Unas palabras a los débiles | Charles Spurgeon

Por: Charles Spurgeon
En último lugar están los que se quejan de este modo: «¡Ay, ay! Mi flaqueza consiste en no poder permanecer firme. En la predicación del domingo, oigo la Palabra y me impresiona; pero durante la semana doy con un mal compañero y desaparecen mis buenas emociones. Mis compañeros de trabajo no creen en nada y dicen tantas barbaridades… Yo no sé cómo contestarles, y así quedo derrotado».
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