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Venid y subamos al monte del SEÑOR | Charles Spurgeon

Por: Charles Spurgeon

 «Venid y subamos al monte del SEÑOR»Isaías 2:3 (LBLA)

Resulta muy beneficioso para nuestras almas elevarse de este presente mundo malo hacia algo más noble y mejor, ya que el afán de este siglo y el engaño de las riquezas pueden ahogar todo bien que hay en nosotros de manera que nos volvamos gruñones, desalentados y hasta orgullosos y carnales.

Es bueno que cortemos esas espinas y zarzas, porque de otro modo la simiente celestial sembrada entre ellas probablemente no dará cosecha. ¿Y dónde hallaremos una hoz mejor que la comunión con Dios y las cosas del Reino? En los valles de Suiza, muchos de sus habitantes están deformados, y todos ellos tienen una apariencia enfermiza, porque la atmósfera se halla cargada de miasmas y viciada, y resulta sofocante. Pero arriba, sobre las montañas, vive una raza robusta que respira el aire fresco y puro procedente de las inmaculadas nieves de las alturas alpinas.

Sería conveniente que los habitantes del valle dejaran frecuentemente sus habitaciones entre los pantanos y las emanaciones febriles e inhalaran el vigorizante aire de las montañas. Es a esta hazaña de escalador a la que te invito esta noche.

Que el Espíritu de Dios nos asista para dejar los efluvios del temor y las fiebres de la ansiedad, y todos los males que se juntan en este valle terrenal, y subir a las montañas de la felicidad y el gozo anticipados. ¡Que Dios el Espíritu Santo corte las cuerdas que nos mantienen atados aquí abajo y nos ayude a ascender! Muy a menudo estamos sentamos como águilas encadenadas, sujetas a una roca; solo que, a diferencia de las águilas, nosotros empezamos a amar nuestras cadenas y quizá, si llegara la ocasión, lamentaríamos verlas rotas.

Quiera Dios concedernos gracia para que, si no podemos escapar de las cadenas que tienen que ver con nuestra carne, lo logremos sin embargo en lo relacionado con nuestro espíritu; y, dejando el cuerpo como un siervo al pie del monte, nuestras almas, como Abraham, alcancen la cima de la montaña y gocen allí de comunión con el Altísimo.

Fuente: Lecturas vespertinas pág.103


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