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“Por qué no llega el Avivamiento” de LEONARDO RAVENHILL (Parte 11)

Notas extraídas de la lectura del libro “Por qué no llega el Avivamiento” de LEONARDO RAVENHILL (Parte 11)

 

¿Quién fue Leonardo Ravenhill?

Leonardo RavenhillLeonard Ravenhill (1907-1994) fue un destacado evangelista, predicador, y ministro cristiano británico que estuvo activo durante el siglo XX, escribió varios libros y realizó innumerables predicaciones, muchas de las cuales se centraban en temas de oración, avivamiento de la fe cristiana, la obediencia a Cristo y sumisión a la voluntad de Dios.

Es también conocido por haber desafiado a través de sus libros y sermones el estilo de vida de muchos creyentes e iglesias modernas, exhortándoles a la seriedad y hablándoles de la necesidad de apegarse radicalmente a las enseñanzas de Jesucristo, al estilo de los cristianos primitivos.

Uno de sus libros más sobresalientes es “Porqué no llega el avivamiento”, considerado por algunos, una obra clásica, y del cual se estima que se han vendido más de medio millón de copias en todo el mundo y ha sido traducido a numerosos idiomas.

Notas extraídas de la lectura (Parte 11)

 

Nosotros necesitamos ¡lluvia!, ¡lluvia!, ¡lluvia! Las iglesias están tan secas que la semilla no puede germinar. Nuestros altares están secos, sin ardientes lágrimas de penitentes. ¡Cómo necesitamos un Elías!

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La cámara de oración no es un lugar simplemente para entregar al Señor una lista de las más urgentes necesidades. ¿Es verdad que «la oración cambia las cosas»? Sí, porque la oración cambia los hombres.

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Si Juan Knox hubiese orado: «Señor, dame éxito», nunca hubiésemos oído nada de él; pero oró diciendo: «¡Dame Escocia o me muero!», y su oración ha entrado en las páginas de la Historia.

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Para esta edad hambrienta de pecado necesitamos una iglesia hambrienta de oración. Necesitamos explorar otra vez las «sobremanera grandes y preciosas promesas de Dios».

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La oración consigue cosas de Dios. La oración crea hambre de almas, y el hambre de almas crea oración. El alma que entiende ora, y el alma que ora obtiene entendimiento. Al alma que ora con reconocida humildad y conociendo su flaqueza, el Señor le da fuerzas. ¡ Oh, que fuésemos hombres de oración semejantes a Elías —un hombre sujeto a las mismas pasiones que nosotros—! ¡Señor, haznos orar!

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En una grande iglesia con capacidad para mil personas hay una tabla con esta inscripción puesta en memoria de Juan Geddie: «Cuando desembarcó aquí en 1848 no había cristianos; cuando salió en 1872 no había paganos.»

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La Iglesia empezó con aquellos hombres y mujeres en el «aposento alto» entregados a la oración ardiente, y hoy día está terminando con hombres y mujeres en el salón de fiestas de encima de la iglesia organizando des­pertamientos artificiales.

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La Iglesia empezó con un despertamiento y está terminando con un ritual. Empezamos de un modo viril, estamos terminando en la esterilidad.

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Los primeros miembros de la Iglesia eran hombres ardientes y no grandes graduados. Hoy día hay muchos grados de ciencia y pocos de calor. ¡Ah, hermanos!; ¡hombres con corazones de llama son la necesidad del presente!

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Los hombres de Dios necesitan ser columnas de fuego: hombres guiados por Dios para guiar un pueblo mal dirigido.

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El grito debería ser: «Tocad trompeta en Sión, santificad un ayuno, llamad a una solemne convocatoria para que los predicadores, los ministros del Señor, lloren» (Joe 2:15-17).

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Comparado con un corazón que ha conocido el fuego del Señor y ha permitido que este fuego se apague, los picos helados de los Alpes son cálidos.

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Si el Espíritu Santo está ausente del estudio del predicador, viene éste a convertirse en un laboratorio de doctrinas disecadas y dogmas sin vida. La enseñanza necesita unción, la verdad debe ser cortante, y el consuelo hiriente.

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¡Sonad la alarma! El conflicto se hace cada vez más agudo. Esta es la noche de gran confusión. ¡Dios ayude a las naciones arruinadas por religiones humanas, maldecidas con cultos humanos y encaminadas al abismo por doctrinas amañadas por los hombres! ¿Ha habido jamás una hora peor que ésta? Reiterados esfuerzos es el precio que tenemos que pagar al progreso.

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Ante los hombres de paja de nuestros días que se burlan de la sangre de Cristo, de la fe en su encarnación, del fuego del infierno, ¿callaremos? Hacer esto nos haría culpables como los que vieron las legiones de César avanzar sin sonar la alarma. Las estacas son altas, pero el premio y la recompensa lo son también.


Puedes leer además la Primera Parte, Segunda Parte, Tercera Parte, Cuarta Parte, Quinta Parte, Sexta Parte, Séptima Parte, Octava Parte, la Novena Parte, y la Décima Parte de las notas.

 

Próximamente publicaré la última parte  de las notas personales que hice de este libro, desde ya estoy recomendado su lectura, lo puedes descargar aquí: “Por qué no llega el Avivamiento” de LEONARDO RAVENHILL

 

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