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¿Te consideras una buena persona?

Pregunta

¿Te consideras una buena persona?

La mayoría de la gente lo hace. ¿Pero si murieras hoy ( 150,000 personas mueren cada 24 horas) y estuvieras delante de Dios en el día del juicio final, como crees que Él te consideraría, bueno o malo?

Muchos diferimos al definir la palabra “bueno”. La Biblia dice que Dios es bueno, y los Diez Mandamientos son Su criterio de bondad. Así que por favor examina la Ley de Dios para saber si Él te declarará culpable o inocente en el juicio, y si tu destino eterno será el cielo o el infierno.

Con una conciencia sensible, pregúntate si has obedecido lo siguiente:

1. No tendrás dioses ajenos delante de mí (¿Has amado siempre a Dios, más que todo lo demás: familia, hijos, padres,  pareja, etc?)

2. No te harás imagen (¿Te has hecho mentalmente un dios con el que te sientes más cómodo(a), uno que te conviene, que no castiga?)

3. No tomarás el nombre de Dios en vano (¿Alguna vez has usado el nombre SANTÍSIMO de Dios para expresar un disgusto^ en chistes, o para jurar?  Ejem:  Oh mi Dios me golpeé el dedo. Te juro por Dios).

4. Acuérdate del día de reposo para santificarlo. ¿Lo has guardado?

5. Honra a tu padre y a tu madre. ¿Nunca los has desobedecido?

6. No matarás. (Dios considera que odiar es lo mismo que asesinar).

7. No cometerás adulterio. (“Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”. – Mateo 5:27-28; Esto incluye también  las  relaciones sexuales antes del  matrimonio).

8. No hurtarás. (¿Alguna vez has robado algo? – el valor del objeto no es lo importante sino la intención de tomar algo que no es tuyo).

9. No mentirás. (¿Has mentido aunque sea una vez en tu vida, incluso, al responder estas preguntas, o aún mentiras blancas? ).

10.  No codiciarás. (¿Alguna vez has deseado lo que otros tienen: casa,   bienes   materiales,   carro,   pareja,   trabajo,   sueldo,   etc?)

La Biblia dice que los mentirosos, ladrones, blasfemos, adúlteros y asesinos de corazón, etc, no entrarán al cielo. Él juzgará incluso nuestras palabras y pensamientos. Él sabe incluso las cosas que hacemos a escondidas. En el Día del Juicio, ¿te declararán culpable o inocente de violar Sus mandamientos? Puesto que Dios es bueno, tal vez pienses que pasará por alto tus pecados. Pero, es precisamente por Su bondad que Él se asegurará de que recibas justicia. Él sería un Juez corrupto si pretendiera no ver la injusticia. Él tiene que juzgar tu rebelión y desobediencia. La Ley de Dios demanda justicia, y el castigo por pecar contra Él es la muerte y el infierno.

Tu problema es que no ves el pecado como Dios lo ve. Para Él, el pecado que está en todos nosotros es peor que la lepra, peor que cualquier cosa. Tan abominable es el pecado a la vista de Dios que envió a su amado hijo Jesucristo como  el   único  camino  para  la  salvación  de  nuestras  almas.

Dios mismo proveyó un medio en el que mostró a la vez Su justicia y Su bondad. Nosotros violamos la Ley, es por eso que todo en nosotros dice que merecemos el infierno, pero Él se hizo hombre para pagar el castigo. Jesús sufrió y murió en la cruz para satisfacer lo que la Ley demandaba. ¡Dios puede perdonarnos, librarnos de la condenación eterna, y concedernos la vida eterna cuando muramos! Pero, quizá todavía pienses que tú puedes (de ahora en adelante) cumplir los Diez Mandamientos. Sin embargo, todavía hay una sentencia para ti. Un delincuente no puede presentarse delante del juez y decirle: “Señor Juez, yo sé que soy culpable de mi crimen, pero déjeme libre, le prometo que no voy a violar la ley nunca más”. Si el juez lo deja libre sería injusto. O de repente dices: “De aquí en adelante me voy a portar bien”, pero el tiempo tampoco perdona los pecados ni los puede borrar. Están en ti y debes aceptarlo y cambiar de actitud. Debes reconocer tus pecados, debes apelar al Salvador del Mundo.

Tu peor pecado sería rechazar el amor de Dios demostrado en Jesucristo y despreciar su sacrificio maravilloso, negándole así toda la gloria, adoración y obediencia que Él se merece. Entonces, ¿qué vas a hacer después de saber esto?, ¿seguir negándolo o dar tu vida a Él?

Mucha gente piensa que Dios solamente es un Dios bueno y amoroso, pero ignoran lo que la Biblia dice: “Dios es juez es justo, y Dios está airado contra el impío todos los días. “(Salmos 7:11). También dice que Dios: “…no tendrá por inocente al culpable”(Nahum 1:3).¿Lo sabías?. También algunos niegan la veracidad de la Biblia, pero sin embargo creen en lo que los periódicos dicen. Si este es tu caso, piensa en lo siguiente: La ÚNICA manera de conocer a Jesucristo, lo que Él hizo y todas sus obras, están narradas en la Biblia. Así que no niegues la verdad, no niegues lo que Dios dice y entiende lo que El que te dice por medio de este folleto. Jesús dijo: “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentios y creed en el evangelio”.(Marcos 1:15). Evangelio es una palabra que significa “buenas noticias”. Están son las maravillosas y verdaderras noticias de salvación en Jesucristo. Por eso, lo único que te queda es humillarte ante la presencia de Dios tres veces Santo (Apocalipsis 4:8), Todopoderoso y Justo. Tienes que:

1.   Arrepentírte de todos tus pecados; esto quiere decir confesarlos, dejarlos atrás y no seguir negando y ofendiendo a Dios. Cambiar de vida y transformar tu corazón con respecto al pecado y con respecto a Dios. El arrepentimiento es un milagro otorgado por El Espíritu Santo, quien cambia tus deseos, pensamientos e intenciones.

2.  Poner tu fe SÓlO en Jesucristo para recibir el perdón de Dios. Cuando Jesús sufrió en la cruz y resucitó al tercer día, Dios todopoderoso demostró su gran amor. La Biblia dice: “Mas Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros”.(Romanos 5:8). Jesucristo murió en la cruz pagando por tus pecados. Tú merecías el castigo pero Cristo tomó tu lugar. Si quieres confiar en tu bondad, estás afirmando que Su muerte agonizante y terrible en la cruz fue en vano, y no sirve. La Biblia dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe”. De rep ente tu pensabas que por hacer buenas obras tu podías entrar al cielo, pero aquí lo dice claramente: “…no por obras para que nadie se gloríe”. NO HAY OTRA FORMA EN QUE PUEDAS SER SALVO. La Biblia dice: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.(Hechos 4:12). No es por medio de pertenecer a ninguna iglesia en especial, ni por medio de ninguna otra persona, ni es por buenas obras, es por fe en el perfecto hijo de Dios. Tú no puedes ganarte el cielo. Cuando Jesús dijo que creyéramos en Él, guiso decir que debíamos tener fe en Él, entregar nuestras vidas a El, vivir para Él y no seguir pecando y ofendiendo a Dios. La Biblia dice: “Yde la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”(Hebreos 9:27).

Te ruego que no mueras sin Jesús. Si mueres sin haberte arrepentido de tus pecados, no habrá una segunda oportunidad para ti. Enfrentarás la justicia de Dios y terminarás en el infierno para siempre. Jesús mismo dijo que el infierno es un lugar de tormento eterno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. Cualquier problema que tengas ahora es insignificante en comparación con el problema en que estás frente a tu Creador.

La ira santa de Dios está ahora sobre ti porque hasta ahora has despreciado su amor demostrado en Jesucristo (Juan 336). Así que, arrepiéntete ahora mismo, cree que Jesús puede salvarte, y pasarás de muerte a vida. Luego, lee la Biblia cada día y obedece lo que leas en ella.

Para más recursos: www.enlospasosdelmaestro.com

Te invito a hacer el siguiente test si te consideras una buena persona: PRUEBA DE LA BUENA PERSONA

Además puedes ver este video: Test para saber si eres una buena persona.

Buena persona 1

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Buena persona 2

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One Response to ¿Te consideras una buena persona?

  1. Beliaski Fuentes Borges says:

    Aquí les dejo este libro de mi hermano samuel Montañés Días espero que le sea de gran ayuda para responder algunas de sus dudas acerca de el rapto y la gran tribulación… que Dios le bendiga…..

    …Y se cerró la Puerta.
    …Y se Cerró
    la
    Puerta.
    Rev. Samuel Montañez Díaz, PE
    1
    …Y se Cerró la Puerta.
    Copyright 1998
    Todos los derechos reservados. Ninguna parte de éste libro podrá
    ser reproducida, o transmitida, de algún modo o por cualquier
    medio, ya sea electrónico, mecánico, fotocopia, registración
    magnetofónica, o de cualquier otra forma sin la previa
    autorización del autor, excepto el uso de citas cortas que se
    incluyan en reseñas del libro.
    Samuel Montañez Díaz
    Derechos del Autor
    Cuarta Edición
    Copyright © Noviembre de 2012
    2
    TABLA DE CONTENIDO
    Página
    Prefacio……………………………………………………………………..4
    Presentación……………………………………………………………….8
    Introducción……………………………………………………………..10
    Capítulo I
    Para esto estamos puestos…………………………………………13
    Capítulo II
    ¿Qué es la Gran Tribulación?…………………………………….23
    Capítulo III
    Consumación de la Ira de Dios………………………………….48
    Capítulo IV
    ¿Habrá salvación después del Rapto?…………………………70
    Capítulo V
    ¿Habrá salvación durante la Gran Tribulación?…………….84
    Capítulo VI
    El Rapto y la Primera Resurrección: un solo evento…….92
    Capítulo VII
    Diferencia entre la Ira de Dios y la Gran Tribulación…….99
    Capítulo VIII
    Los judíos en la Gran Tribulación……………………………..108
    Capítulo IX
    La iglesia de la Gran Tribulación………………………………115
    Capítulo X
    Lo que detiene la manifestación del inicuo……………..130
    Capítulo XI
    La importancia de conocer de antemano si la
    Iglesia entra en la Gran Tribulación…………………………..138
    Capítulo XII
    Tipología del Rapto………………………………………………..143
    Capítulo XIII
    El Anticristo o Abominación Desoladora…………………..174
    Capítulo XIV
    La Bestia de Apocalipsis………….……………………207
    Epílogo…………………………………………………………………….235
    Gráficas……………………………………………………………………240
    3
    Prefacio
    Existe la creencia generalizada de que el arrebatamiento
    de la iglesia al cielo ocurrirá antes de la Gran Tribulación la cual
    tendrá una duración de siete (7) años; que habrá creyentes que se
    quedarán en la tierra luego que éste ocurra por no estar preparados
    y que éstos enfrentarán los embates de la Gran Tribulación,
    mientras el grupo de fieles que participaron del Rapto estarán en el
    cielo disfrutando de las Bodas del Cordero. Sostienen los que así
    creen, que los que se hayan quedado en la tierra tendrán una
    segunda oportunidad de salvación pero pagarán con sus vidas
    como el pago debido a su extravío. Estos serán los que se
    enfrentarán al Anticristo, a su sistema de gobierno y religión.
    Como consecuencia de no adorar a la imagen del Anticristo, ni
    recibir su marca en sus frentes ni en sus manos derechas, los
    creyentes que se queden en la tierra después del Rapto, serán
    mandados a decapitar. Esta escuela de interpretación escatológica
    se conoce como Pre-Tribulacionista.
    Si esta interpretación estuviera incorrecta, sería vergonzoso
    tener que reconocer y admitir tal equivocación. Además, se estaría
    enseñando una falsedad, atractiva y deseable, pero errónea.
    Por esta razón, es altamente recomendable estudiar todas
    las posibilidades y puntos de vista en torno a estos temas. La
    realidad es, que aunque la gran mayoría ha aceptado la creencia
    mencionada anteriormente como la verdadera, existen diferentes
    escuelas de interpretación al respecto. Además de los que
    establecen que el arrebatamiento de la iglesia ocurrirá antes de la
    Gran Tribulación, están los que creen que tendrá lugar a mitad
    (Mid-Tribulacionistas) de ese periodo de tiempo, otros, al final
    (Pos-Tribulacionistas) y algunos (Preteristas) creen que ya toda la
    4
    …Y se cerró la Puerta.
    profecía para el fin se cumplió. Hay también quienes creen que no
    habrá arrebatamiento y que la iglesia permanecerá en la tierra
    durante todo el tiempo del fin para recibir a Cristo en su retorno a
    la tierra.
    En este escrito demostraremos, a la luz de lo que se
    desprende de las Escrituras, que el Arrebatamiento de la iglesia
    ocurrirá en algún momento durante los últimos tres años y medio
    (3½) previos al retorno visible de Cristo a la tierra. Ocurrirá antes
    del derramamiento de la Ira de Dios sobre los moradores de la
    tierra. Además, que no habrá oportunidad de salvación para los
    creyentes que no participen del Rapto, pues cuando éste ocurra se
    cerrará la puerta y los que se queden en la tierra quedarán
    excluidos del Reino de Dios. En adición, que la Gran Tribulación
    tendrá una duración de tres años y medio en vez de siete.
    A esta escuela de interpretación escatológica se le conoce
    como Pre-ira. Establece que el arrebatamiento de la iglesia al cielo
    ocurrirá antes del derramamiento de la ira de Dios sobre la tierra.
    En otras palabras, el Arrebatamiento de la iglesia ocurrirá
    durante y no antes ni al final de la Gran Tribulación. Será junto
    con la resurrección de todos los que son de Cristo, pero antes de
    que se derramen los juicios (la Ira) de Dios sobre la tierra, la cual
    culminará con el retorno visible de Cristo a la tierra y el fin de la
    Gran Tribulación.
    Debemos recordar que Dios no necesita de ardides, ni
    engaños para atraer al hombre a la salvación. Él siempre habla la
    verdad por dura que parezca. El hecho de tener que enfrentarnos a
    la Gran Tribulación e inclusive llegar a morir por causa del
    Evangelio de Jesucristo será un honor, una honra, pues la misma
    Biblia nos enseña que es bienaventurado aquel que ofrenda su vida
    por causa de nuestro Señor Jesucristo y de la Palabra de Dios.
    Además, hay muchas cosas dentro del plan salvífico de
    Dios para con el hombre que nosotros a duras penas podemos
    5
    …Y se cerró la Puerta.
    entender. Por ejemplo, nosotros pudiéramos pensar con nuestra
    mente finita que la Gran Tribulación para la iglesia sería un gran
    desastre. Sin embargo, Dios mismo asegura que la cantidad de
    personas que serán salvadas durante ese periodo de tiempo es
    incalculable; pues dice la Biblia (Ap. 7.9-14) que habrá una gran
    multitud que nadie podrá contar, de todas las naciones, que serán
    sacados de la Gran Tribulación y que serán trasladados al cielo.
    Por otro lado es inconcebible pensar que en un momento
    tan decisivo para la humanidad, Dios haya decidido llevarse antes
    para el cielo a los entendidos, dejando así desprovistos de
    conocimiento al resto de sus criaturas.
    La Gran Tribulación será el tiempo final cuando Dios
    aprovechará a su pueblo conocedor de la Palabra para testificar
    que la Biblia contiene la verdad de Dios. ¡Qué maravilloso será
    poder hablarle al mundo desconocedor, del cumplimiento
    profético tan espléndido que entonces tendrá lugar! Ya no será un
    señalamiento de acontecimientos que tendrán lugar en el futuro,
    sino que podremos demostrar con pruebas indubitables que la
    Palabra de Dios está teniendo fiel cumplimiento ante nuestros
    propios ojos. Todo esto, según mi mejor entender, tendrá un poder
    de convencimiento irrefutable en los incrédulos. En los creyentes
    causará un avivamiento sin precedentes en la historia de la iglesia,
    pues sabremos que nuestra redención está cerca. Sí, amén.
    Debemos recordar que cuando Jesús vino a la tierra en su
    primera venida, el pueblo de Israel conocía todas las profecías
    concernientes a su primer advenimiento. Sin embargo, por causa
    de interpretaciones y conceptos erróneos no le recibieron. Ellos
    esperaban una cosa y Dios había determinado otra. Su visión del
    cumplimiento profético era la de un rey a la medida de David que
    vendría para darle a Israel dominio sobre los territorios prometidos
    y sobre los pueblos circunvecinos. Éste debía ser aceptado y
    reconocido por los conocedores, o sea, los interpretes de la ley.
    ¡Es increíble! Todos se equivocaron. ¿Sabe usted por qué? Por que
    no tomaron en consideración, bajo su justa perspectiva, versículos
    6
    …Y se cerró la Puerta.
    y pasajes bíblicos claves del Antiguo Testamento. Por ejemplo,
    en Isaías se hablaba claramente del Mesías que vendría. En el
    capítulo 53 se describía detalladamente la obra del enviado de
    Dios, pero ellos no lo consideraron. En Isaías 35.4 se anunciaba a
    aquel que habría de venir de la siguiente manera: “Decid a los de
    corazón apocado: esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios
    viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá y os salvará”.
    Los judíos esperaban a un hombre y no a Dios mismo, su visión
    era humana, veían el cumplimiento profético como algo
    conveniente según sus propios planes y perspectivas humanas. Sin
    embargo, el plan de Dios era distinto, más abarcador. Ellos
    esperaban a un hombre que los salvara de sus enemigos y los
    librara del yugo opresor de los invasores y no a uno que se
    declarara Hijo de Dios que los redimiera de sus pecados y que la
    bendición alcanzara a todas las naciones.
    En Isaías 7.14 se le llamaba Emmanuel que traducido es
    Dios con nosotros. Esto es, Dios mismo será el que vendrá a morar
    entre nosotros. El ungido prometido sería Dios mismo y vendría
    en una semejanza a la nuestra pues nacería de una mujer.
    Pero no pudieron entender el plan de Dios. Jamás
    aceptarían que Jesús fuera Dios manifestado en la segunda persona
    de la trinidad como el Hijo de Dios. Todavía están esperando al
    que ya vino, como consecuencia de su desatino.
    Este error le ha costado mucho a los judíos; el pueblo de
    Dios reconocido como tal en el antiguo testamento. Han tenido
    que enfrentar duras pruebas. El rechazo a Cristo ha sido
    catastrófico para ellos.
    Malas interpretaciones bíblicas conducen a resultados
    desastrosos. No permitamos que a nosotros nos suceda lo mismo
    que a ellos por no querer escuchar. El que tiene oídos, oiga.
    7
    Presentación
    Presento ésta cuarta edición ampliada del libro “…Y se
    Cerró la Puerta” debido a que en las primeras ediciones quise ser
    lo más breve posible en cuanto a la disertación de los temas
    abarcados en el mismo por varias razones. La primera era el gran
    peso de carga que sentía por mi responsabilidad ante Dios de
    presentar a la iglesia todas estas ideas lo antes posible. Me
    preocupaba pensar que el pueblo del Señor fuera privado de
    conocer éste criterio interpretativo en cuanto a las cosas que deben
    suceder pronto, motivado por lo escaso del tiempo que resta para
    que todo esto tenga cumplimiento y la escasez de literatura
    disponible similar a esta. Además, no quise ser extenso a fin de
    evitar abrumar a los lectores con tanta exposición literaria,
    haciéndoles de esa manera más agradable y amena la lectura del
    libro. Pero ahora que ha transcurrido el tiempo y el libro se ha
    traducido a varios idiomas y distribuido por distintos países,
    conociendo que ya muchos han sido informados sobre éste
    particular, lo cual aliviana mi carga, me he dispuesto a ampliar la
    presentación de los temas tratados, haciendo más abundantes los
    relatos bíblicos que sustentan nuestra postura sobre el Principio de
    Dolores, el Rapto, la resurrección de los que son de Cristo, la Gran
    Tribulación, la Ira de Dios, el Anticristo, la segunda venida de
    Cristo y demás temas relacionados.
    Gracias le doy a mi Dios que me ha dado fuerzas y los
    recursos para poder seguir adelante con éste ministerio a pesar de
    las muchas dificultades que he tenido que afrontar. ¡A Dios sea la
    gloria!
    De otra parte, a medida que transcurre el tiempo se hace
    más clara la visión de las ideas plasmadas en el libro. Cada día que
    pasa trae más confirmación a nuestra postura y son muchos los
    8
    …Y se cerró la Puerta.
    que ahora ven de una forma aceptable lo que antes rechazaban
    tajantemente. Pero todavía resta un gran trecho por recorrer y
    alcanzar a millares. A medida que el tiempo avanza, la visión en
    cuanto a estos temas se amplía, cumpliéndose la palabra dicha por
    el profeta Daniel cuando dijo que en el tiempo del fin los
    entendidos comprenderían. No es de extrañar que en el tiempo
    inmediatamente antes de la segunda venida de Cristo a la tierra,
    tengamos un panorama totalmente claro y sin ambigüedades
    interpretativas que ahora son la orden del día.
    Al comparar las ideas que escribí en la primera edición del libro
    con las de esta edición, observo datos proféticos que antes no
    había relacionado y que ahora resaltan a la luz para cerrar el cerco
    hacia una mejor y más precisa interrelación entre todos. Puedo
    destacar, entre estos, la condición profética establecida en la
    profecía de las setenta semanas de Daniel. Esta profecía encierra el
    cumplimiento profético de los eventos dentro de dos lapsos de
    tiempo. El primero, es el periodo de tiempo comprendido desde la
    salida de la orden para restaurar a Jerusalén y el templo judío,
    hasta la primera venida del Mesías Príncipe, Cristo. El segundo
    comprende los siete años de la semana número setenta de la
    profecía, los cuales representan los años previos al retorno de
    Cristo a la tierra. Estos comienzan con la firma del pacto de Israel
    con sus invasores. El intervalo de tiempo entre la primera venida
    de Cristo y el comienzo de la semana septuagésima, es el tiempo
    durante el cual el reloj profético de Dios se detuvo; y los eventos
    proféticos concernientes al tiempo del fin no se pueden colocar
    para tener cumplimiento dentro de ese tiempo. Más aún, todo lo
    revelado al profeta Daniel en cuanto a los imperios o reinos que
    surgirían a través de la historia, tienen que tener cumplimiento
    dentro del tiempo determinado en la profecía de las setenta
    semanas del capítulo nueve del libro de Daniel.
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    Introducción
    Casi todos los escritores, maestros y predicadores
    evangélicos, se esfuerzan apasionadamente por encontrar en las
    Escrituras evidencias que demuestren que la iglesia de Jesucristo
    no estará en la tierra durante la Gran Tribulación y que no verá la
    manifestación del Anticristo ni su marca.
    Esta enseñanza se ha convertido en parte de las doctrinas
    de la iglesia. Se considera tan vital creer en ella como creer en la
    resurrección de Cristo para poder ser aceptado como consiervo.
    Esto ha conducido a tildar de apóstata o falso profeta a cualquiera
    que piense de otra manera, pues para la inmensa mayoría, es un
    error doctrinal creer contrario a ellos. Se han llegado a creer a sí
    mismos como la autoridad eclesiástica con rango de infalibilidad
    absoluta. Por tal razón, no quieren analizar lo que otros puedan
    creer cuando se tiene una visión diferente a ellos.
    Pero la realidad es que creer o no que la iglesia pasará por
    la Gran Tribulación ni salva ni condena. La salvación implica
    arrepentimiento, confesión de pecado, recibir a Cristo como
    Salvador para perdón de pecados y subsecuentemente serle fiel
    hasta la muerte.
    Existen doctrinas fundamentales en la Biblia que no son
    negociables. El que las tuerza recibirá su justa retribución. Pero se
    encuentra en ella una serie de enseñanzas que encierran un
    misterio en sí mismas y hacemos bien en no aceptarlas a la ligera
    como se nos enseñan. El caso de la creencia sobre si la iglesia
    pasará o no por la Gran Tribulación se presta para diferencias de
    criterios, más no es un fundamento bíblico por el cual esté en
    juego la salvación del alma. Creer una u otra cosa no implica
    10
    …Y se cerró la Puerta.
    salvación ni condenación.
    Ahora bien, la Biblia nos indica que si el atalaya viere
    venir la espada, y no tocare la trompeta, y el pueblo no se
    apercibiere, y viniendo la espada hiriere de él a alguno, éste fue
    tomado por causa de su pecado, pero Dios demandará su sangre
    del atalaya (Ezequiel 33.6).
    Es por eso que me he propuesto presentar ante el pueblo de
    Dios la probabilidad de que la iglesia enfrente parte del tiempo
    que durará la Gran Tribulación. No toda, sino un tiempo
    relativamente corto del que durará la misma y que será arrebatada
    durante el transcurso de esta.
    Cabe señalar, que lo que Dios ha determinado que ocurra
    acontecerá sin importar la interpretación bíblica que los hombres
    puedan tener. Si la interpretación es incorrecta eso no nos exime
    de lo que Dios ha prefijado. Podemos lograr que las circunstancias
    que nos afectan cambien por medio de la fe, pero no podemos
    cambiar lo que está profetizado y escrito de antemano en la
    Palabra de Dios. En otras palabras, si Dios ha determinado que la
    iglesia experimente parte del tiempo de la Gran Tribulación,
    aunque nosotros creamos que no va a ser de esa manera, será
    como Dios lo ha dispuesto en su divina y santa voluntad. El yo
    creer que no hay Gran Tribulación para la iglesia no me exime de
    ella, si Dios ha decidido lo contrario.
    Así que, es inapropiado creer, como dicen muchos, que los
    que dicen que la iglesia pasará por la Gran Tribulación, son los
    que pasarán por ella. Esto no es cuestión de lo que yo diga o crea
    sino de lo que Dios ha determinado que ocurra.
    La verdad del caso es que existe mucha base bíblica contundente
    para demostrar que la iglesia será arrebatada y los justos que ya
    han partido con el Señor serán resucitados, durante el transcurso
    de la Gran Tribulación y no antes ni después, como es la opinión
    generalizada.
    11
    …Y se cerró la Puerta.
    Valga la aclaración de que los enfoques y planteamientos
    discutidos aquí, no son palabra inspirada por Dios, pero sí bien es
    cierto, que en todo momento busqué la guianza del Espíritu Santo
    para entenderlos. El propósito de estas interpretaciones no es crear
    una nueva doctrina dentro del evangelio, ya que este es inmutable.
    Tampoco pretendo decir que es una nueva revelación de
    Dios, sino simplemente una interpretación escritural escatológica,
    como lo son todas las demás escuelas de interpretación profética.
    No es la intención crear polémicas o controversias, o contender
    sobre opiniones que para nada aprovecha. Tan solo se trata de
    crear conciencia sobre la posibilidad de que la iglesia no sea
    arrebatada antes de la Gran Tribulación y que no habrá
    oportunidad de salvación para los que no participen del
    arrebatamiento de la iglesia al cielo, conforme a datos bíblicos que
    sugieren que el Arrebatamiento se efectuará posterior al comienzo
    de esta. Ni siquiera se pretende obligar a nadie a creer en esta
    postura. Más la Biblia nos dice: “Examinadlo todo, retened lo
    bueno” (I Tes. 5.21). Si usted, amado lector, prefiere seguir
    creyendo que no habrá Gran Tribulación para la iglesia y que
    habrá una segunda oportunidad para los que se queden en la tierra
    después del rapto, no permitamos que diferencias de opiniones
    sobre este tema fragmenten el cuerpo de Cristo. Recuerde que el
    Señor sigue siendo Señor de todos y que el conocimiento envanece
    pero el amor edifica.
    Sin embargo, es necesario reconocer que de toda palabra
    que hablemos tendremos que dar cuentas a Dios. Si al final de
    cuentas no habrá segunda oportunidad después del traslado de la
    iglesia al cielo, serán muchos los que tendrán que dar explicación
    al Señor por los que se quedaron esperando esa segunda vuelta,
    como se le ha dado en llamar, que los hombres le ofrecieron.
    12
    Capítulo I
    Para esto estamos puestos
    El apóstol Pablo en su primera carta a los tesalonicenses
    hace mención a estos de lo que deben significar para el creyente en
    Cristo las tribulaciones. En el capítulo uno y versículo seis les
    escribe diciéndoles de la siguiente manera: “… y vosotros vinisteis
    a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en
    medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo.”
    Es consabido que el mejor y más propicio momento en la
    vida del hombre para buscar de Dios y recibirle como Salvador, es
    cuando se está pasando por quebrantos y aflicciones. En los
    momentos de dicha y bienestar es sumamente difícil que el ser
    humano se vuelva a Dios para conocerle como su Dios y servirle
    en espíritu y en verdad. Luego se origina una serie de
    circunstancias adversas que intentan hacer claudicar a los nuevos
    convertidos. Los tesalonicenses convertidos estaban pasando por
    una grande tribulación después de haber creído en el evangelio de
    Jesucristo; debido a una persecución que se desató contra ellos por
    parte de los no convertidos de su propia nación.
    Debemos resaltar la frase “con gozo” que describe la
    manera en que los tesalonicenses habían enfrentado el momento
    de tribulación. El apóstol señala que ellos de esa forma venían a
    ser ejemplo de fe y perseverancia a todos los que habían creído en
    el Señor en todo lugar. Los tesalonicenses en su actitud de gozo
    hacia las pruebas servían de modelo a todos los que habrían de
    creer en el evangelio de Jesucristo. Pablo, al final del capítulo uno
    hace otro pronunciamiento que es de suma importancia para
    13
    …Y se cerró la Puerta.
    nosotros.
    En el versículo diez dice: “…y esperar de los cielos a su
    Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la
    ira venidera”. Es decir, que Pablo menciona en este capítulo uno
    de la primera carta a los tesalonicenses, dos términos que
    envuelven conceptos diametralmente opuestos: uno es tribulación
    y el otro es ira.
    La tribulación es propia del evangelio y todo creyente debe
    asumir una actitud positiva ante la misma y estar preparado para
    enfrentarla. No obstante, la ira no es para los creyentes, puesto que
    la ira implica juicio o castigo de lo cual Dios ha declarado que no
    participarán los creyentes.
    De esa forma, los tesalonicenses venían a ser imitadores,
    no tan solamente de los demás creyentes sino también del Señor,
    en cuanto a lo que habían tenido que padecer. En el capítulo 2.14
    Pablo aclara lo que había provocado tal padecimiento a los
    tesalonicenses cuando les dice: “Porque vosotros, hermanos,
    vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús
    que están en Judea; pues habéis padecido de los de vuestra propia
    nación las mismas cosas que ellas padecieran de los judíos.” La
    historia volvía a repetirse. La misma persecución que sufrieron las
    primeras iglesias apostólicas en Jerusalén y por toda Judea,
    estaban recibiendo las nuevas iglesias gentiles por toda Asia.
    El Apóstol Pablo sabía que tales persecuciones podían
    traer confusión a los nuevos creyentes y hacerlos tornarse atrás. Es
    regla general que enseguida que alguien se convierte al evangelio
    de Jesucristo comienzan las dificultades que tratan de impedir
    nuestro caminar en ésta salvación tan gloriosa. He aquí el por qué
    de la expresión bíblica: “El reino de los cielos sufre violencia, y
    los violentos lo arrebatan” (Mateo 11.12). Por esta razón, Pablo
    exhorta a los tesalonicenses diciéndoles: “Por lo cual…enviamos a
    Timoteo nuestro hermano…para confirmaros y exhortaros respecto
    a vuestra fe, a fin de que nadie se inquiete por éstas tribulaciones;
    14
    …Y se cerró la Puerta.
    porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos. El
    apóstol a los gentiles conocía la importancia de advertir a los
    creyentes sobre las tribulaciones que vendrían en su vida como
    fieles al Señor. Al decirles “para esto estamos puestos” les
    concienciaba que el creyente en Cristo debe saber que se va a
    enfrentar a duras pruebas, aflicciones, persecuciones, tribulaciones
    y quebrantos. Pero el apóstol no esperó que llegara el momento de
    gran tribulación, sino que les predecía de antemano lo que debían
    afrontar, para que estuvieran enteramente preparados para lo que
    vendría.
    Creo que nosotros los predicadores modernos debíamos
    imitar a Pablo en éste respecto. Estamos muy inclinados a
    ofrecerles “villas y castillas” a los oyentes de tal forma que
    muchos se han olvidado de orientar a la iglesia en lo relativo a las
    tribulaciones propias del evangélico. Consideran que se les está
    inculcando miedo a los creyentes cuando les decimos que la
    iglesia tendrá que enfrentar muchas tribulaciones, más aún, la
    Gran Tribulación. Pablo dice por el Espíritu que “para eso
    estamos puestos”.
    No es el propósito inculcar miedo a la iglesia sino alertarla
    para que cuando ocurra estemos debidamente preparados y no
    seamos sorprendidos en ninguna manera si esto llegara a
    acontecernos personalmente. Para eso estamos puestos, para
    padecer tribulación.
    A renglón seguido, Pablo les expresa en la carta a los
    Tesalonicenses: “…No pudiendo soportar más, envié a Timoteo
    para informarme de vuestra fe…” (verso 5). La preocupación del
    apóstol era sobre manera grande. Lo inquietaba el hecho de pensar
    que la iglesia tesalónica pudiera claudicar en su fe, por no estar
    claros en el conocimiento de que para padecer tribulación estamos
    puestos los creyentes. Perturbaba a Pablo el que alguien pudiera
    estar desorientando a los creyentes diciéndoles que aquellas
    persecuciones no valía la pena padecerlas, que no era propio del
    evangelio o que no era la voluntad de Dios que estos sufrieran.
    15
    …Y se cerró la Puerta.
    Por tal razón les indica: “…nadie se inquiete por estas
    tribulaciones.”
    Muchos recién convertidos piensan que han tomado un
    camino equivocado o de error cuando hacen su incursión en el
    evangelio y descubren que todo se trastorna en derredor. Entonces
    llegan a la conclusión de que antes de su conversión les iba mejor
    y suelen claudicar ante la presión. Debemos entender que está
    dentro del plan divino que los creyentes padezcamos tribulaciones.
    En su segunda carta a los tesalonicenses, Pablo vuelve a
    enfatizar sobre la relación que debe existir entre el creyente y las
    tribulaciones. Se expresa diciéndoles: “…nosotros mismos nos
    gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, por vuestra
    paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que
    soportáis” (II Tes. 1.4). Representaba para Pablo una satisfacción
    el que la iglesia de Tesalónica fuera ejemplo a las demás iglesias
    en su capacidad para enfrentar las tribulaciones. Por todas las
    iglesias que Pablo iba se gloriaba haciendo mención de lo
    dispuestos que estaban los tesalonicenses a soportar duras pruebas.
    Inmediatamente, en los versos 5 y 6 dice que el padecer
    tribulaciones para el creyente es “…demostración del justo juicio
    de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el
    cual así mismo padecéis. Porque es justo delante de Dios pagar
    con tribulación a los que os atribulan.” Es decir, la razón que Dios
    utilizará para justificar el que los pecadores sean atribulados es,
    que ellos obraron ocasionándoles tribulación a los justos. Entonces
    Dios aplicará justicia cuando los injustos sean expuestos al castigo
    y no podrán reprocharle nada a Dios, porque estarán recibiendo lo
    que merecieron sus actos. Y los justos que son atribulados
    recibirán descanso por cuanto fueron atribulados injustamente. En
    el verso 7 indica que los que son atribulados se les dará reposo,
    cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo.
    Las aflicciones para el creyente terminarán cuando el
    Señor venga con retribución, con pago, y no necesariamente
    16
    …Y se cerró la Puerta.
    durante nuestra vida terrenal; sino cuando Cristo implante su
    régimen de poder en el día de su venida. Por tal razón, vemos que
    Dios no eximirá de tribulaciones a los creyentes hasta después que
    haya finalizado la Gran Tribulación, pues ese será el momento de
    la manifestación o del retorno de Cristo a la Tierra. Mateo 24.29,
    30 dice: “E inmediatamente después de la tribulación de aquellos
    días…aparecerá la señal del hijo del hombre en el cielo…y verán al
    Hijo del Hombre viviendo sobre las nubes del cielo con poder y
    gran gloria.”
    El tiempo de la Gran Tribulación será el momento del
    clímax de las persecuciones a la iglesia y luego de esto vendrá la
    demostración del justo juicio de Dios (La Ira), para pagar
    subsecuentemente con tribulación a los que nos atribularon. Esto
    es: al Diablo, al Anticristo, al Falso Profeta y a todos los injustos.
    Al final Dios dará “…retribución (justo pago) a los que no
    conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor
    Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos
    de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga
    Jesús en aquel día para ser admirado en todos los que creyeron…”
    (II Tes.1.8-10).
    Cuando el Señor Jesús se manifieste desde el cielo
    inmediatamente después de la tribulación de aquellos días (la Gran
    Tribulación) todos los que atribularon a la iglesia recibirán su
    merecido. Sin embargo, todos los que fuimos atribulados,
    experimentaremos la satisfacción de haber sido tenidos por dignos
    de padecer por causa de Jesucristo y así poder estar en pie delante
    del Hijo del Hombre y seremos tenidos por dignos de entrar al
    reino de Dios.
    El apóstol Pedro tenía convicción clara de lo que tiene que
    padecer un creyente. En I Pedro 2.21 hace una expresión similar a
    la que Pablo hace en I Tesalonicenses 3.3. Le dice a la iglesia:
    “…para esto fuisteis llamados”, que significa lo mismo que decir
    “para esto estamos puestos,” como dijo Pablo. Pedro se estaba
    refiriendo a los sufrimientos. Más aún, señala que es de la
    17
    …Y se cerró la Puerta.
    aprobación de Dios que suframos molestias padeciendo
    injustamente. En otras palabras, Dios da su consentimiento a que
    el creyente sea atribulado sin merecerlo. Esto es inaudito para la
    mayoría de la gente. ¡Que Dios apruebe tal injusticia! No es
    factible para la mente humana común entender los propósitos de
    Dios. En cierto lugar de la Escritura Pablo dice: ¿Será acaso Dios
    injusto? Allí mismo da la contestación diciendo: “…en ninguna
    manera” (Ro. 9.14). Lo que sucede es que no podemos entender la
    mente de Dios. Por esto es aconsejable acatar sus designios
    aunque sean contrarios a nuestros razonamientos humanos. Dios
    es justo, no hay ninguna injusticia en Él. Amén. La idea está muy
    clara en esos versículos de I Pedro 2.19-21 y citamos la escritura:
    “Porque esto merece aprobación, si alguno…sufre molestias
    padeciendo injustamente…si haciendo lo bueno sufrís, y lo
    soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Pues para
    esto fuisteis llamados…”
    Entonces, ¿Por qué se escandalizan tanto los creyentes de
    nuestros días cuando decimos que la iglesia entrará en la Gran
    Tribulación? ¿Será acaso que Pablo y Pedro estaban equivocados
    en su apreciación? Si dijéramos tal cosa negaríamos la inspiración
    divina de las escrituras. Por lo tanto, debemos afirmar que Pedro y
    Pablo sí están en lo correcto, y el que piense contrario a ellos está
    equivocado, quien quiera que sea. Eso es así. Amén. En la parte
    restante del versículo 21 continua el apóstol Pedro diciendo:
    “…porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos
    ejemplo, para que sigáis sus pisadas.” Pero hay muchos que
    medran predicando y enseñando un evangelio diferente. No
    quieren seguir las pisadas del Maestro. Han seguido sus propios
    caminos “engañado la iglesia por medio de filosofías y huecas
    sutilezas” (Col. 2.8). “Mas si alguno os enseña un evangelio
    diferente de este sea anatema” (Col 1.8). En I Pedro 3.14 el
    apóstol señala: “Mas también si alguna cosa padecéis por causa de
    la justicia, bienaventurados sois.”
    Padecer tribulación por causa del evangelio es una
    bienaventuranza. Lo dice la escritura. Entonces, ¿A quién vamos a
    18
    …Y se cerró la Puerta.
    creer, a Dios o a los hombres? Sea Dios verás y todo hombre
    mentiroso. Jesús mismo lo dijo: “Bienaventurados los que
    lloran…Bienaventurados los que padecen persecución por causa de
    la justicia… Bienaventurado sois cuando por mi causa os vituperen
    y os persigan…Gozaos y alegraos por que vuestro galardón es
    grande en los cielos…” (Mat. 5.4-12).
    En I Pedro 4.1 nos aconseja de la siguiente manera:
    “Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros
    también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido
    en la carne, terminó con el pecado.” Debemos tener en mente que
    vamos a padecer. Pedro aconseja que, esta es un arma muy
    efectiva contra los padecimientos que nos quieren hacer sucumbir
    en el camino del Señor. Debemos tener siempre presente el
    pensamiento en nuestras mentes de que si Cristo padeció por
    nosotros, no es nada extraño que nosotros padezcamos por Él.
    Hermano, ármate de este pensamiento y ya no verás a la Gran
    Tribulación como algo desgraciado sino conveniente según los
    propósitos de Dios. No te escandalices por que algunos digamos
    que la iglesia experimentará parte del tiempo de la Gran
    Tribulación. Si Pedro mismo dice: “Amados, no os sorprendáis
    (escandalicéis) del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como
    si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois
    participantes de los padecimientos de Cristo…” (I Pe. 4.12-13).
    La mayor prueba de fuego que los cristianos sufriremos es
    la Gran Tribulación. Dios lo ha determinado así. Pero debemos
    estar preparados mental y espiritualmente. A diario vemos en las
    reseñas noticiosas sobre personas en diferentes partes del mundo,
    que hasta se dejan crucificar literalmente, creyendo que están
    agradando a Dios con esto. Ciertamente ellos están equivocados.
    Sin embargo, los creyentes no están dispuestos a padecer en su
    carne por causa de Cristo. Es desconcertante saber que esas
    personas permitan que se les flagele e infrinja castigo físico por
    aquel que ni siquiera conocen; y los redimidos sean tan apáticos a
    cualquier tipo de sufrimiento por causa del que nos salvó y
    compró con su sangre preciosa en la cruz del Calvario.
    19
    …Y se cerró la Puerta.
    Armémonos de ése mismo valor y seamos fieles hasta la
    muerte… por amor a Jesucristo. Seamos imitadores de Pablo quien
    dijo: “Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en
    mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo,
    que es la iglesia…” (Col. 1.24).
    En segunda de Timoteo 3.11-12 Pablo hace mención de lo
    que le aconteció en Antioquia, Iconio y Listra, ciudades del tiempo
    apostólico, para demostrarle a su hijo espiritual que todo aquel que
    quiera vivir agradando al Señor padecerá persecución. En
    Antioquia Pablo fue perseguido y expulsado de la ciudad (Hechos
    13.50). En Iconio, los judíos y los gentiles junto a los gobernantes
    se lanzaron a afrentar y apresar a Pablo y a Bernabé. Estos
    tuvieron que huir de allí (Hechos. 14.5-6). En Listra, Pablo fue
    apedreado y dejado por muerto fuera de la ciudad y tuvo
    nuevamente que huir. No obstante, dice la Escritura que luego
    Pablo regresó a estas ciudades “…confirmando los ánimos de los
    discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y
    diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones
    entremos en el reino de Dios” (Hechos. 14.19-22).
    Se nos quiere hacer creer que la Gran Tribulación no es
    parte de esas muchas tribulaciones de que habla la escritura. Por
    eso la mayoría de los creyentes ha llegado a pensar que la iglesia
    no sufrirá la experiencia de la Gran Tribulación. Este pensamiento
    carece de toda lógica razonable. La Biblia nos enseña que Dios no
    hace acepción de personas. Si las tribulaciones que sufrieron
    aquellos grandes hombres de Dios de principios de la era cristiana
    fueran única y exclusivamente para ellos y no para nosotros los
    creyentes del tiempo del fin, entonces Dios estaría haciendo
    acepción de personas. Además, estaría obrando injustamente y
    sabemos que Dios sigue siendo justo.
    Es sumamente difícil de aceptar que Dios haya determinado
    permitir que su pueblo sufriera penalidades a través de toda la
    historia de la cristiandad y que para la iglesia que va a participar
    del rapto haya cambiado de parecer. Esto sería algo incompatible
    20
    …Y se cerró la Puerta.
    con lo establecido a través de todo el Nuevo Testamento. Es
    como si Dios se contradijera. Más Él no puede contradecirse
    porque el fundamento de Dios es firme, no cambia. En Él no hay
    mudanza alguna, ni sombra de variación. Él es el mismo ayer, y
    hoy, y por siglos. Dios no cambia de parecer.
    Todo creyente debe estar consciente de que su fe va a ser
    probada. Todos seremos sometidos a prueba tarde o temprano.
    Éste postulado se encuentra claramente en I Pedro 1.5-7. Dice allí
    la escritura que nosotros los creyentes somos guardados por el
    poder de Dios mediante la fe para alcanzar la salvación. Tal
    convicción del cuidado que Dios tiene de nosotros es motivo de
    alegría, aún a pesar de que “ahora por un poco de tiempo, si es
    necesario, tengamos que ser afligidos en diversas pruebas, para
    que sometida a prueba vuestra fe, mucho mas preciosa que el oro,
    el cual aunque perecedero se prueba con fuego,” sea hallada (por
    parte de Jesucristo) como una fe digna de alabar, gloriosa y
    honrosa en el día de su manifestación.
    El tiempo que durará la Gran Tribulación será
    relativamente corto, unos tres años y medio o mil doscientos días,
    como demostraremos posteriormente. De esos, la Biblia dice que
    para los escogidos serán acortados (Mateo 24.22), lo cual significa
    que la iglesia no pasará por todo ese tiempo sino que será
    arrebatada antes al cielo. Estos 3 ½ años serán divididos en dos
    partes: la “tribulación” de los escogidos y la “Ira de Dios”. La
    iglesia no experimentará el tiempo que dure el derramamiento de
    la Ira de Dios pues será arrebatada al cielo antes. Por lo tanto, el
    tiempo de angustia para la iglesia será menor de 3 ½ años.
    Sé que es difícil el tiempo que nos espera, pero será más
    llevadero si estuviéramos de antemano apercibidos para ello. Si
    Pablo, Pedro, Esteban y otos, pudieron mantener su fe en
    momentos de duras pruebas, también nosotros resistiremos por
    amor a los hermanos y a aquel que sufrió por nosotros tal
    contradicción de pecadores, que aún siendo angustiado y afligido
    no abrió su boca para quejarse. Haya pues en nosotros ese mismo
    21
    …Y se cerró la Puerta.
    sentir que hubo en Cristo Jesús. Para los creyentes que participen
    del rapto ese será el momento de entrar al reino de Dios. Entonces
    se cumplirá la palabra que esta escrita: “Es necesario que a través
    de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”; porque
    antes del Rapto habrá Gran Tribulación para la iglesia.
    22
    Capítulo II
    ¿Qué es la Gran Tribulación?
    Se puede definir una tribulación como un momento o
    tiempo de persecución o adversidad por el cual atraviesa una
    persona o grupo de personas; la cual crea un estado de aflicción,
    congoja, pena o sufrimiento. La Biblia relata muchos casos de
    momentos de tribulación por la cual atravesaron personajes
    bíblicos. Sin embargo, el que mejor aplica a lo que significa pasar
    por una tribulación es el caso de nuestro Señor Jesucristo, el cual
    sufrió persecución, acusaciones, falsas calumnias, castigo corporal
    y hasta la muerte… y todo injustamente.
    En el capítulo 24.21 y 29 del evangelio según San Mateo
    se hace mención de la “Gran Tribulación”. Éste capítulo es el texto
    bíblico que mejor describe las señales que habrán de tener lugar en
    Quitarán el continuo sacrificio y pondrán
    La Abominación Desoladora
    3 ½ años
    Gran Tribulación
    23
    …Y se cerró la Puerta.
    el tiempo del fin. Narra lo que Jesús relató a sus discípulos que
    acontecería, a preguntas que estos le hicieran, sobre qué señales
    habrá para determinar el tiempo cuando Jesús volvería a la Tierra
    y de cuando sería el fin del siglo. El fin del siglo debe entenderse
    como el fin de la dispensación actual, que es la de “La Gracia” o
    el fin de los tiempos o de las edades y lo determina el retorno de
    Cristo a la Tierra. En Mateo 24.3 se encuentra la pregunta de los
    discípulos. La contestación que Jesús da a esa pregunta está
    contenida desde Mateo 24.4 hasta el final del capítulo y todo el
    capítulo 25. Todo lo que Jesús responde desde el versículo cuatro
    del capítulo 24 hasta el versículo final de Mateo 25 contiene las
    señales y el tiempo cuando ocurrirá la segunda venida de Cristo a
    la tierra, o sea, del fin.
    En el versículo 15, Jesús hace alusión a una profecía bíblica
    del Antiguo Testamento dicha por el profeta Daniel, la cual
    deberíamos considerar si en efecto queremos saber cuando,
    específicamente, acontecerá esa Gran Tribulación. Dice así:
    “…cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de
    que habló el profeta Daniel…” A reglón seguido declara una serie
    de sugerencias para el momento cuando esa “Abominación
    Desoladora” sea puesta en el lugar santo: “Entonces los que estén
    en Judea, huyan a los montes, el que en la azotea, no descienda a
    tomar algo en su casa, y el que esté en el campo no vuelva a su
    casa a tomar su capa.” Esta aseveración se refiere al tiempo del fin
    cuando los judíos (Israel) serán asolados por las fuerzas del
    Anticristo descritas en Apocalipsis capítulo 12 y Ezequiel
    capítulos 38 y 39, entre otros.
    El versículo 21 es donde se hace mención de la Gran
    Tribulación. Dice: “Porque habrá entonces Gran Tribulación cual
    no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la
    habrá…” Con toda certeza el verso 15 y el 21 son continuidad uno
    del otro. La idea que se desprende de ambos es la siguiente:
    Cuando veáis en el lugar santo la Abominación Desoladora de que
    habló el profeta Daniel…. habrá entonces Gran Tribulación.
    Debemos considerar unos detalles muy importantes para poder
    24
    …Y se cerró la Puerta.
    comprender a qué se está refiriendo el Señor. El primero es que
    esa Gran Tribulación vendrá cuando la abominación predicha por
    Daniel esté puesta en el lugar santo. El segundo es que esa Gran
    Tribulación no tendrá precedentes, es decir, que no habrá una
    similar a ella antes de que ésta ocurra; y el tercero es que esta Gran
    Tribulación no tendrá parangón posterior a ella. En otras palabras,
    que ni antes ni después de ella habría una tribulación tan grande.
    Ese tiempo de Gran Tribulación será el de mayor magnitud jamás
    registrado en la historia humana.
    Ahora bien, para determinar el tiempo cuando tendría lugar
    esa Gran Tribulación podemos considerar, en primer término, que
    el Señor está, en el momento en que habla de esta Gran
    Tribulación, describiendo sucesos que se efectuarían en el tiempo
    del fin. El Tiempo del fin es indeterminado en cuanto a fecha en
    que ocurrirá pero si pudiéramos determinar el tiempo preciso en
    que la Abominación Desoladora surja, entonces podríamos fijar el
    momento de esa Gran Tribulación con mayor exactitud. Porque
    dice la profecía: “…cuando veáis en el lugar santo la abominación
    desoladora de que habló el profeta Daniel….habrá entonces Gran
    Tribulación cual no la ha habido…ni la habrá.”
    Si la Gran Tribulación se desarrollará cuando la
    Abominación Desoladora sea puesta, deberíamos considerar, por
    supuesto, que dice Daniel en torno a la Abominación Desoladora
    mencionada. En Daniel 12.11 dice: “Y desde el tiempo que sea
    quitado el continuo sacrificio y la abominación desoladora sea
    puesta, habrá mil doscientos noventa días” (Versión de la Biblia
    King James). Quiérese decir, que la Abominación Desoladora será
    puesta cuando el continuo sacrificio sea quitado. Lo anterior lo
    confirma Daniel 11.31 pues dice: “Y se levantarán de su parte
    (hombre despreciable del verso 21) tropas que profanarán el
    santuario y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y podrán
    la abominación desoladora.”
    Es significativo el hecho de que la Abominación Desoladora
    sería puesta al mismo tiempo en que el continuo sacrificio será
    25
    …Y se cerró la Puerta.
    quitado. Si vamos a Daniel 9.27, encontraremos allí, que el
    continuo sacrificio será quitado a la mitad de la semana
    septuagésima (70) o última semana de las setenta semanas
    proféticas de Daniel. Indica así la escritura: “Y por otra semana
    confirmará (un príncipe que ha de venir) el pacto con muchos; a la
    mitad de la semana hará cesar el sacrificio (continuo) y la
    ofrenda.” Por cuanto la Abominación Desoladora será puesta
    cuando el continuo sacrificio sea quitado, por lo tanto, esta será
    puesta a la mitad de la semana septuagésima de Daniel o
    inmediatamente después.
    Solamente nos restaría determinar cuando tendrá lugar la
    septuagésima (70) semana profética de Daniel y podríamos
    precisar cuándo será la Gran Tribulación. En ese mismo versículo
    27 de Daniel capítulo 9 nos da la clave. Como habíamos citado
    anteriormente, podemos apreciar que a la mitad de la semana
    septuagésima será quitado el continuo sacrificio y la ofrenda. Pero
    señala también que “…después, con la muchedumbre de las
    abominaciones, vendrá el desolador, hasta que venga la
    consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el
    desolador.” En otras palabras “El Desolador” entra en escena una
    vez que el continuo sacrificio sea quitado. El Desolador es una de
    las muchas abominaciones, en sí es la Abominación Desoladora a
    la cual hace referencia Jesús en Mateo 24.15. Daniel lo llama El
    Desolador y Jesús lo llama La Abominación Desoladora. Así pues,
    “El Desolador” comenzará a actuar inmediatamente después de la
    mitad (1/2) de la septuagésima (70) semana, o sea, durante los
    segundos tres años y medio (3½) de esa semana número setenta o
    justo a la mitad (1/2) de la semana.
    Sabemos que la semana referida consta de siete (7) años,
    puesto que la profecía de las setenta (70) semanas de Daniel se
    compone de semanas de años. Es decir, cada semana contiene en
    realidad siete (7) años. Aparentemente, ese Desolador va a actuar
    tres años y medio (3½) o la segunda mitad (1/2) de la semana
    número setenta (70), ya que, como podemos apreciar, la profecía
    habla de que el Desolador hará su aparición después que sea
    26
    …Y se cerró la Puerta.
    quitado el continuo sacrificio, lo cual ocurrirá a la mitad (1/2) de
    la semana, hasta que venga “La Consumación”. La Consumación
    es el fin.
    Obviamente, tanto Jesús en Mateo capítulo 24 así como
    Daniel en los versículos citados precedentemente, se están
    refiriendo al tiempo del fin. Por consiguiente, ambas profecías
    están estrechamente ligadas una a la otra.
    Entonces, en el tiempo del fin, lo que está determinado se
    derramará sobre “El Desolador”. Esto no es otra cosa que el
    derramamiento de la “Ira de Dios” la cual se efectuará en los
    últimos días o en el tiempo inmediatamente antes del retorno de
    Cristo a la Tierra. Los capítulos 16 y 19 de Apocalipsis nos
    demuestran que la “Ira de Dios” será derramada, como antes
    señalamos, inmediatamente antes del retorno de Cristo a la tierra y
    culminará con la guerra de Armagedón.
    El término “derramamiento de la ira de Dios” sobre la tierra
    se refiere a los juicios apocalípticos que se describen en el libro de
    Apocalipsis que serán enviados por Dios en el tiempo final.
    Por ende, podemos concluir que la Gran Tribulación será un
    momento de gran angustia de las gentes en el tiempo del fin. El fin
    lo marca el retorno de Cristo a la tierra, como mencionáramos
    anteriormente. Inmediatamente antes del retorno de Cristo a la
    tierra tendrá lugar la Gran Tribulación. Este hecho lo confirma el
    Señor en este mismo capítulo 24 de Mateo en los versos 29 y 30,
    donde nos dice que “…inmediatamente después de la tribulación
    de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su
    resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias del cielo
    serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del
    Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la
    tierra, y verán el Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del
    cielo con poder y gran gloria.”
    Quedando demostrado de esa manera que la segunda venida
    27
    …Y se cerró la Puerta.
    de Cristo será “inmediatamente” después de la tribulación de
    aquellos días. En otras palabras, la Gran Tribulación será
    inmediatamente antes del retorno de Cristo a la tierra y viceversa,
    el retorno de Cristo será inmediatamente después de la Gran
    Tribulación.
    Ya que Cristo no ha regresado aún, por tal razón, la Gran
    Tribulación no puede haberse efectuado todavía. Por lo tanto, la
    septuagésima (70) semana profética de Daniel capítulo 9.27
    tampoco puede haber transcurrido, porque Cristo dijo que la Gran
    Tribulación sucederá cuando la Abominación Desoladora de la
    que habló el profeta Daniel sea puesta, lo cual ocurrirá a la mitad
    (1/2) de esa semana número setenta (70) de la profecía de Daniel.
    Entonces es que habrá gran tribulación cual no la ha habido ni la
    habrá. E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días
    será el retorno de Cristo a la tierra.
    Recapitulando podemos argumentar lo siguiente:
    1. Jesús dijo: “Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la
    abominación desoladora de que habló el profeta Daniel…”
    (Mateo 24.15)
    2. “Habrá entonces gran tribulación…” (Mat. 24.21)
    3. Cuando sea quitado el continuo sacrificio será puesta la
    abominación desoladora (Dan. 11.31; 9.27).
    4. El continuo sacrificio será quitado a la mitad (1/2) de la semana
    número setenta (70) de las setenta semanas profetizadas por
    Daniel (Dan. 9.27) y entonces será puesta la abominación (El
    Desolador). Si la semana profética consta de siete años, la
    abominación será puesta habiendo transcurrido tres años y
    medio y faltando otros tres años y medio para finalizar la
    semana.
    5. Por lo tanto, la Gran Tribulación se desarrollará cuando la
    28
    …Y se cerró la Puerta.
    Abominación Desoladora sea puesta a la mitad de la semana
    profética número setenta de Daniel, lo que demuestra que esta
    segunda mitad tendrá una duración de tres años y medio.
    6. E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días
    ocurrirá el retorno de Cristo a la tierra (verán al Hijo del
    Hombre viniendo sobre las nubes del cielo) (Mat. 24.29-30)
    7. Por cuanto Cristo dijo que su regreso a la tierra acontecería
    inmediatamente después de la Gran Tribulación, por lo tanto, su
    retorno será también, por lógica deductiva, al final de la
    septuagésima (70) semana profética de Daniel y del reinado de
    la Abominación Desoladora.
    8. Por cuanto Cristo no ha retornado todavía, por consiguiente, ni
    la Gran Tribulación, ni la semana número setenta de Daniel han
    transcurrido aún. No ha tenido su cumplimiento la profecía en
    torno a esto específicamente.
    ES QUITADO EL SACRIFICIO CONTINUO Y
    PUESTA LA ABOMINACIÓN DESOLADORA
    ½ semana ½ semana
    SEMANA SEPTUAGÉSIMA DE DANIEL (DN. 9:27)
    Podemos de esta manera concluir que habrá una Gran
    Tribulación futura contrario a lo que algunos indoctos promulgan.
    Estos dicen que la Gran Tribulación ya pasó y que tuvo lugar en
    29
    PACTO
    IRA
    FIN
    …Y se cerró la Puerta.
    tiempos de la iglesia apostólica o primitiva. Otros aseguran que
    jamás acontecerá un evento como éste. Los que tales cosas
    enseñan son falsos maestros, hombres impíos, soñadores que se
    corrompen como animales irracionales, nubes sin agua, árboles sin
    fruto, dos veces muertos y desarraigados, estrellas errantes, para
    los cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas
    (carta del apóstol Judas).
    Cuando el profeta Daniel recibió la profecía descrita en la
    Biblia, no pudo entender el significado de la misma. Dijo: “…y yo
    oí, mas no entendí.” Y preguntó al ángel que hablaba con él:
    “Señor mío, ¿Cuál será el fin de estas cosas?” (Daniel 12.8) Mas el
    ángel le contestó: “Anda, Daniel, porque estas palabras están
    cerradas y selladas hasta el tiempo del fin.” En el capítulo 8:19 la
    palabra dada al profeta en torno a la profecía fue: “He aquí, yo te
    enseñaré lo que ha de venir al fin de la ira; porque eso es para el
    tiempo del fin.” El fin de la ira es similar a decir la consumación
    de la ira que será derramada en el tiempo del fin. Daniel no podía
    entender porque la profecía no era para tener cumplimiento en su
    tiempo ni en el tiempo posterior al profeta, sino que sería para el
    “tiempo del fin.” Este término se refiere al momento profético que
    se estará viviendo en la tierra en los días antes del retorno de
    Jesucristo.
    Cabe destacar el hecho de que parte de la profecía dada a
    Daniel para el “tiempo del fin” se encuentra en Daniel 12.1. Entre
    otras cosas, dice allí la escritura: “…y será tiempo de angustia, cual
    nunca fue desde que hubo gente hasta entonces…” La anterior
    expresión es análoga a la dicha por Jesús en Mat. 24.21: “…porque
    habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el
    principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.” Daniel se está
    refiriendo al mismo evento que Jesús se refirió: La Gran
    Tribulación.
    En Daniel 12:7 señala la escritura que ese “tiempo de
    angustia” será por “tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo”. Tal
    expresión lo que en sí significa es tres años y medio (31/2). Aquí,
    30
    …Y se cerró la Puerta.
    “tiempo” equivale a un año, “tiempos” a dos años y “la mitad de
    un tiempo” a medio año. Podemos deducir entonces que la Gran
    Tribulación tendrá una duración de tres años y medio.
    Si volvemos a lo que hemos explicado con anterioridad,
    encontraremos que la semana septuagésima de Daniel capítulo
    nueve está dividida en dos secciones de tres años y medio (3½)
    cada una. Los sucesos que dividen la semana en dos mitades, o
    secciones numéricamente equivalentes, es que se quitará el
    continuo sacrificio y será puesta la Abominación Desoladora.
    Si Jesús dijo que cuando viéramos la abominación
    desoladora habrá gran tribulación (el tiempo de angustia de
    Daniel) y este durará tres años y medio, entonces estos no pueden
    ser los primeros tres años y medio de la semana septuagésima,
    porque la Abominación Desoladora no estará puesta aún, sino
    hasta la mitad de la semana. Durante los primeros tres años y
    medio (3½) nadie podrá “ver” la Abominación Desoladora. Pero
    durante los segundos tres años y medio (3 ½) sí.
    Se puede demostrar de esta forma, que la Gran Tribulación
    tendrá una duración neta de tres años y medio, y que estos serán
    los tres años y medio que compondrán la segunda parte de la
    última semana de años profética de Daniel. De igual forma, estos
    tres años y medio serán los que transcurrirán inmediatamente antes
    del retorno de Cristo a la Tierra.
    Los tres años y medio señalados son claramente definidos
    y establecidos en la palabra de Dios. (Bíblicamente, tres años y
    medio equivalen a cuarenta y dos meses, a mil doscientos sesenta
    días y a la expresión: tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo).
    Por ejemplo, será el tiempo de cuarenta y dos (42) meses en el
    tiempo del fin, cuando los gentiles hollarán a Jerusalén, o sea, la
    ciudad santa (Apocalipsis 11.2). Será el mismo tiempo de mil
    doscientos sesenta (1,260) días cuando los dos testigos profeticen
    durante el reinado de “La Bestia” (Apocalipsis 11.3). Será el
    término de tiempo de cuarenta y dos (42) meses en que “La
    31
    …Y se cerró la Puerta.
    Bestia” se manifestará y estará reinando con grande autoridad
    sobre toda la tierra (Apocalipsis 13.5-7). Esa “Bestia” será un
    demonio salido del mismo infierno (Apocalipsis 17. 8). Es el
    tiempo cuando la mujer (Israel) será sustentada en el desierto en el
    momento en que sea asediada por el Dragón (Diablo) en el fin de
    los tiempos (Apocalipsis 12.14).
    Daniel agrega otro elemento importante relacionado con
    ese “tiempo de angustia” (La Gran Tribulación). Dice que tal
    tiempo ocurrirá “…cuando se acabe la dispersión del poder del
    pueblo santo” (Daniel 12.7). Este dato es importantísimo, porque
    fija el cumplimiento profético del mencionado “tiempo de
    angustia”, obviamente, para tener lugar en nuestros días. De
    acuerdo a datos históricos, en el año 70 A.D. los ejércitos del
    Imperio Romano invadieron a Israel y el “pueblo santo” (en este
    caso Israel) fue dispersado por todo el orbe mundial. Después de
    haber transcurrido más de 1,850 años de su dispersión entre las
    naciones, regresaron a su patria, terminándose así lo que se conoce
    como la diáspora. De esta forma se acababa la dispersión del poder
    del pueblo santo y en 1948 se proclamó la nación de Israel como
    un estado soberano e independiente. Ahora, en nuestros días, Israel
    es un estado o nación con poderes autónomos. Se terminó la
    dispersión del poder del pueblo santo.
    Empero, como habíamos señalado anteriormente, a pesar
    de que se cumplió ya esta parte de la profecía, sin embargo, el
    “tiempo de angustia” para Israel no se ha cumplido aún. Tampoco
    Cristo ha regresado, el cual retornará al final de ese período de
    tiempo de tres años y medio de gran tribulación.
    Aquí debemos regresar a la profecía sobre la semana
    septuagésima de Daniel 9.27, que es durante la cual tendrá
    cumplimiento la parte de la profecía dada a Daniel que no se
    cumplió durante las primeras 69 semanas. Daniel revela la manera
    como dará comienzo esta última semana. Dice que el pueblo de un
    “príncipe que ha de venir” destruirá la ciudad y el santuario.
    Aunque muchos han querido demostrar que esta parte de la
    32
    …Y se cerró la Puerta.
    profecía se cumplió cuando los ejércitos del Imperio Romano,
    dirigidos por el general Tito, destruyeron la ciudad de Jerusalén y
    el templo judío en el año 70 A.D., lo cierto es que existen
    discrepancias para pensar que sea así. Porque agrega la profecía,
    que el “príncipe que ha de venir” confirmaría un pacto (tratado de
    paz) con muchos por una semana; después de que el pueblo, no
    nación, de ese “príncipe que ha de venir” haya destruido la ciudad
    y el santuario. Ni el general romano Tito, ni el pueblo romano
    confirmó pacto alguno después de la destrucción de Jerusalén y el
    templo judío en el año setenta de nuestra era; y menos un pacto de
    siete años de duración, que significa una semana profética. Por
    tanto, esa porción de la profecía no puede haber tenido
    cumplimiento en ese entonces. Inmediatamente antes de que
    comience la semana setenta el “pueblo” de un “príncipe que ha de
    venir” destruirá la ciudad de Jerusalén y el santuario, causando la
    consabida destrucción profetizada. Ningún evento ocurrido
    después del año 33 A.D. puede considerarse como parte de lo
    revelado a Daniel porque en ese año se cumplió el tiempo dado
    para las primeras 69 semanas, con la muerte de Cristo. El resto de
    lo profetizado está asociado al comienzo de la semana número
    setenta.
    Debemos recalcar el hecho de que la escritura hace
    mención del “pueblo”, no de la nación, de un “príncipe que ha de
    venir”. Conociendo lo perfecto de la revelación divina debemos
    suponer que ese “pueblo” podría estar diseminado entre muchas
    naciones. Tal consideración, así como otros muchos aspectos
    relatados proféticamente en la Biblia, sugieren que ese pueblo
    puede ser los árabes musulmanes. Ellos son un solo pueblo aunque
    separados territorialmente formando diferentes naciones. Poseen
    una misma cultura, una misma religión, una misma idiosincrasia y
    un mismo propósito en común: exterminar por completo al pueblo
    de Dios reconocido en el Antiguo Testamento, Israel.
    Haremos un paréntesis en este momento para explicar por
    qué las semanas proféticas del capítulo nueve de Daniel constan de
    semanas de años. Ya hemos visto como la profecía relata que a la
    33
    …Y se cerró la Puerta.
    mitad (1/2) de la semana septuagésima de las setenta semanas será
    quitado el continuo sacrificio y a su vez será puesta la
    Abominación Desoladora (Daniel 9.27 y 11.31). Ahora bien, la
    profecía señalada que al final de la semana setenta (70) se
    terminará con la prevaricación, se pondrá fin al pecado,…y se
    sellará la visión y la profecía y se ungirá al Santo de los santos. Lo
    anterior significa que al finalizar las setenta semanas proféticas
    también se finalizará el tiempo para que la profecía tenga
    cumplimiento. “Se sellará la profecía” debemos interpretarlo como
    que en ese momento se cierra o termina el orden de los eventos
    proféticos revelado por Dios que terminan con el retorno de Cristo
    a la tierra y su subsiguiente ungimiento como rey para dar
    comienzo al Reino Mileníal de Cristo.
    Daniel añade un dato que nos ayuda a determinar el tiempo
    de duración de la semana número setenta y de la Gran Tribulación.
    Daniel 12.11 dice que desde el tiempo que sea quitado el continuo
    sacrificio y la Abominación Desoladora sea puesta, habrá mil
    doscientos noventa (1290) días. Anteriormente habíamos señalado
    que la ofrenda y el continuo sacrificio serían quitados a la mitad de
    la referida semana septuagésima. También, que la Abominación
    Desoladora será puesta en ese momento. En otras palabras,
    comenzando a contar desde el momento en que el continuo
    sacrificio sea quitado y la Abominación Desoladora sea puesta a la
    mitad de la semana, transcurrirán mil doscientos noventa días.
    Significa que el término de tiempo que restaría para finalizar con
    el total cumplimiento de lo profetizado, que habría de ocurrir en
    esa semana, sería de 1,290 días. Podemos dividir esta cifra en
    1,260 días más 30 días, o sea, tres años y medio (31/2) más 30
    días adicionales. Obviamente, desde la mitad de la septuagésima
    semana hasta el final de ella transcurrirán tres años y medio (31/2)
    más 30 días adicionales. Por lo tanto, la segunda mitad de la
    semana septuagésima debe constar de 1,260 días, equivalentes a
    cuarenta y dos meses o tres años y medio, y así, la semana
    completa contiene siete (7) años. Los treinta días adicionales
    puede ser el tiempo al que se refiere Mateo 24.29 cuando dice que
    inmediatamente después de la tribulación de aquellos días…verán
    34
    …Y se cerró la Puerta.
    al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con poder y
    gran gloria. Los 30 días sería el tiempo dentro del cual Cristo
    regresará.
    En Génesis capítulo 29 se narra la historia de cómo Jacob
    sirvió a Labán por sus dos hijas Raquel y Lea. En el versículo 15
    le dice Labán a Jacob: “¿Por ser tú mi hermano, me servirás de
    balde? Dime cual será tú salario.” Y Jacob le contestó: “Yo te
    serviré siete años por Raquel tu hija menor”. Cuando Jacob hubo
    cumplido el tiempo de su servicio le fue entregada Lea en lugar de
    Raquel. Al verse burlado protestó; pero Labán le dijo que no era
    costumbre en aquel sitio entregar la hija menor a un hombre antes
    que la mayor. Entonces Labán se dirigió a Jacob diciéndole que
    trabajara otros siete años adicionales y de esa manera él le
    entregaría también la hija menor. La expresión que usa Labán se
    encuentra en el versículo 27 y le dice: “…cumple la semana de
    esta, y se te dará también la otra, por el servicio que hagas
    conmigo otros siete años”. En el versículo 28 señala la escritura:
    “E hizo Jacob así, y cumplió la semana de aquella; y él (Labán) le
    dio a Raquel su hija por mujer”. De esa manera, podemos apreciar
    que la expresión bíblica “u

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