Soldado de Jesucristo

Soli Deo Gloria

By

Predicando la Ira de Dios

Steve Lawson

Por Steven Lawson

El ginebrino Reformador Juan Calvino dijo: “La predicación es la exposición pública de las Escrituras por el hombre enviado de Dios, en la que Dios mismo está presente en juicio y en gracia.” Ministerio Fiel del púlpito requiere una declaración de juicio y gracia. La Palabra de Dios es una espada aguda de dos filos, que suaviza y endurece, consuela y aflige, salva y reprende.

La predicación de la ira divina sirve como el telón de fondo de terciopelo negro que hace que el diamante de la misericordia de Dios brille más que diez mil soles. Es sobre la tela oscura de la ira divina que el esplendor de su gracia salvadora irradia más plenamente. Predicar la ira de Dios presenta más brillantemente Su bondadosa misericordia hacia los pecadores.

Al igual que los trompetistas del muro de un castillo advirtiendo del desastre que se avecina, los predicadores deben proclamar todo el consejo de Dios. Los que ocupan los púlpitos deben predicar todo el cuerpo de la verdad en las Escrituras, que incluye tanto la ira y el amor soberano supremo. Ellos no pueden escoger y elegir lo que quieren predicar. Abordar a la ira de Dios nunca es opcional para un fiel predicador es un mandato divino.

Trágicamente, la predicación que se ocupa del inminente juicio de Dios está ausente de muchos púlpitos contemporáneos. Los predicadores se han vuelto apologéticos en cuanto a la ira de Dios, si no del todo silenciosos. Con el fin de magnificar el amor de Dios, muchos sostienen, el predicador debe restar importancia a Su ira. Pero omitir la ira de Dios es ocultar su amor asombroso. Por extraño que parezca, es despiadado retener la declaración de la venganza divina.

¿Por qué predicar la ira divina es tan necesaria? En primer lugar, el carácter santo de Dios lo exige. Una parte esencial de la perfección moral de Dios es su odio al pecado. AW Pink afirma, “La ira de Dios es la santidad de Dios actuando contra el pecado.” Dios es “fuego consumidor” (Heb. 12:29) que “airado cada día” (Salmo 7:11) con los impíos. Dios “aborrece la maldad” (45:7) y se enoja hacia todo lo que es contrario a Su carácter perfecto. Él, por lo tanto, “destruirá” (5:6) a los pecadores en el Día del Juicio.

Todo predicador debe declarar la ira de Dios o marginar a Su santidad, amor y justicia. Porque Dios es santo, Él está separado de todo pecado y totalmente opuesto a todo pecador. Debido a que Dios es amor, Él se deleita en la pureza y debe, por necesidad, odiar todo lo que no es santo. Debido a que Dios es justo, Él debe castigar el pecado que viola Su santidad.

En segundo lugar, el ministerio de los profetas lo exige. Los profetas de la antigüedad con frecuencia proclamaron que sus oyentes, a causa de su maldad continua, fueron atesorando para sí la ira de Dios (Jer.4:4). En el Antiguo Testamento, más de veinte palabras se utilizan para describir la ira de Dios, y estas palabras se utilizan en sus diversas formas de un total de 580 veces. Una y otra vez, los profetas hablaron con imágenes vivas para describir la ira de Dios desatada sobre la maldad. El último de los profetas, Juan el Bautista, habló de “la ira venidera” (Mateo 3:7). Desde Moisés hasta el precursor de Cristo, había una tensión continua de advertencia a los impenitentes de la furia divina que le esperaba.

En tercer lugar, la predicación de Cristo lo exige. Irónicamente, Jesús tenía más que decir acerca de la ira divina que nadie en la Biblia. Nuestro Señor habló acerca de la ira de Dios más de lo que Él habló del amor de Dios. Jesús advirtió acerca de “infierno de fuego” (Mateo 5:22) y “destrucción” eterna (7:13) donde hay “lloro y crujir de dientes” (8:12). En pocas palabras, Jesús era un predicador del fuego del infierno y la condenación. Los hombres en los púlpitos harían bien en seguir el ejemplo de Cristo en su predicación.

En cuarto lugar, la gloria de la cruz lo exige. Cristo sufrió la ira de Dios por todos los que lo invocan. Si no hay ira divina, no hay necesidad de la cruz, y mucho menos para la salvación de las almas perdidas. ¿De que tendrían que ser salvados los pecadores? Sólo cuando reconocemos la realidad de la ira de Dios contra los que merecen el juicio que nos encontramos con la cruz de ser una noticia tan gloriosa. Demasiados pulpitos hoy se jactan de tener un ministerio centrado en la cruz, pero rara vez, o nunca, predican la ira divina. Esta es una violación de la propia cruz.

En quinto lugar, la enseñanza de los Apóstoles lo exige. Aquellos directamente encargados por Cristo tenían el mandato de proclamar todo lo que Él había mandado (Mateo 28:20). Para ello es necesario proclamar la justa indignación de Dios hacia los pecadores. El apóstol Pablo advierte a los no creyentes de la “Dios expresa su ira” (Rom. 3:5) y declara que sólo Jesús puede “librarnos de la ira venidera” (1 Tes. 1:10). Pedro escribe sobre “el día del juicio y de la destrucción de los impíos” (2 Ped. 3:7). Judas aborda el “castigo del fuego eterno” (Judas 7). Juan describe “la ira del Cordero” (Apocalipsis 6:16). Es evidente que los escritores del Nuevo Testamento reconocieron la necesidad de predicar la ira de Dios.

Los predicadores no deben retroceder ante la proclamación de la justa ira de Dios hacia los pecadores merecedores del infierno. Dios ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia (Hechos 17:31). Ese día se avecina en el horizonte. Al igual que los profetas y apóstoles, y hasta el mismo Cristo, también nosotros debemos advertir a los incrédulos de este próximo día terrible y obligarlos a huir a Cristo, el único que es poderoso para salvar.

 

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...

By

La teología de Spurgeon La teología del príncipe de los predicadores resumida en diez puntos.

Charles Spurgeon

Charles Spurgeon

Por  Will Graham

Hace 160 años, el querido predicador protestante Charles Spurgeon acabó de completar su Catecismo. Basándose en el Catecismo breve de Westminster (1648), la Confesión de fe bautista de Londres (1689) y el Catecismo bautista (1693), el celebrado pastor redactó su propio catecismo para su iglesia local. En su catecismo, resumió las enseñanzas clave de la fe cristiana y animó a sus ovejas a que lo aprendiesen de memoria. En total, tiene ochenta y dos preguntas y respuestas. Se tratan de los asuntos no negociables de la fe y representan el meollo de la teología del maestro inglés. Hoy, vamos a resumir las ochenta y dos respuestas en los siguientes diez puntos:

Read More

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...

By

5 peligros de una vida centrada en el evangelio

Por Steven Morales

Estar centrado en el evangelio es una postura peligrosa y exigente. Requiere mucho, o, mejor dicho, requiere todo de ti. Si no tienes cuidado, puede asumir control total de tu vida. Después de abrazar la centralidad del evangelio en tu vida, no puedes seguir siendo el mismo, no puedes seguir usando las mismas excusas, y no puedes seguir viendo a Dios ni a Su Palabra de la misma manera. Aquí hay cinco consecuencias peligrosas de una vida centrada en el evangelio.

1. Estar centrado en el evangelio significa que tu vida no se trata de ti.

A cualquier cosa a la que dedicas tu vida, ese es el objeto de tu adoración, ya sea el dinero, o el confort, o tu familia, o aun el ministerio. Los humanos —y eso incluye a los cristianos—podemos convertir cualquier cosa en un ídolo (Rom. 1:22–23). No tienen que ser cosas pecaminosas en sí, pero si no las colocas en el lugar que les corresponde, entonces terminarán tomando el lugar que le pertenece a Dios: terminarán siendo ídolos.

Estar centrado en el evangelio significa rendir tus prioridades, agendas, valores, presupuestos, ideas, derechos, hijos, amistades, y emociones a la causa de Cristo. Significa atesorar a Cristo más que esas cosas. Nunca puedes decir, “¿Y qué gano yo en esto?”, “¡Yo merezco mejor!”, o “¿Acaso no saben quién soy?”. Más bien, miras al evangelio y sientes el gozo de saber lo que Cristo ha hecho por ti y lo que ahora está haciendo en ti. Sigues a Cristo a través de amar y servir a los demás con humildad y paciencia. Estar centrado en el evangelio es peligroso porque significa rendir tu vida en servicio de otros, porque Cristo hizo lo mismo por ti. Recuerda, ustedes no se pertenecen a sí mismos… han sido comprados por un precio” (1 Cor. 6:19-2).

2. Estar centrado en el evangelio significa que la Biblia no se trata de ti.

Si bien la Biblia tiene su porción de instrucciones, y sin duda tiene algo que decir sobre cómo debemos vivir, la Biblia no se trata de ti o de mí. Se trata de Cristo. Preguntas como “¿Qué dice este pasaje acerca de mí?”, “¿Qué figura me representa mí o a mi situación actual?”, “¿Qué necesito hacer para que las cosas mejoren en mi vida?”, no son malas preguntas, pero quizás nuestra motivación o perspectiva detrás de ellas estén un poco fuera de lugar.

La historia de David y Goliat (1 Sam. 17) es un ejemplo clásico de esto. Un enfoque centrado en el hombre de esta historia ve cómo David venció a Goliat y llega a la conclusión de que con el fin de derrotar a los gigantes en mi propia vida (el pecado, la deuda financiera, relaciones difíciles, etc.), tengo que tener la suficiente fe en Dios para recoger las piedras que Dios me ha dado y enfrentarme a ellos. Pero al entender esta historia a través de una perspectiva centrada en Cristo, percibimos que no somos nada como David en esta circunstancia. De hecho, cuando el pecado llega a nuestra puerta, somos más como los israelitas, escondidos en su campamento y aterrorizados de Goliat. Pero al igual que los israelitas tuvieron a David, un representante que combatió en su lugar, nosotros tenemos a Jesucristo, el Hijo de David, que es nuestro mediador y ha vencido el pecado en nuestro lugar. La Biblia no es un manual de instrucciones sobre nosotros y lo que debemos hacer: es una narración histórica redentora de Jesús y lo que Él ha hecho por nosotros.

3. Estar centrado en el evangelio significa que tus motivaciones no se tratan de ti.

Es muy fácil para nosotros afirmar la centralidad del evangelio (¡todo se trata de Jesús!) y a la misma vez vivir como legalistas en la práctica. Hay una real pero dañina tentación de predicar a Cristo, pero en el momento de aplicar el texto, no centrarnos en el evangelio sino en los esfuerzos humanos o los resultados de nuestros esfuerzos (cp. Gál.3:1-13).

Si tu motivación principal para aceptar el evangelio o para obedecer a Dios es algo más que seguir Cristo —que se muestra en un crecimiento progresivo en la semejanza de Cristo y en un gozo cada vez mayor en las verdades del evangelio— es muy posible que estés centrado en otra cosa. La centralidad del evangelio es una postura peligrosa porque exige que examinemos no solo nuestras obras, sino también nuestras motivaciones, incluso al evangelizar. Por tanto, motiva a la gente a aceptar el evangelio porque por ella reciben el tesoro más precioso posible, Jesús.

4. Estar centrado en el evangelio significa que no puedes vivir en soledad.

El evangelio proclama que cuando Cristo te salva, no te salva a para que te conviertas en un cristiano aislado, sino para adoptarte para en una familia. Jesús no murió para salvar a individuos, sino para salvar a un pueblo, una familia, una comunidad. Todo buen padre desea ver amor y unidad entre sus hijos. Como parte de la familia de Cristo, el Padre espera que tengas relación con tus demás hermanos, no que te quedes a solas en tu cuarto (cp. Rom. 15:5-6).

Cuando somos salvos, no solo estamos unidos a Cristo, sino también a cualquier otra persona que se une a Cristo. Esto es un reto maravilloso. Es un reto porque significa que, sin duda, tendremos que unirnos a una familia con personas con que no nos llevamos bien. Pero es maravilloso porque a través de esas relaciones la gloria de Dios se manifiesta cuando las personas que son enemigos naturales se unen en comunión para adorar a su máximo común denominador, Jesús.

5. Estar centrado en el evangelio significa que debes trabajar muy duro.

Algunos piensan que estar centrado en el evangelio significa enfocarse solo en lo que Jesús hizo por nosotros, e ignorar lo que Él nos ha mandado hacer. Eso es incorrecto. Estar centrado en el evangelio no significa centrarse solo en las partes que hablan de Jesús o la cruz, ignorando lo demás. Significa estudiar todo el consejo de la Escritura, pero con el lente correcto. Con el fin de entender la Biblia, tenemos que tener nuestras prioridades en orden (1 Cor. 15:3) y al hacer eso, podremos ver con claridad cómo todo lo demás cae en su lugar alrededor del evangelio.

El evangelio puede ser un indicativo, pero la Biblia también está llena de imperativos. Al centrarte en el evangelio, no debes ignorar los mandamientos de Dios, sino que debes darte cuenta que en realidad no podrías obedecer Sus mandamientos si no fuera por el evangelio. Además, el perdón que el evangelio te ofrece te lleva a no quedarte letárgico o inmovilizado por tu pecado. La centralidad del evangelio es peligrosa porque no deja espacio para ser pasivo o perezoso. Al contrario, te permite y te da el poder para obedecer verdaderamente y caminar en santidad.

– Steven sirve como editor asociado de Coalición por el Evangelio, contactando autores y revisando el contenido original y traducciones. Él vive en Guatemala con su esposa, Gabriela. Actualmente está realizando una Maestría en Divinidad en línea en el Southern Baptist Theological Seminary. Puedes encontrarlo en Twitter.

 

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...

By

¿Cómo conciliamos el hecho de que Dios es soberano con el hecho de que nos ha dado libre albedrío como personas?

pregunta

Por R. C. Sproul.

 No veo problema alguno en reconciliar la soberanía de Dios con el libre albedrío humano mientras entendamos el concepto bíblico de libertad. A los seres humanos se les ha dado la capacidad de tomar decisiones libres, pero nuestra libertad es una libertad limitada. No somos absolutamente libres. Recuerden que Dios les dijo a Adán y a Eva: “Puedes comer libremente del fruto de cualquier árbol del huerto,” pero luego añadió una restricción: “excepto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Si comes de su fruto, sin duda, “morirás.

Ahora bien, Dios es un ser que tiene la capacidad de tomar decisiones libres, y yo soy un ser que tiene  la capacidad de tomar decisiones libres. La diferencia, sin embargo, es que yo no soy soberano. Dios es soberano. Dios tiene más autoridad que yo. Dios tiene el derecho, el poder y la autoridad de hacer lo que le plazca. Yo tengo el poder, la capacidad y la libertad de hacer aquellas cosas que puedo hacer, pero mi libertad jamás puede anular el poder o la autoridad de Dios. Mi libertad está siempre limitada por la libertad superior de Dios. En lo que hay contradicción es entre la soberanía de Dios y la autonomía humana. Autonomía significa que el hombre puede hacer cualquier cosa que desee sin preocuparse de algún juicio procedente de lo alto. Obviamente estas dos cosas son incompatibles, y no creemos que el hombre sea autónomo. Decimos que es libre, pero su libertad está limitada,y estos límites están definidos por la soberanía de Dios. Esta es una analogía simple: en mi casa tengo más libertad que mi hijo. Ambos tenemos libertad,pero la mía es mayor.

 

Tomado del Libro “Buena pregunta” de R. C. Sproul p. 18 -19

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...

By

El conocimiento del Dios santo J.I. Paker (2da parte)

 

  • Si hemos de evitar el entender mal la declaración de Juan, debemos tomarla juntamente con otras dos declaraciones importantes y de forma gramatical exactamente igual que encontramos en otras partes de sus escritos, y ambas, resulta interesante notarlo, tomadas directamente de Cristo. La primera procede del evangelio de Juan. Se trata de las propias palabras de nuestro Señor dirigidas a la mujer samaritana, de que “Dios es espíritu” (Juan 4:24, VM, BJ, etc.; la versión “Dios es un espíritu, es incorrecta). [La RVR tiene “Espíritu” con mayúscula – N. del Trad.] La segunda se encuentra en el comienzo de la epístola donde aparece la de “Dios es amor”. Juan la ofrece como una síntesis del “mensaje que hemos oído de él [Jesús], y os anunciamos”, y es este, que “Dios es luz” (I Juan 1: 5). La afirmación de que Dios es amor tiene que ser interpretada a la luz de lo que estas otras dos afirmaciones nos enseñan,

 

  • Mientras que el hombre, por ser “carne”, sólo puede estar presente en un solo lugar a la vez, Dios, por ser “espíritu”, no está limitado de la misma manera. Dios es inmaterial, incorpóreo, y por lo tanto no está localizado.

 

  • Dios no tiene cuerpo, por lo tanto, como  acabamos de decir, está libre de todas las limitaciones de espacio, y distancia, y es omnipresente. Dios no tiene partes, esto significa que su personalidad, poderes, y cualidades están perfectamente integrados, de tal modo que nada hay en él que pueda sufrir alteraciones.

 

  • Dios está enteramente libre de todas las limitaciones de tiempo y de procesos naturales, y se mantiene eternamente él mismo.

 

  • Solamente  los que “andan en luz”, procurando ser como Dios en santidad y justicia de vida, y evitando todo lo que no sea consecuente con ello, disfrutan de comunión con el Padre y el Hijo; los que “andan en tinieblas”, sea lo que fuere lo que afirman en cuanto a sí mismos, son extraños a dicha relación

 

  • El  Dios que es amor es; primero y principalmente, luz, y las ideas sentimentales de que su amor sea blandura indulgente y benevolente, divorciado de toda norma y consideración morales, debe quedar excluida de entrada. El amor de Dios es un amor santo. El Dios a quien Jesús dio a conocer no es un Dios que sea indiferente a las distinciones morales, sino un Dios que ama la justicia y odia la iniquidad, un Dios cuyo ideal para sus hijos es el de que sean “perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mal. 5:48).

 

  • Dios no recibe a ninguna persona, por ortodoxa que sea en su manera de pensar, que no siga el camino de la santidad en su vida, y a aquellos a los cuales acepta los somete a una drástica disciplina con el fin de que alcancen lo que buscan.

 

  • El amor de Dios es severo, porque es expresión de santidad en el que ama y procura la santidad de aquel a quien ama. La Escritura no nos permite suponer que porque Dios es amor podemos pedirle que conceda felicidad a quienes no buscan la santidad, o que proteja del peligro a los que ama cuando sabe que no necesitan afligirse más por su santificación.

 

  • Es tremendo el qué Dios ame a los pecadores; pero es cierto. Dios ama a seres que se han hecho inmerecedores del amor y que (podríamos pensar) no pueden ser amados. No había, en quienes constituyen el objeto de su amor, nada que lo provocara; nada hay en el hombre que pudiera granjear o provocar dicho amor. Entre los hombres el amor lo despierta algo en el ser amado; pero el amor de Dios es libre, espontáneo, inmotivado, encausado.

 

  • Dios era feliz sin el hombre antes que el hombre fuese creado; y hubiera seguido siendo feliz si se hubiese limitado simplemente a destruir al hombre después que pecó; pero, tal como están las cosas, ha derramado su amor para con pecadores particulares, y esto significa que, por su propia y libre elección, ya no ha de conocer la felicidad perfecta y permanente mientras no haya llevado al cielo a cada uno de ellos.

 

  • La medida del amor depende de cuánto da, y la medida del amor de Dios es el don de su Hijo único para hacerse hombre, y para morir por los pecados, y de este modo hacerse el único mediador que puede llevarnos a Dios.

 

  • Los escritores del Nuevo Testamento señalan constantemente a la Cruz de Cristo como la prueba culminante de la realidad y el carácter ilimitado del amor de Dios.

 

  • La  fe en Cristo nos introduce a una relación plena de incalculable bendición, tanto ahora como por la eternidad.

 

  • la Biblia insiste constantemente en que este mundo creado por Dios en su bondad es un mundo moral, en el que la retribución es un hecho tan básico como lo es la respiración. Dios es el Juez de toda la tierra, y él ha de obrar rectamente, vindicando al inocente, si lo hubiere, pero castigando “en ellos su pecado” a los que quebrantan la ley (cf. Gen. 18: 25). Dios no es fiel a sí mismo a menos que castigue el pecado. Y a menos que uno sepa y sienta la verdad de este hecho, que los que hacen el  mal no tienen ninguna esperanza, en el orden natural de las cosas, de recibir de Dios sino el juicio retributivo, uno no puede jamás compartir la fe bíblica en la gracia divina.

 

  • “Por las obras de la ley [es decir, la moralidad y la actividad eclesiástica] ningún, ser humano será justificado delante de él”, declara Pablo (Rom. 3: 20). El reparar nuestra propia relación con Dios, reconquistando su favor luego de haberlo perdido, está más allá de lo que puede hacer ninguno de nosotros.

 

  • El paganismo moderno tiene en el fondo un sentimiento similar de que Dios está de algún modo obligado a amamos y ayudamos, por poco que lo merezcamos nosotros. Este es el pensamiento del que se hizo eco el librepensador francés que murió diciendo: “Dios ha de perdonar -es su oficio (c’est son métier)”. Pero es un sentimiento que no está fundado adecuadamente.

 

Ya puedes leer la Primera Parte de las notas que he extraído de este libro, en los próximos días publicaré muchas otras citas que recopilé de este libro, si te son de bendición compártelas en tus amigos.

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...

By

Charles Spurgeon Sobre el Calvinismo – Depravación Total

Por Nathan W. Bingham

En el último libro de Steven Lawson, TheGospelFocus of Charles Spurgeon, Lawson sostiene que el compromiso ferviente de Charles Spurgeon a las doctrinas de la gracia “afilaron” su “enfoque del evangelio.” Entonces, ¿qué fue exactamente lo que creía Spurgeon acerca de los cinco puntos del calvinismo? Utilizando fragmentos de ,TheGospelFocus of Charles Spurgeon , vamos a responder a esa pregunta en lo que será una serie de cinco partes en el blog. Nuestra oración es que estas verdades agudicen su enfoque del evangelio también.

Hoy descubrimos lo que Charles Spurgeon creía sobre la doctrina de la Depravación Total.


Charles Spurgeon entendía claramente que antes de que un evangelista pueda comunicar la buena noticia de salvación, primero tiene que dar la mala noticia de la condenación. El telón de fondo de terciopelo negro del pecado del hombre debe ser presentado antes de que el diamante chispeante de la gracia soberana de Dios se pueda ver en su brillo deslumbrante. Esto comienza con la enseñanza de la Biblia sobre el pecado de Adán, lo que provocó la muerte. Spurgeon afirmó:

Pero el pecado de Adán no afectó sólo a sí mismo. Su naturaleza caída se extendió a toda la raza humana, y cada parte de cada persona está fatalmente afectado por la muerte espiritual. Spurgeon escribió: “A medida que la sal da sabor hasta la última gota en el Atlántico, también el pecado lo hace afectando a todos los átomos de nuestra naturaleza. Está tan tristemente allí, tan abundantemente allí, que si no se puede detectar, usted está engañado”, y agregó: “El veneno del pecado está en la fuente misma de nuestro ser, ha envenenado a nuestro corazón. Está en la médula de nuestros huesos y es tan natural para nosotros como algo que nos pertenece.” Él cree que la totalidad de la persona –mente, afectos, y la voluntad –está contaminada y envenenada por el pecado original.

No hay bestia en un lobo o un león o una serpiente, que sea tan brutal como la bestia en el hombre. —Charles Spurgeon

El resultado, dijo, es que “un infierno mismo de corrupción se encuentra dentro del mejor santo.” Spurgeon reconoció que el pecado está en lo profundo de las almas de incluso el mejor de los hombres. Esta corrupción interna hace de cada hombre una bestia salvaje: “No hay bestia en un lobo o un león o una serpiente, que sea tan brutal como la bestia en el hombre.” Todas las personas que están muertas espiritualmente, no pueden ver, desear, o responder al mensaje del evangelio.

En cuanto a la voluntad, Spurgeon dijo: “Declaramos, bajo autoridad de las escrituras que la voluntad humana está tan desesperadamente en maldad, tan depravada, tan inclinada a todo lo que es malo, y lo poco dispuesto a todo lo que es bueno, que sin la influencia sobrenatural poderosa, e irresistible del Espíritu Santo, ninguna voluntad humana jamás se verá impulsada hacia Cristo.” Con esta declaración, Spurgeon afirmó que la capacidad volitiva del hombre pecador está paralizada, dejándolo incapaz de responder a la oferta gratuita de Cristo.

A medida que la sal da sabor a cada gota en el Atlántico, también lo hace el pecado afectando a todos los átomos de nuestra naturaleza. —Charles Spurgeon

En consecuencia, Spurgeon resistía la idea del libre albedrío humano. Sostuvo que esa idea eleva al hombre al lugar reservado sólo para Dios: “La doctrina del libre albedrío- ¿Qué hace? Magnifica al hombre en Dios. Declara los propósitos de Dios una nulidad, ya que no pueden llevarse a cabo a menos que los hombres estén dispuestos. Se hace la voluntad de Dios un siervo en espera de la voluntad del hombre.” Además, Spurgeon afirmó: “Si Dios requiere de un pecador, muerto en pecado, que deba dar el primer paso, entonces, requiere sólo aquello que hace a la salvación como un imposible bajo el evangelio como lo era en la ley, ya que el hombre es tan incapaz de creer como lo es en obedecer.” En pocas palabras, Spurgeon creía que ningún ser humano es totalmente libre. O es un esclavo del pecado o un esclavo de Cristo, pero nunca libre.

Para Spurgeon, este era el lugar donde el mensaje del evangelio comienza. El mensaje salvífico de la gracia comienza con la depravación total. El hombre está totalmente corrompido por el pecado. Él está espiritualmente muerto e incapaz de salvarse a sí mismo. No podía ser más desesperado e impotente.


Extracto adaptado de Steven LawsonTheGospelFocus of Charles Spurgeon¡Disponible ahora en ReformationTrust.com.

Tomado de: Evangelio Según Jesucristo

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...

By

Agustín y el calvinismo

Agustín de HiponaPor Soldado de Jesucristo

Agustín fue convertido de una manera resonante por la Gracia irresistible de Dios después de dejar unavida inmoral. Él escribió en sus confesiones(X, 40):

“No tengo ninguna esperanza fuera de Tu gran misericordia. Da tu mandato y manda lo que es tu voluntad. Tú impones en nosotros continencia…verdaderamente por continencia somos unidos y traídos de vuelta a esa unidad de la que fuimos dispersados hacia una pluralidad. Te ama poco aquel que ama cualquier otra cosa junto a Ti, la cual no ama para ti. ¡Oh amor siempre ardiente y nunca se apaga! ¡Oh caridad, Dios mío, enciende en mí! Tú mandas continencia. Concede lo que mandas y manda tu voluntad.”

Estas son las palabras de un hombre que amaba la verdad de la Gracia irresistible, porque él sabe que eles totalmente incompleto sin ella. Pero también en sus cartas doctrinales el dirige esta amada verdad acasa (Epístola ccxvii, Para Vitalis):

 “Como prefiero pensar en tu caso, si estás de acuerdo con nosotros en suponer que estamos haciendonuestro deber en oración a Dios, como es nuestra costumbre, por aquellos que rehúsan creer, que sean capacitados para creer y aquellos que resistan o se opongan a su ley y doctrina, que lo crean y lo sigan. Si estás de acuerdo con nosotros en pensar que hacemos nuestro deber en agradecer a Dios, como acostumbramos, por aquellas personas cuando han sido convertidos…entonces estas dispuesto a admitir que la voluntad de Dios es previamente movida por la Gracia de Dios, y que es Dios quien hace que deseen el bien que rechazaban; que es a Dios a quien pedimos que lo haga, y sabemos que es justo darle gracias por tal hecho…”

Para Agustín la verdad de la Gracia irresistible era el fundamento de sus oraciones por la conversión de los perdidos y de su gratitud para con Dios cuando ellos se convertían.

Otros artículos de esta serie:

Tomado del folleto: Lo que creemos de los 5 puntos del calvinismo de John Piper.

 

– Agustín de Hipona o san Agustín o Aurelius Augustinus Hipponensis (Tagaste, 13 de noviembre de 354 – HippoRegius (también llamada Hipona), 28 de agosto de 430) El “Doctor de la Gracia” fue el máximo pensador del cristianismo del primer milenio y según Antonio Livi uno de los más grandes genios de la humanidad. Autor prolífico, dedicó gran parte de su vida a escribir sobre filosofía y teología siendo “Confesiones” y “La Ciudad de Dios” sus obras más destacadas.

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...

By

¿Por Quién Murió Jesús?

Pregunta

Por: Mike Gendron

Una de las Escrituras más citadas de la Biblia es Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.” Tan popular como este versículo es que algunas personas no entienden lo que Jesús quiso decir con la palabra “mundo”. ¿Significa que Jesús murió por todos en el mundo o significa que Él murió por la gente “de toda tribu, lengua, pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9). En Juan 17:9, el Señor declara que Él “no ruego por el mundo, sino por los que [el Padre] me han dado, porque son tuyos.” Es evidente que la palabra “mundo” no significa lo mismo en todos los contextos. Jesús no ora por las cabras incrédulos carnales del mundo que se encuentran en pecado y serán condenados porque ellos lo rechazaron. Puesto que Él no murió por ellos, Él no oró por ellos. En cambio, su oración era por aquellos por quienes Él murió y lo seguirían en fe.

El Padre da a un grupo particular de personas a su hijo que vendrán al Hijo y quienes el Hijo nunca perderá (Juan 6:39). El Señor Jesús declaró: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí, y el que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). Claramente vemos una conexión entre el Padre eligiendo, el elegido que viene y Salvador salvando. Se trata de un grupo definido y particular de personas. No hay condiciones incluidas en el contexto de Juan 6. De hecho, Jesús afirmó: “Nadie puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:40). En Juan 6:50 Jesús se refiere a sí mismo como el “pan” que el que coma de él no muere. Los que comen de este pan son los que lo reciben por la fe y resucitan en el último día (Juan 6:40). Él es el alimento espiritual que da vida a los que se arrepienten y creen su Evangelio de gracia.

Esto nos debe animar en la evangelización, ya que garantiza el éxito. Cuando proclamamos el Evangelio, la oveja perdida oirá la voz del Buen Pastor y lo seguirá. Jesús declaró: “las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.” (Juan 10:3-4). La razón de que todo el mundo no cree está claramente dada por el Salvador. Él dijo, “pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas” (Juan 10:26). Los creyentes se conocen como sus ovejas. El buen pastor hace una promesa gloriosa para ellos. “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado a mí, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (Juan 10:27-29).

 

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...

By

La soberanía de Dios te estremecerá

Por John Piper.

La Biblia nos enseña a esperar conmoción mental cuando pensamos en Dios y su soberanía. Porejemplo, dice: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” (Rom. 11:33), o “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”. (Isaías 55:9).  Read More

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...

By

¿Predican los arminianos un evangelio suficiente? | John Piper

John Piper

Por John Piper

Durante la semana de episodios Nº 144  de su programa Ask Pastor John, el Dr. Piper recibió una pregunta por un oyente de nombre Benjamín: “Pastor John, en su “Defensa del calvinismo”, Charles Spurgeon comparte esto:

Read More

Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!...