– La predicación que no tiene el aroma de la grandeza de Dios podrá entretener por un tiempo, más no calmará el grito del alma que clama: “Muéstrame tu Gloria”
Mientras que quienes no son
cristianos no están interesados en las cosas espirituales, el cristiano sí lo
está. Al mundo no le interesan lo más mínimo las cuestiones del alma y evita
considerarlas. El mundo está espiritualmente muerto, muerto en delitos y
pecados, y considera que las cosas espirituales son un soberano aburrimiento.
Quiere disfrutar del mundo, de los trofeos deslumbrantes que este le ofrece.
Pero el cristiano ha recibido vida espiritual. Le preocupan grandemente las
cuestiones del alma, ocupan el primer lugar en su vida y en todo su
pensamiento. ¿Cómo ha sucedido esto, pues? Es el poder de Dios que ha
descendido sobre él: “Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en
vuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1).
«Confiad en el SEÑOR para siempre, porque en DIOS el SEÑOR tenemos una Roca eterna». Isaías 26:4 (LBLA)
Ya que contamos con un Dios así en quien confiar, descansemos en él de forma absoluta. Eliminemos resueltamente toda nuestra incredulidad y esforcémonos por librarnos de dudas y temores, que tanto perjudican nuestro bienestar, ya que si Dios es la base de nuestra confianza no tenemos excusa alguna para temer.
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