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El Libro de la Vida del Cordero y orar por los perdidos

El Libro de la Vida del Cordero y orar por los perdidos

Por: John MacArthur

(Apocalipsis 21)

Y llevarán Ia gloria y Ia honra de las naciones a ella. No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de Ia vida del Cordero. (Apocalipsis 21:26)

Luego Juan añade otro detalle a su descripción de la nueva Jerusalén. Por todo el interminable día del estado eterno (pues allí no habrá noche) sus puertas nunca serán cerradas. En una antigua ciudad amurallada se cerraban las puertas al anochecer, a fin de impedir que entraran en la ciudad invasores, merodeadores, delincuentes y otros individuos potencialmente peligrosos, al abrigo de las tinieblas. El que no habrá noche en la eternidad, y el que las puertas de la nueva Jerusalén nunca serán cerradas, refleja la completa seguridad de la ciudad. Será un lugar de descanso, seguridad y solaz, donde el pueblo de Dios “descansará de sus trabajos” (14:13).

Los reyes no serán los únicos que rendirán su prestigio y gloria terrenales cuando entren en el cielo. La gloria y Ia honra de las naciones también se acabará, por decirlo así, ante la eterna adoración de Dios el Padre y del Señor Jesucristo. Al igual que los veinticuatro ancianos, todos los que entren en el cielo “[echarán] sus coronas delante del trono” de Dios (4:10).

Todo en el cielo será perfectamente santo. Así que no entrará en la nueva Jerusalén ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira (véanse los análisis de 21:7-8 en el capítulo 18 de este volumen y 22:15 en el capítulo 21). Los únicos allí serán aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero. (Para un análisis del libro de la vida, vea 3:5; 13:8; y los comentarios sobre 20:12 en el cap. 17 de este volumen).

 

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