Soldado de Jesucristo

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“La Raíz de los Justos” del autor A. W. Tozer. Parte 3.

Notas personales extraídas del libro “La Raíz de los Justos” del autor A. W. Tozer. Parte 3.

 

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Portada del Libro

El cristianismo ortodoxo ha caído a su bajo estado actual por falta de anhelos espirituales. Entre los muchos que profesan la fe cristiana, escasamente uno entre mil revela una sed profunda y apasionada por Dios.

 

Mantenga sus pies en la tierra, pero que su cabeza pueda estar erguida hacia las mayores alturas de los lugares celestiales en Cristo. Rehúse ser mediocre y no se someta ni se rinda al frío y a la tibieza de su medio ambiente espiritual. Si usted todavía “sigue adelante”, seguro que el cielo se le abrirá por delante.

 

El mensaje de Cristo se apodera del hombre con la intención de alterarlo, moldearlo de nuevo a la imagen de otro, y hacer de él algo totalmente diferente de lo que había sido antes.

 

La cruz destruye el antiguo modelo, el modelo de Adán, en la vida del creyente, y lo trae a su fin. Entonces el Dios que resucitó a Cristo de entre los muertos resucita al creyente y comienza una vida nueva.

 

Un liderazgo poco profundo y mundano modificaría la cruz para agradar a los santos fascinados con los entretenimientos  con que están empecinados en divertirse aun dentro del mismo santuario; pero el hacerlo es cortejar el desastre espiritual y arriesgarse y exponerse a la ira del Cordero transformado en León.

 

Es preciso que hagamos algo con respecto a la cruz, y solamente podemos hacer una de dos cosas: huir de la cruz, o morir sobre ella.

 

La cruz va a cortar nuestras vidas donde más nos duela, sin perdonarnos a nosotros ni a nuestras reputaciones más acariciadas y cultivadas. Nos derrotará y pondrá fin a nuestras vidas egoístas. Únicamente entonces podremos remontarnos a la plenitud de vida para establecer un estilo de vida totalmente nuevo y libre, y lleno de buenas obras.

 

La actitud cambiada que vemos en la ortodoxia moderna nos comprueba, no que Dios haya cambiado, ni que Cristo haya rebajado Sus demandas en cuanto a cargar la cruz; significa, más bien, que el cristianismo actual se ha alejado de las normas del Nuevo Testamento. Se ha apartado tanto, en realidad, que tal vez requiera nada menos que una nueva reforma para restaurar la cruz a su sitial legítimo en la teología y vida de la iglesia.

 

En el corazón de cada cristiano  hay una cruz y un trono, y el cristiano está sentado en el trono hasta que se ubica sobre la cruz; si rehúsa y rechaza la cruz, permanece en el trono. Es posible que esto sea el trasfondo y el por qué tantos creyentes en el evangelio hoy en día se descarrían y siguen en la mundanalidad.

 

Queremos ser salvos, pero insistimos que sea únicamente Cristo quien muera. ¡Que no tengamos nosotros ninguna cruz, que no nos quiten el trono, ni que muramos¡ Seguimos como reyes dentro de pequeño reino del alma humana, y nos colocamos nuestra corona de papel dorado con todo el orgullo de los césares; pero nos condenamos a nosotros mismos a las sombras y a la debilidad y esterilidad espiritual.

 

Para multitudes de profesantes cristianos de hoy, el Espíritu Santo no es una necesidad. Han aprendido a alegrar sus corazones y calentarse las manos a orilla de otros fuegos. Y veintena de empresas de publicaciones y diversos grados de “empresarios” de teatro y cine se están engordando financieramente a costa de su delincuencia.

 

Él vive eternamente, muy por encima del alcance de Sus enemigos. Sólo tiene que hablar la palabra, y se hace; Él no tiene más que ordenar y mandar a los cielos y a la tierra, y éstos obedecen. Dentro del marco amplio de Sus planes de largo alcance, Él tolera por un tiempo al facineroso y rebelde mundo caído, pero Él sujeta y sostiene la tierra en Su mano y puede llamar a la nación  al juicio cuando sea Su voluntad.

 

El externalismo se ha apoderado del control de la situación. Dios ahora habla sólo por medio de la tempestad y el terremoto; la voz suave y el silbo apacible ya no se perciben más. Toda la maquinaria religiosa se ha convertido en sonido y se ha dedicado al propósito de producir ruido.

 

La antigua pregunta del Catecismo de Westminster, “¿Cuál es el fin y propósito del hombre?” ahora se contesta con la respuesta, “lanzarse precipitadamente por todo el mundo y añadirse al ruido, al alboroto y al estrépito ya existentes”. Y todo esto se hace en nombre de Aquel que “No contenderá, ni voceará. Ni nadie oirá en las calles Su voz” (Mt 12:18 -23)

 

Los cristianos, y especialmente los que son muy activos, debieran tomar tiempo con frecuencia para examinar sus almas con el fin de asegurarse de sus motivaciones. Se han cantado muchos solos para ser visto de la concurrencia; muchos sermones se predicaron como una exhibición de talento, muchas iglesias se fundaron como una palmada o golpe a otra iglesia. Incluso la misma actividad misionera pudiera convertirse en competencia, y el ganar almas pudiera degenerar en una especie de proyecto con sicología de vendedor para satisfacer la carne. No olvide, los fariseos fueron grandes misioneros que recorrían mar y tierra para conseguir con convertido.

 

Cuando comparamos con cuidado nuestras reuniones actuales programadas recordamos el comentario de un famoso crítico literario después de haber leído la traducción que escribió Alejandro Pope de La Odisea original de Homero: “Es un hermoso poema, pero no es Homero”. En nuestros tiempos ocurre así con los servicios ágiles, condimentados con mucha diversión y entretenimiento, que podrían considerarse un hermoso ejemplo de programación magistral, pero no constituyen un servicio cristiano. Los dos están a leguas de distancia en casi todo lo esencial. Casi lo único que tienen en común es un sinnúmero de personas en una sala. Allí cesan las similitudes y comienzan las diferencias y disimilitudes.

 

Ya sea un servicio de comunión en Santa Cena, un servicio matutino de adoración, una reunión evangelística, un culto de oración, o cualquier otro tipo de concentración cristiana, el centro siempre debe ser Cristo.

 

Los discípulos jamás usaron ardides ni artimañas para atraer a las multitudes. Contaban con el poder del Espíritu Santo para ayudarles en todo hasta el fin.

 

*A. W. Tozer fue pastor, escritor y editor autodidacta, y sus poderosos mensajes siguen conmoviendo los corazones y despertando las almas de los creyentes de hoy en día. Fue autor de más de 40 libros, entre ellos Diseñador para adorar, Fe auténtica, Fe más allá de la razón y la verdadera vida cristiana.

En los próximos días estaré publicando las otras partes de este libro del pastor Tozer, recomiendo mucho su obra, a puedes leer y compartir la Primera Parte, Segunda Parte .

 

Frase A. W. Tozer

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