Soldado de Jesucristo

Soli Deo Gloria

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“Confiando en Dios aunque la vida duela” Jerry Bridges (Parte 4 y final)

jerry bridges

Por: Soldado de Jesucristo.

Notas personales extraídas del libro 

– ¡Dios se preocupa por usted! No sólo nunca lo dejará, éste es el lado negativo de la promesa, sino que lo cuidará. No sólo está con usted, lo cuida. Su cuidado es constante, no ocasional o esporádico, es total. Todos y cada uno de sus cabellos están contados. Su cuidado es soberano, nada ocurre que El no permita. Su cuidado es infinitamente sabio y bondadoso. Como dice John Newton: “Si me fuera posible alterar cualquier parte de su plan, lo único que haría sería arruinarlo”.

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Confiando en Dios aunque la vida duela Jerry Bridges. (Parte 3)

Notas personales extraídas del libro 

 

-Cuando empezamos a cuestionar el amor de Dios, necesitamos recordar quiénes somos. No tenemos ningún derecho a su amor, y no merecemos ni un poquito de su bondad. Una vez escuché a un orador que decía: “Cualquier cosa a este lado del infierno es pura gracia”. No sé de nada que corte tan rápidamente la actitud desafiante de ¿por qué me sucedió esto a mí? como darnos cuenta de quiénes somos en realidad ante Dios, considerados en nosotros mismos, separados de Cristo.

 

-Cada vez que nos sintamos inclinados a dudar del amor de Dios por nosotros, debemos volvernos a la cruz, razonando de esta forma: Si Dios me amó tanto como para entregar a Jesús a la muerte cuando yo era su enemigo, puedo tener la certeza de que me ama lo suficiente como para cuidarme ahora que soy su hijo. Habiéndome amado hasta el punto máximo de la cruz, no puede dejar de amarme en mis momentos de adversidad. Después de dar ese invaluable regalo, su Hijo, seguramente también dará todo lo que sea consistente con su gloria y mi bien.

 

-Si vamos a confiar en Dios en la adversidad, tenemos que usar nuestras mentes en esos momentos para razonar sobre las grandes verdades de su soberanía, sabiduría y amor como se nos revelan en las Escrituras. No podemos permitir que nuestras emociones dominen nuestras mentes. Mas bien debemos, buscar que la verdad de Dios las gobierne. Nuestras emociones deben convertirse en subalternos de la verdad.

 

-Usted y yo, como David, debemos luchar con nuestros pensamientos. Con la ayuda de Dios nosotros también llegaremos al punto, aun en medio de las adversidades, en que podremos decir: “Confío en tu inagotable amor”.

 

-Si tengo dificultad en aceptarme como Dios me hizo, entonces, tengo una controversia con El.

 

-El Dios eterno que es infinito en su sabiduría y perfecto en su amor, personalmente nos hizo a usted y a mí. Le dio el cuerpo, las habilidades mentales y la personalidad básica que tiene porque así es como quería que usted fuera. Y quería que sucediera exactamente así, porque lo ama y desea glorificarse por medio de usted.

 

-Este es el fundamento del creyente para aceptarse a sí mismo. Usted y yo somos quienes somos porque Dios soberana y directamente nos creó así. La autoaceptación es, esencialmente, confiar en Dios por lo que soy, con las incapacidades, deficiencias físicas y demás.

 

-Todos recibimos de Dios cada habilidad, entrenamiento, riquezas, posición, rango o influencia para usarla para su gloria. Ya sea una habilidad o un impedimento, aprendamos a recibirlo de Dios, dándole gracias y tratando de usarlo para su gloria.

 

-Dios no sólo nos creó como quería que fuéramos, sino que también determina soberanamente cuánto tiempo viviremos. Esta es una verdad maravillosa. Igual que los de David, nuestros tiempos están en sus manos. Como dice un himno: “Hasta que Él lo ordene, yo no puedo morir”.

 

-Podemos estar seguros de que un hermoso carácter cristiano no se desarrollará en nuestras vidas sin la adversidad. Pensemos en esas virtudes que Pablo denomina el fruto del Espíritu en Gálatas 5:22-23. Las primeras cuatro virtudes que él enumera: Amor, gozo, paz y paciencia, sólo pueden desarrollarse en medio de la adversidad.

– La muerte de Cristo en la cruz con su intensa agonía física, y extremado sufrimiento espiritual de soportar la ira de Dios por nuestros pecados, fue la mayor calamidad que alguna vez haya caído sobre ser humano. Pero Jesús pudo ver, más allá del sufrimiento, la alegría que estaba ante El y, como dice el autor de Hebreos, debemos fijar nuestros ojos en El y seguir su ejemplo, mirando más allá de nuestra adversidad para ver lo que Dios hace en nuestras vidas, y regocijarnos en la seguridad de que El hace su labor en nosotros para nuestro propio crecimiento.

 

-El puritano Daniel Dyke dijo: “Entonces la Palabra es la bodega de toda enseñanza. No busquéis una nueva doctrina para enseñaros por medio de la aflicción, la cual no está en la Escritura. Porque, en verdad, aquí yace nuestra enseñanza por medio de la prueba, que se  adapta y nos prepara para la Palabra, rompiendo y dividiendo la obstinación de nuestros corazones, haciéndolos flexibles y capaces de la impresión de ellas”.

 

-No importa si usted tiene muchas debilidades o fortalezas. Puede ser el más competente en su campo, pero puede estar seguro de que si Dios va a usarle, hará que sienta dependencia total de Él.

 

– No hay duda que la adversidad es difícil, y generalmente nos toma por sorpresa y parece golpearnos donde somos más vulnerables. Con frecuencia nos parece completamente sin sentido e irracional, pero para Dios nada lo es. El tiene un propósito en todo dolor que trae o que permite en nuestras vidas. Podemos estar seguros de que en alguna forma es para nuestro beneficio y su gloria.

 

– Ahora estoy reconociendo que confiar en Dios, es primero que todo un asunto de la voluntad y que no depende de mis sentimientos. Decido reposar en Dios, y finalmente mis sentimientos siguen.

 

– He dicho que confiar en Dios es ante todo un acto de la voluntad, pero permítanme modificar esta afirmación para decir que, primero que todo, es una cuestión de conocimiento. Debemos saber que Dios es soberano, sabio y amoroso, en todos los sentidos que hemos visto en capítulos anteriores que estos términos tienen. Pero, habiendo sido expuestos al conocimiento de la verdad, debemos escoger entre creer la verdad sobre Dios, la cual nos ha sido revelada, o dejarnos llevar por nuestros sentimientos. Si vamos a confiar en Dios, debemos decidirnos a creer su verdad. Debemos decir: “Confiaré en ti, aunque no siento deseos de hacerlo”.

 

En las próximas semanas estaré publicando nuevas notas que tomé de este libro que desde ya estoy recomendando. Ya puedes leer la Primera Parte y Segunda Parte de las notas que tomé. Si te han sido de bendición estas notas compártelas con tus amistades.

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Confiando en Dios aunque la vida duela del autor Jerry Bridges. Parte 2.

Notas personales extraídas del libro “Confiando en Dios aunque la vida duela” del autor Jerry Bridges. Parte 2.

Captura

¿Será que Dios es soberano solamente en las circunstancias “buenas” de nuestras vidas? ¿No es soberano también en los tiempos difíciles, y cuando nuestros corazones están afligidos por el dolor? La Biblia nos enseña que Dios es soberano en lo “bueno” y en lo “malo”.

 

Dios controla el bien y el mal. Dios no mira de lado o es tomado por sorpresa cuando la adversidad nos golpea. Él tiene el control de esa adversidad, dirigiéndola para Su gloria y nuestro bien.

 

Confiar en Dios no significa que no sufra dolor, que su corazón no esté dolido. Significa que en medio de su dolor y angustia pueda decir: Señor, yo sé que tú tenías el control de este espantoso evento. No entiendo por qué permitiste que sucediera pero confío en ti”

 

La verdad en la que debemos creer es que Dios es soberano. El hace su buen propósito sin ser frustrado, y dirige y controla todos los eventos y todas las acciones de sus criaturas de tal forma que nunca pueden actuar fuera de su voluntad soberana. Debemos creer y aferrarnos a esto cuando enfrentemos la adversidad y la tragedia, si queremos glorificarle confiando en El.

 

Nuestra prioridad en momentos de adversidad es honrar y glorificar a Dios confiando en El.

 

Honramos a Dios al escoger confiar en El aun cuando no entendemos lo que está haciendo o por qué ha permitido que algunas circunstancias adversas ocurran. Cuando buscamos la gloria de Dios, debemos estar seguros de que Él tiene como propósito nuestro bien y que no se detendrá para cumplirlo.

 

Debemos  seguir confiando en Dios aun en los tiempos adversos, y creer que Él tiene el control soberano de ellos, y que tampoco se ha olvidado del cuidado y bienestar de sus hijos en estas circunstancias.

 

Dios nunca desperdicia el sufrimiento, sino que lo usa para lograr su propósito, el cual es su gloria y nuestro bien. Por lo tanto, podemos confiar en Él cuando nuestros corazones están dolidos o nuestros cuerpos atormentados por el dolor.

 

Nuestra confianza en Dios debe basarse, no en las experiencias de otros, sino en lo que Dios nos dice sobre sí mismo en su Palabra.

 

Si vamos a experimentar paz en nuestras almas en momentos de adversidad, debemos llegar al punto donde verdaderamente creamos que los caminos de Dios sencillamente están más allá de nosotros, y dejar de preguntarle “¿por qué?” o aun tratar de descubrirlos por nosotros mismos.

 

La sabiduría de Dios no sólo está tan por encima de la nuestra como está el cielo por encima de la tierra, sino que también es superior a la sabiduría y astucia de nuestros adversarios. Esto debería ser de mucha tranquilidad para nosotros.

 

Aun los planes más atroces de nuestros adversarios sólo pueden lograr lo que Dios ha ordenado soberanamente para nosotros, y en su infinita sabiduría, con habilidad, hace que se cumpla.

 

Dios está obrando tanto en esas “cosas”, como en las adversidades (la enfermedad, muerte, problemas financieros y destrucciones de la naturaleza).

 

Debemos  aprender a silenciar nuestros corazones con respecto al gobierno de Dios en el universo.

 

El puritano John Flavel escribió: Crea firmemente que el manejo de todos los asuntos de este mundo, públicos o privados, está en las manos del sabio absoluto Dios. Sométase a su sabiduría, y no confíe en su propio entendimiento. Cuando Melancthon se sentía oprimido por las preocupaciones y dudas acerca de los asuntos angustiosos de la iglesia de su tiempo, Lutero lo reprendía por su desánimo… no pretendas ser el gobernante del mundo, más bien deja las riendas del gobierno en las manos del que lo hizo y sabe mejor cómo gobernarlo.

 

Cuestionar la sabiduría de Dios, además de ser un acto irreverente, también debilita el espíritu. No sólo deshonramos su gloria sino que también nos privamos de la tranquilidad y paz que llega con el sólo hecho de confiar en El sin exigir una explicación.

 

Debería llenarnos de gozo el saber que la sabiduría infinita guía los asuntos del mundo donde muchos de sus eventos están cubiertos de oscuridad y misterio, y a veces parece reinar una intrincada confusión. Con frecuencia la maldad prevalece y Dios parece haber olvidado las criaturas que creó. Nuestro camino a través de la vida es oscuro, tortuoso y rodeado de dificultades y peligros. Cuán llena de consuelo es la doctrina que enseña que la sabiduría infinita dirige cada evento, trae orden de entre la confusión y luz de entre la oscuridad y, a aquellos que aman a Dios, hace que todas las cosas, ya sea el aspecto presente o la tendencia aparente, trabajen juntas para bien.

 

El  amor de Dios es tan real en los momentos de adversidad como en los de bendición.

 

Así como a Dios le es imposible por naturaleza ser algo menos que perfectamente santo, también le es imposible ser algo menos que perfectamente bueno.

 

Mi propia experiencia indica que Satanás nos ataca mucho más en el área del amor de Dios, que en la de su soberanía o sabiduría.

 

No hay duda de que la prueba más convincente del amor de Dios en toda la Escritura es la entrega de su Hijo para que muriera por nuestros pecados.

 

Nuestra mayor urgencia no es librarnos de la adversidad, pues todas las dificultades que puedan ocurrir en esta vida no pueden, en ninguna forma compararse con la total calamidad de la separación eterna de Dios. Jesús dijo que ningún bienestar terrenal se puede comparar con el gozo eterno de que nuestros nombres están escritos en el cielo.

 

Si queremos una prueba del amor de Dios por nosotros, entonces debemos mirar primero a la cruz donde ofreció a su Hijo en sacrificio por nuestros pecados. El Calvario es la prueba concreta, absoluta e irrefutable del amor de Dios por nosotros.

 

No debemos olvidar el hecho de que la ira de Dios es muy real y justificada. Todos hemos pecado continuamente contra un Dios santo y justo; nos hemos rebelado voluntariamente contra sus mandatos, desafiado su ley moral y actuado en total oposición a su voluntad conocida para nosotros.

 

En las próximas semanas estaré publicando nuevas notas que tomé de este libro que desde ya estoy recomendando. Ya puedes leer la Primera Parte de las notas que tomé. Si te han sido de bendición estas notas compártelas con tus amistades.

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Confiando en Dios aunque la vida duela” Jerry Bridges. (Parte 1).

COnfiando en Dios aunque la vida duela

Notas personales extraídas del libro “Confiando en Dios aunque la vida duela” del autor Jerry Bridges. Parte 1.

¡No importa por qué clase de calamidad o problema en particular estemos atravesando; pero sí podemos estar seguros de que nuestro Padre tiene un propósito amoroso.

 

Aunque nuestro dolor sea trivial o traumático, temporal o interminable, debemos aprender a confiar en Dios y glorificarle en estas situaciones, sin tener en cuenta la naturaleza de ellas.

 

Si vamos a confiar en Dios, debemos aprender a aceptar que Él está trabajando continuamente en cada aspecto y momento de nuestras vidas para nuestro supremo bien final.

 

Nada es tan grande o tan pequeño para escapar de la mano soberana de Dios.

La araña construyendo su red en el rincón, y Napoleón guiando a su ejército a través de Europa, están bajo el control de Dios.

 

La Biblia no deja lugar a dudas, Dios nunca se frustra, “y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?” (Daniel 4:35).

 

Aunque  a menudo no entendemos los caminos de Dios, Él está obrando soberanamente en todas nuestras circunstancias.

 

Dios tiene el control; Él es soberano. El hace lo que a Él le place y determina si nosotros podemos hacer lo que hemos planeado. Esta es la esencia de la soberanía de Dios; su absoluta independencia para hacer lo que le satisface y su total control sobre las acciones de todas sus criaturas. Ninguna criatura, persona o imperio puede frustrar su voluntad o actuar fuera de sus límites.

 

La confianza en la soberanía de Dios en todo lo que nos afecta es crucial para nuestra fe en El. Si hay un evento particular en todo el universo que pueda ocurrir sin su control soberano, entonces no podemos confiar en Él. Su amor puede ser infinito, pero si su poder y su propósito pueden frustrarse, no podemos confiar en Él.

 

Dios gobierna tan seguramente en la tierra como en el cielo, y permite, por razones que sólo El conoce, que las personas actúen en contra y desafiando su voluntad revelada, pero nunca les permite actuar en contra de su voluntad soberana.

 

¿Alguien te quiere hacer daño? Esa persona no puede absolutamente ejecutar

su malicioso plan, a menos que Dios lo haya ordenado primero para un propósito para tu bien que solo Dios sabe.

 

Nadie puede hablar y hacer que suceda si el Señor no lo ha ordenado (Lamentaciones 3:37).

 

Nos sentimos heridos y sufrimos; pero en medio de nuestro sufrimiento debemos creer que Él tiene el control y que es soberano.

 

La soberanía de Dios es esa impenetrable roca de la cual el sufriente corazón humano se aferra. Margaret Clarkson

 

Las circunstancias que rodean nuestras vidas no son accidentes: Ellas pueden ser el trabajo del diablo pero éste es sostenido firmemente por la poderosa mano de nuestro Dios soberano…

 

Todo el mal está sujeto a Él, y el diablo no puede tocar sus, hijos a menos que Él lo permita (para algún buen propósito final). Dios es el Señor de la historia humana y personal de cada uno de los miembros de su familia redimida

 

Ni los actos malintencionados y maliciosos, ni los errores involuntarios de las personas pueden impedir el propósito que Dios tiene para nosotros. “No hay sabiduría, ni inteligencia, ni consejo, contra Jehová” (Proverbios 21:30).

 

Nada es tan pequeño y trivial para escapar de la atención del control soberano de Dios, ni tan grande como para estar más allá de su poder para controlarlo.

 

El insignificante pajarillo no puede caer al suelo sin su voluntad. Así mismo, el poderoso imperio romano no podía crucificar a Jesús a menos que Dios le diera ese poder (Mateo 10:29; Juan 19:10-11).

 

Ningún detalle de su vida es demasiado insignificante para el cuidado del Padre celestial, y ninguna circunstancia demasiado grande para que Él no la pueda controlar.

 

Estamos en manos de un Dios soberano que controla todas las circunstancias de nuestras vidas para nuestro bien eterno (Jeremías 32:41).

 

Dios hace lo que a Él le place, por lo tanto nadie puede actuar, ni ninguna circunstancia puede ocurrir fuera de los límites de su voluntad soberana.

 

Ninguno de sus planes de Dios se puede frustrar. Dios hace lo que quiere, sólo como Él lo quiere, y nadie puede frustrar sus planes o truncar sus propósitos.

 

Dios tiene un gran propósito para todos los creyentes: “Hacernos conformes a la imagen de su Hijo Jesucristo” (Romanos 8:29).

 

Dios tiene un plan para usted, y puesto que es su plan, y nadie puede desviarlo, entonces puede tener la esperanza y el valor. Usted puede confiar en Dios.

 

Dios nunca se sorprende, y nunca lo cogemos fuera de guardia o frustrado por sucesos inesperados. Él hace lo que quiere, y eso siempre es para su gloria y nuestro bien.

 

En las próximas semanas estaré publicando nuevas notas que tomé de este libro que desde ya estoy recomendando, si te han sido de bendición estas notas compártelas con tus amistades.

 

Todo lo que existe es debido a :

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Me siento abandonado en mi prueba. John MacArthur

Me siento abandonado en mi prueba. ¿Por qué es que Dios parece estar tan lejos en los tiempos cuando lo necesito más?

Por John MacArthur

John MacArthur

Tienes problemas, entonces oras. Estás agotado, entonces clamas a Dios para que te alivie. Pero la respuesta que recibes es silencio – un silencio tan ensordecedor que ahoga todos tus pensamientos menos este: Dios no está escuchando.

¿Es ése tu testimonio? Si es así, quisiéramos ayudarte a conseguir una perspectiva bíblica proveyendo algunos principios en los que puedas reflexionar. Confiamos que estos pensamientos te traerán consuelo y esperanza.

Tu experiencia es común

¿Te sientes abandonado? Otros creyentes se han sentido igual. Lee los escritos de Oswald Chambers, Charles Spurgeon, y D. Martyn Lloyd-Jones, y descubrirás que ellos también conocían bien la agonía que tu experimentas.

Después de que C.S. Lewis perdió a su esposa al cáncer, él clamo a Dios para recibir consuelo pero no sintió alguna respuesta. Confundido, pregunto, “¿Qué puede decir esto? ¿Por qué es un presente comandante en nuestros tiempos de prosperidad y una ayuda muy ausente en nuestros tiempos de dificultad?”

Pero no necesitas una gran biblioteca para saber que tu experiencia es común. Solo busca en las páginas de tu Biblia, especialmente en los salmos, y leerás varios gritos de angustia para que Dios actúe:

• Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; Sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. Mi alma también está muy turbada; y tú, Jehová, ¿hasta cuándo? (Salmo 6:2-3)

• ¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá más a sernos propicio? ¿Ha cesado para siempre su misericordia? ¿Se ha acabado perpetuamente su promesa? ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha encerrado con ira sus piedades (Salmo 77:7-9)?

• Oh Dios, no guardes silencio; no calles, oh Dios, ni te estés quieto (Salmo 83:1).

Salmo 22:1 contiene tal vez el ejemplo más conocido, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?” Jesús repitió ese salmo en la cruz: “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46).

Un pasaje clave en 1 Pedro te ayudará a apreciar que los tiempos de angustia son comunes y son para los hijos de Dios. Entre los ricos detalles de la gloriosa gracia de Dios, reside una afirmación que aquellos que regocijan en su salvación también experimentarán angustia dado a diferentes pruebas. Toma mucha atención al segundo párrafo:

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su gran misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo (1 Pedro 1:3-7).

Toma consuelo sabiendo que tiempos difíciles – aún tiempos cuando sientes que Dios ha alejado Su presencia – son una parte esencial para tu experiencia espiritual. Dios no te ha abandonado, aunque sientes que sí. Otros creyentes han viajado ese camino oscuro en el cual estás con éxito y han completado su viaje.

Pedro reconoce que las pruebas producen dolor en los creyentes – y el dolor es una experiencia común. Él también habla sobre otros dos principios que te ayudarán a entender y pacientemente aguantar tu prueba:

Tu experiencia es temporánea

Sentirte agobiado por tus pruebas – como el sentir la ausencia de la presencia de Dios – abatirá a un creyente inmaduro si no tuviere un final. Entonces Pedro agrega que esta agonía es solamente por “un poco de tiempo”. Tu aflicción es temporánea. Dios no te dejará en tu agonía por siempre. Terminará – probablemente no tan pronto como quisieras – pero sí vendrá su fin. Una vez que la prueba ha servido su propósito, beneficiarás de los resultados y renovarás el gozo del abrazo de tu Padre celestial.

Tu experiencia tiene un propósito

Pedro anticipa la próxima pregunta, “¿Por qué un creyente tiene que pasar por pruebas que traen tanto dolor?” Él responde, “para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (v. 7).

Como un hijo de Dios, tienes la promesa de Su presencia, aunque por ahorita te sientes solo y sin ayuda. Descansa en el conocimiento que Dios tu Padre tiene buenas razones por la cual estás en esta prueba. Él está comprometido a hacerte santo, aún si tiene que parar tu alegría por un corto tiempo.

Derivarás mucho beneficio de esta prueba, no ignorándolo ni desmayando bajo el cargo, pero entendiendo su propósito. Cuando reconoces que Dios está usando la prueba para hacerte consciente de Su gracia en tu vida y prepararte para gloria, alabanza y honor eternal, estarás equipado para aguantarlo aunque te agobie el alma.

Sufrir en silencio, también:
1.    Te hará más obediente (Salmo 119:67).
2.    Te ayudará a entender más la palabra de Dios (Salmo 119:71).
3.    Aumentará tu compasión y eficacia en el ministerio (2 Corintios 1:3-4).
4.    Te ayudara a apreciar a Dios aún más cuando te restaure (Job 42:7:17).

Permite que estos principios amolden tu perspectiva. Aprende a responder bíblicamente y no emocionalmente a tus propios problemas. Inclínate en el carácter revelado de Dios. Él está permitiendo que experimentes un dolor temporal que te proveerá un más grande beneficio de santidad aumentada y una garantía más profunda (cp. Romanos 8:18).

 

Hay un Dios verdadero en tres personas: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.

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El cristiano y la crisis: el gozo que viene de Dios

El cristiano y la crisis: el gozo que viene de Dios

Por David Barceló.

Con este artículo empezamos una serie sobre la actitud del cristiano frente a la crisis. En primer lugar reflexionaremos sobre la actitud de gozo que podemos expresar aun en medio de las dificultades. En segundo lugar, pensaremos sobre nuestra perspectiva del dinero y de los bienes materiales. Finalmente, nos preguntaremos en qué consiste tener una visión cristiana del trabajo“Crisis” es la palabra que más escuchamos últimamente. Estamos en medio de una crisis económica mundial. Algunos expertos dicen que esto es cíclico, que después de las “vacas gordas” siempre vienen las “vacas flacas”. La verdad es que no sé qué pensar. Vemos a nuestro alrededor empresas que cierran, oímos de despidos masivos, de inflación, de recesión, de aumento del paro, de pobreza…

En este contexto muchas familias cristianas están pasando verdaderos momentos de prueba y los creyentes nos podemos llegar a hacer muchas preguntas: ¿por qué Dios permite que suframos una crisis como esta si somos sus hijos amados? ¿Por qué no hay prosperidad continua? ¿Por qué ha de haber escasez?

La crisis actual nos pone en alerta, pero lo cierto es que siempre ha habido épocas de crisis y catástrofes naturales, y el creyente siempre ha enfrentado las adversidades confiando en el Señor. Recordemos la sequía en tiempos de José. Recordemos la viudez de Rut y Noemí. Recordemos la traumática experiencia de Job. Este hombre, Job, era un hombre rico en lo material y justo delante de Dios. Un día el diablo se presentó ante Dios y pidió su permiso para tocar todas sus posesiones. En el mismo día Job perdió a sus criados, murieron sus ovejas, robaron sus camellos, y un viento fuerte derribó la casa en la que estaban sus diez hijos y todos ellos perdieron la vida. ¿Y cómo reaccionó Job ante todo esto? Con estas increíbles palabras: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21).

¿Pero cómo pudo tener Job esa entereza, esa confianza en Dios, esa paz interior en medio de la tristeza más profunda? ¡Si lo había perdido todo! ¡Aun siendo un hombre justo! ¡Y sin embargo no abrió su boca para quejarse, sino para bendecir a Dios! Encontramos esa misma actitud en el profeta Habacuc, cuando escribe: “Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar” (Hab. 3:17-19). En medio de la crisis, ¿tienes tú, querido amigo, esa paz y esa confianza en Dios que mostró Job?

En tiempos de escasez, ¿vives con ese gozo de Habacuc? Dijo el pastor inglés John Wesley, que “la última parte del hombre que se convierte es su bolsillo”… Y eso no significa necesariamente que nos cueste ofrendar, sino más bien que nos cuesta tener una visión cristiana del dinero, una visión diferente a la que el mundo nos ofrece. ¿Cuál es tu percepción del dinero? ¿Cómo ves las posesiones materiales? Según sea, así será también tu visión de la vida en tiempos de crisis y escasez. Observa la diferencia entre Judas y Zaqueo. Judas guardaba la bolsa con las ofrendas, y robaba de ella porque amaba el dinero (Jn. 12:6); por otro lado, Zaqueo era un publicano que había estado robando a su propia gente cobrando de más con los impuestos, y al convertirse dijo: “Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado” (Lc. 19:8). ¿Eres como Zaqueo? ¿Se ha convertido a Cristo también esa parte de tu corazón que manda sobre tu bolsillo? ¿O eres como Judas? ¿Pareces cristiano pero tu dios sigue siendo el amor al dinero? ¿Dónde está tu corazón con respecto a este tema? Como habrás visto nuestro enfoque es el contrario a lo que el mundo procura. En tiempos de crisis la gente está obsesionada por encontrar un trabajo que les dé el dinero necesario para poder tener gozo.

Pero el creyente se centra en primer lugar en el gozo, sabiendo que es el Señor quien proveerá del dinero y del trabajo necesario. Pero vayamos por partes. Primeramente meditaremos en 10 verdades sobre el gozo del cristiano, y en este primer artículo reflexionaremos sobre las tres primeras verdades, que tienen que ver con Dios como el origen de nuestro gozo. Habacuc nos habla del gozo diciendo que aún en tiempos de escasez… con todo… “yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación” (v.18).

Verdad 1: Todo es de Dios

Dice el Señor “mío es el mundo y su plenitud” (Sal. 50:12) y exclama el rey David “Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas” (1 Cr. 29:11). Tal vez hayáis oído que Dios creó todas las cosas para nosotros… Pero eso no es cierto. Si así fuera, ¿por qué entonces creó Dios miles de planetas que jamás veremos? ¿Y cientos de flores que jamás podremos oler en las montañas más altas? ¿Y corales y peces en mares tan profundos que no podremos explorar?

¿Y animales tan grandes y fieros que nunca podremos tocar? ¡Dios no creó todas las cosas para ti, sino para Él! ¡La Creación es para su gloria! De hecho nada es tuyo; ni tus hijos, ni tu coche, ni el aire que respiras, ni las uñas de tus pies. Todo lo creó Él, todo es suyo, y sigue siendo suyo, y puso al hombre y a la mujer como mayordomos de su Creación. Recordemos las palabras de ese hermoso himno que dice:

“El mundo es de mi Dios, su eterna posesión.

Eleva a Dios su dulce voz la entera Creación.

El mundo es de mi Dios. Conforta así pensar.

El hizo el sol y el arrebol, la tierra, el cielo y mar…”

 

Verdad 2: Dios es inmensamente generoso

La segunda verdad es tan espectacular como la primera. Dios es generoso, muy generoso. Dios es tan generoso, que permite que todo lo que es suyo, lo puedas llamar “mío”: Mi casa, mi esposa, mi vida, mi dinero… “Dios… nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos…” (1 Tim. 6:17). Es tan generoso, ¡que es generoso incluso con los incrédulos! ¡Aunque no le dan las gracias, y viven pensando que todo es suyo por mérito propio! Dios es quien “hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mt. 5:45).

Hemos de estar agradecidos a Dios por tantas cosas, y decir con el salmista: “Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios” (Sal. 103:1-2). ¡Todo lo que tienes lo tienes gracias a Dios!… ¡todo lo tuyo en realidad es suyo! ¡Pero lo deja todo a tu cuidado, como el amo que sale de viaje y deja su mansión al cuidado de su mayordomo y le permite vivir en ella con total libertad!

 

Verdad 3: Dios nos da lo mejor que tiene

 

¡Dios nos ha dado tantas cosas! Nos ha dado el ruido del mar, el aire fresco, las frutas jugosas, la risa de un niño, nos ha cubierto de bendiciones, pero no se ha reservado lo mejor para Él, como quien reparte bombones pero se queda con el más exquisito, y se lo come a escondidas. No, Dios nos ha dado también el tesoro más grande de su corazón, al Señor Jesucristo. Y si nos ha dado a Cristo, ¿qué no nos va a dar? “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Ro. 8:32) ¿Acaso no eres un hijo adoptado a la familia de Dios?

¡Acércate a tu Padre Celestial y pídele con confianza y sinceridad! Él es bueno y tremendamente generoso. ¿Acaso vendrá a mí uno de mis hijos y me dirá “Papa, tengo hambre” y no le daré de comer?; ¿o dirá “Papa, tengo frío” y no le taparé? “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mateo 7:10-11) Gracias al Señor que nuestro gozo está sustentado en la generosidad y la gracia de Dios. En el siguiente artículo meditaremos en las verdades que nos conducen a una actitud de gozo en nuestra vida cotidiana. Que Dios te bendiga.

David Barceló es pastor de la Iglesia Evangélica de la Gracia en Barcelona, España, desde sus inicios en el año 2005. Conferencista en varias ciudades de España y Latinoamérica. Felizmente casado con su esposa Elisabet, son padres de cuatro hijos, Moises, Daniel, Elisabet y Abraham.

 

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La lucha del cristiano por el gozo de la fe

La lucha del cristiano por el gozo de la fe

Por Sugel Michelén

Hay un cántico tradicional evangélico, cuya estrofa única dice así:

 Cada día con Cristo

Me llena de perfecta paz,

Cada día con Cristo

Le amo más y más;

Él me salva y guarda

Y sé que pronto volverá,

Y vivir con Cristo

Más dulce cada día será.

 

¿Describe este cántico la experiencia de todo cristiano? ¿En verdad disfrutan los creyentes en Cristo de paz perfecta cada día? ¿Son los días de los cristianos más dulces cada vez?

En cierto modo sí, en cierto modo no. Ciertamente los creyentes, al estar en Cristo, poseen una paz perfecta. Estamos en paz con Dios, porque hemos sido reconciliados con Él, porque todos nuestros pecados fueron completamente perdonados, porque no tenemos ninguna deuda pendiente con el reino de los cielos.

Y esa paz legal delante de Dios sirve de base para experimentar paz de alma en medio de las turbaciones de la vida, y de la lucha con nuestros propios pecados. Trae consuelo al corazón saber que hemos sido reconciliados con Dios, que El es ahora nuestro Padre, y que El cuida de nosotros y nos ama con un amor eterno e inalterable, un amor que no depende de las circunstancias ni de nuestros sentimientos. Esas verdades traen paz al corazón.

Y a medida que pasan los años la comprensión de estas cosas se hace más profunda; conocemos aspectos de estas doctrinas que no conocíamos antes, y eso hace que la vida con Cristo sea más dulce cada vez.

Ciertamente vivir con Cristo, estar en comunión íntima con Él, es la experiencia más dulce que puede tener un ser humano. Independientemente de cómo nos sintamos en un momento dado, Él está siempre ahí, cuidando de los Suyos, ejerciendo Sus oficios de Sacerdote, Profeta y Rey.

En ese sentido no tenemos problemas con la letra de este coro que citábamos hace un momento. La vida con Cristo es dulce, y será más dulce con el paso de los años.

Sin embargo, cuando vamos a la experiencia del cristiano en su vida diaria, cuando vemos al hijo de Dios, no desde su posición en Cristo, sino en el desenvolvimiento de su vida aquí y ahora, entonces lo que este cántico enseña está muy lejos de la realidad.

Los cristianos no experimentan paz perfecta cada día; ese sentimiento de paz no llena diariamente sus corazones. Hay días para el cristiano que no son dulces, al menos, no experimentalmente. Hay días en que los cristianos nos sentimos desfallecer, en que el mundo se nos viene encima, día en los pensamos que no podremos dar un solo paso adelante.

El gozo del creyente no es estático; es un gozo sometido a los ataques constantes del maligno, y puede verse seriamente afectado por las adversidades de la vida o por nuestros propios pecados.

A lo largo de nuestras vidas aquí necesitaremos más de una vez ser reanimados y vivificados. Dice David en el Sal. 23:2-3 que esa es una de las cosas que hace Dios con aquellos a quienes Él pastorea: “Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma”. Literalmente: “la restaurará, la reavivará”.

Hay momentos cuando parece que estamos medio muertos, y necesitamos ser reanimados. Esa es la misma idea que encontramos en el Sal. 19:7: “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma”. He ahí la palabra otra vez.

David no está hablando aquí de la conversión de un pecador, sino de la obra reanimadora y restauradora de las Escrituras en la vida del creyente. El alma de los justos necesita una y otra vez ser reconfortada, restaurada, reanimada, porque el gozo del creyente y su relación experimental con Dios no son estáticos.

Noten cómo el apóstol Pablo lo plantea en 2Cor. 1:23-24: “Mas yo invoco a Dios por testigo sobre mi alma, que por ser indulgente con vosotros no he pasado todavía a Corinto. No que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo; porque por la fe estáis firmes”. El apóstol estaba tratando con ciertas dificultades en la iglesia de Corinto.

Él había tenido que amonestarles severamente por causa de su carnalidad. Y ahora les dice: “No es que nos estemos enseñoreando de vuestra fe, estamos colaborando más bien con vuestro gozo”. “Somos ayudadores del gozo vuestro”, dice el texto. “Estamos trabajando por vuestro gozo; estamos enfocando nuestras energías hacia esa meta: que Uds. continúen gozándose en el Señor como iglesia”.

La preservación de nuestro gozo implica un trabajo. Esto es una lucha que librar cada día. Nuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar, y una de las cosas que él tratará de destrozar en nuestras vidas es el gozo de la fe.

Él sabe que un cristiano gozoso es difícilmente seducido, y es una muy buena recomendación de la fe cristiana. Si hay algo que Satanás odia y aborrece es el gozo de un cristiano.

“El gozo de Jehová es vuestra fuerza”, dice en Neh. 8:10, y el enemigo de las almas sabe eso; él sabe lo que ocurre cuando el pueblo de Dios se goza en Dios, y por eso dirige sus ataques infernales contra ese bastión: el gozo de nuestra fe.

Pero el Espíritu Santo nos ha dejado un arma con la cual podemos salir en defensa de nuestro gozo en Cristo: las Sagradas Escrituras, la infalible, inerrante y toda suficiente Palabra de Dios.

He aquí el instrumento con el cual debemos defendernos, el combustible que reaviva la llama del gozo cristiano en medio de las adversidades de la vida.

 

Una de las razones por las cuales Dios nos dejó Su Palabra por escrito es la preservación y crecimiento de nuestro gozo (comp. Jn. 15:11; 14:25-26 y 1Jn. 1:1-4).

© Por Sugel Michelén. Todo Pensamiento Cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

 

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Las aflicciones

Las aflicciones

“No sólo todas tus aflicciones son momentáneas, no sólo todas tus aflicciones son leves en comparación con la eternidad y gloria que va haber allí, sino que todo eso es completamente con un propósito, cada milisegundo de tu dolor causado por la naturaleza caída o por los hombres caídos, cada milisegundo de tu miseria en el camino de la obediencia produce una gloria especial que vas a recibir por todo tu sufrimiento. No me importa si fue un cáncer o una crítica, no me importa si fueron calumnias o enfermedades, nada de eso fue sin propósito, ¡está obrando algo! ¡tiene un propósito! por supuesto que no puedes ver lo que está haciendo (Dios), no mires lo que parece mostrar, cuando tu madre muere, cuando tu hijo muere, cuando te diagnostican cáncer a los 40, cuando un auto pierde el control y se sube a la vereda y mata a tu madre, no digas: ¡esto no tiene sentido!; ¡no es así!, está produciendo en ti un ETERNO PESO DE GLORIA, por lo tanto, por lo tanto, no desmayes, sino toma estas verdades y cada día enfócate en ellas, predícatelas cada mañana, vete a solas con Dios y predica estas palabras a tu mente, hasta que tu corazón cante lleno de confianza de que eres nuevo y que estás siendo cuidado” – John Piper

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