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“La mortificación del pecado” de John Owen (Parte 1)

Notas extraídas de la lectura del libro “La mortificación del pecado” de John Owen (Parte 1)

 

la mortificación del pecado

  • Los creyentes verdaderos ya no están bajo el dominio y el control del pecado
  • Las características de aquellos que están en la carne indican claramente que son personas no regeneradas.

 

  • Los creyentes verdaderos, quienes definitivamente son libres del poder condenatorio del pecado (y de su esclavitud), no obstante, deben ocuparse a lo largo de sus vidas con la mortificación del poder del pecado que todavía permanece en ellos.

 

  • Todos los supuestos “creyentes carnales” son en realidad personas inconversas que irán al infierno.

 

  • Todos aquellos que continúan viviendo bajo el control y el dominio de la carne (el pecado o su naturaleza pecaminosa), morirán eternamente, porque pertenecen a la esfera de los muertos.

 

  • El propósito de Dios es que todos sus hijos pasen por un proceso de santificación en este mundo. Este proceso es esencial como preparación para vivir en la gloria. Sin embargo, lo que les da derecho a la gloria es la justificación por gracia; lo que les prepara en forma práctica para disfrutar la gloria, es el proceso de la santificación. La mortificación del pecado es una parte esencial en este proceso de santificación. Si no estamos siendo santificados por Dios, es porque no vamos a ir a la gloria.

 

  • Mortificar el pecado en base a los esfuerzos humanos, en conformidad con sus propias ideas, conduce a la justicia propia. Esta es la esencia de toda religión falsa.

 

  • Debemos acabar con cualquier cosa en nuestras vidas que sirva como “comida” para alimentar la naturaleza pecaminosa. No debemos proporcionarle ninguna cosa que le fortalezca o que le ayude a tener fuerza, poder y vitalidad.

 

  • “Todos aquellos que piensan acabar con el pecado con unos cuantos ‘golpes ligeros’ se equivocan, porque fracasarán y terminarán siendo muertos por este enemigo.”

 

  • Es el deber de cada creyente hacer morir los remanentes de esta naturaleza pecaminosa. Esto debe ser hecho continuamente para que los deseos de la naturaleza pecaminosa no sean satisfechos.

 

  • Los creyentes verdaderos, quienes definitivamente son libres del poder condenatorio del pecado (y de su esclavitud), no obstante, deben ocuparse a lo largo de sus vidas con la mortificación del poder del pecado que todavía permanece en ellos.

 

  • Lector: ¿Mortifica usted sus pecados? Su vida depende de esto. No deje de hacerlo ni siquiera por un solo día. Mate al pecado o el pecado matará su paz y su gozo.

 

  • Reconocemos que tenemos un “cuerpo de muerte” del cual no seremos librados hasta que nuestros cuerpos mueran. (Vea Rom.7:24 y Fi1.3:21.)

 

  • Que los restos del pecado permanecerán en nosotros, en un grado mayor o menor, hasta el día de nuestra muerte. Puesto que esta es la realidad del asunto, no tenemos otra oposición salvo la de hacer de la mortificación del pecado, nuestro trabajo diario. Si una persona ha sido mandada a matar al enemigo pero antes de que el enemigo sea muerto deja de golpearle, entonces ha dejado el trabajo a medias. (Vea 2 Cor.7:1; Gá1.6:9 y Heb.12:1.)

 

  • Cuando el pecado nos deje en paz, entonces nosotros lo podemos dejar en paz.

 

  • El pecado es engañoso y sabe cómo aparentar que está muerto, cuando en realidad todavía está vivo. Debido a esto, debemos perseguirlo vigorosamente en todo tiempo hasta la muerte.

 

Te propongo estar alerta pues en los próximos días publicaré más partes de las notas personales que hice de este libro, desde ya estoy recomendado su lectura. Ya puedes leer la Segunda Parte de estas notas personales

Si vives en Cuba esto te puede interesar: Literatura cristiana gratis para cubanos.

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2 Responses to “La mortificación del pecado” de John Owen (Parte 1)

  1. vielka saenz says:

    Gracias por tan buena página es de gran bendicion para mi familia

  2. Dairon Arrebato Martinez says:

    Sobre las notas del libro la mortificación del pecado me parecen muy buenas pero creo que falta el arma fundamental y es Cristo Jesús a nuestro favor… Estas on unas notas del pastor David Menendez de la Iglesia Bautista Reformada en Miami.

    La ley del Espíritu de vida es la forma en que Dios obra para darnos vida, es decir elmodo de operación de Dios para la vida del creyente se puede ver así:
    -Es por la operación del ESPÍRITU= Es por la operación de la FE.
    – Es por la FE= es mirando la persona y la obra de CRISTO a favor de su PUEBLO.
    – Es mirando la persona y la obra de CRISTO a favor de su PUEBLO= es continuamente volviendo o permaneciendo en el EVANGELIO.

    En el evangelio en el cual somos salvos no depende de lo que esté pasando adentro de nosotros, sino mirar afuera, es decir a la CRUZ, a su obra por nosotros hace 2000 años, algo así como los que eran mordidos por las serpientes en el desierto y no importa como se sentían en ellos o adentro de ellos si miraban afuera a la serpiente levantada en el campamento eran sanados. En la medida que dependamos deesta obra afuera de nosotros, la obra de adentro(el ser conformados a la imagen de su Hijo) se perfecciona. Somos perfeccionados(santificados agrego yo aquí también) por la Fe, como diría Pablo a los Gálatas a finales del capítulo 2 y comienzo del capítulo 3. Interesantemente, mientras el discípulo quiera concentrarse en la obra adentro, más subjetivamente SENSORIAL E INCONSTANTE se volverá.

    En cuanto a la naturaleza pecaminosa y 1 de Juan, creo que el Espíritu no nos deja pecar a la manera de los gnósticos, es decir tergiversando la persona y la obra de Cristo dejando de ver nuestros pecados y la confianza en él para nuestra limpieza y perdón por la Fe. Ya no pecamos como estos que apostatan de la fe que es el pecado por el cual Juan después dice al final de la carta por el cual no deben orar. Ya no continuamos en pecado porque no vivimos en iniquidad a la manera de los apóstatas, vivimos en la fe del Hijo.

    Finalmente si por el Espíritu hacemos morir las obras de la carne= si por Fe vivimos confiados que en Cristo por su obra de muerte y resurrección nosotros juntamente con él podemos considerarnos muertos al pecado y vivos para Dios, de esta manera enterramos diariamente las obras de la carne teniendo como resultado el fruto del Espíritu. Es una obra de fe de principio a fin. David Menendez

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