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Cuídense de los exhibicionistas | Charles Spurgeon

Por: Charles Spurgeon

Hay ciertos defectos que eliminan a un hombre del empleo divino, y cualquier cosa que se parezca a un motivo siniestro es una de ellas. Si vuestro objetivo es hacer dinero, adquirir comodidades, conseguir el aplauso, o alcanzar una posición, o bien si vuestro propósito es la exhibición del talento oratorio, no seréis aptos para uso del Maestro.

Dios no puede tolerar que nos absorban los designios secundarios. No desearíais tener una sirvienta que abriera la puerta para que la gente dijese: «¡Qué muchacha tan hermosa, y qué elegantemente viste!» Si es así, quizá sonriáis, y lo soportéis, pero vuestro deseo único es que vuestro recado sea transmitido pronta y fielmente. ¡Qué despreciable es la idea de un ministro que actúa dando la impresión de pueril exhibicionismo! Se levanta para transmitir el mensaje del Señor, pero su esperanza es que la congregación diga: «¡Qué joven tan agradable! ¡Qué correctamente habla, y con qué acierto cita a Browning!»

La exhibición de sí mismo mata el poder. Dios no puede bendecir mucho a hombres con ideas tan mezquinas. Estaría por debajo de la dignidad divina, el hecho de que el Señor usara mucho un instrumento tan inepto para sus sublimes propósitos.

Fragmentos tomados del libro “Un ministerio ideal” p. 195 – 196 el cual recopila varios sermones del pastor Spurgeon dictados en la Conferencia Anual de ministros, puedes descargar el libro en formato PDF en este enlace.


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