Soldado de Jesucristo

Soli Deo Gloria

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Guiados por el Espíritu

Guiados por el Espíritu

Por John MacArthur

John MacArthur(Gálatas 5)

Del Comentario

Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra Ia carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo Ia ley. (Gálatas 5:17-18)

Al lado de muchos otros en el Nuevo Testamento, estos dos versículos hacen obvio que andar en el Espíritu no es un simple asunto de rendición pasiva. La vida guiada por el Espíritu es una vida de conflicto, porque está en combate constante con las costumbres viejas de Ia carne que todavía tientan y seducen al creyente: el deseo de Ia carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra Ia carne.

Los creyentes que no participan de manera activa en resistir el mal y procurar el bien, no han permitido ser guiados por el Espíritu, sin importar cuánto crean que han “rendido” sus vidas. El creyente fiel no es un observador sino un “buen soldado de Jesucristo” que mantiene un servicio activo a su Señor (2 Ti. 2:3-4).

Como una advertencia reiterada a los creyentes que eran influenciados por los judaizantes, Pablo añadió: Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo Ia ley. Vivir bajo Ia ley es vivir por la carne así uno no cometa un pecado como tal, porque es la única vía disponible para el legalista. La carne es impotente para cumplir Ia ley; y Ia ley carece de poder para conquistar la carne. Más bien, “el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mi toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto. Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mi me resultó para muerte; porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó y por él me mató” (Ro. 7:8-11).

En su libro El progreso del peregrino, Juan Bunyan describe la casa de Intérprete, a la cual entró Peregrino durante su periplo hacia la ciudad celestial. La sala estaba cubierta de polvo por completo, y cuando un hombre tomó una escoba y empezó a barrer, él y los demás que estaban en la casa empezaron a asfixiarse por las nubes de polvo que se levantaron. Cuanto más barría, más difícil se hacía respirar. Intérprete ordenó a una criada que rociara la habitación con agua; y de esa manera se pudo sacar la suciedad con rapidez y facilidad. Interprete explicó a Peregrino que la sala representaba el corazón de un hombre no salvo, el polvo era el pecado original, el hombre con la escoba era la ley y la criada con el agua representaba el Evangelio. Su mensaje fue que lo único que puede hacer la ley con respecto al pecado es agitarlo un poco tan solo para dejarlo en el mismo lugar. Sólo el Evangelio de Jesucristo puede llevárselo por completo. “El poder del pecado [es] la ley”, declaró Pablo. “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Co. 15:56).

Ser guiados por el Espíritu es lo mismo que andar en Él (vv. 16, 25) pero hace más hincapié en Su liderazgo. No andamos con Él como un igual, sino que seguimos Su dirección como nuestro Guía soberano y divino. “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Ro. 8:14). También es cierto lo inverso: aquellos que son hijos de Dios son guiados por el Espíritu de Dios. Los creyentes no necesitan orar pidiendo la dirección del Espíritu porque Él ya hace eso en sus vidas. Lo que necesitan es buscar la disposición y la obediencia para seguir su dirección.

Tan pronto Cristo entra en la vida de una persona, el Espíritu Santo lo hace también de forma simultánea (cp. Ro. 8:9). En el mismo momento de su entrada empieza a guiar al hijo recién nacido de Dios en el camino de Ia libertad (Gá. 5:1), Ia santidad (5:16), Ia verdad (Jn. 16:13-15), el dar fruto en abundancia (Gá. 5:22-23), el acceso a Dios en oración (Ef. 2:18), Ia seguridad (Ro. 8:16), el dar testimonio (Hch. 1:8) y el gozo sumiso (Ef. 5:18-21). No es de sorprenderse que Pablo se regocijara “porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por Ia carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en Ia carne; para que Ia justicia de Ia ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Ro. 8:3-4). Pg. 199-203

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