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Jesús conoce la naturaleza humana | J. C. Ryle.

Por: J. C. Ryle.

No desconoce nuestras emociones. Conoce por experiencia todo lo que se relaciona con la naturaleza humana, exceptuando solamente el pecado.

(a) ¿Es usted pobre y necesitado? Jesús también lo era. Las zorras tienen sus cuevas y las aves sus nidos, pero el Hijo del hombre no tuvo un lugar dónde reclinar su cabeza. Procedía de una ciudad despreciable. Los hombres decían: “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” (Jn. 1:46). Era visto como el hijo de un carpintero. Predicaba desde una barca prestada, hizo su entrada a Jerusalén montado en una asna prestada y fue sepultado en una tumba prestada.

(b) ¿Está usted solo en el mundo y es abandonado por aquellos que se supone debieran amarlo? A Jesús le pasaba lo mismo. “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Jn. 1:11). Vino con el fin de ser un Mesías para las ovejas perdidas de la casa de Israel, pero lo rechazaron. Los príncipes de este mundo no lo aceptaban. Los pocos que lo seguían eran publicanos y pescadores. Y aun estos últimos, lo abandonaron al final y fueron esparcidos cada uno a su propio lugar.

(c) ¿Es usted incomprendido, sus palabras son tergiversadas, lo calumnian y persiguen? A Jesús le pasaba lo mismo. Lo llamaron glotón y bebedor de vino, amigo de publicanos, samaritano, loco y hasta se atrevieron a llamarlo demonio. Lo calumniaban. Le hacían acusaciones falsas. Le dictaron una sentencia injusta y; aunque era inocente, fue condenado como malhechor y como tal murió en la cruz.

(d) ¿Lo tienta a usted Satanás y pone horribles sugerencias en su mente? Jesús fue tentado de la misma manera. Satanás lo incitó a que desconfiara de la providencia paternal de Dios. “Di que estas piedras se conviertan en pan”. Le propuso que tentara a Dios exponiéndose a un peligro innecesario. “Échate abajo” desde el pináculo del templo. Le sugirió que podía hacer suyos los reinos del mundo por el pequeño acto de someterse a él. “Todo esto te daré, si postrado me adorares” (Mt. 4:1-10).

(e) ¿Siente alguna vez gran agonía y algún conflicto en su mente? ¿Se siente en tinieblas como si Dios lo hubiera abandonado? Jesús se sintió de la misma manera. ¿Quién puede describir la medida real de sus sufrimientos mentales en Getsemaní? ¿Quién puede medir la profundidad del dolor de su alma cuando exclamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mt. 27:46)? Es imposible concebir un Salvador más adecuado a las necesidades del corazón del hombre que nuestro Señor Jesucristo; adecuado, no sólo por su poder, sino también por su compasión; adecuado, no sólo por su divinidad, sino también por su humanidad.

Esfuércese, le ruego que grabe bien en su mente que Cristo, el refugio de las almas, es Hombre y Dios. Hónrelo como Rey de reyes y Señor de señores; pero mientras lo hace, no olvide nunca que tuvo un cuerpo y fue un Hombre. Aférrese a esta verdad y nunca la suelte. El unitario descontento se equivoca por mucho cuando dice que Cristo era Hombre únicamente y no Dios. Pero no permita que ese error le haga olvidar que mientras Cristo era plenamente Dios, era también completamente Hombre.

No haga caso al argumento infundado del católico romano que afirma que la virgen María y los santos son más comprensivos que Cristo. Contéstele que ese argumento surge de ignorar las Escrituras y la verdadera naturaleza de Cristo. Contéstele que no ha aprendido lo suficiente de Cristo como para considerarlo más que un Juez austero y un Ser al cual temer. Contéstele que los cuatro Evangelios le han enseñado a considerarlo como el Amigo más cariñoso y comprensivo, al igual que el Salvador más poderoso y fuerte. Contéstele que usted no quiere ningún consuelo de los santos ni de los ángeles, ni de la virgen María ni de Gabriel, porque usted puede reposar su alma cansada en el Hombre Cristo Jesús.

Fragmentos tomados del folleto “El Señor de las Olas” publicado por Chapel Library, puedes descargar el material completo en este enlace.


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