Sólo 4 miembros
Había una vez una iglesia de tan solo 4 miembros, llamados: “Todo el mundo”, “Alguien”, “Cualquiera y “Nadie”.
Cuando había que hacer algún trabajo en la iglesia “Todo el mundo” pensaba que “Alguien” podía hacerlo; pero como “Cualquiera” no lo hacía ¿sabes quién lo hizo” “Nadie”. Por lo tanto “Nadie” era miembro más activo de la iglesia. “Nadie” intercedía constantemente en la oración. “Nadie” repartía tratados en las calles. “Nadie” recogía las sillas y organizaba el templo. “Nadie” le daba el asiento a las visitas. “Nadie” colaboraba con el pastor. “Nadie” contribuía con la construcción. “Nadie” ayudaba en la cocina. “Nadie” tenía la iniciativa de honrar el ministerio pastoral. “Nadie” se acordaba de que los pastores son seres humanos.
“Todo el mundo” quería que la iglesia creciera, pero “Nadie” buscaba a los perdidos, “Nadie” los traía a la iglesia. “Nadie” ayudaba al pastor a discipular a los nuevos conversos. “Todo el mundo” pensaba que “Alguien” lo hacía, pero “Alguien” opinaba que “Cualquiera podía hacerlo. ¿Sabe mi hermano quién lo hizo? “Nadie”.
Dios nos libre de una apatía semejante “En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor” (Ro. 12.11) En otra versión suena precioso este texto: “No seáis perezosos en lo que requiere celo. Mantened el espíritu al rojo vivo. No dejéis escapar las oportunidades.
No olvidemos el viejo refrán: Hay tres cosas que no vuelven: le flecha que se tira, la palabra que se dice, y la oportunidad que se pierde.












Esta la leí hace unas semanas en la Revista Antorcha de la Asambleas de Dios, esta muy buena.
Ojalá que a”Alguien” le interese, jajajaja
Shalom Hermano!