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Los herederos del Cielo jamás quedarán privados de su herencia | Thomas Watson

Por: Thomas Watson

En ocasiones los hijos de los reyes han sido desheredados por la crueldad de los usurpadores: tal como sucedió con el hijo de Alejandro Magno, que fue privado de su legítimo derecho por la violencia y la ambición de los capitanes de su padre. Sin embargo, ¿qué poder hay en este mundo capaz de interponerse entre los hijos de la promesa y su herencia? Los hombres no pueden hacerlo y, Dios no está dispuesto a privarlos de ella.

Los arminianos dicen que es posible perder la gracia, de tal forma que un santo puede quedarse sin su herencia ; no obstante, a los hijos de Dios nunca se les puede degradar ni desheredar, ni su Padre celestial les arrebatará su filiación. Es obvio que los santos no pueden ser desheredados definitivamente en virtud del decreto eterno del Cielo.

Ese decreto divino es el mismísimo fundamento y cimiento sobre el cual descansa la perseverancia de los santos. Tal decreto ata el nudo de la adopción tan fuertemente que ni el pecado, ni la muerte, ni el infierno pueden cortarlo: “A los que predestinó, a éstos también llamó ..” Rom 8.30.

La predestinación no es más que el decreto de Dios de que cierto número de personas serán herederas de la gloria  y él les entregará una corona, puesto que al que predestina él también lo glorifica. ¿Obstaculizará algo el amor electivo de Dios o anulará su decreto?

Además de por decreto, Dios se ha comprometido mediante su promesa a que los herederos del cielo jamás quedarán privados de su herencia. Sus promesas no son como boletos de lotería para la obtención de un premio remoto, sino actas selladas e irrevocables: son las actas reales de los santos.

Y una de esas promesas es que su Padre celestial no los desheredará: “Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles el bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mi” (Jeremías 32:40). La fidelidad de Dios – que es la perla más valiosa de su corona – está engastada en esta promesa de perseverancia para sus hijos: “No me volveré atrás”.

Los santos no pueden apartarse mientras los sujeten fuertemente esos dos brazos de Dios que son su amor y su fidelidad. Jesucristo se responsabiliza de que todos los hijos del Padre por adopción sean guardados en un estado de gracia hasta que hereden la Gloria.

Los paganos afirmaban que era Atlas quien sostenía los cielos para impedir que cayeran; y Jesús es ese bendito Atlas que mantiene a los santos para evitar que sucumban.

Tomado de “El Padre Nuestro” pág.  48 -49


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