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EL GOZO DE JESÚS

EL GOZO DE JESÚS

by David Wilkerson |

Donde la palabra de Dios es reverenciada, el resultado inevitable es un derramamiento genuino del “gozo de Jesús”.

Nehemías y Esdras le dijeron a la multitud que había vuelto a Jerusalén: “Ustedes han estado entusiasmados con la palabra de Dios – hambrientos por ella, amándola, permitiendo que obre en sus corazones. Se han arrepentido, llorado y entristecido – y Dios se ha complacido con ustedes. Pero llegó el tiempo de regocijarse. Saquen sus pañuelos y sequen sus lágrimas. Este es un tiempo de gran gozo y alegría.”

La gloria del Señor descendió sobre Israel y el pueblo pasó los próximos siete días regocijándose: “Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado.” (Nehemías 8:12).

La palabra hebrea para “alegría” aquí significa regocijo, gozo, júbilo, contento. Esta clase de alegría no es tan sólo el sentirse bien, sino que un gozo interior, una euforia profunda. Esa expresión de gozo puede que se vea diferente en cada uno de nosotros, porque toma lugar en nuestro interior. Pero es claro para los que nos rodean que nuestro genuino gozo viene del cielo.

Cada vez que Israel se volvía al pecado y a la idolatría, el Señor les quitaba su gozo: “Haré cesar todo su gozo…” (Oseas 2:11). “Y haré que desaparezca de entre ellos la voz de gozo y la voz de alegría…toda esta tierra será puesta en…espanto.” (Jeremías 25:10-11).

A veces, Israel pretendía un gozo falso para tratar de cubrir los pecados del pueblo. Esto también lo vemos con frecuencia en muchas iglesias hoy día. Podemos ser testigos de cánticos, danzas, manifestaciones y alabanzas en alta voz – pero aquellos que aman la palabra de Dios pueden discernir si es gozo verdadero o falso.

Puedes recordar el clamor de Israel cuando bailaban alrededor del becerro de oro. Cuando Josué oyó el clamor del pueblo que gritaba dijo: “Alarido de pelea hay en el campamento.” (Éxodo 32:17). Pero Moisés respondió: “No es voz de alaridos de fuertes, ni voz de alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo…” (Éxodo 32:18). Moisés estaba diciendo: “Este es grito de un pueblo que aún está en esclavitud, que no ha dominado su pecado.” El oro se ha convertido en el dios de Israel, y ha traído gritos a los labios del pueblo. Sin embargo, eran gritos de falso gozo – el alarido que señalaba el juicio inminente de Dios.

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