Soldado de Jesucristo

Soli Deo Gloria

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¿Es bíblico el don de soplar y tumbar personas? | Miguel Núñez (+ Video)

Desde hace sólo unas décadas un nuevo “proceder del Espíritu Santo” ha entrado como una ola en muchas de nuestras iglesias, el soplar para que las personas se caigan para atrás ya forma parte obligada de la ministración en muchas “iglesias” evangélicas.

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El Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová controla la forma de pensar de sus miembros (+12 materiales para ver y descargar gratis)

testigos de jehováPor: Alian Zamora Hernández.

 Pablo dijo: Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres” Col 2:8

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A los predicadores de prosperidad: Salven a sus seguidores del suicidio | John Piper

John PiperEl apóstol Pablo advirtió contra el deseo de ser rico. Y por implicación, advirtió contra los predicadores que estimulan el deseo de ser rico en vez de ayudar a la gente a deshacerse de ello. Él advirtió:

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Raymond Franz ex miembro del Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová cuenta su testimonio (+Video)

180px-Raymond_FranzRaymond Franz fue sobrino de uno de los presidentes de la Watchtower, Fred Franz. También fue miembro del cuerpo Gobernante, con un curriculum dentro de la Organización de los testigos de Jehová que pocos podrían lucir. De no haber encontrado la verdad hubiere muerto dentro de esa secta y posiblemente haber perdido la eternidad con Jesús. En su libro “Crisis de Conciencia” escribió:

“Mi encrucijada personal llegó hacia finales de 1979. Había dedicado cuarenta años de mi vida, como representante de tiempo completo, sirviendo en todos los niveles de la estructura de la organización. Los últimos quince años los pasé en las oficinas centrales y, de ellos, los nueve últimos en calidad de miembro del Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová.

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La teología de la prosperidad es el anti-evangelio

dinero

Por Justin Burkholder

En América Latina no es sorprendente ver iglesias grandemente afectadas por la teología de la prosperidad. Yo sirvo en el país de Guatemala y no pasa una semana sin que tenga que explicar de una forma u otra la falsedad del evangelio de la prosperidad. La conversación usualmente es similar: explico que el plan más grande de Dios para nuestra vida no es la prosperidad ni la sanidad aquí en esta tierra, y que creer así es causa de una pobre hermenéutica usualmente usada por falsos maestros para engrandecer sus propias riquezas. Sin embargo, hay otra parte de esta falsa teología que considero aún más peligrosa, y ese es el uso de la palabra “evangelio” en referencia a la enseñanza de prosperidad. Prefiero usar la frase “teología” de la prosperidad porque el sistema que abarca la teología de la prosperidad en realidad es el anti-evangelio.

La teología de la prosperidad se enfoca principalmente en el hombre, no Dios. En este sistema, Dios simplemente es el que concede deseos. Si alguien se porta bien, sus acciones moverán la mano de Dios a responder en bendición. Por otro lado, si alguien se porta mal, Dios no dará su bendición y hasta a veces dará sufrimiento o más pobreza hasta que aprendan a tener más fe. En este sistema, todo depende del hombre. El hombre es responsable por vivir su vida de una manera que le agrade a Dios para que pueda recibir todo lo que su corazón anhela.

Hay múltiples problemas con pensar así, el más peligroso siendo el énfasis sobre las obras del hombre para ganar el favor de Dios. Esta falsa teología enseña que el hombre recibe lo que sus obras merecen y asume que las obras pueden ser suficientemente buenas para ganar la bendición de Dios. Sin embargo, este sistema está totalmente fuera de lo que dice la Biblia. La palabra “evangelio” en su origen griego significa “buenas noticias”. Si todo dependiera de las obras del hombre, y si el hombre es pecaminoso (Ro 3:10), entonces la teología de la prosperidad sería malas noticias, no buenas. Si el favor de Dios dependiera de mis obras, jamás lograría ganarlo.

Para entender esto mejor, hay que entender dos grandes errores de la teología de la prosperidad:

1. La teología de la prosperidad asume que el hombre puede ser lo suficiente bueno para ganar el favor de Dios.

La teología de la prosperidad ignora las doctrinas más fundamentales de la Biblia, una de ellas siendo la depravación total del hombre. Esta es una doctrina que hasta los calvinistas y arminianos comparten (ciertamente lo interpretan diferentemente, pero ambos reconocen la realidad y gravedad del pecado). Sin embargo, la teología de la prosperidad cae fuera de los parámetros de la ortodoxia bíblica porque no reconoce que el pecado ha afectado todas las facultades del hombre.

La Palabra de Dios nos explica en muchos lugares la profundidad del efecto del pecado sobre nosotros. Romanos 3 es solo uno de varios pasajes que habla acerca de la naturaleza del hombre:

…como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios; todos se han desviado, a una se hicieron inútiles no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta, engañan de continuo con su lengua, veneno de serpientes hay bajo sus labios; llena esta su boca de maldición y amargura; sus pies son veloces para derramar sangre; destrucción y miseria hay en sus caminos, y la senda de paz no han conocido. No hay temor de Dios delante de sus ojos.

La naturaleza del hombre es tal que no tiene la capacidad de ganar el favor de Dios con sus propias obras.

Pero aún más, la Biblia nos explica que jamás hemos recibido totalmente lo que nuestras obras merecen (Salmo 103:10). Si la manera que Dios se relaciona con sus criaturas dependiera de las obras del hombre, Él ya nos hubiera destruido hace siglos. Nuestras obras merecen muerte, pero Dios responde con gracia aún hacia los que no le conocen, dándoles oportunidad para vivir en esta tierra sin ser destruidos por Su ira por causa su pecado. Esta teología de la prosperidad es anti-evangelio porque no quiere reconocer cuán quebrantado y alejado de Dios está el hombre, y cuán dependiente el hombre es de la gracia de Dios —doctrinas fundamentales al evangelio—.

De hecho, nosotros sabemos que Dios hizo lo 100% contrario a lo que propone esta teología de la prosperidad. Dios nos salvó, o para usar la misma terminología, nos hizo prósperos en Cristo, por gracia y no por obras. Dios nos dio no lo que nuestras obras merecían, sino lo que las obras de Cristo merecían. ¡Ese es el evangelio! ¡Eso es buenas noticias!

2. La teología de la prosperidad roba la gloria de Dios.

Si Dios hubiera diseñado un sistema que dependiera de las obras del hombre, el hombre terminaría siendo el merecedor de gloria. Pero el sistema que Dios diseñó no es algo que el hombre aprovecha para impresionar a Dios, es un sistema que el hombre arruinó con su pecado. Sin embargo, Dios respondió con gracia y fidelidad a Su pacto al rescatar al hombre.

Si enseñamos que las obras del hombre motivan la bendición de Dios, estamos secuestrando la gloria de Dios para exaltarnos a nosotros mismos. Claro que Dios bendice —somos más que vencedores por aquel que nos amó— pero eso no es así por causa de nuestros logros, sino solamente por la gracia de Dios. Y como resultado, la gloria es solo para Dios. El hombre es un caso perdido si no fuera por su Dios rescatador. Al examinar mi propia vida jamás me puedo quedar impresionado con mí mismo. Dios me ha rescatado a pesar de mí mismo, y eso le da gloria a Él, no a mí. El evangelio son las buenas noticias que glorifican a Dios, no al hombre.

La teología de la prosperidad exalta al hombre. Pone a hombres ricos, bien vestidos, de influencia, que tienen grandes casas, y grandes carros como ejemplos de una vida cristiana. El hombre termina siendo glorificado. Y lo más triste es que Dios no tolera la competencia. Tal como lo dice Romanos 1, puede que Dios deje que el hombre persiga esta falsa teología, pero eventualmente se encontrará cara a cara con el Dios justo y soberano, quien verdaderamente merece toda la gloria y la honra.

Hay mucho que decir en cuanto a la prosperidad. Sin embargo, no dejemos a un lado el sistema que esta teología promueve cuyo enfoque es totalmente anti-evangelio. Dios en Su gracia rescató al hombre, no por sus obras, no por su buena empresa, no por su trabajo, no por su visión de vida, no por lo que ha declarado, sino porque a pesar de todas esas cosas, Dios nos ama. Y cuando eso sucede no hay nada más que decir que ¡Soli Deo Gloria! Ese mensaje es el que radicalmente cambia vidas, ese mensaje es el poder de Dios para la salvación. Ese mensaje es evangelio.

– Justin Burkholder y su esposa sirven como misioneros en Guatemala con TEAM (The Evangelical Alliance Mission). Actualmente, ellos son parte de un equipo plantando una iglesia en la capital de Guatemala. Tienen una hija. Puedes seguirlo en Twitter o visitar su blog.

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Publican fotos de las casas de los pastores evangélicos más ricos del mundo

El sitio web Catolicismo Puro publico las fotos de las mansiones de los pastores más ricos del mundo. Catolicismo Puro hace el siguiente comentario:

“Así viven los principales pastores de la falsa prosperidad en Estados Unidos. Exceso de lujos, derroche y extrema riqueza manipulando la Palabra de Dios para que otros siembren en sus ministerios”.

 

Guillermo Maldonado:

Mansión valorada en 7.4 millones de dólares.

Guillermo Maldonado

 

Joyce Meyer:

La mansión está valorada en 11.4 millones de dólares

Joyce Meyer

Joel Osteen:

La mansión está valorada en 10 millones de dólares

Joel Osteen

 

 

Steven Furtick

La mansión está valorada en 3.4 millones de dólares

Steven Furtick

 

 Creflo Dollar:

La mansión está valorada en 5.9 millones de dólares

Creflo Dollar

 

Kenneth Copeland

Casa valorada en 2.3 millones de dólares

Kenneth Copeland

Tomado de aquí

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Los responsables del evangelio de la prosperidad

dinero

Es indudable que la teología de la prosperidad ha penetrado en gran parte de la iglesia evangélica. Su mensaje de riquezas, bienestar y salud encuentra mucha acogida entre creyentes, pero sobre todo atrae a miles de personas no regeneradas. Son muchos los inconversos que se acercan a las iglesias solo por los beneficios que esta teología promete. Miles y miles de personas abrazan las falsas promesas de prosperidad sin procurar arrepentimiento de sus pecados.

Aunque los males son muchos y diversos, el gran pecado de esta teología es que no tiene un sustento bíblico. Aún peor peor, usa las Escrituras de una manera irresponsable para justificar el mensaje. Esto es precisamente lo que hace del evangelio de la prosperidad algo digno de resistir y denunciar.

El problema: resumido

En líneas generales, el error de la teología de la prosperidad es asegurar riquezas a los creyentes, pasando por alto que la Biblia está llena de advertencias contra el amor al dinero (1 Timoteo 6:10) y la búsqueda de enriquecimiento (Proverbios 23:4). Predicadores animan a los creyentes a ofrendar y a hacer votos, enseñando que la bendición es proporcional al dinero que ofrendan. De esta manera ignoran que en toda esfera de la vida, solo Dios determina los resultados, la proporción de nuestra bendición, y la cantidad que cosechamos (Job 1:21; 1 Corintios 3:6). Además, esta teología promete bienestar y salud al pueblo. Es decir, ofrece una vida libre de problemas y de enfermedades.

La Biblia nunca promete tal cosa. Al contrario, nos advierte de diversas dificultades y tribulaciones. Jesús dijo “en el mundo tendréis aflicción” (Juan 16:33). Pedro advirtió que “…es mejor padecer por hacer el bien, si así es la voluntad de Dios…” (1 Pedro 3:17). Pablo enseñó que “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, serán perseguidos” (2 Timoteo 3:12) y también el mismo apóstol animó a su discípulo diciendo “Sufre penalidades conmigo, como buen soldado de Cristo Jesús” (2 Timoteo 2:3).

De todas formas, debemos recordar que a pesar que la vida cristiana es una vida de adversidad, y aunque no siempre las cosas saldrán como esperamos, el Señor nos dará la gracia para sostenernos (2 Corintios 12:9 y 1 Corintios 10:13), y Él mismo usará las dificultades para sus buenos propósitos (Romanos 8:28), y ha prometido estar con nosotros en medio de ellos (Mateo 28:20).

Rindiendo cuentas

Los pastores darán cuenta a Dios de su ministerio, y en gran medida esto tiene que ver con usar bien la “palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15). De diversas formas, son los líderes quienes marcan las pautas de un pueblo. Y en la iglesia de Cristo los pastores están puestos por Dios para cuidar al pueblo de Dios, alimentarlos con la palabra de Dios, y para la gloria de Dios. El mensaje de la prosperidad no representa los pastos de la sana enseñanza de las Escrituras.

La seriedad de la tarea pastoral en cuanto a la enseñanza la enfatizó Santiago cuando dijo: “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos un juicio más severo” (Santiago 3:1). La enseñanza de las Escrituras es una de las tareas más solemnes y dignas de la mayor reverencia, puesto que involucra la mismísima Palabra de Dios. Por eso, con gran celo, Pablo le dijo a un pastor: “Te encargo solemnemente, en la presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, por su manifestación y por su reino: Predica la palabra…” (2 Timoteo 4:1-2).

Ahora bien, aunque los primeros responsables de este monumental error son los pastores de las iglesias, conviene apuntar algo que, creo, hemos ignorado. Es esto: las Escrituras no asumen que los creyentes son solo víctimas del error y del engaño. Mejor dicho, aunque las falsas enseñanzas son atribuidas a los pastores, el pueblo cristiano es también responsable ante Dios por lo que escucha y lo que cree.

Tanto los predicadores de la prosperidad como los oidores son parte del engaño. Ambos son responsables. Los líderes por enseñar el error, y el pueblo por no confirmar con las Escrituras lo que oye. Es por eso que ante el error que enseñaron los judaizantes en Galacia, el apóstol Pablo escribió una carta para reprender a los creyentes por haber sido engañados: “¡Oh, gálatas insensatos! ¿Quién os ha fascinado a vosotros…” (Gálatas 3:1). El apóstol no estimó a  los creyentes de Galacia como víctimas del engaño, sino responsables del mismo.

Cuando los creyentes de la ciudad de Berea escuchaban a Pablo, estos recibían la palabra pero “escudriñando diariamente las Escrituras, para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:10-11). Esta es precisamente la actitud que deberíamos demostrar los cristianos en todo tiempo. Una diligente disposición de verificar con las Escrituras lo que se escucha desde el púlpito. Y lejos de hacerlo con un espíritu crítico y controversial, es más bien un ejercicio que debe ayudar al creyente a confirmar y a fortalecer sus convicciones.

Es doloroso ver a creyentes aceptando todo lo que oyen desde un púlpito, aun si no es bíblico. De manera similar, es lamentable que los cristianos escriban “Amén” a todo lo que un predicador sube en las redes sociales, aun si esto es un error o una falsa enseñanza.

El creyente debe buscar decir las “Escrituras dicen” en lugar de “escuché a mi pastor decir”. Todo cristiano debe ser un estudioso de la Biblia, familiarizado con las verdades del evangelio. Eso no solo producirá una correcta adoración, sino también le garantizará libertad del error y el engaño.

Volvamos al estudio serio de la Biblia. El mensaje de las Escrituras no tiene nada que ver con bienestar, salud y riquezas. Más bien es un mensaje que centra su atención en la persona y la obra de nuestro Señor Jesucristo. Es un libro de redención. Un libro acerca de Dios. Las Escrituras nos cuentan lo que Dios ha hecho para salvar al hombre de sus pecados. Nos hablan de los ricos beneficios de la cruz: vida eterna, justificación, el perdón de los pecados, la adopción, reconciliación, paz con Dios y la morada eterna con nuestro Salvador.

Mi exhortación a todo creyente y pastor es la misma del apóstol Pedro: “desead como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra, para que por ella crezcáis para salvación” (1 Pedro 2:2). Que en esa medida nuestros ojos sean abiertos a las riquezas eternas del glorioso evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Seamos diligentes.

Tomado de: Coalición por el evangelio.

 

 

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7 Dificultades para defender los apóstoles de hoy

Por Gerson Morey

Con respecto al controversial tema de si debe haber apóstoles en la iglesia hoy día, creo que hay poca información al respecto. De plano puedo decir que entiendo que no, que no es congruente con el testimonio bíblico el llamar apóstol a alguien hoy. A continuación quiero presentar 7 dificultades que me llevan a esta conclusión.

Dificultad #1: Confusión en medio del pueblo

A pesar de que existen tantas iglesias dirigidas por apóstoles, en mi labor pastoral he encontrado que los mismos miembros de esas congregaciones muchas veces no saben explicar [ni entender] la definición, requisitos y vigencia del oficio apostólico.

Muchas preguntas surgen que son respondidas sin precisión, y los argumentos que usan para justificar el apostolado moderno no parecen salir del texto bíblico, ¿cierto? Me estoy refiriendo a preguntas como: ¿Quién es un apóstol? ¿Quién escoge a los apóstoles? ¿Quién determina la elección de un apóstol? ¿Cuál es el proceso o criterio para pasar de pastor a apóstol? Estas preguntas deben responderse a la luz de la Biblia, pero lo que veo es que se responden muchas veces de manera pragmática.

 

Dificultad #2: Cumplir con los requisitos

Cuando los apóstoles buscaban un reemplazo para Judas, habían ciertos requisitos que los candidatos debían cumplir. En esa ocasión Pedro fue claro al decir: “Por tanto, es necesario que de los hombres que nos han acompañado todo el tiempo que el Señor Jesús vivió entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea constituido testigo con nosotros de su resurrección”, (Hch. 1:21-22 ).  Es evidente que, en la mente del apóstol Pedro, un candidato debía haber estado junto a los demás apóstoles desde el bautismo de Juan, y además debía ser testigo del Cristo resucitado. Estos dos requisitos excluyen a toda persona que vivió después del primer siglo, ¿cierto?. Por una razón cronológica, hoy nadie cumple ese requisito. Todos los testigos del Cristo resucitado ya fallecieron. Además, Pablo hablaba de lo que parecía ser otro requisito para el oficio apostólico: “las señales de un apóstol” (2 Corintios 12:12). Es decir, la señales que Dios concedió a estos hombres para hacer milagros extraordinarios con el fin de respaldar el mensaje que ellos comunicaban. Estas señales incluían resurrección de muertos, sanidad de ciegos, paralíticos y otras semejantes. Vale aclarar que el apostolado de Pablo fue único en su especie, puesto que él no fue parte de los doce apóstoles originales. Pero el apóstol a los gentiles fue llamado por el mismo Señor Jesús (Gálatas 1:1) quién se le apareció camino a Damasco (Hechos 9:3-5) y el Señor le concedió hacer milagros extraordinarios para respaldar su mensaje y llamado (Hechos 19:11).

 

Dificultad #3: Comprobar el testimonio

Hoy en día muchos considerados apóstoles contestan que sí, que han visto a Cristo y tienen las señales de un apóstol. Con mucho amor y cuidado, si la respuesta a ambas preguntas es afirmativa, déjenme hacerles otras preguntas. Si Cristo se les apareció, ¿cómo podemos comprobar que fue verdad? Hacer semejante afirmación es una práctica muy peligrosa puesto que abre la puerta para que muchos en la iglesia reclamen esa misma experiencia. ¿Pueden ver el daño que eso puede hacer? Además, si tienen señales de un apóstol, las mismas que Dios les concedió a Pablo, Pedro y Juan, ¿por qué tantas personas no son sanadas alrededor suyo? ¿Alguna vez han experimentado la resurrección de los muertos? ¿Por qué son tan diferentes las señales de hoy a los milagros extraordinarios que Dios hacía por mano de Pablo? ¿Tiene algún apóstol moderno las señales y milagros como lo tuvieron Pedro y Pablo? Las señales comunes hoy en día no son similares a las que vemos en la Palabra, ¿cierto?

Dificultad #4: Defender el apostolado moderno desde versículos bíblicos

Seguramente harán referencia a Efesios 4:11. Allí Pablo dijo: “Y El dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11-12 LBLA). Pero si hacemos un examen cuidadoso  notarán que este texto no aborda el tema de la vigencia ni de la necesidad del oficio apostólico para hoy. El enfoque es más bien que Dios ha provisto dones y que esos dones sirven para capacitar a los santos para la obra del ministerio. Concedemos que los santos de hoy todavía deben ser capacitados para la obra del ministerio y por eso Dios dejó pastores y maestros para que alimenten y apacienten el rebaño. Pensar que los apóstoles deben estar hoy presentes, sería ignorar los requisitos anteriormente establecidos. Además, los apóstoles fueron líderes escogidos, pero su labor fue temporal y más bien sirvió de fundamento inicial para la iglesia como dijo Pablo en el mismo libro de Efesios: “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular” (Efesios 2:20 LBLA). La labor apostólica fue fundacional, porque fueron los apóstoles quienes nos dejaron en el Nuevo Testamento las enseñanzas y escritos acerca de la persona y la obra de nuestro Señor. Es Cristo, el Hijo del Dios viviente el fundamento sobre la cual se edifica la iglesia (Mateo 16:16-18 & 1 Corintios 3:11). Es decir, el fundamento de la iglesia lo constituyen la verdad de la obra consumada de Cristo que encontramos en las páginas del Nuevo Testamento. Por lo tanto, el texto de Efesios 4:11 no puede usarse para justificar la vigencia de los apóstoles.

Dificultad #5: El no reemplazo de los apóstoles

¿Por qué no reemplazaron al apóstol Jacobo cuando murió?. En Hechos 12:1-2 dice que el rey Herodes mandó matar a espada a Jacobo, el hermano de Juan. Si el oficio de un apóstol debía continuar, los demás apóstoles tenían que haber reemplazado a Jacobo. Si los apóstoles debían continuar, entonces los otros discípulos debieron reunirse y buscar un candidato para el puesto dejado por Jacobo. Pero como lo muestra el libro de los Hechos, no lo hicieron.

 

Dificultad #6: Las referencias de un discípulo post-apostólicos

Ignacio fue uno de los más prominentes líderes que destacó en la era pos apostólica de la iglesia. Es decir, la época después que el último de los apóstoles había muerto. A los encargados de la iglesia se les llamaba obispos. Ignacio era Obispo de Antioquía y escribió 7 cartas a los creyentes de diferentes ciudades mientras era llevado en cadenas al martirio en Roma. En dos de ellas, Ignacio hace referencia a los apóstoles, y nombra a Pedro y Pablo, pero lo interesante es la estima y reverencia con la que Ignacio se refiere a los apóstoles. Ignacio parece sentirse por debajo de tan solemne y elevado llamado, al reconocer la superioridad y la dignidad del oficio apostólico:

  • Carta a los Tralianos (3) …Siendo así que os amo, os trato con blandura, aunque es posible que escriba de modo más estricto en su favor; pero no creí que tuviera competencia para hacerlo, y que, siendo un reo, os dé órdenes como si fuera un apóstol.
  • Carta a los Romanos: (4)…No os mando nada, cosa que hicieron Pedro y Pablo. Ellos eran apóstoles, yo soy un reo; ellos eran libres, pero yo soy un esclavo en este mismo momento.

Las palabras de Ignacio revelan el profundo respeto que este hombre de Dios sentía hacia los apóstoles. Aunque fue un reconocido líder entre la iglesia, no se atrevía ni a identificarse como un apóstol ni a igualarse a ellos.

Dificultad #7:  La ausencia de apostolado durante la historia de la iglesia

¿Por qué ningún líder en toda la historia de la iglesia se llamó apóstol?. Si el oficio de un apóstol debía tener vigencia, ¿por qué a lo largo de la historia eclesiástica ningún líder cristiano se llamó apóstol?  ¿Se habrían atrevido Ireneo, Atanasio, Agustín, Tomas de Aquino, Lutero, Wesley y Jonathan Edwards llamarse así mismos apóstoles? ¿Por qué no lo hicieron? Si el oficio apostólico ha resurgido en este siglo, entonces ¿Fueron estos 2000 años sin apóstoles un desperdicio para la iglesia? ¿Será que la historia eclesiástica está marcada por el gran error de ignorar el oficio de un apóstol?  ¿Tan equivocados estuvieron los líderes de la iglesia que nos precedieron?

A la luz de estas interrogantes, deberíamos preguntarnos si es legítimo llamar  “apóstol” a los líderes de las iglesias. Debemos reconocer el arduo trabajo, el esfuerzo y la dedicación que muchos pastores hacen en especial en su tarea misionera. Pero el hecho de que el pastor de una congregación envíe misioneros y pastores a plantar otras iglesias, no justifica el uso del término apóstol.

Seamos conscientes y agradecidos de la prominencia de los apóstoles que Dios le dio a la iglesia. Pero también seamos justos al reconocer que este oficio fue único e irrepetible. En este tiempo Dios ha dotado a su iglesia con pastores y maestros para cuidar y alimentar el rebaño por medio de la predicación fiel de las Escrituras y el discipulado.

 

Tomado de: Coalición por el Evangelio.

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Declaro, declaro, declaro, en el nombre de Jesús

decreto

¿Por qué muchas reuniones de oración evangélicas se han convertido en sesiones de ‘declaración’?

AUTOR Will Graham

¿Declaras las cosas que no son como si fuesen, hermano? ¿Declaras la unción apostólica de los últimos tiempos sobre tu vida, hermana? ¿Declaras la bendición profética de lluvia tardía sobre tu familia, querido(a) lector(a)? Si es así, te declaro que estás haciendo las cosas mal… ¡Pero ánimo! Yo también empecé así.

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7 Marcas de un Falso Maestro Por Tim Challies

7 Marcas de un Falso Maestro

Por Tim Challies

Falsos maestros

Nadie enriquece el infierno más que los falsos maestros. Nadie encuentra más gozo en atraer a la gente lejos de la verdad y conduciéndolos al error. Los falsos maestros han estado presentes en todas las épocas de la historia humana, siempre han sido una plaga, y siempre han estado en el negocio de proporcionar la verdad falsificada. Si bien las circunstancias pueden cambiar, sus métodos siguen siendo consistentes.

Aquí hay siete marcas de los falsos maestros.

Los falsos maestros son complacientes del hombre. Lo que ellos enseñan es para complacer a los oídos más que beneficiar al corazón. Ellos cosquillean a los oídos de sus seguidores con la adulación y al mismo tiempo tratan a las cosas sagradas con ingenio y descuido en lugar de temor y reverencia. Esto contrasta notablemente con un verdadero maestro de la Palabra que sabe que él es responsable ante Dios y que por lo tanto está mucho más ansioso por agradar a Dios que a los hombres. Como Pablo diría: “sino que así como hemos sido aprobados por Dios para que se nos confiara el evangelio, así hablamos, no como agradando a los hombres, sino a Dios que examina nuestros corazones.” (1 Tes. 2:04).

Los falsos maestros ahorran sus críticas más duras para los más fieles servidores de Dios.Los falsos maestros critican a los que enseñan la verdad y ahorran su crítica más aguda para aquellos que sostienen más firmemente lo que es verdad. Esto lo vemos en muchos lugares de la Biblia, por ejemplo, cuando Coré y sus amigos se levantaron contra Moisés y Aarón (Números 16:3) y al ministerio de Pablo fue amenazado y socavado por los críticos que dijeron que, si bien sus palabras eran fuertes, él mismo era débil y poco importante (2 Cor. 10:10). Lo vemos sobre todo en los ataques viciosos de las autoridades religiosas en contra de Jesús. Los falsos maestros siguen reprendiendo y menospreciando a los fieles siervos de Dios hoy en día. Sin embargo, como Agustín declaró: “El que tiene voluntad de mi buen nombre, de mala gana se suma a la recompensa.”

Los falsos maestros enseñan su propia sabiduría y visión. Esto fue cierto en los días de Jeremías cuando Dios decía: “Entonces el Señor me dijo: Mentira profetizan los profetas en mi nombre. Yo no los he enviado, ni les he dado órdenes, ni les he hablado; visión falsa, adivinación, vanidad y engaño de sus corazones ellos os profetizan.” (Jer. 14:14). Y hoy, también, los falsos maestros enseñan la locura de meros hombres en lugar de enseñar la sabiduría más profunda y rica de Dios. Pablo sabía “Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos” (2 Tim. 4:3).

Los falsos maestros se pierden lo que es de vital importancia y se centran en los pequeños detalles. Jesús diagnostica esta misma tendencia en los falsos maestros de su época, advirtiéndoles: “¡¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y éstas son las cosas que debíais haber hecho, sin descuidar aquéllas.” (Mateo 23:23). Los falsos maestros hacen mucho hincapié en su adhesión a los mandamientos más pequeños incluso ignoran los mayores. Pablo advirtió a Timoteo de quien “está envanecido y nada entiende, sino que tiene un interés morboso en discusiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, y constantes rencillas entre hombres de mente depravada, que están privados de la verdad, que suponen que la piedad es un medio de ganancia.” ( 1 Tim. 6:4-5 ).

Los falsos maestros ocultan su falsa doctrina detrás de su elocuente discurso y lo que parece ser una lógica impresionante.Al igual que una prostituta se pinta y se perfuma a sí misma con una apariencia más atractiva y más seductora, el falso maestro oculta sus blasfemias y doctrina peligrosa detrás de argumentos poderosos y el uso del lenguaje elocuente. Él ofrece a sus oyentes el equivalente espiritual de una píldora venenosa recubierta de oro, aunque pueda parecer hermosa y valiosa, sigue siendo mortal.

Los falsos maestros están más preocupados por ganar a otros con sus opiniones que en ayudar y mejorarlos. Este fue otro de los diagnósticos de Jesús mientras consideraba los líderes religiosos de su tiempo. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del infierno[a] dos veces más que vosotros.” (Mateo 23:15). Los falsos maestros no están en última instancia, en el negocio de mejorar la vida y la salvación de las almas, sino de convencer a las mentes y los seguidores ganadores.

Los falsos maestros explotan a sus seguidores. Pedro advierte de este peligro, diciendo: “Pero se levantaron falsos profetas entre el pueblo, así como habrá también falsos maestros entre vosotros, los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras, negando incluso al Señor que los compró, trayendo sobre sí una destrucción repentina. Muchos seguirán su sensualidad, y por causa de ellos, el camino de la verdad será blasfemado; y en su avaricia os explotarán con palabras falsas. El juicio de ellos, desde hace mucho tiempo no está ocioso, ni su perdición dormida.” (2 Pedro 2:1-3). Los falsos maestros aprovechan aquellos que los siguen porque son codiciosos y desean de las riquezas de este mundo. Siendo esto cierto, siempre se dedican a enseñar los principios de la carne. Los falsos maestros se preocupan por sus bienes, no de su bien, quieren servirse a sí mismos más que salvar a los perdidos, se contentan en que Satanás tenga su alma con tal de que puedan obtener sus cosas.

Inspirado por ShaiLinne y el Apéndice II de Remedios Preciosos de Contra las Artimañas de Satanás de Thomas Brooks

Tomado de: EvangelioWordpress

 

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