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¿Qué dice la Biblia acerca del Purgatorio?

Pregunta

De acuerdo con la Enciclopedia Católica, el Purgatorio es “un lugar o condición temporal de castigo para aquellos que, dejando esta vida en la gracia de Dios, no se encuentran enteramente libres de pecados veniales, o no han pagado totalmente a satisfacción sus transgresiones”.

Para resumir, en la teología Católica, el Purgatorio es un lugar donde va el alma cristiana después de la muerte para purificarse de pecados que no han sido totalmente pagados durante la vida. ¿Está esta doctrina del Purgatorio de acuerdo con la Biblia? ¡Absolutamente no! Jesús murió para pagar la pena por todos nuestros pecados (Romanos 5:8). Isaías 53:5 declara, “Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por Su llaga fuimos nosotros curados.”

Jesús sufrió por nuestros pecados para que pudiéramos ser librados del sufrimiento. El decir que debemos de sufrir la paga por nuestros pecados, es decir que el sufrimiento de Jesús fue insuficiente. El decir que debemos expiar nuestros pecados mediante la purificación en el Purgatorio, es negar la suficiencia del sacrificio expiatorio de Jesús. (1 Juan 2:2) La idea de que debemos sufrir por nuestros pecados después de la muerte, es contraria a todo lo que la Biblia dice acerca de la salvación. El primer pasaje de la Escritura que señalan los católicos como evidencia del Purgatorio es 1 Corintios 3:15, el cual dice, “Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego”. El pasaje (1 Corintios 3:12-15) es usado como una ilustración de cosas pasadas a través del fuego, como una descripción del juicio de las obras de los creyentes. Si nuestras obras son de buena calidad “oro, plata, piedras preciosas”, ellas pasarán a través del fuego sin sufrir daño, y nosotros obtendremos la recompensa por ellas.

Si nuestras obras son de baja calidad “madera, heno y hojarasca”, ellas serán consumidas por el fuego y no habrá recompensa. Este pasaje no dice que los creyentes pasarán a través del fuego, sino más bien que las obras de los creyentes serán pasadas por fuego. 1 Corintios 3:15 se refiere al creyente” escapando a través de las llamas, no “siendo purificado por las llamas”. El Purgatorio, como muchos otros dogmas católicos, está basado en un malentendido de la naturaleza del sacrificio de Cristo.

Los católicos ven la Misa / Eucaristía como una repetición del sacrificio de Cristo, porque no han podido comprender que el sacrificio de Jesucristo, hecho una sola vez y para siempre, fue absoluto y perfectamente suficiente (Hebreos 7:27).  Los católicos ven las obras meritorias como una contribución a la salvación, debido a que se equivocan al no reconocer que el pago del sacrificio de Cristo, no tiene necesidad de “contribuciones” adicionales (Efesios 2:8-9).

De igual manera, el Purgatorio es entendido por los católicos, como el lugar de purificación en preparación para el Cielo, porque ellos no reconocen que, por el sacrificio de Jesucristo, ya fuimos limpiados, declarados justos, perdonados, redimidos, reconciliados y santificados. La idea misma del Purgatorio, y de las doctrinas que con frecuencia se vinculan a él (rezar por los muertos, las indulgencia, las obras meritorias a favor de los muertos, etc.) todas fallan en reconocer que la muerte de Jesús fue suficiente para pagar la pena por TODOS nuestros pecados. Jesús, quien era Dios encarnado (Juan 1:1,14), pagó un precio infinito por nuestros pecados. Jesús murió por nuestros pecados (1 Corintios 15:3). Jesús es el sacrificio expiatorio por nuestros pecados (1 Juan 2:2).

El limitar el sacrificio de Jesús a la expiación del pecado original, o los pecados cometidos antes de la salvación, es un ataque a la Persona y la Obra de Jesucristo. Si debemos en algún sentido pagar por ello, expiar por ello, o sufrir por nuestros pecados eso indica que la muerte de Jesús no fue un sacrificio perfecto, completo y suficiente. Para los creyentes, después de la muerte significa estar “ausentes del cuerpo y presentes al Señor” (2 Corintios 5:6-8; Filipenses 1:23) Nótese que esto no dice “ausente del cuerpo, en el Purgatorio con el fuego purificador” No, por el sacrificio perfecto, completo y suficiente de Jesús, después de la muerte, estaremos inmediatamente en la presencia del Señor, totalmente purificados, libres de pecado, glorificados, perfeccionados y finalmente santificados.”

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2 Responses to ¿Qué dice la Biblia acerca del Purgatorio?

  1. Ciertamente las Iglesias surgidas con el protestantismo no aceptan esta doctrina. Trataré de explicitar un poco el punto de vista católico basándome en lo expuesto en la enciclopedia Sacramentum Mundi, entre otros textos (los coptos también aceptan la doctrina del purgatorio, hasta donde sé; en la Iglesia Ortodoxa pienso que no queda del todo claro, pues en todo caso se ofrecen rezos por los difuntos).

    La doctrina del purgatorio, por lo que hace a su verdadero y propio significado, sólo se puede entender dentro del marco de la doctrina general de la -> escatología. En efecto, sólo lo escatológico, como condición trascendental de todas las manifestaciones escatológicas, hace posible, tanto formalmente (por lo que se refiere a la necesidad de un enunciado correspondiente) como materialmente (por lo que se refiere a su contenido y a su facticidad), la concepción de un estado que precisamente «en el fin» tiene su significado teológico como algo especial.

    Ahora bien, si lo escatológico afecta a la realidad entera (fin del -> hombre), y esta realidad se refleja fundamentalmente en el destino de cada uno; entonces el ámbito de lo individual, como parte integrante del todo, debe también por principio estar marcado por la estructura fundamental — escatológica — de éste; en la muerte del individuo se refleja y reproduce el destino final de todos, supuesto que entre ambos finales reine alguna relación esencial y que ambos no coincidan simplemente.

    La situación escatológica de la existencia creyente marcada como algo absolutamente definitivo, comprende en su universalidad también la existencia de los muertos, la cual, como parte del mundo — al igual que la comunidad misma —, debido a su estructura concupiscente determinada por el pecado, sólo gradualmente y en medio de pruebas y angustias puede alcanzar su plena consumación.

    Así, pues, la doctrina de la purificación forma parte esencial de una escatología cristiana elaborada reflexivamente y consciente de sus propios presupuestos. No puede ser suplantada ni por la teoría de una resurrección general de los muertos aquí y ahora (Barth), ni por la de un sueño general (Cullmann), ya que la primera no toma en serio la pluralidad y el carácter futuro de nuestra muerte, y la segunda no toma en serio nuestra condición personal; y ambas olvidan que el estado intermedio incluye la muerte como tal, de modo que así precisamente llega a la madurez la existencia cristiana en cuanto forma un todo, y que la resurrección, por mucho que se la conciba como acontecer particular, sólo brota de la victoria definitiva de la gracia.

    En el Antiguo Testamento sucede esto con vistas a la resurrección (2 Mac 13, 42-45). Pero bueno, ustedes no aceptan este libro, como nosotros no aceptamos el de Enoc (lo aceptan los coptos, que ven la justificación de la doctrina en los capítulos 6-36). También lo vemos en Daniel 12,10 y Mateo 12,31-32.

    Justino, Tertuliano e Ireneo enseñaron esta doctrina; también Gregorio Magno, San Juan
    Crisóstomo y San Agustín.

    En cuanto al sacrificio de la Eucaristía: Cristo nos dijo: touto poieite eis ten émen anamnesin. Ese mandato ordena la igualdad formal de las reproducciones con la cena originaria de Jesús, les confiere el poderío de su eficacia divina, subraya y asegura su igualdad de contenido con aquélla y entre sí, en cuanto las caracteriza como memoria de Jesús. Anamnesis en sentido bíblico significa, no sólo la presencia subjetiva de una magnitud en la conciencia y la acción de los que recuerdan, sino también la repercusión y la presencia objetivas de una realidad en otra, especialmente la repercusión y la presencia de las acciones salvíficas de Dios en el culto.

    Como anamnesis, la celebración eucarística es la presencia actual de la acción del sacrificio de Cristo, la cual empezó con la encarnación y llegó a su culminación en la cruz, en la muerte y en la glorificación de Jesús. No es solo un símbolo. Cristo está presente ahí.

    Espero no haber sido demasiado cargante. Cualquier debate sobre temas teológicos como este es en mi opinión bueno si nos sirve para iluminarnos y entender mejor nuestros respectivos puntos de vista.

    La paz sea con todos

    • David says:

      Alberto, el problema es que aunque los evangélicos creemos que la historia de la teología es una buena guía de estudio, no es la palabra final, el punto y final es la biblia. Esta es nuestra base: Sola Escritura, por lo que para que sea demostrada alguna doctrina debe estar basada en textos bíblicos explícitos o en principios bíblicos explícitos interpretados correctamenete según el método gramático-literal-histórico (es decir: obedeciendo las reglas del idioma y el tipo de texto, entendiendo el significado más obvio a la luz de los textos adyacentes y ubicándolo según la cultura y destinatarios de las cartas o libros). Además, aunque respeto tu opinión no estoy my seguro de que Justino, Tertuliano e Ireneo sostuvieran esta doctrina. No obstante creo que la interpretación más consistente de Daniel 12:10 se refiere al efecto purificador de la palabra de Dios y la sangre de Jesús, y el peso de Mateo 12:31-32 recae en que no hay perdón para la blasfemia no en que haya perdón para otro pecado en el siglo venidero, esta es una forma de enfatizar la gravedad de este pecado no de minimizar la de otros a punto de convertirlos en expiables por cierta cantidad de sufrimientos que experimente el trangresor. Bendiciones y me despido con el siguiente pasaje:
      “pero Cristo, habiendo ofrecido una vez y para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10:12-14)

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