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Exponiendo Las Herejías de la Iglesia Católica: La Adoración a María

Virgen María

Por John MacArthur

Después de su visión profética de las glorias eternas del cielo al final del libro de Apocalipsis, el apóstol Juan describió cómo se sintió abrumado por lo que había visto.

Y cuando oí y vi, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostró estas cosas. Y me dijo: No hagas eso; yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos los profetas y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.” (Apocalipsis 22 :8-9)

La Iglesia Católica Romana ha cometido el mismo error que Juan, la promoción de un simple ciudadano de los cielos a un lugar impropio de autoridad y honor. A pesar del abrumador testimonio de la Escritura, la Iglesia católica ha elevado a María, —que se describe a sí misma sierva del Señor (Lucas 1:38)—, al mismo nivel que Dios, si no es que superior.

En su Ineffabilis Deus, en 1854, el Papa Pío IX estableció como dogma la inmaculada concepción de María, que la preservó del pecado original heredado. Sus declaraciones finales proporcionan un buen resumen de la visión católica de María:

 Que todos los hijos de la Iglesia católica, que son muy amados para nosotros, escuchad estas palabras de nosotros. Con un celo aún más ardiente por la piedad, la religión y el amor, vamos a continuar venerando, invocando y rezando a la Santísima Virgen María, Madre de Dios, concebida sin pecado original. Dejemos volar con absoluta confianza a esta dulcísima Madre de misericordia y gracia en todos los peligros, dificultades, necesidades, dudas y temores. Bajo su guía, bajo su patronato, bajo su bondad y protección, no hay nada que temer, nada es imposible. Porque, sin dejar de tener con nosotros un afecto verdaderamente maternal y teniendo ella a su cargo la obra de nuestra salvación, ella es solícita sobre todo el género humano. Y ya que ha sido designada por Dios para ser la Reina del cielo y de la tierra, y es exaltada sobre todos los coros de los ángeles y de los santos, e incluso está a la diestra de su Hijo unigénito, Jesucristo nuestro Señor, ella presenta nuestras peticiones de una manera más eficaz. Lo que ella pide, ella lo obtiene. Sus súplicas nunca pueden ser no escuchadas.

Esas palabras son repetidas y ampliadas en toda la historia del catolicismo romano. La tradición dicta que María es parte de la monarquía de los cielos, pidiendo gracia y misericordia del Señor en nombre de los pecadores, y que cubre el pecado mediante la distribución de su Tesoro de Mérito. Ella se convirtió en una co-redentora con Cristo en Su sufrimiento en la cruz, y ahora es una co-mediadora junto a Él en el cielo —esencialmente una vía alternativa de acceso a Dios. Ella reemplaza el Espíritu Santo en otorgar ayuda y consuelo a los creyentes. En efecto, ella se convierte en un miembro más de la Trinidad.

Esa blasfemia está en marcado contraste con lo que la Biblia realmente dice sobre María, e incluso lo que ella dice de sí misma. Lucas 1:46-55 registra su reacción humilde ante la noticia de que ella dará a luz al Hijo de Dios.

“Entonces María dijo: Mi alma engrandece al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Porque ha mirado la humilde condición de esta su sierva; pues he aquí, desde ahora en adelante todas las generaciones me tendrán por bienaventurada. Porque grandes cosas me ha hecho el Poderoso; y santo es su nombre. Y DE GENERACION EN GENERACION ES SU MISERICORDIA PARA LOS QUE LE TEMEN. Ha hecho proezas con su brazo; ha esparcido a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. Ha quitado a los poderosos de sus tronos; y ha exaltado a los humildes; A LOS HAMBRIENTOS HA COLMADO DE BIENES y ha despedido a los ricos con las manos vacías. Ha ayudado a Israel, su siervo, para recuerdo de su misericordia tal como dijo a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre.”

El Dios que ella alabó, —el Dios de la Biblia— no necesita que lo convenzan o corteje para distribuir Sus bendiciones. Él no es duro, distante o indiferente –Él es bondadoso, justo y misericordioso. En vez de glorificarse a sí misma, ella humildemente adoro al Señor.

La Escritura en realidad tiene muy poco que decir acerca de María. No hay una descripción de su aspecto físico, nada sobre su vida, sus últimos años después de la muerte de Cristo, o su propia muerte y sepultura. Y cuando ella aparece brevemente con los discípulos y los otros creyentes en el día de Pentecostés, ella no es un objeto de culto o incluso una líder en la iglesia primitiva, ella es sólo una entre muchas. Simplemente no hay ejemplos bíblicos de alguien que alguna vez este orando a ella, honrándola, o venerándola.

Tampoco ella juega un papel en cualquier explicación bíblica del evangelio. Pablo escribió un tratado magnífico sobre la doctrina de la salvación que nosotros conocemos como el libro de Romanos, y todo lo que dijo acerca de la madre de Jesús es que ella era “un descendiente de David” (Romanos 1:3). Es todavía menos específico en Gálatas, otra larga exposición del evangelio puro, verdadero en el cual se limitó a decir que Cristo fue “nacido de mujer” (Gálatas 4:4).

Esto contrasta con los volúmenes interminables católicos sobre la vida de María, los milagros de María, la muerte de María, las apariciones de María, y más y así sucesivamente. Es por eso que a menudo es un choque para los católicos leer la Biblia y ver lo poco que realmente se dice acerca de María.

Pero eso es lo que sucede cuando se eleva la tradición al nivel de la Escritura y atribuyen a los hombres las características infalibles que sólo pertenecen a Dios. Esto deforma la verdad de la Escritura y distorsiona la persona y obra de Jesucristo.

Sólo Dios es nuestro Redentor, nuestro Libertador, nuestro Benefactor y nuestro Consolador. Sólo Él debe ser adorado, venerado, adorado, y solicitado. El testimonio de la Escritura es claro.

Reuníos y venid; juntos acercaos, fugitivos de las naciones. No tienen conocimiento los que llevan su ídolo de madera y suplican a un dios que no puede salvar. Declarad y presentad vuestro caso; sí, que deliberen juntos: ¿Quién ha anunciado esto desde la antiguedad y lo ha declarado desde entonces? ¿No soy yo, el SEÑOR? No hay más Dios que yo, un Dios justo y salvador; no hay ninguno fuera de mí. Volveos a mí y sed salvos, todos los términos de la tierra; porque yo soy Dios, y no hay ningún otro. (Isaías 45:20-22)


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One Response to Exponiendo Las Herejías de la Iglesia Católica: La Adoración a María

  1. samuel cardona says:

    Excelente el documento

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