Soldado de Jesucristo

Soli Deo Gloria

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¡Cuán amplio es el amor de Jesús! | Charles Spurgeon

Por: Charles Spurgeon

 «Porque el SEÑOR se deleita en su pueblo». Salmo 149:4 (LBLA)

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Aférrate a solo a Cristo | J. C. Ryle

 

Por: J. C. Ryle

Lector, fíjate en lo que digo. Puedes conocer mucho la Biblia. Puedes quizá bosquejar sus historias, decir fechas de acontecimientos. Puedes repetir los nombres de hombres y mujeres que se mencionan en ella, como conoces a César, a Alejandro Magno o Napoleón. Puedes incluso saber y admirar los preceptos de la Biblia, como se admira a Platón, Aristóteles y Séneca. Pero, si no tienes tu fundamento en el Cristo crucificado que es la base de todo el volumen, has leído la Biblia con poco provecho. Tu religión es un cielo sin sol, un arco sin piedra clave, una brújula sin manecilla, un reloj sin pasaportes ni pesos, una lámpara sin aceite. No sacarás consuelo de ella. No librará tu alma de la condenación de Dios.


Fíjate, lector. Puedes conocer mucho sobre Cristo, con conocimiento intelectual. Puedes saber quién era, cuándo nació y lo que hizo. Puedes conocer sus milagros, sus dichos, sus profecías y sus ordenanzas. Puedes saber cómo vivió y murió. Pero, si no conoces el poder de la Cruz de Cristo por experiencia, a menos que conozcas y sientas dentro que la sangre derramada en la cruz te ha lavado de tus propios pecados, a menos que confieses que tu salvación depende enteramente de la obra que Cristo hizo en la Cruz, Cristo no te va a servir de mucho. El mero conocer el nombre de Cristo no salva. Tienes que conocer su Cruz y su sangre, pues de lo contrario morirás en tus pecados.

 

Tomado del folleto “La Cruz de Cristo” de J. C. Ryle, puedes descargar gratis el folleto en este enlace


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Solo Cristo y nada más | J.C. Ryle

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Jesús está a la diestra de Dios | Charles Spurgeon

 

Por: Charles Spurgeon

 «El que además está a la diestra de Dios»Romanos 8:34

El que una vez fue despreciado y desechado entre los hombres, ahora ocupa la honrosa posición de un amado y venerado Hijo. La diestra de Dios es el lugar de majestad y favor. Nuestro Señor Jesús es el representante de su pueblo. Cuando él murió por los suyos, ellos tuvieron reposo; cuando resucitó, obtuvieron libertad; cuando se sentó a la diestra de su Padre, recibieron favor, honor y dignidad.

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Venid y subamos al monte del SEÑOR | Charles Spurgeon

Por: Charles Spurgeon

 «Venid y subamos al monte del SEÑOR»Isaías 2:3 (LBLA)

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Recurramos a Dios en tiempos de aflicción | Charles Spurgeon

Por: Charles Spurgeon

 «Nuestro pronto auxilio» Salmo 46:1

Las bendiciones del pacto no existen simplemente para ser admiradas, sino para que las apliquemos. Aun nuestro Señor Jesús se nos da para suplir nuestra presente necesidad. Creyente, tú no recurres a Cristo tanto como debieras. Cuando estás en aflicción, ¿por qué no le cuentas a él tu dolor? ¿Acaso no tiene un corazón compasivo? ¿No puede confortarte y aliviarte? Estás recurriendo a todos tus amigos, excepto a tu mejor Amigo; y cuentas tu historia en todas partes, menos en el pecho de tu Señor. ¿Te sientes cargado por los pecados de este día? He aquí una fuente llena de sangre: ¡Utilízala, santo, utilízala!

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Clama a Él y Él te responderá | Charles Spurgeon

Por: Charles Spurgeon

 «Lo llamé, y no me respondió»Cantares 5:6

La oración a veces aguarda, a semejanza de un peticionario que está a la puerta, hasta que el Rey sale a colmar su seno de las bendiciones que busca. Cuando el Señor ha dado una gran fe, por lo general la ha probado con grandes demoras y permitido que las palabras de sus siervos volvieran a sus propios oídos como si estuvieran llamando a un Cielo de bronce.

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ERRORES COMUNES RESPECTO A LA ORACIÓN | Martyn Lloyd Jones

Por: Martyn Lloyd Jones 

Se considera a la oración como un mecanismo diseñado para producir ciertos resultados. Necesitamos algo y creemos que todo lo que tenemos que hacer es pedirlo y Dios nos lo concederá. No nos detenemos a pensar cómo debemos acercamos a Dios y si tenemos el derecho de hacerlo. La idea de adorar a Dios y ofrecerle culto no se toma en cuenta. No consideramos nuestras respectivas posiciones ni nos acordamos de que El es “el Alto y Sublime, el que habita la eternidad” (Is. 57: 15) y que nosotros somos totalmente pecaminosos y que nuestra bondad y justicia son como “trapo de inmundicia” (Is. 64:6) en su presencia.

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Peligros de la época actual | Charles Spurgeon

 

Por: Charles Spurgeon

«Bienaventurado el que vela»Apocalipsis 16:15

«Cada día muero», dijo el Apóstol. Esta era la vida de los cristianos primitivos: iban por todas partes con sus vidas en las manos. Nosotros no somos llamados actualmente a pasar por esas mismas persecuciones espantosas. Si tuviéramos que hacerlo, el Señor nos daría gracia para soportar la prueba.

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Cristo y nuestros males | J. C. Ryle

Por: J. C. Ryle

Es provechoso comprender que servir a Cristo nunca eximió a nadie de los males que la carne hereda, ni tampoco eximirá de ellos a nadie. Si usted es creyente tiene que saber que mientras esté en el cuerpo tendrá su porción de enfermedades y dolores, de sufrimientos y lágrimas, de pérdidas y cruces, de muertes y pesares, de despedidas y separaciones y de disgustos y desencantos. Cristo nunca se comprometió a que usted llegue al cielo sin esto. Se encarga de que todo aquel que venga a él tendrá todas las cosas relacionadas con la vida y la santidad, pero nunca se responsabilizó de darle prosperidad, ni riqueza, ni buena salud ni de eximir a su familia de la muerte y la aflicción.

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Aflicciones y perdón de pecados | Charles Spurgeon

Por: Charles Spurgeon

  «Mira mi aflicción y mi trabajo, y perdona todos mis pecados»Salmo 25:18

Es beneficioso para nosotros cuando las oraciones por nuestras aflicciones van unidas a las súplicas por nuestros pecados; cuando, hallándonos bajo la mano de Dios, no somos completamente absorbidos por nuestros padecimientos, sino que recordamos nuestras ofensas contra él. Es un bien, asimismo, llevar las aflicciones y los pecados al mismo lugar. David llevó su aflicción a Dios, y a él confesó su pecado. Observemos, entonces, que nosotros también debemos llevar nuestras aflicciones a Dios.

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