Soldado de Jesucristo

Soli Deo Gloria

By

El evangelio para un amigo gay

Por: Garrett Kell

envangelizar ateosJosué siempre sabía que él era diferente. Desde sus recuerdos más tempranos, él miraba a algunos chicos como algo más que sus compañeros. Sus padres sabían que él era “especial”, pero lo seguían amando. Él aprendió a usar una máscara y a hacer el papel de un chico “normal” hasta que se graduó de la secundaria.

En la universidad, Josué decidió que ya era tiempo de ser quien realmente era. Hizo amigos con otras personas gays y se embarcó en exploraciones sexuales. Josué encontró un refugió en su comunidad gay y desarrolló lazos que eran más profundos que sus deseos sexuales. Aunque sus padres se distanciaron y sus viejos amigos le dieron la espalda, Josué sintió que él era finalmente libre en su nueva identidad como un hombre gay.

Josué no es una caricatura.

Sus experiencias y su historia son verdaderas y son comunes. ¿Qué pasaría si Josué fuera tu vecino, tu compañero de trabajo o tu hijo? ¿Cómo le comunicarías el evangelio? ¿Cómo le dirías acerca del perdón de pecados, la comunidad de creyentes y la verdadera identidad en Jesús?

En un sentido, no hay una diferencia real en la manera en que le damos las buenas nuevas a Josué en comparación a cualquier otra persona. Solo porque Josué está sexualmente atraído a personas de su mismo sexo no se convierte en una persona fundamentalmente diferente a los demás.

Para muchos de mis amigos cristianos que aman a Jesús y luchan con la atracción hacia personas del mismo sexo, la belleza del evangelio es que trata con cada área de sus vidas, no solamente con sus expresiones sexuales. Todos los creyentes conocen esa verdad. Ya sea que alguna vez fuimos ateos, mentirosos, musulmanes, o personas que se creen superior, no existe un evangelio mágico solo para un tipo de pecado. A los pies de la cruz todos estamos igualmente necesitados de la indescriptible gracia de Dios.

Al mismo tiempo, Josué tiene preguntas reales que necesitan una respuesta. De la misma manera que un ateo, musulmán o cualquier prepotente necesitaría que el evangelio tratara con sus vidas personalmente, deberíamos aprender a amar a Josué mientras él considera las afirmaciones particulares de Jesús. Deberíamos buscar ayudarle a encontrar las respuestas sanas.

Ideas para tener en mente

Para compartir el evangelio con Josué o con cualquier otra persona que tenga preguntas como estas, he aquí un par de ideas para tener en mente.

1. Confía en el poder de Jesús para ayudarte.

Para personas que nunca han luchado con la atracción por el mismo sexo puede ser intimidante compartir el evangelio con un hombre gay o una lesbiana. Cuando compartimos el evangelio con alguien más, muchos tememos cómo nos puedan percibir y podemos ser tentados a pensar que nunca nos escucharán. El miedo del hombre es un lazo (Prov. 29:25). Así que en lugar de enredarnos en él, debemos esperar en la fuerza de Cristo en nosotros, no en cuan adecuadamente podemos llevar el mensaje (Juan 15:5; 2 Co. 3:5). Deberíamos beber profundamente del evangelio cuando lo compartimos, porque en él encontramos el poder necesario para ser testigos de Cristo (Hechos 1:8).  Confiemos en el poder de Jesús para ayudarnos.

2. Mantén a Jesús como supremo.

Amigos como Josué querrán muy seguido traer el tema de la sexualidad a la conversación. Pero mantén a Jesús y su evangelio en el centro.

Te animo a pedirle a tu amigo que comparta su historia contigo. Pídele que te ayude a entender cómo el ser gay es parte central de su identidad. O si esa es no es su experiencia, puedes preguntarle donde es que encuentra su identidad. Pregúntale si ha tenido momentos duros en su travesía. Parte de amar a las personas es llegar a conocerlas.

Mientras haces esto, pregúntale si te permite explicarle por qué tú ves tu identidad en Cristo como suprema. Al final, no estamos tratando de convertir a las personas en heterosexuales; sino que queremos que sean salvas. Aunque no queremos minimizar nunca los pecados que nos apartan de Dios, queremos exaltar a Aquel que nos trae hacia Dios. Jesús vino por pecadores de todos tipos y debemos mantener central ese mensaje.

También es bueno tener en mente que todas las personas son pecadores sexuales, unos en manera menor y otros de mayor forma. Esta perspectiva nos ayuda a replantear la conversación de “Tu estas sexualmente quebrantado y necesitas ser como nosotros” a “Todos somos pecadores sexuales que necesitamos de igual forma a Jesús”. Jesús es la esperanza para todos nosotros, no importa cuánto el pecado se muestre en nuestras vidas.

3. Mantén una compasión y una convicción como la de Jesús.

Cristianos han pecado en al menos dos grandes formas cuando se trata de alcanzar a aquellos en la comunidad gay. Por un lado, algunos han hecho a un lado la clara enseñanza de Dios de que la homosexualidad es un pecado, en un intento equivocado por mostrar el amor de Dios. Amor apartado de la verdad no es amor sino engaño. Este es un grave pecado en contra de Dios y el hombre. Ten convicción como Jesús y habla la verdad en amor. Comparte lo que la Biblia enseña sobre la actividad homosexual (Mr. 7:21; Ro. 1:24-27; 1 Co. 6:9-10; 1 Ti. 1:10). Advierte sobre el terrible juicio para aquellos que rechazan a Cristo (Apocalipsis 20:11-15). Explica el gran costo de seguir a Cristo, así como la gran esperanza de perdón y libertad para aquellos que lo hacen (Marcos 10:28-30).

Por otro lado, algunos han negado la compasión y albergan una actitud condescendiente hacia las personas que practican el pecado homosexual. Amor apartado de compasión no es amor sino hipocresía. Este también es un pecado grave y no es el amor de Cristo para con nosotros.

Como Dios-hombre, Jesús no fue manchado por el pecado, pero aun así tuvo una gran compasión por los pecadores (Mateo 9:36). Mientras alcanzamos aquellos en la comunidad gay, debemos buscar hacerlo con un corazón similar. ¿Qué podría ser más devastador para una persona hecha a la imagen de Dios que el permanecer perdida en su pecado y estar separada por siempre del amor de Dios? Pide a Dios que te ayude a ver a aquellos en la comunidad gay así como él los ve, para que puedas ministrar con una compasión y convicción como las de Cristo.

4. Mantén a la iglesia de Jesús en el centro.

Así como lo fue para Josué, la comunidad gay es un refugio del rechazo y del dolor interno que muchas personas gays experimentan. Ellos encuentran un lugar donde pueden ser aceptados en sus pecados y ser acogidos por “quienes ellos son”.

Sospecho que uno de los grandes antídotos a esta poderosa herramienta del enemigo es la comunidad de la iglesia. Esto puede parecer raro a la luz de la manera en como muchos demonizan la iglesia por su “intolerancia”. Pero confío que en la medida en que construimos relaciones con amigos gays y los invitamos a nuestros hogares y a nuestras vidas, ellos verán la verdadera comunidad que habían estado soñando.

Esta bendición es solamente mejorada cuando nosotros como la iglesia crecemos en mostrar gracia a nuestros hermanos y hermanas en Cristo que luchan con atracción por personas de su mismo sexo. Uno de los momentos más instructivos en la década pasada fue ver a un nuevo creyente ser bautizado y compartir abiertamente sobre el salir de su estilo de vida gay. El describió como la iglesia no solamente le había compartido el evangelio con compasión, sino también le ayudaba actualmente a vivir como un nuevo hombre batallando viejas luchas. Él dijo que en la iglesia había encontrado un refugio que lo retó a no acoger su pecado, sino a acoger al Salvador.

Jesús dijo que la gente conocería que somos sus discípulos por el amor que tenemos unos hacia otros (Juan 13:34-35). Mientras construyes relaciones con amigos gays, invítalos a tu vida para que puedan escuchar el evangelio, pero también déjalos ver el evangelio a través de la vida de tu iglesia local.

5. Ayuda a responder sus preguntas.

Siempre hay objeciones al evangelio que pocos de nosotros sentimos que estamos “completamente preparados” para responder. Pero Dios nos llama a brindar defensa de nuestra esperanza en Jesús (1 Pedro 3:15). He aquí algunas preguntas que Josué ha hecho:

  • ¿Por qué creen algunos versos del Antiguo Testamento e ignoran otros?
  • ¿Por qué Dios me hizo gay si Él lo condena como pecado?
  • ¿Por qué está mal para dos personas que se aman estar comprometidas en una relación?
  • ¿Tengo que convertirme en heterosexual para ser un cristiano?
  • ¿Por qué Jesús no dijo nada acerca de la homosexualidad?
  • ¿Me puedo convertir en un cristiano gay?

Parte de nuestro llamado como embajadores de Cristo es ayudar a las personas a tratar preguntas como estas y a mostrar que la Palabra de Dios tiene las respuestas. Si no estás seguro en cómo responder, no temas en decir humildemente, “Esa es una pregunta realmente importante; ¿podemos encontrar la respuesta juntos?”.

6. Ten paciencia.

Ten paciencia con ellos. Es un evangelismo a largo plazo. Es raro compartir el evangelio con alguien y verlo arrepentirse inmediatamente.

La impaciencia nos puede tentar a rendirnos rápidamente cuando no vemos resultados. Pero las personas son personas, no proyectos. Usualmente no vemos lo que Dios está haciendo en sus vidas. Mira a ti mismo como parte de los medios que Dios ha dado para ayudarle a ver y a escuchar el evangelio de Cristo. El amor es paciente (1 Co. 13:4). Muestra amor al entrar en una relación de un largo recorrido.

7. Confía en el poder de Jesús para salvar.

El evangelio es poder de Dios para salvación (Ro. 1:16-17). Las buenas noticias para un hombre gay o una lesbiana son las mismas buenas noticias para un hombre o una mujer heterosexual. La homosexualidad no el pecado principal; la incredulidad sí. El Señor Jesús murió por toda clase de pecados y por todo tipo de pecadores.

Así que no dudes del poder de Cristo. Ora fervientemente por corazones blandos, puertas abiertas y fruto duradero. Confía en la sabiduría y en el poder de Dios, no en ti mismo. Recuerda que cada cristiano es un milagro viviente. Si Dios te puede salvar a ti, Él puede salvar a quien sea: incluyendo a Josué.

Este artículo fue publicado originalmente el 20 de enero 2014 para The Gospel Coalition. Traducido por Martin Méndez.

Garrett Kell está casado con Carrie, y juntos tienen tres hijos. Él sirve como pastor de Del Ray Baptist Church in Alexandria,  en Virginia. Puedes seguirlo en Twitter.

 

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...

By

¿Cristianos Afeminados?

¿Cristianos Afeminados?

 

”¿O no saben que los injustos no heredarán el reino de Dios? No se dejen engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales…  Y esto eran algunos de ustedes; pero fueron lavados, pero fueron santificados, pero fueron justificados en el nombre del Señor” 1 Corintios 6:9, 11

Hace unos años, el influyente periódico New York Times publicó un artículo tratando un tema poco profundizado por las masas: el “patrón” de niños y jóvenes afeminados que luego son abiertamente homosexuales[1]. El artículo resume y comenta algunos puntos sobresalientes de un estudio realizado por el conocido analista sexual Dr. Richard Green, que también es profesor de psiquiatría en la Universidad de California. Unos 44 niños extremadamente afeminados fueron estudiados, y el 75% terminó siendo homosexuales o bi-sexuales.

En aquellos casos, cuando los padres activamente desalentaron tal conducta, las tendencias fueron aminoradas, pero no totalmente revertidas. La consejería profesional resultó menos productiva, aunque sí ayudó a aquellos que cambiaron la tendencia a sentirse cómodos con su conducta masculina. Pero no todos los niños extremadamente afeminados terminaron siendo homosexuales: el 25% maduró y abandonó sus tendencias. En conclusión, un niño extremadamente afeminado tiene altas probabilidades de caer en homosexualidad, aunque no necesariamente resultará un adulto homosexual.

¿Qué causas hay detrás de un niño afeminado o una niña con tendencias masculinas? Para un mundo crecientemente secular y de cosmovisión naturalista, la biología parece ofrecer la mejor respuesta. Sin embargo, no hay acuerdo entre los académicos, ni evidencias científicas de que los afeminados o los homosexuales son mero producto de su nacimiento. Tampoco hay evidencia concluyente de que la homosexualidad responda a la genética[2]. Otros proponen los efectos psicológicos de una crianza irregular. Un hogar donde la madre es dominante o de padres ausentes, o que simplemente la relación padre-hijo fue poco afirmada[3]. Pero los estudios indican que tales efectos tampoco responden a todos los casos.

Los estudios a la fecha señalan los factores psicológicos como los más importantes, y algunos factores biológicos asociados a la conducta como menos relevantes, pero no explican la causa. El mundo nos quiere decir que el problema está totalmente fuera de nosotros y que no tenemos decisión en el asunto, pero eso no es más que el desenlace de Romanos 1:19 que dice que “…los hombres restringen con injusticia la verdad”. La verdad es que toda conducta contraria al diseño de Dios responde a que le hemos dado la espalda a Dios.

¿Ser afeminado es pecado?

Es evidente en la Escritura que la práctica homosexual es pecado (Mt. 19:4-6; 1 Co. 6:9; 1 Ti. 1:10; Ro. 1:27). Pero, ¿es pecado que un hombre tenga una conducta afeminada o que una mujer tenga una conducta masculina? La respuesta más común es citar 1 Cor 6:9, donde dice claramente que los afeminados y homosexuales no tienen herencia en el reino de Dios. Sin embargo, y es desafortunado, aquí tanto la traducción en la Reina Valera como en La Biblia de las Américas es deficiente. Otras traducciones evitan usar el término afeminados (μαλακοι – malakoi), porque una traducción más explícita sería “afeminados por perversión y homosexuales”, o “catamitas y sodomitas”, o, como traduce la Nueva Versión Internacional, “ni los sodomitas, ni los pervertidos sexuales”.

La palabra aquí traducida como afeminado se refiere principalmente a hombres que se prostituyeron con otros hombres, tomando el rol de una mujer en el acto sexual. En el texto griego, así como es en otros idiomas, hay una terminología distinta para referirse al rol activo y al rol pasivo en relaciones sexuales entre homosexuales[4]. C. K. Barrett, en su comentario de 1 Corintios, dice: “ambas palabras describen la pareja pasiva (afeminado) y activa (homosexual) respectivamente en relaciones masculinas homosexuales”[5]. En conclusión, este texto no es una buena base para condenar una conducta afeminada.

Pero aún no hemos dado respuesta, ¿ser afeminado es pecado? ¿Qué es lo que está pasando en el corazón humano?, y ¿qué dice la Biblia respecto a esto? Más arriba explicábamos que las causas naturales que provocan aquellos deseos de una conducta femenina en hombres o masculinas en mujeres, y luego la homosexualidad, no son evidentes. Pero, aun para experimentados profesionales seculares del área, es evidente que fuertes anhelos están detrás de tal conducta.

Según la Asociación Americana de Psicología[6], esto explica por qué los afeminados no son atraídos a otros afeminados, porque su propia conducta es fantasiosa, y anhelan profundamente los rasgos del masculino. Su conducta responde a fuertes deseos de aprobación. Su anhelo es alcanzar aquella medida de aceptación impuesta por otros que fundamentan sus relaciones más importantes[7].  Sus deseos de estar a la estatura de aceptación son fuertes, y no ser aceptado le es doloroso. Es una conducta que responde a un apetito profundo de ser aceptado. Algunos le denominan “inconformidad”[8], y otros lo consideran una respuesta a una fuerte necesidad emocional insatisfecha.

Es importante entender que el gran problema del corazón humano es que ha depositado la satisfacción de su alma fuera de Cristo. El alma fue diseñada por Dios para satisfacerse de su Creador, para que Cristo sea la medida de su aceptación delante de Dios. Para que sea afirmada por las promesas de Dios y para que descanse en el gozo del Señor. Y cuando un corazón hace lo contrario, el pecado florece.

Pero, ¿no enseña la Biblia que una conducta afeminada es pecado? Sí lo hace. En el principio Dios, “los hizo hombre y mujer”. En la ley vemos principios que hasta señalan aspectos de vestimenta afeminada cuando dice, “Una mujer no debe usar vestimenta de hombre, ni el hombre se pondrá ropa de mujer” (Deut 22:5). Ahora bien, no olvidemos que en el texto bíblico, en sentido general, no hay desconexión entre la conducta afeminada y la homosexualidad. Pero en nuestro contexto actual, diferenciamos entre la conducta afeminada y el acto homosexual. Alan P Medinger, experimentado consejero a homosexuales dice:

La conducta femenina en hombres y la conducta masculina en mujeres, sin duda tiene relación con la homosexualidad. No todos los homosexuales dan evidencia de estas características, y muchos afeminados no son homosexuales, pero los rasgos son suficientemente comunes para crear un reconocimiento universal del esteriotipo.[9]

En conclusión, la conducta externa afeminada no es el diseño de Dios, pero tampoco es la raíz del problema. La conducta afeminada no es una raíz, sino una señal. No es el fundamento, sino un efecto externo que señala el verdadero problema. Por tal razón no debemos enfocarnos con una prohibición para el afeminado, sino que debemos presentar una invitación abierta de la luz de Jesús, para que pueda ver que Cristo no es el gran anhelo de su corazón. Debemos ser pacientes, porque la conducta externa no determina si somos de Cristo, sino que señala áreas que deben ser rendidas a Su señorío. Seamos una ayuda para que identifiquen sus necesidades emocionales insatisfechas, y que en arrepentimiento estas necesidades sean clavadas sobre la cruz.

Es por eso que el rol de los Padres —y de todo aquel que los niños y jóvenes busquen imitar— es tan importante. Ellos mejor que nadie tienen la oportunidad de guiar a sus hijos para que su aceptación, confianza y esperanza estén depositadas en Cristo. Y cuando su profundo apetito de ser aceptado descanse en la persona y obra de Jesús, aun sus manierismos afeminados inconscientes podrán ser guiados por los consejeros naturales que Dios ha puesto en sus vidas. “Habiendo sido hechos aceptables delante de Dios (justificados), por medio de la fe tenemos paz para con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo”, Romanos 5:1.

[1] http://www.nytimes.com/1986/12/16/science/boyhood-effeminancy-and-later-homosexuality.html

[2] Sección de NARTH, Born that way theory, http://www.narth.org/menus/born.html titulada, “Is There a “Gay Gene?” http://www.narth.org/docs/istheregene.html

[3] http://josephnicolosi.com/what-is-homosexuality-reorient/

[4] Entrada 88.281 de Greek-English Lexicon of the New Testament. También comentan lo mismo otros léxicos consultados.

[5] C. K. Barreto, Black’s New Testament Commentary. Comentarios en la sección de 1 Corintios 6:9.

[6] http://www.huffingtonpost.com/mike-alvear/is-effeminacy-in-gay-men_b_654188.html

[7] http://www.exodusglobalalliance.org/effeminatemenmasculinewomenp48.php

[8] Dr. Alan Bell, director del Kinsey Institute en la Universidad de Indiana.

[9] http://www.exodusglobalalliance.org/effeminatemenmasculinewomenp48.php

 Tomado de aquí

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...

By

“La ciencia dice que la gente no nace gay”

“La ciencia dice que la gente no nace gay”

gen

 

Richard Cohen, autor del libro ‘Comprender y sanar la homosexualidad’, se define como un exgay que tiene la clave para corregir las tendencias homosexuales. Su libro, escrito originalmente en 2000, ha sido editado por Libros Libres en España. El martes, LA Corte Inglés lo retiró de su librería, tras las protestas de varias agrupaciones homosexuales.

Cohen define esa decisión como “un atentado contra la libertad de expresión”. No es la primera vez que su libro genera polémica. En 2009 se empleó en Uganda para apoyar un proyecto de ley que castigaría las conductas homosexuales con pena de muerte. Cohen asegura que se malinterpretó su mensaje y que no odia a los gays. Aquí en Estados Unidos es el principal representante de lo que se llama “terapia de conversión”, que promete a los pacientes hacer desaparecer tendencias homosexuales. Cohen no es psiquiatra.

Obtuvo un máster en terapia psicológica por la Universidad de Antioch. En este momento tampoco tiene licencia para ejercer como psicoterapeuta. Regenta una organización llamada International HealingFoundation, para la que trabajan otros terapeutas. Recibe a EL PAÍS en su casa en las afueras de Washington, en una consulta decorada con una pequeña bandera gay, muchos libros y una foto con su mujer y sus tres hijos.

Pregunta: ¿Cree que la homosexualidad se puede curar?

Respuesta: ¿Qué quiere decir con curar? No entiendo la palabra.

P: ¿Sanarla, entonces? Es la palabra que emplea en el libro.

R: En 2008, la Asociación Norteamericana de Psicología dijo que aunque ha habido muchas investigaciones sobre las posibles causas genéticas, biológicas u hormonales de la orientación sexual, no ha habido descubrimientos que les permitan a los científicos llegar a la conclusión de que la orientación sexual esté determinada por uno o varios factores particulares. La ciencia dice que la gente no nace gay.

P: Lo que usted hace, ¿es una terapia que revierte una supuesta fase gay?

R: Yo creo en el derecho del cliente a la autodeterminación y libre albedrío. Si alguien quiere vivir una vida gay, lo respeto. Y si alguien quiere explorar las posibilidades de cambiar de gay a heterosexual, también lo respeto.

P: Pero niega la posibilidad de que la homosexualidad sea biológica.

R: Si hay algo biológico en ella, mi experiencia dice que es que aquellos que experimentan sentimientos homosexuales son hombres y mujeres extremadamente sensibles.Viven una relación con sus padres, con sus compañeros y con su entorno, distinta a la de sus hermanos y a las de otra gente a su alrededor. Esa sensibilidad puede sentar las bases para los sentimientos homosexuales.

P: Por lo que usted ha escrito, cree que es el entorno familiar, escolar, de amistades, lo que determina la homosexualidad.

R: Efectivamente, es algo de suma importancia.

P: Y, ¿cómo hace usted que alguien evolucione de tendencias homosexuales a tendencias heterosexuales?

R: Durante los pasados 21 años, en los que trabajé como psicoterapeuta, desarrollé un protocolo para aquellos que quieran cambiar, no para los que estén contentos siendo gays. Yo mismo viví como gay, tuve una pareja gay durante tres años.

P: ¿Había algo dentro de usted que le decía que aquello no era correcto?

R: No. Lo que pasa es que desde pequeño, siempre tuve un sueño: estar casado con una mujer y tener una familia. No fue la presión de mis padres, de la sociedad o de la religión. Era yo mismo, que tenía el sueño de casarme con una mujer y tener niños.

P: ¿Fue fácil para usted dejar de ser gay?

R: No. Se me dijeron muchas mentiras. Que encontrara a la mujer adecuada que me volviera heterosexual. Me casé. Pero reprimía los deseos homosexuales. No los había resuelto. Hice mi terapia después de casarme. Fue un proceso complejo, duro. Muchos terapeutas me decían que yo había nacido gay, que no había nada que hacer. Que debía aceptarlo y vivir una vida gay.

P: ¿Nunca tuvo una aventura con un hombre después de casarse?

R: Tuve una relación con un hombre. Y se lo dije a mi mujer. No buscaba sexo, sólo un mentor masculino. Bajo mi deseo por los hombres había una herida. No recordaba que mi tío había abusado sexualmente de mí. Es algo que reprimí durante 25 años, hasta que hice mi terapia. Entonces encontré a un mentor masculino, heterosexual. Cuando experimenté el luto por ese abuso mis tendencias homosexuales desaparecieron.

P: Usted hace especial insistencia en la figura del abuso sexual como una razón para desarrollar sentimientos homosexuales. ¿Cree usted que es una razón común?

R: Es una de las 10 razones posibles que detallo en mi libro. Nunca es una cosa sola. Es una combinación de varios factores. Un 50% de mis clientes sufrió abuso sexual por parte de alguien de su mismo sexo.

P: ¿No cree que esto se puede interpretar como que usted caracteriza a los gays como abusadores sexuales?

R: Es lo opuesto. Si se da cuenta de las proporciones de la población, la mayoría de abusadores son heterosexuales.

P: ¿Por qué?

R: Porque en la sociedad no hay más de un 2 o 3% de homosexuales. Es una cuestión de proporcionalidad. En mi caso, fue un hombre heterosexual quien abusó de mí.

P: Hace usted una reflexión en su libro sobre por qué los homosexuales tienden a cultivar su cuerpo, cuidar su apariencia… algo muy asociado a los tópicos que hay sobre la cultura gay.

R: Es lo que se llama sobrecompensación, porque no sienten su propia masculinidad. He tratado a hombres culturistas, con físicos increíbles. No importa cuántos músculos desarrollen, aun se sienten inferiores interiormente.

P: Usted habla de un mito, reforzado por los medios, Hollywood, las novelas…

R: Es el mito de que se nace gay, que es una afirmación que científicamente no es válida. Pero tampoco se puede decir que ser gay sea una opción. Uno no se despierta un día y decide ser gay. Hay una serie de factores combinados que hacen que alguien se comporte como gay. Tratando a cientos de homosexuales he descubierto que hay una serie de contextos comunes en todos ellos. En las biografías de los famosos queda claro también: tuvieron experiencias similares. RosieO’Donnell, Greg Luganis, Elton John, Ricky Martin, Ellen DeGeneres… todos tienen historias similares. Es algo clínico. Decir que alguien ha nacido así es contrario a la naturaleza.

Fuente: CHILE PROTESTANTE

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...

By

Amor, Odio y Homosexualidad

Amor, Odio y Homosexualidad

Por Mike Riccardi

bandera gay

Como mencioné en un post anterior , después del ‘post’ del miércoles sobre el Chick-Fil-A-Day generó un gran debate sobre diversos temas. En particular, un par de comentaristas enumeró una serie de argumentos populares de por qué creen que la homosexualidad es conciliable con el cristianismo. Quería tomar el jueves y viernes para hacer frente a un par de esos argumentos con los que me encuentro más a menudo. Mi esperanza es que pueda servir a aquellos que erróneamente creen que la fe en Jesús y su Palabra se puede conciliar con los intentos de legitimar la homosexualidad.

Ayer, me dirigí a los que se oponen a nuestra prohibición de la homosexualidad, mientras que no prohíben la mezcla de tejidos, el consumo de marisco o carne de cerdo y otras regulaciones de la ley mosaica.

Hoy quiero dirigirme a lo que creo que es la objeción más generalizada en toda la discusión. Sinceramente, creo que este tema llega al corazón mismo de la discrepancia. Esto va más allá de sólo los puntos de vista sobre la homosexualidad o la definición de matrimonio. Impacta en el corazón mismo de la visión del mundo de la sabiduría contemporánea. Tiene que ver con la noción del amor.

La objeción es algo como esto: “En medio de toda su atención a los detalles de varios versículos de la Biblia, usted ha perdido el cuadro grande. La virtud cardinal que Jesús enseñó a sus seguidores era el amor. Si usted valora el amor, ¿cuál es el problema con dos adultos que consienten en hacer un compromiso uno al otro por amor? El amor es el amor. Insistir en que la homosexualidad es pecado y negarles el derecho a contraer matrimonio no es simplemente amor, y por lo tanto no es cristiano.”

Así que puede ver cómo el razonamiento colectivo de la cultura arrincona al cristiano a esta esquina. Cualquier respuesta que no afirme totalmente la homosexualidad –no importa lo que la Biblia dice explícitamente sobre el asunto– es odio, puro y simple. Y Jesús nos llama a amar. Y usted dice seguir a Jesús. Así que usted es un anti-estadounidense, anti-Cristiano, fanático hipócrita.

Amor Como Aceptación Incondicional

Pero el argumento, simplemente no es sostenible. Y esta es la razón: la sabiduría de la sociedad secular no ha logrado definir el amor bíblicamente. Para nuestra cultura autocomplaciente, narcisista, eternamente adolescente, soberbia, “amor” significa nada más que la noción de Carl Rogers de la consideración positiva incondicional. “Amar” a alguien, de acuerdo con nuestra sociedad, es afirmar cada decisión que tomen y aplaudirles sólo por ser ellos. La canción de Bruno Mars ‘hit es la banda sonora del evangelio secularismo occidental de la aceptación incondicional: “Eres increíble, tal y como eres.

Y eso se siente bien, ¿no? Se siente muy bien afirmado sin reservas –que te digan que eres increíble, tal y como eres. Y por eso, la gente ha confundido la idea de ser afirmado, aceptado, halagado, hacerlo sentir importante con el verdadero amor. Amarme significa hacer que me sienta bien, darme mucha importancia. Y esta ideología del amor como la aceptación incondicional se teje en el tejido de nuestra conciencia cultural. Creer otra cosa sería antiamericano.

Y luego, los que han asimilado esa definición de amor van a la Biblia. Y, de repente, empiezan a leer y escuchar sobre el amor. Dios es amor (1 Juan 4:8). Porque de tal manera amó Dios al mundo (Juan 3:16). El mandamiento más grande en la Ley es amar a Dios y amar a los demás (Mateo 22:37-40). Amar a tu prójimo como a ti mismo (Gálatas 5:14). En esto conocerán todos que son mis discípulos: si os amáis unos a los otros (Juan 13:35). Todos estos conceptos maravillosamente bíblicas vienen inundando en sus mentes.

Pero entonces sucede algo trágico. En lugar de renunciar a sus propios prejuicios a la autoridad de la Palabra de Dios y tratar de entender cómo Dios define el amor, utilizan su propia definición distorsionada de amor que han bebido de nuestra sociedad, e imponen esa definición en las Escrituras y en su concepción de Dios. Así que ahora, cuando escuchan que “Dios es amor”, piensan, “Dios no nos pide a la gente cambiar. Dios no hace acepción de personas. Dios acepta a todos tal como son. Y así los cristianos deben hacer lo mismo.”

El Amor Busca el Beneficio Objetivo

Pero esto no es cierto, porque esto no es enfáticamente como Dios define el amor. “En esto consiste el amor”, dice el apóstol Juan, “no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” (1 Juan 4:10). “De tal manera amó Dios al mundo: que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). “Mas Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Todos estos pasajes y decenas más nos enseñan que el amor es actuar, incluso trabajar, para lograr el mayor beneficio a alguien.

Estos pasajes no nos enseñan que Dios sólo pensó que nosotros somos tan maravillosos, tal y como somos, que iba a entregar a su Hijo a la muerte sólo para mostrarnos lo bien que estábamos. De ninguna manera. Estos pasajes nos enseñan que Dios obra a un gran costo para Sí, e incluso sufre en la persona de Jesucristo, a fin de asegurar el mayor beneficio de Sus amados. Cuando estábamos muertos en nuestros pecados, separados de Dios, y sin esperanza, ¿Qué habría sido nuestro mayor beneficio en ese momento? Respuesta: un Sustituto perfectamente justo, propiciando la ira y que lleva los pecados. Y eso es exactamente lo que Dios nos da. Dios muestra su amor al beneficiarnos con Él en la persona de Su Hijo amado.

Bíblicamente, entonces, el amor no significa aceptar a alguien incondicionalmente, para afirmarlo sin reservas, o hacer que se sienta bien y hacerlo sentir importante. El amor bíblico obra para el mayor beneficio del amado.

¿Cuál es Nuestro Mayor Beneficio?

Esa es la pregunta, entonces, ¿no? Si el amor obra para asegurar un beneficio al amado, ¿Cuál es el más grande beneficio de alguien?

Te diré lo que no es. ¡Nuestro mayor beneficio no es hacerlo sentir bien con nosotros mismos! “Bueno, ¿por qué no?” Usted pregunta. “Eso no suena tan mal.” He aquí por qué: Si todo lo que hago en mi esfuerzo de amar es tratar de hacerlo sentir importante trabajar para su propia exaltación y afirmación incondicional, yo le robo el gozo. Le robo la satisfacción verdadera y duradera y la felicidad. “¿Cómo es posible imaginarte eso, Mike?” Debido a que su propia gloria y exaltación del yo (“Eres increíble en la forma en que eres!”) puede sentirse bien por un rato, pero no va a satisfacer los anhelos de su alma por la eternidad. Usted simplemente no se ha sido diseñado de esa manera. Dios no diseñó a los seres humanos para prosperar en la gloria de sí mismo. Así que el que busca a satisfacerlo al enaltecerlos a usted como un tesoro que todo satisfactorio no le ama. Le esta mintiendo a usted, y le llevará por un camino de “felicidad” ingenua a una eternidad de sufrimiento.

 

Pero Dios tenía que diseñar para prosperar en la gloria de Jesucristo. Al igual que un coche está diseñado para funcionar con gasolina, usted fue creado para la gloria de Dios (Isaías 43:7). El ha diseñado su corazón, su alma, sus afectos, sus emociones -todo su ser –para que usted pueda estar más satisfecho en El. Él llama a la vida espiritual la capacidad de ver la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo (2 Corintios 4:6). ¡Esto significa que el amor es ayudar a alguien a ver y conocer y disfrutar de Dios en la persona de su Hijo! !Ese es el beneficio más grande que usted puede hacer por cualquier persona! La visión de su propia gloria y auto-exaltación no satisface los deseos de su corazón. Sino la visión de Su gloria!

 

Así que el amor no es hacer sentir importante a alguien. El amor es obrar, y muchas veces, incluso sufrir, –aun ser llamado odioso e intolerante – para que el amado pueda encontrar el gozo en darle la importancia a Dios para siempre, porque eso (es decir, hacer a Dios importante) es lo que más verdadera y duraderamente satisface. *

Amar a los Homosexuales

¿Puede usted ver por qué, entonces, la aceptación incondicional y la afirmación de lo que nuestra cultura llama amor, es en realidad ¿odio? ¿Puede usted ver por qué nunca advertir a alguien que los fornicarios, idólatras, adúlteros, afeminados, homosexuales, ladrones, avaros, borrachos, maldicientes, y estafadores, no heredarán el reino de Dios (1 Corintios 6:9-10) es lo contrario del amor? Porque no es en el mejor interés de los pecadores que los cristianos afirmen un estilo de vida que, si no se arrepiente de tal estilo de vida, va a terminar en la destrucción eterna. No es odio advertir a la gente del peligro. Es odio dejar de emitir tales advertencias.

No amamos como Jesús amó incondicionalmente si afirmamos a alguien en una elección que les priva de la satisfacción verdadera, duradera y que los conduce a la ruina. Amamos como Jesús ama cuando amablemente y con paciencia proclamamos un mensaje que tiene el poder para liberar al pueblo de la esclavitud de su historia de amor suicida con ellos mismos, el poder de liberarlos a la libertad y gozo de darle la importancia a la gloria de Dios. Amamos como Dios ama al señalar a las personas a dejar de adorarse a sí mismos y, a sus propios deseos, y cuando los dirigimos hacia su mayor beneficio: Dios mismo.

 SUSCRÍBETE VÍA CORREO ELECTRÓNICO

[subscribe2]

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...

By

¿DE QUIÉN ES EL ARCOÍRIS?

¿DE QUIÉN ES EL ARCOÍRIS?

Por Otto Sánchez

arcoiris

Judy Garland fue una actriz estadounidense ganadora de varios premios durante su carrera artística. Famosa por su rol protagónico en la clásica película El mago de Oz (1939), interpreta allí de manera hermosa la canción Overtherainbow (“Sobre el Arcoíris”), colocada número uno en la lista de canciones del cine por AFI (American Film Institute). Garland, quien falleció en 1969 a los 47 años, fue la madre de la también famosa Liza Minnelli. La canción Overtherainbow  –al igual que la película El mago de Oz- fue la que hizo famosa a Garland, y ha sido interpretada por numerosos artistas a través de los tiempos. Definitivamente es una canción de hermosas letras, que surgió en medio de unos días de desesperanza, cuando soplaban con intensidad los vientos de la Segunda Guerra mundial, y la Gran Depresión económica de los años treinta recién comenzaba a hacer sus estragos. Con el tiempo, tanto la película como la canción y la actriz se convirtieron en íconos no solo del cine sino también de la comunidad GLBT (Gays, lesbianas, bisexuales y transexuales), porque según esa comunidad la canción que interpreta Garland es un canto a la esperanza y a la diversidad representada por el arcoíris. En el 1978, el artista y activista GLBT de California, Gilbert Baker, diseñó una bandera con colores semejantes al arcoíris que ya venía usándose por otras causas desde décadas anteriores. Aunque en un momento consistía de 8 colores, la bandera más utilizada en el día de hoy tiene seis franjas, pero todavía se le conoce como bandera arco iris. Es por esto que en algunas casas, marchas, convenciones y publicaciones, la bandera arcoíris ondea como símbolo de unidad y diversidad en los grupos GLBT.

Problemas en el arcoíris

Hace un tiempo, mientras me encontraba como invitado en una iglesia, una maestra de niños me decía que no quería hacer historias relacionadas con el arcoíris porque no quería que los niños lo asociaran con la bandera GLBT. Me quedé asombrado y me pregunté, ¿cómo puede ser esto posible? ¿Qué debemos hacer los cristianos comprometidos con Dios y su Palabra? Lo primero que diría es que toda persona comprometida con Dios de forma genuina tendrá como buenos y válidos los relatos que se dan en ella. No tendrá problema en creer en la autoridad de las Escrituras, y tendrá como verdad los relatos que en ella se dan y por autoridad sus doctrinas y principios. El relato donde aparece por primera vez el arcoíris nos dice la razón de este símbolo en el cielo: La Biblia dice:

“Pongo mi arco en las nubes y será por señal del pacto entre yo y la tierra. Y acontecerá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se verá el arco en las nubes, y me acordaré de mi pacto que hay entre yo y vosotros y entre todo ser viviente de toda carne; y nunca más se convertirán las aguas en diluvio para destruir toda carne”, Génesis 9:13-15 (LBLA).

Este relato es parte del pacto de Dios con Noé, donde se establece el arcoíris en el cielo. Después del diluvio, Dios dijo a Noé que el arcoíris serviría de señal para recordar que “no habrá más diluvio de aguas para destruir toda carne” (Gn. 9:9-17). Además del relato de Génesis, el profeta Ezequiel quien es el primero que usa el término “arco iris” nos dice:

“Como parece el arco iris que está en las nubes el día que llueve, así era el parecer del resplandor…. de la semejanza de la gloria de Jehová”, Ezequiel 1:28  (LBLA).

Juan en el libro del Apocalipsis también usa el término en dos ocasiones “arco iris” y nos dice:

“Y el que estaba sentado era de aspecto semejante a una piedra de jaspe y sardio, y alrededor del tronohabía un arco iris, de aspecto semejante a la esmeralda”,  Apocalipsis 4: 3 (LBLA).

“Y vi a otro ángel poderoso que descendía del cielo, envuelto en una nube; y el arco iris estaba sobre su cabeza, y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego”, Apocalipsis 10: 1 (LBLA).

Recordemos lo que Dios ha hecho

Como podemos ver, el arcoíris no es un invento del hombre: es una creación de Dios, una señal que nos recuerda su amor, su justicia y su misericordia. Todo el mundo debe saber esto. Es parte de la verdad bíblica que debemos proclamar a los cuatro vientos. No podemos dejar de decir una verdad porque existan personas o grupos que la distorsionen. Las Escrituras están para ser proclamadas con fidelidad y relevancia. Es por esto que debemos recordar lo que es la shemah hebrea:

“Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza”, Deuteronomio 6:4-5.

El término shemah significa oye, escucha, y es lo que Dios quiere para su pueblo y el mundo: que escuchen su palabra, porque la fe viene por el oír (Rom. 10:17).  Esta shemah debía ser proclamada de manera constante de generación en generación, para recordarle al pueblo quién es Jehová. ¿Cómo iba a ser divulgada esa verdad? Los textos del seis al nueve del mismo capítulo seis de Deuteronomio lo dicen:“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Y las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias entre tus ojos. Y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas”, Deuteronomio 6:6-9. En todo momento debía recordarse a Jehová Dios y su obra. Se debía y se debe aprovechar cada momento para recordar quién es Dios. Todo esto lo estableció el Señor para prevenir a su pueblo, para que no se olvidara de lo que Él es y lo que había hecho:

“Entonces ten cuidado, no sea que te olvides del Señor que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre. Temerás sólo al Señor tu Dios; y a El adorarás, y jurarás por su nombre. No seguiréis a otros dioses, a ninguno de los dioses de los pueblos que os rodean, porque el Señor tu Dios, que está en medio de ti, es Dios celoso, no sea que se encienda la ira del Señor tu Dios contra ti, y Él te borre de la faz de la tierra”, Deuteronomio 6: 12-15.

Las historias bíblicas están para ser recordadas, y por medio del testimonio de Dios con su pueblo celebrar su fidelidad, su justicia y su misericordia. Dios le dice a su pueblo que deben recordar constantemente lo que Él ha hecho. Dios introducía a los hebreos a una tierra rodeada de paganismo e idolatría, y la pureza de su fe debía preservarse por medio de la adoración a Él, el único y verdadero Dios. Las naciones que rodeaban al pueblo judío eran naciones que tenían mucha fe, pero una fe en dioses creados por ellos mismos, hechos conformes a sus necesidades y temores. El pueblo de Dios tenía un mecanismo para no ser contaminado con esa fe falsa de las naciones vecinas. Ese mecanismo era la proclamación y práctica de la verdad de Dios, traídas por sus portavoces y luego plasmadas en lo que llamamos Las Escrituras, la Biblia, la Palabra de Dios. Los tiempos han cambiados, pero la presión y persecución contra la verdad de Dios y sus seguidores todavía persisten. Las formas han cambiado, pero el fondo sigue siendo el mismo desde el principio. Vivimos en un mundo cuyo sistema anti-Cristo seduce o presiona a los creyentes para que renuncien a su fe y vayan tras las golosinas sedantes que nublan la razón, dañan lo espiritual y doblegan el compromiso de la causa por Cristo.

La batalla no es por un símbolo, sino por un principio. No es una demanda reclamando derechos de autor, es un recordatorio al pueblo de Dios y al mundo para que recuerden la verdad de las Escrituras y vivamos por ella. En algunos lugares esa batalla se está perdiendo. Si se le pregunta a cualquier niño o persona adulta del Village en New York, o de Castro, en California, o de Ámsterdam en Holanda sobre el arcoíris, de seguro responderá conforme a la versión GLBT. La respuesta verdadera a esta pregunta hecha por nuestros hijos y nuestros jóvenes, nuestras iglesias y nuestros pueblos, depende de nosotros. La Biblia dice:

“Busqué entre ellos alguno que levantara un muro y se pusiera en pie en la brecha delante de mí a favor de la tierra, para que yo no la destruyera, pero no lo hallé”, Ezequiel 22:30

Vamos a ponernos en la brecha. Vamos a ondear la Palabra de Dios y que se vea desde cualquier ángulo, porque el evangelio tiene que ser visto (Mt. 5:15). Y ante la pregunta ¿de quién es el arcoíris? En todo lugar donde estemos o hemos pasado, que respondan desde el más adulto al más joven: el arcoíris es de Dios, algo que esta generación está olvidando, pero que nosotros debemos recordárselo.

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...

By

Aprendiendo de una visitante lesbiana a su iglesia

Aprendiendo de una visitante lesbiana a su iglesia

mano

Hace unas semanas, fui a almorzar con un plantador de iglesias de Nueva Inglaterra. Regularmente la gente llama a su iglesia y le preguntan si son “de puertas abiertas”. Me contó que la conversación generalmente transcurre así:

Pastor: Le damos la bienvenida a todos para que se unan a nosotros en la adoración.

Quien llama: ¿Le dan la bienvenida a los gays y las lesbianas?

Pastor: Sí, cualquier persona es bienvenida.

Quien llama: Lo que quiero decir es, ¿les dan la bienvenida y los afirman? Soy lesbiana y quiero saber si se esperaría de mí que cambie para poder ir a su iglesia.

Pastor: Todos son bienvenidos a venir a nuestra iglesia. Pero cuando nos encontramos con Jesús, cuando verdaderamente lo experimentamos, cambiamos. Nadie se libra de eso. Nadie viene a Jesús y se queda igual.

Quien llama: ¿Tendré que cambiar mi sexualidad?

Pastor: Jesús está en el negocio de cambiar todo acerca de nosotros: nuestra sexualidad, nuestra relación con los demás, nuestro dinero, nuestros deseos, y cualquier otro aspecto que te puedas imaginar. Así que sí, venir a Jesús significa cambio – no solo para usted, sino para todos nosotros.

Quien llama: Bueno, entonces esta iglesia no es para mí. Mi amigo me dijo que la conversación usualmente termina una vez que la persona que llama se da cuenta que la iglesia sostiene la enseñanza tradicional sobre la sexualidad. Me dijo que siempre se sorprende y piensa: ¿Quién pensamos que somos, que podemos llegar a Dios y decirle lo que debe y no debe cambiar?

Tú y yo somos como la lesbiana que llamó.

Pensar en esa llamada telefónica y las demandas que se hicieron antes de que ella viniera a la iglesia me llevó a reflexionar sobre la naturaleza del arrepentimiento y la forma – aunque no queramos admitirlo – en que todos somos como la persona lesbiana que llamó. Queremos ser afirmados tal como somos. Si me uno a su iglesia, ¿se esperará de mí que cambie mi prejuicio y mi intolerancia hacia las personas de diferentes razas? Yo quiero una iglesia donde la gente luzca y piense como yo. Si me uno a su iglesia, ¿se esperará de mí que cambie mis planes de vida? Sé que la cohabitación no es lo mejor, pero no quiero que la iglesia se entrometa en mi vida personal. Si me uno a su iglesia, ¿se esperará de mí alcanzar a los perdidos con el evangelio? No quiero una iglesia que siempre esté insistiendo en la evangelización. Si me uno a su iglesia, ¿se esperará de mí que dé con generosidad? No quiero una iglesia que hable demasiado de dinero. Si me uno a su iglesia, ¿se esperará de mí que sirva? Tengo mucho que hacer, y, aparte de unas pocas horas a la semana, mi agenda no es negociable. La lista podría seguir. Al corazón de esta conversación está el arrepentimiento.  ¿Puedo venir a Jesús con mis propios términos? ¿O tendré que cambiar? Así que muchos de nosotros pensamos en la lesbiana que llamó y sin saberlo, respondemos como el fariseo que fue al templo a orar: “Te doy gracias, Dios, que yo no soy así”. Mientras tanto, nos aferramos tenazmente a las actitudes y acciones pecaminosas que caracterizan nuestra vida. Y luego nos vamos a casa sin ser justificados… y sin cambiar.

Publicado originalmente el 30 de Septiembre para The Gospel Coalition.

[subscribe2]

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...

By

¿QUÉ ESPERANZA TIENE EL HOMOSEXUAL Y LA LESBIANA?

¿QUÉ ESPERANZA TIENE EL HOMOSEXUAL Y LA LESBIANA?

Por: ​Miguel Núñez

Miguel Núñez

Este es el segundo post de una serie sobre la homosexualidad. Puede leer el primero aquí.

En mis años como pastor he recibido largas cartas llenas de historias de vidas afectadas por la homosexualidad. Estas no son cartas alegres; son escritos que hablan de corazones que a muy temprana edad fueron marcados por experiencias sexuales que iniciaron en cierto modo ingenuamente, y terminaron enredando y confundiendo al individuo que ya adulto se siente preso de una conducta de la cual no ve posibilidad de salir. Sin embargo, tanto la Palabra de Dios como la experiencia de cambio en hombres y mujeres, nos deja saber que es posible una vuelta atrás.

La Biblia no es silente sobre este tema. Desde el Antiguo Testamento comenzamos a ver la opinión de Dios acerca de esta práctica. Veamos:

Lv. 18:22 “No te acostarás con varón como los que se acuestan con mujer; es una abominación”.

Lv. 20:13 “Si alguno se acuesta con varón como los que se acuestan con mujer, los dos han cometido abominación; ciertamente han de morir. Su culpa de sangre sea sobre ellos.

Estas citas primero prohíben la práctica de la homosexualidad, y luego muestran qué tan gravoso es para Dios este hecho, hasta el punto que le llama abominación. Además, vemos la pena que se le debía imponer a alguien que practicara esto, y esta era literalmente la pena de muerte. Si lo vemos objetivamente, y dejamos la parte emocional a un lado, tenemos que recordar que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza con la intención expresa que le representara aquí en la Tierra. Al crearlo, crea junto con Él una compañera del sexo opuesto, con condiciones físicas y emocionales totalmente diferentes a las del hombre, de manera tal que se pudieran complementar mutuamente. Al momento de la creación, Dios dispuso una forma de cómo el hombre y la mujer, bajo su dirección, podían disfrutarse el uno del otro a través de órganos y sentidos que El creó para tales fines. Cuando una persona decide practicar la homosexualidad, él está haciendo varias cosas: 1) Rechaza a la persona del sexo opuesto que Dios creó para ser su complemento, 2) Rechaza el diseño de Dios para la obtención de placer y 3) Elige para su satisfacción órganos que NO fueron diseñados para este propósito. Además, si la práctica de la homosexualidad hubiese sido permitida y promocionada desde la antigüedad, su propagación hubiese puesto en riesgo la supervivencia del género humano, dada la imposibilidad de la reproducción y la alta incidencia de ciertas enfermedades y cánceres observados en esta población en los últimos 30 años, a partir de cuando comenzamos a observar la epidemia del SIDA.

El Nuevo Testamento también tiene enseñanzas para nosotros en relación a este estilo de vida como comenzamos a ver al final de la semana anterior:

Rom. 1:26-27 Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes; porque sus mujeres cambiaron la función natural por la que es contra la naturaleza; 27y de la misma manera también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lujuria unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos el castigo correspondiente a su extravío.

Romanos 1 , a partir del verso 18, describe cómo termina la condición del ser humano cuando decide negar a Dios, convirtiéndose en el capitán de su propio destino. Vemos que una de las consecuencias es la corrupción moral del hombre, violando la santidad de Dios. Como juicio entonces, Dios le retira al hombre el freno que venia ejerciendo sobre ellos, y le permite que ejerza su propia voluntad hasta donde él quiera ejercerla, con lo cual ese hombre va endureciendo su corazón. A esto es que se refiere el texto de Romanos 1 , cuando habla de que Dios los entregó a pasiones degradantes, y de cómo sus mujeres cambiaron la función natural por lo que es contra la naturaleza, y los hombres abandonaron el uso natural de la mujer, encendiéndose en sus lujurias unos con otros.

Esto implica que la responsabilidad del comportamiento homosexual es del hombre que ha elegido libremente. No podemos olvidar que el hombre puede elegir su pecado, pero es Dios quien elige sus consecuencias. Y, lamentablemente, ese pecado que en sus inicios luce dulce y placentero, no permanece así hasta la última mordida… el hombre siempre termina pagando un precio más alto que lo que él estaba dispuesto a pagar en primer lugar.

La homosexualidad es gravosa para Dios, pero ésta no constituye el pecado imperdonable como vemos en el texto de 1 Co. 6:9-11:

9¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, 10ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios. 11Y esto erais algunos de vosotros; pero fuisteis lavados, pero fuisteis santificados, pero fuisteis justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios. 

 

Este pasaje nos muestra cómo este pecado es tratado junto a otros. Del texto citado es bueno resaltar la frase que dice “Y esto erais algunos de vosotros; pero fuisteis lavados, pero fuisteis santificados…”, porque nos deja ver que en esa iglesia de Corintios existían cristianos que habían estado en la práctica de la homosexualidad (y otras de las mencionadas), pero que ya habían sido lavados y santificados. En otras palabras, habían cambiado sus prácticas pecaminosas. Hoy en día tenemos testimonio de miles de personas que han salido de la homosexualidad. Exodus International (Exodo Internacional) es un ministerio cristiano fundado por ex-homosexuales para ayudar a personas que quieren salir de esa práctica.

Algunos pudieran pensar que es un poco insensible hablarle al homosexual de los pasajes bíblicos que prohíben esta práctica, sobretodo con citas como “no heredarán el reino de Dios”. Lo mismo es cierto de cada ser humano que no se arrepiente de su pecado y que no tiene a Cristo como Señor y Salvador.

La gente rechaza la verdad dicha sin gracia; pero muchas veces aún la gracia misma es rechazada dada la naturaleza rebelde de hombre. Cristo vino lleno de gracia y verdad, y terminaron crucificándolo. Nosotros no debemos ser condenatorios; pero tenemos que ser veraces. No puedes acercarte a una persona que está en pecado, no importa cuál sea el pecado, apuntándole con un dedo de acusación.

A las personas no les importa cuánto tu sabes hasta que ellos no sepan cuánto te importan a ti. Y creo que mucha gente se ha acercado al homosexual tratando de condenarlo y no de ayudarlo. Aun la misma iglesia ha hecho eso. Pero, nuestro rol no es el de acusar sino de ayudar a otros a encontrar el camino que los saca de su esclavitud a la verdadera libertad en Cristo.

 

ACERCA DE MIGUEL NÚÑEZ

​Miguel Núñez es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter como @PastorMNunez.

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...

By

El evangelio también es buenas nuevas para los homosexuales

El evangelio también es buenas nuevas para los homosexuales

Por: ​Giancarlo Montemayor

Cruz

Silencio.

Era todo lo que se podía escuchar después de que Alberto terminara de hablar públicamente ese domingo ante la iglesia.

Completo silencio.

Conocía a Alberto desde hace ya un par de años y simplemente no tenía idea. El pensamiento de que un creyente luchara con atracción hacia personas del mismo sexo era inconcebible para mí, y más inconcebible aún era el hecho de que fuera cercano a mí.

Alberto leyó una carta frente a la iglesia esa mañana contándonos de su vida antes de Cristo y cómo Dios lo había transformado progresivamente a través del evangelio. Y aun así, ahí estaba, implorando desde el frente que oráramos por él porque sus afectos aún no habían sido eliminados del todo.

Desde ese entonces he aprendido más de cerca que la santificación del creyente es un proceso largo, y que la gracia de Dios es mucho más tangible y mucho más profunda de lo que creemos. Cuando el apóstol Pablo les escribió a los Corintios que ni los homosexuales ni los afeminados —junto con toda clase de pecadores— heredarían el reino de Dios, también les dijo que “esto eran algunos de ustedes” (1 Co. 6:11a).

La Biblia es clara y buena

Cada vez que las Escrituras abordan el tema de la homosexualidad, siempre es en términos de enemistad contra Dios. Si somos fieles a la inerrancia de la Biblia, no hay manera de que podamos escapar la verdad de que todo tipo de desviación del diseño original en Génesis 1:27 (“varón y hembra los creó”) es inaceptable delante de Dios. En Romanos 1:18-32, Pablo explica que el pecado ha distorsionado nuestro ser, incluyendo lo que creemos acerca de la sexualidad. Es por eso que cuando una persona dice que no eligió ser homosexual, para mí es una prueba más de que los deseos por las cosas que Dios ha prohibido son un reflejo de cómo el pecado nos ha distorsionado, no de cómo Dios nos ha creado.

Por otro lado, cuando Dios nos dejó su ley escrita, no fue para oprimirnos, sino para mostrarnos su santidad y para que pongamos nuestra confianza solamente en Cristo, de tal manera que podamos decir como el Rey David que “Los preceptos del Señor son rectos, que alegran el corazón” (Sal. 19:8).

Cuando Dios habla, siempre es para mostrarnos su carácter, y siempre es para nuestro beneficio. La Biblia es clara y buena aun, o especialmente, cuando va en contra de nuestra naturaleza.

La homosexualidad no es el pecado imperdonable

Recuerdo haber compartido el evangelio con Julián hace unos años. Mi amigo John y yo lo invitamos a cenar un día y nos confesó abiertamente que era homosexual. Debo admitir que me costaba trabajo compartirle el evangelio sin antes hacer un esfuerzo de eliminar su homosexualismo. En mi inconsciente pensaba que si lograba hacerlo heterosexual, sería una mejor persona, aun cuando no creyera en Jesús como su Señor. Era como si tratara de decirle que antes de introducirle a Cristo, él debería estar lo más presentable posible para recibir perdón de pecados. Sin darme cuenta, le pedía al leopardo que quitara sus manchas en vez de decirle que había un Salvador que era el único capaz de hacerlo (ver Jer. 13:23).

Lo asombroso de la gracia de Cristo es que nos toma en la condición en la que estamos, no en la que deberíamos estar. Es esta gracia que nos da vida juntamente con él a través del arrepentimiento y la fe; y que así mismo nos santifica poco a poco hasta el día de la glorificación (ver Ef. 2). Cuando los cristianos tratamos a los homosexuales con cierta medida de horror y desprecio, como si no hubiera esperanza para ellos, es evidente que no tenemos un entendimiento claro de la depravación total en la que todos estamos incluidos, y también es evidente que somos incrédulos de que la gracia de Dios sea tan asombrosa como para transformar vidas radicalmente.

No escribo este artículo como alguien que es experto en el tema, sino como alguien que está aprendiendo día con día. Creo firmemente que la homosexualidad es una perversión total del diseño de Dios para la sexualidad, pero la pregunta es: ¿los homosexuales están más lejos de Dios que los heterosexuales que rechazan el evangelio? La respuesta es un rotundo NO. Isaías dijo que “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino”.

Sí, el evangelio demanda muchas cosas de los homosexuales para vivir rectamente delante de Dios. Pero detengámonos un momento y meditemos en que todo discípulo de Cristo es aquel que dice juntamente con Pedro: “nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido” (Mt. 19:27). La única clase de personas por las que Cristo no vino a morir es por los justos, y es evidente en Romanos 3:10 que “no hay ni siquiera uno”. La sociedad seguirá empeorando cada vez hasta que Cristo regrese por su iglesia. Mientras tanto, las herramientas de combate que tenemos son el evangelio y la oración. Y al presentar las buenas nuevas a homosexuales, debemos estar convencidos de que el evangelio es realmente poderoso para alcanzar a los peores pecadores (de los cuales yo soy el primero) y transformarlos en nuevas criaturas (2 Co. 5:17).

De ninguna manera quiero hacer menos el problema del homosexualismo. Al contrario creo que es un problema más grande que todos nosotros. Mi meta no es minimizar el pecado de la homosexualidad, sino mostrar la gravedad del pecado en general, y ver que sin Cristo todos estamos perdidos en nuestros delitos y pecados.

Evangelizando con gracia

Justo después de que Pablo les recordara a los Corintios que algunos de ellos eran antes homosexuales y afeminados, encontramos estas asombrosas palabras: “pero fuisteis santificados, pero fuisteis justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios” (1 Co. 6:11b). La identidad que Cristo nos da bajo la cruz es la de un hijo de Dios y “coherederos de la gracia” (Ro. 8:17). Dios nos ha librado del poder del pecado, pero la presencia del pecado será removida solo en su segunda venida. Mientras estemos en el cuerpo, siempre habrá progreso en nuestra santificación terrenal; pero eso no quiere decir que la presencia del pecado será removida completamente. Mientras tanto, seguimos luchando contra nuestra antigua naturaleza a través del poder de Cristo.

El amor centrado en el evangelio siempre tiene la iniciativa. Dios lo mostró perfectamente al enviar a su Hijo a la cruz. Nosotros también debemos tomar la iniciativa deliberadamente de ir y buscar a toda clase de pecadores que necesiten saber de Cristo, y eso incluye salir de nuestra zona de confort. Ellos necesitan escuchar la verdad de Dios, del hombre, de Cristo y del arrepentimiento y la fe.

Además, necesitan saber que les amamos. Tim Keller dice que las iglesias a veces se sienten más como una sala de espera para una entrevista de trabajo en vez de una sala de espera de un consultorio médico. En la primera tratamos de impresionar a la gente sin mostrar ninguna flaqueza. En la segunda asumimos que todos los que van están enfermos y necesitan ayuda. ¿Que podríamos decir nosotros de nuestra iglesia?

Entonces, ¿cómo debemos compartir el evangelio con homosexuales? Es muy sencillo: de la misma forma en que compartimos el evangelio con pecadores. La demanda del evangelio es la misma tanto para homosexuales como para el resto de nosotros: “arrepentíos y convertíos para que vuestros pecados sean borrados” (Hch. 3:19).

Que el Señor nos dé Su gracia.

​Giancarlo Montemayor es Pastor Asistente en High Pointe Baptist Church en Austin, Texas, donde vive junto a su esposa Marcela. Al mismo tiempo, Giancarlo termina su MDiv en el Southern Baptist Theological Seminary. Puedes seguirlo en Twitter.

 

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...

By

Soy homosexual ¿puedo asistir a tu iglesia?

Respuesta a la carta de un homosexual.

Screenshot_1A continuación mi respuesta a un correo electrónico que recibí con la siguiente pregunta: “Creo que la iglesia debe ser para todos los hijos de Dios. Sin excepciones. Yo soy un hombre gay. Mi pregunta es, ¿sería yo plenamente aceptado sin ser juzgado y plenamente bienvenido y pudiera servir en la iglesia que usted pastorea?”.

He cambiado toda la información personal, pero aparte de eso, mi respuesta se halla en su totalidad a continuación. Espero que sea de utilidad para quienes afrontan preguntas similares.


Estimado D:

Bienvenido a nuestra hermosa ciudad. Es genial saber de usted y escuchar de su previa conexión con nuestra iglesia. Qué gran ministerio ha tenido esta iglesia desde hace casi 100 años.
En cuanto a su pregunta, depende de lo que usted quiere decir con “Yo soy un hombre gay”, y de lo que quiere decir con ser “aceptado por completo sin juicio y plenamente bienvenido” y “poder servir en Ashland Avenue”.

Si por “Yo soy un hombre gay” quiere decir que usted lucha con la atracción hacia el mismo sexo, reconociendo que cualquier actividad sexual fuera de un pacto matrimonial entre un hombre y una mujer es pecaminosa y que usted desea del discipulado cristiano para caminar de acuerdo con el evangelio a medida que lucha con esta tentación, entonces nos alegraríamos por su honestidad y franqueza y le recibiríamos en nuestra iglesia. En este momento tenemos miembros fieles y responsables en esa misma situación y tratando de vivir una vida célibe para la gloria de Cristo.

Por supuesto, esto realmente no es diferente a un hombre que lucha con deseos sexuales heterosexuales inmorales, o a cualquiera de los miles de deseos pecaminosos con los que todos luchamos como discípulos de Cristo. El pecado es un delincuente que no hace acepción de personas y algo con lo que cada cristiano lucha en una forma única.

Si por “Yo soy un hombre gay” quiere decir que usted abraza un estilo de vida de actividad homosexual y se niega a reconocerlo como pecado, sin importar lo que dice la Escritura y que usted busca una iglesia que afirme la actividad homosexual y/o el matrimonio entre personas del mismo sexo, eso sería un asunto completamente diferente. Pero el pecado homosexual no es único en relación a esta manera de proceder. Lo mismo sería cierto si un hombre se acercara a nosotros y dijese: “Soy un hombre ‘inserte un pecado aquí’” y al decir eso él quisiera decir que planea seguir pecando de esa manera y abrazarlo como un estilo de vida, sin importar lo que dice la Escritura. Hay una diferencia abismal entre luchar con un pecado y abrazar un pecado. Dios nos salva donde estamos, pero nos ama demasiado para dejarnos allí. Él está conformando a Su pueblo a la imagen de Cristo.

En cuanto a ser aceptado por completo sin ser juzgado y plenamente bienvenido, y poder servir en nuestra iglesia, eso también dependería de lo que usted quiere decir. Damos la bienvenida a todos los que deseen asistir a nuestros servicios de adoración. Considere esto su invitación a adorar con nosotros. Nos encantaría contar con su presencia. Si se refiere a que usted desea ayuda en una comunidad de fe que rinde cuentas, para luchar contra el pecado, entonces yo diría que somos una comunidad de creyentes cuya esperanza se encuentra en la obra culminada de Jesucristo para el perdón de nuestros pecados, no en nuestra bondad. Todos somos pecadores que luchamos y tratamos de seguir a nuestro Señor y Salvador y nos animamos los unos a los otros a hacerlo.

Por otro lado, si se refiere a que desea una iglesia donde cualquier comportamiento en el que usted participe sea afirmado y aceptado en la membresía de la iglesia, entonces la respuesta sería “no”. No creo que usted quiera ser parte de una congregación que tolera cualquier comportamiento o acción entre sus miembros.

Todos estamos quebrantados en nuestro pecado y tenemos gran necesidad de aceptación por parte de Dios a través de la obra expiatoria de Jesucristo. Todos somos pecadores culpables que se rebelaron contra un Dios santo y que necesitan desesperadamente responder a Cristo con la fe del arrepentimiento. Es la conciencia de nuestro pecado la que revela nuestra necesidad de redención en Cristo. La autoaceptación no debe reemplazar el arrepentimiento y el amor liberador de Cristo que nos libera de la esclavitud de nuestros pecados. La fe, el pecado y el arrepentimiento son dirigidos por Cristo. La autojustificación es dirigida por el hombre y exhibe a Dios como una especie de terapeuta divino que nos ayuda a aceptarnos a nosotros mismos.

Tiene usted razón en que el evangelio de Dios se trata de su “amor, aceptación, no juzgar, y perdón para todos”, pero tales son los frutos de los creyentes que confían en Dios y están de acuerdo con Dios acerca de su pecado por medio de la fe del arrepentimiento. Lo cómodo y conveniente sería acabar con la noción de pecado por completo, pero este enfoque abandonaría el evangelio de la Biblia y no sería una demostración del amor cristiano.

El apóstol Pablo dijo a la iglesia de Corinto,

¿O no saben que los injustos no heredarán el reino de Dios? No se dejen engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios. Y esto eran algunos de ustedes; pero fueron lavados, pero fueron santificados, pero fueron justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios, 1 Corintios 6:9-11.

Pablo pinta un cuadro hermoso de amor, aceptación y perdón para aquellos que vienen a Cristo en la fe y el arrepentimiento del pecado. Si perdemos la gramática de Pablo, perdemos su evangelio. Si cambiamos sus palabras al tiempo presente y decimos: “Y esto son algunos de ustedes”, nos quedamos sin nadie lavado, nadie santificado, y nadie justificado.

Espero que este escrito le proporcione respuestas respetuosas y directas a sus preguntas honestas. Lucho con mis propios pecados y pudiera fácilmente eliminar “homosexualidad” de esta carta y poner mis pecados en esos espacios y aplicar esta carta a mí mismo. La buena noticia es que no tengo que ser definido por mis pecados, y usted tampoco. Podemos ser perdonados de nuestros pecados y tener nuestra identidad arraigada en Cristo y su gracia.

Estoy agradecido por el diálogo y su interés en mis pensamientos. Espero verle pronto en nuestra iglesia.

Bendiciones en Cristo,

David E. Prince


Publicado originalmente para ERLC. Traducido por Gabriel Garcia.

David Prince trabaja como profesor asistente de la predicación cristiana en SouthernSeminary. Es también es el pastor de la predicación y la visión en Ashland AvenueBaptistChurch en Lexington, Kentucky.

Artículo de interés: ¿Puede un cristiano ser homosexual?

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...

By

¿Puede un cristiano ser homosexual?

¿Puede un cristiano ser homosexual?

19409_420036698168903_6877220599229910594_nLa reciente aprobación del matrimonio gay en Estados Unidos reaviva una vez más la siempre acalorada discusión acerca de la homosexualidad. La decisión de la Corte Suprema ha causado un gran revuelo, pero es llamativo que ha encontrado más aceptación que resistencia entre el pueblo americano. Esta decisión seguramente será el comienzo de otras que afectarán el ya debilitado carácter moral de esta nación. Desde hace muchos años, la sociedad norteamericana viene cayendo en un espiral descendente de corrupción. Otros países en América Latina están siguiendo sus pasos.

Entre las cosas que se escuchan de parte de quienes abogan por el matrimonio gay, hay una que merece especial atención y debe ser explicada con claridad. Me refiero al argumento de algunos que se profesan cristianos homosexuales. Personas que dicen ser creyentes, que asisten a la iglesia y leen la Biblia, pero que practican un estilo de vida homosexual.

Algunos cristianos genuinos piensan que de verdad es posible ser creyente y todavía practicar el homosexualismo. Pero esta confusión manifiesta una falta de comprensión bíblica del arrepentimiento, y un defectuoso entendimiento de lo que implica la regeneración, la fe y la conversión del pecador.

Definiendo términos

El estilo de vida homosexual fue practicado desde muy temprano en la historia de la humanidad. El relato de Sodoma y Gomorra nos ofrece bastante luz respecto a esta práctica y la gran influencia que tuvo sobre esa sociedad (Génesis 19). Por eso, desde un comienzo fue prohibido, y se advirtió al pueblo de Israel del castigo correspondiente (Levítico 18:22-23). Mejor dicho, la práctica de la homosexualidad fue considerada como un pecado, condenada por Dios y digna de la reprobación divina (Levítico 20:13; 1 Reyes 14:23-24). Además, toda forma de homosexualismo fue condenada, al punto que se advirtió al pueblo de no vestir ropa del sexo opuesto (Deuteronomio 22:5).

El Nuevo Testamento no presenta una visión distinta de este pecado. Al contrario, es también enfático y contundente en apuntar al carácter pecaminoso del homosexualismo y de condenarlo:

“La ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores…para los homicidas…los fornicarios…los sodomitas…”, 1 Timoteo 1:9-10.

“No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos….heredarán el reino de Dios”, 1 Corintios 6:9-10.

“Como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno”, Judas 1:7.

Ahora bien, como sucede con cualquier otro pecado, la sangre de Cristo es suficiente para hacer remisión y limpiar toda maldad (1 Juan 1:7). Cuando los hombres se arrepienten y abandonan sus malos caminos, son perdonados y reconciliados con Dios. De la misma manera, el homosexual también puede hallar misericordia para el perdón de sus pecados, para su transformación a la imagen de Cristo, y el regalo de la vida eterna.

Arrepentimiento

¿Qué significa arrepentirnos? ¿Puede una persona decir que se arrepintió y se convirtió a la fe y seguir practicando abiertamente el pecado del homosexualismo? ¿Puede una persona homosexual llamarse creyente?

Para empezar a responder a estas interrogantes debemos establecer una definición de lo que es el arrepentimiento bíblico. Las palabras que se usan en el Nuevo Testamento para describirlo tienen el sentido de un cambio de parecer, o de volver o regresar. El arrepentimiento implica un cambio de mente y un volverse a Dios. Es similar a la idea de conversión que se presenta en el Antiguo Testamento: Volver y convertirse a Dios (Isaías 55:6-7; Jeremías 25:5; Ezequiel 33:11). En esta misma línea, debemos apuntar que el apóstol Pedro en su primer discurso llamó a los hombres diciendo, “Arrepentíos y convertios” (Hechos 3:19).

De otro lado, el apóstol Pablo nos habla de un aspecto del arrepentimiento que no debe separarse del mismo: el lamento y la tristeza. Cuando escribió a los corintios les dijo: “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación…” (2 Cor. 7:10). Se entiende que esta emoción es producida por nuestra conciencia de pecado y por haberle fallado a Dios. Tal como lo expresó David cuando confesó su falta: “Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos” (Salmos 51:4).

A partir de aquí es importante reconocer los elementos que constituyen un arrepentimiento genuino: el elemento intelectual, el emocional, y el volitivo. El intelectual porque reconoce el pecado. El emocional por la tristeza de haberle fallado a Dios. Y el volitivo porque se abandonan los malos caminos. Por eso podemos definir al arrepentimiento como un lamento genuino por el pecado, renuncia al pecado, y propósito sincero de abandonarlo para andar en obediencia a Dios. Cualquier experiencia que no contemple estos aspectos no es arrepentimiento.

Es por eso, que el apóstol Juan fue enfático hablando de aquellos que habían recibido la gracia del nuevo nacimiento al decir: “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado…” (1 Juan 5:18). La regeneración es una obra de Dios, y es segura y evidente pues le da nueva vida al pecador (2 Corintios 5:16); Un nuevo corazón para andar en sus caminos (Ezequiel 36:26), le concede el arrepentimiento (2 Timoteo 2:25) y el don de la fe para confiar en Cristo para el perdón de sus pecados (Ef. 2:8-9). Quien ha nacido de Dios, no practica el pecado –como un estilo de vida–, porque tiene una naturaleza divina que lo impulsa a aborrecer el pecado y a amar la justicia.

Entonces ¿Puede un creyente ser homosexual?

De ninguna manera.

La biblia es enfática y clara en describir el carácter pecaminoso del homosexualismo, de prohibirlo y condenarlo. Por lo tanto, podemos y debemos afirmar junto con las Escrituras que aquella persona que practica el pecado, incluyendo el pecado del homosexualismo, no puede llamarse un creyente, porque nunca nació de nuevo, no se arrepintió, ni abandonó sus malos caminos y nunca creyó en Cristo para el perdón de sus pecados.

Ciertamente algunos creyentes puede que sean tentados hacia el pecado homosexual. Pero no tienen por qué caer en tentación, puesto que Dios es fiel en dar la salida para cada situación (1 Corintios 10:13). Pero como acabamos de ver, este creyente no se mofa en su pecado ni lo practica, sino que se lo confiesa y se arrepiente, buscando pureza sexual. No hay categorías en la Escritura para una persona que se goce de ser homosexual y sea cristiano. Sí las hay para pecadores arrepentidos, y eso somos todos.

¿Hay esperanza?

¡Claro que sí!

Los que practican el homosexualismo tienen el mismo llamado al arrepentimiento que se hace a toda clase de pecadores, sean adúlteros, ladrones, mentirosos, homicidas, fornicarios, etc. Ellos también pueden ser recibidos a misericordia, obtener el perdón de sus pecados, ser justificados, aceptados, adoptados y transformados como hijos de Dios para gozar de comunión con él. Esto es precisamente lo que Pablo dijo a los corintios en el mismo pasaje citado anteriormente donde condena al homosexualismo junto a otros pecados:

“Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”, 1 Corintios 6:11.

Esta es la promesa del evangelio. Un mensaje de esperanza a todos los pecadores. Una gracia que se ofrece a los hombres en Cristo Jesús. Una obra que Dios hace para salvar a los hombres de sus pecados. El único mensaje que salva y transforma al pecador. El mensaje que todavía esta vigente y que sigue llamando a los hombres a reconciliarse con su Creador.

Tomado de : Coalición por el Evangelio.

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...