Soldado de Jesucristo

Soli Deo Gloria

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“La mortificación del pecado” de John Owen (Parte 6)

John Owen

 

Por: Soldado de Jesucristo.

 Notas personales extraídas de la lectura del libro:

– Esfuércese para desarrollar un anhelo continuo por la liberación del poder de sus deseos pecaminosos.

– Usted necesita saber la tendencia pecaminosa que están arraigadas en su propia naturaleza. Estas tendencias no deberían ser excusadas diciendo: “Así soy” o “Así es mi naturaleza”. No, usted debe reconocer la culpa de tener estas tendencias pecaminosas y forzarse para vencerlas.

– Vele y guarde su alma contra todas las cosas que usted conoce que estimularían sus deseos pecaminosos.

  • Usted debería pensar acerca de las circunstancias que normalmente estimulan sus deseos pecaminosos y hacer todo lo posible para evitar tales situaciones. Por ejemplo, si usted sabe que con ciertas compañías sus deseos pecaminosos son estimulados, entonces, usted debe tratar de evitar esa compañía. Si el deber exige que usted tenga contacto con esas personas, debería ser muy cuidadoso.
  • Si usted sufre de una enfermedad, es muy sabio evitar cualquier cosa que pudiera empeorarle. Ahora, si usted tiene tanto cuidado de su salud física, cuánto más debería tenerlo para su salud espiritual. Recuerde, que aquel que se atreve a jugar con las oportunidades de pecar, también se atreverá a pecar. La manera de evitar el adulterio con una prostituta es: “Aleja de ella tu camino, y no te acerques a la puerta de su casa…” Prov.5:8)
  • Pelee con sus deseos pecaminosos tan pronto como comiencen.
  • Si usted viera una chispa salir de la chimenea hacia la alfombra, usted la aplastaría inmediatamente. No le daría la oportunidad de prender la alfombra y quemar toda su casa. Trate con los deseos pecaminosos en la misma manera.
  • Si usted no refrena el pecado desde el principio, es muy improbable que pueda frenarlo después. Si usted le da al pecado una pulgada de espacio, entonces le exigirá una milla. Es imposible fijarle límites al pecado. Es como el agua de un río, que una vez que se ha desbordado, tomará su propio curso.
  • Un espíritu verdaderamente humillado le ayudará mucho en sus esfuerzos para mortificar el pecado. Entre más que medite sobre la grandeza de Dios, más sentirá la vileza de sus deseos pecaminosos.
  • Una cosa que le ayudará a meditar sobre la grandeza de Dios, es sencillamente reconociendo ¡qué tan poco sabe usted de Él!
  • No importa cuánto hayamos aprendido de Él, aún todavía conocemos muy poco.
  • Quizás imaginemos que nuestro conocimiento de Dios es bueno, pero cuando seamos llevados a su presencia, entonces clamaremos: “Nunca le conocimos tal como es, ni siquiera una milésima parte de su gloria, perfección y bienaventuranza habían entrado en nuestros corazones.”
  • La gloria de Dios es tan grande que ninguna criatura puede mirarla y vivir.
  • Su conciencia es la voz de Dios: Escuche lo que ella le dice. Cuando usted peque o este consiente del poder de alguna concupiscencia o tentación, su conciencia le inquietará. Este es el método que Dios usa para advertirle del peligro. Dios es el que está perturbando su paz. Dios está inquietando su alma a fin de que usted se vuelva a Él y le pida que conceda la paz a su alma.
Te propongo estar alerta pues en los próximos días publicaré más partes de las notas personales que hice de este libro, desde ya estoy recomendado su lectura, ya puedes leer la Primera Parte, Segunda Parte, Tercera Parte, Cuarta Parte y Quinta Parte.
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