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La ira de Dios | A. W. Pink

Por: A. W. Pink

La ira de Dios  es una perfección del carácter divino sobre el cual debemos meditar frecuentemente. Primero, para que nuestro corazón sea debidamente impresionado por el hecho de que Dios detesta el pecado. Siempre nos sentimos inclinados a considerar el pecado con ligereza, a disimular su fealdad, a excusarlo. Mas cuanto más estudiamos y meditamos sobre la forma en que Dios lo aborrece, y su terrible venganza sobre él, tanto más probable es que nos demos cuenta de su perversidad.

Segundo, para crear en nuestro corazón un verdadero temor de Dios. “Tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor” (Heb. 12:28,29). No podemos servir a Dios “agradándole” a menos que haya la debida “reverencia” ante su abrumadora Majestad, y “temor” ante su justa ira; y la mejor forma de promover entre nosotros dichas actitudes es la de traer a la memoria frecuentemente el hecho de que “nuestro Dios es fuego consumidor”.

Tercero, para que nuestra alma se proyecte en ferviente alabanza [a Jesucristo] por habernos librado de “la ira venidera” (I Tes. 1: 10). El hecho de que estemos dispuestos o no a meditar sobre la ira de Dios constituye la prueba más segura de cómo está realmente nuestro corazón para con él

Fuente: Los atributos de Dios, p.77


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