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No es un sacrificio servir a nuestro Dios, es un privilegio | David Livingstone

David Livingstone, el misionero noble y renombrado del continente africano, escribió en su diario: 

 

La gente habla mucho acerca del sacrificio que hice por pasar gran parte de mi vida en África. ¿Puede llamarse sacrificio a algo que no pasa de ser el pago de una mínima parte de la deuda infinita para con nuestro Dios, la cual nunca podremos pagar?

 

¿Acaso es sacrificio aquello que genera  su propia recompensa en una vida activa y saludable, la conciencia de hacer el bien, paz mental y la esperanza radiante de un destino glorioso de aquí en adelante?

 

…me aparto de tal palabra, de tal manera de ver las cosas,¡de siquiera concebirlo! Soy enfático al decir que no fue un  sacrificio en absoluto. Digo más bien que es un  privilegio. Es posible  que la  ansiedad, la enfermedad, el sufrimiento o el peligro aquí y allá, combinados con las conveniencias y caridades comunes de esta vida, nos distraigan con ciertas pausas y causen  algo de conmoción en nuestro espíritu; pero tales cosas no duran más que un momento y son como nada cuando se comparan con la gloria que será revelada en y para  nosotros. Yo nunca hice un sacrificio.  En tales términos jamás deberíamos hablar  si es  que recordamos el gran  sacrificio hecho por Cristo, quien dejó el trono  de su Padre  en las alturas  para   entregarse  a sí  mismo  por  nosotros.

 

(Livingstone’s Private Journal:  1851-53, ed.por  I. Schapera [Londres: Chatto&Windus, 1960], pp. 108, 132)

 


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