El conocimiento del Dios santo de J.I.Paker (IV parte)
Notas personales extraídas del libro:
- ¿Nos consume el celo por la casa de Dios y la causa de Dios? ¿Nos posee? ¿Arde realmente en nosotros? ¿Podemos decir, con el Maestro, “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4: 34)? ¿Qué clase de discipulado es el nuestro? ¿Tenemos o no necesidad de orar, con aquel ardiente evangelista, George Whitefield -hombre tan humilde como lo era celoso-, “Señor, ayúdame a comenzar a comenzar”?
- Amamos a nuestras iglesias; ellas tienen para nosotros recuerdos sagrados; no podemos imaginar que desagraden a Dios, por lo menos, no seriamente. Pero el Señor Jesús en ‘ cierta ocasión le mandó un mensaje a una iglesia muy parecida a algunas de las nuestras -la engreída iglesia de Laodicea- en el que le decía a la congregación que su falta de celo constituía fuente de supremas ofensas para él. “Yo conozco tus obras, ni eres frío ni caliente. ¡Ojala fueses frío o caliente!” ¡Cualquier cosa hubiera sido mejor que esa apatía satisfecha de sí misma! “Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca… Sé, pues, celoso, y arrepiéntete” (Apo. 3: 15s, 19)
- Cuántas de nuestras iglesias en el día de hoy son ortodoxas, respetables… y tibias? ¿Cuál ha de ser entonces, la palabra de Cristo para ellas? ¿Qué esperanza podemos alentar, a menos que, por la misericordia de ese Dios que en su ira recuerda la misericordia, encontremos el celo necesario para el arrepentimiento? ; Avívanos, Señor, antes de que se desencadene el juicio.
- La ira de Dios contra nosotros, tanto presente como venidera, ha sido sofocada. ¿Cómo se operó esto? Mediante la muerte de Cristo.
- La “sangre” -es decir, la muerte expiatoria de Jesucristo- anuló la ira de Dios contra nosotros, y aseguró el que su relación con nosotros habrá de ser para siempre ya propicia y favorable. De allí en más, en lugar de aparecer contrario a nosotros, habrá de manifestarse a favor de nosotros en nuestra vida y nuestra experiencia.
- La ira de Dios es tan personal, y tan potente, como lo es su amor; y, como el derramamiento de la sangre del Señor Jesús fue la manifestación directa del amor de su Padre para nosotros, así también fue la directa conjura de la ira de su Padre para con nosotros.
- Dios no es justo -es decir, no obra del modo que es correcto, no hace lo que corresponde que haga el juez- a menos que castigue como se lo merece todo lo que sea pecado y obrar indigno.
- Cuando Pablo nos dice que Dios puso a Jesús para ser la propiciación “por su sangre”, lo que quiere decir es que lo que apagó la ira de Dios, y con ello nos redimió de la muerte, no fue la vida o las enseñanzas de Jesús, ni su perfección moral, ni su fidelidad al Padre, como tales, sino el derramamiento de su sangre al morir.
- Nuestros pecados ya han sido castigados; la rueda de la retribución ya ha girado; el juicio ya ha sido desencadenando sobre nuestra impiedad- pero cayó sobre Jesús, el cordero de Dios, que ocupó nuestro lugar.
- Todos habremos oído presentaciones del evangelio como si fuese la respuesta triunfante de Dios para los problemas humanos -problemas de relación del hombre consigo mismo, con sus semejantes, y con su medio. Bien es cierto que el evangelio aporta soluciones para dichos problemas, pero lo hace resolviendo primero un problema más profundo -el más profundo de los problemas humanos, el problema de la relación del hombre con su Hacedor; y a menos que dejemos bien en claro que la solución de aquellos problemas depende de que resolvamos primeramente el problema básico, falseamos el mensaje y somos testigos falsos de Dios; porque una media verdad presentada como si fuera toda la verdad se transforma por ese mismo hecho en una falsedad.
- Por pecado el Nuevo Testamento no entiende los errores sociales o los fracasos, en primera instancia, sino la rebelión contra el Dios Creador, el desafío a su soberanía, el apartamento de él, y la consiguiente culpabilidad ante él; y el pecado, dice el Nuevo Testamento, es el mal principal del cual necesitamos ser liberados; justamente, para salvamos de él murió Cristo.
- Todo lo que ha andado mal en la vida humana entre hombre y hombre es, en última instancia, debido al pecado; y nuestra situación actual, la de estar en malas relaciones con nosotros mismos y con nuestros semejantes, no puede ser remediada mientras no hayamos arreglado nuestra situación con Dios.
- Jesús tembló en el Getsemaní porque iba a ser hecho pecado, e iba a recibir el juicio de Dios por el pecado; y fue porque efectivamente sufrió el juicio que se declaró abandonado por Dios en la cruz.
- Aquellos que en esta vida rechazan a Dios serán rechazados para siempre por Dios.
- El universalismo es la doctrina de que, entre otros, Judas será salvo; pero Jesús no creyó así. “A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido” (Mar. 14: 21). ¿Cómo hubiera podido decir esas últimas palabras Jesús si pensaba que en última instancia Judas iba a ser salvo?
- La paz de Dios es, primero y principalmente, paz con Dios; es el estado de cosas en que Dios, en lugar de estar contra nosotros, está por nosotros.
Ya puedes leer la primera parte, segunda parte y tercera parte de las notas que he extraído de este libro, en los próximos días publicaré muchas otras citas que recopilé de este libro, si te son de bendición compártelas en tus amigos.












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