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10 cargos contra de la iglesia moderna – Paul Washer (9na acusación)

Por: Paul Washer

El noveno cargo: Remplazo de las Escrituras por la psicología y sociología cuando de la familia se trata

Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Colosenses 2:8).

Este noveno cargo es muy importante  para mí como un  hombre  mayor con hijos pequeños. No me casé hasta los 30 años. Los primeros  ocho años, mi esposa tenía un pequeño tumor  en el cerebro. No podíamos tener hijos, pero después, alabado sea Dios, nació un hijo y después otro y después, quién sabe.

Mis queridos amigos, pastores y líderes, piensen en esto. Nuestros cultos el domingo por la mañana son tan cosméticos. Solo porque parece que hubo un hermoso culto, que el sermón salió bien y que la gente pareció conmovida, no es evidencia de una espiritualidad  verdadera. La evidencia se encuentra  en el hogar, los matrimonios  y las familias.

“En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía” (Jue. 17:6). Cuando viajo y tengo  oportunidad  de conocer a todo tipo de personas, trato  de encontrar  a un hombre consagrado que ha criado hijos consagrados, y no lo suelto. Pero en  la mayoría de los casos, ¿saben qué descubro? La mayoría de la gente  con  quien converso  en  la iglesia  quiere  hablar  de  supersticiones  o  leyendas  y sociología o  de cualquier otro tema. Todo se trata de lo que a ellos les parece bien, y no pueden citarme ni un versículo bíblico. Pero muy de vez en cuando me encuentro  con un hombre y una mujer  decididos a criar  a sus hijos de acuerdo  con las Escrituras,  ¡y  la diferencia es increíble!

Cuando viajo por avión me gusta hacer esto: Si se me sienta un hombre  al lado y pregunta: “¿A qué se dedica?”. Le respondo: “Bueno pues, soy un esposo”.

Entonces  preguntan:  “¿A qué más se dedica?”. Les digo: “Bueno pues, soy padre de familia”.

“¿A qué más se dedica?” “Pues, cuando me sobra tiempo, predico un poco”.

¿De qué vale que el hombre  gane el mundo  entero  y pierda a su propia familia? Lo diré de esta manera: ¿En qué se basan para educar a sus hijos y amar a su esposa? Si no pueden  abrir  las Escrituras  en  ese mismo  momento  y mostrarme  de qué manera  su familia  usa  la  Biblia como  fundamento,  les  puedo  asegurar  que  son  cautivos  de  la psicología, sociología y las ocurrencias y mentiras de esta época. No tienen el derecho de ser seguidores  de todas estas otras  cosas. No tienen  ninguna  autoridad  que no sea la Palabra de Dios.

Veamos Génesis 18:19. “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden  el camino  de Jehová, haciendo  justicia  y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él”. ¡Qué camino hermoso es este!

“Así que, hermanos,  os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis  cuál sea la buena  voluntad  de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:1-2). El versículo 2 nos dice que la voluntad de Dios es perfecta. Si alguna vez piensan ustedes, como siervos de Dios: “Estoy sacrificando a mi familia en bien  del  ministerio”,  les  diré  que  mienten  descaradamente.  Están  sacrificando  a su familia en bien del pequeño reino que están tratando  de formar. Puedo afirmarles esto porque  la voluntad  de Dios es perfecta lo cual significa que no tenemos  que violar la voluntad de Dios con respecto a nuestra familia a fin de cumplir la voluntad de Dios con  respecto  a nuestro  ministerio.  ¡Dios  no  nos  necesita!  Pero  sí   requiere  que  seamos obedientes.

Una   vez   alguien   me   preguntó:    “Hermano,   ¿está   usted    en   contra    de   la evangelización?” Le respondí: “Sí y no. No estoy en contra de la evangelización bíblica, pero estoy en contra de la manera como la están llevando a cabo”. “¿Está usted en contra de la escuela dominical y los grupos juveniles?” “Sí y no”. Voy  a darles dos ejemplos para explicarles. Para algunos de ustedes lo que voy a decir no será suficientemente fuerte, y para otros  será demasiado fuerte. Quiero usar  estos dos ejemplos para señalar  en qué andamos mal.

Escuela dominical. Sea cual fuere la denominación a la que pertenecen, si es parte de una que está más o menos organizada, les aseguro que su denominación  gasta miles de millones  de  dólares  en  materiales   para  la  escuela  dominical,  en  conferencias,  en capacitar  a los maestros  para  enseñar  una  clase y en  hacer  todo  lo  requerido  para promoverla.

Ahora les pregunto: ¿Cuánto dinero gasta su denominación,  y cuántas conferencias y horas dedica para capacitar a los padres de familia para enseñar a sus hijos? Dios no tiene un plan B, solo tiene un plan A. Cuando uno ignora el plan A, ¡descubre que cualquier plan B que tengan, no da resultado!

No  estoy  diciendo  que  los  chicos  no  se  pueden   reunir   en  grupos   para  ser catequizados o enseñados, pero si eso comienza a suplantar  el ministerio  del padre de familia en el hogar, ¡hay que descartarlo!

¿Comprenden  lo que  estoy diciendo? Piensen  en  este  pequeño  ejemplo. Tenemos todo tipo de materiales para la escuela dominical. Pero casi no existen conferencias para enseñar a los hombres cómo enseñar a sus hijos. Y la mayor parte del tiempo que pasan en  la escuela  dominical  no  es más  que  puro  entretenimiento, porque  el maestro  de escuela dominical  no tiene la autoridad  para disciplinar a los hijos de ustedes.  Y  si la tuviera,  la mayoría  no  lo haría  porque  no  cree  en  la disciplina.  Este  es apenas  un pequeño ejemplo.

Ahora consideremos los grupos juveniles. “Pero, los jovencitos deben estar juntos. Es lógico, es necesario que estén juntos”. ¿De veras? ¿Dónde dice eso en las Escrituras? “El que anda con sabios, sabio será; mas el que se junta con necios será quebrantado” (Prov. 13:20).  ¿Quién  dice  que  tienen  que  estar  juntos?  Les  diré  quiénes  lo  dijeron:  los psicólogos de la década de los 60 que crearon la “brecha generacional”. ¡No! Los jóvenes necesitan  estar  con los adultos  para que se dejen de portar  como tontos  ingenuos,  se vayan haciendo adultos y dejen atrás las tonterías  que los lleva a la destrucción.  Ahora bien, no estoy diciendo que   los jóvenes no se pueden  reunir,  pero les propongo que cuando lo hagan, allí también tienen que estar todos los padres.

“¿Y qué de los jovencitos inconversos que vienen a nuestra  iglesia?” Pues bien, ¿qué es lo que ellos ven? Los jovencitos inconversos se suman a los jovencitos creyentes en la iglesia y ven casi lo mismo  que ven en sus propios hogares: padres ausentes  y chicos enseñando a chicos. O un muchacho  un poco mayor con el cabello peinado con mousse enseñando  a los chicos.  Pero,  ¿qué sucedería  si llegaran  jovencitos  inconversos  a la iglesia y vieran  a los otros  jóvenes en  una  relación  cariñosa  y maravillosa  con  sus padres?” Dirían: “¡Nunca he visto algo como esto! Aquel papá, ¡mírenlo! ¡Ama a su hijo!  Y el hijo ¡ama a su papá! ¡Cuánto cariño! ¿Así que de esto se trata el cristianismo?”

Nuestra  situación  en las iglesias está llena de necesidades, pero las ignoramos.  Es como  la situación  de un  hombre  que  se me  acerca con  la frente sangrando,  y dice: “Hermano, he consultado a muchas personas. Nadie puede diagnosticar mi problema”. Y yo le digo: “Bueno, yo no soy ningún médico, pero puedo acompañarlo durante 24 horas para ver qué descubro”. Y  noto  que cada vez que el reloj anuncia  la hora,  se pega la frente con un ladrillo. Si la campana suena una vez, se pega una vez. Si suena dos, se pega dos veces. Si suena doce, se pega doce veces. Después de observar esto y habiendo tomado notas cautelosa y cuidadosamente  durante  24 horas, me acerco a él y le digo: “¿Sabe? No soy ningún médico pero creo que sé cuál es su problema”.

¡Es así de patético  entre  nosotros,  los que asistimos  a la iglesia! ¿Por qué hacen nuestros  hijos lo que hacen? ¿Por qué todo está boca abajo? Es como un querido santo que no dejaba que su hijo adolescente saliera con una chica a un lugar donde estarían solos. Cierta vez, alguien le preguntó: “¿No confía en su hijo?” “No, no confío en mi hijo. ¿Por qué pensaría usted eso? ¡Ni siquiera confío en su papá! No pondría a su papá solo con una mujer que no es su esposa, y sin embargo tengo mucho más que perder a causa de un desliz. Y yo tengo mucho más control sobre mi voluntad que un adolescente con sus hormonas  en todo su apogeo. Así qué, ¿por qué pensaría usted que confiaría en mi hijo?”

Violamos un  principio  bíblico tras  otro,  y después nos preguntamos  por qué todo anda tan mal.

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A menos que se indique de otra manera, las citas bíblicas fueron tomadas  de la Santa Biblia, Reina-Valera  1960.


Ya puedes leer y compartir las 8 acusaciones anteriores, puedes acceder a ellas en los siguientes enlaces, 10 cargos en contra de la iglesia moderna – Paul Washer (1ra acusación) y 10 cargos contra la iglesia moderna – Paul Washer (2da acusación), 10 cargos contra la iglesia moderna – Paul Washer (3ra acusación), 10 cargos contra la iglesia moderna – Paul Washer (4ta acusación), 10 cargos contra la iglesia moderna – Paul Washer (5ta acusación), 10 cargos contra la iglesia moderna – Paul Washer (6ta acusación), 10 cargos contra la iglesia moderna – Paul Washer (7ma acusación) , 10 cargos contra la iglesia moderna – Paul Washer (8va acusación).

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