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¿Es correcto mencionar el nombre de los falsos predicadores?

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A la hora de responder esta pregunta como cualquier otra que vayamos a responder, es nuestro deber dejar nuestras simples ideas a un lado y poner la Biblia en la mesa. Muchas personas sostienen que no debemos de hablar en contra del “Ungido de Jehová”, quizás sustentándose en el caso de David Y Saúl. Siempre  las personas dicen: ¿Por qué Juzgas al ungido de Jehová? ¿Por qué murmuras?  Entre otras cuestiones.

 

Podemos definir la palabra murmuración de la siguiente manera: “La murmuración es conversación en perjuicio de un ausente. Entonces, ¿Tenemos que mantener en privado el nombre de aquellos quienes sabemos que están mal?  ¿Esconder el nombre de aquellos que sabemos que están profesando un evangelio diferente al de la Biblia? Veamos un caso a notar que aconteció en la Biblia:

 

El ejemplo de Pablo y Pedro ¿privacidad o publicidad?

Hermanos, si es que deseamos y oramos por un verdadero cristianismo conforme a la Biblia, entonces nadie en el Cuerpo de Cristo – o presuntamente en él – puede ser inmune a la corrección; ¡nadie!, y quien públicamente enseña herejía, públicamente deberá ser reprendido. Este caso lo tenemos descrito en la Palabra de Dios cuando Pablo reprendió a Pedro, y lo hizo públicamente:

“Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar… cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos…” (Gálatas 2: 11, 14)

El asunto fue que el apóstol Pedro, antes que llegaran algunos judíos de parte de Jacobo, comía con los gentiles, “pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión, y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos” (Gálatas 2: 12, 13)

En otras palabras, Pablo, se dio cuenta de que Pedro estaba siendo hipócrita y tremendamente deshonesto, y otros ya seguían sus sibilinos pasos. Conque públicamente pecó, públicamente fue reprendido. Ese es un ejemplo muy claro de cómo debemos proceder hoy en día también, y más enseñanza existe en la Palabra al respecto:

“Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos. A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman” (1 Timoteo 5: 19, 20)

Como vemos aquí, el motivo, no es tanto para que los públicos infractores se arrepientan, sino para que los demás se aparten del mal.

 

Pablo no pudo por un mínimo sentido de justicia haber tratado este asunto de Pedro de manera privada con él, porque no fue un asunto personal, es decir, no fue que Pedro particularmente ofendió a Pablo. La cuestión es que Pedro, por su temor al hombre, había llevado a aquellos creyentes que estaban con él al extravío; por lo tanto Pablo estaba no sólo obligado a corregir a Pedro, sino a hacerlo de forma que corrigiese la situación que el error de Pedro había causado en aquel medio.

Como vemos también, un cristiano, en este caso Pablo, se atrevió a “tocar” al ungido Pedro, el cual en su día fue declarado bienaventurado por el mismo Jesucristo (Mt. 16: 17).

“Toda hipocresía y falsa verdad, así como toda herejía y quien la promueve, ha de ser todo ello puesto a la luz pública, con toda reprensión y exhortación y doctrina – 2 Ti. 4: 2-.  Ese proceso es parte del amor también; lo contrario es deshonestidad y cobardía”

 ¡Damos tantas gracias a Dios, de que en esta dispensación de la gracia y la verdad (Jn. 1: 17), ya no hayungidos especiales, sino que todos los verdaderos cristianos, por haber sido constituidos hijos de Dios por adopción, (Jn. 1: 12; Ro. 8: 15; Gál. 4: 5) somos todos ungidos, a causa del Ungido, Cristo Jesús, es decir el Mesías! No hay diferencias entre unos y otros, sino que todos somos hermanos (Mt. 12: 48; 23: 8) e iguales ante Dios.

Si se permite que exista una especie de “élite clasista lideral”, cuyas enseñanzas y acciones no pueden ser cuestionadas por nadie, puestas a la luz de la Palabra, y expuestas públicamente, entonces tenemos un cáncer dentro del seno eclesial, del cual, si no nos arrepentimos y corregimos a tiempo, padeceremos cada vez más las consecuencias.

De este evangelio tenemos que cuidar, no se trata de un hombre, se trata del evangelio de Jesucristo, el cual muchos hombres han querido poner en juego. Jesús en su momento denuncio a los fariseos y escribas, Pablo denuncio a Pedro. ¿Acaso dejaremos que aquellos que están destruyendo el evangelio lo hagan y nosotros nos quedemos de manos cruzados? No queridos hermanos, siempre y cuando podamos denunciar a los falsos hagámoslo de la mejor manera.

Tomado de: Mi Mejor Alabanza

Artículo relacionado: No toques al Ungido de Jehová.

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