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“Por qué no llega el Avivamiento” de LEONARDO RAVENHILL (Parte 5)

Notas extraídas de la lectura del libro “Por qué no llega el Avivamiento” de LEONARDO RAVENHILL (Parte 5)

¿Quién fue Leonardo Ravenhill?

 

Leonardo RavenhillLeonard Ravenhill (1907-1994) fue un destacado evangelista, predicador, y ministro cristiano británico que estuvo activo durante el siglo XX, escribió varios libros y realizó innumerables predicaciones, muchas de las cuales se centraban en temas de oración, avivamiento de la fe cristiana, la obediencia a Cristo y sumisión a la voluntad de Dios.

Es también conocido por haber desafiado a través de sus libros y sermones el estilo de vida de muchos creyentes e iglesias modernas, exhortándoles a la seriedad y hablándoles de la necesidad de apegarse radicalmente a las enseñanzas de Jesucristo, al estilo de los cristianos primitivos.

Uno de sus libros más sobresalientes es “Porqué no llega el avivamiento”, considerado por algunos, una obra clásica, y del cual se estima que se han vendido más de medio millón de copias en todo el mundo y ha sido traducido a numerosos idiomas.

 

Notas extraídas de la lectura (Parte 5)

 

Un clamor repetido de Livingstone era: «Señor, ¿cuándo serán curadas las llagas de este mundo?» Pero nosotros, ¿nos sentimos apesa­dumbrados al orar? ¿Empapamos nuestros almohadones de lágrimas como lo hacía Juan Welch?

 

El erudito Andrew Bonar estaba en su cama un sábado por la noche, cuando oyó a altas horas de la madrugada el ruido de la gente que venía de una taberna cercana. Movido por un sentimiento irresistible de compasión empezó a gritar con toda la fuerza de sus pulmones: «;Oh, .oh, esta gente se pierde, se pierde!» ¡Ay, hermanos, nosotros nos hemos aprendido así de Cristo! Muchos de nosotros no tenemos sino un ligerísimo sentimiento de simpatía, sin lágrimas, sin pasión alguna, por las almas que nos rodean.

Los grandes pensadores de la Iglesia cristiana han designado siete formas de pecar a las que llaman «pecados mortales», dejando a otros como «pecados veniales»; pero es un gran error, pues todo pecado es mortal.

 

¡Cristianos, de rodillas!, desistid del loco intento de mejorar la sociedad rociando la iniquidad individual e internacional con agua de rosas. Arrojad sobre su podredumbre los poderosos ríos de lágrimas y oración y de predicación ungida con el poder del Espíritu Santo, hasta que todo sea limpio.

 

Abstente de discutir acerca de la Palabra de Dios. Obedécela.  Oswald Chambers

 

¡Oh, que los creyentes pudieran llegar a ser de veras conscientes de lo que significa la Eternidad! Si supiéramos vivir cada momento de cada día bajo la mirada de Dios; si cada acto lo realizáramos a la luz del juicio que ha de recaer sobre nuestras acciones; si vendiéramos cada artículo, eleváramos cada una de nuestras oraciones, diezmáramos hasta la última de nuestras posesiones, predicáramos (los que somos predicadores) cada uno de nuestros sermones con un ojo a la humanidad condenada y con el otro al tribunal de Dios, entonces tendríamos un despertamiento del Espíritu Santo que conmovería la tierra y en muy poco tiempo salvaríamos a millones de preciosas almas.

 

Sodoma, que no tenía Biblia, ni tratados, ni reuniones de oración, ni iglesias, y apenas un solo predicador, fue hallada responsable delante de Dios y fue destruida. ¿Cómo pensáis que escaparán América e Inglaterra de la ira del Todopoderoso?

 

El hecho es que la gente hoy día edifica iglesias, pero no las llena; se imprimen millones de Biblias, y muy pocos las leen; hablan de Dios, y no creen en El; hablan de Cristo, y no confían en su salvación; cantan himnos, y sólo se recrean en la música, no fijándose ni un ápice en las palabras. ¿Cómo tiene que terminar todo esto?

Dejemos de buscar excusas. La causa del descenso de la moral no es la radio ni la televisión. La culpa de la presente degeneración y corrupción internacional radica en la Iglesia.

 

¿Por qué tarda el despertamiento? La respuesta es muy sencilla: Porque el Evangelio está altamente comercializado.

 

Gentes engañadas dan pensando que los receptores de las ofrendas hacen la obra de Dios, mientras que lo que están haciendo es mantener una alta reputación para predicadores de pequeño corazón que viven al estilo de Hollywood.

 

El despertamiento tarda porque se ha puesto el Evangelio demasiado barato.

 

 Los púlpitos se han convertido en escaparates de habilidades, hermanos, y el grupo de visitantes se asemeja, muchas veces, a una exposición de maniquíes.

 

Sería más fácil oír a una rana entonar el «Claro de Luna» de Beethowen que a un predicador de nuestros días predicar con aquella unción del Espíritu Santo que ponía a temblar a los oyentes. Los evangelistas hoy día están dispuestos a todo, con tal de lograr que unas pocas personas se levanten y vengan al púlpito. Evitando mencionar el pecado y la condenación gritan: ¿Quién desea ayuda? ¿Quién quiere más poder? ¿Quién se propone andar más cerca de Dios? Esta fe fácil que hoy día se predica deshonra al Redentor y mancilla el altar. No se dice que el altar es un lugar para morir al mundo y a su pecado. ¡Hay que hacerlo fácil, no difícil! Allá se queden los que no quieren pagar el precio de una verdadera conversión a Dios.

Si fuéramos la mitad de los cristianos que profesamos ser y tuviéramos una décima parte del amor a la verdad y a las almas que decimos poseer, nuestro pueblo cristiano se vería bañado en sangre a causa de la persecución, pero asimismo lo seria en el fuego del Espíritu Santo.

Wesley no temió la burla. Desafió a los hombres y a los demonios. Si Whitefield fue asimismo ridiculizado del modo más bajo y ruin, y si los cristianos del Nuevo Testamento fueron apedreados y hechos objeto de ignominia por todas partes, puesto que el pecado y los pecadores no han cambiado, ¿por qué los predicadores actuales no desatamos las iras del infierno? ¿Por qué somos tan normales y tan espléndidamente nulos? Podemos tener tumultos sin despertamientos, pero a la luz de la Biblia y de la Historia, ¿podemos tener despertamiento sin tumultos de oposición?

 

El mayor factor que retrasa el despertamiento del Espíritu Santo es la falta de dolores de parto para el alumbramiento de almas regeneradas. Estamos sustituyendo la propagación de los tiempos primitivos por propaganda. ¡Qué locura!

 

No hemos resistido hasta la sangre combatiendo contra el pecado, ni tampoco «sudado con agonía de alma», como dijo Lutero. Oramos con una actitud de «lo toma o lo deja». Nuestras oraciones son de ocasión. Ofrecemos lo que nada nos cuesta; ni siquiera tenemos un «fuerte deseo» de aquello por lo cual oramos. Somos acomodaticios, blandos, espasmódicos

¿Quién asaltará las fortalezas del infierno?, ¿quién se negará buena comida, buena compañía o buen reposo para liberar cautivos de los lazos de Satanás y traer trofeos de almas lavadas por la sangre de Cristo?

 

¡Afuera con todo el chismorreo por la espalda: «Mi programa de radio…», «Mi iglesia…», «Mis libros…»! Estas presentaciones con el consabido y esperado: «Tenemos el privilegio de tener entre nosotros…», etc., etc. ¡Los predicadores que han recibido de gracia todo lo que tienen, no sólo aceptan tales halagos sino que los esperan!, y lo peor es que muchas veces, después de haberlos escuchado nos preguntamos si valen lo que ha sido dicho de ellos, si no hubiesen sido objeto del pomposo anuncio.

Puedes leer además la Primera Parte, Segunda Parte, Tercera Parte y la Cuarta Parte de las notas.

Próximamente publicaré más partes de las notas personales que hice de este libro, desde ya estoy recomendado su lectura, lo puedes descargar aquí: “Por qué no llega el Avivamiento” de LEONARDO RAVENHILL

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