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“La mortificación del pecado” de John Owen (Parte 2)

la mortificación del pecado

Notas extraídas de la lectura del libro “La mortificación del pecado” de John Owen (Parte 2)

 

  • Cada día sin excepción, el creyente se encuentra en este conflicto con el pecado. El pecado siempre está activo, siempre está planeando, siempre está se seduciendo y tentando. Diariamente, el pecado nos está derrotando o nosotros le derrotamos a él. Esto continuará así hasta el día de nuestra muerte. No hay ninguna defensa contra los ataques del pecado, excepto una guerra continua contra él.

 

  • El pecado, tal como el sepulcro, nunca se sacia.

 

  • Los primeros ataques y sugerencias del pecado son siempre muy modestos. Si el pecado tiene éxito en su primer avance, entonces exigirá cada vez más hasta que por fin, “el mero hecho de mirar a una mujer hermosa bañándose” termine en el adulterio, en maquinaciones malvadas y en el homicidio. (Vea 2 Sam. 11:2-17)

 

  • Si el pecado tiene éxito en sus primeros avances, entonces repetirá su ataque inicial hasta que el corazón se torne menos sensible al pecado, y esté preparado para hundirse más en él.

 

  • De este modo, el pecado progresará gradualmente incrementando sus demandas pecaminosas. La única cosa que puede impedir que el pecado siga progresando es la continua mortificación de él. Aún los creyentes más santos en el mundo caerán en los peores pecados si abandonan este deber.

 

  • Si algún creyente falla en mortificar el pecado diariamente, está pecando contra la bondad, la sabiduría y la gracia de Dios quien le ha dado los medios para hacerlo.

 

  • Cuando la gracia no es ejercitada (como un músculo sin ejercitarse), se debilita y se atrofia y el pecado endurece el corazón. Cuando el pecado obtiene una victoria considerable, esto debilita la vida; espiritual del alma (vea Sal. 31:10 y 51:8)

 

  • El pecado se opone con toda su fuerza contra cada acto de santidad, y contra cada grado de gracia que alcanzamos. Nadie debería pensar Que puede progresar en la santidad, sin la disciplina cotidiana de negarse gratificar los deseos pecaminosos del corazón. Lector, usted siempre tendrá la oposición de estos deseos pecaminosos y siempre debe mantener la firme determinación de matarlas.

 

  • La mortificación del pecado sigue siendo todavía el deber cotidiano del creyente.

 

 

  • El pecado es activo en todos los creyentes, aún en los mejores creyentes mientras que vivan en este mundo. Por lo tanto, la mortificación continua, día tras día, es esencial a lo largo de toda su vida.

 

  • Una persona puede hablar acerca del pecado y decir que es algo muy malo; no obstante, si esa persona no mortifica diariamente su propio pecado, quiere decir que no lo está tomando en serio.

 

  • La sangre de Cristo es para purificarnos (1 Jn.1:7; Tit.2: 14), no para consolarnos en una vida de pecado.

 

  • Cuando los inconversos pueden ver tan poca diferencia entre sus propias vidas y la de una persona que profesa el cristianismo pero que no mortifica sus pecados, entonces no ven ninguna necesidad de ser convertidos.

 

  • Un error más sutil y más popular que tampoco tiene eficacia contra la mortificación de pecado es el siguiente: Un hombre siente el remordimiento por un pecado que le ha derrotado. De inmediato se promete a sí mismo y a Dios, que nunca volverá a cometerlo otra vez (como si el mero hecho de hacer votos y promesas pudiera mortificar su pecado.)  Entonces, por un tiempo se guarda y se vigila a sí mismo, se pone a orar mucho, etc. Pero tarde o temprano la conciencia de su culpa y el remordimiento vuelven y se apoderan de él.

 

Te propongo estar alerta pues en los próximos días publicaré más partes de las notas personales que hice de este libro, desde ya estoy recomendado su lectura, ya puedes leer la Primera Parte.

 

Si vives en Cuba esto te puede interesar: Literatura cristiana gratis para cubanos.

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