Notas personales extraídas del libro
-Cuando empezamos a cuestionar el amor de Dios, necesitamos recordar quiénes somos. No tenemos ningún derecho a su amor, y no merecemos ni un poquito de su bondad. Una vez escuché a un orador que decía: “Cualquier cosa a este lado del infierno es pura gracia”. No sé de nada que corte tan rápidamente la actitud desafiante de ¿por qué me sucedió esto a mí? como darnos cuenta de quiénes somos en realidad ante Dios, considerados en nosotros mismos, separados de Cristo.
-Cada vez que nos sintamos inclinados a dudar del amor de Dios por nosotros, debemos volvernos a la cruz, razonando de esta forma: Si Dios me amó tanto como para entregar a Jesús a la muerte cuando yo era su enemigo, puedo tener la certeza de que me ama lo suficiente como para cuidarme ahora que soy su hijo. Habiéndome amado hasta el punto máximo de la cruz, no puede dejar de amarme en mis momentos de adversidad. Después de dar ese invaluable regalo, su Hijo, seguramente también dará todo lo que sea consistente con su gloria y mi bien.
-Si vamos a confiar en Dios en la adversidad, tenemos que usar nuestras mentes en esos momentos para razonar sobre las grandes verdades de su soberanía, sabiduría y amor como se nos revelan en las Escrituras. No podemos permitir que nuestras emociones dominen nuestras mentes. Mas bien debemos, buscar que la verdad de Dios las gobierne. Nuestras emociones deben convertirse en subalternos de la verdad.
-Usted y yo, como David, debemos luchar con nuestros pensamientos. Con la ayuda de Dios nosotros también llegaremos al punto, aun en medio de las adversidades, en que podremos decir: “Confío en tu inagotable amor”.
-Si tengo dificultad en aceptarme como Dios me hizo, entonces, tengo una controversia con El.
-El Dios eterno que es infinito en su sabiduría y perfecto en su amor, personalmente nos hizo a usted y a mí. Le dio el cuerpo, las habilidades mentales y la personalidad básica que tiene porque así es como quería que usted fuera. Y quería que sucediera exactamente así, porque lo ama y desea glorificarse por medio de usted.
-Este es el fundamento del creyente para aceptarse a sí mismo. Usted y yo somos quienes somos porque Dios soberana y directamente nos creó así. La autoaceptación es, esencialmente, confiar en Dios por lo que soy, con las incapacidades, deficiencias físicas y demás.
-Todos recibimos de Dios cada habilidad, entrenamiento, riquezas, posición, rango o influencia para usarla para su gloria. Ya sea una habilidad o un impedimento, aprendamos a recibirlo de Dios, dándole gracias y tratando de usarlo para su gloria.
-Dios no sólo nos creó como quería que fuéramos, sino que también determina soberanamente cuánto tiempo viviremos. Esta es una verdad maravillosa. Igual que los de David, nuestros tiempos están en sus manos. Como dice un himno: “Hasta que Él lo ordene, yo no puedo morir”.
-Podemos estar seguros de que un hermoso carácter cristiano no se desarrollará en nuestras vidas sin la adversidad. Pensemos en esas virtudes que Pablo denomina el fruto del Espíritu en Gálatas 5:22-23. Las primeras cuatro virtudes que él enumera: Amor, gozo, paz y paciencia, sólo pueden desarrollarse en medio de la adversidad.
– La muerte de Cristo en la cruz con su intensa agonía física, y extremado sufrimiento espiritual de soportar la ira de Dios por nuestros pecados, fue la mayor calamidad que alguna vez haya caído sobre ser humano. Pero Jesús pudo ver, más allá del sufrimiento, la alegría que estaba ante El y, como dice el autor de Hebreos, debemos fijar nuestros ojos en El y seguir su ejemplo, mirando más allá de nuestra adversidad para ver lo que Dios hace en nuestras vidas, y regocijarnos en la seguridad de que El hace su labor en nosotros para nuestro propio crecimiento.
-El puritano Daniel Dyke dijo: “Entonces la Palabra es la bodega de toda enseñanza. No busquéis una nueva doctrina para enseñaros por medio de la aflicción, la cual no está en la Escritura. Porque, en verdad, aquí yace nuestra enseñanza por medio de la prueba, que se adapta y nos prepara para la Palabra, rompiendo y dividiendo la obstinación de nuestros corazones, haciéndolos flexibles y capaces de la impresión de ellas”.
-No importa si usted tiene muchas debilidades o fortalezas. Puede ser el más competente en su campo, pero puede estar seguro de que si Dios va a usarle, hará que sienta dependencia total de Él.
– No hay duda que la adversidad es difícil, y generalmente nos toma por sorpresa y parece golpearnos donde somos más vulnerables. Con frecuencia nos parece completamente sin sentido e irracional, pero para Dios nada lo es. El tiene un propósito en todo dolor que trae o que permite en nuestras vidas. Podemos estar seguros de que en alguna forma es para nuestro beneficio y su gloria.
– Ahora estoy reconociendo que confiar en Dios, es primero que todo un asunto de la voluntad y que no depende de mis sentimientos. Decido reposar en Dios, y finalmente mis sentimientos siguen.
– He dicho que confiar en Dios es ante todo un acto de la voluntad, pero permítanme modificar esta afirmación para decir que, primero que todo, es una cuestión de conocimiento. Debemos saber que Dios es soberano, sabio y amoroso, en todos los sentidos que hemos visto en capítulos anteriores que estos términos tienen. Pero, habiendo sido expuestos al conocimiento de la verdad, debemos escoger entre creer la verdad sobre Dios, la cual nos ha sido revelada, o dejarnos llevar por nuestros sentimientos. Si vamos a confiar en Dios, debemos decidirnos a creer su verdad. Debemos decir: “Confiaré en ti, aunque no siento deseos de hacerlo”.
En las próximas semanas estaré publicando nuevas notas que tomé de este libro que desde ya estoy recomendando. Ya puedes leer la Primera Parte y Segunda Parte de las notas que tomé. Si te han sido de bendición estas notas compártelas con tus amistades.
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