Soldado de Jesucristo

Soli Deo Gloria

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A los predicadores de prosperidad: Salven a sus seguidores del suicidio | John Piper

John PiperEl apóstol Pablo advirtió contra el deseo de ser rico. Y por implicación, advirtió contra los predicadores que estimulan el deseo de ser rico en vez de ayudar a la gente a deshacerse de ello. Él advirtió:

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PRÉDICA DE PROSPERIDAD: ENGAÑOSA Y MORTAL POR JOHN PIPER

John Piper

John Piper

 

Por JOHN PIPER

14 DE FEBRERO, 2007

Cuando leo acerca de las iglesias que predican prosperidad, mi reacción es: “Si no estuviera ya en el cristianismo, no me interesaría”. En otras palabras, si este es el mensaje de Jesús, no gracias.

Seducir a la gente hacia Cristo con el fin de enriquecerse es engañoso y fatal. Es engañoso porque cuando Jesús nos llamó, dijo cosas como las siguientes:

Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. (Lucas 14:33).

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A LOS PREDICADORES DE PROSPERIDAD: NO HAGAN MÁS DIFÍCIL EL ENTRAR AL CIELO|JOHN PIPER

John Piper

John Piper

Por John Piper

 Jesús dijo: “¡Cuán difícil será para aquellos que tienen riquezas entrar en el reino de Dios!”. Sus discípulos quedaron asombrados, como muchos en el movimiento de “prosperidad” deberían estar. Así que Jesús elevó el asombro de ellos aún más al decir: “Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de Dios.” Ellos respondieron con incredulidad: “¿Entonces quién puede ser salvo?” Jesús les respondió, “Para el hombre esto es imposible, pero no para Dios. Porque todas las cosas son posibles para Dios” (Mr. 10:23-27).

Esto significa que el asombro de los discípulos era adecuado. Un camello no puede entrar por el ojo de una aguja. Esto no es una metáfora para algo que requiere un gran esfuerzo o un humilde sacrificio. No se puede hacer. Sabemos esto porque Jesús dijo, “¡Imposible!”. Sus palabras, no nuestras. “Para el hombre es imposible”. El punto es que el cambio de corazón que se requiere es algo que el hombre no puede hacer por sí mismo. Dios debe hacerlo”. . . pero no [es imposible] para Dios”.

No podemos dejar de atesorar el dinero por encima de Cristo. Pero Dios sí puede hacer justamente eso en nosotros. Esas son las buenas nuevas. Y esto debe ser parte del mensaje que los predicadores de prosperidad anuncian en vez de tentar a las personas a ser más como camellos. ¿Por qué quisiera un predicador predicar un evangelio que fomenta el deseo de ser rico y por lo tanto confirmar a la gente de su incapacidad natural para entrar al reino de Dios?


Nota del editor: Este es el primer artículo en una serie de 12 súplicas a los predicadores de la prosperidad. Los artículos fueron publicados originalmente en el libro de John Piper, ¡Alégrense las naciones!


Publicado originalmente en DesiringGod.

John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

 

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La teología de la prosperidad es el anti-evangelio

dinero

Por Justin Burkholder

En América Latina no es sorprendente ver iglesias grandemente afectadas por la teología de la prosperidad. Yo sirvo en el país de Guatemala y no pasa una semana sin que tenga que explicar de una forma u otra la falsedad del evangelio de la prosperidad. La conversación usualmente es similar: explico que el plan más grande de Dios para nuestra vida no es la prosperidad ni la sanidad aquí en esta tierra, y que creer así es causa de una pobre hermenéutica usualmente usada por falsos maestros para engrandecer sus propias riquezas. Sin embargo, hay otra parte de esta falsa teología que considero aún más peligrosa, y ese es el uso de la palabra “evangelio” en referencia a la enseñanza de prosperidad. Prefiero usar la frase “teología” de la prosperidad porque el sistema que abarca la teología de la prosperidad en realidad es el anti-evangelio.

La teología de la prosperidad se enfoca principalmente en el hombre, no Dios. En este sistema, Dios simplemente es el que concede deseos. Si alguien se porta bien, sus acciones moverán la mano de Dios a responder en bendición. Por otro lado, si alguien se porta mal, Dios no dará su bendición y hasta a veces dará sufrimiento o más pobreza hasta que aprendan a tener más fe. En este sistema, todo depende del hombre. El hombre es responsable por vivir su vida de una manera que le agrade a Dios para que pueda recibir todo lo que su corazón anhela.

Hay múltiples problemas con pensar así, el más peligroso siendo el énfasis sobre las obras del hombre para ganar el favor de Dios. Esta falsa teología enseña que el hombre recibe lo que sus obras merecen y asume que las obras pueden ser suficientemente buenas para ganar la bendición de Dios. Sin embargo, este sistema está totalmente fuera de lo que dice la Biblia. La palabra “evangelio” en su origen griego significa “buenas noticias”. Si todo dependiera de las obras del hombre, y si el hombre es pecaminoso (Ro 3:10), entonces la teología de la prosperidad sería malas noticias, no buenas. Si el favor de Dios dependiera de mis obras, jamás lograría ganarlo.

Para entender esto mejor, hay que entender dos grandes errores de la teología de la prosperidad:

1. La teología de la prosperidad asume que el hombre puede ser lo suficiente bueno para ganar el favor de Dios.

La teología de la prosperidad ignora las doctrinas más fundamentales de la Biblia, una de ellas siendo la depravación total del hombre. Esta es una doctrina que hasta los calvinistas y arminianos comparten (ciertamente lo interpretan diferentemente, pero ambos reconocen la realidad y gravedad del pecado). Sin embargo, la teología de la prosperidad cae fuera de los parámetros de la ortodoxia bíblica porque no reconoce que el pecado ha afectado todas las facultades del hombre.

La Palabra de Dios nos explica en muchos lugares la profundidad del efecto del pecado sobre nosotros. Romanos 3 es solo uno de varios pasajes que habla acerca de la naturaleza del hombre:

…como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios; todos se han desviado, a una se hicieron inútiles no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta, engañan de continuo con su lengua, veneno de serpientes hay bajo sus labios; llena esta su boca de maldición y amargura; sus pies son veloces para derramar sangre; destrucción y miseria hay en sus caminos, y la senda de paz no han conocido. No hay temor de Dios delante de sus ojos.

La naturaleza del hombre es tal que no tiene la capacidad de ganar el favor de Dios con sus propias obras.

Pero aún más, la Biblia nos explica que jamás hemos recibido totalmente lo que nuestras obras merecen (Salmo 103:10). Si la manera que Dios se relaciona con sus criaturas dependiera de las obras del hombre, Él ya nos hubiera destruido hace siglos. Nuestras obras merecen muerte, pero Dios responde con gracia aún hacia los que no le conocen, dándoles oportunidad para vivir en esta tierra sin ser destruidos por Su ira por causa su pecado. Esta teología de la prosperidad es anti-evangelio porque no quiere reconocer cuán quebrantado y alejado de Dios está el hombre, y cuán dependiente el hombre es de la gracia de Dios —doctrinas fundamentales al evangelio—.

De hecho, nosotros sabemos que Dios hizo lo 100% contrario a lo que propone esta teología de la prosperidad. Dios nos salvó, o para usar la misma terminología, nos hizo prósperos en Cristo, por gracia y no por obras. Dios nos dio no lo que nuestras obras merecían, sino lo que las obras de Cristo merecían. ¡Ese es el evangelio! ¡Eso es buenas noticias!

2. La teología de la prosperidad roba la gloria de Dios.

Si Dios hubiera diseñado un sistema que dependiera de las obras del hombre, el hombre terminaría siendo el merecedor de gloria. Pero el sistema que Dios diseñó no es algo que el hombre aprovecha para impresionar a Dios, es un sistema que el hombre arruinó con su pecado. Sin embargo, Dios respondió con gracia y fidelidad a Su pacto al rescatar al hombre.

Si enseñamos que las obras del hombre motivan la bendición de Dios, estamos secuestrando la gloria de Dios para exaltarnos a nosotros mismos. Claro que Dios bendice —somos más que vencedores por aquel que nos amó— pero eso no es así por causa de nuestros logros, sino solamente por la gracia de Dios. Y como resultado, la gloria es solo para Dios. El hombre es un caso perdido si no fuera por su Dios rescatador. Al examinar mi propia vida jamás me puedo quedar impresionado con mí mismo. Dios me ha rescatado a pesar de mí mismo, y eso le da gloria a Él, no a mí. El evangelio son las buenas noticias que glorifican a Dios, no al hombre.

La teología de la prosperidad exalta al hombre. Pone a hombres ricos, bien vestidos, de influencia, que tienen grandes casas, y grandes carros como ejemplos de una vida cristiana. El hombre termina siendo glorificado. Y lo más triste es que Dios no tolera la competencia. Tal como lo dice Romanos 1, puede que Dios deje que el hombre persiga esta falsa teología, pero eventualmente se encontrará cara a cara con el Dios justo y soberano, quien verdaderamente merece toda la gloria y la honra.

Hay mucho que decir en cuanto a la prosperidad. Sin embargo, no dejemos a un lado el sistema que esta teología promueve cuyo enfoque es totalmente anti-evangelio. Dios en Su gracia rescató al hombre, no por sus obras, no por su buena empresa, no por su trabajo, no por su visión de vida, no por lo que ha declarado, sino porque a pesar de todas esas cosas, Dios nos ama. Y cuando eso sucede no hay nada más que decir que ¡Soli Deo Gloria! Ese mensaje es el que radicalmente cambia vidas, ese mensaje es el poder de Dios para la salvación. Ese mensaje es evangelio.

– Justin Burkholder y su esposa sirven como misioneros en Guatemala con TEAM (The Evangelical Alliance Mission). Actualmente, ellos son parte de un equipo plantando una iglesia en la capital de Guatemala. Tienen una hija. Puedes seguirlo en Twitter o visitar su blog.

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Evangelizar a los Seguidores del Evangelio de la Prosperidad

dinero

Por Allen Duty

Una clara mañana de invierno, yo estaba sentado en mi cafetería favorita leyendo las Escrituras y un diario. Un hombre que caminaba por delante de mi mesa se ​​dio cuenta de que estaba leyendo la Biblia y comenzó a participar en la conversación.

Compartió que él era un miembro de una iglesia grande en nuestra área (una que predica el “evangelio” de prosperidad), y que creía que la Biblia era sobre todo un libro acerca de las intenciones de Dios para bendecirnos.

Le contesté que la Biblia es en realidad un libro acerca de quién es Dios, quiénes somos, y lo que Dios ha hecho para reconciliarnos con él mismo. Empecé a compartirle el Evangelio, y señalé que a los cristianos se les prometió sufrimiento como parte de seguir a Jesús.

Él respondió diciendo que en tanto tengamos fe, Dios nos bendice y nos guarda de sufrimiento. Me referí a varios versículos donde Dios promete que los creyentes van a sufrir juicios ordinarios, así como persecución específica, al momento se puso a la defensiva y dijo: “Yo sólo no recibo eso para mi vida.”

Mi esposa y yo habíamos sufrido recientemente un aborto involuntario, y me sentí obligado a compartir eso con él. Le expliqué que cuando nos encontramos con pruebas como estas, no podemos decir simplemente: “Yo no recibo eso para mi vida,” y hacer que desaparezcan. También compartí la buena noticia de que Jesús ha vencido al mundo, y que él promete nunca dejarnos ni nos abandona en nuestras pruebas – promete que nos consolará en nuestro sufrimiento.

Creo que mi franqueza y la pesadez de mi juicio lo llevaron a bajar la guardia, por lo que rápidamente expresó sus condolencias y se excusó de la conversación. Pero toda la experiencia me dejó pensando: ¿cómo podemos prepararnos mejor para evangelizar a los que creen en el “evangelio” de prosperidad?

¿POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL?

Compartir el evangelio con personas que han comprado el mensaje no bíblico de que Jesús murió para hacernos saludables, ricos y exitosos es un reto por muchas razones, pero creo que dos son primarios.

1.El mensaje de prosperidad apela a la carne.

En primer lugar, el mensaje de la prosperidad apela a la carne. El “evangelio” de la prosperidad capitaliza deseos naturales para la salud y la riqueza y promete lo que desean nuestros corazones pecaminosos. No hay llamado al arrepentimiento del pecado, no hay llamado a negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguir a Jesús, no hay llamado a morir (Marcos 10:34-35).

Como resultado, cuando compartimos el evangelio con alguien que ha comprado el “evangelio” de prosperidad, estamos llamándolo a abandonar su creencia en un mensaje que apela a la carne, a cambio de la creencia en un mensaje que no es así.

2.Ellos usan las mismas palabras que usamos, pero con significado diferente.

En segundo lugar, los seguidores del “evangelio” de prosperidad usan las mismas palabras que usamos, pero con significado diferente. Por ejemplo, cuando uso la palabra fe, me refiero a un don que Dios me ha dado para creer que su Palabra es verdad y que su Hijo es el Cristo (1 Cor 2:14;.. Jn 6:44, 65). En tanto que muchos adherentes del “evangelio” de prosperidad utilizan la palabra fe, significando una herramienta que se utiliza para colocar a Dios en deuda con nosotros. La fe es simplemente la moneda que utilizamos para obtener lo que queremos de Dios.

Como otro ejemplo, cuando uso la palabra evangelio, me refiero a las buenas nuevas de la vida de Jesús, su muerte y resurrección (1 Corintios 15:1-4;. Gal 2:10-14). Cuando muchos seguidores del “evangelio” de prosperidad utilizan la palabra evangelio, quieren decir la “buena nueva” que Dios desea que seamos sanos, ricos y prósperos.

CINCO CONSEJOS PARA EVANGELIZAR A LOS SEGUIDORESDEL EVANGELIO DE PROSPERIDAD

Pablo es claro que todos los cristianos, especialmente los pastores, deben hacer la obra de la evangelización, y que debemos “estar listos a tiempo ya destiempo” (2 Tim. 4:1-5). ¿Cómo, entonces, podemos nosotros prepararnos para este trabajo de evangelizar a los seguidores del “evangelio” de prosperidad?

1.Humildemente reconocer que sin la gracia de Dios, también nosotros podemos creer en un falso evangelio.

Humildemente reconocer que aparte de la gracia de Dios, también nosotros creeríamos un falso evangelio. Si es verdad que el “evangelio” de prosperidad apela a la carne y que nacimos muertos en pecado (Ef. 2:1), entonces la gracia de Dios es la única razón por la que lo reconocemos como un falso evangelio. Esto debería llevarnos a hablar humildemente con los que creen la mentira del “evangelio” de prosperidad

2.Afirme lo que es verdad en el “evangelio” de prosperidad.

Permítanme ser claro: el “evangelio” de prosperidad es un evangelio falso. Pero lo que pasa con las falsificaciones es que se tiene que ver lo suficiente como verdadero con el fin de ser creíble. Así que afirme lo que es verdad en el evangelio de la prosperidad.

El “evangelio” de prosperidad se basa en una cosmovisión teísta. Afirma correctamente que hay bendiciones de seguir a Jesús, incluso en esta vida (Marcos 10:29-30). Se basa en la creencia firme de que Dios escucha y contesta la oración (Santiago 5:16), y afirma la verdad de que Dios recompensa la fe (Mt. 9:29).

El “evangelio” de prosperidad no está totalmente desprovisto de verdad, y pretender lo contrario no es ni exacto ni útil para la evangelización.

3.Confrontar las mentiras y defectos del “evangelio” de prosperidad

Confrontar las mentiras y defectos del “evangelio” de prosperidad. Una mentira peligrosa del “evangelio” de prosperidad es que la cantidad de su fe determina lo que recibe de Dios. Sin embargo, la Biblia es clara en que es el objeto de nuestra fe, no la cantidad que tenemos, lo que importa. Si tenemos una gran fe en los ídolos, no nos van a salvar, si tenemos incluso una fe pequeña en Jesús, él nos salvará (Jn. 14:1-14).

Un error fatal del “evangelio” de prosperidad es que no proporciona ninguna ayuda cuando llegue el sufrimiento inevitable (Jn. 16:33). Si creemos que nuestra fe en Dios nos eximirá de sufrimiento, nos veremos obligados a concluir que Dios nos ha mentido, que no existe, o que simplemente no tenemos suficiente fe –ninguna de estas son verdad.

4.Extienda la esperanza del evangelio bíblico.

Extienda la esperanza del evangelio bíblico. El Evangelio nos dice que no nos merecemos de Dios el bien. Nos merecemos ser castigados eternamente por nuestros pecados. Y sin embargo, Dios, que es rico en misericordia, nos justifica por la fe en la persona y obra de Jesús.

Si recibimos muchas bendiciones aparentes en esta vida o no, la buena noticia es que a través de la fe en Cristo, nuestro pecado es perdonado y que hemos sido adoptados en la familia de Dios. Ese conocimiento nos guardará de idolatrar las cosas buenas o innecesariamente desanimarnos cuando no recibimos cosas buenas en esta vida.

5.Viva una vida generosa que demuestre que nuestro más grande gozo se encuentra en Dios, no en las bendiciones materiales que Dios nos da.

Por último, vivir una vida generosa que demuestre que nuestro gozo más grande se encuentra en Dios, no en las bendiciones materiales que Dios nos da. Si se argumenta de forma convincente en contra del “evangelio” de prosperidad a partir de la Escritura, pero luego vivimos nuestras vidas para adquirir y acumular dinero y posesiones, deshacemos con nuestras vidas todo lo que pudimos haber logrado con nuestros labios.

Cuando vivimos vidas generosas, dando de la abundancia que Dios ha dado a nosotros, creamos oportunidades para compartir el evangelio bíblico. Pablo escribe: “Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por medio de su pobreza llegarais a ser ricos.” (2 Cor. 8:9).

Dar generosamente muestra a los demás que Cristo es nuestro mayor tesoro, y que le valoramos a Él y Su obra en nuestro nombre por encima de cualquier cosa que Dios alguna vez nos dé generosamente.

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Allen Duty es el pastor de predicación en New Life Baptist Church en College Station, Texas.Lo puedes encontrar en Twitter @ AllenDuty.

 

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Publican fotos de las casas de los pastores evangélicos más ricos del mundo

El sitio web Catolicismo Puro publico las fotos de las mansiones de los pastores más ricos del mundo. Catolicismo Puro hace el siguiente comentario:

“Así viven los principales pastores de la falsa prosperidad en Estados Unidos. Exceso de lujos, derroche y extrema riqueza manipulando la Palabra de Dios para que otros siembren en sus ministerios”.

 

Guillermo Maldonado:

Mansión valorada en 7.4 millones de dólares.

Guillermo Maldonado

 

Joyce Meyer:

La mansión está valorada en 11.4 millones de dólares

Joyce Meyer

Joel Osteen:

La mansión está valorada en 10 millones de dólares

Joel Osteen

 

 

Steven Furtick

La mansión está valorada en 3.4 millones de dólares

Steven Furtick

 

 Creflo Dollar:

La mansión está valorada en 5.9 millones de dólares

Creflo Dollar

 

Kenneth Copeland

Casa valorada en 2.3 millones de dólares

Kenneth Copeland

Tomado de aquí

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Los responsables del evangelio de la prosperidad

dinero

Es indudable que la teología de la prosperidad ha penetrado en gran parte de la iglesia evangélica. Su mensaje de riquezas, bienestar y salud encuentra mucha acogida entre creyentes, pero sobre todo atrae a miles de personas no regeneradas. Son muchos los inconversos que se acercan a las iglesias solo por los beneficios que esta teología promete. Miles y miles de personas abrazan las falsas promesas de prosperidad sin procurar arrepentimiento de sus pecados.

Aunque los males son muchos y diversos, el gran pecado de esta teología es que no tiene un sustento bíblico. Aún peor peor, usa las Escrituras de una manera irresponsable para justificar el mensaje. Esto es precisamente lo que hace del evangelio de la prosperidad algo digno de resistir y denunciar.

El problema: resumido

En líneas generales, el error de la teología de la prosperidad es asegurar riquezas a los creyentes, pasando por alto que la Biblia está llena de advertencias contra el amor al dinero (1 Timoteo 6:10) y la búsqueda de enriquecimiento (Proverbios 23:4). Predicadores animan a los creyentes a ofrendar y a hacer votos, enseñando que la bendición es proporcional al dinero que ofrendan. De esta manera ignoran que en toda esfera de la vida, solo Dios determina los resultados, la proporción de nuestra bendición, y la cantidad que cosechamos (Job 1:21; 1 Corintios 3:6). Además, esta teología promete bienestar y salud al pueblo. Es decir, ofrece una vida libre de problemas y de enfermedades.

La Biblia nunca promete tal cosa. Al contrario, nos advierte de diversas dificultades y tribulaciones. Jesús dijo “en el mundo tendréis aflicción” (Juan 16:33). Pedro advirtió que “…es mejor padecer por hacer el bien, si así es la voluntad de Dios…” (1 Pedro 3:17). Pablo enseñó que “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, serán perseguidos” (2 Timoteo 3:12) y también el mismo apóstol animó a su discípulo diciendo “Sufre penalidades conmigo, como buen soldado de Cristo Jesús” (2 Timoteo 2:3).

De todas formas, debemos recordar que a pesar que la vida cristiana es una vida de adversidad, y aunque no siempre las cosas saldrán como esperamos, el Señor nos dará la gracia para sostenernos (2 Corintios 12:9 y 1 Corintios 10:13), y Él mismo usará las dificultades para sus buenos propósitos (Romanos 8:28), y ha prometido estar con nosotros en medio de ellos (Mateo 28:20).

Rindiendo cuentas

Los pastores darán cuenta a Dios de su ministerio, y en gran medida esto tiene que ver con usar bien la “palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15). De diversas formas, son los líderes quienes marcan las pautas de un pueblo. Y en la iglesia de Cristo los pastores están puestos por Dios para cuidar al pueblo de Dios, alimentarlos con la palabra de Dios, y para la gloria de Dios. El mensaje de la prosperidad no representa los pastos de la sana enseñanza de las Escrituras.

La seriedad de la tarea pastoral en cuanto a la enseñanza la enfatizó Santiago cuando dijo: “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos un juicio más severo” (Santiago 3:1). La enseñanza de las Escrituras es una de las tareas más solemnes y dignas de la mayor reverencia, puesto que involucra la mismísima Palabra de Dios. Por eso, con gran celo, Pablo le dijo a un pastor: “Te encargo solemnemente, en la presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, por su manifestación y por su reino: Predica la palabra…” (2 Timoteo 4:1-2).

Ahora bien, aunque los primeros responsables de este monumental error son los pastores de las iglesias, conviene apuntar algo que, creo, hemos ignorado. Es esto: las Escrituras no asumen que los creyentes son solo víctimas del error y del engaño. Mejor dicho, aunque las falsas enseñanzas son atribuidas a los pastores, el pueblo cristiano es también responsable ante Dios por lo que escucha y lo que cree.

Tanto los predicadores de la prosperidad como los oidores son parte del engaño. Ambos son responsables. Los líderes por enseñar el error, y el pueblo por no confirmar con las Escrituras lo que oye. Es por eso que ante el error que enseñaron los judaizantes en Galacia, el apóstol Pablo escribió una carta para reprender a los creyentes por haber sido engañados: “¡Oh, gálatas insensatos! ¿Quién os ha fascinado a vosotros…” (Gálatas 3:1). El apóstol no estimó a  los creyentes de Galacia como víctimas del engaño, sino responsables del mismo.

Cuando los creyentes de la ciudad de Berea escuchaban a Pablo, estos recibían la palabra pero “escudriñando diariamente las Escrituras, para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:10-11). Esta es precisamente la actitud que deberíamos demostrar los cristianos en todo tiempo. Una diligente disposición de verificar con las Escrituras lo que se escucha desde el púlpito. Y lejos de hacerlo con un espíritu crítico y controversial, es más bien un ejercicio que debe ayudar al creyente a confirmar y a fortalecer sus convicciones.

Es doloroso ver a creyentes aceptando todo lo que oyen desde un púlpito, aun si no es bíblico. De manera similar, es lamentable que los cristianos escriban “Amén” a todo lo que un predicador sube en las redes sociales, aun si esto es un error o una falsa enseñanza.

El creyente debe buscar decir las “Escrituras dicen” en lugar de “escuché a mi pastor decir”. Todo cristiano debe ser un estudioso de la Biblia, familiarizado con las verdades del evangelio. Eso no solo producirá una correcta adoración, sino también le garantizará libertad del error y el engaño.

Volvamos al estudio serio de la Biblia. El mensaje de las Escrituras no tiene nada que ver con bienestar, salud y riquezas. Más bien es un mensaje que centra su atención en la persona y la obra de nuestro Señor Jesucristo. Es un libro de redención. Un libro acerca de Dios. Las Escrituras nos cuentan lo que Dios ha hecho para salvar al hombre de sus pecados. Nos hablan de los ricos beneficios de la cruz: vida eterna, justificación, el perdón de los pecados, la adopción, reconciliación, paz con Dios y la morada eterna con nuestro Salvador.

Mi exhortación a todo creyente y pastor es la misma del apóstol Pedro: “desead como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra, para que por ella crezcáis para salvación” (1 Pedro 2:2). Que en esa medida nuestros ojos sean abiertos a las riquezas eternas del glorioso evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Seamos diligentes.

Tomado de: Coalición por el evangelio.

 

 

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Declaro, declaro, declaro, en el nombre de Jesús

Declaro, declaro, declaro, en el nombre de Jesús

¿Por qué muchas reuniones de oración evangélicas se han convertido en sesiones de ‘declaración’?

decreto

AUTOR Will Graham

¿Declaras las cosas que no son como si fuesen, hermano? ¿Declaras la unción apostólica de los últimos tiempos sobre tu vida, hermana? ¿Declaras la bendición profética de lluvia tardía sobre tu familia, querido(a) lector(a)? Si es así, te declaro que estás haciendo las cosas mal… ¡Pero ánimo! Yo también empecé así.

 

En vez de asistir a cultos de oración me vi involucrado en reuniones de declaración. Poco a poco iba aprendiendo el sagrado arte de la declaración y después de unas cuantas semanas estaba soltando las típicas frases que habrás oído cien mil veces: “Declaro Irlanda para Cristo”, “Declaro victoria”, “Declaro la presencia de Dios en este lugar”, “Declaro dos décadas de decadencia para Decathlon”, “Declaro que mi declaración sea declarado declaradamente…” y así por el estilo.

 

Vamos, lo pasaba pipa declarando todo lo que me pasaba por la cabeza. Bueno, lo pasé pipa hasta que comencé a analizar mi vida de oración a la luz de las Escrituras. ¿Dónde vemos en la Biblia que los adoradores se pusieron a declarar, a decretar y a atar durante el tiempo de la oración? Respuesta: ¡en ningún lado!

 

La Biblia tiene más de 30.000 versículos y no encontramos ninguna oración con semejantes características. La oración, según la Biblia, no es cuándo declaramos las cosas conforme a nuestra voluntad; sino cuando agradecemos a Dios por lo que Él ha hecho y le pedimos todas las cosas que Él desea que pidamos.

 

El Catecismo mayor de Westminster ofrece una definición excelente de la oración: “La oración es el ofrecimiento de nuestros deseos a Dios, en el nombre de Cristo, y por la ayuda de su Espíritu; confesando nuestros pecados y reconociendo con gratitud sus beneficios”. ¡Sí, señor! ¡Así es! ¡Gloria a Dios! ¿Cómo es posible, entonces, que la oración se haya convertido en un tiempo de declaración?

 

Supongo que la primera razón tiene que ver con la pérdida de lo que nuestros antepasados protestantes llamaron “una aprehensión temerosa de la majestad de Dios”.

 

El Dios de quién se predica en nuestros días es nuestro colega, un abuelo guay que quiere pasarlo bomba con nosotros. Es un osito de peluche cósmico. Francamente nos hemos olvidado de que Dios es fuego consumidor, un Dios celoso, un varón de guerra. En el Antiguo Testamento cuando Nadab y Abiú ofrecieron fuego extraño en la presencia del Altísimo, Dios les fulminó al instante. Y en el Nuevo, cuando Ananías y Safira mintieron al Espíritu Santo, cayeron muertos ante la congregación. Hasta nuestro amado Salvador Jesús –a pesar de dirigirse a Dios como ‘Abba’- ofreció sus oraciones y súplicas con temor reverente (Hebreos 5:7).

 

¿Por qué menciono esto? Por dos razones. Primero, porque Jesús es nuestro modelo en todo –incluso en la oración. Segundo, porque Jesús nunca empleó la doctrina de la paternidad de Dios como un pretexto para dirigirse a Dios de manera light. ¡Ojalá muchos predicadores contemporáneos aprendiesen esta lección! Otra razón por la que dedicamos nuestro tiempo a confesar y a atar en vez de orar es por la falta de “un sentimiento profundo de nuestra indignidad”. Estamos tan llenos de nosotros mismos y de nuestra supuesta importancia que se ha creado la sensación de que el mundo gira en torno a nosotros.

 

Mientras acababa mi carrera universitaria en Irlanda en el año académico 2006-07, pase un año trabajando en Lidl (de lunes a viernes) y en una librería cristiana (los sábados). Lo que más me sorprendió en mi tiempo en la librería fue el tipo de literatura que más vendíamos. En vez de comprar libros sobre la teología, comentarios bíblicos, la oración o la historia de la iglesia, la gran mayoría de nuestros clientes pidió libros sobre Cómo ser un mejor tú o Diez métodos para tener la iglesia más grande de tu barrio o Se trata de ti, ti, ti o Estrategias de multiplicación de iglesias y otras tonterías parecidas. Cuánto más crece nuestro ego evangélico, más pequeño e innecesario es Dios. De allí la herejía actual de que todos somos dioses. Ya no nos creemos indignos sino importantes, prestigiosos, imprescindibles, vamos, ¡nos creemos hasta apóstoles, patriarcas y dioses!

 

Dijo Charles Spurgeon en mayo de 1884, “Desconfío de los hombres que publican su propia perfección: no le creo a ninguno de ellos, sino más bien tengo una más baja opinión de ellos, de la que no me atrevo a manifestar”. Hermano y hermana: no se trata de lo que declaramos, decretamos, atamos ni de lo que mandamos; sino de lo que el Señor Dios todopoderoso declara, decreta, ata y manda.

 

Necesitamos volver a la verdadera esencia de la oración, oponiéndonos a nuestro orgullito y teniendo presente la siguiente declaración del mayor profeta de todos los tiempos, el cual fue lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya”. La oración no existe para dar a conocer la autoridad de nuestras declaraciones anti-bíblicas; sino para engrandecer al Señor del universo. Él es el Rey. Él es el único Soberano. Él es Dios. ¡Esto sí hay que declararlo!

 
Leer más: http://protestantedigital.com/magacin/37496/Declaro_declaro_declaro_en_el_nombre_de_Jesus

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A los predicadores de prosperidad: Valoren el sufrimiento

John Piper

John Piper

 

Por John Piper

El Nuevo Testamento no solo deja claro que el sufrimiento es necesario para los seguidores de Cristo, sino que también se esfuerza por explicar por qué es así y cuáles son los propósitos de Dios en ello. Es crucial que los creyentes conozcan estos propósitos. Dios los ha revelado para ayudarnos a entender por qué sufrimos y para pasarnos al otro lado del sufrimiento así como el oro pasa por el fuego.

En ¡Alégrense Las Naciones!, en el capítulo que se trata del sufrimiento, explico estos propósitos. Aquí solamente los nombraré y les diré a los predicadores de prosperidad: incluyan las enseñanzas bíblicas del sufrimiento en sus mensajes. Los nuevos creyentes necesitan saber por qué Dios les ordena a sufrir.

  1. El sufrimiento profundiza la fe y la santidad.
  2. El sufrimiento hace que tu copa se incremente.
  3. El sufrimiento es el precio de producir la valentía en otros.
  4. El sufrimiento llena lo que falta en las aflicciones de Cristo.
  5. El sufrimiento anima el mandato misionero de ir.
  6. La supremacía de Cristo se manifiesta en el sufrimiento.

Nota del editor: Este es el noveno artículo en una serie de 12 súplicas a los predicadores de la prosperidad. Los artículos fueron publicados originalmente en el libro de John Piper, ¡Alégrense las naciones!


Publicado originalmente en DesiringGod.

John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

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El Evangelio de Prosperidad Se Ha Hecho Viral

El Evangelio de Prosperidad Se Ha Hecho Viral

Por:Erik Raymond,

Falsos maestros

¿Qué piensas cuando lees las palabras “Evangelio de la Prosperidad“? Lo más probable es que se le revuelva su estómago un poco cuando piensa acerca de los predicadores de la televisión que hablan a grandes multitudes y atraen aún más en sus libros. Es más que probable que usted lo perciba como “allá afuera” en lugar de “aquí”. En cierto sentido, esto es bueno. Las travesuras que algunos de esos charlatanes religiosos realizan nunca deben ser replicadas en nuestras iglesias. En otro sentido, sin embargo, es ingenuo. Uno no tiene que pasear por las calles en un jet privado o vestirse ostentosamente para calificar como un promotor del evangelio de la prosperidad. Es más sutil. Y es más penetrante.

En su desnudez descarada, el evangelio de la prosperidad es una herejía condenable y absolutamente no es el evangelio. Se trata de un esquema de Ponzi tramado por los que están en la parte superior para acosar a los débiles y vulnerables. Los predicadores de este falso evangelio usan a Dios como un genio que se distribuye para darnos cosas, como resultado, el evangelio se reduce a obtener más cosas. Este mensaje es principalmente físico más que espiritual y se trata de esta (mejor) vida ahora en lugar de la venidera. Y lo más peor de todo, se trata de nosotros en lugar de Dios. La cruz de Cristo se reduce a una utilería para apoyar a las grandes reuniones de tiendas de campaña que poseen. Es como si utilizaran la banda de Jesús para hackear y lanzar virus espirituales en el mundo.

Lamentablemente, el evangelio de la prosperidad ha ido viral. Está más matizada y sutil de lo que usted piensa, está muy activo en la iglesia. Al igual que un virus informático está drenando la vitalidad y la productividad en la comunidad del pacto. ¿Y sabe cuál es lo peor? Puede que ni siquiera usted sepa si ha sido afectado por ello.

Aquí hay algunas maneras que usted puede decir que usted está mordisqueando el gancho del evangelio de la prosperidad, sin tal vez, siquiera saberlo.

(1) usted no está satisfecho por los medios ordinarios de gracia.

Las reuniones dominicales de pueblo del Señor son muy poco espectaculares. Cantamos, leemos, y respondemos a la Palabra de Dios juntos. Probablemente no salimos de la iglesia como si saliéramos de una película diciendo: “¡Wow! ¡Eso fue espectacular! ¡No puedo creer cómo terminó! Nunca lo vi venir.” No, nosotros hacemos lo mismo cada semana con alguna variación de las canciones o las Escrituras. Hacemos esto porque Dios nos dice que lo hagamos; él dice que es bueno para nosotros (. Hebreos 10:25). Confiamos en él. Pero a veces queremos un poco más. Insatisfecho con la predicación, la oración y el canto queremos que sea un poco más “nuestro estilo”, y se ajuste a “nuestros a los “gustos.” Pronto nos encontramos en la búsqueda de ese lugar perfecto para nosotros más que un lugar fiel a Dios. De alguna manera se convierte en nuestro show. Este sutil cambio demuestra que somos al menos susceptibles si no es que estamos plenamente con el pensamiento prosperidad.

(2) Piensas más acerca de las bendiciones de Dios que en Dios mismo.

No me malinterpreten, estoy agradecido por las innumerables bendiciones que son nuestras en Cristo (Ef. 1: 3). Pero debemos recordar que las bendiciones no son el fin, sino un medio para un fin; ellas nos señalan a Dios. Es Dios mismo la bendición final. Usted puede ver cómo funciona este sistema cuando pierde algo que Dios le ha dado (tal vez un trabajo, una relación, la salud, la oportunidad, etc.). ¿Cómo reaccionas? Muchas veces las personas van de lado a lado con Dios como si él cambiara. Esta preocupación por las cosas creadas en vez de al Creador tiene huellas de idolatría (Romanos 1:. 20-25). También está en el corazón del evangelio de la prosperidad. Los cristianos deben estar en guardia para este tipo de pensamiento no bíblico en su iglesia y en sus vidas.

(3) Usted evita la comunión con Dios en la Palabra y en la oración.

Vamos a detenernos justo aquí: el cristianismo es espiritual antes de que sea físico. Si usted está inquieto sobre lo que ve entonces, usted nunca tendrá contentamiento en Aquel en quien no puede ver. Hay una epidemia de negligencia de la Biblia y falta de oración en la iglesia hoy. No es porque estamos demasiado ocupados, demasiado apresurados, o demasiado lo que sea, es porque no queremos tener comunión con Dios. Creo que esto es una demostración del pensamiento prosperidad. Es un trabajo duro y una demostración real de fe y disciplina leer su Biblia y aquietar su corazón ante el Señor en humilde adoración, confesión y súplica. Estamos muy distraídos por nuestras cosas y nuestra ansia de cosas (cosas creadas) y no tan atraídos a Dios (nuestro Creador y Salvador). Este es el pensamiento de prosperidad y se hecho viral en la iglesia.

(4) Usted está Agotado.

Entiendo que algunas personas se han agotado por razones médicas o por el simple hecho de trabajar duro. Lo entiendo. Pero, de lo que estoy hablando es el cansancio del alma y el cuerpo de la búsqueda sin fin de cosas. La vida es una carrera de velocidad de una cosa a otra. Todo el día se llena con la búsqueda y el placer de las cosas. Nosotros trabajamos y jugamos, luego repetimos. Esto es lo que se nos dice que hagamos. Pero, ¿qué pasa con lo que no se puede ver? ¿Qué pasa con el mundo venidero? ¿Qué pasa con el corazón? ¿No creemos como cristianos que existe una relación entre nuestros cuerpos y nuestras almas? ¿Existe una conexión entre la inquietud y la falta de satisfacción en el alma que hasta nos impulsa a demoler nuestras vidas día a día?

(5) Piensa que si trabaja duro para Dios, entonces él trabajará duro para usted.

Muchos han comprado esta mentira. Vamos a la iglesia, mantenemos nuestras narices limpias, y hacemos lo extra que podamos. Entonces esperamos que Dios hará su parte y nos bendecirá con buenos hijos, una buena casa, un trabajo estable, y un montón de dinero. ¿Pero qué sucede cuando la empresa reduce de tamaño? ¿Cuándo el niño comienza a tomar drogas? ¿Cuando el 401k disminuye? Entramos en litigios privados en nuestras mentes porque Dios no ha cumplido su parte del trato. Queremos demandar a Dios por sus promesas de prosperidad para las que hemos firmado.

(6) Piensas que el sufrimiento es un intruso en lugar de un instrumento.

El cristiano, de todas las personas, debe saber que el sufrimiento es parte de la vida cristiana (Juan 15:20; Filip 1:29). ¡Seguimos un Salvador que después de todo fue crucificado! El pensamiento prosperidad ha dado forma a nuestro pensamiento para ver que el sufrimiento es un intruso en nuestras vidas. “¿Por qué está pasando esto? ¿Cómo puede Dios permitir que esto suceda? “Son preguntas que operan desde una posición de privilegio y, francamente, ignorancia bíblica. Está sucediendo porque vivimos en un mundo roto y caído. Pero, también está sucediendo porque Dios usa el sufrimiento para fortalecer y santificar a Su pueblo. Él nos hace más semejantes a Jesús a través de nuestro sufrimiento (Sant. 1:2-4; Rom. 5:3-5; 1 Pedro 1:6-9; Heb 5,7; etc…). Lejos de ser un intruso, el sufrimiento es un instrumento de Dios para nuestro bien y Su gloria. ¿Cómo ve usted el sufrimiento?

(7) Usted puede vivir aquí para siempre.

Cuando tanto énfasis se pone sobre el aquí y ahora y muy poco se coloca sobre la Nueva Ciudad que nos espera tenemos que hacer la pregunta, “¿De verdad quiere ir al cielo?” Digamos que tengo la capacidad de hacer un acuerdo en el que podría estar aquí en este mundo para siempre. Nunca moriría y la capacidad de disfrutar de este mundo no terminaría. Usted podría jugar a todos los juegos de video, ver todas las puestas de sol, beber y comer toda la que sea, habría fútbol, caza, compras, y cualquier otra cosa que quieras. Usted podría viajar en el carrusel de este mundo para siempre sin tener que poner en otro cuarto. El único problema es este: no hay Dios. Así es, usted no puede orar, leer la Biblia, ir a la iglesia, ni nada. Está en el estante. ¿Le tomaría?

La misma cosa que hace que el cielo tan celestial es Dios. Aquello que hace que los cristianos anhelen el cielo es la falta de dirección de Dios aquí (comenzando con nuestras propias almas, pero moviéndose hacia el mundo que nos rodea). En última instancia, no queremos más paseos en el carrusel, queremos tener comunión con Dios sin el obstáculo de nuestra carne de pecado!

El pensamiento de Prosperidad sutilmente nos ha arrullado para soñar únicamente con las puestas de sol, el éxito y la realización personal. Amigos, a final de cuentas no se trata de nada de esto. El Evangelio nos lleva a Dios. Me temo que hemos torcido esto. El evangelio de la prosperidad se ha hecho viral y lo peor es que muchos de nosotros ni siquiera no hemos dado cuenta de ello.

(este post es un extracto de un sermón predicado en EmmausBibleChurch en 09/27/15 de Habacuc. Aquí está el enlace)

 

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