y es una mala noticia.

2. El hombre está separado y enemistado con Dios

A causa del pecado, el hombre está separado de Dios. Moisés nos dice que por su desobediencia Adán fue expulsado del huerto (Gn. 3:24). El profeta Isaías le anunció a Israel “…vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios…” (Is. 59:2). El apóstol Pablo también le dijo a los romanos, hablando de nuestra separación con el Señor, que “todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios (Rom. 3:23). El hombre fue separado, alejado y destituido de la gloria divina. Sin embargo, esta separación no es pasiva ni amistosa. Al contrario, nuestra relación con Dios es de una abierta enemistad y total hostilidad. El hombre es un enemigo de Dios (Rom. 5:10Col. 1:21) y lo aborrece (Rom. 3:21). A esto debemos añadir esa resistencia que Dios mismo tiene hacia el pecador por su pecado. Por eso el salmista oraba al Señor y le decía “…aborreces a todos los que hacen iniquidad” (Sal. 5:5). La mala noticia no solo es que somos pecadores, sino que estamos alejados de Dios y enemistados con él.

3. El pecado merece muerte y condenación

Pablo ha dicho “…la paga del pecado es muerte” (Rom. 6:23). La consecuencia necesaria del pecado es muerte. El pecado debe ser castigado con la muerte. Todos los hombres vamos a ser juzgados y rendiremos cuentas por nuestros pecados (1 Ped. 4:5Heb. 9:27). Ahora bien, no debemos olvidar que desde el nacimiento, estamos en un estado de culpa y condenación ante Dios (Rom. 5:18). El hombre nace culpable, y se incrementa su culpabilidad con los pecados cometidos. La ira de Dios permanece contra los pecadores (Jn. 3:36) por haber desafiado Su santidad y por haber amado las tinieblas (Jn. 3:19). Hemos provocado Su ira y hemos ofendido Su santidad. Somos pecadores desde que nacemos; estamos alejados de Dios y enemistados con él, y con la terrible expectación de la muerte y condenación eterna. Hasta aquí las malas noticias solo han empeorado.

4. El hombre no puede hacer nada para salvarse

Quizá entre las realidades mencionadas hasta ahora, esta última  presenta una dificultad insuperable: el hombre no puede hacer nada para salvarse. Y es que la consecuencia inmediata del pecado es la muerte espiritual. De acuerdo a la Biblia, los hombres estamos muertos en nuestros delitos y pecados (Ef. 2:1). Jesús dijo que nadie puede acercarse a él a menos que el Padre los atraiga (Jn/ 6:44). Y esto no es una condición, sino más bien una declaración de la incapacidad humana. El mismo Pablo en otro lugar dijo que “los que están en la carne no pueden agradar a Dios” (Rom. 8:8). Estos son solo algunos textos que demuestran que el hombre está muerto espiritualmente, incapaz e impotente de hacer algo. El hombre no puede acercarse a Dios por sí mismo. ¿Por qué? Porque está muerto. En él no hay habilidad, capacidad ni fortaleza para salvarse. Por eso Pablo decía que “éramos débiles” (Rom. 5:6) en el sentido que somos frágiles e incapaces de obtener el favor divino.

En resumen, el hombre es un pecador desde que nace, está separado y enemistado con Dios, su pecado merece muerte y condenación eterna porque ha provocado la ira divina y no puede hacer nada para salvarse porque está muerto espiritualmente. Este es el terrible panorama. Este es el diagnóstico. Así se encuentra toda la humanidad sin Cristo. Estas son las malas noticias.

Solo entonces, al entender esto, el anuncio de la obra de Dios en la persona de Cristo es considerada una buena y gloriosa noticia para los pecadores. Desde aquí la oscuridad de nuestro pecado se encuentra con luz del evangelio. La profundidad de nuestra corrupción es cambiada por las alturas de la redención, y el quebranto de nuestra iniquidad encuentra un bálsamo con las buenas nuevas de salvación.

Desde aquí, la gloria del evangelio resplandece con su brillo para darnos la esperanza del perdón y de la vida eterna, porque cuando comprendemos las malas noticias, los hombres corremos a la cruz.

Tomado de: Coalición por el evangelio

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Los ateos no tienen fundamento para la moralidad

ateoPor Randy Alcorn

Hace muchos años que tomé una secuencia de clases de filosofía de la universidad impartidas por un ateo agradable. El curso de ética me resultó sumamente interesante. Cada vez que llegábamos a la pregunta de por qué el profesor creía que algo era correcto o incorrecto, él solo podía decir que le “parecía” que era mejor, que le “parecía” que ayudaba a la mayoría personas. En otras palabras, siempre se reducía a su preferencia personal. 30 de nosotros nos sentamos en esa clase de ética, todos con nuestras propias preferencias personales, muchas mezcladas con la corriente de la cultura popular.

He hablado con personas cuya ética ha evolucionado con el tiempo, que ahora creen que cualquier sexo consensual entre adultos es moral. El adulterio es sexo consensual, entonces, ¿es moral? “Bueno, sí” algunos se convencen a sí mismos, “Siempre y cuando cometan adulterio con una persona a quien amen de verdad”. Pero, ¿qué tan moral es este mismo adulterio a los ojos de la esposa traicionada? Esta subjetividad desesperada no es un marco moral en absoluto.

Escoger conductas morales porque te hacen sentir feliz puede tener sentido, al estilo de Bertrand Russell / Sam Harris, pero, ¿qué si te hace sentir feliz torturar animales o matar Judíos o robarle a tu empleador?

“Usted no entiende” dice alguien, “Nosotros los ateos no basamos nuestra moralidad en las preferencias personales, sino en los juicios de la sociedad en conjunto, según lo que beneficia a la mayoría”. Pero, ¿cómo ayuda esto al argumento? ¿Qué pasa si en nuestra clase de treinta estudiantes, dieciséis de nosotros realmente quisiéramos matar al profesor? ¿Sería eso bueno? ¿O qué si la mayoría de una nación entera pensara que es mejor liquidar una parte de esa población? ¿Sería eso bueno? ¿Y si el 51 por ciento de la población mundial decidiera destruir América del Norte? ¿Sería eso bueno?

Tampoco ayuda afirmar la autoridad de algún grupo de las “élites” que supuestamente tiene un sentido moral más fino. La historia nos enseña que los grupos de élite suelen llamar bueno cualquier cosa que estén dispuestos a hacer.

Si no hay un Dios que nos haya creado para un propósito eterno, y no hay un Dios que nos vaya a juzgar; si no hay un Dios que haya revelado sus normas y no hay Dios que informe nuestras conciencias, entonces ciertamente cualquier moralidad que forjemos por nuestra cuenta, en última instancia constituirá un reflejo de nuestras propias opiniones subjetivas, las cuales cambiarán con los tiempos.

Decir que el Holocausto o que el abuso infantil están mal es un juicio moral. Pero este juicio no tiene sentido sin un estándar para medir. ¿Por qué están mal el Holocausto y el abuso infantil? ¿Porque implican sufrimiento? ¿Porque otras personas han dicho que está mal? Sentirlo o decirlo no lo hace malo.

William Lane Craig dice en la ReasonableFaith (La fe razonable): “Si Dios no existe, entonces la vida objetivamente carece de sentido; pero el hombre no puede vivir de manera consistente y feliz sabiendo que la vida no tiene sentido; de modo que para ser feliz pretende que la vida tiene sentido… En un universo sin Dios, el bien y el mal no existen, solo existe el simple hecho sin valor de la existencia, y no hay nadie que pueda decir que tienes razón y yo estoy equivocado”.

Solo tenemos una buena base para los juicios morales: la existencia de normas objetivas basadas en puntos de referencia inmutables que están fuera de nosotros mismos. La opinión personal se queda muy corta.

Después de todo, los nazis y los violadores tienen sus opiniones también.

Video recomendado: Ravi Zacharias ¿Por qué le temen a la moral subjetiva?


Publicado originalmente para EPM. Traducido por Daniel Lobo.

Randy Alcorn es el autor de más de 40 libros y también el fundador y director de Ministerios Eterna Perspectiva. Él ama a Jesús, su esposa Nanci, sus hijos, y sus cinco nietos.

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El esquema de satanás

Satanás convocó a una convención mundial. En su discurso a sus ángeles malignos les dijo: “No podemos impedir que los cristianos asistan a la iglesia. No podemos impedir que lean su Biblia y conozcan la verdad, ni alejarlos de los valores fundamentales. Pero podemos hacer otra cosa. Podemos impedir que tengan una experiencia íntima con Cristo. Si ellos logran esa conexión con Cristo, nuestro poder sobre ellos se rompe. Así que dejen que asistan a la Iglesia. Dejen que tengan ese estilo de vida cristiano. Pero roben su tiempo para que no puedan ganar experiencias con Cristo. Eso es lo que quiero que hagan. ¡Distráiganlos de obtener un encuentro con su Salvador y mantener una conexión vital durante el día!”

¿Cómo lo haremos? – Gritaron sus ángeles.

“Manténganlos ocupados en lo no-esencial de la vida e invéntense un sin número de esquemas para ocupar sus mentes”- dijo Satanás. “Tiéntenlos a gastar, gastar, gastar, después de pedir prestado, prestado, prestado. Convenzan a las esposas que salgan a trabajar y los esposos a trabajar 6 ó 7 días a la semana, 10 ó 12 horas al día, para que ellos puedan mantener sus estilos de vida. Que no puedan dedicar tiempo a sus hijos. Mientras sus familias se fragmentan, pronto sus hogares no podrán proveer escape a las presiones del trabajo. Sobré estimulen sus mentes para que no puedan escuchar esa Voz indecible. Instíguenlos a escuchar la radio, y el casete mientras conducen el automóvil. Mantener prendido el televisor, el VCR, el DVD y el CD a toda hora en todos sus hogares. Y asegúrense que en cada tienda o restaurante en todo el mundo toquen música constantemente. Eso enredará sus mentes y romperá la unión con Cristo.

Llenen sus mentes con revistas y periódicos. Bombardeen sus mentes con noticias 24 horas al día. Invadan los momentos en el volante con carteles de anuncios. Inunden sus buzones postales con correo desechable, con concursos, catálogos y toda clase de literatura ofreciendo productos gratis, servicios y falsa esperanza. Aún cuando recreen, dejen que sea excesivos. Permitan que regresen a sus casas exhaustos, inquietos y no preparados para la semana que se aproxima. No permitan que visiten la naturaleza. Envíenlos a parque de diversiones, eventos deportivos, conciertos y cines. Cuando se reúnan para compañerismo espiritual envuélvanlos en chismes y cuentos para que se retiren con un cargo de conciencia y emociones poco estables. Dejen que se envuelvan en ganar almas. Pero inunden sus vidas con tantas buenas obras que no tengan tiempo de buscar el poder de Cristo. Pronto ellos estarán trabajando con sus propias fuerzas y sacrificando su salud y unidad familiar por el bien de la causa.” Fue una gran convención. Y al finalizar los ángeles malignos se fueron ansiosos a cumplir sus tareas de involucrar a los cristianos en todo lugar a ocuparse, ocuparse, y apresurarse aquí y apresurarse allá.

¿Ha tenido éxito el diablo en este esquema?

 

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5 Problemas con la Confesión Católica Romana

Por Jordan Standridge.

En una admisión no tan impactante Francisco anunció al mundo que los sacerdotes tienen ahora el derecho de absolver a las mujeres que han tenido un aborto y que sean perdonadas por sus pecados, siempre y cuando sean contritos. Capte esto, el Papa tiene la autoridad para decirles a los sacerdotes que ahora tienen la autoridad para perdonar el pecado del aborto. ¡Y dicen que este Papa es humilde!

Creciendo en Roma y viendo a la gente pasar por las escaleras “santas”, observándolos esperar para confesar sus pecados a hombres y muchas cosas como esta, me ha causado a llorar por la gente que está en la Iglesia católica romana. Cualquier religión que se construya sobre las espaldas de los pobres y que propaga una justicia basada en obras deben traer lágrimas y preocupación para aquellos que han experimentado la verdadera gracia. Es importante que nosotros como creyentes entendamos la verdad de por qué la confesión católica no es bíblica, no para ganar una discusión, sino con el fin de rescatar a las almas. Así que aquí hay cinco problemas con la confesión católica.

1- Los sacerdotes no pueden ver el corazón

Es fascinante ver las historias de Saúl y David. La mayoría de la gente ve sus confesiones después de ser confrontados como algo muy similar. Uno de ellos dijo “Ahora, pues, por favor, perdona mi pecado y regresa conmigo para que adore al Señor. El otro “He pecado contra el Señor.” Uno puede incluso decir que la confesión de Saúl estaba mejor redactada, pero en última instancia, ambos profetas habían venido con un mensaje claro de parte de Dios que había visto a su corazón y sabía quién estaba verdaderamente arrepentido. Los sacerdotes no pueden ver el corazón del hombre y definitivamente no son buenos jueces en cuanto a si alguien se arrepiente o no, caray, incluso si pudieran decirlo a los ojos, si una persona estaba mintiendo no se les permite la confesión católica. El hombre no es un buen juez de lo que sucede en el corazón de alguien, y ciertamente no es un buen juez de lo malo que es el pecado ya que nos encanta minimizar el pecado y magnificar la bondad del hombre.

2 – Sólo Dios puede perdonar el pecado

Los fariseos odiaban el hecho de que Jesús perdonó pecados (Mateo 9: 3). Ellos sabían que era algo que sólo al creador del universo se le permitió hacerlo. Cuando Jesús sanó al hombre paralítico los fariseos estaban dispuestos a lincharlo por haber dicho que él le perdonó su pecado. Es increíble que el Papa podría pensar que él tiene el poder de absolver a alguien del pecado, darles un poco de trabajo por hacer y enviarlos de regreso absueltos de pecado. El único que tiene el poder de perdonar los pecados es Dios mismo (1 Juan 1:9), y gracias a Dios que no nos deja a nosotros ser los jueces de si alguien merece el perdón o no.

3 – Fomenta una credulidad fácil

Después de hablar con muchos católicos es fascinante ver cuántos están confiando en tres cosas para su salvación. Su bautismo, la misa y finalmente su confesión. La idea de que se puede ir y confesar sus pecados a cambio de decir un par de Avemarías y realmente, realmente, realmente, sintiendo pena por tu pecado, propaga una mentalidad que dice que, el pecado no es tan malo y que puedo vencerlo con mis obras. No toma unos cuantos Ave María para compensar el aborto, mil no sería suficiente. Se necesita la sangre derramada de Cristo y una persona que se arrepiente de su pecado y le suplica perdón. Se necesita un corazón que no minimice el pecado sino que exponga a su creador admitir el hecho de que su pecado merece el castigo eterno en el infierno.

4 – Propaga el pecado

Ya sea que la Iglesia Católica Romana le gusta esto o no, la confesión fácil hace que las personas se endurezcan en su pecado. En lugar de tener que hablar con Dios están hablando con un ser humano que está escuchando las confesiones de la gente durante todo el día, por lo general no pueden ver tu rostro, y le da una tarea fácil de hacer para ser perdonado. Yo he escuchado decenas de católicos decir: “Iré a confesarme al sacerdote la próxima semana”, cuando hablan de su pecado. Cada vez que minimiza el pecado hasta el punto en que, el pecado ya no te maldice, usted puede pagar por ello en el purgatorio, y lo puede hacer compensar a través de acciones usted lo está propagando. Cuando el proceso de pensamiento en el momento de la tentación es “Yo puedo hacer esto y voy a decirle al sacerdote después y estaré bien” hemos creado un sistema que conduce  más y más a pecar.

5 – Se condena a la gente al infierno

En última instancia la confesión católica hace que la gente minimice el pecado y creen en un sistema en lugar de un Salvador. Despoja a la gente de hablar con el único que puede perdonarlos y hace que le hablen a un impostor vendiendo aceite de serpiente. Mi corazón se quebranta por aquellos que están atrapados en esta mentira, muchas veces he derramado lágrimas mientras caminaba en “iglesias”, viendo a la gente haciendo fila para confesar sus pecados a punto de recibir una fácil mundana a los delitos eternamente malditos , y nunca se les habló de la realidad del infierno ni de la dulce gracia de Jesucristo. Es imperativo que como creyentes conozcamos la diferencia entre el verdadero evangelio y el falso, para que podamos llevar a la gente a una relación salvadora con su creador y no a una religión basada en obras.

Espero finalmente, que un artículo como éste, haga que los cristianos no se den palmaditas en la espalda, sino más bien estén agradecidos por conocer la verdad y sentir la increíble necesidad de compartir nuestra fe con otros. Aquí está un artículo para ayudarle con eso.

 

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Completamente Dios y Completamente Hombre | John MacArthur

John MacArthur

Por John MacArthur

¿Afirmó Jesús realmente ser Dios encarnado? O, como los escépticos afirman, ¿Inventaron Sus seguidores más tarde esas afirmaciones atribuyéndoselas a El? Por fortuna, el relato bíblico de Su vida y ministerio no deja ninguna duda acerca de lo que Jesús mismo dijo ser.

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Avergonzados del evangelio John MacArthur Parte 5

 

 John MacArthur

Notas extraídas del libro:

 

– Nadie puede encontrar su camino a Dios por la razón ni llegar a Él mediante manipulación. El caso sigue siendo que “agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación”. Ese es su plan, y ha sido ordenado “en la sabiduría de Dios”.

 

– La realidad simple es que uno no puede seguir una estrategia de orientación al mercado y seguir siendo fiel a las Escrituras. Los predicadores que se preocupan por mantenerse al alcance y gusto del consumidor, no pueden predicar sin temor todo el consejo.

 

– El poder de Dios para salvación (Ro 1.16) no está en nuestras anécdotas, aplicaciones, fórmulas, chistes, títulos llamativos, bosquejos ingeniosos u otros dispositivos que inventemos, sino que es el evangelio eterno.

 

– Por las experiencias externas, el mundo creía que Pablo era un fracaso. Fue arrestado, encarcelado durante años y por último ejecutado por oficiales del Imperio Romano. No obstante incluso en esas horas tenebrosas Pablo se mantuvo fiel predicando. Cuando no podía predicar a multitudes, testificaba a los soldados que habían sido asignados para vigilarle. Si no podía ministrar en las iglesias, ministraba en las prisiones. Siempre estaba pronto y en guardia para dar el evangelio, pero nunca para hacer concesiones.

 

Portada del Libro

 

– Para el mundo el evangelio es insoportable, discordante y alarmante porque expone el pecado, condena el orgullo, convence de culpa al corazón incrédulo y muestra que la justicia humana, aún en los aspectos más bondadosos y agradables de la naturaleza humana, carecen de valor y son como trapos de inmundicia (cp Is 64.6). Afirma que los problemas reales en la vida solo se deben a nosotros mismos porque somos pecadores caídos con corazones engañosos, motivos perversos y orgullo absoluto. Esa no es la fórmula popular de ver las cosas, en particular en el ambiente psicológico que caracteriza a la sociedad actual. Llega como una mala noticia para todos los que aman el pecado, y muchos que lo escuchan por primera vez reaccionan con apatía en contra del mensajero.

 

– Algo inherente al mensaje del evangelio es el poder de un Dios omnipotente. Ese solo poder es suficiente para salvar al más vil pecador y transformar al corazón más endurecido, sin depender de la intervención de un instrumento humano con sus argumentos, ilustraciones y ocurrencias.

 

– Las personas carecen en absoluto de poder para vencer su propio pecado. El pecado es parte de nuestra naturaleza, como las manchas de un leopardo. No podemos cambiarnos a nosotros mismos. Las técnicas de autosuperación y los programas de recuperación pueden ayudar por un tiempo a los humanos para sentirse mejor consigo mismos, pero no tienen poder alguno para quitar el pecado o cambiar el corazón humano. Solo el evangelio puede hacer eso ya que es poder de Dios para salvación.

 

– El evangelio es el único mensaje que Dios usa para salvar. Hay un lugar apropiado para la persuasión, la ilustración gráfica y aplicación relevante. Sin duda alguna todo predicador o evangelista de valor siempre buscará maneras de estimular el interés de las personas, pero solo para captar y aprestar sus oídos para escuchar el evangelio. Si la verdad sencilla del evangelio no penetra el corazón, ninguna cantidad de persuasión, apremio y promoción por parte del evangelista va a llevar a una persona a la salvación.

 

– Muchos evangélicos han redefinido el evangelio en términos antropocéntricos. En lugar de proclamar a Cristo crucificado y enfocarse en la justicia de Dios, hablan acerca de las necesidades humanas. Lo cierto es que el evangelio primero que todo es un mensaje acerca de la justicia de Dios.

 

– La justicia divina es el punto  de partida y el tema del mensaje del evangelio. La justicia de Dios rechazada por la humanidad pecadora, se cumplió a perfección en Cristo encarnado. Es imputada al pecador que se arrepiente y cree en el Señor Jesús y se va a desplegar en manifestaciones prácticas en la vida del cristiano.

 

– La ira de Dios está ausente casi por completo de las presentaciones modernas del evangelio. No es conveniente ni elegante hablar de la ira de Dios contra el pecado o decirle a las personas que deberían temer a Dios. La típica presentación actual del evangelio comienza en el extremo opuesto al que Pablo presentó como punto de partida. El Apóstol escribió acerca de la “ira de Dios …  contra toda impiedad e injusticia de los hombres”, en cambio el evangelismo moderno empieza diciendo: “Dios te ama y quiere hacerte feliz”

 

– Si la historia de la iglesia nos enseña algo, es que tiempos y sociedades diferentes no requieren mensajes diferentes. Quienes predican algo que no sea el evangelio no adulterado abandonan el poder de Dios en sus ministerios.

 

– Con mucho mayor celo que todas las generaciones anteriores de cristianos, nosotros debemos cuidar el tesoro que se nos ha sido en comendado (2 Ti 1.14). no lo canjeemos por las modas y antojos de un mundo vacilante.

 

– El evangelio debe ser predicado con persuasión, urgencia y claridad. Es cierto que hay una gran necesidad de predicadores y testigos para Cristo con dones intelectuales y creativos únicos que puedan aplicar  sus capacidades comunicativas a la presentación esmerada del evangelio. De ningún modo es incorrecto el deseo de ser vigorosos, dinámicos, persuasivos e interesantes. Es natural que cualquier predicador que en realidad siente emoción por el evangelio  y tiene un compromiso firme con él, manifieste estos atributos. No obstante, su enfoque debe mantenerse fijo en el mensaje, no en el estilo. Debemos hacer del evangelio nuestro único mensaje al mundo. Después de todo, es el evangelio y no la ingeniosidad humana, la capacidad de poner todo al “alcance del público”, las técnicas audaces o la tecnología moderna, lo que en realidad es poder de Dios para salvación para salvación de todos los que creen.

 

Próximamente estaré publicando más notas que extraje de este libro, así que estén pendientes. Ya puedes leer la Primera Parte, Segunda Parte, Tercera Parte, Y la Cuarta Parte de estas notas. Si te ha sido de bendición esta publicación te invito a compartirla con tus redes sociales.

* John MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church. Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo. Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

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La gente odia la Biblia…

Biblia

La gente odia la Biblia… ¡Habla en contra de ellos! Los hombres odian la Biblia porque les dice que son pecadores. Ningún otro libro ha sido escrito que condena el pecado y punza la conciencia del hombre tanto como lo hace la Biblia.

1. El ateo odia la Biblia porque lo llama necio – “Dice el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmo 14:1).
2. El Budista que adora ídolos odia la Biblia porque dice que los que adoran ídolos “se hicieron necios” (Romanos 1:22).
3. Los que defienden las uniones homosexuales odian la Biblia porque dice: “Por eso Dios los entregó…a una mente reprobada” (Romanos 1:26, 28).
4. La promotora del aborto odia la Biblia porque dice: “No matarás” (Éxodo 20:13).
5. El evolucionista odia la Biblia porque dice: “Dios creó” (Génesis 1:1, 1:24, 1:27, etcétera).
6. Los pecadores rebeldes odian la Biblia porque hace brillar su luz sobre su pecado.

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¿Cuán pecaminoso es el hombre? | R. C. Sproul

pecador

Por R.C. Sproul.

Imagina un círculo que represente el carácter de la humanidad. Ahora imagina que si alguien peca, un punto —una mancha moral atípica— aparece en el círculo, estropeando el carácter del hombre. Si se producen otros pecados, aparecen más manchas en el círculo. Así, si los pecados continúan multiplicándose, con el tiempo todo el círculo se llenará de puntos y manchas. ¿Pero han llegado a ese punto las cosas? El carácter humano está claramente contaminado por el pecado, pero el debate es sobre el alcance de esa mancha. La Iglesia Católica Romana mantiene la posición de que el carácter del hombre no está completamente contaminado, sino que conserva una pequeña isla de rectitud moral. Sin embargo, los reformadores protestantes del siglo XVI afirmaron que la contaminación del pecado y la corrupción del hombre caído es completa, haciéndonos totalmente corruptos.

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¿Qué pasa con las personas que nunca llegan a conocer el evangelio?

 Por Andrés Birch

Es una pregunta que nos han hecho, y que nosotros mismos nos hemos hecho: “¿Qué pasa con las personas que nunca oyen el evangelio?” Para los que creemos en la Biblia, solo hay dos posibilidades: o se salvan o se pierden; o van al cielo o van al infierno. Pero, ¿cuál de las dos será? A continuación ofrezco diez argumentos a favor de la tesis de que las personas que nunca oyen el evangelio no se salvan, sino que se pierden. Es un tema muy difícil – no pretendo dar la impresión de que sea fácil – y al final, el Señor actuará con perfecta justicia con todo el mundo. Pero si el Señor nos ha dado una mente, y si a esa mente la inquieta el pensamiento: “¿qué será de las personas que nunca tengan el privilegio de oír el evangelio?”, y si le ha parecido bien al Señor darnos en su Palabra aunque sea solo unos destellos en la oscuridad, creo que es nuestro deber intentar, con mucha humildad, llegar hasta donde podamos.

1. El verdadero asesino

“¿Quién será el asesino?” – es la pregunta que nos hacemos cuando estamos leyendo una novela del género “¿quién lo hizo?”. Pero, ¿quién es el verdadero asesino espiritual del ser humano? ¿Qué es lo que mata a la gente espiritualmente y les lleva al infierno? Hay quienes dicen que lo que condena a la gente essu rechazo del evangelio. Sin duda, en ello hay algo de verdad; como dirían los puritanos, rechazar el evangelio es pecar contra el remedio. Pero a mí me parece más correcto, más bíblico, decir que el verdadero asesino es el pecado. Fue aquella Caída en el pecado lo que separó al hombre de Dios y lo que trajo consigo la muerte – en todos los sentidos. Y será también el pecado la acusación escrita sobre la cabeza de toda persona impenitente en el día del juicio. Si tienes alguna enfermedad mortal, es cierto que el rechazo del tratamiento necesario te llevará a la muerte, pero lo que realmente te matará, estrictamente hablando, será la enfermedad misma. Las personas que nunca oyen el evangelio son, todas ellas, pecadoras – “no hay hombre [ni mujer] que no peque” (1 R. 8:46). La ignorancia del evangelio no exime de la culpa del pecado. Aunque a nosotros nos parezca injusto que esas personas nunca tengan la oportunidad de ser salvas, sigue siendo verdad que merecen ser castigadas por el hecho de ser pecadoras.

 2. ¿Derechos humanos?

Estamos tan acostumbrados a oír hablar de los derechos humanos, que sería fácil perder de vista que esos son los derechos de todos los seres humanos con respecto a los demás seres humanos. Pero, ¿qué derechos tiene el ser humano ante Dios? Ninguno, y eso por dos razones: (1) porque Dios es el Creador, y el ser humano es la criatura – Dios el Alfarero, y nosotros el barro en sus manos; y (2) porque nuestra condición de pecadores hace que nuestro único derecho ante Dios sea el derecho de ser castigados por él. Por eso nadie tiene derecho a escuchar el evangelio, o a tener por lo menos una oportunidad de ser salvo. Dios no está bajo ninguna obligación ni de salvar a nadie, ni de darle a nadie la oportunidad de escuchar el evangelio. Además, si estuviera bajo obligación, entonces eso no sería libre gracia. Nos puede parecer injusto que en esta esfera no exista la igualdad de oportunidades, pero aun si fuera verdad que Dios le diera a todo el mundo al menos una oportunidad de escuchar el evangelio, las oportunidades de unos y de otros nunca serían exactamente iguales.

3. Antes de Cristo

Me da la impresión de que cuando se habla de este tema de los que nunca oyen el evangelio, solo se piensa en las personas de ahora, o como mucho, solo en las personas que han vivido después de Cristo. Pero, ¿qué pasa con todas las personas que vivieron antes de Cristo? Tengo dos preguntas al respecto: (1) ¿Qué evidencia hay de que todas las personas que vivieron antes de Cristo llegaran a oír el evangelio (en el sentido profético en que lo oyeron los israelitas en aquel entonces)?; y: (2) si no todo el mundo llegó a oírlo, ¿se salvaron – fueron al cielo – los que no lo oyeron? La lógica es la misma, ¿no? Si el argumento es que no sería justo por parte de Dios condenar al infierno a nadie que no hubiera tenido por lo menos la oportunidad de conocer el camino de la salvación, el argumento es igual de válido si se aplica a las personas antes o después de Cristo.

4. “No tienen excusa”

Estas tres palabras, “no tienen excusa”, son una cita de Romanos 1 (las últimas palabras del versículo 20). En el contexto, el apóstol Pablo está estableciendo la verdad de la culpabilidad ante Dios de todos los seres humanos (en su condición natural), sean judíos o gentiles. Ahora, lo que nos interesa con respecto al tema que nos ocupa es el hecho de que Pablo dice “no tienen excusa”, no en un contexto del rechazo del evangelio, sino en el contexto de lo que los teólogos llaman la revelación general – lo que de Dios se puede conocer por medio de la creación, etc. (Ro. 1:18 y ss.). Es más, a continuación el apóstol demuestra la culpabilidad delante de Dios de todas aquellas personas que cometen cualquier forma de idolatría, ya que, aun sin tener acceso a la revelación especial, sí tienen esa revelación general, la cual, si bien no es suficiente para llevarles a la salvación, sí es suficiente para llevarles a la condenación. Así que, la pregunta aquí sería: ¿acaso no se podrían aplicar las palabras del apóstol – “no tienen excusa” – a todas las personas que nunca llegan a oír el evangelio?

5. Los sin ley

Un argumento parecido al anterior sería el de Romanos capítulo 2 (vv. 1-16). En este pasaje Pablo demuestra la justicia del juicio de Dios, tanto en el caso de los que conocen su ley (los judíos y otros) como en el caso de los que nunca llegan a conocer esa ley. Y lo que parece que viene a decir es que tanto los unos como los otros quedan bajo el juicio de Dios (para usar una frase de Romanos 3:19). Los que tienen la ley de Dios, porque no la han cumplido (Romanos 2:1-513); y los que no tienen la ley (vv. 14-15), porque tienen la misma ley “escrita en sus corazones” (v. 15), y la conciencia de cada uno también le habla (v. 15b), y aun así pecan contra esa revelación interna. Por lo tanto, “todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán” (v. 12a). A algunos les parece ver aquí algo de esperanza para los que nunca oyen la Palabra de Dios, pero, ¡¿qué esperanza hay en eso de que “todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán”?! ¡¿Acaso hay alguno de ellos que no haya pecado?! Y, ¿no es cierto que todo el argumento del apóstol en esta primera parte de la carta tiene como fin el demostrar que todos los seres humanos, tanto judíos como gentiles, son culpables delante de Dios, y por lo tanto necesitan el evangelio?

6. El medio ordenado por Dios

Como ya hemos visto, el apuro espiritual en el que se encuentra todo ser humano delante de Dios es que todos son pecadores; todos son culpables; todos están bajo el justo juicio de Dios. ¿Entonces, cuál es la solución? – ¿cuál es la buena noticia? “Agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Co. 1:21). ¿Qué implica eso? Pues, que la predicación del evangelio es el medio que Dios ha ordenado para la salvación de pecadores. El pecador es salvo oyendo el evangelio y creyéndolo. Este es el medio ordenado por Dios para la salvación de las personas. Pero si es así, ¡¿cómo se puede pensar que alguien pueda ser salvo precisamente por su ignorancia del evangelio?! ¡Es justo lo contrario de lo que dice aquí Pablo y de lo que enseña toda la Biblia! Dios dice que la única posibilidad de salvación para el ser humano en su situación de perdición es por medio de la predicación del evangelio. Entonces, ¡¿nos atreveremos nosotros a decir que las personas que nunca oigan el evangelio se salvarán precisamente por ello?!

7. La cadena de la salvación

Me refiero a Romanos 10:13-14: “Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” Aquí, al igual que en el punto anterior, parece que el apóstol Pablo está diciendo con toda claridad que los que no oyen el evangelio no pueden ser salvos. Dice que para ser salvo, hay que invocar el nombre del Señor; y que para invocar el nombre del Señor, hay que creer en él; y que para poder creer en él, es necesario haber oído hablar de él; y que ello, a su vez, implica que alguien tiene que predicar (el evangelio). La clara implicación de todo ello es que si no se predica el evangelio, la gente no lo puede conocer; y si no llegan a conocerlo, no pueden creer en Cristo; y si no creen en Cristo, tampoco pueden invocar su nombre; y si no invocan su nombre, no pueden ser salvos. Conclusión: ¡La ignorancia del evangelio no salva!

 8. ¿Evangelizar o no evangelizar?

Si fuera verdad que las personas que nunca oyen el evangelio se salvan por no haber tenido la oportunidad de creer en Cristo, entonces, ¡¿no sería mejor prohibir la evangelización?! Si los miembros de una tribu, por ejemplo, todavía no conocen el evangelio, y si esa ignorancia les salva, ¡¿por qué llevarles el conocimiento del evangelio, si haciendo eso se corre el riesgo de que algunos de ellos (o todos ellos) rechacen el evangelio, cayendo así de la salvación por ignorancia a la condenación por rechazar el evangelio?! Si la ignorancia (del evangelio) salva, ¡bendita ignorancia!, ¡y maldito cualquiera que ponga en peligro la salvación de alguien, predicándole el evangelio!

9. Los dos siervos

En Lucas 12 (vv. 41-48) el Señor cuenta una parábola en la que un hombre pone sobre su casa a uno de sus siervos. Pero el siervo en cuestión no hace lo que debe, y cuando vuelve su señor, este lo castiga. Y es en este punto donde el Señor hace una distinción significativa: “Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco” (vv. 47-48). Aquí, la ignorancia (de la voluntad del señor de la casa) es un atenuante, pero no exime de la culpa ni libra del castigo. Los que nunca oyen el evangelio son menos culpables que los que sí lo oyen, pero ser menos culpable no es ser salvo. ¡”[Ser] azotado poco” no es una ilustración de algún rincón del cielo!

10. El atalaya infiel

El pasaje sobre el atalaya viene dos veces en el libro de Ezequiel (3:16-21; 33:1-9). Hay un detalle aquí que parece tener algo que ver con nuestro tema: “Te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano” (3:17-18). En este caso, si el atalaya no es fiel a su cometido, el Señor demandará la sangre del impío de su mano, pero el impío no se salva – “el impío morirá por su maldad” (v. 18). Sí, el atalaya es culpable – no ha amonestado al impío – pero, aun así, el impío muere. ¿Por qué? Pues, “por su maldad” – porque sigue siendo pecador. ¿Y acaso no es así con las personas que nunca oyen el evangelio? Son menos culpables, pero no por eso se salvan; siguen siendo pecadores y Dios tiene derecho a castigarles.

Conclusión

A pesar de haber expuesto aquí argumentos aparentemente teóricos y fríos, mi intención ha sido todo menos teórica y fría – la resumiré en pocas palabras: ¡necesitamos recuperar el sentido de la urgencia en nuestra evangelización! La idea de que la gente se pueda salvar sin conocer el evangelio -que, incluso, ¡se salvarán si no llegan a conocerlo!- ¡es uno de los mayores enemigos de la predicación del evangelio! ¡Es la excusa perfecta que nuestra cobardía y nuestra indiferencia andaban buscando! ¡¿Qué mejor que convencernos de que la gente tendrá más posibilidades de salvarse si nosotros no hacemos nada, si no les hablamos?! Ahora, cuando se tiene muy claro que la ignorancia no salva y que la única esperanza para los pecadores es que oigan el evangelio, que conozcan el mensaje de Cristo y que pongan su fe en él, ¡esa convicción nos despertará de nuestro sueño espiritual, nos sacudirá y nos levantará a salir a predicar el evangelio a toda criatura!

 

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Los Engaños del Aborto

Aborto (4)

Fragmentos traducidos de un artículo de Erika Bachipochi, abogada que apoyó por mucho tiempo el aborto, pero ahora se opone afirmando que no ayuda a las mujeres, no les da derechos legítimos, ni les hace iguales a los hombres. Ver articulo completo (en inglés):  http://www.cnn.com/2015/01/22/opinion/bachiochi-abortion-roe-v-wade/

Yo apoyaba los derechos del aborto y conozco la tentación de considerar este como una representación de la igualdad de los derechos de la mujer. Después de todo quedar embarazada inesperadamente parece interrumpir la habilidad de la mujer de seguir sus propias metas y ambiciones. Y cuando hay pobreza, la carga agobiante de otros niños o riesgos en el embarazo por problemas de salud, todo luce como una injusticia para las mujeres.
El aborto pareciera brindar a las mujeres una respuesta práctica a la desproporcionada responsabilidad sexual que las relaciones sexuales y el embarazo pone delante de ellas. Pero esta solución que supuestamente cura la ‘injusticia’ de que las mujeres quedan embarazadas y los hombres no, consiste en acabar con la vida del pequeño ser humano que se desarrolla en el vientre de la mujer.

 

El aborto es un engaño que quiere hacer creer a las mujeres que estas pueden ser como los hombres – capaces de no estar embarazadas – y así competir con ellos profesional, social y académicamente. O si son pobres, están abrumadas de problemas o el hombre que las embarazó las abandona, les quiere hacer creer que es su ‘responsabilidad social’ deshacerse del fruto de su vientre – su niño o niña.

 

Pero lo que las mujeres en realidad necesitan es ser respetadas no solo por sus logros como profesionales sino por la maravillosa capacidad de procrear una nueva vida humana. Las mujeres queremos ser respetadas por nuestro trabajo como madres.

 

Negar que lo que hay en el vientre de una mujer embarazada es una vida humana distorsiona también a la madre de ese niño o niña haciendo que ella tenga derechos de propiedad sobre esta criatura en desarrollo como antiguamente los esposos tenían derecho sobre la vida de sus mujeres.

 

El aborto le otorga a la mujer, o más bien pone sobre ella la carga del inhumano derecho de decidir sobre el destino de otro ser humano, que en este caso es un vulnerable bebé – su propio hijo o hija. En lugar de eso deberíamos proveerle a cada mujer embarazada el múltiple apoyo de la familia y de la sociedad que ella necesita, cualquiera que sea su situación, para animarla en su papel de reproductora del milagro de la vida humana.

Hoy día parece que hablar del milagro de las diferencias biológicas entre el hombre y la mujer fuese arcaico, como si las diferencias sexuales fuesen indefinidas y  viviésemos por encima de ellas.  Hay quienes quieren procuran borrar la noción de papá y mamá como si eso fuese progreso y nos fuese a liberar de las anticuadas y deterministas categorías de hombre y mujer.

Pero cuando pretendemos que no hay diferencias entre los sexos son las mujeres las que sufren porque ellas son las que quedan embarazadas. Y cuando eso pasa y el hombre se desentiende, ellas tienen dos opciones: cuidar con sacrificio al bebé en su vientre o quitarle la vida. Los hombres pueden tener sexo y desaparecerse, y desde que se legalizó el aborto hace 42 años con la ley de Row-Wade, eso es lo que hacen la mayoría.

 

Es tiempo de admitir la maravillosa y asombrosa verdad de las diferencias sexuales y de conformar nuestra sociedad para darle prioridad a aquellas que cuidan de los seres más vulnerables que son los niños. Y es tiempo de exigirle más y más a los hombres. Promoviendo el aborto no hacemos eso.

Te invitamos a ver y compartir nuestra galería de imagénes contra el aborto que está en este enlace.

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