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“El pecado” de J. C. Ryle. Parte 1.

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Notas personales extraídas del libro “El pecado” de J. C. Ryle. Parte 1.

– Gran parte de los errores, herejías y doctrinas falsas tan comunes en nuestro tiempo, se originan y tienen su causa en ideas poco claras y poco profundas sobre el pecado. Si una persona no se ha dado cuenta de la peligrosa naturaleza de la enfermedad de su alma, no nos extrañe que se contente con remedios falsos o imperfectos.

– Una de las necesidades más imperiosas de nuestro siglo ha sido, y es, la de una enseñanza más clara y completa de lo que es el pecado.

– Acordémonos siempre de que la pecaminosidad del hombre no viene de fuera, sino que brota del interior de su corazón. No es el resultado de una formación deficiente en la infancia; no se debe a las malas compañías y a los malos ejemplos, como muchos cristianos débiles con demasiada indulgencia conceden. ¡No! Es una enfermedad familiar que todos hemos heredado de nuestros primeros padres Adán y Eva, con la cual hemos nacido.

– El más hermoso de los bebés que haya nacido este año, y que se ha convertido en el centro de los afectos y atenciones de la familia, no es, como favoritamente lo llama su madre, un ‘pequeño ángel’ o un ‘pequeño inocente’, sino un ‘pequeño pecador’. ¡Ah! Por mucho que sonría y se mueva en la cunita, pensad que en su corazón lleva las semillas de la iniquidad. Vigiladle estrechamente mientras crece en estatura y su mente se desarrolla, y pronto descubriréis en él una tendencia constante hacia aquello que es malo, y un alejamiento de todo aquello que es bueno. Descubriréis en él los brotes y los orígenes del engaño, de un temperamento malo, del egoísmo, de la voluntad propia, de la obstinación, de la avaricia, de la envidia, de los celos y de las pasiones que, de no ser reprimidas y controladas a tiempo, se desarrollarán con dolorosa rapidez. ¿Quién enseñó al niño estas cosas? ¿Dónde las aprendió? Sólo la Biblia puede dar respuesta a estas preguntas.

– Qué poco nos damos cuenta de la astucia del pecado! Somos demasiado propensos a olvidar que la tentación al pecado raramente se presentará a nosotros en sus colores verdaderos, y diciéndonos: ‘Yo soy vuestro enemigo mortal y deseo vuestra ruina eterna en el infierno’ ¡Oh, no! La tentación se acerca a nosotros como Judas, con un beso; y como Joab, con mano amiga y palabras aduladoras.

– Estoy persuadido de que cuanta más luz se tiene, más se llega a ver la pecaminosidad del corazón; de ahí que cuanto más cerca esté el creyente del cielo más debe revestirse de humildad.

– La mejor manera de subsanar un cristianismo endeble, es predicar y llevar a primer plano la vieja doctrina bíblica de la pecaminosidad del pecado. La gente no volverá sus rostros hacia el cielo, hasta que no llegue a experimentar la realidad del pecado y el peligro del infierno. Esforcémonos para predicar en todas partes está olvidada doctrina del pecado.

– Confrontemos a la gente con la ley. Expongamos los Diez Mandamientos y golpeemos las conciencias con la amplitud, profundidad y altura de sus requerimientos. Esto fue lo que hizo el Señor Jesús en el Sermón del Monte; y lo mejor que nosotros podemos hacer es imitarle. La gente nunca acudirá verdaderamente a Jesús, permanecerá con Jesús y vivirá con Jesús, a menos que vea su necesidad y sepa por qué ha de acudir. Las almas que verdaderamente acuden a Jesús, son aquellas a las que el Espíritu Santo ha dado convicción de pecado. Sin una convicción genuina de pecado los hombres podrán actual como si en verdad siguieran a Jesús, pero tarde o temprano volverán al mundo.

En las próximas semanas estaré publicando nuevas notas que tomé de este texto así que te invito a estar atento, si te han sido de bendición estas notas compártelas con tus amistades.

 Puedes leer las notas que he extraído de otros libros en este enlace

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