La
Biblia es un libro que documenta la actividad de Dios no la del hombre. No es
la historia del hombre en su búsqueda de Dios y su esfuerzo por encontrarle; es
exactamente lo contrario.
Mientras que quienes no son
cristianos no están interesados en las cosas espirituales, el cristiano sí lo
está. Al mundo no le interesan lo más mínimo las cuestiones del alma y evita
considerarlas. El mundo está espiritualmente muerto, muerto en delitos y
pecados, y considera que las cosas espirituales son un soberano aburrimiento.
Quiere disfrutar del mundo, de los trofeos deslumbrantes que este le ofrece.
Pero el cristiano ha recibido vida espiritual. Le preocupan grandemente las
cuestiones del alma, ocupan el primer lugar en su vida y en todo su
pensamiento. ¿Cómo ha sucedido esto, pues? Es el poder de Dios que ha
descendido sobre él: “Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en
vuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1).
En sus exposiciones
sobre el Sermón del monte, el querido predicador evangélico Dr. Martyn
Lloyd-Jones (1899-1981) tomó tiempo para instruir a su congregación en Londres
sobre el peligro de los falsos profetas.
1. Avivamiento, por encima de todo lo demás, es una glorificación del Señor Jesucristo, el Hijo de Dios. Es la restauración de él para el centro de la vida de la Iglesia.
1. Hay que admitir que muchos de nosotros, que estamos tan ocupados con nosotros mismos y nuestros propios problemas personales, y dificultades, y se habla mucho de todo, pero nunca nos detenemos por un momento para mirar a la Iglesia de manera objetiva, para verla y comenzar a llorar a causa de su condición.
1. La verdadera oración, no una mera expresión informal de nuestro deseo, no es algo superficial y poco entusiasta. La verdadera oración significa agarrar a Dios y no dejarlo ir.
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