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La soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre | John MacArthur.

Por: John MacArthur.

según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, (Efesios 1: 4 – 6 RV 1960)

En los cementerios de automóviles se utilizan electroimanes gigantes para levantar y clasificar parcialmente piezas de metal. Tan pronto se activa el imán, una fuerza magnética tremenda atrae todos los metales de hierro que están cerca, pero no tiene efecto alguno sobre otros metales como el aluminio y el cobre.

De una manera similar, la voluntad de elección de Dios atrae de manera irresistible hacia sí mismo a aquellos a quienes Él ha predeterminado amar y perdonas, al mismo tiempo que no tiene efecto sobre los demás.

Desde toda la eternidad, antes de la fundación del mundo, y por ende de manera por completo independiente de cualquier mérito o virtud que cualquier persona pudiera tener, Dios nos escogió en él, en “Cristo” (v. 3). Por la elección soberana de Dios, quienes son salvos fueron colocados en unión eterna con Cristo antes que tuviera el lugar el suceso de la creación misma.

Aunque la voluntad del hombre no es libre en el sentido imaginado por muchas personas, cada ser humano sí tiene una voluntad propia, y se trata de una voluntad que es reconocida con claridad por las Escrituras. Aparte de Dios, la voluntad del hombre es cautiva del pecado, pero él de todas maneras está en capacidad de escoger a Dios porque Dios ha hecho posible tal elección. Jesús dijo que todo aquel que cree que Él no se perderá, sino que tendrá vida eterna (Jn. 3.16) y que “todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente (11.26). Los mandatos frecuentes dados a no salvos para que respondan al Señor (por ejemplo, Jos. 24:15; Is 55:1; Mt. 3: 1-2; 4:17; 11: 28-30; Jn 5: 40; 6:37; 7: 27 – 39; Ap. 22.17), indican claramente la responsabilidad del hombre en el ejercicio de su propia voluntad.

No obstante, la Biblia es igual de clara en el sentido de que ninguna persona recibe a Jesucristo como Salvador si no ha sido elegida por Dios (cp. Ro. 8:29; 9: 11; 1 Ts 1: 3-4; 1 P. 1:2). Jesús presenta esas dos verdades en un solo versículo del evangelio de Juan: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera” (Jn. 6:37)

La elección soberana de Dios y el ejercicio de responsabilidad por parte del hombre en su elección voluntaria de Jesucristo parecen verdades opuestas e irreconciliables, y sin duda que desde nuestra perspectiva humana limitada de hecho son contradictorias y divergentes. Por eso es que tantos cristianos se han dedicado durante toda la historia de la iglesia a tratar de reconciliarlas como mejor puedan, con muy buenas intenciones, pero incapaces de llegar a una conclusión. Puede que el problema no puede ser resuelto por nuestra mente finita, el resultado siempre ha sido comprometer una verdad en favor de la otra o debilitar ambas tratando de asumir una posición insostenible en algún punto intermedio entre las dos.

Deberíamos dejar la antinomia tal como existe y creer ambas verdades por completo y sin reservas, dejando a Dios su armonización.

Fuente: Comentario MacArthur del Nuevo Testamento Gálatas, Efesios, 2010 por John MacArthur, Editorial Portavoz, pág. 28


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One Response to La soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre | John MacArthur.

  1. yorbel says:

    Interesante, creo que coincido con John Macarthur en que existen dos verdades bíblicas que no deben ser disminuidas ni distorsionadas: somos elegidos por Dios en Cristo desde antes de la fundación del mundo y a la vez, existe en todo ser humano en este mundo la responsabilidad de buscar a Dios. Nadie puede negar que estos son pilares en la doctrina de la salvación. No soy calvinista, tampoco arminiano.
    En cuanto a:
    Depravación Total: creo que es una doctrina bíblica pero no excluye la posibilidad de que el hombre ejerza fe en Jesús (la salvación es por gracia, por medio de la fe; la fe no es una obra, de otro modo no le fuera contada por justicia a Abraham “Romanos 4:5”). Sinceramente no creo que todo empiece con mi fe; sino con el trabajo del Espíritu que me lleva a la fe. Esta obra es realizada en TODO hombre.
    Elección Incondicional: En mi opinión Dios no eligió arbitrariamente a unos para Salvación y reprobó a otros, su amor es POR TODOS. Solo los que vengan a la fe traidos por el Padre, por la influencia del Espíritu Santo, son conocidos de antemano por Dios y, por tanto, elegidos desde antes de la fundación del mundo. Me sorprende que los calvinistas citen tan a menudo Romanos 8:29,30 para apoyar la elección incondicional. Lo que yo veo en estos versos es, la elección basada en la presciencia de Dios (conoció>predestino>llamó>jusificó>glorificó), doctrina que es confirmada por versos como 1 Pedro 1:2.
    Expiación Limitada: No le restamos poder a la muerte sustitutiva de Cristo si decimos que murió por todos. Creo que su muerte no salva a todos (no soy universalista); sino únicamente a los elegidos (según su presciencia). Sin embargo, los demás tuvieron la oportunidad, solo que la depravación total inherente a la pecaminosidad de la carne les endureció cada vez más contra Dios.
    Gracia Irresistible: Hay quienes endurecen su corazón y se resisten a la gracia de Dios. Israel lo hizo, y otros tantos lo hicieron.
    Perseverancia de los Santos: Creo en esta doctrina porque Dios preserva a sus elegidos de caer en apostasía total.
    No soy calvinista; pero simpatizo con muchos calvinistas y casi el 60% de material extrabíblico que leo es de fuentes calvinistas. Admiro el biblicismo en muchos hermanos de esta rama teológica. Escucho mucho a Miguel Nuñez, John Macarthur, John Piper. Bendiciones.

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