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Una carta abierta a mis amigos continuacionistas | John MacArthur

Por John MacArthur

Fuente: “Libro: Fuego Extraño. Publicado en 2014”

Este capítulo final es un llamamiento personal a los demás líderes del movimiento evangélico conservador que proclaman el evangelio verdadero, sin embargo, insisten en aceptar la idea de la continuación de los dones de revelación y milagrosos en la edad moderna.

He titulado este capítulo «Una carta abierta a mis amigos continuacionistas», porque quiero hacer hincapié, desde el principio, en que considero como hermanos en Cristo y amigos en el ministerio a todos los que son fieles compañeros obreros en la Palabra y el evangelio, incluso si le dan un lugar de legitimidad a la experiencia carismática. Tengo buenos amigos entre los que se autodenominan «carismáticos reformados» o «evangélicos continuacionistas».

El movimiento carismático está lleno de falsos maestros y charlatanes espirituales de la peor especie, como se ilustra acertadamente sintonizando el canal TBN (o cualquiera de las diversas cadenas de televisión carismáticas más pequeñas). En realidad, no considero a mis amigos continuacionistas como individuos de la misma clase que estos charlatanes espirituales y evidentes falsificadores. Me dirijo a los líderes cristianos que han demostrado  su compromiso con Cristo y su Palabra a través de los años. Su lealtad a la autoridad de las Escrituras y los fundamentos del evangelio ha sido constante e influyente, y es sobre esa base que compartimos una rica comunión en la verdad.

Estoy agradecido por las numerosas contribuciones que algunos de ellos han hecho a la verdad y la vida de la iglesia. Me he beneficiado personalmente, junto con mi congregación, de los libros escritos por autores continuacionistas, incluso teologías sistemáticas, comentarios bíblicos, biografías históricas, obras devocionales y tratados que defienden doctrinas fundamentales como la expiación vicaria, la inerrancia de la Biblia y las funciones que Dios les ha asignado a los  hombres y las mujeres.

En cuanto al tema carismático, muchos continuacionistas evangélicos han condenado con valentía ciertos aspectos de ese movimiento que reconocen están en contradicción directa con la Palabra de Dios, incluso las demandas indignantes del evangelio de la prosperidad. Por otra parte, los excesos extraños que caracterizan el movimiento no son tolerados. Incluso el término continuacionista es una protesta implícita contra la corrupción generalizada que caracteriza a la corriente principal de la enseñanza carismática. Como un autor continuacionista explicó: «El término carismático a veces se ha asociado con el error doctrinal, las afirmaciones sin fundamento de sanidades, las irregularidades financieras, las predicciones extravagantes e incumplidas, un excesivo énfasis en los dones del habla y algunos peinados lamentables […] Por eso he empezado a identificarme con más frecuencia como continuacionista en lugar de carismático».1

Ese tipo de distanciamiento es fundamental, ya que coloca una línea necesaria de distinción entre los carismáticos tradicionales y los evangélicos conservadores que creen en la continuación de los dones. Sin embargo, no creo que va lo bastante lejos. Estoy agradecido porque las doctrinas en las que estamos de acuerdo superan a las cosas en las que no coincidimos. No obstante, esto no significa que estas últimas pueden dejarse a un lado fácilmente.

De modo que, aunque doy gracias porque estamos juntos por el evangelio, también estoy convencido de que la unidad que compartimos en lo fundamental del evangelio no debe impedirnos abordar otros temas del mismo, sino que debe motivarnos a afinarnos entre sí en aras de la precisión bíblica. El amor a la verdad, sin ninguna falta de caridad personal, es lo que me motiva a escribir un libro como este. Es también lo que me obliga a expresar claramente que creo  que la posición continuacionista expone a la iglesia evangélica al continuo peligro de la mutación carismática.

CASI CESACIONISTAS

Antes de hablar de las peligrosas consecuencias de mantener una posición conservadora carismática (por ejemplo, el continuacionismo), resulta importante establecer una de las grandes ironías de esa posición: en realidad, los continuacionistas evidencian una forma incipiente de creacionismo. Voy a explicar lo que quiero decir.

La posición continuacionista afirma que la profecía moderna es falible y no autoritativa, reconoce que la práctica frecuente moderna de hablar en lenguas no consiste en auténticos idiomas extranjeros, y por lo general niega que los milagros de sanidad como los registrados en los evangelios y los Hechos se estén repitiendo hoy. Por otra parte, los continuacionistas admiten que el oficio único del apostolado cesó después del primer siglo de la historia de la iglesia.  Por lo tanto, los continuacionistas están de acuerdo en que no ha habido apóstoles en los últimos mil novecientos años, y que cualquier don de profecía infalible de los tiempos del Nuevo Testamento ha cesado (con la revelación inerrante continuando solo en la Biblia).

Gran parte de los continuacionistas reconoce que la capacidad milagrosa de hablar con fluidez en auténticos idiomas extranjeros, tal como se describe en Hechos 2, no sobrevivió más allá de la era apostólica. Y por lo general aceptan que las curaciones instantáneas, innegables, públicas y completas como las realizadas por Cristo y sus apóstoles no se han repetido desde el primer siglo.

Como un conocido pastor continuacionista declaró en una reciente entrevista: «Me parece, tanto por la Biblia como por la experiencia, que hubo un extraordinario afloramiento de bendición sobrenatural que rodeó a la encarnación, el cual no ha sido duplicado en algún otro momento de la historia. Nadie ha sanado como Jesús sanó. Nunca falló, lo hizo perfectamente, resucitó a los muertos, tocó y todas las llagas se fueron, y nunca arruinó las cosas».2

Esta observación es absolutamente correcta: los milagros de Cristo y por extensión los de sus apóstoles fueron únicos e irrepetibles. Reconocer este hecho cierto es aceptar la premisa fundamental del cesacionismo.

Quienes deseen hacer una comparación justa y sincera entre los fenómenos carismáticos de la actualidad y los milagros de Cristo y sus apóstoles, rápidamente descubrirán que es imposible ser un continuacionista sin reservas. Es más que evidente que las versiones carismáticas modernas del apostolado, la profecía, las lenguas y las sanidades no coinciden con los precedentes bíblicos.

Cualquier persona con un mínimo de integridad tendrá que admitirlo. No obstante, al admitir esto, corroboran la esencia del argumento cesacionista, sin importar las protestas que se hagan en sentido contrario.

Sin embargo, los continuacionistas insisten en usar la terminología de la Biblia para describir las prácticas carismáticas contemporáneas que no coinciden con la realidad bíblica. Por lo tanto, cualquier impresión personal o fantasía pasajera puede ser catalogada como «el don de profecía», al hablar en jerga se le llama «el don de lenguas», a toda providencia notable se le designa como un «milagro», y cada respuesta positiva a las oraciones por sanidad se ve como prueba de que una persona tiene el don de sanidad. Todo esto plantea un problema importante, ya que no es así como el Nuevo Testamento describe estos dones. Por lo tanto, que cualquier pastor o líder de la iglesia evangélica aplique la terminología bíblica a lo que no se corresponde con la práctica bíblica no solo es confuso, sino potencialmente peligroso para la enseñanza de la que esa persona es culpable.

 

LAS RAMIFICACIONES PELIGROSAS DE LA POSICIÓN CONTINUACIONISTA

Algunos continuacionistas conservadores podrían considerar este tema como secundario y relativamente menor, teniendo solo pequeñas ramificaciones para la iglesia en general. Otros parecen cómodamente indiferentes a la cuestión, lo que supone que casi no piensan en absoluto en esto. En realidad, las implicaciones son enormes y las consecuencias posiblemente desastrosas. He aquí ocho razones.

  1. La posición continuacionista le da una ilusión de legitimidad al movimiento carismático en general.

 Aunque los continuacionistas teológicamente conservadores respetables representan una pequeña minoría dentro del movimiento carismático, le proporcionan a todo el movimiento un aura de credibilidad teológica y respeto.

Cuando escribí Charismatic Chaos hace más de veinte años, la gente me acusó de hacerle frente solo al lado alocado del movimiento carismático. Estoy seguro de que algunos dirán lo mismo de este libro. Sin embargo, esta obra trata en específico de la corriente principal del movimiento carismático. Los continuacionistas reformados son los que están realmente al margen, ya que no constituyen un ejemplo de la gran mayoría de los carismáticos. No obstante, cuando eruditos continuacionistas notables le dan credibilidad a las interpretaciones carismáticas o dejan de condenar directamente las prácticas carismáticas, le proporcionan cobertura teológica a un movimiento que debe ser expuesto por sus peligros en lugar de defendido.

Uno de los más respetados estudiosos del Nuevo Testamento en el mundo evangélico proporciona un ejemplo de esto. Como exégeta cuidadoso que trata de ser fiel al texto del Nuevo Testamento, este hombre identifica correctamente el don de lenguas con los idiomas auténticos. Sin embargo, sus presuposiciones continuacionistas le impiden llegar a la conclusión de que el don de lenguas ha cesado. Como resultado, se ve obligado a elaborar una hipótesis desconcertante en la que afirma que los balbuceos modernos pueden parecer galimatías, pero es posible que constituyan un idioma racional al mismo tiempo. En un amplio debate sobre este asunto, proporciona el siguiente ejemplo para ilustrar su punto de vista:

Supongamos que el mensaje es:

Alabad al Señor, porque su misericordia es eterna.

Retire las vocales para lograr:

LBD L SÑR PRQ S MSRCRD S TRN.

 

Esto puede parecer un poco extraño, pero si tenemos en cuenta que el hebreo moderno se escribe sin la mayoría de los vocales, se puede imaginar que con la práctica es posible leer la frase muy bien. Ahora quite los espacios y, a partir de la primera letra, vuelva a escribir la secuencia usando cada tercera letra, avanzando a través de la secuencia hasta que se agoten todas las letras. El resultado es:

LLRRSRTBSPSRDRDÑQMCSN.

Ahora agregue un sonido «a» después de cada consonante y rompa la unidad en trozos arbitrarios:

 

LALARA RASARA TABASA

PASARADA

RADAÑA QAMACASANA.

 

Creo que resulta indistinguible de las transcripciones de algunas lenguas modernas. Sin duda, es muy similar a algunas que he escuchado.

No obstante, el punto importante es que transmite la información siempre y cuando se sepa el código. Cualquiera que conozca los pasos que he dado podría invertir el proceso con el fin de recuperar el mensaje original […]

Parece, entonces, que las lenguas pueden tener información cognitiva, aunque no sean idiomas humanos conocidos, al igual que un programa de computadora es un «lenguaje» que transmite una gran cantidad de información a pesar de que no sea un «lenguaje» que alguien realmente hable.3

Si bien esta propuesta es innovadora, no tiene ningún fundamento exegético y añade una complejidad innecesaria que no se justifica a partir de la descripción del Nuevo Testamento del don de lenguas. Explicaciones únicas de este tipo, aunque bien intencionadas, tratan de hacer lo imposible. Todos los esfuerzos para conciliar el milagro bíblico de hablar lenguas extranjeras y la práctica moderna del parloteo sin sentido fallan.

Si esta interpretación no viniera de uno de los autores académicos más respetados de nuestro tiempo, probablemente no obtendría ninguna atención en cualquier foro serio. No obstante, debido a la reputación de este escritor en particular como erudito evangélico distinguido, muchos carismáticos se aferran a su idea como si fuera una defensa creíble de su posición. Pero no lo es. Se trata  de un intento desesperado y evidente de defender lo indefendible. Teorías inverosímiles como estas provenientes de fuentes dignas de crédito solo sirven para legitimar un movimiento que en realidad se basa en argumentos insostenibles y falacias exegéticas.

En una entrevista en línea, otro pastor continuacionista insiste en que la versión moderna del habla extática es una expresión legítima del don, a pesar de que admite que a menudo se falsifica en los círculos carismáticos. Hablando de su propio deseo de hablar en lenguas, señala:

Esta misma mañana me encontraba caminando por mi sala de estar […] [y] pensaba en las lenguas. Me dije: «Hace tiempo que no considero lo de las lenguas». Así que hice una pausa […] Y le pedí: «Señor, todavía estoy ansioso de hablar en lenguas. ¿Quieres darme ese don?». Ahora bien, en ese momento usted puede tratar de decir «banana» a la inversa si quiere. Yo solía sentarme en el coche fuera de la iglesia cantando en lenguas, pero sabía que no eran tal cosa. Solo estaba inventando. Y me decía: esto no lo es. Sé que no es así. No obstante, eso es lo que ellos tratan que uno haga si pertenece a ese grupo determinado. Y yo solo hice todo lo posible para tratar de conseguirlo, y el Señor siempre me ha dicho sin palabras: «No». «No» […] Sin embargo, no me imagino que esta sea su última palabra. Y así, de vez en cuando, solo me vuelvo a él como un niño y le digo: «Muchos de mis hermanos y hermanas tienen este juguete, tienen este don. ¿Puedo tenerlo?».4

 

Este testimonio ilustra la angustia causada por un mal entendimiento de los dones: desear que Dios le dé algo que él eliminó de la iglesia hace mucho tiempo.

Por un lado, estoy agradecido porque este pastor sea lo bastante franco para reconocer que nunca ha experimentado el fenómeno contemporáneo, sobre todo porque la versión moderna constituye una experiencia falsa. Por el otro, la creencia de este respetado pastor en que el éxtasis ininteligible puede ser una expresión genuina de los dones espirituales le otorga legitimidad a todos los que asocian el balbuceo sin sentido con el Espíritu de Dios. Aunque este pastor es un conocido defensor de la sana doctrina en muchos aspectos vitales, su posición en lo que respecta a las lenguas proporciona una plataforma de verosimilitud para millones de carismáticos que son mucho menos responsables de lo que él es.

 

  1. La posición continuacionista degrada la naturaleza milagrosa de los verdaderos dones que Dios le concedió a la iglesia del primer siglo.

 Los relatos evangélicos, junto con el libro de Hechos, registran los milagros más grandes y espectaculares que jamás hayan ocurrido en toda la historia humana. Dios le estaba dando una nueva revelación a la iglesia, a través de sus apóstoles y profetas, para que el Nuevo Testamento se pudiera escribir. El Espíritu Santo los capacitó con el don de lenguas para que hablaran palabras extranjeras que nunca habían aprendido. Y les otorgó el don de sanidad a determinados individuos, lo que les permitió sanar a las personas que estaban ciegas, lisiadas, sordas y leprosas con el fin de validar su mensaje. El propósito de esos milagros y su relación con la presentación inicial de la verdad del evangelio se hace diáfano en Hebreos 2.3–4: «[La salvación contenida en el evangelio] habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad». Este pasaje bíblico priva de sentido la noción carismática de que las señales, los prodigios, los milagros, así como los dones de lenguas, profecía y sanidad, pertenecen a la experiencia cotidiana de todos los cristianos.

Además, cuando los continuacionistas utilizan la terminología de los dones del  Nuevo Testamento, pero luego definen esos términos para adaptarse a la práctica carismática, deprecian el carácter extraordinario de la cosa real. Como resultado, empequeñecen la manera gloriosa en que el Espíritu Santo obró en las etapas iniciales de la historia de la iglesia. Si los dones que se practican en las iglesias carismáticas hoy son equivalentes a los descritos en el Nuevo Testamento, entonces esos dones originales no eran milagrosos en absoluto.

Hacer declaraciones que están llenas de errores no es coherente con el don bíblico de la profecía. Hablar galimatías no representa el verdadero don de lenguas. Y orar por sanidad, a sabiendas de que esas oraciones no serán contestadas, no constituye el don apostólico de la sanidad.

Como cristianos evangélicos, deseamos ver al Dios trino honrado y su Palabra exaltada. Cuando los carismáticos secuestran la terminología del Nuevo  Testamento y redefinen los dones bíblicos, degradan lo que Dios hizo milagrosamente en el primer siglo. Los continuacionistas conservadores ayudan en esta falsedad.

 

  1. La posición continuacionista limita severamente la capacidad de sus defensores para hacerle frente a otros que caen en la confusión carismática.

 Con la concesión de mérito a las premisas básicas de un movimiento degradado, los continuacionistas terminan renunciando a la capacidad de hacerle frente a otros líderes evangélicos que practican el comportamiento carismático extraño o hacen afirmaciones extravagantes basados en supuestas revelaciones de Dios.

Un ejemplo claro de esto salió a la luz hace unos años, cuando un popular pero provocativo joven pastor comenzó a afirmar que Dios le estaba mostrando visiones gráficas de personas específicas que participaban en actos sexuales, los cuales incluían violación, fornicación y acoso sexual de niños.5 Con un aire de valentía temeraria, el pastor describió sus supuestas visiones a su audiencia con detalles escandalosos, de tal manera que el resultado constituyó una clara violación de Efesios 5.12, 1 Timoteo 4.12 y una multitud de otros pasajes bíblicos. Esos mensajes fueron puestos a disposición del público a través de la página web de su ministerio.

Obviamente, las visiones de ese tipo no provienen de Dios, sino de una imaginación que ha sido expuesta de forma excesiva a las influencias mundanas.

Aunque los cesacionistas se apresuraron a señalar la presunción pornográfica del pastor, algunos líderes continuacionistas se encontraron en un dilema. Por un lado, no podían estar a gusto con las imágenes lascivas que este joven reclamaba haber recibido de Dios. Por el otro, no podían negar definitivamente su afirmación de que el Espíritu Santo le estaba dando nueva revelación, sin importar lo escabrosa o llamativa que fuera. Al final, se quedaron incómodamente en silencio, lo que fue interpretado como una aceptación.

Otros ejemplos también podrían enumerarse, lo que demuestra que, si bien los carismáticos reformados quieren distanciarse de la corriente principal del movimiento carismático, se han colocado en una posición que hace que resulte casi imposible para ellos formular una crítica eficaz. Un pastor evangélico influyente reiteró hace poco el hecho de que se había sentido francamente intrigado por el movimiento de la Tercera Ola en la década de 1990, viendo al Vineyard Movement de John Wimber como un auténtico avivamiento. 6 Un conocido teólogo sistemático insinúa que estar muerto en el Espíritu puede ser una cosa buena, siempre y cuando se obtengan resultados positivos en las vidas de las personas.7 Otro autor evangélico muy leído renunció a su pastorado en 1993 para convertirse en una especie de mentor teológico en el Kansas City Prophets.8 Cuando ese grupo se fragmentó, el antiguo mentor dejó Kansas City y fundó un ministerio propio que tiene un enfoque mucho más discreto de los dones carismáticos. No obstante, él sigue insistiendo en que la profecía falible es genuina.9

En lugar de hacerle frente a los errores carismáticos, los líderes continuacionistas se encuentran repetidamente a sí mismos coqueteando con los aspectos de un movimiento que está lleno de errores graves y posee un liderazgo corrupto. Debido a que han permitido que el movimiento carismático moderno redefina los dones para ellos, han debilitado seriamente su capacidad para hacerle frente a ese error con autoridad. No obstante, renunciar a ese alto nivel exegético es completamente innecesario.

 

  1. Al insistir en que Dios sigue dando nueva revelación para los cristianos de hoy, el movimiento continuacionista le abre las puertas a la confusión y el error.

 La aceptación de la profecía falible en los círculos continuacionistas ha expuesto a todo el movimiento evangélico a las doctrinas erradas que acompañan a esas profecías.

Las innumerables falsas profecías de Jack Deere, Paul Cain, Bob Jones y los profetas de Kansas City son suficientes para ilustrar este punto. Cuando me reuní en privado en mi oficina con Jack Deere, el antiguo profesor del Seminario Teológico de Dallas, y el autoproclamado profeta Paul Cain en 1992, Deere trató de convencerme de que él representaba un segmento doctrinalmente sano del movimiento carismático. Trajo a Cain para probarnos a mí y dos de mis compañeros ancianos que el don de profecía sigue operando en la iglesia.

Durante nuestra reunión, Cain se mostró casi totalmente incoherente, actuando como un borracho. Aunque Deere se disculpó por el comportamiento extraño de Cain, quiso hacernos creer que era el resultado de la unción del Espíritu.

Mientras la conversación avanzaba, ambos hombres reconocieron que sus profecías con frecuencia estaban equivocadas. Por supuesto, hemos señalado que las Escrituras condenan definitivamente toda falsa profecía. Los profetas bíblicos tuvieron un nivel del ciento por ciento de exactitud. La defensa de Deere fue señalar la obra de un evangélico que abogó por la continuación del don profético.10  Al apoyar la posibilidad de la profecía falible, este teólogo evangélico respetado les proporcionó a Deere y Cain un barniz de legitimidad, a pesar del hecho de que ellos estaban violando claramente los requisitos bíblicos para la profecía que se encuentran en Deuteronomio 13 y 18. La premisa continuacionista popular de que el don de profecía del Nuevo Testamento es con frecuencia erróneo invita abiertamente a los falsos profetas a la iglesia (cp. Mateo 7.15), promoviendo al mismo tiempo una forma de credulidad congregacional en la que incluso los cristianos sinceros pueden ser inducidos a creer que Dios está hablando (cuando en realidad no es así).

Algunos años más tarde, el ministerio de Paul Cain se vio desacreditado cuando admitió tanto una larga práctica de embriaguez como de homosexualidad.

Irónicamente, ninguno de los otros llamados profetas de ese movimiento previó esto. De hecho, lo habían aclamado como el profeta superior con el mejor don ¡Demasiado discernimiento profético! Si tales profetas carismáticos no saben la verdad acerca de sus asociados, las personas a las que influyen no tienen ninguna esperanza de saberlo tampoco.

A pesar de lo expuesto sobre Paul Cain, algunos líderes continuacionistas siguen insistiendo en que él realmente profetizó, aunque luego fue dado a conocer como un charlatán inmoral. En las palabras de un líder evangélico: Paul Cain era profeta en aquellos días y ha sido desacreditado por completo. Fui a un evento de Paul Cain y profetizó sobre mí. Y se equivocó. Lo vi predicar dos veces y la forma en que usaba la Biblia era como si fuera un manual básico para llegar a algo real, y lo real era: «El hombre a mi espalda con la camiseta roja se va a Australia en tres semanas, y está nervioso, pero quiero asegurarle que su visa vendrá». Ahora bien, eso pasó, y creo que realmente sucedió. En mi teología cabe que el Espíritu Santo puede hacer eso, pero Paul Cain puede ser un charlatán. Era un charlatán, lo creo. Aunque en realidad profetizó.11

Si bien es cierto que los falsos profetas a veces pueden hacer predicciones precisas (por ejemplo, Balaam [Números 23.6–12]; Caifás [Juan 11.49–51]), esta anécdota ilustra la confusión inherente a la posición continuacionista. ¿Por qué alguien no etiqueta al inmoral Paul Cain como un falso profeta cuando da falsas profecías? Acreditarle al Espíritu Santo las palabras que podrían ser de los demonios a través de la boca del falso profeta es un grave error de juicio que destaca el peligroso juego que los continuacionistas se ven obligados a jugar. 

La posición continuacionista invita a cualquier cristiano a interpretar cualquier impresión personal o sentimiento subjetivo como una posible revelación de Dios.

Por otra parte, se elimina la norma autorizada y objetiva para cuestionar la legitimidad de la supuesta revelación de Dios que una persona alegue haber recibido. Dentro del paradigma continuacionista, es normal que una persona no sepa con certeza si una idea proviene de Dios o de alguna otra fuente. Sin embargo, eso es un subproducto directo de la teología carismática corrupta que degrada y elimina el discernimiento, desviando a las personas de la verdad.

Este punto se ilustra claramente por medio de la experiencia de un pastor continuacionista conocido, cuya vida fue sacudida por una mujer en la congregación que se le acercó con una supuesta palabra de Dios. Él cuenta la historia de esta manera: Una mujer vino a mí, mientras mi esposa estaba embarazada de mi cuarto hijo. Ella comentó: «Tengo una profecía muy difícil para usted». Le contesté: «Está bien». Ella dijo (en realidad, la escribió y me la dio):

«Su mujer va a morir al dar a luz y va a tener una hija». Regresé a mi estudio. Le di las gracias y le dije: «Se lo agradezco». Olvido lo que digo, pero esto no, yo no quería oír eso. De vuelta en mi estudio, me puse de rodillas y lloré […] Y cuando llegó nuestro cuarto hijo, no hija, di un grito, como siempre lo hago, pero este grito fue un poco más fuerte, porque supe tan pronto como nació el niño que esa no era una verdadera profecía.12

Si la profecía falsa puede tener ese tipo de efecto en la vida de este líder evangélico, imagínese las consecuencias devastadoras que tendría sobre los laicos que no tienen su nivel de discernimiento bíblico.

Dentro del movimiento carismático general este problema es mucho peor que  con los teológicamente conservadores continuacionistas, ya que no están restringidos por la sana doctrina de la teología reformada. El hecho de que el mundo carismático esté lleno de falsos maestros y estafadores espirituales no es ciertamente una coincidencia. Se trata de la obra del padre de la mentira. La elevación de las experiencias imaginadas y las impresiones subjetivas ha abierto la puerta a todo tipo de engaño. La idea de que los cristianos deben esperar con  regularidad recibir una revelación extrabíblica de Dios a través de experiencias místicas, junto con la idea escandalosa de que incluso revelaciones erróneas son expresiones auténticas del don profético, ha creado el desastre teológico que es el movimiento carismático. Tristemente, algunos estudiosos continuacionistas conservadores no están en condiciones de detener la masacre.

 

  1. Al insistir en que Dios sigue dando nueva revelación para los cristianos de hoy, el movimiento continuacionista niega tácitamente la doctrina de la sola Scriptura.

 En este punto, todo el movimiento está más concisamente definido. En esencia, se trata de una desviación que los aleja de la autoridad absoluta de las Escrituras.

Obviamente, ningún continuacionista conservador negaría el canon cerrado por completo. Tampoco negaría la autoridad o la suficiencia de las Escrituras. En realidad, mis amigos continuacionistas se encuentran entre algunos de los más destacados defensores de la infalibilidad de la Biblia, y estoy agradecido por su compromiso con la primacía de las Escrituras y su afirmación incondicional del hecho de que la Escritura sola es nuestra guía autorizada para la doctrina y la práctica.

Sin embargo, en realidad la visión continuacionista incumple en lo que respecta a la suficiencia única de las Escrituras en los niveles más prácticos, ya que les enseña a los creyentes a buscar una revelación adicional de Dios fuera de la Biblia. Como resultado, las personas están condicionadas a esperar impresiones y palabras de Dios más allá de lo que se registra en las páginas de las Escrituras. 

Mediante el uso de términos como profecía, revelación o una palabra de parte del Señor, la posición continuacionista tiene un potencial real para dañar a las personas mediante la unión de sus conciencias a un mensaje erróneo o su  manipulación a fin de que tomen decisiones imprudentes (porque creen que Dios las está dirigiendo a hacerlo así). Aunque los continuacionistas insisten en que la profecía congregacional no tiene autoridad (al menos, no en el nivel corporativo), no es difícil imaginar un sinnúmero de formas en las que podría ser objeto de abuso por parte de líderes de la iglesia sin escrúpulos.

Por un lado, los continuacionistas insisten en que la profecía moderna es una revelación de Dios. Por el otro, reconocen que a menudo está llena de errores y equivocaciones, por lo que les advierten a las personas que nunca basen sus decisiones futuras en una palabra profética. Ese tipo de doble discurso solo amplía la confusión teológica inherente a la posición continuacionista.

En esencia, el punto de vista continuacionista permite que la gente diga: «Así dice el Señor» (o: «Tengo una palabra de parte del Señor») y después dé un mensaje que está lleno de errores y, por lo tanto, es en verdad algo que el Señor no dijo. Como resultado, se permite a las personas atribuirle al Espíritu de verdad mensajes que no son ciertos. Esto raya en la presunción blasfema y pone a sus defensores en una situación espiritual precaria. Obviamente, este tipo de error no puede ser apoyado por las Escrituras. Por lo tanto, los defensores de la profecía moderna son finalmente forzados a defender su punto de vista apelando a las anécdotas. Ellos hacen de su propia experiencia la autoridad, en vez de la clara enseñanza de las Escrituras, y esto socava más el principio de la Reforma de la sola Scriptura.

 

  1. Al permitir una forma irracional de hablar en lenguas (por lo general como un lenguaje privado de oración), el movimiento continuacionista abre la puerta al éxtasis sin sentido de la adoración carismática.

 Los continuacionistas por lo general definen el don de lenguas como un lenguaje de oración devocional que está disponible para todos los creyentes. A diferencia del don apostólico (descrito en Hechos 2), las lenguas no consisten primariamente de auténticos idiomas humanos. Por el contrario, se caracterizan por la vocalización incoherente de sílabas que luego son catalogadas como «lenguas de ángeles» o un «lenguaje celestial». Aunque los continuacionistas son más cuidadosos que los carismáticos convencionales en cuanto al control de la práctica de la glosolalia en los servicios de la iglesia, las lenguas siguen siendo alentadas para su uso en la oración privada.

Cualquier afirmación de la moderna glosolalia, aun si es relegada solo a la oración en privado, anima a los creyentes a buscar una intimidad espiritual más profunda con Dios por medio de experiencias místicas, confusas e incluso sin sentido. Esta es una práctica peligrosa para los creyentes, que están llamados a renovar sus mentes, no pasar por alto sus facultades intelectuales, ni someter la razón a la emoción cruda. Cualquier énfasis en las lenguas también puede fomentar el orgullo espiritual en la iglesia (como sucedió con los corintios). Los que han experimentado el «don» pueden fácilmente verse a sí mismos como  superiores a los que no lo tienen. Por otra parte, la visión continuacionista de las lenguas apoya un uso egoísta de los dones. En 1 Corintios 12 resulta claro que todos los dones fueron dados para la edificación de los demás en el cuerpo de Cristo, y no para propósitos de  engrandecimiento personal, incluidas la manipulación de las propias pasiones.

Apoyar el balbuceo le abre la puerta al pentecostalismo más amplio, ya que «hablar en lenguas» es el sello distintivo del movimiento pentecostal. A partir de ahí, se inicia un camino hacia el ecumenismo, ya que este fenómeno se vive en muchos grupos doctrinalmente diversos (incluidos los católicos y aun religiones no cristianas). Una vez más, el continuacionista se encuentra en un dilema doctrinal. Si las lenguas modernas son un don del Espíritu Santo, ¿por qué los católicos y otros grupos no cristianos, que están desprovistos del Espíritu, las hablan?

Jesús declaró que la verdadera oración no se debe caracterizar por la vana repetición, y el apóstol Pablo recalcó que el verdadero Dios no es un Dios de confusión. Sin embargo, el trastorno confuso y la repetición sin sentido de sonidos sin significado están en contradicción directa con estos requerimientos bíblicos. El punto de vista continuacionista (que las lenguas pueden ser auténticas lenguas humanas) no solo es ajeno a la descripción clara de las Escrituras, sino también al testimonio universal de la historia de la iglesia. Nadie en la historia de la iglesia equiparó el «don de lenguas» con hablar galimatías hasta que el movimiento carismático moderno lo hizo. Las únicas excepciones posibles proceden de los herejes, los grupos sectarios y las religiones falsas, todas fuentes de las que los evangélicos conservadores tendrían razón en desear distanciarse.

 

  1. Al afirmar que el don de sanidades ha continuado hasta el presente, la posición continuacionista afirma la misma premisa básica que subyace en los ministerios fraudulentos de los sanadores por fe carismáticos.

 Los continuacionistas definen el don de sanidades como la posibilidadocasional de curar (cuando Dios lo quiere), principalmente mediante la oración. Tales curaciones no siempre son eficaces, visibles e inmediatas en cuanto a los resultados previstos, sin embargo, los que tienen el don de sanidades, o el don de fe, pueden ver sus oraciones por los enfermos respondidas con más frecuencia o rapidez.

Los continuacionistas se apresuran a diferenciar este don moderno de los ministerios de sanidad de Cristo y los apóstoles (según constan en el libro de Hechos). Considerando que estas curaciones eran claramente milagrosas, inmediatas, públicas e innegables, la comprensión continuacionista de la sanidad se reduce en esencia a una oración para que alguien consiga curarse y que puede ser respondida en un período prolongado de tiempo. Creo profundamente en el poder de la oración. Todos los cesacionistas lo hacen. Sin embargo, los actos especiales de la providencia divina en respuesta a la oración no son equivalentes al don milagroso de sanidad que se describe en el Nuevo Testamento. Reducir el don de esa manera es menospreciar lo que sucedía en el primer siglo de la historia de la iglesia.

A pesar de su intento por distanciarse de los sanadores por fe de la corriente principal del movimiento carismático, los continuacionistas les dan una legitimidad necesaria al afirmar una continuación del don bíblico de sanidad. Es una crueldad absoluta darles algún mérito a los sanadores fraudulentos que se aprovechan de la gente desesperada vendiéndoles falsas esperanzas. Para ser justos, cuando los continuacionistas evangélicos asumen el tema del evangelio de la prosperidad de la salud y las riquezas, por lo general se destacan en su denuncia de ese error. Estoy agradecido por su condena de un evangelio tan falso, solo me hubiera gustado que hablaran más sobre el tema. Sin embargo, ¿por qué defender un «don de sanidades» moderno en absoluto? Hacerlo constituye una plataforma para los charlatanes y estafadores. Permitan que el don de sanidades se reconozca por lo que realmente era: la milagrosa capacidad dada por Dios para sanar instantáneamente a las personas de la misma manera que Cristo y sus apóstoles. Hoy no existe tal don, pues si así fuera, por qué no están los sanadores curando en los hospitales o entre los heridos de guerra.

Al igual que hacen con el don de profecía (donde la exactitud de la profecía se ve como dependiente de la fe del profeta), los continuacionistas tienden a ver el éxito de las curaciones como dependiente de la fe del sanador. Aunque esto es mejor que colocar la responsabilidad en la fe de la persona que está siendo sanada (como Benny Hinn y la mayoría de los otros sanadores carismáticos hacen), aun así sirve como una excusa conveniente cuando los enfermos no se curan. No obstante, ninguna clase de «curación» que deja a la mayoría de las personas enfermas y discapacitadas en lugar de sanas y saludables puede coincidir con el don bíblico. ¿Por qué no reconocer esto?

 

  1. La posición continuacionista deshonra en última instancia al Espíritu Santo, al distraer a las personas de su verdadero ministerio mientras las cautiva con falsificaciones.

 Todos los verdaderos creyentes aman a Dios el Padre, al Señor Jesucristo y al Espíritu Santo. Ellos están profundamente agradecidos por la obra del Espíritu que incluye regeneración, morada, seguridad, iluminación, convicción, comodidad, llenado y capacitación santificadora. Ellos nunca quieren hacer nada que menoscabe el honor debido a su nombre, ni tampoco desean distraer a los demás de su verdadera obra. Sin embargo, sin querer, la posición continuacionista sí hace tales cosas.

La herramienta principal que el Espíritu Santo usa para santificar a los creyentes es su Palabra inspirada. Al insistir en que Dios habla directamente mediante la revelación intuitiva, las experiencias místicas y los dones falsificados, los continuacionistas en realidad disminuyen los verdaderos medios de santificación de Dios. Como resultado, los creyentes se sienten tentados a apartarse de la Palabra y por lo tanto pierden la espiritualidad genuina, eligiendo en su lugar la esterilidad de los sentimientos subjetivos, las experiencias emocionales y los encuentros imaginarios. No obstante, ser lleno del Espíritu en verdad resulta de tener morando en uno la Palabra de Dios (Efesios 5.18; Colosenses 3.16–17). Andar en el Espíritu se demuestra mediante el fruto de una vida cambiada (cp. Gálatas 5.22–23). La evidencia de la obra del Espíritu se mide en términos de crecimiento en santidad y semejanza a Cristo, no por arrebatos emocionales o experiencias extáticas.

En realidad, la posición continuacionista establece obstáculos en el camino hacia la santificación y el crecimiento espiritual, porque respalda el paradigma de las prácticas que no conducen a una mayor santidad o a la semejanza de Cristo. De esa manera, distrae a los creyentes de la verdadera obra del Espíritu e interfiere con la misma.

 

UN LLAMADO FINAL A LA ACCIÓN

Estoy convencido de que los peligros inherentes a la posición continuacionista son tales que una clara advertencia debe ser emitida. Hay demasiado en juego para que mis amigos reformados carismáticos y evangélicos continuacionistas ignoren las implicaciones de su punto de vista. Como líderes en el mundo evangélico, ejercen una gran influencia, así que la trayectoria que establezcan determinará el curso de la próxima generación de ministros jóvenes y el futuro del evangelicalismo. Por eso, un límite tiene que ser establecido, y los que están dispuestos a ponerse de pie y defender la verdadera obra del Espíritu deben hacerlo.

El Nuevo Testamento nos llama a guardar cuidadosamente lo que ha sido confiado a nosotros (2 Timoteo 1.14). Debemos mantenernos firmes en la verdad del evangelio, la fe una vez dada a los santos (Judas 3). Cualquier compromiso con el error y el subjetivismo de la teología carismática permite que el enemigo entre en nuestro terreno. Estoy convencido de que el movimiento carismático general le abrió la puerta al más grande error teológico quizás más que cualquier otra aberración doctrinal en el siglo veinte (inclusive el liberalismo, la psicología y el ecumenismo). Esa es una declaración audaz, lo sé. No obstante, la prueba está a nuestro alrededor. Una vez que se le permite al experiencialismo que entre, no hay ningún tipo de herejía o maldad que no pueda introducirse en la iglesia.

La teología carismática es el fuego extraño de nuestra generación y los cristianos evangélicos no deben coquetear con ella a ningún nivel. No puedo entender por qué alguien querría legitimar una práctica que no tiene precedente bíblico, sobre todo cuando la práctica moderna ha demostrado ser una puerta de acceso a todo tipo de error teológico. Los continuacionistas parecen felizmente inconscientes de esto y despreocupados por lo mismo. Su fracaso en cuanto a notar cómo su enseñanza socava la autoridad, la suficiencia y la singularidad de las Escrituras equivale a una transgresión negligente.

Tal como dije en la introducción de este libro, es hora de que la verdadera iglesia responda. En un momento en que hay un resurgimiento del evangelio bíblico y un renovado interés en las solas de la Reforma, es inaceptable permanecer de brazos cruzados. Todos los que son fieles a las Escrituras deben levantarse y condenar todo lo que asalta la gloria de Dios. Estamos obligados a aplicar la verdad en una defensa audaz del nombre sagrado del Espíritu Santo. Si decimos ser leales a los reformadores, debemos comportarnos con su mismo nivel de coraje y convicción, contendiendo seriamente por la fe. Tiene que haber una guerra colectiva contra los abusos generalizados hacia el Espíritu de Dios. Este libro es un llamado a unirse a la causa para defender su honor.

Mi oración es que mis amigos continuacionistas (y todos lo que quieran unirse a esta causa) vean los peligros de la teología carismática, rechacen con valentía lo que la Biblia condena como un error, y apliquen juntos el mandato de Judas 23, rescatando almas del fuego extraño de la falsa espiritualidad.

 

Notas:

Capítulo 12: Una carta abierta a mis amigos continuacionistas

1. Bob Kauflin, Worship Matters (Wheaton, IL: Crossway, 2008), p. 86.

2. John Piper en una entrevista con David Sterling, «A Conversation with

John Piper», The Briefing, 27 octubre 2011, http://matthiasmedia.com/briefing/2011/10/a-conversation-with-john-piper/.

3. D. A. Carson, Showing the Spirit (Grand Rapids: Baker Books, 1987), pp. 85–86 [Manifestaciones del Espíritu (Barcelona: Publicaciones Andamio,

297 2000)].

4. John Piper, «What Is Speaking in Tongues?», vídeo en línea; grabado diciembre 2012, publicado por David Mathis, «Piper on Prophecy and

Tongues», blog de Desiring God, 17 enero 2013, http://www.desiringgod.org/blog/posts/piper-on-prophecy-and-tongues.

5. Para más información sobre profecías espeluznantes de Mark Driscoll, ver

Phil Johnson, «Pornographic Divination», blog de Pyromaniacs, 15 agosto 2011, http://teampyro.blogspot.com/2011/08/pornographic-divination.html.

6. John Piper, entrevista con David Sterling.

7. Wayne Grudem, Systematic Theology (Grand Rapids: Zondervan, 1994),

640.

8. En cuanto a la relación de Sam Storms con Mike Bickle y la KCP, ver

Mike Bickle, Growing in the Prophetic (Lake Mary, FL: Charisma House,

2008), pp. 120–21.

9. Cp. Sam Storms, «A Third Wave View», en Four Views of the Miraculous

Gifts, ed. Wayne Grudem (Grand Rapids: Zondervan, 1996), pp. 207–12.

10. Cp. Wayne Grudem, The Gift of Prophecy (Wheaton, IL: Crossway,

1988).

11. John Piper, entrevista con David Sterling.

12. John Piper, «What Is the Gift of Prophecy in the New Covenant?», vídeo en línea; grabado diciembre 2012, publicado por David Mathis, «Piper on Prophecy and Tongues», blog de Desiring God, 17 enero 2013, http://www.desiringgod.org/blog/posts/piper-on-prophecy-and-tongues.


También le puede interesar:

Notas del libro “Fuego Extraño” | John MacArthur (Parte V)

 

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One Response to Una carta abierta a mis amigos continuacionistas | John MacArthur

  1. HiCardona says:

    podrían por favor explicar los siguientes versiculos de la biblia:
    Hechos 2:17-21 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
    17 Y en los postreros días, dice Dios,
    Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,
    Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;
    Vuestros jóvenes verán visiones,
    Y vuestros ancianos soñarán sueños;

    18 Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días
    Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.

    19 Y daré prodigios arriba en el cielo,
    Y señales abajo en la tierra,
    Sangre y fuego y vapor de humo;

    20 El sol se convertirá en tinieblas,
    Y la luna en sangre,
    Antes que venga el día del Señor,
    Grande y manifiesto;

    21 Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

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