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La verdadera conversión | Jonathan Edwards

Por: Jonathan Edwards

La Escritura describe a la conversión en términos que implican o indican un cambio de naturaleza: Nacer de nuevo, transformarse en nuevas criaturas, resucitar entre los muertos, renovarse en el espíritu de la mente, morir al pecado y vivir para la justicia, despojarse del viejo hombre y vestirse del nuevo, ser participantes de la naturaleza divina, etc.

En consecuencia, si no hay cambio real y duradero en la gente que piensa que se ha convertido, su religión no vale nada, cualesquiera sean sus experiencias. La conversión es un cambio completo de dirección del hombre desde el pecado hacia Dios. Dios puede refrenar el pecado en la gente no conversa, por supuesto, pero en la conversión él cambia el propio corazón y la naturaleza de ellos desde el pecado a la santidad. La persona conversa se transforma en enemiga del pecado.

¿Qué entonces decir de la persona que declara que ha experimentado la conversión, pero cuyas emociones religiosas se desvanecen con rapidez, dejándola prácticamente igual a lo que era antes? Se le ve tan egoísta, mundana, necia, perversa y no cristiana como siempre. Eso habla en su contra mucho más de lo que cualquier experiencia religiosa pueda hablar de ella.

En Cristo Jesús, ni la circuncisión ni incircuncisión, ni la experiencia dramática ni la silenciosa, ni un maravilloso testimonio, ni uno aburrido cuentan para nada. Lo único que cuenta es una nueva creación.

Fuente: Jonathan Edwards, The Experience That Counts¡ Editado por N. R. Needham (Londres: Grace Publications Trust, 1991), pp 89, 90

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