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Debemos hablar sin temor del infierno…| J.C. Ryle.

J. C. RylePor: J. C. Ryle

Creo que el tiempo ha llegado y es un deber categórico hablar abiertamente sobre la realidad y eternidad del infierno. Un flujo de falsa doctrina se ha volcado recientemente sobre nosotros. Los hombres han comenzado a decir que Dios es demasiado misericordioso para castigar a las almas para siempre, que existe un amor a Dios aún más bajo que el infierno y que toda la humanidad, sin importar lo corruptos e impíos que algunos sean, tarde o temprano serán salvados. Se nos invita a dejar los viejos caminos de la cristianidad apostólica. Se nos dice que las visiones de nuestros padres sobre el infierno, y el demonio, y el castigo están obsoletas y fuera de boga. Debemos abrazar lo que es la llamada teología más amigable y tratamos el infierno como una fábula pagana o un cuco para asustar a niños y a tontos. En contra de tales falsas doctrinas, deseo protestar. Por muy dolorosa, penosa y angustiosa que la controversia pueda ser, no debemos  titubear o rechazar entrar de lleno en el tema. Yo estoy resuelto a mantener la vieja posición y declarar la realidad y eternidad del infierno. Read More

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7 verdades sobre el infierno

7 verdades sobre el infierno

Por J.D. Greear

Respecto al infierno, C.S. Lewis escribió una vez: “No hay ninguna doctrina que con gusto eliminaría del cristianismo más que esta, si estuviera en mi poder”. En muchos sentidos, estoy de acuerdo con él. A nadie, incluyendo los cristianos, debería gustarle la idea del infierno. Aquellos de nosotros que creemos en el infierno no somos sádicos que disfrutamos de la idea de sufrimiento eterno. De hecho, la idea de que aquellas personas que conozco, que están fuera de Cristo, pasen una eternidad en el infierno es desgarradora. De joven, cuando comencé a aprender sobre el infierno y sus implicaciones, casi pierdo mi fe. Así de perturbador fue.

El infierno es una realidad difícil, pero es algo que la Biblia enseña, y no podemos comprender plenamente a Dios y su mundo a menos que lidiemos con ello. Estas siete verdades deben enmarcar nuestra discusión del infierno.

1. El infierno es lo que es porque Dios es quien Dios es. La gente habla con soltura acerca de “ver a Dios”, como si ver cara a cara a Dios fuera una experiencia cálida y difusa. Pero la Biblia explica que la santidad y la perfección de Dios son tan completas que si alguien fuera a verlo, moriría (Ex. 33:20). Aun el pecado más insignificante en su presencia conduce a la aniquilación inmediata. Cuando Isaías, el profeta de Dios, vio a Dios en su trono, se postró sobre su rostro, aterrorizado y seguro de que estaba a punto de morir (Is. 6:5).

La doctrina del infierno ha caído en desgracia entre muchos. Pero está ahí por una razón. Dios nos habla acerca del infierno para demostrarnos la magnitud de su santidad. El infierno es lo que es porque la santidad de Dios es lo que es. El infierno no es ni un solo grado más caliente de lo que nuestros pecados demandan que sea. El infierno debe dejarnos boquiabiertos ante la rectitud y justa santidad de Dios. Debe hacernos temblar ante Su grandeza y majestad.

Irónicamente, al minimizar el infierno, también se minimizan los medios que demuestran la justicia de Dios. Cuando una persona pasa por violación o abuso de menores, tiene que saber que hay un Dios reinando en tal santidad y belleza que no puede tolerar el mal.

2. Jesús habló sobre el infierno más que cualquier otra persona en la Escritura. Algunas personas tratan de evitar la idea del infierno diciendo: “Eso fue el Dios del Antiguo Testamento. Pero cuando Dios maduró en el Nuevo Testamento con Jesús –Jesús el manso y humilde– lo de Él era el amor y la compasión”.

El problema con este punto de vista es que cuando comienzas a leer los Evangelios, te encuentras con que Jesús fue la persona que más habló del infierno. De hecho, si cuentas los versículos, Jesús habló más sobre el infierno que sobre el cielo. Uno de los escépticos más famosos de la historia, Bertrand Russell, dijo en su libro ¿Por qué no soy un Cristiano?, que la enseñanza de Jesús sobre el infierno es “el defecto profundo en el carácter de Cristo”. Si queremos evitar la idea del infierno, no podemos ignorar el problema enfocándonos en el “Jesús manso y humilde”.

3. El infierno nos muestra la medida del amor de Dios al salvarnos. ¿Por qué Jesús habló sobre el infierno más que otra persona en la Biblia? Porque Él quería hacernos ver lo que iba a sufrir en la cruz por nosotros. En la cruz, el castigo de Jesús era indescriptible: a este remanente de un hombre ensangrentado y desfigurado se le dio una cruz probablemente reciclada, probablemente cubierta de la sangre, heces y orina de los otros hombres que la habían usado previamente. Colgado allí en un inmenso dolor, asfixiado lentamente hasta la muerte.

La peor parte fue la separación del Padre que Jesús sintió, separación que era el mismo infierno. “Dios mío, Dios mío”, clamó: “¿Por qué me has abandonado?” (Mt. 27:46) Durante todo esto, Jesús estaba tomando el infierno de nuestros pecados en Su cuerpo.

Frecuentemente la gente siente que el infierno es una gran mancha en el amor de Dios. La Biblia lo presenta como todo lo contrario. El infierno magnifica el amor de Dios al mostrarnos cuán lejos fue Dios y todo lo que pasó para salvarnos.

4. Las personas son eternas.C.S. Lewis señaló una vez que el infierno es una conclusión necesaria de la creencia cristiana que los seres humanos fueron creados para vivir eternamente. Así lo dijo:

El cristianismo afirma que cada ser humano como individuo va a vivir para siempre, y esto debe ser cierto o falso.  Ahora bien, hay un buen número de cosas que no vale la pena preocuparse si solo voy a vivir 70 años, pero que deben preocuparme seriamente si voy a vivir para siempre. Tal vez mi mal carácter o mi envidia van empeorando, pero de forma tan gradual que el aumento en 70 años no va a ser muy notable. Pero podría ser absolutamente infernal en un millón de años: de hecho, si el cristianismo es cierto, el infierno es el término técnico preciso y correcto para lo que eso sería.

5. En un sentido, Dios no envía a nadie al infierno; nos enviamos nosotros mismos. El infierno es la culminación de decirle a Dios que nos “deje tranquilos”. Sigues diciéndole a Dios que te deje en paz, y, finalmente, Dios dice: “Está bien”. Es por eso que la Biblia lo describe como oscuridad: Dios es luz; su ausencia es la oscuridad. En la tierra experimentamos la luz y cosas como el amor, la amistad, y la belleza de la creación. Estos son todos remanentes de la luz de la presencia de Dios. Pero cuando le dices a Dios que no lo quieres como el Señor y centro de tu vida, con el tiempo consigues ese deseo, y con Dios se van todos Sus regalos.

Tenemos dos opciones: vivir con Dios o vivir sin Dios. Si dices: “Yo no quiero la autoridad de Dios. Yo prefiero vivir para mí mismo”, ese es el infierno. En El Gran Divorcio y El problema del Dolor, Lewis lo expresó así:

A largo plazo la respuesta a todos aquellos que se oponen a la doctrina del infierno es en sí mismo una pregunta: “¿Qué están pidiendo a Dios que haga?”. . . ¿Qué los deje solos? Por desgracia, me temo que eso es lo que hace. . . . Al final, solo hay dos tipos de personas: los que dicen a Dios “hágase tu voluntad” y aquellos a los que Dios les dice al final “hágase tu voluntad”.

6. En otro sentido, Dios envía a la gente al infierno, y todos sus caminos son verdad y justos. Podemos estar tentados a estallar en rabia contra Dios y corregirle. Pero, ¿cómo podemos encontrar una falta en Dios? Como dice Pablo en Romanos 9, ¿quiénes somos nosotros, como simples pedazos de barro, para cuestionar al alfarero divino?

No somos más misericordiosos que Dios. Isaías nos recuerda que todos aquellos que están actualmente “enojados contra Dios” llegarán ante Él en el último día y serán avergonzados, no reivindicados (Is. 45:24), porque entonces se darán cuenta de lo perfecto que son los caminos de Dios. Cada vez que Dios es comparado con un ser humano en la Escritura, Dios es el más piadoso de los dos.

Cuando miramos hacia atrás en nuestras vidas desde la eternidad, estaremos sorprendidos no por la severidad de Su justicia, sino por la magnanimidad de Su misericordia.

7. Para Dios no es suficiente sacarnos del infierno; él debe sacar el infierno de nosotros. Algunas personas ven como un problema el uso del infierno como una forma de obligar a la gente a someterse al cristianismo. Es como si Dios está diciendo, “¡Me sirves o sufrirás las consecuencias!”. Y eso parece manipulación. Puede que le sorprenda, pero Dios está de acuerdo.

Si las personas se convierten a Dios simplemente porque tienen miedo, o porque Dios ha hecho alguna gran señal milagrosa (véase Lucas 16:31), podrían someterse, pero no habrá un cambio en la actitud de corazón hacia Dios. Si aceptas a Jesús solo para “salir del infierno”, entonces odiarías estar en el cielo, porque solo los que aman y confían en Dios disfrutarán del cielo. Si no amas al Padre, entonces vivir en la casa del Padre es como una esclavitud. Sería como obligarte a casarte con alguien con quien no te quieres casar. La única manera de que disfrutes del cielo es cuando aprendas a amar y confiar en Dios.

Solo una experiencia del amor de Dios puede reorganizar la estructura fundamental de tu corazón para crear amor por y confianza en Dios. No es suficiente que Dios nos saque del infierno; Él debe sacar el infierno de nosotros.


Publicado originalmente en TheGospelCoalition. Traducidopor Myrna Rodriugez.

J.D. Greear, Ph.D., pastorea la iglesia Summit Church en Raleigh-Durham, NC. J. D. es el autor de Gospel: Recovering the Power that Made Christianity Revolutionary y Stop Asking Jesus Into Your Heart: How to Know For Sure You Are Saved. El próximo 4 de Noviembre estará lanzando Jesus, Continued…: WhytheSpiritInsideYouIsGreaterthanJesusBesideYou.

 

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Descendió a los infiernos

Descendió a los infiernos

cruz

Una de las afirmaciones más misteriosas del llamado Credo Apostólico es aquella en la que, después de señalar que Jesucristo “padeció bajo el poder de Poncio Pilato, y fue crucificado, muerto y sepultado”, se nos dice que “descendió a los infiernos”. Algunos han mantenido que esta cláusula del Credo se refiere a un viaje de Cristo al inframundo. Pero esta supuesta excursión de Cristo a la morada de los muertos, como si Jesús fuera otro Heracles o Ulises o un Eneas más, no tiene apoyo en la Biblia. El mismo Jesucristo enseñó que, justamente después de su muerte, su alma subió al Paraíso, mientras su cuerpo yacía en la tumba (Lc. 23:43). Por tanto, estas palabras no pueden ser un testimonio sobre lo que hizo Cristo entre su sepultura y resurrección. Su significado es mucho más profundo.

Esta aseveración del Credo es, en realidad, una reflexión sobre la naturaleza de los sufrimientos de Cristo en el Calvario. Indica que la pasión de Jesucristo en la Cruz tiene un carácter singular. Se sabe que dar muerte por medio de la cruz no era una forma de ejecución más: era una manera muy cruel de torturar hasta matar al condenado. No solo Jesús, sino otros muchos entre los que se encontraba también, parece ser, el famoso Espartaco, experimentaron la crucifixión. Esta frase del Credo enseña que, además de los sufrimientos propios de cualquier otro crucificado, Jesucristo llevó sobre sí unos padecimientos únicos. Y esa aflicción peculiar de Cristo solo puede ser descrita por una declaración tan sorprendente como esta de “descendió a los infiernos”.

En realidad, los sufrimientos de Jesucristo en la cruz son insondables para nosotros. No podemos calibrar completamente lo que debió significar la cruz para aquel que es Dios eterno y hombre perfecto al mismo tiempo. Tan solo podemos atisbar algunas cosas a la luz del testimonio que la Biblia misma nos da de esa pasión de Cristo.

Jesucristo fue crucificado en el Gólgota, un lugar con forma de calavera, en aquel entonces a las afueras de Jerusalén. Allí, además de terribles dolores físicos, Jesús sufrió también las burlas y desprecios de sus enemigos, particularmente de parte de los principales sacerdotes y los escribas. Pero el punto álgido de esos padecimientos tuvo lugar entre las doce y las tres de la tarde de ese día en el que el Señor Jesucristo fue crucificado. En medio de las tinieblas que de forma sobrenatural cayeron y envolvieron aquella desoladora escena, se oyó un clamor: “Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío ¿por qué me has desamparado?” (Mt. 27:46). Era la voz de Jesús en la que, en esa hora de extrema agonía, se dirigía a su Padre. Jesús hacía suyas las palabras del libro de los Salmos 22:1, un salmo del Rey David en el que este anunciaba proféticamente lo que serían los sufrimientos del Mesías. Jesús apela a Dios con unas palabras que nunca antes habían estado en sus labios con respecto a su Padre: “¿por qué me has desamparado?”. El Padre desampara al Hijo. Nunca antes semejante cosa ha tenido lugar. Ese es el gran sufrimiento de Cristo en el Calvario. Este es el momento culminante de sus sufrimientos, el lugar más bajo al que descendió el Señor en su voluntaria humillación, asumida para poder ser nuestro Salvador. Para Jesús, ninguna aflicción puede compararse con el de ser desamparado por su propio Padre.

Hemos de preguntarnos sobre las razones por las que el Padre abandonó a su Hijo en ese señalado momento de su vida. Según la Biblia, el Padre lo hace porque Cristo está en el Gólgota llevando sobre sí nuestro pecado. Las consecuencias del pecado son terribles. Traen la justa separación de Dios. Y Cristo, el sustituto del pecador, sufre voluntariamente el abandono de su Padre. El Hijo de Dios toma voluntariamente sobre sí esa separación por amor a los que creen en Él. Lo hace conforme a la voluntad de su Padre (Jn. 6:38, 10:18 y 17:4). Por tanto, notemos cuidadosamente que, para el Señor Jesús, su principal agonía en la cruz no la constituía su sufrimiento físico, sino el ser privado de la consoladora presencia de su Padre.

La agonía de nuestro Señor en el Calvario es indescriptible. Es un tormento del alma pura del Señor, que no admite representación externa ya que, entre otras muchas razones, ninguna puede hacer justicia a tal angustia espiritual… Y ese desamparo divino es la misma esencia de lo que llamamos el infierno. La Biblia así lo describe. Ir al infierno es ser apartados de la presencia de Dios para siempre (Mt. 25:4; 2 Ts.1:9). El infierno es, también, “las tinieblas de afuera” (Mt. 8:12). Todas estas imágenes nos comunican poderosamente esta idea. El infierno es, sencillamente, ser abandonados por Dios.

Esto, puede que pienses, no es lo más grave que te puede pasar. Pero, según la Biblia, es lo peor que te puede suceder, lo reconozcas o no. Todo ser humano lleva la imagen de Dios y, por tanto, solo puede encontrar su verdadera identidad en relación con Dios. Sin Dios, por causa de nuestro pecado y rebelión contra Él, el ser humano es culpable, está perdido y está solo. Solo el Dios eterno puede perdonarnos y colmar el afán de eternidad del ser humano. Ser privados de aquello para lo que fuimos creados, la comunión o relación con Dios, es la mayor de las tragedias.

Para muchos, esta doctrina del infierno es una de las más impopulares de toda la Biblia. No hay enseñanza bíblica más vilipendiada que esta. Y, sin embargo, nadie puede acusar a Dios de no saber lo que es el infierno. El mismo Jesús lo sufrió en el Calvario por amor a los pecadores. Y lo hizo para que todos los que se arrepientan de sus pecados acudan a Él y encuentren perdón. Ese perdón está garantizado. Y es nuestro exclusivamente por la fe en Jesucristo, por confiar en Él como nuestro único Salvador. Nuestra confianza estriba en el hecho de que la justicia, tanto humana como divina, no demanda dos veces el pago de una misma deuda. Jesucristo llevó sobre sí en la cruz el castigo yo merecía por mis pecados. Cristo descendió en el Calvario al infierno en mi lugar, por mí. Y por ello, en su descenso al infierno, hay plena seguridad de que yo no descenderé al infierno después de mi muerte. Cristo fue desamparado para que yo sea amparado por Dios por toda la eternidad. Este es el evangelio: “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 P. 3:18).

Es inútil negar la realidad del infierno, pero no tienes por qué ir allí. Cristo descendió a los infiernos para que todo aquel que confíe en Él no tenga que descender al infierno. Este es el gran consuelo que tiene la afirmación del Credo Apostólico acerca del descenso a los infiernos por parte de nuestro Señor Jesucristo. Como también lo explica, y admirablemente, el Catecismo de Heidelberg en su pregunta y respuesta nº 44: Pregunta: ¿Por qué se añade: descendió a los infiernos? Respuesta: Para que en mis extremados dolores y grandísimas tentaciones me asegure y me sostenga con este consuelo, de que mi Señor Jesucristo, por medio de las inexplicables angustias, tormentos, espantos y turbaciones infernales de su alma, en los cuales fue sumido en toda su pasión(a), pero especialmente clavado en la cruz, me ha librado de las ansias y tormentos del infierno (b). (a) Salmo 18:4-5, Salmo 116:3, Mateo 26:38, Mateo 27:46, Hebreos 5:7. (b) Isaías 53:5”.

Acude a Cristo ahora y sálvate confiando en aquel que “descendió a los infiernos”.

 Publicado originalmente en el periódico “Canfali” el viernes 14 de marzo de 2008.

José Moreno Berrocal, casado y con dos hijas, es en la actualidad pastor en la Iglesia Cristiana Evangélica de Alcázar de San Juan en Castilla La Mancha, España. Ha publicado varios libros, entre otros, La Biblia y el Quijote (2007), Jonathan Edwards, pasión por la gloria de Dios (2008) AMRE/ANDAMIO y William Wilberforce: la lucha por la abolición de la esclavitud (2012) con ANDAMIO. En la actualidad enseña Apologética en el Colegio Bíblico de la Gracia, en España.

 

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4 RAZONES POR LAS QUE LA DOCTRINA DEL INFIERNO ES IMPORTANTE

Por Tim Keller

En 2003, un grupo de investigación descubrió que el 64% de los estadounidenses esperan ir al cielo cuando mueran, pero menos del 1% piensa que irán al infierno. Hay mucha gente hoy en día que no cree en la enseñanza bíblica del castigo eterno, e incluso aquellos que sí creen en ella muchas veces lo consideran un concepto irreal y remoto. Sin embargo, es una parte muy importante de la fe cristiana, por varias razones.

1. Es importante porque Jesús enseñó acerca del infierno más que todos los otros autores bíblicos juntos. Jesús habla de “fuego eterno y castigo” como la morada final de los ángeles y los seres humanos que han rechazado a Dios (Mt. 25:41,46). Él dice que los que ceden ante el pecado estarán en peligro del “fuego del infierno” (Mt. 5:2218:8-9). La palabra que Jesús usa para ‘“infierno” es Gehena, un valle en el que montones de basura eran quemados diariamente, así como los cadáveres de los que no tenían familias que los enterraran. En Marcos 9:43 Jesús habla de una persona que va al “infierno [gehena], donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga”. Jesús se refiere a los gusanos que viven en los cadáveres en el montón de basura. Cuando se consume toda la carne, los gusanos mueren. Jesús está diciendo, sin embargo, que la descomposición espiritual del infierno nunca termina y es por eso que “el gusano de ellos no muere”.

En Mateo 10:28, Jesús dice: “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien teman a Aquél que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno”. Él está hablando a los discípulos, algunos quienes eventualmente serían torturados, aserrados por la mitad, desollados y quemados vivos. Sin embargo, dice que todo eso es un día de campo en comparación con el infierno. Es evidente que para Jesús el infierno era un lugar real, ya que dice que después del día del juicio, las personas lo experimentarían en sus cuerpos. El infierno es un lugar no solo de miseria física, sino también espiritual.

Jesús describió constantemente al infierno como fuego doloroso y “tinieblas de afuera” (Mt. 25:30; cf. Judas 6,7,13), un lugar de horrible miseria e infelicidad. Si Jesús, el Señor del amor y Autor de la gracia, habló sobre el infierno más que cualquier otra persona, y de una manera más vívida y espeluznante que cualquier otra persona, entonces debe ser una verdad crucial. Pero ¿por qué era tan importante para Jesús?

2.  Es importante porque muestra cuán infinitamente dependemos de Dios para todo.  Prácticamente todos los comentaristas y teólogos creen que las imágenes bíblicas de fuego y tinieblas de afuera son metafóricas. (Si hay almas en el infierno ahora, sin cuerpos, ¿cómo podría el fuego ser literal y físico?). Incluso, Jonathan Edwards señaló que el lenguaje bíblico para el infierno era simbólico, pero, añadió, “cuando se usan metáforas en las Escrituras acerca de las cosas espirituales. . . estas quedan cortas de la verdad literal” (de “Los tormentos del infierno son en sobremanera grandes”, en el volumen 14 de la edición de Yale de las obras de Edwards). Decir que la imagen bíblica del fuego del infierno no es del todo literal no es de ningún consuelo. La realidad será mucho peor que la imagen. Entonces, ¿qué simbolizan el “fuego” y la ‘oscuridad’? Son formas vívidas para describir lo que sucede cuando perdemos la presencia de Dios. La oscuridad se refiere al aislamiento y el fuego a la desintegración de estar separados de Dios. Al estar lejos del favor y del rostro de Dios, literalmente, nos caemos en pedazos de forma horrible y eterna.

En la enseñanza de Jesús, la condena definitiva de la boca de Dios es: “Apartaos de mí”. Es importante notar que ¡simplemente estar lejos de Dios es lo peor que nos puede pasar! ¿Por qué? Fuimos creados originalmente para caminar en la presencia inmediata de Dios (Gn. 2). En un sentido, por supuesto, Dios está en todas partes y lo sostiene todo. Solo en Él todos hablamos, movemos y tenemos nuestro ser (Hch. 17:28). En ese sentido, entonces, es imposible apartarse del Señor; aun el infierno no puede existir a menos que Dios lo sostenga. Pero la Biblia dice que el pecado nos excluye del “rostro” de Dios (Is. 59:2). Toda la vida, la alegría, el amor, la fuerza y el significado que hemos buscado y anhelado se encuentran en su rostro (Sal. 16:11), es decir, en su favor, presencia, compañerismo y placer.

El pecado nos aleja de ese aspecto de su poder que nos sostiene y apoya. Es por ello que, para Pablo, el fuego y la destrucción del infierno eterno es estar “excluidos de la presencia del Señor” (2 Tesalonicenses 1:9). La separación de Dios y sus bendiciones para siempre es la realidad a la que apuntan todos los símbolos. Por ejemplo, cuando Jesús habla de ser “destruido” en el infierno, la palabra usada es apollumi, que no significa ser aniquilados por completo, sino ser ‘destrozado’ y arruinado hasta ser inútil en cuanto al propósito por el cual fuimos creado.

Entonces, ¿qué es un alma humana “destrozada”? No deja de existir, sino que llega a ser totalmente incapaz de hacer todo aquello para lo que fue creada: razonar, sentir, elegir, dar o recibir amor o alegría. ¿Por qué? Porque el alma humana fue construida para adorar y disfrutar del verdadero Dios, y toda vida verdaderamente humana se deriva de esto. En este mundo, toda la humanidad, incluso aquellos que se han alejado de Dios, es sostenida por ‘benevolentes providencias’ o ‘gracia común’ (Hch. 14:16-17Sal 104:10-30Stg. 1:17) que nos mantiene capaces de sabiduría, amor, alegría y  bondad. Pero cuando perdemos la presencia solidaria de Dios por completo, el resultado es el infierno.

3. Es importante porque revela la gravedad y el peligro de vivir la vida por uno mismo.  En Romanos 1-2, Pablo explica que Dios, en su ira contra los que lo rechazan, “los entrega” a las pasiones pecaminosas de sus corazones. Los comentaristas (cf. Douglas Moo) señalan que esto no puede significar que Dios impulsa a la gente a pecar, ya que en Efesios 4:19 se dice que los pecadores se entregan a sí mismos a sus deseos pecaminosos. Esto significa que el peor (y más justo) castigo que Dios puede dar a una persona es permitirles tener el deseo más profundo de sus corazones pecaminosos.

¿Qué es eso? El deseo del corazón humano pecador es la independencia. Queremos elegir y seguir nuestro propio camino (Is. 53: 6). Esto no es un ‘caminar fuera del camino’ casual. Como dice Jeremías: “Nadie se arrepiente… cada uno persigue su propio curso como un caballo de carga en la batalla” (8: 6). Queremos alejarnos de Dios, pero, como hemos visto, esto es lo más destructivo para nosotros. Caín es advertido de no pecar porque el pecado es esclavitud. (Gn. 4:7Jn. 8:34). Destruye la capacidad de elegir, de amar y disfrutar. El pecado también trae ceguera: entre más se rechaza la verdad sobre Dios, más incapaz se es percibir cualquier verdad sobre sí mismo o el mundo (Is. 29: 9-10Ro. 1:21).

Entonces, ¿qué es el infierno? Es Dios activamente entregándonos a lo que hemos elegido libremente: seguir nuestro propio camino, ser nuestro propio “amo de nuestro destino, capitán de nuestra alma”, para alejarnos de Él y de Su control. Es Dios exiliándonos a las regiones en las que hemos tratado desesperadamente de entrar toda nuestra vida. J.I.Packer escribe: “La Escritura ve al infierno como una decisión propia… El infierno aparece como un gesto de respeto por la elección humana de Dios. Todos reciben lo que realmente desean, ya sea estar con Dios para siempre, adorándole, o sin Dios para siempre, adorándose a sí mismos ” (J.I.Packer, Concise Theology, pp.262-263). Si lo que más te interesa es adorar a Dios en la belleza de Su santidad, entonces eso es lo que tendrás (Sal. 96:9-13). Si lo que más te interesa es ser tu propio amo, entonces la santidad de Dios se convertirá en una agonía, y la presencia de Dios un terror del que huirás por siempre (Ap 6:16; cf. Is 6:1-6).

Corremos de la presencia de Dios y por lo tanto Dios nos entrega activamente a nuestro deseo (Ro. 1:24,26). Por lo tanto, el infierno es una prisión en la que las puertas están cerradas primero desde el interior por nosotros y, por lo tanto, cerradas desde el exterior por Dios (Lc. 16:26). Todo indica que las puertas siguen para siempre cerradas desde el interior. Aunque toda rodilla y lengua en el infierno sabe que Jesús es el Señor (Fil. 2:10-11), nadie puede buscar ni quiere que Él sea su Señor sin el Espíritu Santo (1 Corintios 12:3). Es por esto que podemos decir que nadie va al infierno que no elija tanto ir como quedarse allí. ¿Qué podría ser más justo que eso?

4. La doctrina del infierno es importante porque es la única manera de saber lo mucho que Jesús nos amó y lo mucho que hizo por nosotros. En Mateo 10:28, Jesús dice que ninguna destrucción física puede compararse con la destrucción espiritual del infierno, de perder la presencia de Dios. Pero esto es exactamente lo que le sucedió a Jesús en la cruz: Él fue abandonado por el Padre (Mt. 27:46). En Lucas 16:24, el hombre rico en el infierno se encuentra desesperadamente sediento (v.24) y en la cruz Jesús dijo: “Tengo sed” (Jn. 19:28). El agua de vida, la presencia de Dios, le fue quitada. El punto es que si no aceptemos esta doctrina “terrible”, ni siquiera vamos a comenzar a comprender la profundidad de lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz. Su cuerpo estaba siendo destruido de la peor manera posible, pero eso fue una picadura de pulga comparado con lo que estaba sucediendo a Su alma. Cuando gritó que Su Dios le había abandonado, estaba experimentando el mismo infierno. Pero tengan en cuenta que si nuestra deuda por el pecado es tan grande que jamás se podrá pagar en el infierno, sino que el infierno se extiende por toda la eternidad, entonces ¿qué podemos concluir del hecho de que Jesús dijo que el pago fue “consumado” (Jn. 19:30) después de solo tres horas? Vemos que lo que Él experimentó en la cruz fue mucho peor y más profundo que todos nuestros merecidos infiernos juntos.

Y esto cobra un sentido emocional cuando consideramos la relación que Jesús perdió. Si un conocido te denuncia y te rechaza, eso duele. Si un buen amigo hace lo mismo, eso duele mucho más. Sin embargo, si tu cónyuge te abandona, eso es mucho más devastador aún. Cuanto más larga, profunda e íntima la relación, más dolorosa es la separación. Pero la relación del Hijo con el Padre era sin principio e infinitamente superior a la relación humana más íntima y apasionada. Cuando Jesús fue separado de Dios, entró en el hoyo mas profundo y en el horno más poderoso, más allá de todo lo imaginable. Él experimentó toda la ira del Padre, y lo hizo voluntariamente, por nosotros.

Bastante a menudo me encuentro con gente que dice: “Yo tengo una relación personal con un Dios de amor, y sin embargo, yo no creo en Jesucristo en absoluto”. Les pregunto “¿Por qué?”. Ellos responden, “Mi Dios es demasiado amoroso como para derramar infinito sufrimiento sobre alguien a causa del pecado”. Sin embargo, esto demuestra un profundo desconocimiento de Dios y de la cruz. En la cruz, Dios mismo, encarnado como Jesús, tomó el castigo. No castigó a un tercer voluntario.

Entonces, la pregunta es: ¿qué le costo a tu clase de dios amarnos y abrazarnos? ¿Qué tuvo que soportar para recibirnos? ¿Dónde agonizó este dios, dónde clamó, y donde quedaron sus clavos y espinas? La única respuesta es: “No creo que eso fuera necesario”. Pero entonces, irónicamente, en nuestro esfuerzo por hacer a Dios más amoroso, lo hemos hecho mucho menos amoroso. Su amor, al final, no tenía que tomar ninguna acción. Era sentimentalismo, no amor. La adoración de un dios como este será impersonal, cognitiva y ética en el mejor de los casos. No habrá ningún alegre abandono de uno mismo, ninguna valentía humilde, ningún sentido constante de maravilla. No podremos cantar con él “amor tan grande y sin igual, demanda toda mi vida y mi ser”. Solo a través de la cruz podría ser removida de nuestra separación de Dios, y vamos a pasar toda la eternidad amando y alabando a Dios por lo que ha hecho (Apocalipsis 5:9-14).

Y si Jesús no experimentó el mismo infierno por nosotros, entonces nosotros mismos perdemos valor. En Isaías, se nos dice: “Debido a la angustia de su alma, Él lo verá y quedará satisfecho” (Is. 53:11). ¡Este es un pensamiento increíble! Jesús sufrió infinitamente más que cualquier alma humana en el infierno eterno, sin embargo, nos mira y dice: “Valió la pena”. ¿Qué podría hacer que nos sintamos más amados y valorados que eso? El Salvador presente en el evangelio se abrió paso por el mismo infierno para no perdernos, y ningún otro salvador nos ha amado a un costo tan alto.


Publicado originalmente para el blog de Tim Keller. Traducido por Daniel Lobo.

Tim Keller es el pastor senior de Redeemer Presbyterian Church (PCA) en Manhattan, Nueva York. También es el cofundador y vice presidente de The Gospel Coalition.

Tomado de Coalición por el Evangelio.

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La Santidad de Dios y la Existencia del Infierno

La Santidad de Dios y la Existencia del Infierno

Por Tim Challies

lac-de-feuUno de los grandes interrogantes que enfrenta la iglesia de hoy se refiere a la existencia y la naturaleza del infierno. El infierno está bajo ataque desde el exterior de la iglesia visible y desde el interior. La pregunta que cada uno de nosotros debemos responder es la siguiente: ¿Existe el infierno? ¿Es, como los cristianos han afirmado por mucho tiempo, un lugar de castigo eterno, consciente, un lugar real donde gente real irá en tiempo real y enfrentarse a la ira real de un Dios real?

Esa pregunta puede ser un poco engañosa. Preguntar si existe el infierno no es realmente una pregunta sobre un lugar, al igual que cuando se pregunta, ‘¿La ciudad de Filadelfia, existen en realidad?” O “¿Hubo realmente una ciudad llamada Jericó?” No es una cuestión de geografía mundial, sino del carácter divino. La pregunta del infierno es, ante todo, una pregunta sobre el carácter de Dios. Aquí está la cosa: Si hay un infierno, sabemos que no puede existir fuera del conocimiento y la voluntad de Dios. Si Dios es quien dice ser, si de verdad todo lo sabe y es todo poderoso, entonces la gente no puede estar fuera de su decreto. Y por lo que cualquier duda sobre la existencia del infierno es en realidad una cuestión acerca de Dios mismo.

En una breve serie de artículos, quiero explorar la relación entre la santidad de Dios al pecado humano y la siguiente pregunta: ¿Qué pasa cuando el pecado del hombre choca con la santidad de Dios? Tendré que presuponer que usted tiene una cierta comprensión de la santidad de Dios y que usted sabe que la santidad de Dios es uno de sus atributos más fundamentales. La santidad de Dios es su cualidad de ser puesto aparte, de ser completamente diferente a cualquier cosa o cualquier otra persona. Su santidad impregna todo lo que es y todo lo que hace. Hay un sentido en el que su santidad modifica sus otros atributos, de manera que su amor es un amor santo y su justicia es una justicia santa.

De alguna manera, todo pecado es una violación de la santidad de Dios. Dios nos dice: “Sed santos como yo soy santo.” Hemos sido creados a imagen del Dios santo, hemos sido creados como seres santos. Sin embargo, con cada pecado elegimos la falta de santidad en el lugar de la santidad, elegimos nuestro camino en vez del camino de Dios. Con cada pecado hacemos notar la santidad de Dios, hacemos notar el hecho de que estamos hechos a imagen de Dios y se nos dice que seamos como él. Todo pecado es una declaración hacia Dios que dice: “¡Yo elijo no ser santo, opto por no actuar en su imagen, yo elijo mi camino en lugar de su camino!”

Entonces, ¿cuál es la forma santa para que el Dios santo actúe a la luz de tal pecado? La Biblia nos muestra que Dios puede responder de dos maneras –El responde con misericordia paciente o responde con justa ira.

En esta serie quiero ir a la Biblia para demostrar que adoramos a un Dios de misericordia y de ira —un Dios que es digno de elogio por su misericordia y su ira. De hecho, el único Dios que es digno de nuestra adoración es el Dios que tiene no sólo la esperanza del cielo, sino también el horror del infierno.

Así es como voy a dividir esto. En primer lugar vamos a ver que a veces el santo Dios reacciona ante nuestro pecado con justa ira. Luego veremos que a veces el santo Dios reacciona ante nuestro pecado con misericordia paciente. Luego, para envolver las cosas, vamos a mirar hacia el lugar donde la ira y la misericordia se encuentran. Lo que vamos a ver mientras echemos una mirada profunda en el carácter de Dios, al entrar en contacto con el pecado es que hay una conexión inexorable entre la santidad de Dios y la existencia del infierno. Vamos a ver que existe el infierno, porque Dios es santo —que el infierno debe existir, porque Dios debe ser santo.

Eso va a hacer a modo de introducción. Manténgase en sintonía para la segunda parte de esta serie mañana.

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La Doctrina del Infierno: Pensamientos Finales

La Doctrina del Infierno: Pensamientos Finales

Por JD Greear

lac-de-feuEste es el último de una serie de cinco capítulos sobre la doctrina del infierno. Haga clic aquí para ver la primera parte , la segunda parte , la tercera parte , y la cuarta parte .

Cada vez que hablo o escribo sobre el infierno, recibo una buena cantidad de retroceso. Parte de ello viene de amigos bien intencionados y bíblicamente conocedores quienes respeto. La pregunta por lo general toma la forma siguiente:

“¿Cómo podemos decir -cierto, de manera dogmática- que no hay manera de ser salvo aparte de una fe consciente en Jesús?¿No han estado en desacuerdo los cristianos sobre esto en el paso de los años? ¿Por qué no podemos simplemente dejar el veredicto no declarada y dejar que Dios los juzgue? El evangelio es lo suficientemente ofensivo sin añadir esto!

Soy consciente de que existen diversas opiniones sobre esta cuestión. Pero variando las opiniones no siempre significa que algo no está claro en la Escritura: sólo puede significar que los resultados son tan ofensivos que es difícil de reconciliarnos con ellos. También sé que mis opiniones no son infalibles. Estoy abierto a ser persuadido de que estoy equivocado. Me he equivocado en muchas cosas en el pasado y puede ser que sea así por muchas cosas ahora. Estoy abierto a que cualquier persona se acerque a mí con una Biblia abierta y una mente abierta.

He leído extensamente sobre todos los principales puntos de vista discrepantes, y me parece que no son convincentes. Sus ideas se basan más en el razonamiento humano (es decir: “esto es lo que yo creo como debe ser Dios”) que en conclusiones deductivas de la Escritura. Atambién me gustaría creer que las personas pueden ser salvos sin oír hablar de Jesús, pero no puedo encontrar margen para ello en la Escritura. De esto es de lo que se trata todo el argumento en Romanos 10.¿Pueden creer que, sin que seamos enviados? Creo que la respuesta de Pablo es inequívoca “no.”

¿Podría Dios hacer cosas que no nos ha dicho? Con toda justicia, que es posible. Pero la Biblia es la única norma por la cual podemos responder a esta pregunta, y no hay ninguna indicación de que Dios use otros medios además de la predicación de la Palabra. Como Deuteronomio 29:29 nos recuerda, hay aspectos de Dios que son misteriosos y secretos para nosotros, pero lo que ha revelado es lo que debemos de seguir.

Y lo que ha revelado nos muestra que la fe y la salvación siempre vienen a través de instrumentos humanos. No hay ningún registro de alguna persona en las Escrituras que jamás llegue a la fe en Cristo, aparte de la instrumentalidad de la iglesia. El único caso en que la “cláusula de excepción” podría encajar estaba con Cornelio, pero Dios hace todo lo posible para asegurarse de que Cornelio escuche explícitamente de Jesús a través de un instrumento humano (Hechos 10).

Así, en humildad, tengo que hablar con claridad lo que dice la Escritura, incluso cuando me ofende mucho. Y en este punto, sin duda lo hace. Pero que la Palabra de Dios se mantenga firme y nuestras opiniones sean condenadas. Esto me abruma, deja mi boca en silencio, y me impulsa a ser usado por Dios en su plan de salvación. Que Dios nos de poder para llevar este mensaje a nuestros vecinos y naciones.

 

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La Doctrina del Infierno: Los que Han “Nunca Han Escuchado”

La Doctrina del Infierno: Los que Han “Nunca Han Escuchado”

Por J.D. Greear

lac-de-feuEste es el cuarto de una serie de cinco capítulos sobre la doctrina del infierno. Haga clic aquí para ver la primera parte , la segunda parte , y la tercera parte .

He escuchado la pregunta más veces de las que puedo contar: “Si la gente se salva por creer en el evangelio, ¿qué pasa con aquellos que nunca han escuchado el Evangelio?” La idea de que Dios iba a echar a la gente al infierno porque nunca han oído hablar de Jesús parece injusta, casi arbitraria. Es como que al momento de su muerte, Dios se le aparece y le dice: “Usted no recibió a Jesús!” Y cuando dicen, “¿Qué Jesús?” Dios responde, “¡Es ¡demasiado tarde!”

Así que la pregunta surge inevitablemente: “¿Qué pasa con el nativo inocente en África que nunca ha oído hablar de Dios? ¿Cómo podría Dios hacerlo responsable por lo que ni siquiera sabía?”

La mayoría de los estadounidenses han desarrollado un “universalismo funcional”, en el que asumen que todo va a salir bien al final. Casi todo el mundo va a ir al cielo, excepto tal vez Adolf Hitler y los abusadores de niños. Otros, incluyendo algunos cristianos prominentes, optan por una posición llamada “inclusivismo.” Dicen que a pesar de que Jesús es la única manera de ser salvo, de que si la gente responde bien a las cosas buenas de su religión, es como si estuvieran obedeciendo a Cristo.

Yo entiendo por qué la gente quiere creer en el universalismo o inclusivismo. Pero la Biblia, especialmente Romanos 1, pinta un cuadro diferente de la situación:

1. Todas las personas han oído hablar de Dios.

Pablo dice que lo que se puede conocer acerca de Dios se ha hecho claro para todas las personas (Rom 1:19). Todo ser humano, en todas partes, ha tenido conocimiento de Dios de dos maneras.

En primer lugar, la gloria y la belleza de la creación nos enseña que hay un Creador. Hay un sentido natural, innato de asombro y maravilla si nos fijamos en la creación. Miramos a nuestro alrededor e instintivamente sabemos que no venimos de la nada. La Creación nos grita la presencia de un Creador todopoderoso glorioso.

En segundo lugar, la presencia de una conciencia en cada uno de nosotros nos enseña que hay un Legislador. Sabemos, por naturaleza, que existe el bien y el mal. Cuando tu conciencia te dice: “Eso está mal,” eso es una indicación de que hay alguien a quien en última instancia debe responder.

2. Todas las personas han rechazado a Dios.

Desde la caída, la raza humana ha estado en una postura de rebelión. Incluso cuando rechazamos los mandamientos de Dios y establecemos nuestras propias normas, no las guardamos porque nos resistimos a lo que es correcto y amamos lo que está mal.

Todos nosotros hemos rechazado la gloria de Dios (Romanos 1:21-25). No buscamos la gloria de Dios por encima de todas las cosas, buscamos nuestra propia gloria y para nuestro propio placer. Incluso las personas que creen en Dios no prestan tanta atención cuando hacen sus trabajos o lo que otros piensan de ellos.

Por lo tanto, debido a esta postura de rebeldía e idolatría, dice Pablo, nuestros corazones necios se han ofuscado, lo que significa que distorsionan la verdad acerca de Dios cuando es presentado a nosotros (Rom 1:18). La Escritura no deja ninguna ambigüedad acerca de lo universal que es la rebelión: “No hay justo, ni aun uno; nadie le entiende, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, ni siquiera uno “(Salmo 14:1-3).

Este rechazo se presenta en diversas formas: ateísmo absoluto, en los que nos negamos a reconocer a Dios; idolatría, en la que damos prioridad como a Dios a otras cosas en nuestra vida; obras de justicia, en el que mantenemos una lista de reglas, en la que sentimos que Dios nos debe cosas buenas. Todos ellos tienen una cosa en común: son expresiones de la humanidad que rechazan la autoridad y la bondad de Dios.

3. Todas las personas son culpables ante Dios.

Nuestros corazones naturalmente odian a Dios y rechazan su gobierno, un rechazo que culminó con el asesinato del Hijo de Dios. Odiamos a Dios tan mal que lo pusimos en una cruz y decimos: “¡Vete al infierno, Dios.” Debido a esto, ¿no es de extrañar que nos merezcamos su ira?

A veces subestimamos la maldad de nuestro pecado, como si el pecado sólo está muy mal si estamos haciendo drogas o teniendo relaciones sexuales con personas que no deberíamos. Esas cosas están mal, pero el núcleo del pecado es el odio a Dios. Más bien nos gustaría asesinarlo y tenerlo fuera del camino que someternos a él.

Todo esto significa que somos culpables, no por cosas que no hemos oído hablar, sino debido a lo que hemos oído y rechazado. No existe La “nativo inocente en África”. Todos hemos rechazado a Dios. ¿Sería injusto si Dios nos condenara por no oír hablar de Jesús? Sí. Pero no es por eso que estamos condenados: estamos condenados porque hemos rechazado el gobierno de Dios.

4. Sólo Cristo puede salvar.

El tema resonante de toda la Biblia es que la salvación se encuentra sólo en Dios. Cualquier mención de la religión aparte del único Dios verdadero es menospreciaba constantemente, incluso ridiculizada en todo el Antiguo Testamento. Cuando Jesús entra en escena en el Nuevo Testamento, el tema se cristaliza, y vemos que la salvación se encuentra sólo en Dios, a través de la obra de Cristo solamente.

Muchos en nuestra cultura de hoy odian a cualquier mención de la exclusividad, pero todos los puntos de vista religiosos o morales son inherentemente exclusivos. Incluso los que afirman no tener opiniones religiosas en absoluto tienen normas por las que juzgan ciertas personas “buenas” y otras “malos.” Todos tenemos una línea por quienes están dentro y quiénes están fuera.

Pero el evangelio de Jesús es un tipo diferente de exclusividad. El Evangelio nos enseña que nuestra aceptación con Dios no se basa en nada de nosotros, no nuestra moralidad, o nuestro patrimonio, o nuestra reputación con los demás. Nadie que está “en” tiene algún motivo para jactarse de ello. Dios da la salvación como un regalo para todos los que quieran arrepentirse y recibirlo. Como dijo Tim Keller, “Todas las religiones son excluyentes, pero el cristianismo es la exclusividad más inclusiva que hay.”

5. Lo que es realmente “no justo” es que alguno de nosotros tenga la oportunidad de ser salvos en absoluto.

Una de las razones por las que a menudo reaccionan con tanta fuerza en contra de la idea de que Dios permite que algunas personas vayan al infierno es que en realidad no creemos que nosotros mismos somos dignos del infierno. Cuanto más estamos convencidos de nuestra propia justicia, más la cuestión de la justicia de Dios nos preocupa.

He encontrado, sin embargo, que cuanto más tengo la sensación de la soga del juicio de Dios justamente alrededor de mi propio cuello, más estoy sorprendido por la grandeza de la misericordia de Dios –no de la severidad de su justicia. La primera vez que me veo a mí mismo como absolutamente digno del infierno, entonces estoy dispuesto a entender esa magnanimidad de la gracia de Dios. Este es sin duda la forma en que será cuando, en presencia de Dios, finalmente veamos claramente.

Por lo tanto, si usted se encuentra todavía muy preocupado por la doctrina del infierno más que sorprendido por la salvación de Dios, pídale a Dios que le ayude a entender más acerca de su propia maldad y la sublime gracia que lo salvo.

6. Es injusto para aquellos de nosotros que hemos escuchado no hacer nada.

Yo estaba en la universidad cuando me enteré de lo que la doctrina del infierno significaba personalmente. Mientras leía los primeros capítulos de Romanos, cobró vida para mí que todos fueron condenados, pero que la salvación es sólo a través de Cristo. Supe en ese momento que tenía tres opciones:

Yo podía negarlo, lo cual hacen muchos cristianos. Cambian la Biblia para adaptarse a sus preferencias. Yo entiendo por qué es tan popular, porque haría tantas cosas más fáciles. Yo simpatizo con los que piensan de esta manera. Pero tendría que ignorar mucho de la Biblia para hacer esto.

Yo podía ignorarlo, que es probablemente la respuesta cristiana más común hoy en día. Tal vez usted está de acuerdo en la teoría de que el infierno es real, pero se vive como si no fuera una realidad. Así que no hace casi nada para llegar a sus amigos, sus vecinos, su familia, o los de todo el mundo. Pero parafraseando a Martin Lutero, ignorar a sabiendas la verdad no es correcto ni saludable.

O podía creer y aceptarlo. Podría decir, como Isaías, como Pablo, como los misioneros a través de los siglos: “Aquí estoy, Señor. Envíame a mi.”

Charles Spurgeon una vez que se le pidió su opinión acerca de los que nunca habían oído hablar de Jesús o el evangelio. Su punzante respuesta suena verdad hoy: “¿Cómo pueden ser salvos sin haber escuchado acerca de Jesús? Más bien deberíamos preguntarnos, ¿cómo podemos ser salvos si no hacemos nada para llevar el evangelio a ellos?

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La Doctrina del Infierno: Exclusividad Religiosa

La Doctrina del Infierno: Exclusividad Religiosa

Por J.D. Greear

lac-de-feu

Este es el tercero de una serie de cinco capítulos sobre la doctrina del infierno. Haga clic aquí para ver la primera parte y la segunda parte .

En estrecha relación con la doctrina del infierno es la idea de la exclusividad religiosa: como cristianos, creemos que la única manera de ser salvo es por la fe consciente en Jesús. Esto es, por supuesto, una posición terriblemente impopular, y de la que escucho objeciones a casi a diario. Aquí están mis intentos de responder a algunas de esas objeciones.

1. “La religión es una cuestión de preferencia personal.”

Immanuel Kant, el padre de la filosofía moderna, dijo que las religiones son subjetivamente útiles pero no objetivamente ciertas. Muchas personas hoy en día ven las cosas de esta manera. Nuestras decisiones religiosas son sólo preferencias, y no pueden ser juzgados “correctas” o “incorrectas”. Es como, ¿Pepsi o Coca-Cola? ¿Waffle House o IHOP?

El problema con esto es que el cristianismo se basa en la reivindicación histórica de que Jesús resucitó de entre los muertos. Sea o no que en realidad sucedió hace toda la diferencia en el mundo. Si Jesús resucitó de entre los muertos, la religión ya no se trata de preferencias personales, de las cuales las creencias se sienten cálidas y tiernas por la noche. Ya sea que un poder verdadero resucitó a Jesús de la tumba o no lo hizo.

Si Jesús resucitó de entre los muertos, entonces se establece el cauce para la salvación. Así que la pregunta es: “¿Crees que Jesús resucitó de entre los muertos?” Si es así, ¿estás dispuesto a dejar que Él haga las reglas acerca de la salvación?

2. “Esto no suena muy tolerante.”

Hubo un momento en que la “tolerancia” fue un término útil. Eso significaba que yo era libre de creer firmemente en algo, usted era libre de creer en algo contrario, y podríamos expresar nuestras diferencias sin la amenaza de violencia. Se entendía que sólo podía ser tolerante con alguien cuando se admitía desde el principio que no estaba de acuerdo.

La situación ha cambiado ahora. La tolerancia hoy se utiliza para evitar que cualquier persona haga afirmaciones absolutas de cualquier tipo. En lugar de limitarse a reconocer la existencia de diferentes puntos de vista, la tolerancia contemporánea intenta decir que cada punto de vista es valioso por sí mismo y que ninguno es mejor que el otro. La ironía en esto, como muchos han señalado , es que esta visión de la tolerancia es inherentemente intolerante, mucho más restrictiva que si simplemente declaramos nuestra creencias claramente y reconocemos las diferencias entre ellos.

A la luz de esto, yo prefiero el término libertad de tolerancia. Por libertad, quiero decir que creo en el derecho de la gente a estar en desacuerdo conmigo, el uso más tradicional de la palabra “tolerancia.” Daría mi vida para preservar ese derecho, y no quiero volver a ver a las personas forzadas a “creer” lo que creo. Pero queremos libertad para todos, y eso incluye la libertad para comunicar el mensaje que creemos es dado por Dios.

Usted probablemente ha escuchado la analogía comparando las religiones a un elefante. Varios hombres ciegos vienen sobre un elefante, y tratan de describir lo que encuentran. El que toca la trompa dice: “Es como una serpiente.” El que toca las orejeas dice: “Es como un gran abanico.” El que toca la pierna, dice: “Es como un árbol.” El punto es que la religión es como esto, también: ninguno de nosotros ve el cuadro completo, por lo que cuando escuchamos una opinión diferente, no debe ser tan arrogante como para decir que es un error. Todo el mundo sólo ve una parte del cuadro.

Hay un gran problema con esta analogía, sin embargo: ¿Quién ve a todo el elefante? La persona que cuenta la historia! Así es como él sabe que estamos todos equivocados. De hecho, él está haciendo lo mismo que él no nos dejará hacer! El está de pie encima de nosotros con una visión completa de la verdad, mientras que nos dicen que no se nos permite hacer afirmaciones sobre la verdad.

Los cristianos reconocen que no pudieron averiguar la verdad por sí mismos. En cierto sentido, todos nosotros somos como los ciegos que intentan entender el elefante. Pero los cristianos afirman que el que ve todo el panorama bajó y lo reveló a nosotros. Es como si el elefante habló! Todo lo que podíamos hacer es creerlo. ¿Cómo te jactas de algo que te fue revelado, porque no eras lo suficientemente inteligente como para entenderlo?

Algunos cristianos podrían ser sacudidos al respecto, y no deberían.. Pero creer que Jesús es quien dijo que era no es arrogante. En realidad es bastante humilde, ya que estamos dejando a un lado nuestras preferencias por una verdad revelada.

3. “Esto suena como fundamentalismo odioso.”

Hay una gran cantidad de personas que usan el nombre “cristiano” que son odiosos y arrogantes. Pero nadie que verdaderamente entiende la salvación actuaría de esta manera, porque aquellos que han sido salvados del infierno tendrían un profundo sentimiento de gratitud por que Dios les ha salvado de esto. Las vidas tocadas por el evangelio se caracterizan por la humildad. Dan a conocer a Cristo, no a través de sermones de enojo, sino amando y sirviendo a los demás, mostrando el amor y la generosidad de la cruz.

Al mismo tiempo, Jesús habló más sobre el infierno que cualquier otra persona en la Biblia. Habló de ello porque nos amó, porque era una realidad de la que quería salvarnos. Sé que la idea del infierno es terrible de pensar, pero si el infierno es real, y sabemos de la manera de escapar de ello, ¿cuán cruel sería no decir nada?

4. “¿Qué pasa con aquellos que nunca han escuchado?”

Tal vez el problema más preocupante en relación con el infierno y la exclusividad de Cristo tiene que ver con aquellos que nunca han escuchado el evangelio. Este es un tema tan importante que estoy apartando todo un ‘artículo’ posterior para tratar específicamente este punto.. Manténgase en sintonía.

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La Doctrina del Infierno: Un Problema Apologético

La Doctrina del Infierno: Un Problema Apologético

Por J.D. Greear

lac-de-feu

Este es el segundo de una serie de cinco capítulos sobre la doctrina del infierno. Haga clic aquí para ver la primera parte .

Para muchas personas, la doctrina del infierno se presenta un problema apologético para los cristianos. Los escépticos dicen que la creencia en el infierno es “moralmente reprobable” y que la doctrina del infierno hace a Dios “un monstruo moral barbarie, el peor ser que jamás haya existido.”

Las objeciones son graves –y en voz alta proclamada por la mayor parte de nuestra sociedad. Tenemos que tener una respuesta preparada. A continuación se presentan algunas de las objeciones más comunes apologéticas que me he encontrado.

1. Objeción: Dios es demasiado amoroso para enviar a alguien al infierno.

Eliminar el infierno en realidad lo convierte en un punto de vista muy estrecho del amor de Dios. Imagine que un abusador de niños viniese a nuestra iglesia y le dijera: “Hermano, le amamos y le aceptamos. Por favor trabaje en nuestro ministerio niños!” Eso no es amar, o si lo es, este es un amor de una manera muy estrecha y poco saludable.

El cómo nos sentimos acerca de los abusadores de menores es, de una manera pequeña, como siente Dios acerca de nuestro pecado. Las buenas obras en una postura general de rebelión son repugnantes para él, al igual que lo sería para nosotros ver un pederasta dando propina a un botones para molestar a nuestros hijos. Simplemente no entendemos “la pecaminosidad del pecado,” como los puritanos solían decir. Que seres humanos pecadores entren en la presencia de Dios sería como un papel de seda tocando la superficie del sol.

Si Dios nos dejara entrar al cielo como somos, haríamos del cielo el desorden en que el mundo está. Toda la injusticia en el mundo es el resultado de nuestro pecado. Amamos el mal. Rechazamos la autoridad de Dios, lo que equivale a traición cósmica. Somos idólatras que nos colocamos en el centro, y no a Dios.

El pecado es como un cáncer, comiendo las entrañas de la raza humana. Ningún paciente quiere un médico que es tolerante de su cáncer, sino que queremos un médico que lo odie. Ni puede Dios amorosamente aceptarnos en nuestra condición pecaminosa. Él nos ama demasiado como para permitir que las cosas que destruyen prosperen. Pero él también ama su gloria demasiado para permitirnos pisotearla. En nuestra celebración del amor de Dios, no debemos olvidar nunca el rayo de su gloria.

2. Objeción: El infierno es un castigo demasiado extremo por el crimen.

He escuchado personas objetando mucho: “La idea del infierno es injusta. Un pecado finito, seguido de un castigo infinito? Eso simplemente no es justo.” Lo que a menudo no comprendemos es que nuestro pecado fue contra un Dios infinito, y la justicia requiere un castigo infinito. El infierno es una declaración muy clara para nosotros acerca de la grandeza y la majestad de Dios. Muchos teólogos piensan que están haciendo un favor a Dios al disminuir el infierno, pero lo que están haciendo es disminuir la grandeza de Dios.

Creemos que el infierno es grave porque no pensamos que pisotear la gloria de Dios es gran cosa. Creemos que la gran cosa en el universo somos nosotros. Sé que esto es terriblemente ofensivo para nosotros como seres humanos que piensan que el universo es todo acerca de nosotros. No lo es. Toda esta creación es un teatro al único verdadero, bueno y todopoderoso Dios. Él es la gran cosa en el universo y todo funciona para su gloria. El infierno mismo es un monumento permanente a la grandeza de su nombre.

3. Objeción: Soy básicamente una persona decente.

Una de las razones por las que creo que a menudo reaccionamos con tanta fuerza en contra de la idea de que Dios permite que algunas personas vayan al infierno es que en realidad no creemos que nosotros somos dignos del infierno. Cuanto más estamos convencidos de nuestra propia justicia, más nos preocupa la cuestión de la justicia de Dios.

He encontrado, sin embargo, que cuanto más tengo la sensación de la soga del juicio de Dios justamente alrededor de mi propio cuello, más estoy asombrado de la grandeza de la misericordia de Dios en vez de la gravedad de su justicia. La cruz es el veredicto de Dios sobre el pecado de la humanidad. Sólo cuando por primera vez me veo a mí mismo como absolutamente digno del infierno, entonces estoy listo para entender la magnanimidad de la gracia de Dios.

Sólo cuando nos vemos a nosotros mismos como dignos del infierno podemos ver cuán gloriosa es la cruz, que era la imagen más clara de la majestuosa grandeza de Dios y el amor que llega hasta lo más profundo de nuestra maldad depravada. La mayoría de los cristianos no lloran en la cruz, ya que en realidad no sienten el veredicto de Dios de la condenación de sus almas.

4. Al final, la sabiduría de Dios está por encima de la nuestra.

Si Dios es real, el es infinito en poder y sabiduría. Piense acerca de cómo el poder del gran Dios está por encima nuestro. ¡El llamó a los mundos a la existencia, y creó las nebulosas y los planetas y las estrellas y las complejidades del átomo, todo esto con sólo una palabra! En una cadena de ADN se codifica la información suficiente para llenar 500 juegos de la Enciclopedia Británica. Usted y yo tenemos problemas para conseguir nuestro reproductor de DVD que funcione bien con nuestra caja de cable!

Ahora, si la sabiduría de Dios también es infinita, eso significa que su sabiduría es tan alta por encima de la suya como de su poder está por encima del suyo. ¿No tiene sentido que un montón de cosas acerca de él puede no tener sentido para usted?

Una de las razones que la gente en nuestra cultura tienen problemas para creer en Dios es porque se habla de él con tan poco una sensación de asombro y admiración ante su majestad. Charles Misner, uno de los estudiantes de Einstein, escribió una vez acerca de la falta de interés de Einstein en la religión:

“El diseño del universo es muy magnífico y no debe darse por sentado. De hecho, creo que es por eso que Einstein tenía tan poca utilidad para las religiones organizadas, aunque me pareció básicamente un hombre muy religioso. Einstein debe haber visto lo que dijo el predicador sobre Dios y sentía que estaban blasfemando! Había visto más majestuosidad de lo que jamás había imaginado en la creación del universo y sintió que el Dios del que estaban hablando no podría haber sido algo real. Mi conjetura es que él simplemente sentía que las iglesias que él había encontrado no tenían el debido respeto por el autor del Universo.”

El punto aquí no es que no se dan las respuestas a las preguntas difíciles, o que no hay que buscarlas. Si se dan y deberíamos.. Pero muchas de nuestras preguntas apologéticas podrían desaparecer si alguna vez reconocemos lo grande que es Dios. Llega un punto en que la boca debe detenerse y la rodilla debe doblarse.

 

Haga clic aquí para ver la primera parte y la segunda parte .

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La Doctrina del Infierno

La Doctrina del Infierno

Por J.D. Greear

lac-de-feuEste es el primero de una serie de cinco capítulos sobre la doctrina del infierno.

En cuanto el infierno, CS Lewis escribió una vez: “No hay ninguna doctrina que quisiera eliminar más del cristianismo que esta, si estuviese en mi poder.”[1] En muchos aspectos, estoy de acuerdo con él. Nadie, incluidos los cristianos, debería gustarle la idea del infierno. Durante años he sentido que si usted fuera a darme una Biblia, una goma de borrar divina, y diez minutos, sacaría el infierno de la Biblia.

Aquellos de nosotros que creemos en el infierno no somos sádicos que disfrutan de la idea del sufrimiento eterno. De hecho, pensar en personas que conozco que están fuera de Cristo pasando la eternidad en el infierno es desgarrador. Cuando era un joven cristiano, cuando empecé a aprender sobre el infierno y sus implicaciones, casi pierdo mi fe. Fue inquietante.

El infierno es una realidad difícil, pero es algo que la Biblia enseña, y nosotros no podemos comprender plenamente a Dios y su mundo a menos que lidiamos con ello.

1. El infierno es lo que el infierno es porque Dios es quien Dios es.

La gente habla con ligereza de “ver a Dios”, como si ver a Dios cara a cara sería una experiencia cálida difusa. Pero la Biblia explica que la santidad y la perfección de Dios son tan completas que si alguien fuera a verlo, morirían (Éxodo 33:20). Incluso el más mínimo pecado en Su presencia conduce a la aniquilación inmediata. Cuando Isaías, el profeta de Dios, vio a Dios en Su trono, se postró sobre su rostro, aterrorizado y seguro de que estaba a punto de morir (Isaías 6:5).

Sé que en los últimos días la doctrina del infierno ha caído enormemente en desgracia. Pero está ahí por una razón. Dios nos dice acerca del infierno para demostrarnos la magnitud de Su santidad. El infierno es lo que el infierno es porque la santidad de Dios es lo que es. El infierno no es un grado más caliente de lo que nuestro pecado exige que sea. El infierno debe hacer que nuestras bocas se queden boquiabiertas ante la justicia y la santidad justa de Dios. Debe hacernos temblar ante Su majestad y grandeza.

Irónicamente, eliminar el infierno, usted elimina los mismos recursos que algunos necesitan creer. Cuando una persona pasa por violación o abuso de menores, lo que necesitan saber es que hay un Dios de tal santidad y belleza que Su reinado puede tolerar nada de eso.

2. Jesús habló acerca del infierno más que nadie en la Escritura.

Algunas personas tratan de evitar la idea del infierno diciendo: “Bueno, el infierno, eso era el Dios del Antiguo Testamento, antes cuando estaba en Sus años de secundaria y de mal humor. Pero cuando Dios maduró en el Nuevo Testamento con Jesús –manso y humilde Jesús – él era todo sobre el amor y la compasión “.

El problema con esto es que al iniciar la lectura de los evangelios, te encuentra que Jesús habla acerca del infierno más que nadie. De hecho, si se cuentan los versículos, Jesús habló más sobre el infierno que sobre el cielo. Uno de los escépticos más famosos de la historia, Bertrand Russell, dijo en su libro, Porque Yo No Soy Cristiano, que la enseñanza de Jesús sobre el infierno era “el único defecto profundo en el carácter de Cristo.” Si queremos evitar la idea del infierno, no podemos ignorar el problema centrándonos sólo en el “manso y tierno Jesús.”

3. La realidad del infierno nos muestra el alcance del amor de Dios al salvarnos.

¿Por qué Jesús habló acerca del infierno más que nadie en la Biblia? Porque él quería que viéramos lo que iba a soportar en la cruz en nuestro lugar. En la cruz, el castigo de Jesús era apenas descriptible: este remanente de hombre ensangrentado y desfigurado se le dio una cruz usada reciclada, probablemente cubierto de sangre, heces y orina de los otros hombres que la habían usado previamente. Colgado allí en un inmenso dolor, lentamente asfixiado hasta la muerte.

La peor parte fue la separación del Padre que Jesús sintió, una separación que era el mismo infierno. “Dios mío, Dios mío,” exclamó, “¿Por qué me has abandonado” (Mateo 27:46)? En todo esto, Jesús estaba tomando el infierno de nuestro pecado en Su cuerpo.

Las personas a menudo sienten que el infierno es un gran mancha en el amor de Dios. La Biblia lo presenta como lo contrario. El Infierno nos magnifica el amor de Dios al mostrarnos hasta qué punto Dios fue, y lo mucho que tuvo que pasar, para salvarnos.

4. La gente es eterna.

CS Lewis observó una vez que el infierno es una conclusión necesaria de la creencia cristiana de que los seres humanos fueron creados para vivir para siempre. Como él mismo dijo:

“El cristianismo afirma que cada ser humano individual va a vivir para siempre, y esto debe ser verdadero o falso. Ahora bien, hay un buen número de cosas que no valdría la pena preocuparse si vas a vivir sólo setenta años, pero lo que me habían de preocuparme muy seriamente es si voy a vivir para siempre. Tal vez mi mal carácter o mis celos están empeorando poco a poco-tan gradualmente que el aumento en setenta años, no va a ser muy notable. Pero podría ser un infierno en un millón de años, de hecho, si el cristianismo es verdadero, el Infierno es el término técnico precisamente correcto para lo que sería.”[2]

En otros lugares Lewis dijo:

“El infierno…. Esto empieza con un talante quejumbroso, pero aún eres distinto de la queja; quizás incluso la criticas. En una hora oscura puede que la abraces. Pero te arrepientes y sales de ella. Puede llegar el día, sin embargo, en que ya no puedas hacerlo. Entonces ya no quedará un tú capaz de criticar ese estado de ánimo, ni siquiera capaz de gozarlo; y sólo quedará la queja misma funcionando para siempre como una máquina.”[3]

5. En cierto sentido, Dios no envía a nadie al infierno; nosotros mismos nos enviamos.

El infierno es la culminación de decirle a Dios que “salga.” Sigues diciendo a Dios que te deje en paz, y, finalmente, Dios dice “OK.” Es por eso que la Biblia describe como la oscuridad: Dios es luz, y Su ausencia es oscuridad. Ahora, en este momento en la tierra experimentamos la luz, cosas como el amor, la amistad, y la belleza de la creación. Estos son todos remanentes de la luz de la presencia de Dios. Pero cuando le dices a Dios que no le quiere como Señor y centro de su vida, con el tiempo usted consigue su deseo, y con Dios se van todos Sus dones.

Tenemos dos opciones: vivir con Dios, o vivir sin Si usted dice: “Yo no quiero la autoridad de Dios. Yo preferiría vivir para mí mismo “, eso es lo que es el infierno. CS Lewis lo expresó de esta manera:

“A la larga, la respuesta a todos aquellos quienes objetan la doctrina del infierno, es en sí una pregunta: ¿Qué le está pidiendo a Dios que haga?…¿Qué los perdone? Ellos no quieren ser perdonados. ¿Que los deje solos? ¡Ay!, me temo que eso es lo que Él hace… En última instancia sólo hay dos tipos de personas: los que dicen a Dios “hágase tu voluntad” y aquellos a quienes Dios dirá, al fin, “hágase tu voluntad.” [4]

6. En otro sentido, Dios envía a la gente al infierno, y todos sus caminos son verdad, todos justos.

Podemos estar tentados a enfurecernos con Dios y corregirlo. Pero ¿cómo podemos criticar a Dios? Como dice Pablo en Romanos, ¿quiénes somos nosotros –como meros trozos de arcilla –responder de nuevo a la divina Alfarero?

Tenemos que darnos cuenta de que no somos más misericordiosos que Dios. Isaías nos recuerda que todos los que están actualmente “estaban enojados con él” llegarán ante él en el último día y serán avergonzados, no reivindicado (Isaías 45:24), porque entonces se darán cuenta de cuan perfectos son los caminos de Dios. Cada vez que Dios se compara con un homólogo humano de la Escritura, Dios es el más piadoso de ambos. Cada vez.

Cuando miramos hacia atrás en nuestras vidas, desde la eternidad, lo que nos va a sorprender no es la severidad de su justicia, sino la magnanimidad de su misericordia.

7. No es suficiente que Dios nos saque del infierno, sino que debe alejar el infierno fuera de nosotros.

Algunas personas ven un problema al usar el infierno como una manera de forzar a la gente a someterse al cristianismo. Es como si Dios está diciendo: “Sírveme o ya sabes!” Y eso parece manipulador. Puede que te sorprenda, pero Dios está de acuerdo.

Si las personas se convierten a Dios simplemente porque tienen miedo, o porque Dios ha hecho alguna gran señal milagrosa (cf. Lucas 16:31), podrían someterse, pero no iba a cambiar su actitud de corazón hacia Dios. Si usted acepta a Jesús sólo para “salir del infierno”, entonces usted odiaría estar en el cielo, porque el cielo es sólo agradable para aquellos que aman y confían en Dios. Si usted no ama el Padre, entonces vivir en la casa del Padre se siente como la esclavitud. Sería como lo obligarlo a casarse con alguien que no quería casarse. La única manera de que disfrutará el cielo es cuando se aprende a amar y confiar en Dios de nuevo.

Sólo una experiencia del amor de Dios puede reorganizar la estructura fundamental de su corazón para crear un amor y confianza en Dios. No es suficiente que Dios nos saque del infierno, sino que debe tomar infierno fuera de nosotros.


[1] CS Lewis, “Hell,” Problem of Pain .

[2] CS Lewis, Mere Christianity , 74.

[3] CS Lewis, The Great Divorce, 77–78.

[4] CS Lewis, The Problem of Pain, “Hell,” 116 and The Great Divorce , 69.

 

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