Soldado de Jesucristo

Soli Deo Gloria

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Un Dios Airado

Ira de Dios

Por Tim Challies
¿Qué te hace enojar? Todos tenemos disparadores, ¿no? Todos tenemos ciertos contextos y situaciones, algunas afrentas a la dignidad o al orgullo que alimentan la ira en su interior. Yo sé mucho acerca de la ira, como Aileen pude sin duda atestiguar. Cuando ella y yo hablamos de la gracia de Dios en nuestras vidas, y la evidencia de ella, a menudo señalamos-que Dios me ha tranquilizado, quitando esa ira que a menudo me hace burbujear dentro y de vez en cuando se desborda. Cuando me fui de casa de mis padres el día que me casé, dejé un agujero en la pared que había golpeado en un ataque de ira unos meses antes. En una de las primeras viviendas en las que Aileen y yo vivíamos fracturé un marco de puerta cuando trataba de romperla al cerrarla, una vez más en un ataque de ira estúpido. Mi ira inmadura con tan solo desbordarse me metía en problemas. Siempre me sentí como un idiota después de actuar, pero en el momento en que mi ira se apoderó de mí, que a menudo me rendía a ella. Estoy profundamente agradecido de que Dios, en su misericordia, me ha bendecido y bendecido a mi familia mediante la eliminación de gran parte de la inmadurez, la irracionalidad, la falta de auto-control que me hizo arremeter como un niño enfadado. Todavía se lo que es estar enojado, pero ya no tiendo a una reacción violenta.

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La Profundidad de Mi Depravación

depravaciónPor Tim Challies

Testimonio, eso es una buena palabra cristiana, ¿no? Cada uno de nosotros tiene un testimonio, un relato de cómo Dios extendió su gracia para nosotros. Y estos testimonios son cosas hermosas, cada una contando la obra soberana de nuestro gran Dios.

Ahora, se ha hablado mucho acerca de cómo tendemos a preferir los testimonios que cuentan con los mínimos más dramáticos. Todos hemos oído esos relatos que casi parecen deleitarse con los pecados del pasado más que sentir pesar por ellos. Pero nos agradan esas historias porque nos encontramos con un cierto tipo de emoción al escuchar cómo alguien se apartó de una vida de tal pecado atroz.

Me sentía un poco extraño en decir a los demás cómo me salvé. Yo era un buen chico. Tuve la oportunidad de beber y consumir drogas, pero simplemente no me interesaba. No había robado alguna vez algo más allá de unas pocas monedas después de hacer mandados para mi madre. Simplemente no hay mucho que contar. Pero los detalles no deben ser el punto de todos modos.

Mi depravación se visualiza mejor en mi rechazo de Dios y su gracia que en mis pecados y actos injustos. He demostrado mi rebeldía más en negar a Dios, rechazarlo, y evitando su gracia que en cualquiera de los actos pecaminosos que cometí o podría haber cometido. Incluso si hubiera asesinado a alguien en una borrachera por la droga, ese pecado habría sido menos grave que mi total rechazo de Dios.

Después de todo, los hechos injustos son simplemente el desbordamiento de una rebelión profunda. Ellos son el síntoma, no la enfermedad misma. Aquí está el punto: Usted no conoce cuán profundamente pecaminoso es mediante sus obras de maldad, sino por su rechazo de Dios y de Su gracia. Ese es el pecado más grave, odioso y detestable de todos ellos.

 

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Falsos maestros: Joseph Smith

Joseph Smith

Por Tim Challies

Joseph Smith

Joseph Smith nació el 23 de diciembre 1805 en Sharon, Vermont. Cuando era un niño su familia se trasladó a Palmyra, en el oeste de Nueva York, donde había mucho avivamiento y fervor religioso debido al Segundo Gran Despertar. El entusiasmo salvaje y las muchas denominaciones presentes confundieron a Smith, y él no sabía qué creer y cómo adorar a Dios. Como escribe en La Perla de Gran Precio: “En el transcurso del tiempo llegué a inclinarme un tanto a la secta metodista, y sentí cierto deseo de unirme a ella, pero era tanta la confusión y la lucha entre las diferentes denominaciones, que era imposible que una persona tan joven como yo, y sin ninguna experiencia con los hombres y las cosas, llegase a una determinación precisa sobre quién tenía razón y quién estaba equivocado”.

En 1820, en este tiempo de confusión, Smith leyó Santiago 1:5, que instruye a aquellos que carecen de sabiduría a pedírsela a Dios. De inmediato se retiró a una zona boscosa cerca de su casa para orar por sabiduría y fue en este punto que él recuerda haber tenido una visión de un pilar de luz que descendía del cielo y a Dios el Padre y su Hijo Jesús de pie encima de él en el aire. Smith les preguntó cuál de las denominaciones o sectas tenían razón y a cuál debía unirse. Se le dijo que todas las denominaciones eran malvadas y corruptas.

Fue en el momento de esta experiencia que Smith se convenció de que había sido llamado como profeta de Dios. El 21 de septiembre de 1823, mientras oraba en su cuarto, recibió una visitación angelical. Este ángel, llamado Moroni, le dijo que él había sido elegido por Dios para una gran obra. Él le dijo a Smith sobre un libro escrito sobre planchas de oro que había sido enterrado junto al Urim y el Tumim del Antiguo Testamento. Smith encontró inmediatamente este libro, y, mediante el Urim y Tumin, lo tradujo y publicó en 1830 como El Libro de Mormón. Este fue el mismo año en que se organizó formalmente la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Smith se convirtió en una figura importante y comenzó a acumular seguidores. A medida que el movimiento creció, emigró al oeste, en gran parte debido a que su enseñanza no era bienvenida en muchos lugares y a menudo fue opuesta con amenazas de violencia. Smith se mudó primero a Ohio, luego a Missouri y luego a Illinois. A medida que el movimiento crecía, requirió más y más revelaciones, y Smith las recibió a medida surgió la necesidad. Estas revelaciones continuaron hasta su muerte y se compilaron en un libro conocido como Doctrinas y Convenios.

Hubo luchas dentro de la iglesia mormona, y en la primavera de 1844 llevó a amenazas de violencia entre Smith y otros en la ciudad de Nauvoo, Illinois. El gobernador intervino y encarceló a Smith hasta que pudiera ser juzgado. Sin embargo, antes de que esto pudiera suceder, una turba armada asaltó la cárcel donde estaba siendo cuidado, y Smith fue asesinado a tiros mientras trataba de escapar por una ventana.

Su falsa enseñanza

El corazón de la falsa enseñanza de Joseph Smith fue que él puso su propia autoridad sobre la autoridad de las Escrituras. Añadió su propia revelación a la revelación de la Biblia y se encargó de identificar y corregir lo que él decía eran errores en la Escritura.

Smith creía que la Biblia era corrupta e insuficiente, y por esa razón le quitó y añadió a la revelación escrita de Dios. En cuanto a la corrupción de la Biblia, dijo, “Creo en la Biblia tal como se hallaba cuando salió de la pluma de los escritores originales. Los traductores ignorantes, los escribas descuidados, o sacerdotes corruptos han cometido muchos errores”. Estos errores fueron tanto tipográficos como doctrinales. Para hacer frente a las deficiencias de la Biblia, Smith produjo su propia traducción de la Biblia, haciéndole muchas correcciones y adiciones a diversos libros del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento.

También afirmó que sus revelaciones de Dios son el único punto de acceso al verdadero evangelio que al parecer se había perdido. El historiador mormón Richard Bushman dice que la característica principal de la vida de Smith era “su sentido de ser guiado por revelación”. Se colocó por encima de todas las revelaciones e interpretaciones de la Biblia anteriores: incluso aquellas de Cristo mismo.

Seguidores y adherentes modernos

Joseph Smith ganó muchos seguidores devotos durante su vida. Inmediatamente después de su muerte, sus seguidores se dividieron en dos grupos principales: los que siguieron a Brigham Young a Utah para convertirse en la moderna “Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días,” y los que se unieron bajo el hijo mayor de Smith, Joseph Smith III para convertirse en la moderna “Comunidad de Cristo” (anteriormente conocida como la “Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”).

Estos son los dos grupos principales que siguen a Joseph Smith hoy. Ellos se siguen adhiriendo a sus enseñanzas falsas acerca de la Biblia y un sinnúmero de doctrinas erradas. Ellos siguen negando la infalibilidad y suficiencia de las Escrituras mientras elevan la experiencia personal por encima de la autoridad de la Biblia. En total suman aproximadamente 15 millones y sus filas siguen creciendo a través de proselitismo constante y sistemático.

¿Qué dice la Biblia al respecto?

La Biblia afirma que es la autoritaria, infalible, inerrante, suficiente revelación de Dios. “Probada es toda palabra de Dios; Él es escudo para los que en Él se refugian. No añadas a Sus palabras, No sea que Él te reprenda y seas hallado mentiroso”(Pr. 30: 5-6). Ofrece esta grave advertencia: “Yo testifico a todos los que oyen las palabras de la profecía de este libro: si alguien añade a ellas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguien quita de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa descritos en este libro” (Ap. 22:18-19).

No hay evidencia histórica de que a la Biblia le falte información o que había sido corrompida antes de ser compilada en el Antiguo y Nuevo Testamento. El hecho de que Jesús cita el Antiguo Testamento con tanta confianza y sin ningún indicio de que carece o tiene algún error es razón suficiente para aceptarla como la Palabra pura y verdadera de Dios (Jn. 17:17). El Nuevo Testamento también se ha demostrado en repetidas ocasiones sin cambios y sin mancha desde que fue dado por primera vez por Dios.

La diversidad de interpretaciones y sectas entre los que dicen seguir la Biblia, el mismo contexto que confundió tanto a Smith y lo llevó a crear una religión completamente nueva, no significa que la Biblia misma es ambigua o que carece en ninguna manera. Se nos dice que esperemos divisiones y facciones entre el cuerpo, “a fin de que se manifiesten… los que son aprobados” (1 Co. 11:18-19). El mormonismo mismo se ha reducido en un sinfín de peleas y divisiones, demostrando que el problema cuando la iglesia es fracturada no es que las Escrituras estén corrompidas sino corazones corrompidos.

Otros artículos de esta serie sobre los falsos maestros:

7 marcas de un falso maestro

Falsos maestros: Arrio

Los falsos maestros: El Papa Francisco

Los falsos maestros: Charles Taze Russell

Este artículo fue publicado originalmente en el blog de Tim Challies. Traducido por Kevin Lara.

​Tim Challies es un seguidor de Cristo, esposo de Aileen y padre de tres niños. Es pastor de Grace Fellowship Church en Toronto, Ontario, y cofundador de Cruciform Press.

 

 

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Dios no es Realmente Tan Santo, yo no Soy Realmente Tan Malo

 

Por Tim Challies

¿Cómo sabes que realmente tienes el evangelio, que realmente lo entiendes y lo crees? O tal vez mejor dicho, ¿cómo sabes que el evangelio de verdad te tiene a ti, que se ha apoderado de ti y ha comenzado a transformarte en forma permanente? Me encontré reflexionando esta pregunta la semana pasada y pronto estaba pensando en la gente que he conocido que una vez profesaron la fe, pero que con el tiempo se enfriaron, se distanciaron, y se apartaron.

Si usted ha sido cristiano por cualquier período de tiempo, usted también ha conocido personas como ellas. Con el tiempo se hizo evidente que su fe había sido un espejismo. Habían engañado a la gente alrededor de ellos, pero primero ellos mismos se habían engañado. Y cada vez que veo a estas personas que se apartan me quedo preguntando, ¿Qué los marcó como verdaderos creyentes? ¿Cómo podría yo a saber que realmente tenían el evangelio? ¿Cómo podían haber sabido ellos que realmente tenían el evangelio?

Tal vez hubiera sido esto: Usted sabe que usted realmente tiene el evangelio cuando es la gracia de Dios en lugar de la ira de Dios la que le asombra. A menudo escucho a la gente expresar su asombro e incluso su disgusto por la propia noción de un Dios airado. Pero cuando escucho a verdaderos creyentes, escucho expresar asombro ante la realidad de un Dios misericordioso. Es la gracia, no la ira, la que les desconcierta. “¿Por qué? ¿Por qué yo? ¿Por qué Dios extendería tal gracia sobre mí?”

Esto es, pienso, por qué “Sublime Gracia” de John Newton se ha mantenido como un himno tan popular y poderoso. El clamor de Newton fue “sublime gracia.” La ira no le sorprendió ni le ofendió. Sabía de su miseria, su propia depravación profunda. Él ya se había convencido de culpabilidad de que era plenamente merecedor de la justicia de Dios. Así que fue la gracia la que le sorprendió. Fue la gracia la que parecía tan fuera de lugar. Si hubiese ofensa al evangelio era que Dios tomaría el pecado de un hombre muy malo como John Newton y lo colocaría en el hombre perfecto Jesucristo.

Usted sabe que usted realmente lo tiene cuando lo impactante sobre el evangelio no es que Dios extienda Su ira hacia los pecadores, sino que El extiende Su gracia. Y he aquí por qué: La condición humana básica es creer que Dios no es realmente tan santo y que yo no soy tan malo.

Dios es indulgente hacia el pecado y, como suele suceder, y de todos modos no soy realmente tan profundamente pecaminoso.Así que somos una buena pareja, Dios y yo. No hace falta fe para creer eso. No hace falta un gran cambio de mente y de corazón.

Pero el evangelio desenmascara ese tipo de engaño. El evangelio nos ayuda a ver las cosas como realmente son. El evangelio dice que Dios realmente es mucho más santo de lo que me atrevo siquiera imaginar y que yo soy mucho más pecador de lo que jamás podría haber imaginado.. Y, allí mismo, con la evaluación correcta de Dios y yo, justo allí el Evangelio se enciende. Allí mismo el evangelio da esperanza.

 

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Saturado de Cristo

Biblia

Por Tim Challies

Durante ocho meses he estado siguiendo la lectura de la Biblia del Plan del Profesor Horner. A los diez capítulos del día, se avanza rápidamente. Desde enero he pasado por todo el Nuevo Testamento un par de veces, casi he llegado a través del Pentateuco, y también voy rumbo a través de los profetas menores. Algunos temas son evidentes en la lectura de grandes cantidades de libros del Antiguo Testamento. Lo que queda claro sobre la relación de Dios con su pueblo es esto: que son muy pecaminosos y son muy amados.

El amor de Dios para su pueblo lo lleva a hacer ciertas cosas y a prescribir ciertas cosas. Él crea leyes para gobernarlos, hay leyes sobre sacrificios y fiestas, delitos y faltas, enfermedades y contaminación. Para todo hay una ley. Él crea las fiestas a través de las cuales se puede conmemorar sus hazañas notables, tiene que construir un tabernáculo donde pueden rendirle culto, prescribe sacrificios que conduzcan a la reconciliación a causa de su pecado. Cada una de estas cosas las hace porque él es bueno y porque los ama.

Empecé a pensar en algunas de estas cosas y tratando de determinar por qué Dios se las instruyó. No pasó mucho tiempo para ver que cada uno estaba destinado a ser un recordatorio adelantado de la venida del Mesías.

Israel necesitaba un tabernáculo y el templo porque Dios todavía no había llegado en la persona de Jesucristo a poner su morada entre los hombres.

Israel necesitaba que el tabernáculo y el templo tuviese una cortina que separe a Dios del hombre con el fin de mostrar que Dios debe permanecer separado del hombre, por lo menos hasta que Dios y el hombre se reúnan por fin en el Dios-hombre Jesús.

Israel necesitaba un altar para quemar incienso de la reconciliación entre Dios y los hombres, porque Cristo no había sido la participación plena y la expiación final.

Israel necesitaba un arca para recordarles del reino de Dios porque Cristo no había venido a establecer su gobierno sobre su reino.

Israel necesitaba profetas, reyes y sacerdotes porque Cristo aún no había llegado a ser el verdadero profeta y final, sacerdote y rey.

Israel necesitaba la ley ceremonial, las leyes relacionadas con la enfermedad y la desfiguración y la impureza, porque Cristo no había mostrado todavía en la cruz de la fealdad infinita de la enfermedad y la desfiguración y la impureza espiritual.

Israel necesitaba ritos de purificación, porque la muerte de Cristo no había mostrado aún la más profunda clase de impurezas y el tipo más profundo de purificación.

Israel necesitaba que los lavatorios y candelabros y despabiladeras fuesen hechas de metales preciosos y que se distinguiesen de sus tareas, porque Cristo no había aparecido hasta ahora mostrando que él era infinitamente precioso y que fue apartado a la tarea que Dios le había llamado.

Israel necesitaba una tierra propia, una tierra real, porque Cristo no había mostrado hasta ahora que todo el mundo es la tierra de Dios y que su pueblo existe más allá de la geografía, que se extiende a todas las naciones y tribus y lenguas.

Israel necesitaba un día de reposo, porque Cristo no había mostrado hasta ahora que él mismo es el día de reposo, que ofrece el descanso más íntimo y verdadero sólo aparece en forma de sombra en el día de reposo.

Israel necesitaba una Pascua, porque hasta que vino Cristo, debían adorar a Dios, sobre la base un tipo más que del cumplimiento, una manifestación en miniatura de lo que pronto ocurriría.

Supongo que podría seguir todo el día si quisiéramos. El punto es claro: El Antiguo Testamento está completamente saturado con Jesucristo. Él es el propósito detrás de los sacrificios y las fiestas y las leyes y todo lo demás.

 

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3 Declaraciones Sobre la Seguridad de la Salvación

salvación

Por Tim Challies

Hoy me gustaría hacer tres afirmaciones sobre un tema que siempre es relevante para los cristianos: la seguridad de la salvación. Esta es un área de gran confusión para muchos creyentes y un área que puede llevar a un gran desaliento. Voy a hacer tres afirmaciones sobre la seguridad y, Dios mediante, seguir mañana con unas palabras sobre la verdadera base de la seguridad.

 

Es posible y hasta normal que los cristianos experimenten la seguridad salvación.

John MacArthur llama la seguridad de la salvación “el derecho de primogenitura y el privilegio de cada creyente en Cristo.” Esta seguridad no sólo es posible sino que debe ser la experiencia normal de cualquier creyente en Cristo. Romanos 8:16 nos enseña que la seguridad de salvación es parte del ministerio del Espíritu Santo. “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios …” Escuche lo que Matthew Henry dice sobre este versículo: “Los que son santificados, tienen el Espíritu de Dios testificando con sus espíritus, el cual se ha de entender no de alguna revelación extraordinaria inmediata, sino un trabajo ordinario del Espíritu, y por los medios del consuelo, hablando paz para el alma. Este testimonio es siempre conforme a la palabra escrita, y por lo tanto siempre se basa en la santificación, porque el Espíritu en el corazón no puede contradecir el espíritu de la palabra.” 2 Pedro 1:10 va tan lejos como para mandarnos a buscar esta seguridad. “Así que, hermanos, sed tanto más diligentes para hacer firme vuestro llamado y elección de parte de Dios; porque mientras hagáis estas cosas nunca tropezaréis.”

Sin embargo, aún más claro que estos versículos es 1 Juan 5:13. Mientras Juan concluye esta epístola revela su propósito al escribir la misma. “Os he escrito estas cosas a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna.” Dios ha tenido a bien proporcionarnos un libro entero en la Biblia que nos enseña a conocer que tenemos la vida eterna. Sin duda, entonces, estamos de acuerdo en que Dios quiere que nos aseguremos de que somos sus hijos.

Después de haber visto que es posible y normal para el cristiano experimentar seguridad de la salvación, pasamos ahora a un segundo punto que parece casi contradictorio:

Es posible y hasta normal que los no cristianos experimenten una falsa seguridad de salvación.

Un presagio de una de las escenas más terroríficas que del mundo alguna vez haya experimentado se desarrolla en Mateo 7, en una sección a menudo titulada “Nunca os conocí.” “No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Y entonces les declararé: “Jamás os conocí; APARTAOS DE MI, LOS QUE PRACTICÁIS LA INIQUIDAD.” Cuando el juicio final venga, habrá muchos que se sorprenderán al saber que ellos no son verdaderos creyentes. Ellos irán a la tumba convencidos de que son salvos, pero vienen al juicio y encuentran que han de ser echados de la presencia de Jesús. Esto debe ser aleccionador para todos los que se consideran cristianos. No es de extrañar que Pablo vio una confianza en su salvación, al declarar en 2 Timoteo 1:12 “porque yo sé en quién he creído, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día.”

Es educación, por supuesto, ver los motivos de la seguridad de aquellos que sólo piensan que son verdaderos creyentes. Podemos ver esto en más detalle mañana, pero por ahora note la breve frase: “¿No profetizamos … echamos, hicimos.” Hay mucho que podemos aprender de las palabras cortas. Los que tienen una falsa seguridad han puesto su esperanza en sí mismos y en sus propios esfuerzos. Ellos apelan a su propia obra en lugar de Cristo.

Ahora vamos a ir a nuestra tercera afirmación, que debería proporcionar un gran consuelo para los que luchan en esta área.

Es posible y normal, incluso para los cristianos tener dudas acerca de su salvación

No hay nada inusual acerca de que ocasionalmente haya duda de su salvación. La única cosa inusual sobre la duda sería experimentarla y no tratar con ella. Sería raro que no luchar con ella hasta que haberla sofocada por el poder del Espíritu. Una encuesta de grandes creyentes de nuestros días y de días pasados demostraría que es muy común lidiar con algún nivel de duda. Esto no suele ser una duda consumista que impulse a la persona a una depresión constante y desesperación, sino una duda más ocasional que puede ser superada por el ministerio del Espíritu.

Donald Whitney ha enumerado varias cosas importantes para entender acerca de este tipo de duda, cada una de ellas vale la pena considerar.

  1. Dudar de la seguridad no es lo mismo que experimentar la incredulidad. Una persona puede tener una fe fuerte y vibrante en Cristo Jesús sin dejar de sentir cierto grado de duda. No podemos hacer de la duda y la incredulidad términos sinónimos, no sea que una persona sienta que sus breves períodos de duda, indiquen una incredulidad grave en su corazón. La incredulidad supone una negación de  muchos puntos importantes de la doctrina, es simple incertidumbre sobre tales doctrinas.
  2. Hay muchas causas de la duda. Podemos dudar a causa de los ataques de Satanás, a causa de los juicios o las circunstancias difíciles, a causa del pecado en nuestras vidas, o incluso una condición mental o física. La duda no es necesariamente causada por el pecado agobiante en nuestras vidas.
  3. La inmadurez espiritual puede contribuir a la duda. Con una mayor madurez viene una mayor comprensión de Dios y de nuestra posición delante de El a través de la muerte expiatoria de Jesús. Así, en general, se espera que las dudas disminuyan a medida que una persona crece en la madurez espiritual.
  4. La sensibilidad al pecado puede causar confusión sobre la seguridad. Los creyentes, a través de su corazón renacido, son bendecidos con una mayor sensibilidad al pecado. Esta mayor comprensión de la gravedad del pecado puede llevar a los cristianos, y quizás cristianos jóvenes en particular, a la duda. Sin embargo, cabe señalar que este mayor conocimiento de pecado es realmente una muestra de la obra del Espíritu con el corazón de una persona.
  5. Las comparaciones con otros creyentes pueden llegar a empañar la seguridad. Compararse a sí mismo con otros creyentes, puede hacer hincapié en la falta de madurez de la fe de una persona. Debemos entender que la gente madura con gran esfuerzo y sobre una gran cantidad de tiempo. A menudo es poco realista compararse a sí mismo con un creyente que es mucho más maduro.
  6. La conversión en la infancia puede afectar la seguridad. Una persona que se convirtió cuando era niño puede sentir que él fue engañado cuando tomó la decisión. Puede sentir que su decisión es de alguna manera menos significativa, porque el cristianismo es todo lo que ha conocido.

Vemos, pues, que hay muchas razones por las que los cristianos pueden dudar de su seguridad de salvación. Algunos de estos factores son internos y algunos externos. Algunas de ellos pueden, de hecho, ser dados por Dios mismo para probarnos y moldearnos. Pero a pesar de todo, el creyente puede tener confianza en que la duda es común a la vida cristiana. Mientras que la duda es un problema causado por vivir en un mundo lleno de pecado, no es un pecado luchar con ella.

Tomado de aquí

 

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¿Interfiere Dios con Nuestro Libre Albedrío?

libre albedrío

Por Tim Challies.

Algunos cristianos ven a Dios tan bondadoso pero como un observador pasivo. Después de todo, Dios nunca podría interferir con nuestro libre albedrío, ¿verdad? Pregunte a Jonás y una sonrisa irónica vendría en su rostro. “Así es como Colin Smith introduce una anécdota ficción de la vida del profeta Jonás:

¿Dios nunca interferiría con nuestro libre albedrío?

Hmmm … vamos a ver.

Yo había hecho mi elección. Contuve mi conciencia, preparé mis nervios y, por un acto libre de mi propia voluntad, abordé el barco a Tarsis. Pero Dios no me dejó ir.

Mi voluntad me estaba llevando en la dirección equivocada. Así que Dios hizo una intervención, bondadosamente desordenando mi corazón rebelde para salvarme de una vida desperdiciada en desobediencia.

Dios entró en mi vida sin haber sido invitado, a través de una tormenta inesperada, tirando los dados, y golpeando las olas que me empujaron hacia abajo hasta que, por fin, llegué a mis sentidos y clame al Señor, sólo para descubrir que él ya había planeado y previsto mi salvación mediante el envío de un gran pez.

Pero eso fue sólo el comienzo. Habiéndome tendido en el ministerio, experimenté una extraña oscuridad en la que fui vencido por el resentimiento. Dejado a la deriva, me hubiera encorvado apartado enojado con Dios y amargado por los acontecimientos que habían dado forma a mi vida. Pero Dios intervino y me mostró Su compasión.

¿Interfiere Dios con nuestro libre albedrío? ¡Me alegro de que intervino con el mío! Solo, yo todavía estaría huyendo de Dios, y ¿quién sabe dónde estaría hoy? La rebelión y resentimiento fueron mi elección tonta. La salvación viene del Señor.

 

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No Somos del Agrado de Gandhi

Gandhi 1

Por Tim Challies,

¿Cuántas veces te encuentras con esta cita atribuida a Mahatma Gandhi? “Me gusta tu Cristo. No me gustan tus cristianos. Tus cristianos son tan diferentes de tu Cristo.” Debo haberlo leído cientos de veces en libros, revistas, artículos, mensajes en Twitter. Es utilizado por los creyentes y no creyentes para señalar a la hipocresía de los cristianos y llamarnos a más y ser mejor. Nuestra incapacidad para vivir lo que predicamos está alejando a multitudes. O al menos eso se nos dice. Después de todo, eso es lo que dijo Gandhi.

Tenemos que dejar de usar esta cita y voy a dar dos buenas razones para hacerlo. En primer lugar, Gandhi era difícilmente una autoridad sobre Jesús. Cuando él dice, “Me gusta tu Cristo” se está refiriendo a un Jesús de su propia creación, un Jesús escogido al azar de las páginas de la Escritura, una especie de Jefferson de Jesús, tomado y seleccionado entre los relatos de su vida. Desde luego, no se refería a Jesús –el verdadero y completo Jesús– revelado desde la primera página de la Escritura hasta la última. Él no hizo referencia al Jesús que permanece de pie leyendo con una espada de juicio, el Jesús que hizo afirmaciones firmes de Su propia divinidad y eternidad, que declaró que Él era y es el único camino para estar bien con Dios. Jesús, el buen hombre, Jesús el maestro, Jesús, el moralista, tal vez, pero nunca al Jesús que era y es y ha de venir.

Cualquier cosa que fuese el Jesús Gandhi no era el Jesús de la Biblia. ¿Por qué entonces debemos preocuparnos si no llegamos a esta versión falsificada de Jesús? Me daría vergüenza tener alguna apariencia de la clase de Jesús que Gandhi considera bueno, aceptable y digno de emulación. Ese Jesús, por supuesto, se tiene que ver terrible como Gandhi. Así que hay una buena razón para dejar de usar esta cita: porque Gandhi fabricó un Jesús de su propia creación y declaró su afecto sólo para este personaje de ficción. Nunca le gustó el aspecto real.

Aquí hay una segunda razón. Gandhi tenía una incomprensión fundamental de sí mismo y del resto de la humanidad.

Gandhi sin duda amaba la forma en que Jesús se relacionó con los oprimidos y los inconvenientes y asumió que él era un leproso o samaritano, cuando en realidad él era un fariseo. Supuso que era la mujer con una hemorragia de sangre que había gastado todo su dinero en cada tratamiento médico loco y doloroso o el ciego que siguió a Jesús por detrás gritando “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” Tal vez incluso podría haberse dignado a ponerse en el lugar del hijo pródigo, un hombre que se había extraviado, pero luego encontró la esperanza y la redención. En cualquier caso, el Jesús que le gustaba debe haber sido un Jesús que le amase y lo aceptara tal como estaba y no a un Jesús que declaró que incluso un hombre tan bueno como él era un enemigo de Dios.

Jesús habló palabras amables e hizo grandes hazañas, él consoló y sanó y dio esperanza y futuro. Pero no a todo el mundo. Jesús reservó las más duras palabras para la élite religiosa, quienes declararon que eran santos, que entendían la naturaleza de Dios, que habían alcanzado algún tipo de iluminación. Jesús no tenía amor por esas personas. Fueron esas personas que recibieron el más agudo de sus reproches y la más brutal de sus “aflicciones!” Eran los sepulcros blanqueados, la generación de víboras, las guías de ciegos.

Tales hombres no aman a Jesús. Es posible que hayan amado al Cristo fabricado de Gandhi, pero odiaban al real. Este Jesús, el Jesús de la Biblia, hubiera reprendido a Gandhi como reprendió a los líderes judíos de su época, las personas que llevaron a las personas caminando detrás de ellos rumbo al camino del infierno. Como ellos, él estaba convencido de su propia bondad y su propia dignidad.

Hay dos buenas razones para dejar de usar esta cita: Gandhi le gustaba sólo el Cristo de su propia creación, y él creyó que él era digno de la gracia de este Cristo. En ambas relatos se había equivocado, totalmente equivocado.

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¿Cuánto Dinero Voy a Dar?

dinero

Por Tim Challies

Es una cuestión que cada pastor enfrenta regularmente. Es una pregunta que cada conferencista enfrenta en mesas redondas o sesiones de P y R: ¿Cuánto de mi dinero doy a la iglesia?¿Cuánto debo dar a la iglesia?

Mi respuesta es corta: Suficiente que importe. Voy a explicar lo que quiero decir con eso.

En Corintios 16:2 Pablo instruye a la iglesia a tomar una colecta semanal en la que cada persona debe dar “según haya prosperado.” Esto nos dice que habrá diferentes niveles de donación. Algunos dan más y algunos dan menos. Dios nos ha prosperado de manera diferente –que nos ha dado a todos los diferentes niveles de ingreso y de riqueza y con ello diferentes cantidades para devolverle.

(Aparte: Por varias razones no creo que se nos instruya o se nos obligue a dar el diezmo, el único del 10% de que era una expectativa mínima en el Antiguo Testamento. Aquellos que exigen el diezmo hoy en día por lo general no comprenden el contexto del Antiguo Testamento donde el diezmo era un impuesto tanto como una donación, que era un medio de proporcionar estructuras civiles y religiosas en la sociedad puesto que ya no estamos en una teocracia, el diezmo ya no es operativo. Puede ser un poco útil incluir información en la discusión, pero no es el lugar para comenzar.)

Cuando digo que vamos a dar lo suficiente que importe, me refiero a que debemos dar suficiente que haga una diferencia en nuestras vidas, para nuestras formas de vida. Erwin Lutzer dice así: “Los que dan mucho sin sacrificio son considerados como habiendo dado poco.” Estamos destinados a dar bastante que hay cosas que no podemos hacer y no podemos tener a causa de nuestra dedicación a la obra del Señor. Que quede claro que no me refiero a que debemos hacerlo sin comida ni debemos hacerlo sin tener que pagar nuestras cuentas. El sacrificio ha de ser nuestro y no del banco o del propietario. Dar “según haya prosperado” no nos llama a dar más allá de las formas en que el Señor nos ha prosperado. Hay tradiciones teológicas que insisten en el endeudamiento con el fin de que “plantar una semilla” asegurará la provisión de Dios a cambio. Dios puede optar por hacer eso, pero la sabiduría dicta que nos aseguremos de que estamos en condiciones de pagar nuestras cuentas y alimentar a nuestros hijos. Debemos ser generosos, pero vamos a ser sabios también.

Para algunas personas, entregar un 10% puede significar que están dando bastante que importa. Tal vez ellos no pueden tener las vacaciones que de otro modo tendrían, tal vez están comprando un auto usado en lugar de uno nuevo, tal vez ellos están ahorrando para un extra par de años antes de arreglar la cocina o dar el pago inicial de esa casa. Para otros esto puede venir cuando se les da un 2% de sus ingresos. Para otros, puede venir cuando se les da un 75%. Mi ánimo es seguir aumentando la cantidad que dé hasta que lo sienta, hasta que realmente importe.

Estar dando de manera que no tenga impacto en nuestras vidas en todo, no es un sacrificio y, por lo tanto, no es suficiente. CS Lewis lo expresa de una manera útil: “Si nuestros gastos en comodidades, lujos, diversiones, etc, están por encima de la norma común entre los de mismos ingresos que el nuestro, probablemente estamos dando demasiado poco. Si nuestras obras de caridad no hacen en absoluto un pellizco o no nos dificultan, debo decir que son demasiado pocos. Tiene que haber cosas que nos gustaría hacer y no podemos porque nuestros gastos caritativos los excluyen.”

¿Cuánto debo dar? Suficiente para que importe. Basta que esté sacrificando algunas comodidades y experiencias que de otro modo disfrutaría. Lo que el Señor enseña a los que dan esta manera es el gozo de dar, ahora y eternamente, porque pesa más que lo que podría haber tenido en su lugar. No damos porque Dios necesita nuestro dinero, damos para mostrar nuestra gratitud y nuestra dependencia, y a cambio él lo vuelve en gozo. Así que muchos cristianos pueden dar fe de que hay una poderoso, humillante y de gran alcance tipo de gozo en añadir durante un año previo y dar gracias al Señor por permitir que tanto sea dado. Ese coche o cocina o casas palidece en comparación con la alegría de hacer un sacrificio tan pequeño a Aquel que sacrificó todo por nosotros.

 

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Uno De Los Propósitos De Dios En El Sufrimiento

Uno De Los Propósitos De Dios En El Sufrimiento

Por Tim Challies

sufrimiento

Cuanto más crezco en mi conocimiento del Señor (por su gracia) cuanto más veo la centralidad absoluta de la iglesia, la iglesia local, en su plan para su pueblo. Cuanto más aprendo de Él, más veo la joya que es la iglesia –que es una bendición, que es un honor ser parte de algo tan asombroso, tan de otro mundo. Esto es algo que se ha traído a casa a mí en los últimos años, principalmente mediante el gozo y el privilegio de ser parte de una iglesia local fiel. Pero también se ha hecho hincapié en muchos de los libros que he leído.

Hace poco leí el libro de Ligon Duncan ¿Crecerá Más la Gracia en Invierno? , un libro que trata con el sufrimiento. Había algo allí que realmente llamó mi atención en este contexto de la iglesia local.

Usted puede estar familiarizado con estas palabras desde el primer capítulo de Colosenses:

24Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros, y en mi carne, completando lo que falta de las aflicciones de Cristo, hago mi parte por su cuerpo, que es la iglesia,

25de la cual fui hecho ministro conforme a la administración de Dios que me fue dada para beneficio vuestro, a fin de llevar a cabo la predicación de la palabra de Dios,

26es decir, el misterio que ha estado oculto desde los siglos y generaciones pasadas, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos,

27a quienes Dios quiso dar a conocer cuáles son las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria.

28A El nosotros proclamamos, amonestando a todos los hombres, y enseñando a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo.

29Y con este fin también trabajo, esforzándome según su poder que obra poderosamente en mí.

Estas son palabras que he leído muchas veces en los últimos años, y, sin embargo la aplicación de Duncan de ellas es completamente nueva. En el capítulo que proporciona el contexto para estos versículos él explica lo que Dios puede lograr a través del sufrimiento y uno de los cuatro puntos que plantea es el siguiente: El sufrimiento sirve para edificar a la iglesia. ¿Ha pensado alguna vez que a través del sufrimiento de usted Dios está fortaleciendo su iglesia? Él dice: “Nuestro sufrimiento ayuda a la madurez de todo el cuerpo de los creyentes. Es extraordinario que nuestro sufrimiento está diseñado no sólo para trabajar la piedad en nosotros como individuos, haciendo valorar más a Cristo, pero también para trabajar la madurez en toda la iglesia.” Y esto es exactamente lo que Pablo señala que en los primeros versículos de Colosenses. “El sufrimiento es el instrumento de Dios para llevar a la madurez de toda la iglesia. Dios ordena nuestro sufrimiento, como una participación en el sufrimiento del cuerpo de Cristo, para llevar a cabo en la iglesia los propósitos de la aflicción de Cristo. En otras palabras, a veces Dios señala a sus hijos sufrir para que todo el cuerpo se haga perfecto. “Todos sabemos que, como miembros de la iglesia debemos regocijarnos juntos y llorar juntos, pero ¿entendemos que estas ocasiones donde se da luto son por nuestra madurez? Si realmente somos un cuerpo, cada parte depende de la otra, entonces no puede ser de otra manera. El sufrimiento de una persona es el sufrimiento de toda persona, una persona madurando, es toda persona madurando.

¿Puede ver cómo esto debe ser verdad? ¿Puede pensar en algunos de los hombres y mujeres cristianos de cuyo sufrimiento usted ha sido testigo y ver cómo su ejemplo ha servido para fortalecer a la iglesia? No puedo pensar en todo tipo de ejemplos. Algunos de ellos son personas que han sufrido lejos de mí, lejos de mi iglesia local, pero cuyo sufrimiento sirvió para fortalecer aún a los cristianos a los que nunca se habían encontrado cara a cara. Otros son personas que han sido parte de mi iglesia local o siguen siendo parte de mi congregación local, cuyo sufrimiento ha sido presenciado por unos pocos, pero esos pocos se han fortalecido por su testimonio. Creo que las personas que sufrieron enfermedad o desempleo o la pérdida de un hijo, han crecido en la madurez a través del sufrimiento, pero, sorprendentemente, también lo hicieron aquellos de nosotros que lloraron con ellos.

Duncan dice: “Estas aflicciones que ‘faltan’ de Cristo, no indican que su sufrimiento no era suficiente para nuestra salvación. Se trata simplemente de un reconocimiento de que cuando usted se convierte en un creyente en el Señor Jesucristo, se convierte en parte de su cuerpo. Dado que usted es parte de su cuerpo, sus sufrimientos son sus sufrimientos.Cuáles son los sufrimientos que faltan en la aflicción de Cristo? Estos son los que no han sido experimentados todavía por su cuerpo: la iglesia. Estas seguirán siendo experimentadas por su cuerpo hasta que venga otra vez y poner fin a todo sufrimiento para su pueblo.” Duncan continúa diciendo: “El apóstol Pablo nos está diciendo algo asombroso. Las aflicciones del cuerpo de Cristo tienen la intención de llevarlo a la madurez. Es decir, que Dios ordena, por el Espíritu y por la fe, nuestro sufrimiento para llevar a cabo en la iglesia los propósitos de la aflicción cristiana. Estos objetivos son: Cristo en nosotros, la esperanza de gloria, y cada uno de nosotros haciéndonos madurar en Cristo Jesús.”

Así que supongo que esto es algo que debemos tener en cuenta en esos momentos en que es la voluntad de Dios que suframos. Nuestro sufrimiento no es inútil, no es sin sentido. Al menos en parte, nuestro sufrimiento es ordenado por Dios para que podamos fortalecer y edificar a nuestros hermanos y hermanas en Cristo, para que ellos, y nosotros, podamos orientarnos hacia la madurez cristiana. “Su sufrimiento no sólo le pertenecen a usted. Ustedes son miembros de un cuerpo. Su sufrimiento es la madurez del cuerpo tanto como lo es para la suya. Su sufrimiento está ahí para edificar la iglesia de Cristo. Está allí para que el pueblo de Dios obtenga fe, esperanza y confianza a la hora de sus pruebas. Y su sufrimiento es también el sufrimiento del cuerpo, porque uno de los propósitos de Dios en el sufrimiento es la madurez de toda la iglesia.”

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