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El cristiano y las aflicciones | J. C. Ryle


Por: J. C. Ryle

Vivimos en esta tierra tan hermosa y placentera –estamos rodeados de un mundo que sonríe y es alegre—que si no sufriéramos enfermedades, pruebas y desencantos, olvidaríamos nuestra patria celestial y levantaríamos nuestra tienda junto a esta Sodoma. Por eso es que el pueblo de Dios pasa por grandes tribulaciones, por eso es que, a menudo, es llamado a sufrir el ardor de la aflicción y la ansiedad, o a llorar ante el sepulcro de aquellos a quienes han amado con toda su alma.

Es la mano del Padre que los disciplina; es así como les quita su afecto por las cosas de este mundo y lo fija solo en él, así los prepara para la eternidad y corta uno por uno los hilos que atan sus inconstantes corazones a este mundo. Sin duda, esta disciplina es difícil por un tiempo, pero aun así hace aflorar muchas gracias escondidas y corta muchas semillas secretas de maldad, de manera que contemplaremos a aquellos que más han sufrido brillando entre las estrellas más brillantes del cielo. El oro más puro es el que ha estado más tiempo en el horno del refinador.

El diamante más brillante es, a menudo, el que requiere ser más pulido y lustrado. Pero nuestra leve aflicción dura solo un momento y produce en nosotros un, cada vez más excelente y eterno, peso de gloria (2 Co. 4:17). Los santos son hombres que han salido de grandes tribulaciones, nunca permanecen ni mueren en ellas. La última noche de llanto pronto pasará, la última ola de problemas habrá acabado de rodar sobre nosotros y, entonces, tendremos una paz que sobrepuja todo entendimiento: Moraremos eternamente con  el Señor.

J. C. Ryle (1816-1900): Obispo de la Iglesia Anglicana. Venerado autor de Holiness (Santidad), Knots Untied (Nudos desatados), Old Paths (Sendas antiguas), Expository Thoughts on the Gospels (Pensamientos expositivos de los Evangelios) y muchos otros. Nació en Macclesfield, Condado de Cheshire, Inglaterra.

Tomado de la Revista “Portavoz de la Gracia” Consuelo en las aflicciones


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