Soldado de Jesucristo

Soli Deo Gloria

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Dios no es Realmente Tan Santo, yo no Soy Realmente Tan Malo

 

Por Tim Challies

¿Cómo sabes que realmente tienes el evangelio, que realmente lo entiendes y lo crees? O tal vez mejor dicho, ¿cómo sabes que el evangelio de verdad te tiene a ti, que se ha apoderado de ti y ha comenzado a transformarte en forma permanente? Me encontré reflexionando esta pregunta la semana pasada y pronto estaba pensando en la gente que he conocido que una vez profesaron la fe, pero que con el tiempo se enfriaron, se distanciaron, y se apartaron.

Si usted ha sido cristiano por cualquier período de tiempo, usted también ha conocido personas como ellas. Con el tiempo se hizo evidente que su fe había sido un espejismo. Habían engañado a la gente alrededor de ellos, pero primero ellos mismos se habían engañado. Y cada vez que veo a estas personas que se apartan me quedo preguntando, ¿Qué los marcó como verdaderos creyentes? ¿Cómo podría yo a saber que realmente tenían el evangelio? ¿Cómo podían haber sabido ellos que realmente tenían el evangelio?

Tal vez hubiera sido esto: Usted sabe que usted realmente tiene el evangelio cuando es la gracia de Dios en lugar de la ira de Dios la que le asombra. A menudo escucho a la gente expresar su asombro e incluso su disgusto por la propia noción de un Dios airado. Pero cuando escucho a verdaderos creyentes, escucho expresar asombro ante la realidad de un Dios misericordioso. Es la gracia, no la ira, la que les desconcierta. “¿Por qué? ¿Por qué yo? ¿Por qué Dios extendería tal gracia sobre mí?”

Esto es, pienso, por qué “Sublime Gracia” de John Newton se ha mantenido como un himno tan popular y poderoso. El clamor de Newton fue “sublime gracia.” La ira no le sorprendió ni le ofendió. Sabía de su miseria, su propia depravación profunda. Él ya se había convencido de culpabilidad de que era plenamente merecedor de la justicia de Dios. Así que fue la gracia la que le sorprendió. Fue la gracia la que parecía tan fuera de lugar. Si hubiese ofensa al evangelio era que Dios tomaría el pecado de un hombre muy malo como John Newton y lo colocaría en el hombre perfecto Jesucristo.

Usted sabe que usted realmente lo tiene cuando lo impactante sobre el evangelio no es que Dios extienda Su ira hacia los pecadores, sino que El extiende Su gracia. Y he aquí por qué: La condición humana básica es creer que Dios no es realmente tan santo y que yo no soy tan malo.

Dios es indulgente hacia el pecado y, como suele suceder, y de todos modos no soy realmente tan profundamente pecaminoso.Así que somos una buena pareja, Dios y yo. No hace falta fe para creer eso. No hace falta un gran cambio de mente y de corazón.

Pero el evangelio desenmascara ese tipo de engaño. El evangelio nos ayuda a ver las cosas como realmente son. El evangelio dice que Dios realmente es mucho más santo de lo que me atrevo siquiera imaginar y que yo soy mucho más pecador de lo que jamás podría haber imaginado.. Y, allí mismo, con la evaluación correcta de Dios y yo, justo allí el Evangelio se enciende. Allí mismo el evangelio da esperanza.

 

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Una Evaluación de la Iglesia Adventista del Séptimo Día y Nuestra Respuesta

Iglesia adventista

Por Nathan Busenitz

¿Qué es el la Iglesia Adventista del Séptimo Día?

La Iglesia Adventista del Séptimo Día comenzó como un movimiento basado en las enseñanzas de un predicador laico llamado William Miller (1782-1849). Miller, después de haberse embarcado en un estudio personal de la Biblia (en particular Daniel 8:14), se convenció de que Cristo regresaría entre el 21 de marzo de 1843 y 21 de marzo de 1844. Cuando dicha predicción falló, Miller y sus seguidores ajustaron la fecha para el 22 de octubre de 1844.

Pero cuando el Señor no regresó el 22 de octubre de 1844, sus seguidores, conocidos como milleritas, experimentaron lo que llamaron “el gran chasco,” pues se dieron cuenta que las enseñanzas y predicciones de Miller habían sido totalmente falsas. Sin embargo, un pequeño grupo de milleritas insistió en que la fecha que Miller identificó no pudo haber sido un error, y afirmaron que el error de Miller no estuvo en sus cálculos matemáticos, sino más bien en lo que él espera que pasara en esa fecha. Consecuentemente ellos concluyeron que ya que era imposible que tal fecha fuese errónea, algo, otra cosa que no fuese el regreso de Cristo, tuvo que haber ocurrido en 1844; es de ese grupo de donde surge la iglesia adventistas del séptimo día.

Phil Johnson señala la ironía de establecer un movimiento religioso sobre la base de una predicción profética falsa:

A principios de la década de 1840, el movimiento millerita se había convertido en un enorme fenómeno internacional. En un lapso de cinco meses en 1843, más de 600,000 ejemplares de la literatura millerita se habrían distribuido en Nueva York solamente. Tan popular fueron sus ideas, que personas vendieron sus casas, regalaron sus posesiones y renunciaron a sus medios de vida con fin de demostrar su fe en las predicciones de William Miller.

Entonces, ¿qué creen los adventistas que ocurrió el 22 de octubre de 1844? De acuerdo con la enseñanza de la iglesia adventista, Cristo, como un gran sumo sacerdote de la iglesia, se encuentra llevando a cabo un trabajo final de expiación y juicio en el cielo. Pero fue el 22 de octubre de 1844 cuando finalmente pudo trasladarse del Lugar Santo al Lugar Santísimo para así completar dicha obra expiatoria.

La declaración doctrinal oficial de la Iglesia Adventista lo explica de esta manera:

Hay un santuario en el cielo, el verdadero tabernáculo que el Señor erigió y no el hombre. En él ministra Cristo en favor de nosotros, para poner a disposición de los creyentes los beneficios de su sacrificio expiatorio ofrecido una vez y para siempre en la cruz. Cristo llegó a ser nuestro gran Sumo Sacerdote y comenzó su ministerio intercesor en ocasión de su ascensión. En 1844, al concluir el período profético de los 2,300 días, inició la segunda y última fase de su ministerio expiatorio. Esta obra es un juicio investigador, que forma parte de la eliminación definitiva del pecado, prefigurada por la purificación del antiguo santuario hebreo en el Día de la Expiación (Creencias de los Adventistas del Séptimo Día #24). Fuente.

Esta explicación creativa para la predicción fallida de Miller se vio reforzada por las enseñanzas de una joven llamada Ellen Harmon (1827-1915), la cual aparentemente comenzó a experimentar visiones en 1844, poco después del gran chasco. Considerada como una profetisa, Harmon (conocida por su nombre de casada, Ellen G. de White) embarcó en una carrera prolífica en la enseñanza y la escritura. Sus interpretaciones de la Biblia y supuestas revelaciones se convirtieron en la base principal del movimiento adventista.

Hoy en día hay alrededor de 18 millones adventistas del séptimo día en todo el mundo.

¿Cómo debemos responder los evangélicos al movimiento de la Iglesia Adventista del Séptimo Día?

Algunos evangélicos creen que la iglesia adventista del séptimo día debe ser abrazada abiertamente como simplemente otra denominación. Estoy en desacuerdo.

HISTÓRICAMENTE, LOS EVANGÉLICOS HAN CONSIDERADO EL MOVIMIENTO ADVENTISTA COMO UNA SECTA

Históricamente, los evangélicos y fundamentalistas han considerado el movimiento adventista como una secta. Y a pesar del espíritu ecuménico que ha impregnado el evangelismo en las últimas décadas, existen grandes errores en la teología de la iglesia adventista, los cuales deberían persuadir a los cristianos evangélicos a no considerarlos como otra denominación dentro del cristianismo.

A continuación, tres errores importantes en la doctrina de la iglesia adventista del séptimo día:

1. Un entendimiento erróneo de la labor de expiación de Cristo.

El Nuevo Testamento enseña que el trabajo de expiación de Cristo fue totalmente concluido en la cruz (Juan 19:30). Después de cumplir con su misión terrenal, el Señor Jesús se sentó victoriosamente a la diestra del Padre. Como el autor de Hebreos claramente nos dice:

Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados (Hebreos 10:11-14).

Cualquier noción de que Cristo tenía o tiene que completar algún trabajo de expiación adicional en el cielo (como lo enseña la teología adventista), va en contra de Hebreos 10:11-14 y del hecho que Jesús consumó su labor de expiación en el calvario.

En el Antiguo Testamento, cuando el sumo sacerdote entraba en el Lugar Santísimo en el Día de la Expiación, él entraba a la presencia de la gloria shekhiná de Dios (Levítico 16:2). Por eso, cuando los adventistas enseñan que Cristo no entró en el Lugar Santísimo celestial hasta el 22 de octubre de 1844, erróneamente implican que el Señor Jesús no entró en la gloriosa presencia de Dios hasta tal fecha. Pero eso no es lo que la Escritura enseña (Hechos 7:55-56; Romanos 8:34; Efesios 1:20; Colosenses 3:1; 1 Pedro 3:22).

Cuando el sumo sacerdote entraba en el Lugar Santísimo, tenía que llevar acabo sus tareas de forma rápida e inmediatamente después retirarse, ya que como pecadores, no se les permitía que se quedaran en la presencia de Dios. Pero cuando el Señor Jesús entró en la presencia de su Padre, se sentó (Marcos 16:19; Lucas 22:69; Hebreos 1:3; 8:1; 10:12; 12:2), no sólo porque él era perfecto, sino porque también su obra expiatoria fue terminada.

A través de su obra redentora en el calvario, Cristo proveyó acceso a la presencia de Dios a todos los que le pertenecen (Hebreos 4:14-16; 10:19-20). El velo que separaba el Lugar Santísimo del santuario se rasgó en dos al momento de su muerte (Marcos 15:38), no dieciocho siglos después. Por eso es que afirmar que Jesús esperó hasta 1844 para entrar en el Lugar Santísimo celestial socava el trabajo completo y final de expiación que él logró en la cruz.

2. Una aceptación errónea de Ellen G. de White como profetisa.

Para nosotros los cristianos evangélicos, la Escritura es nuestra única y absoluta autoridad. Entendemos que la Palabra de Dios es inspirada, infalible, autoritaria y suficiente (cp. 2 Timoteo 3:16-17). Consecuentemente, rechazamos cualquier otra doctrina, persona o movimiento que intente usurpar la autoridad de la Biblia al hacerse pasar como una autoridad igual o superior.

Los adventistas insisten que la Biblia es su único credo. Sin embargo, aunque afirman creer en la Biblia, al mismo tiempo tienen un compromiso inmovible a las profecías de Ellen G. de White, las cuales ven como autoritarias en la iglesia.

Sus propios documentos de creencias establece lo siguiente:

Uno de los dones del Espíritu Santo es el de profecía. Este don es una señal identificadora de la iglesia remanente y se manifestó en el ministerio de Elena G. de White. Como mensajera del Señor, sus escritos son una perma­ nente y autorizada fuente de verdad que proporciona consuelo, dirección, instrucción y corrección a la iglesia. (Creencias de los Adventistas del Séptimo Día #18). Fuente.

Al considerar los escritos de Ellen G. de White como inspirados y autoritarios, el movimiento adventista del séptimo día basa sus doctrinas en algo más que sólo la Escritura. De hecho en la práctica, las enseñanzas de White por lo general son colocadas por encima de la Escritura, pues han llegado a ser el lente a través del cual interpretan la Biblia. Como Geoffrey Paxton explica:

Phil Johnson afirma el problema aún más directo:

Aunque la mayoría de los adventistas del séptimo día tratan de minimizar la importancia que ponen en los escritos de Ellen White, en realidad ellos creen en los escritos de White como divinamente inspirados y en sus libros como revelaciones superiores a cualquier otro libro o verdad.

Y puesto que leen e interpretan la Biblia a través del lente de las obras supuestamente inspiradas de Ellen G. de White, en la práctica, sus escritos tienen una autoridad superior a la Escritura. La Biblia simplemente no se puede utilizar para corregir los errores de White porque la Escritura es interpretada por lo que ella escribió.

Tal constituye un problema obvio y claramente no concuerda con la doctrina evangélica que la Biblia es la única fuente divina de autoridad y revelación en la iglesia.

3. Un énfasis erróneo y legalista de las leyes sabáticas y dietéticas como obligatorias para los cristianos.

El Nuevo Testamento enseña que la Ley de Moisés se cumple en Jesucristo (Mateo 5:17), y por lo tanto los cristianos ya no están bajo el antiguo pacto (Lucas 22:20; Romanos 6:14; 2 Corintios 3-6; Gálatas 3:24-25; Hebreos 8: 6, 13; Hebreos 10:17-18, 29). Las restricciones del Antiguo Testamento respecto a las leyes dietéticas (Marcos 7:19; Hechos 10:9-16) y el guardar el día sábado (Colosenses 2:16) no son para los creyentes en la era de la iglesia. Insistir en ellos y pensar que los cristianos deben observar tales restricciones y leyes es legalismo.

El apóstol Pablo afirma este principio claramente en Colosenses 2:16-17:

Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.

A pesar de esta enseñanza clara en el Nuevo Testamento, adventistas del séptimo día adventistas insisten tanto en observar el sábado como en mantener ciertas leyes dietéticas.

En cuanto a los sábados ellos afirman lo siguiente:

El cuarto mandamiento de la inmuta­ble ley de Dios requiere la observancia del séptimo día, sábado, como día de reposo, adoración y ministerio en armonía con las enseñanzas y la práctica de Jesús, el Señor del sábado (Creencias de los Adventistas del Séptimo Día #20). Fuente.

Por su parte, Ellen G. de White enseñó que en los últimos tiempos, aquellos que guardan el domingo en lugar de en sábado, recibirán la marca de la bestia y por lo tanto no se debería adorar a Dios en la iglesia el día domingo. Pero lo tal va en contra del patrón que vemos en el Nuevo Testamento, donde los hermanos se reunían el primer día de la semana, el día cuando el Señor Jesús se levantó de los muertos (Mateo 28:1; Hechos 20:7; 1 Corintios 16:1-2; Apocalipsis 1:10).

En cuanto a las leyes dietéticas, sus creencias dictan: “Junto con la práctica adecuada del ejercicio y el descanso, debemos adoptar un régimen alimentario lo más saludable posible, y abstenernos de los alimentos inmun­dos, identificados como tales en las Escrituras (Creencias de los Adventistas del Séptimo Día #22; fuente). Dicha declaración continúa y cita Levítico 11 como parte de su apoyo bíblico para esta doctrina distintiva. Es por esto que los adventistas son en gran parte vegetarianos.

Sin embargo, la insistencia en guardar el día sábado y en las leyes dietéticas, aparentan la misma clase de legalismo que caracterizó a los falsos maestros durante el período del Nuevo Testamento (cp. Colosenses 2:8-19; 1 Timoteo 4:3-5). Al igual que los adventistas, los judaizantes insistían en que los cristianos debería observar ciertos aspectos externos de la Ley de Moisés (Hechos 15:1, 5; Gálatas 2:2-9). La respuesta de Pablo a estos legalistas es clara en Gálatas 1:8-9:

Más si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.

Esas son palabras fuertes, pero no son mis propias palabras, sino que son la evaluación que la Escritura da a cualquier grupo que busca añadir obras legalistas al evangelio de la gracia.

Conclusión

Los adventistas defienden una serie de otros distintivos teológicas no ortodoxos (como sueño del alma [Creencias Fundamentales, 26], la aniquilación de los impíos [Creencia #27]) y, por lo menos históricamente, la insistencia en que son la única iglesia verdadera.

Pero por encima de todo, los principales problemas que separan a los adventistas del cristianismo bíblico son: (1) su posición errónea y equivocada de la obra expiatoria de Cristo, (2) su aceptación ilegítima de las profecías de Ellen G. de White y (3) su insistencia legalista en que los creyentes están obligados a observar las leyes dietéticas mosaicas y a guardar el sábado.

Los tres errores de la iglesia adventista aquí mencionados claramente van en contra de la fe cristiana. Es por eso que los evangélicos deben ver la teología adventista del séptimo día con mucha cautela.

****

Sobre el autor: Nathan Busenitz (Ph.D.) es profesor de teología histórica en The Master’s Seminary. Después de haber servido como asistente personal de John MacArthur, Nathan llegó a formar parte del profesorado de TMS en el 2009. Él y su familia viven en Los Ángeles, California.

Publicado originalmente en inglés aquí y español aquí

 

 

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El Hambre y la Sed que son Bienaventuradas | Charles Spurgeon

Por: Soldado de Jesucristo.

Hoy decidí postear las notas que tomé del sermón de Charles Spurgeon titulado “El Hambre y la Sed que son Bienaventuradas”, sin dudas cada sermón de Spurgeon es un refrigerio para mi mi alma, a la misma vez que es fuente de consuelo, exhortación y reprensión, los dejo con las notas y les propongo leer el sermón completo o escucharlo en los enlaces que dejo debajo

 Notas:

– No podemos vivir en pecado y ser verdaderamente felices.

– El hombre perdonado y justificado desea ahora ser justo en su conducta, y en su lenguaje, y en su pensamiento:desea vehementemente ser justo en su vida entera. Quiere ser caracterizado por la integridad, la amabilidad, la clemencia, el amor, ytodo lo demás que participa en la conformación de una condición correctade cosas hacia sus semejantes.

– Desea ardientemente ser recto en sus sentimientos y en su conductahacia Dios: ansía con vehemencia conocer, obedecer, orar, alabar y amara Dios rectamente. No puede descansar hasta no tener la relación debidacon Dios y con los hombres. Su anhelo no es únicamente de ser tratado como justo por Dios, condición que le viene a través de la sangre expiatoria y de la justicia del Señor Jesucristo; sino que anhela ser realmentejusto delante del Dios que escudriña el corazón.

– El hombre piadoso tiene hambre y sed de ver la justicia en otros. A veces, cuando ve la conducta de los que le rodean, clama: “Mi vida está entre leones; estoy echado entre hijos de hombres que vomitan llamas.” Entre más santo se vuelva, elpecado veja más su alma recta, y clama: “¡Ay de mí, que moro en Meses, y habitó entre las tiendas de Cedar! Con frecuencia dice: “¡Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría.” Como Cowper clama:

 

“¡Oh, anhelo un albergue en un vasto desierto,

Alguna ilimitada inmediación de sombra,

Donde el rumor de la opresión y del engaño,

De la guerra fracasada o exitosa,

No me alcanzara ya nunca jamás!”

 

– Si no hubiese un cielo, el hombre piadoso desearía ser justo; si no hubiese un infierno, él aborrecería la injusticia. Su hambre y su sed sonde honestidad, pureza, rectitud y santidad: tiene hambre y sed de ser loque Dios quiere que sea. Hagan siempre una distinción entre buscar elcielo y buscar a Dios, entre huir del infierno y huir del pecado; puescualquier hipócrita desea el cielo, y teme el infierno; pero solamente elhombre sincero tiene hambre de justicia.

 

– El deseo de ser feliz, el deseo de estar en paz con la conciencia: estos son unos pobres objetivos. El hambre verdadera y noble del alma es eldeseo de ser recto por causa de la justicia. ¡Oh, ser santo, ya sea que implique gozo o tristeza! ¡Oh, ser de puro corazón, ya sea que eso me acarreehonra o menosprecio! Esta, esta es la sed que es bienaventurada.

 

-Un hombre que tiene hambre y sed de justicia suplica a Dios con toda su alma. La oración fingida no tiene cabida en él. El hombre que tiene hambre y sed de justicia es un hombre luchador. Esto lo vuelve también un hombre activo; pues el hambre atraviesa paredes depiedra; haría cualquier cosa por conseguir el alimento.

 

– Si los hombres estuvieran realmente hambrientos de la verdad, la predicación no sería sometida a comentarios tontos. “Denme un cuchillo y una oportunidad,” dirá el hombre que está hambriento.“Denme el Evangelio”—dice el buscador ansioso—“y no me importa para nada la elocuencia.”

 

– Yo prefiero ser uno que Cristo define como bienaventurado,que uno que fuera estimado por todo el mundo, pues la opinión del Señores la que cuenta.

 

– Los hombres se imaginan que pueden, mediante su propio esfuerzo, satisfacer a la conciencia, volverse puros, y producir un carácter justo. Todavía sueñan con extraer una cosa pura de algo inmundo. Que venga sobre ellos el hambre y la sed espirituales, y que escapen de esta trampa. El hombre clama “la confianza en uno mismo es un refugio de mentiras. Debo ser ayudado de lo alto. Debo ser salvo por gracia, o permaneceré siendo injusto hasta el fin.”

 

– No es natural que el hombre ame lo bueno y lo santo; él ama lo malo y lo perverso; él ama la ofensa o la omisión, perono busca la estricta rectitud delante de Dios.

 

– Conforme veo cómo la iniquidad abunda en el mundo, estoy verdaderamente feliz de que no haya iniquidad en el Señor, mi Dios. Al ver el error en la iglesia, descanso en el hecho que ningún error encuentra sustento en Él. La maldad parece estar en todas partes: ciertos hombres arrebatarían la propiedad de todos los hombres, y el orden opuesto aplastaría al pobre en su salario; pero esta es nuestra áncora de salvación;hay un poder encaminado a la justicia, y ese poder es Dios. Estoy lleno de gozo al ver a la justicia entronizada en Dios. ¿No conocen ustedes esta dicha?

 

– Es cierto que tengo que gritar con el leproso: “inmundo, inmundo”; y,sin embargo, como un creyente en el Señor Jesús, yo soy justificado en Él, acepto en Él, y completo en Él. Dios me mira, no como soy, sino como Cristo es. Él me ve a través de la perfecta obediencia del Bien amado, y yo estoy delante de Él sin condenación, es más, con plena aceptación y favor.

 

– Yo soy un pecador, y sin embargo, no amo al pecado: ¿no es esto grato? Aunque tengo que luchar diariamente contra la corrupción, he recibido una vida interior que combatirá, y debe luchar, y no será vencida. Sí todavía no he derrotado al pecado, es algo con lo que estoy luchando. Incluso ahora, por fe reclamamos la victoria. “Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.”

 

– ¿Acaso no han sentido nunca como si estuviesen llenos hasta el borde, al enterarse que fueron “renacidos para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos”? ¿Acaso no han sido inundados de gozo al saber que ya no eran más lo que solían ser, sino que ahora han sido hechos partícipes de la naturaleza divina, y han sido elevados a la esfera espiritual, en la que tienen comunión con hombres justos hechos maduros?

 

– Yo considero una gran recompensa salvar a un pequeño ser. Es una bendición para mí llevara un humilde obrero a los pies del Señor, y verlo aprendiendo el caminode la justicia.

 

– Pronto abandonaremos este cuerpo mortal, y nos encontraremos enun estado incorpóreo, “y así estaremos siempre con el Señor.” No tendremos oídos ni ojos, pero nuestro espíritu discernirá y entenderá prescindiendode estos órganos ineptos. Liberados de esta sustancia material,no conoceremos el pecado. Pronto sonará la trompeta de la resurrección,y el espíritu entrará en el cuerpo refinado y espiritual, y la humanidad perfeccionada será nuestra. Entonces el hombre tendrá sus ojos, pero no mirarán nunca una mirada lasciva; tendrá sus oídos, perono buscarán nunca la conversación profana; tendrá sus labios, pero nomentirán nunca; tendrá un corazón que latirá siempre verdadera y obedientemente:no habrá nada impropio dentro de la humanidad perfecta.

 

– No habrá impureza en el reino del Dios bendito.No habrá demonio que tiente, ni carne que corrompa, ni necesidad de la que preocuparse, ni nada que turbe.

 

Puedes leer el sermón completo en este enlace y escucharlo en este enlace

No olvides compartir con otros lo que te es de bendición a ti 🙂

Charles Spurgeon

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¿Oye Dios las oraciones de los malvados? | Charles Spurgeon

 

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¿Tiene Dios Arrepentimiento?

arrepentimiento

Por, Kevin Deyoung,

Israel no iba a querer un rey, pero lo pidió de todos modos. Así que Dios les dio lo que quería —un impresionante rey humano, al igual que las otras naciones tenían. Su nombre era Saúl, el cual no duró mucho tiempo. Él desobedeció la orden divina, enfureciendo al profeta–juez Samuel y molestó al Señor Dios.

La palabra del Señor vino a Samuel: “Me pesa haber hecho rey a Saúl, porque ha dejado de seguirme[a] y no ha cumplido mis mandamientos. Y Samuel se conmovió, y clamó al Señor toda la noche.” (1 Samuel 15: 10-11 LBLA)

En 1 Samuel 15:35, vemos una declaración similar:

Y nunca después vio Samuel a Saúl en toda su vida; y Samuel lloraba a Saúl; y Jehová se arrepentía de haber puesto a Saúl por rey sobre Israel. (RV)

Palabras fuertes. Y sorprendentes también. ¿Qué significa que Dios diga “arrepentimiento”? ¿Puede Dios cambiar de opinión? ¿Podemos frustrar los planes de Dios? ¿Ignora Dios el futuro? ¿Dios es como nosotros en que comete errores honestos y, a veces mira hacia atrás en sus decisiones y dice: “Caramba, me gustaría poderlo hacer de nuevo”? Parece que nuestro Dios comete errores y se ve obligado a cambiar de rumbo.

Y, sin embargo, sabemos que esto no es la manera correcta de entender el pesar de Dios a causa de lo que leemos unos versículos antes en 1 Samuel 15:

“Entonces Samuel le dijo: Jehová ha rasgado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú. Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta.” (28-29)

Debemos tener en cuenta uno de los grandes principios de la interpretación bíblica: el autor no era completamente estúpido. No tenemos ninguna razón (distinta de nuestros propios prejuicios) para pensar que el versículo 29 se insertó por un escriba posterior y no hay razón para pensar que el versículo 29 no puede coincidir con los versículos 11 y 35. Es evidente que si vamos a ser estudiantes prudentes y consistentes de la Escritura tenemos que permitir que en algún sentido Dios puede lamentarse, mientras que en otro sentido, Dios no sería Dios si lo lamentara.

El autor de 1 Samuel –sin mencionar al Autor detrás de 1 Samuel –está tratando de enseñarnos algo acerca de Dios. Por un lado, nuestro Dios no es estático, monótono y sin vida. Como un Ser relacional personal, la actividad de Dios en el mundo está sujeta a cambios y permite todo el dinamismo que tenemos en nuestras relaciones personales. Siempre ha estado obligado a ser un conflicto en la historia del pacto entre Dios y los seres humanos, pero esto no quiere decir que haya un conflicto dentro del ser íntimo de Dios (véase Horton, The Christian Faith, 240-241). Mientras se nos presentan los caminos de Dios, no habrá cambio y variación, pero como Dios es en su carácter y esencia no puede haber ninguna sombra de variación de sombra debido al cambio (Santiago 1:17; cf. Mal.3: 6; Heb 13:8; 2 Tim 2:13).

Cuando Dios reacciona a la desobediencia de Saúl, él utiliza una palabra que tiene sentido para nosotros: la palabra “arrepentimiento.” Pero esto no quiere decir que Dios era ignorante acerca del pecado de Saúl o que fue sorprendido por su rebelión. Como John Piperseñala , Dios es perfectamente capaz de lamentar un estado de cosas que él mismo conoció de antemano y provocó. En otras palabras, el arrepentimiento de Dios no es análogo en todos los sentidos a nuestro pesar. Este parece ser el punto que el versículo 29 está haciendo de forma explícita. Dios puede mirar hacia atrás en Saúl y decir “Estoy entristecido que pecó; es el momento de encontrar otro rey,” sosteniendo, “nunca cambio de opinión.”

Es la naturaleza de nuestra relación de pacto con Dios conocer a Dios como alguien que responde y reacciona, lo cual debería parecernos aún más sorprendente ya que es la naturaleza de nuestro Dios guardando el pacto que nunca mentirá, se arrepentirá, o cambiará de opinión ( Num 23:19).

 

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Hombres que se encontraron con Dios A. W. Tozer (Parte 4)

Notas personales del Libro:

 

  • El Dios viviente, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, no apareció ese día –en el monte Sinaí-  a la manera y en la apariencia del Dios del poeta moderno o del Dios del predicador descarriado. Aquel que visitó el Sinaí no era la deidad tímida y asustada que tenía que pedir excusas o disculpas por existir, que tenía que pedirle permiso al hombre para gobernar su mundo. El Dios de la Biblia es el Dios verdadero. Inspira reverencia y santo temor.

 

  • ¿Por qué ya no encontramos dolor y pesar, ni lágrimas de arrepentimiento en la vida de nuestra iglesia? ES porque no partimos bien al comienzo como cristianos. No comenzamos con una visión del Dios majestuoso y temible. No comenzamos bien porque se nos engaña, se nos adula y halaga, nos bromean y nos empujan a entrar al Reino de Dios. Carecemos de lágrimas porque no tenemos un verdadero arrepentimiento. No alcanzamos una espiritualidad más alta porque no comenzamos bien.

 

  • Tratamos de convertir a las personas hablándoles y convenciéndoles a “aceptar a Jesús”. Entonces les decimos que se hagan miembros de la iglesia, y les ocupamos en actividades. Todo esto se realiza sin ningún fundamento adecuado para la fe y el discipulado. Además, a menudo el fundamento es de arena, no la roca viva que pide la Biblia.

 

  • A través de la historia de la iglesia, los grandes cristianos fueron aquellos que estuvieron dispuestos a humillarse delante de Dios. Entonces permitieron que Dios los levantara y exaltara. En nuestros días muy pocos están dispuestos a humillarse.

 

  • Él es santidad no creada, muy por encima de todas las cosas  que las manos de los hombres han hecho.

 

  • En el Cuerpo de Cristo, su Iglesia, conviene que inclinemos nuestro rostro y digamos de Él, “Santo, santo, santo, Señor Dios Omnipotente”

 

  • Cualquier fuerza o poder humano que nosotros consideremos como poder no es nada en los ojos de Dios. Considerar las grandes galaxias que brillan a través del universo. Considerad nuestro propio sol, la luna, los planetas. Considerad los misterios encerrados en los átomos. Estas son demostraciones del poder de Dios. El gran Dios que creó todos éstos quisiera traer a la mente humana a su sentido cabal y, al hombre a sus rodillas.

 

  • No existe predicador ni maestro en todo el mundo que pueda decir, “Permitidme deciros todo acerca de Dios.

 

  • Todas las grandes denominaciones de la iglesia que han tenido grandes ministerios para Cristo comenzaron con el reconocimiento de la grandeza de Dios y Su sabia soberanía fueron la roca viva sobre la cual se fundó su testimonio. Humillados por ese concepto, llegaron a ser grandes.

 

  • Hemos llegado a la conclusión de que podemos hacer compromiso o componendas con el evangelio cristiano para que calce con las ideas carnales y no bendecidas de los hombres. Estos compromisos o componendas son la razón por qué muchas iglesias se han convertido en lugares de reunión para aves de rapiña. Esa no es una manera muy gentil de decirlo, pero esos son mis sentimientos.

 

  • Sé que vivimos en una era donde los creyentes discipulados del pobre y humilde Nazareno tienen más bienes materiales y comodidades del mundo que cualquiera otra generación en la historia. Esto conspira para hacer que nuestros tiempos sean más peligrosos para el pueblo de Dios.

 

 

 

*A. W. Tozerfue pastor, escritor y editor autodidacta, y sus poderosos mensajes siguen conmoviendo los corazones y despertando las almas de los creyentes de hoy en día. Fue autor de más de 40 libros, entre ellos Diseñador para adorar, Fe auténtica, Fe más allá de la razón y la verdadera vida cristiana.

 

En las próximas semanas estaré publicando las demás partes de las notas que tomé de este libro. Ya puedes acceder a la Primera ParteSegunda Parte y Tercera Parte de las notas.

 

Puedes leer las notas personales que hice del libro “La raíz de los justos” de A. W. Tozer, además las notas que he publicado del titulado “Intenso” de este mismo autor. Recuerda compartir con otros.

 

 

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10 Maneras de Odiar a Dios

rechazo

Por David Murray

“Si somos inconversos, una cosa es absolutamente cierta: odiamos a Dios. La Biblia no es ambigua en este punto. Somos enemigos de Dios. Juramos internamente Su destrucción final. Es tan natural para nosotros odiar a Dios como lo es para la lluvia humedecer la tierra cuando cae.” (R. C Sproul).

Sí, por naturaleza, tú y yo somos enemigos. Nacemos personas que odian y odiando (Tito 3: 3). Cuan genial sería si fuera el mal lo que odiásemos. Pero no es así. Es el epítome de todo lo bueno lo que odiamos – Dios (Romanos 8:7). En el capítulo nueve de la Santidad de Dios, RC Sproul escribió:

“Por naturaleza de nuestra actitud hacia Dios no es de mera indiferencia. Es una postura de malicia. Nos oponemos a Su imperio y le negamos Su gobierno sobre nosotros … .No es suficiente decir que la mente humana natural ve a Dios como a un enemigo. Tenemos que ser más precisos. Dios es nuestro enemigo mortal. Él representa la mayor amenaza posible a nuestros deseos pecaminosos … Despreciamos su propia existencia y haríamos cualquier cosa en nuestro poder para librar al universo de Su santa presencia … Si Dios fuera a exponer Su vida bajo nuestras manos, Él no estaría seguro ni por un segundo. Nosotros no le ignoraríamos; le destruiríamos.”

Se podría pensar que tal odio intenso sin precedentes sería obvio para nosotros, pero no lo es. Es uno de los mayores triunfos del diablo que suscita este odio en nosotros, mientras que al mismo tiempo nos ciega al mismo. Lo que es peor de todo, es que algo de este odio natural se mantiene incluso en el cristiano que se le ha dado un nuevo y sobrenatural amor por Dios.

Para ayudar a los creyentes y a los no creyentes a detectar y erradicar mejor este odio de nuestros corazones, aquí hay diez formas en que odiamos a Dios.

1. Le Negamos: Negamos su existencia, o, como Pedro, en ciertas circunstancias negamos que le conocemos.

2. Le Menospreciamos: Al ignorarlo, le marginamos, no hablando con Él, o no escuchándole.

3. Le Contradecimos: Argumentamos contra Su Palabra, Sus obras, y Su voluntad.

4. Le Desobedecemos: Descaradamente y obstinadamente a sabiendas hacemos lo que Él prohíbe, o no hacemos lo que Él manda.

5. Le Insultamos: Hablamos mal de Él, utilizamos Su nombre en maldiciones, o lo usamos en formas vanas y frívolas.

6. Le Culpamos: Nosotros lo acusamos de mala voluntad, imparcialidad e injusticia.

7. Le Rechazamos: Negamos Su ayuda, Su mano, Su salvación.

8. Le Distorsionamos: Ignorando el amor de Dios, la misericordia, la gracia, la salvación, nos enfocamos sólo en la santidad, la ira, la justicia y la soberanía de Dios – o viceversa – y terminamos con una distorsión de Dios.

9. Le Utilizamos: Esperamos que El venga en nuestra ayuda cuando estamos realmente desesperados, pero lo ignoramos en todo otro momento.

10. Recibimos de El: Simplemente recibimos y tomamos, pero sin una palabra de alabanza o agradecimiento.

¿Empezamos a ver un problema? También lo hizo el apóstol Pablo, que es por eso que nos describe como “necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y odiándonos unos a otros.” (Tito 3: 3).

Pero en el siguiente versículo, Pablo también anunció la solución, una solución que proporciona por el mismo Dios que odiamos.

“Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor hacia la humanidad, El nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo.” (Tito 3:4-5).

Sí, ¡hay un Amante para los que odian! Más que eso, este Amante convierte a personas que odian en amadores !!

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El conocimiento envanece

Biblia

“En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento envanece, pero el amor edifica. Si alguien cree que sabe algo, no ha aprendido todavía como debe saber; pero si alguien ama a Dios, ése es conocido por El”, 1 Corintios 8:1-3.

Recuerdo muy vívidamente la primera vez que me encontré de frente con “el conocimiento envanece”. Estaba conversando emocionado con un pastor, conversándole de cuánto estaba aprendiendo a través de un programa de televisión cristiano. Allí podía ver cómo se desmenuzaba cada versículo, se traía a colación asuntos importantes del contexto histórico del pasaje, y se analizaba cada palabra para poder entender mejor su significado. Yo estaba extasiado por todo lo que estaba aprendiendo, y quería comunicar mi gozo a este pastor, con el deseo de que pudiera implementarlo en su congregación. Pero él no estaba igual de emocionado. Más bien, me llevó a 1 Corintios 8 y me dejó ver que tanto conocimiento no me serviría de mucho. Yo quedé aturdido: ¿Será que todo este conocimiento que me hacía sentir tan bien solo me servía para envanecerme?

Luego de aquella experiencia hace tantos años, he escuchado este texto ser sacado de su contexto en docenas de ocasiones. Muchas veces es usado por pastores que, bien intencionados, no quieren que sus ovejas vayan detrás del conocimiento en detrimento de su alma. Una vez supe de alguien que no quería que sus hijos hicieran demasiado esfuerzo en la universidad porque no quería que se envanecieran. En mucho de la iglesia contemporánea, el conocimiento está en segundo plano a la experiencia, y pareciera que muchos van detrás de sentir más que de pensar. Como dice el dicho, una persona con una experiencia nunca está a la merced de alguien con un argumento.

Hay algo que debe quedar claro: la marca del creyente genuino es una vida transformada (Mat. 7:16), que manifiesta el fruto del Espíritu (Gal. 5:22-23). El tener conocimiento no es la meta: aun los demonios son ortodoxos en su doctrina (Stg. 2:19). A la vez, ¿no debemos amar a Dios con toda nuestra mente? Por tanto, es necesario que podamos entender qué nos está diciendo Dios a través de este pasaje, y así poder aplicarlo correctamente a nuestras vidas.

Lo que no está diciendo

Pablo no puede estar diciendo que el conocimiento es malo en sí mismo. La razón por la que no puede ser así es porque Pablo conoce bien el Antiguo Testamento, y él sabe que en Oseas ya Dios dice que se deleita más en que le conozcan que en holocaustos (Os. 6:6), y que Su pueblo era destruido por falta de entendimiento (Os. 4:6). Pablo conoce el libro de Proverbios, con los diferentes llamados que hace a buscar sabiduría y conocimiento. Y Pablo sabe cómo se habla bien de los hijos de Isacar, puesto que eran “entendidos en los tiempos” (1 Cr. 12:32).

A lo largo de las Escrituras, y a lo largo de la historia de la iglesia, podemos ver a Dios usando una y otra vez a personas de mucho conocimiento. Eso incluye al mismo Pablo, quien fue capaz de presentar defensa de la fe ante los filósofos de su tiempo, aun citando a poetas no tan conocidos (Hch. 17), conocía con certeza al menos el hebreo (Hch. 26:14) y el griego (Hch. 21:37), y con toda probabilidad hablaba arameo y posiblemente latín. Pablo también era habilidoso en su trabajo de hacer tiendas. Debido a la forma en que se manejaba en diferentes culturas, nos queda la impresión de que el apóstol era un hombre entendido en los tiempos.

Además del conocimiento general, es evidente que Pablo tenía un amplio manejo del Antiguo Testamento. En sus últimos momentos, él deseaba seguir escudriñando las Escrituras (2 Tim. 4:13). Él instruyó a su discípulo a que conociera profundamente la Biblia (2. Tim 2:15). Pablo encomió a los romanos por estar llenos de todo conocimiento (Ro. 15:14), y oraba porque el amor de los Filipenses abundara en todo conocimiento (Fil. 1:9).

Por lo que podemos ver en la Escritura, abundar en conocimiento es una bendición, no un problema. Y de manera particular, conocer a Dios es un privilegio para los cristianos, y ese conocimiento solo se obtiene en la persona de Jesús (Jn. 1:18), a través de las Escrituras (Jn. 5:39).

Lo que sí nos dice el pasaje

Por todo el contexto de la carta, es evidente que la Iglesia en Corinto tenía una tendencia a la división. Por un lado, vemos que algunos decían que eran de Pablo, otros de Apolos, otros de Pedro, y aun algunos decían que eran de Cristo (1 Co. 1; 3). Esta misma tendencia a la división se manifiesta en este capítulo, ahora entre los que se consideraban más espirituales que los demás.

1 Corintios 8:1 inicia haciendo referencia a “lo sacrificado a los ídolos”. En el tiempo cuando esta carta es escrita, sucede que la carne más barata se vendía en el contexto religioso. Corinto era una ciudad muy mística, y los templos eran lugares de mucho comercio y movimiento. Se creía que los seres espirituales perversos que querían poseer a los seres humanos entraban a la comida, para luego poseer a la persona que ingiriese el alimento. Lo común era, entonces, el sacrificar el alimento a algún ídolo antes de ingerirse, y esto se hacía comúnmente en los templos. Esta parece ser la carne a la que Pablo se refiere en el pasaje, carne que ha sido ofrecida a dioses falsos que ahora llega a las manos del cristiano común y corriente.

Algunos entre los corintos habían entendido lo absurdo de todo esto, al saber que “un ídolo no es nada” (1 Co. 8:4). Este conocimiento “elevado” era correcto. Era lo que debían pensar. Sin embargo, el pasaje nos deja ver que algunos entre los corintos, teniendo el conocimiento real, no estaban aplicándolo como deberían. Su ortodoxia no le estaba llevando a una ortopraxia. Pareciera ser que los que tenían aquel conocimiento elevado se envanecieron, considerando a los que no tenían este conocimiento como inferiores. Por eso, Pablo les deja ver que “ni somos menos si no comemos, ni más si comemos” (1 Co. 8:8).

El pasaje también nos muestra algo interesante en el versículo 2, y es que el orgullo envanecido se hace evidente en la autoconfianza. Mientras más conocemos el Dios de la Escritura y la Escritura del Dios vivo, mientras más entendemos la mente de Dios, más nos damos cuenta de cuán superiores son los pensamientos de Dios a los nuestros. Aquel que más conoce de la Palabra más se da cuenta de cuánto le falta por conocer. Por tanto, aquel que piensa que conoce todo lo que tiene que saber demuestra cuánto realmente le falta por conocer.

Aprender como se debe saber

El conocimiento que necesitamos es un conocimiento como el de Dios. El cristiano vive una vida buscando ser más como Cristo. Jesús, nuestro salvador, ha sido el hombre más sabio que ha pasado por la tierra, y también ha sido el hombre más humilde que alguna vez haya existido. Estando ahí en la creación del mundo, Él disfrutaba pasar tiempo con los niños. Sosteniendo el universo por la Palabra de Su poder, Él pasaba tiempo con hombres y mujeres de reputaciones dudosas. Siendo tanto superior a nosotros, Él dio su vida por nosotros.

Jesús ejemplifica que tener conocimiento no significa necesariamente envanecernos: que es posible crecer en nuestro intelecto y a la vez crecer en nuestro amor por los demás. De hecho, esta es la vida cristiana: es conocer a nuestro Dios cada vez más y, al conocerle a Él, amar más a los que están creados a Su imagen. Esto era lo que habían perdido los corintos: su conocimiento no se  estaba traduciendo en amor, demostrando que no lo habían entendido correctamente. Y si le pasó a nuestros hermanos en Corinto, nos puede pasar a nosotros también.

Entonces, ¿qué tal está tu conocimiento? Aquello que estás aprendiendo de la Palabra, o en la universidad o donde sea, ¿cómo te está sirviendo para amar a los demás? ¿Cómo lo estás poniendo en práctica en tu iglesia local? Si a la medida que estás creciendo en tu conocimiento, te estás envaneciendo y sintiéndote como superior a tus hermanos, entonces algo está mal. Pero si el conocimiento que estás adquiriendo te lleva a amar más a Dios y a mostrar ese amor al amar más a tus hermanos, entonces eres conocido por Él (1 Co. 8:3). Y eso, amado hermano, es el deseo de todo creyente.

Así dice el Señor:

“No se gloríe el sabio de su sabiduría,

Ni se gloríe el poderoso de su poder,

Ni el rico se gloríe de su riqueza;

Pero si alguien se gloría, gloríese de esto:

De que Me entiende y Me conoce

Pues Yo soy el SEÑOR que hago misericordia,

Derecho y justicia en la tierra,

Porque en estas cosas Me complazco”,  Jeremías 9:23-24


Textos fuera de contexto es una serie de artículos donde hombres y mujeres de Dios nos ayudan a entender mejor ciertos pasajes de las Escrituras que han sido malinterpretados.

Tomado de Coalición por el evangelio.

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El celo de Dios | J. C. Ryle

Por J.C. Ryle

El celo en lo religioso es un deseo ardiente de agradar a Dios, hacer su voluntad, y proclamar su gloria en el mundo en todas sus formas posibles. Es un deseo que ningún hombre siente por naturaleza -que el Espíritu pone en el corazón de todo creyente cuando se convierte-, pero que algunos creyentes sienten en forma mucho más fuerte que otros, al punto de que sólo ellos merecen que se los considere “celosos”…

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Saturado de Cristo

Biblia

Por Tim Challies

Durante ocho meses he estado siguiendo la lectura de la Biblia del Plan del Profesor Horner. A los diez capítulos del día, se avanza rápidamente. Desde enero he pasado por todo el Nuevo Testamento un par de veces, casi he llegado a través del Pentateuco, y también voy rumbo a través de los profetas menores. Algunos temas son evidentes en la lectura de grandes cantidades de libros del Antiguo Testamento. Lo que queda claro sobre la relación de Dios con su pueblo es esto: que son muy pecaminosos y son muy amados.

El amor de Dios para su pueblo lo lleva a hacer ciertas cosas y a prescribir ciertas cosas. Él crea leyes para gobernarlos, hay leyes sobre sacrificios y fiestas, delitos y faltas, enfermedades y contaminación. Para todo hay una ley. Él crea las fiestas a través de las cuales se puede conmemorar sus hazañas notables, tiene que construir un tabernáculo donde pueden rendirle culto, prescribe sacrificios que conduzcan a la reconciliación a causa de su pecado. Cada una de estas cosas las hace porque él es bueno y porque los ama.

Empecé a pensar en algunas de estas cosas y tratando de determinar por qué Dios se las instruyó. No pasó mucho tiempo para ver que cada uno estaba destinado a ser un recordatorio adelantado de la venida del Mesías.

Israel necesitaba un tabernáculo y el templo porque Dios todavía no había llegado en la persona de Jesucristo a poner su morada entre los hombres.

Israel necesitaba que el tabernáculo y el templo tuviese una cortina que separe a Dios del hombre con el fin de mostrar que Dios debe permanecer separado del hombre, por lo menos hasta que Dios y el hombre se reúnan por fin en el Dios-hombre Jesús.

Israel necesitaba un altar para quemar incienso de la reconciliación entre Dios y los hombres, porque Cristo no había sido la participación plena y la expiación final.

Israel necesitaba un arca para recordarles del reino de Dios porque Cristo no había venido a establecer su gobierno sobre su reino.

Israel necesitaba profetas, reyes y sacerdotes porque Cristo aún no había llegado a ser el verdadero profeta y final, sacerdote y rey.

Israel necesitaba la ley ceremonial, las leyes relacionadas con la enfermedad y la desfiguración y la impureza, porque Cristo no había mostrado todavía en la cruz de la fealdad infinita de la enfermedad y la desfiguración y la impureza espiritual.

Israel necesitaba ritos de purificación, porque la muerte de Cristo no había mostrado aún la más profunda clase de impurezas y el tipo más profundo de purificación.

Israel necesitaba que los lavatorios y candelabros y despabiladeras fuesen hechas de metales preciosos y que se distinguiesen de sus tareas, porque Cristo no había aparecido hasta ahora mostrando que él era infinitamente precioso y que fue apartado a la tarea que Dios le había llamado.

Israel necesitaba una tierra propia, una tierra real, porque Cristo no había mostrado hasta ahora que todo el mundo es la tierra de Dios y que su pueblo existe más allá de la geografía, que se extiende a todas las naciones y tribus y lenguas.

Israel necesitaba un día de reposo, porque Cristo no había mostrado hasta ahora que él mismo es el día de reposo, que ofrece el descanso más íntimo y verdadero sólo aparece en forma de sombra en el día de reposo.

Israel necesitaba una Pascua, porque hasta que vino Cristo, debían adorar a Dios, sobre la base un tipo más que del cumplimiento, una manifestación en miniatura de lo que pronto ocurriría.

Supongo que podría seguir todo el día si quisiéramos. El punto es claro: El Antiguo Testamento está completamente saturado con Jesucristo. Él es el propósito detrás de los sacrificios y las fiestas y las leyes y todo lo demás.

 

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¿Y qué de aquellos que rechazan a Dios? | J. I. Packer

rechazo

Por J.I. PAker.

Pensemos, en segundo lugar, en el destino de los que rechazan a Dios. Los universalistas suponen que la clase de personas mencionadas en este encabezamiento terminará finalmente por no tener miembros; pero la Biblia indica lo contrario. Las decisiones que se toman en esta vida tienen consecuencias eternas. “No os engañéis [como ocurriría si hicieseis caso a los universalistas]; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gal. 6:7). Aquellos que en esta vida rechazan a Dios serán rechazados para siempre por Dios. El universalismo es la doctrina de que, entre otros, Judas será salvo; pero Jesús no creyó así. “A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido” (Mar. 14: 21). ¿Cómo hubiera podido decir esas últimas palabras Jesús si pensaba que en última instancia Judas iba a ser salvo?

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