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PECADOR DATE PRISA Y CLAMA POR PERDÓN | Charles Spurgeon

Por: Charles Spurgeon

“Apresúrate a mí, oh Dios. Oh Jehová, no te detengas.” Podemos demandar urgencia de Dios, si todavía no somos salvos, porque nuestra necesidad es urgente. Estamos en peligro constante, y el peligro es de la peor especie. Oh, pecador, dentro de una hora, dentro de un minuto, puedes encontrarte donde la esperanza ya no te visitará más.

Por lo tanto, clama: “Date prisa, Oh, Dios, líbrame; ¡apresúrate a socorrerme!” El tuyo es un caso que no admite demoras. No tienes tiempo para perder. Eres un alma urgida, porque tu necesidad es urgente. Y recuerda, si estás realmente en una necesidad, y el Espíritu está obrando en ti, tendrás la sensación de urgencias y debes actuar con urgencia.

Un pecador ordinario podría contentarse con esperar, pero un pecador vivificado quiere misericordia ahora mismo. Un pecador muerto permanecerá quieto, pero un pecador vivificado no puede descansar hasta que el perdón haya sido sellado en su alma. Si tienes urgencia esta mañana, estoy contento de ello, porque confío en que tu urgencia procede de la posesión de la vida espiritual. Cuando ya no puedes vivir sin un Salvador, el Salvador vendrá a ti, y tú te regocijarás en El.

Fragmentos tomados por el administrador de este Blog del folleto titulado “Doce Sermones de Spurgeon sobre la oración” pag. 32


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5 Responses to PECADOR DATE PRISA Y CLAMA POR PERDÓN | Charles Spurgeon

  1. Mauricio Martínez verdia says:

    Yo deceo ser salvo pero a veces me gana el pecado
    Oro leo biblia y voy ala iglesia pero no veo mejoria caigo en los mismos pecados

    • hector18 says:

      ¿Qué hacer?
      ¿Qué plan puede diseñar la sabiduría humana para escapar las consecuencias temibles del pecado? “¿Serán fuertes tus manos en los días en que yo proceda contra ti? Yo Jehová he hablado”. Eze 22:14 Con Dios “no hay mudanza, ni sombra de variación”, y Él ha declarado que el pecado será castigado. Hemos pecado, hemos pecado seriamente, y a falta de ayuda de lo alto de una manera que satisfaga las demandas de la ley, pronto debemos entrar en el mundo de los perdidos, “donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga”. Mar 9:44
      Puede que le parezca que yo he sido duro en decir estas cosas en mi afán de conducirle a usted paso por paso a una convicción de su propia indignidad y peligro. Pero, amigo mío, un enfermo tiene que reconocer que está enfermo para que acepte los remedios del caso. Y, antes de que yo pueda serle de mayor ayuda, usted tiene que saber y sentir que la justificación propia es imposible ante la ley; que está “bajo el juicio de Dios” Rom 3:19; y que “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” Heb 10:31.
      Entiéndase que no todos deben sentir estas cosas en la misma medida, o que usted debe sentirlas en el mayor grado. No, nada de eso; pero sí afirmo que debe reconocer su pecaminosidad e incapacidad para confiar en sí mismo para la salvación, ni en su religión, ni en sus esfuerzos. Si puede quedar persuadido a confiar de una vez, tierna y reposadamente, en las promesas de un Salvador Todopoderoso, mucho mejor. Pero si no, tendrá que ser persuadido por “el temor del Señor” 2Co 5:11 y llevado, si el caso lo requiere, a las puertas del desespero.
      Por esta razón he venido predicándole la ley en vez del evangelio. He intentado encerrarle, como dice el apóstol, a la sola esperanza, la única manera en que los pecadores pueden ser salvos. Será cuando Cristo sea revelado a su alma, y esperamos que al leer los escritos usted alabará al Señor por la salvación que Él ofrece, descansando felizmente en Él, como Él le ofrece en el evangelio.
      Por mucho que mi lenguaje le parezca frío e insensible, es el lenguaje de amor; es el lenguaje que Dios emplea, y “como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen”. Sal 103:13. Es el lenguaje del Señor Jesucristo, quien le anhela con una ternura inexplicable; es el lenguaje del Espíritu Santo quien le está invitando ahora, y quien en gracia ofrece renovar su corazón y hacerle partícipe de la herencia de los santos en luz.

  2. leticia zuñiga says:

    el 17 de mayo del 2017, falleció mi hijo amado, le rogué tanto a Dios por un milagro de sanidad, lejos de eso, el falleció. Todo se me derrumbó, deje de ir a la iglesia, no entiendo aún por qué si nada es imposible para El, pero trato de leer la Biblia, a la iglesia voy muy de vez en cuando, me sentí tan sola y abandonada, mi esposo falleció en el 2004, entonces me ví luchando sola. Será que Dios aun me ama y perdonó todo lo que dije cuando mi hijo murió en vista de que el milagro que esperaba no se realizó…. me siento culpable.

    • hector18 says:

      ¿Que siente usted al leer lo siguiente?—
      * Los malos serán trasladados al Seol, todas las gentes que se olvidan de Dios. Sal 9:17
      * El humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Apo 14:11
      * Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio. Heb 9:27
      * ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! Heb 10:31
      Si usted cree de verdad estas declaraciones, el resultado inevitable será ansiedad y temor debido a su propia pecaminosidad.
      En su aflicción usted encuentra otros trozos sagrados, y lee—
      * Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores. 1Ti 1:15
      * [Jesús] puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios. Heb 7:25
      * La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. 1Jn 1:7
      * A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad
      y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. Isa 55:1
      * Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Mat 11:28
      * Al que a mí viene, no le echo fuera. Jua 6:37
      ¡Y qué alivio al que lo cree de veras!
      Y hay muchas invitaciones y garantías como estas en la palabra de Dios, haciéndonos ver la disposición de Cristo a salvar a los pecadores — y a salvarle a usted, aunque sea de los pecadores el primero. Es “palabra fiel y digna de ser recibida”.
      ¿Qué le estorba?
      Ahora, si usted cree esto, ¿por qué no está regocijándose en tan bendita salvación? Si Cristo Jesús vino a salvarle, y declara que puede hacerlo, y que desea hacerlo, y que le salvará si tan sólo le acepta, aseguradamente usted debe confiar en Él en este mismo momento, y entonar un cántico de gratitud. Recibir como un niño esta gracia divina es lo que honra a Dios quien dio a su propio Hijo para nuestra salvación, y honra a Cristo quien se dio en expiación por nuestros pecados.
      La fe es, entonces, el sencillo reconocimiento de que lo que Dios dice es veraz, y lo que Cristo ha prometido es seguro. Que acepte de corazón esta gracia a favor suyo, con calma y confianza absoluta en Él de que tendrá la salvación.
      No le llamamos a hacerse digno de la oferta. La confianza propia está al fondo de todos estos intentos de “hacerse apto”, y el orgullo está al fondo de toda esta aparente humildad que aleja al alma de su Redentor. La promesa no es para aquellos que han alcanzado una cierta condición para satisfacerse a sí mismos, por cuanto “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos”. Mat 9:12 Tampoco la promesa es para mañana; más bien, “ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación”. 2Co 6:2.
      Hace años un misionero entre los indígenas fue visitado por cierto cacique pretencioso que había sido convencido profundamente por el Espíritu Santo de Dios. Vino temblando cargado de un sentido de culpa, pero indispuesto a aceptar libremente el agua de vida. El hombre ofreció su wampum (una cadena de conchas, empleada como dinero) para hacer la paz con Dios. El varón de Dios meneó la cabeza en señal de rechazo, diciendo: “No, Cristo no puede aceptar ese sacrificio”. El cacique se marchó. Todavía perturbado, volvió con su rifle y las pieles que había conseguido en la caza. De nuevo: “No, Cristo no puede aceptar ese sacrificio”. Otra vez se marchó, pero el Espíritu de Dios no le dio paz. La tercera vez quiso negociar a su mujer y sus hijos. “No, Cristo no puede aceptar ese sacrificio”. El indígena se quedó parado un rato, cabeza agachada. Levantó su mirada al cielo, y exclamó en rendición absoluta: “Señor, toma a este pobre hombre que soy”.
      Amigo mío, esta es la posición que usted debe asumir. Tiene que llegar ahí si va a experimentar el gozo de saber que sus pecados son perdonados y disfrutar “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento”. Flp 4:7 , Flp 4:7
      Recuerde que no puede amar a Dios primeramente, y después creer. No va a arrepentirse primero (por mucho que piensa que debería), y después creer. Usted no va estremecerse primero para tener buenos sentimientos, y después creer. Usted va a echarse en los brazos de Jesús, exclamando, como si fuera, “Señor, toma a este pobre hombre que soy”.
      Usted nada tiene que ver con el pasado, el futuro o las cosas secretas de Dios. Nada con los falsos profesores de religión. Nada con sentir una cierta sensación, o lograr orar más; nada de eso. Si antes de creer en Él, Dios le diera las sensaciones que busca, o las experiencias que quiere, o más sentimientos, u oraciones más fervorosas, lo cierto es que usted no confiaría en Él para alcanzar consuelo, sino en sus emociones y experiencia.
      Es obra de Satanás esta negación a creer hasta sentir algo, u orar mejor, o experimentar más amor por Dios; él persigue desviar su mente de Cristo. Sin estar consciente de ello, es sólo mérito propio; es simplemente confianza en algo de usted mismo.
      Es solamente con Cristo que tiene que ver ahora — dónde y cómo está; en salud o en enfermedad. Crea en el Señor Jesucristo ahora, ahora mismo, tal como está. Renuncie su amor propio y sus intentos por mejorarse, y, encomendando en manos de Cristo su alma culpable y todos sus intereses, dígale de corazón, “Toma, Señor, me entrego; es todo lo que puedo hacer”.
      Si lo hace, le digo que el cielo y la tierra pasarán antes de que su alma se pierda. Hágalo, y recibirá la paz que anhela, el amor que ha querido sentir, y las gracias y delicias que emanan de una fe como la de un niño.

    • Alfonso Sotelo says:

      Señora Leticia realmente me conmovió su mensaje y deseo hacerle saber que Dios no nos abandona, reposamos en su mano misericordiosa y piadosa. Muchas veces el Señor permite que en nuestras vidas pasemos tribulaciones y sufrimientos; esto pondrá a prueba muchas veces nuestra fe y nuestra dependencia en Dios. Dios es Justo y Bueno, su Misericordia y Amor son perfectos, atributos eternos que son inmutables (no cambian). El Salmo 23 nos dice: Jehová es mi pastor; nada me faltará.2 En lugares de delicados pastos me hará descansar;Junto a aguas de reposo me pastoreará.3 Confortará mi alma;
      Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.4 Aunque ande en valle de sombra de muerte,No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.5 Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
      Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.6 Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,Y en la casa de Jehová moraré por largos días.
      Dios no promete librarnos en esta vida de toda enfermedad o tribulación, pero si nos promete que “aunque andemos en valle de sombras de muerte no temeros mal alguno por que El estará con nosotros”, El confortará nuestra alma. Hemos sido creados por Dios para su Gloria, todo recibimos de El, todo es de El, por El y para El; debemos dar Gracias diariamente por la vida que nos da y en su caso por la vida de su esposo y de su hijo que perdió, por el tiempo que El permitio que este con usted, por el amor que pudo recibir y pudo mostrarles. Todos estaremos algún día ante el Trono de Dios y seremos juzgados ante su presencia, si usted se siente culpable por las cosas que dijo, pidale perdón con humildad arrepiéntase y El se goza en perdonar a los que se acercan humildes ante El.
      Que el Señor le de fuerzas, conforte su corazón, recuerde la esperanza que motiva a todo verdadero cristiano, que si confesamos nuestros pecados y creemos en Nuestro Señor Jesucristo que el vivió la vida justa, santa y perfecta que no podemos vivir, que entregó su vida en la cruz llevando nuestros pecados, que El pago la deuda del pecado con su muerte y el resucitó de los muertos al tercer día, veremos el Trono de la Gracia y gozaremos de la Gloria de Dios eternamente. Dios ha provisto la mayor prueba de amor para seres pecadores como yo, El entregó a su Único Hijo para que todo aquel que en El cree tenga vida eterna Juan 3:16 . Que podamos decir como Job:Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. Job 1:21

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