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Hermanos: Cuidado con idolatrar a los hombres

idolatría

Por: Soldado de Jesucristo.

“… e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán. (2Reyes 18:4)

 

Dentro de los círculos evangélicos hay peligros de los que quizá no somos conscientes. Por ejemplo, cuando atribuimos una autoridad u homenajeamos demasiado a hombres que Dios ha usado como instrumentos de gran bendición para Su pueblo en la historia de la iglesia pasada o actual. Ellos mismos de seguro lo habrían detestado.

Spurgeon en un sermón comentó sobre este problema sin rodeos y claramente, como él acostumbraba decir todas las cosas:

“Todos nosotros tenemos la tendencia a poner nuestra confianza en hombres que por la infinita gracia de Dios han sido puestos como líderes en la iglesia … Cuando Dios da a Su iglesia un hombre apto para aumentarla, fortalecerla o afirmarla, le da su más rica bendición por Su pacto de gracia. Pero surge el peligro de que nosotros contemplemos su autoridad y capacidad con cierto grado de confianza supersticiosa – tengo que decirlo así. Hermanos, los santos han dimitido, aborrecemos el pensamiento de venerarlos, pero, no obstante, podemos caer poco a poco en el peligro de canonizarlos y levantar otra tanda de “santos” entre nosotros.

¿No es verdad, que algunos casi adoran a San Calvino y a San Lutero? No pueden salirse de sus enseñanzas. Otros admiten reverentes sobre si el cetro de San Juan Wesley o San Carlos Simeon … Si sobre estimamos las bendiciones que Dios nos da en nuestros maestros y predicadores, es mejor que nos los quite otra vez. No debemos ensalzar las tuberías, sino el manantial. No debemos dar las gracias por la luz a las ventanas, sino al sol. No debemos dar las gracias a la cesta que contiene el alimento … sino al Maestro Divino que bendice y multiplica el pan saciando a multitudes … Amad a los predicadores de Cristo, pero no caigáis en lo que fue la veneración de la serpiente de bronce, que os rebaja a ser siervos de los hombres.

 Cuando Pablo se enteró de que en la iglesia de Corinto se habían formado partidos y un grupo de calificaba de “paulino”, reaccionó enérgicamente diciendo: ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O habéis sido bautizados en el nombre de Pablo? (1 Cor 1.13) ¿Qué pues es Pablo? ¿Y qué es Apolos? Ministros por los cuales habéis creído (1 Cor 3.5)

 Cuando en Listra, después de la curación del hombre cojo, quisieron adorar a Pablo y a Bernabé como dioses, y quisieron sacrificar bueyes en su honor, los apóstoles rasgaron sus vestidos en señal de horror. Impidieron con todas sus fuerzas esa clase de veneración de hombres, para dar la gloria solo a Dios (Hch 14: 11-18). El bendecido predicador de avivamiento, George Whitefield, dijo lo siguiente en un momento cuando estaban a punto de formarse partidos alrededor de él mismo y de su más grande amigo, Juan Wesley:

Que mi nombre perezca, que mis amigos me olviden, no importa, con tal que la causa de Cristo bendito avance. No quiero llevar a las almas a un partido, sino a que se sientan que están perdidos y a la verdadera fe en Jesucristo. ¿Qué es Calvino y qué es Lutero? Pasemos por alto todos los nombres y partidos y que Jesús sea nuestro Todo, para que él sea predicado… Sé cuál es mi lugar: ser siervo de todos. No quiero tener gente que se llame según mi nombre” (B. Peters, George Whitefield, Bielefeld: CLV, segunda edición 2002, p. 328)

Que el Señor nos dé un aborrecimiento santo frente a esta idolatría aparentemente inofensiva y espiritual, que hoy en día tolera, o incluso cultiva, esta forma de culto a los hombres; y que nos de un celo santo para la gloria de Dios.

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